lunes, 5 de diciembre de 2011

Darle al pico

 (Alegoría de la Prudencia, de Juan de Solís)

La castiza frase viene a cuento una vez he leído la información que publica un periódico de tirada nacional, que le ha sido facilitada por un dirigente socialista y esuskaldún. El señor Eguiguren, que así se llama el citado dirigente, ha rendido importantes servicios a la democracia y a la paz en España -particularmente en las provincias vascas- al haber mantenido contactos con ETA para buscar soluciones que no estorbaran a la labor policial y judicial.

Pero dicho esto no sé a qué viene su locuacidad ahora, cuando todavía no estamos seguros de que ETA deje de matar (al fin y a la postre las armas siguen estando en sus manos y algunos desalmados estarán deseando usarlas). Creo que es inútil, como quieren algunos, que los asesinos pidan perdón y otras milongas... Los asesinos son eso y no están para perdones. Poner en boca del Gobierno de España que contestó a ETA no habría detenciones si cesaban las acciones contra personas, aunque fuese cierto, es una prueba de irresponsabilidad que contrasta con lo que he dicho en el primer párrafo. Como tampoco tiene sentido decir que llamó (el señor Eguiguren) "a La Moncloa, preguntó por Zapatero, pero no se puso al teléfono". ¿A quien, sino a las arpías del cotilleo, interesa esto? Parece como si el señor Eguiguren fuese más audaz que el señor Zapatero. Por cierto, los documentos que se han publicado no vienen firmados por ningún miembro del Gobierno: hacer documentos es gratis.

Una prueba de la zafiedad, crueldad y maldad de ETA es decir que "el atentado de Barajas fue un accidente". Un "accidente" que costó vidas, y no precisamente como consecuencia de un andamio mal colocado o de un descuido en el trabajo; ni siquiera de una imprudencia en la carretera. No se puede -a no se que se sea cruel y zafio- hablar de "accidente" ambivalentemente. Tampoco es prudente informar a la prensa sobre supuestos estudios que el Gobierno habría encargado para comprobar la viavilidad jurídica de acercar y excarcelar presos de ETA, ni revelar opiniones de expertos sobre la supuesta inevitabilidad de nuevos procesos penales. 

Ahora que ETA parece que va a dejar de matar y que va a estar en el Parlamento por medio de Amaiur, quizá llegue el momento de alegrarnos. Soy de los que no le importaría que ETA se presentase -si lo deseara- con esas siglas a unas elecciones siempre que deje de ser, en efecto, una organización asesina. Pero la alegría que me embarga (con reparos) por el supuesto fin de los crímenes etarras no me lleva a aceptar imprudencias, frivolidades y declaraciones que a nada contribuyen; muy al contrario, alarman y escandalizan a personas de buena fe. Y todo por ganar unos dineros con un libro.

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