martes, 31 de julio de 2012

Un clero con su pueblo

Curas vascos presos en Carmona
Es interesantísimo el artículo de Francisco Rodríguez de Coro titulado "La Iglesia en Euskal Herria...". En una de sus partes habla de la "identificación popular" del clero vasco con la población, sobre todo rural, lo que va a explicar en buena medida el comportamiento religioso del pueblo vasco sin perjuicio de considerar que, como toda sociedad, es plural. "Casi nada se hizo por dinero", dice el autor citado; así "aquellos ciento y pico curas guipuzcoanos que, durante la II carlistada encabezaban partidas, repartían y tomaban armas -unos románticos, otros destructivos y temibles". Desde nuestra perspectiva actual -y desde la de muchos que vivieron durante el siglo XIX- la misión del cura no era encabezar partidas guerrilleras, como no lo era matar ni decidir que régimen convenía al país, aunque la Iglesia como institución sí que lo ha pretendido -y conseguido- repetidamente. Pero lo cierto es que los curas que empuñaron los mosquetes y los trabucos estaban imbuidos de que actuaban de acuerdo con los intereses de la población campesina, aunque también de los señorores e hidalgos rurales de Vascongadas.

Pero no solo encontramos curas levantiscos. Entre los vascos también los hubo estudiosos de las necesidades de su país, y ahí está el cura de Los Arcos, en Navarra (el autor considera a Navarra dentro de Euskal Herria, en lo que no entro), que fue un pequeño ilustrado de la Sociedad Económica. "La simpática figura del eclesiástico Antonio de Santo Domingo, defensor a ultranza... de los derechos del hombre" de Los Arcos. La de Díez de Arcute, cura de Otazu (Álava)", premiado por su mejor método y más económico de trillar. Otro caso es el de García de Jalón, "eclesiástico de Moreda, que remitía a los Amigos del País otro plan y descripción de una máquina para trillar el trigo".

Curas guerrilleros en una de las carlistadas
Cita a Fermín de Guilisasti, párroco de Aya, "absorbido, junto a su hermano, en el novedoso experimento de fundición, a base de carbón de piedra" (estamos hablando de la segunda mitad del siglo XVIII). El vicario de Zumaya, José de Eizmendi, ha sido considerado como "uno de los párrocos más activos, patriotas y humanos [pues al tiempo de atender su ministerio] no se desdeñaba de bajar desde las cuestiones más sublimes en teología a las más humildes" para ayudar a los marineros. Domingo de Respaldizar fue un franciscano "que se imponía en todas las escuelas del país" con su Tratado de Náuticas o Pilotaje; Manuel de Larrar, de Beizama (Guipúzcoa) "ofrecía... a las Juntas de la Bascongada las observaciones, que él había experimentado, a raíz de una epidemia de ganado". Rafael de Garitano Aldaeta, cura de Santa María de Ojirondo (Vergara) era "celoso y ponderado" habiendo estudiado el cultivo de la patata.

Así buena parte del clero vasco estuvo con el pueblo en los fatídicos años de 1936 y siguientes. Así padecieron fusilamientos los curas vascos de quien se suponía los defenderían, ya que el régimen republicano había sido traicionado por un anticlericalismo mal entendido. Esas provincias vascas a quienes algunos autores han señalado como país de curas los han tenido verdadermente ejemplares, por lo menos entre los siglos XVIII y XX, que es a donde alcanzamos con esta breve reseña tomada del autor citado.

La colina de los suicidios

La colina de los suicidios
Al sureste de Madrid, entre Morata de Tajuña y San Martín de la Vega, el paisaje es mediterráneo, con matorrales y arbustos pero también algunos árboles. Allí se encuentra la colina que los ingleses de las Brigadas Internacionales llamaron "de los suicidios", por las numerosas muertes que se produjeron durante la batalla del Jarama, que discurre no lejos. La batalla tuvo lugar en el mes de febrero de 1937 y nada estaba dicho todavía sobre la marcha de la guerra civil española.

Tras los intentos de tomar Madrid por parte del ejército sublevado (la capital quedaría sitiada casi mil días a partir de entonces) los escenarios de la guerra próximos a la capital se desplazaron al sureste y luego al este. Tanto en la batalla del Jarama como en la de Guadalajara participaron los brigadistas internacionales (un máximo de 35.000 durante toda la guerra, que nunca estuvieron al mismo tiempo en España). Sabido es que se trataba de franceses, belgas, ingleses, rusos, estadounideneses, irlandeses y de otras nacionalidades, jóvenes con ideales comunistas o socialistas pero, en general, antifascistas y defensores de la democracia. Organizados por la Unión Soviética, fueron de una gran utilidad en el campo de batalla, pues como se ha reconocido, venían con un desinterés e ideales extraordinarios. Sin preparación militar la mayor parte de ellos, fueron adiestrados a troda prisa y muchos dejaron sus vidas en los campos de España.

Uno de los lugares más emblemáticos es la colina de los suicidios, al sur de Arganda en la provincia de Madrid. La mayor parte del año el cielo es limpio pero los inviernos, fríos y nivosos. Durante el verano el calor aprieta, aunque algunas lluvias estivales alivian el tiempo. La relativa altura también contribuye a la suavización de las temperaturas durante el verano, pero la batalla del Jarama tuvo lugar en el mes de febrero, quizá el más frío en esa latitud. Frente a los milicianos de la República española, los militares profesionales, la artillería y los tanques, los brigadistas internacionales, la aviación sublevada -contrariamente a lo que ocurriría un més más tarde en la provincia de Guadalajara- se hizo fuerte ayudando a la infantería franquista. Allí dejaron sus vidas unos y otros, frente al cerro del Pingarrón, la venta de Frascuelo, los puentes de Pindoque, de Vega y el de Arganda.

Las villas de Arganda, Titulcia, Ciempozuelos, Aranjuez, fueron testigos de la feroz batalla: no hubo vencedores ni vencidos, pero el ejército republicano sufrió muchísimo en su moral. Allí lucharon irlandeses en uno y otro bando, como si de una guerra internacional se tratase, y es que parece que estuviese en la mente de muchos que un gran conflicto se estaba fraguando en el mundo y España era el solar donde se ensayaban las armas.

O facho de Donón

Cabo de Home: al fondo, la mar océana
Un "facho" es una antorcha o luminaria en gallego. En el monte do Facho, muy cerca de Cabo de Home (Cangas, Pontevedra) se asentaron pobladores de diversas épocas. Desde lo alto se observa el océano Atlántico y la entrada de la ría de Vigo, excelente punto, pues, para ser habitado si lo que se pretende es defenderse y estar acompañado por los dioses de la naturaleza. 

Un castro excavado (Beróbriga) estaría en función de un centro espiritual por su singularidad geográfica y paisajística. Las varias decenas de aras dedicadas al dios Bero atestiguan la presencia romana en un momento en que ya se había producido cierto sincretismo religioso entre los pueblos indígenas y los romanos.

Pero las edificaciones castreñas estarian vinculadas a la vía XIX de los romanos, segúnn interpretación del arqueólogo José Suárez Otero. ¿Pudieron estar habitados estos parajes en la edad del bronce? Los trabajos que se realizan buscan información sobre ello



Paleolítico a orillas del Miño

El río Miño a su paso por Arbo (Pontevedra)
"Antigua y Medieval" informa que "los arqueólogos han vuelto por tercer año consecutivo al yacimiento más antiguo de los conocidos en Galicia, el de O Cabrón, en Arbo". El yacimiento puede tener una antigüedad de 300.000 años y presenta buenas condiciones de conservación; puede incluso que allí hubiese vivido el primer homínido de Galicia. 

Bajo la dirección de Eduardo Méndez, un grupo de arqueólogos del Instituto de Estudios Miñoranos excava el yacimiento teniendo como meta uno de los niveles que ofrece mejor y mayor concentración de materiales arqueológicos. El lugar podría haber sido ocupado pero no de forma continuada y los homínidos tallaron herramientas de piedra, consumiendo animales y vegetales.






El tolmo de Minateda


El terreno es ondulado al sureste de Hellín (sur de la provincia de Albacete) pero en medio del paisaje se alza la gran mesa del tolmo de Minateda, desde donde se puede observar la lejanía en todas direcciones. Los primeros asentamientos documentados son del siglo X antes de Cristo (época del bonce).

La parte urbanizada se llama "El Reguerón", donde se han construído murallas, puertas y sistemas defensivos. En un primer momento fue lugar de enterramiento, una fosa común que, durante la civilización ibérica, se siguió utilizando para la construcción de túmulos así como una muralla de mampostería. De época romana es la ciudad Ilunum, de la que habla Ptolomeo, reforzándose la muralla. Morada para los muertos, refugio para los vivos, en época posterior a la romana sigue siendo un bastión defensivo y se construyen una torre y otros elementos dispuestos en forma de L, además de todo un conjunto de espacios públicos y lugares de habitación. (Página oficial de Castilla-La Mancha). De época visigoda es una basílica también excavada.

El tolmo de Minateda
 Ver:  http://www.youtube.com/watch?v=yGDtQBcQcRk .

El acueducto de Lucus Augusti

Trazado del acueducto según "Lucus Augusti"
El equipo arqueológico de Lugo ha identificado, en la actual calle Mazaira, los restos de un muro realizado con la técnica opus caementicium, que conducen hasta la calle Lumbrigante, donde se pudo documentar la existencia del specum (canal superior del acueducto por donde discurría el agua) justo al lado del depósito hidráulico que abastecía al acueducto construído en el siglo XVIII por decisión del obispo Izquierdo.

El acueducto romano construído en torno al siglo I no se abastecía de un río, sino que el agua se captaba de varios manantiales que todavía existen y que vertían en el caput aquae  o depósito donde inicia el recorrido el acueducto hacia el centro de la ciudad, después de unos 2.200 metros de longitud. Vertía el agua en el castellum aquae, que se ha podido documentar en el solar entre la plaza de Santo Domingo y la calle del Progreso, desde donde se distribuía a las fuentes públicas y a las domus de los patricios. 

El recorrido aproximado es el que aparece en la fotgografía de arriba, y aunque el desnivel topográfico era pequeño, sí suficiente para que al agua fluyese continuamente, de acuerdo con lo escrito por Vitruvio en su De Architectura. El trazado desde O Castiñeiriño hasta el centro de Lugo debía salvar una depresión del terreno en la actual plaza de la Milagrosa, por la cual el acueducto iba elevado sobre una serie de arcadas que están documentadas y cuyos pilares se apoyaban sobre unas zapatas de 1,20 por 1,20 metros, separadas entre sí por 2,70 metros, llegando a alcanzar el acueducto una altura total aproximada de 4 metros.

 Imágenes de la excavación y ventana arqueológica

A partir de éste punto iba perdiendo altura y transcurría por las calles Milagrosa, Pintor Luis Seoane y Avenida de A Coruña, hasta entrar en la ciudad por la actual puerta de San Fernando, si bien en el momento de su construcción no existía todavía la muralla, que es obra del siglo III. Desde allí seguía por la plaza do Ferrol, plaza de San Marcos (aquí se pueden ver los restos del canal del acueducto a través de una ventana arqueológica) y finalizaba en el castellum aquae en la plaza de Santo Domingo.

(El presente artículo está tomado, aunque simplificado, de "Lucus Augusti").


lunes, 30 de julio de 2012

No había llegado la primavera

Tierras de Guadalajara, donde tuvo lugar la batalla en marzo de 1937
Los soldados italianos que habían vencido en Málaga llegaron con la moral alta para luchar en la provincia de Guadalajara contra el ejército republicano. Una victoria de los sublevados y otra de los republicanos españoles, la del Jarama, en febrero de 1937. En el ejército italiano había milicianos, pero también experimentados militares, como en el ejército republicano español, en el que lucharon brigadistas internacionales y militares como el general Miaja, el coronel Lacalle, Vicente Rojo, Enrique Lister y el anarquista Cipriano Mera. 

Emilio Faldella fue un militar italiano que había participado entre octubre y noviembre de 1936 en la batalla de Madrid. También en la primera guerra muncial y luego se habia formado en el Servicio de Información Militar.  Junto con Mario Roatta dirigió la ayuda italiana al ejército español sublevado. Éste comando el "Cuerpo de Tropas Voluntarias", habiendo participado también en la primera guerra mundial. Italianos en España para luchar, como veremos, contra otros italianos, acompañadas las "tropas voluntarias" por un ejército español al mando del cual estuvo Moscardó. 

El día 7 de marzo, de madrugada, empieza una de las batallas más notables de la guerra civil española. Fue desatada por los itanianos de Roatta, que de acuerdo con los planes del general Franco querían facilitar la toma de Madrid desde Guadalajara. Los italianos aportaron ligerísimos carros con ametralladora, que permitián un avance rápido por la meseta alcarreña. Pero en marzo de 1937 no había llegado la primavera a la mayor parte del interior de España, por lo que la batalla se produjo con frecuentes lluvias, temporales, niebla y barrizales. En el ejército republicano participaron también milicianos nacionales, que fueron reclutados en los pueblos objeto de conquista o defensa. 

En los campos de Almadrones se libraron los primeros enfrentamientos, mientras el ejército de Moscardó avanzaba desde la provincia de Soria. Luego vendría el sufrimiento de los vecinos de Algora, Hontanares, Mirabueno, Cogollar, Masegoso, Brihuega, Miralrío, Bujalaro, Jadraque, Castilblanco de Henares, Cogolludo, Trijueque y Copernal, entre otros pueblos. Mirabueno fue tomado por Moscardó; Almadrones, Cogollar y Masegoso por los italianos del fascio; más tarde Moscardó ocupó Miralrío y Bujalaro, avanzando por el valle del río Henares. 

Los campos de Almadrones
Los sublevados avanzaron desde Sigüenza en dirección sur, mientras los italianos aplicaron lo que durante la II guerra mundial se llamaría "guerra relámpago": un rápido avance de tanques y artillería con el respaldo de la aviación. La resistencia republicana fue organizada por el general Miaja, dirigiendo a los brigadistas el comandante Vicente Rojo, pero la caída de Brihuega, feudo anarquista, en manos de los sublevados, fue un duro golpe. Los soviéticos ayudaron a los republicanos españoles con sus tanques mientras el día 11 se produjo un reagrupamiento de los italianos en dirección a Trijueque. Los lanzallamas italianos hicieron estragos entre la población mientras se incorporaba, a partir del día 12, Cipriano Mera, un anarquista metido a militar, con lo que ello tiene de jerarquía, de disciplina, de orden. Con el comunista Enrique Líster, formado militarmente en Moscú, colaboró el italiano Nino Nanetti (comunista), que llegó con tropas desde Madrid y se enfrentó a Moscardó. En Copernal Nanettí detiene a los sublevados mientras Líster e Hidalgo de Cisneros se disponen a recuperar Trijueque. Curiosamente aviones rusos serán pilotados por norteamericanos y soviéticos al mismo tiempo y en el mismo bando. Pero sigue el mal tiempo y mientras las bases aéreas republicanas estaban cercanas, las de los sublevados estaban lejos y nevadas, por lo que los italianos del fascio no pueden verse ayudados por su aviación.

En la recuperación de Trijuque para la República se llegó a luchar cuerpo a cuerpo, al tiempo que, el 14 de marzo, Roatta es partidario de la retirada: el general Franco se niega y la batalla continúa. Alberto Montanari y sus soldados del fascio, ahora en retirada, se refugian en el palacio de Ibarra, cerca de Brihuega, que va a ser objeto de conquista por uno y otro bando alternativamente. Serán los italianos garibaldinos, apoyo para la República española, los que luchen contra sus compatriontas por la recuperación del palacio, cuerpo a cuerpo, habitación por habitación.

Para la lucha en Brihuega llegan falangistas y miembros de la Guardia Civil; cuando la población cayó en sus manos, el dia 15, fusilaron a 36 personas civiles sin miramientos. Solo tres días después comenzaría el bombardeo de Brihuega por la aviación republicana, mientras tanques garibaldinos arrollaron a los italianos del fascio. Cuando Líster y Cipriano Mera tomen Brihuega para la República, el general Franco ordenará la retirada y dirigirá su atención hacia el frente del norte, que caerá entre agosto y octubre de 1937. Pero en Guadalajara se había producido la primera derrota militar del fascismo italiano, quedando el frente donde estaba anteriormente. Madrid, por ahora, quedaba a salvo, mientras que en los campos alcarreños yacían tendidos unos 4.400 muertos de ambos bandos y se curaban de sus heridas, si podían, unos diez mil soldados y civiles.

La batalla de Guadalajara, ya avanzada la guerra y todavía no perdida para la República, es una muestra de la resistencia de la población contra los sublevados, de la utilidad de la aviación y los tanques rusos, del idealismo y valentía de los brigadistas, del heroismo de unos y otros, porque los que tenían cierta edad ya habían reflexionado sobre la muerte, pero ¿y los jóvenes, la mayor parte, que ansiaban vivir para volver a casa, para reconstruir sus familias? ¿Que temores, que angustias y miedos sufrirían?

Foto antigua de Brihuega , al borde del rio Tajuña
(Ver: http://www.youtube.com/watch?v=7vkSFqsbBhE )

sábado, 28 de julio de 2012

Una república de intransigentes

Antonio Pildain
Señores, yo os digo una cosa, que aquí habá masas más [o] menos ficticiamente removidas, en eso no entro yo, habrá masas que exijan el sacrificio de las órdenes religiosas; pero arriba hay otras masas, y, Sr. Presidente, es mi obligación y obligación grave, hacer constar aquí que la doctrina católica no es la de que únicamente cabe la resistencia en el terreno legal de las urnas electorales. Sr. Presidente, a mí me incumbe el deber de hacer constar que, según la doctrina católica, ante una ley injusta caben estas tres posiciones, perfectamente lícitas: primera, la de la resistencia pasiva; segunda, la de la resistencia activa legal, y tercera, la de la resistencia activa a mano armada.

Las anteriores palabras no son las de un laico, sino las de un clérigo y autoridad de la Iglesia, un obispo que había sido elegido en las elecciones a Cortes de 1931, las primeras de la II República, y que no podía aceptar el que dicho régimen se encaminase por la senda del laicismo, aún menos que la Iglesia perdiese los privilegios y la influencia que había tenido hasta entonces. ¿Influyó en esta actitud del obispo Pildain su condición de vasco? Porque es sabido que el tradicionalismo del clero vasco ha sido una constante, pero esto es poco importante, porque el cardenal Segura, por ejemplo, no era vasco y su intransigente actitud ante la República y ante todo lo que no fuese su particular concepción de la vida, le hicieron pronunciar palabras también muy gruesas. 

Pildain había sido elegido dentro de una coalición católico-fuerista para las elecciones del 28 de junio de 1931, lejos todavía de la guerra y ya un representante cualificado de la Iglesia amenazaba con "la resistencia activa a mano armada". No pocos generales tomarían nota. El hecho de que dicha coalición estuviese formada por monárquicos carlistas y alfonsinos (además del por el Partido Nacionalista Vasco) dice mucho de que lo dinástico aquí era secundario, lo importante era lo ideológico y los intereses materiales de la Iglesia, siendo uno de sus objetivos combatir la libertad religiosa.

Ahora bien, si el obispo Pildain (su nombramiento como tal estaba en trámite y se produciría pocos meses más tarde) fue intransigente e incluso temerario, máxime teniendo en cuenta que aquellas palabras fueron pronunicadas en el Congreso de los Diputados durante una sesión, fueron posteriores a otras del que entonces era Presidente de la Cámara, el socialista Julián Besteiro: Pero si vosotros nos cerrais las puertas; entonces nosotros tendríamos que decirles que la República no es realmente República, y que no podría ser nuestra República sino por medio de la insurrección.

Julián Besteiro
Parece que hablara un dirigente anarquista durante la ya declarada guerra civil a partir de 1936, pero estamos todavía en 1931 y ya soplaban vientos tormentosos. No sabemos si Pildain y Besteiro se habrán arrependido alguna vez de haber pronunciado tales palabras, lo que sí sabemos es que en fecha tan temprana la II República española ya tenía ejemplos del abismo entre unas posiciones y otras. Para el socialista la República era tal si se cumplían las aspiraciones de emancipación de las clases asalariadas y, en general, de la población trabajadora. Para el obispo la República debía ser un régimen que conservase los privilegios e intereses de la Iglesia católica. Las frases pronunciadas son equivalentes, pero los objetivos no: mientras que Besteiro moriría en la cárcel de Camona (Sevilla) en 1940, víctima de la enfermedad y de los ultrajes, el obispo Pildain fue obispo de Canarias durante tres décadas y, salvo algún rifi-rafe con el régimen (por cuestiones secundarias) que como él amenazó se erigió "a mano armda", gozó de la influencia y el poder.

¿Que es eso de "arriba hay otras masas"? ¿Hablaba Pildain de la divinidad, de la trascendencia, de los más poderosos? Por otra parte no parece que la doctrina católica -como tal doctrina- defendiese las posiciones de Pildain; otra cosa es que se acomodase al sol que más calienta. ¿A cuantas leyes injustas se opuso Pildain durante el régimen de 1939? En cuanto a Besteiro, de nada le sirvió ser uno de los que, seguro de que la guerra estaba perdida para los republicanos, conspiró para que terminase claudicando. La "mano armada" no perdonó a quien había sido Presidente del Congreso de los Diputados, un destacado socialista y había amenazado de "insurrección" en fecha tan temprana.

Carpetanos en El Llano de la Horca

Reconstrucción hipotética de El Llano de la Horca
En Santorcaz, al este de la provincia de Madrid, encontramos el cerro de El Llano de la Horca, y en él un yacimiento arqueológico de época carpetana, una de las agrupaciones de pueblos prerromanos que extendieron sus asentamientos por el centro de la península Ibérica, el Tajo y el Guadiana, con símites en las sierras orientales de la meseta sur y en la Extremadura española. 

La cronología se corresponde con la segunda edad del hierro, en la segunda mitad del primer milenio antes de Cristo, y hoy se plantea la construcción de un parque arqueológico con un área de interpretación sobre los restos encontrados. El hombre no ha transformado de manera notable el entorno de éste paraje alcarreño que luego sería ocupado también en época romana. El poblado tiene, según los expertos que lo excavan, un "elaborado trazado urbano... con calles que se cruzan formando manzanas de grandes casas adosadas". Las calles empedradas y las casas de piedra y adobe; restos de la práctica agrícola y ganadera y de la acción guerrera. También han aparecido ajuares domésticos y molinos, restos de telares y cerámica, además de metales trabajados con gran precisión. Estos productos no eran solo para el uso cotidiano, sino para venderlos a otras comunidades, habiendo aparecido también monedas, por lo que la influencia romana fue evidente.



jueves, 26 de julio de 2012

Un horno romano en Bueu


El horno alfarero siendo depositado en el Museo Massó
En el barrio de la Pescadoira, municipio pontevedrés de Bueu, se encontró hace algún tiempo un horno alfarero de época romana que ahora se intenta recuperar. En primer lugar está la labor de restauración, que ha de ser respetuosa con la obra original; luego -si se coloca en el sitio original- preparar el suelo para aislarlo de la humedad del terreno; más tarde se podrá cubrir para frenar el deterioro por el agua; por último se tiene la intención de desbrozar el terreno de alrededor y estudiar las piezas sueltas que puedan ir apareciendo.

El Museo Massó, una obra realmente meritoria de sus patrocinadores, está llevando a cabo una labor de divulgación con actividades durante el verano. El edificio de dos plantas, con una fachada sobria pero elegante, propia de un inmueble industrial para la salazón del pescado y fábrica de conservas, está convertido hoy en museo. Salas de embarcaciones, sobre la industria salazonera, de la carpintería de ribera, máquinas e instrumentos industriales, fotografías y artes de pesca son algunos de los fondos que se conservan y se pueden ver.

El horno alfarero romano no está relacionado con la naturaleza del museo, por lo que debiera volver a su lugar de origen cuando terminen los trabajos indicados. Ver http://museomasso.blogspot.com/

El cura de Freixo

Paisaje de la comarca de Fonsagrada
El clero en Galicia, como en otras partes de España, fue un apoyo fundamental del pretendiente Carlos en la primera guerra civil española del siglo XIX, y en la provincia de Lugo actuó con verdadero denuedo el cura de Freixo que luego pasaría a ser -en pago a sus servicios absolutistas- arcediano de Melide (A Coruña). Durante la guerra escribió una larga "exposición" al pretendiente Carlos en la que se queja de la imposibilidad de centralizar la lucha contra los liberales debido al particularismo de los caudillos guerrilleros, a sus ambiciones personales y a su indisciplina. Las delaciones entre ellos también fueron frecuentes, a tenor del testimonio del cura de Freixo, lo que se combina con la actitud de las autoridades liberales de perdonar a los que se entregaban, quizá no por compasión sino para que sirviese de ejemplo a otros y, de esta manera, minar a la guerrilla carlista. 

No es excepción que un cura coja las armas y lidere a una partida de guerrilleros, por lo menos en el siglo XIX (en el XX la Iglesia más que coger las armas animó a que las cogiesen una parte de los españoles). El cura de Freixo organizó una partida carlista y, junto con su hermano, del que no tenía buen concepto, recorrió las sierras orientales de la actual provincia de Lugo, el sur, el centro y los lindes de lo que hoy son las provincias de A Coruña y Pontevedra. La zona que Juan Martínez Villaverde (el nombre del cura) conocía bien era la de su lugar de origen, Burón, Fonsagrada y los valles orientales de la provincia de Lugo. Junto con el arzobispo de Santiago, Rafael Vélez, y el obispo de Lugo, el cura de Freixo fue uno de los máximos exponentes de la lucha carlista contra el gobierno liberal.

Llegó a ser canónigo de la catedral de Mondoñedo y presidió una nominal Junta Superior Gubernativa de Galicia que nunca fue capaz de aunar los esfuerzos calistas en favor de su causa: el absolutismo, la tradición y los intereses materiales de la Iglesia. El valle de Neira, las sierras de Farelo y Faro, la comarca de Chantada y otras fueron recorridas por los guerrilleros bajo el mando del cura de Freixo. Lo cierto es que las operaciones militares estuvieron casi siempre culminadas por la derrota, pues la superioridad liberal, que contaba con el ejército profesional, era evidente. 

En 1835, además, se firmó el llamado convenio de Elliot, por el que el jefe carlista Zumalacárregui y el liberal Valdés firmaron que no se fusilara a los prisioneros de uno y otro bando y que se intercambiasen, pero en la remota Galicia -y más en las montañas lucenses- no era extraño que tras apresar a un enemigo, "después de haber recibido los socorros espirituales", se le fusilase sin miramientos. 

Además de la obra de Barreiro Fernández sobre el carlismo gallego pueden consultarse las de Castroviejo Bolíbar sobre la sociología de los carlistas en Galicia y la transcripción hecha por Reboredo Pazos sobre la "exposición" del arcediano, que terminaría sus días en el sur de Francia (con un régimen liberal) en 1843.

El castro de Besomaño


Según el arqueólogo Rafael Rodríguez, director de los trabajos, puede que estemos ante uno de los castros más singulares e importantes de Galicia, teniendo en cuenta la antigüedad de su primer poblamiento (quizá el siglo V antes de Cristo) y la continuación como asentamiento en los siglos de la romanización, tras un incendio que se habría producido a mediados del I de nuestra era. Es un castro de ladera, con el terreno un poco inclinado dominando el valle del Ulla. La relación con la costa de aquellos habitantes está documentada por la existencia de "cuncheiros" o depósitos de conchas de moluscos que formarían parte de su dieta. 

Se ha encontrado una gran estructura de madera con vigas de metro y medio de largo y listones. Una gran casa con patio, unas diez edificaciones, hornos de fundición, almacenes y graneros, son otros de los restos que se han ido excavando. Lo que no está clara es la influencia de algún grupo celta en la construcción de éste castro y en su ocupación, a pesar de la insistencia de algunos medios sobre ello. Mientras no sepamos más sobre los celtas, mientras no encontremos más evidencias de la posible celtización de Galicia, el castro de Besomaño, como otros del noroeste, son obra de los pueblos indígenas que habitaron lo que Roma llamó Gallaecia y aún más. 

Otros restos encontrados son una cuenta de collar de bronce, láminas de hierro y un broche de bronce formado por dos leones unidos por la espalda de 2 cm. de longitud de derecha a izquierda y 1 cm. de alto. También se han encontrado cerámicas de diversas épocas, algunas del siglo V antes de Cristo, semillas de trigo, debada, bellotas y trigo; una construcción con perforaciones para encajar vigas en ellas y la muralla que circunda el castro.

Ver  http://antiguaymedieval.blogspot.com.es/2012/10/avanzan-las-excavaciones-del-monte-do.html

miércoles, 25 de julio de 2012

¿Es calvinista Holanda?

En una sociedad secularizada ya no se puede decir si es calvinista, católica o de otro credo, pero si volvemos la vista atrás comprobaremos que los Países Bajos del norte, lo que hoy llamamos Holanda (Nederland), ha pasado por una serie de vicisitudes en el ámbito de lo religioso que rompe con el tópico de una Holanda predominantemente calvinista.

En primer lugar la inclinación calvinista de muchos holandeses en el siglo XVI se debió a que fueron los de esta comunidad religiosa los que más se distinguieron en apoyar al príncie de Oranje, Guillermo, lo que se identificaba con independencia política y religiosa frente a la asfixiante monarquía de Felipe II. Aquel, contra su inicial voluntad, prohibió el culto católico influído por los más exaltados calvinistas, pero los católicos siguieron siendo mayoría hasta bien entrado el siglo XVII. La legislación de los Países Bajos independientes fue perjudicial para los católicos, a los que no les estaba permitido, entre otras cosas, ejercer ninguna función pública ni celebrar su culto públicamente. La idea que tenemos de una España hecha a partir del principado de Cataluña, Aragón, Valencia, Baleares, Castilla, Navarra, Canarias... es bastante parecida a la Holanda de la época, tal y como explica Duque de Baena en una obra suya (1). Una vez esto, muchos católicos fueron abrazando el calvinismo excepto en las provincias del sur, Limburgo y Brabante.

Con la ocupación francesa en 1795 comenzó un proceso de legalización de los católicos, aunque el papel de las confesiones o iglesias dejó de ser preponderante en lo político, algo que Napoleón extendió a otros territorios y países ocupados. Con la monarquía de Guillermo I desde 1813 el igualitarismo legal fue la norma, pero a mediados del XIX y hasta mediados del siglo XX la sociedad holandesa pasó, en lo religioso, por una serie de vicisitudes. Los católicos eran, en 1849, el 38% de la población holandesa y, a partir de entonces, la influencia de las situaciones anteriores dio ocasión a que se formasen lo que se han llamado "columnas": la sociedad holandesa se fue segregando por grupos religiosos y políticos; católicos, protestantes, liberales, socialistas... Estas "columnas" eran independientes unas de otras, de forma que podia ocurrir que los miembros de una no tuviesen apenas contacto con los miembros de la otra. 

Empezó a haber periódicos que solo leían los católicos y otros que solo leían los calvinistas, escuelas a las que solo acudían los católicos y otras para los calvinistas, y así sucesivamente. Las instituciones, por su parte, se fueron confesionalizando y ello permitió a los católicos alcanzar una influencia en la sociedad y política holandesas equiparable a la de los calvinistas. Hasta tal punto esto es así que Gerard Knuvelder, hablando del poder de los católicos en la sociedad, dijo: somos un factor de poder en nuestro país, y esto puede ser un peligro. Como todo poder, será un verdadero peligro en cuanto éste 'catolicismo del poder' dejara de apoyarse y ser sustentado por un 'catoliscismo del ser' en el corazón y en la mente de los que lo confiesan. El poder que tenemos es menos importante que la convicción de nuestro catolicismo. ¡Que radical diferencia con respecto a la actitud de la Iglesia en España y en otros países!

Las "columnas" formaron un espíritu de cuerpo y los católicos llegaron a superar a los protestantes en número e influencia. La Universidad católica de Nimega jugó su papel, pero hubo aspectos negativos que hacen de Holanda un caso no tan distinto a España: cuando un trabajador buscaba empleo lo hacía en una empresa católica si era católico; el empresario le exigía un certifiado de buena conducta firmado por el párroco y algunos párrocos lo denegaban si el interesado no era asiduo a la misa dominical... El "catolicismo del poder" hizo que los sacerdotes católicos llegasen a vigilar la vida privada del católico. 

Durante la II guerra mundial, cuando el país fue invadido por los nazis, la Iglesia holandesa, contrariamente a la española, se opuso, lo que hizo aumentar el prestigio de los obispos, mientras que en España la jerarquía católica contentaba solo a una parte de la población. Con la construcción de un estado democrático tras la segunda guerra mundial el "columnismo" fue perdiendo fuerza a cambio de una sociedad más integrada, pero para entonces, siendo los católicos holandeses el 1% en el mundo, aportaban el 10% de los misioneros católicos del mundo. Esa misma Iglesia holandesa combatió en el país el marxismo, el liberalismo, a los sindicatos socialistas, pero no colaboró con la dictadura nazi, mientras la Iglesia española sí colaboró con la franquista, ayudada a su vez por la nazi en los primeros años.
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(1) "El rompecabezas holandés", Madrid, 1972.
Fuente: Alonso de Velasco Esteban, E., "La crisis de la Iglesia Católica en los Países Bajos en la segunda mitad del siglo XX", 2011.


martes, 24 de julio de 2012

Sabían que habría guerra en España

El historiador Ángel Viñas ha podido demostrar cómo determinados grupos y personas de los que participaron en el golpe militar de julio de 1936, sabían que se produciría una guerra civil y que el triunfo de la sublevación no sería tal sin ella. De lo contrario no hubiesen suscrito cuatro contratos con el gobierno de Mussolini en Roma por los que el dictador italiano suministró a los sublevados aviones y armas: 12 aviones Savoia, bombas, carburantes y productos varios de aviación que debían entregarse en el mes de julio. Los demás contratos abarcaron más aviones, explosivos, municionamiento y diversos materiales que debían entregarse antes de finales de agosto. El importe de los cuatro contratos ascendió a 337 millones de euros actuales (unos 56.000 millones de pesetas).

Después de la invasión de Abisinia por Mussolini -continúa Ángel Viñas- la ayuda a una España cuyo régimen se pareciese al suyo era vital para convertir a Italia en una potencia medierránea, sabiendo que a Hitler le interesaba el mundo eslavo y neutralizar a las democracias occidentales. Los gestores de los cuatro contratos fueron algunos militares, pero sobre todo los monárquicos de Renovación Española y del Bloque Nacional, concretamente Joaquín Calvo Sotelo, Antonio Goicoechea y Pedro Sáinz Rodríguez, que aspiraban a una restauración monárquica sobre la que Alfonso XIII, en Roma, quizá estuviese informado. Los citados, que gravitaban en torno a la revista "Acción Española", se preparaban para una guerra, no para un simple golpe de estado.

Queda demostrado que Goicoechea y Sainz Rodríguez se desplazaron a Roma el 24 de julio (lo que no quiere decir que fuese la primera vez), pero en la capital italiana no se había negociado en nombre del general Franco: éste todavía no se había hecho el dueño de la situación, sino que era un importante peón más entre los sublevados. Que los aviones italianos volasen hacia Marruecos -dice Ángel Viñas- es porque resultaba más fácil que pretender hacerlo hacia Burgos, donde dominaba Mola, el cual estaba dispuesto a adquirir aviones "a culaquier precio", y no debe olvidarse que era "el director" de toda la conspiración militar. 

Antonio Goicoechea
Los aviones y demás material militar fueron vendidos a los contratantes españoles a un precio excesivo, pero el general Franco, que debía saber que habría guerra, decidió aceptarlos; de igual manera fue pagado a precio altísimo el material de guerra alemán que redibieron los sublevados, e igualmente el soviético que recibió la República. Pero una vez que se vio que la restauración monárquica no iba a ser posible, porque la estrella de Franco empezó a brillar muy pronto, lo que más interesó a los monárquicos es garantizar que las reformas económicas republicanas quedaban anuladas, además de las sociales, educativas, políticas y culturales. Al fin y al cabo Goicoechea, Sainz Rodríguez y compañía, ante todo, actuaban en nombre de una clase. Sus afanes de restaurar la monarquía todavía quedaron más olvidados cuando Franco nombró a Goicoechea gobernador del Banco de España y a Sáinz Rodríguez ministro de Educación: debe tenerse en cuenta que, entonces, el Banco de España no era una institución independiente, sino un instrumento político al servicio del gobierno. Dirigir la educación en favor de la Iglesia católica y los conservadores fue el otro objetivo. 

En cuanto al sistema de archivos el historiador Viñas denuncia que no se hayan desclasificado millares de documentos militares: Italia y España son hoy miembros de la Unión Europea; pues ni aún así.

lunes, 23 de julio de 2012

Al paso alegre de la paz

Restos del campo de concentración de Castuera
El verso que figura como título corresponde al himno "Cara al sol", obra de Dionisio Ridruejo, falangista de primera hora que, vista la evolución que tomó el régimen del general Franco en España, se apartó de él y llegó al final de su vida a relacionarse con sectores de la oposición a dicho régimen.

Aquellos falangistas de primera hora -los más exaltados- cometieron crímenes sin duda: ahí están los testimonios de familiares, las investigaciones de historiadores, incluso de quienes fueron vigilantes en los campos de concentración franquistas que, en algún caso fueron también de exterminio. La historia es sabida: como ha señalado el historiador Antonio Muguel Bernal, con la guerra no se acabó el exterminio, sino que hubo campos donde éste siguió, y ello hace al régimen de Franco especialmente odioso. 

El campo de Castuera concentró a personas de diversas ideologías no concordantes con las de los que resultarían vencedores en la guerra civil española de 1936. Personas de Castuera, al este de la provincia de Badajoz, en la comarca de La Serena, junto con otras de Cabeza de Buey y de otros pueblos allí fueron a parar. Algunos consiguieron sobrevivir, otros fueron asesinados de forma arbitraria, sin juicio previo, por capricho o por odio, por venganza y vilmente. La inmensa mayoría de los extremeños de la época eran pobres, campesinos y pastores en su mayoría, y los partidos de izquierda, o simplemente republicanos, habían trabajado muy bien aquellas tierras. Se daban las condiciones objetivas, pues la propiedad agraria estaba muy mal repartida y las diferencias sociales eran abismales. Ahí están los testimonios de las familias Sayabera, Navarro, Garrido (Albino llegó a fugarse del campo), Espinosa, Trenado, Conde, la familia de Libertad González, la familia Murillo y la de los Navas. Incluso un exvigilante del campo de concentración de Castuera ha servido de testimonio a lo que allí ocurrió (Abundio Durán). 

Desde el aire todavía se puede ver la forma rectangular del campo, en medio de la llanura rodeada de pequeñas alturas, cerca de la vía férrea que comunica Extremadura con la región de los Pedroches, en el norte de Córboda. La mina del Quintillo, la mina de la Gamonita, con su torre desmochada que aún se conserva, fue probablemente el lugar de muchas muertes inútiles e injustas. Los cadáveres yacen bajo tierra, o en las proximidades, como han podido investigar los historiadores Bernal, Pablo Ortiz, Antonio López y Justo Vila. Pasa el tiempo pero la memoria no se borra. Si no son los hijos serán los nietos; un régimen nunca dura tanto para que pueda desaparecer la verdad, y ahora descubrimos cosas -y quedan por descubrir- que ponen de manifiesto la crueldad de los vencedores en la guerra. Ya no había frentes militares, ya no había que defender el Puerto de la Venta; toda Extremadura y toda España estaba ya en manos de los vencedores y, sin embargo, continuó el exterminio. Mayor o menor, pues no están cuantificadas las víctimas en el caso del campo de Castuera.

Los desfiles por las principales calles de las ciudades españolas se hacieron acompañar, durante muchos años, de himnos victoriosos, pero el silencio de los muertos vuelve al cabo del tiempo, y el "paso alegre de la paz" no fue más que un verso.

(Ver: http://www.youtube.com/watch?v=MAtWuuQbbQM)

El "yankee de Suramérica"

Antigua estación del ferrocaril en Antioquía
Es interesantísimo el artículo de Juan Carlos Jurado sobre la situación social de Colombia en el siglo XIX. Aunque se centra en la región de Antioquía, al noroeste del país, hace calas en otras regiones como la de Santander, Buga, Popayán, Barranquilla, Cartagena y la región del Cauca. 

Incluye un testimonio del viajero francés Pierre D'Espagnat, a finales del siglo XIX, sobre la localidad de Honda: He ido a ver hacer el ejército a esos pobres peones transformados en guerreros. Era la misma carne de cañón de siempe..., resignada, indiferente. Sus mujeres sin las que se morían de hambre, porque el gobierno no les mantiene, esperaban acurrucadas por los alrededores, la hora de comer. No era la primera vez que veía a esas desgraciadas siguiendo de lejos, retaguardia de miseria, al batallón en marcha de sus maridos o de sus amantes. Me considero incapaz de expresar el estremecimiento que a su paso me sacudía. Pobres bestias de carga, admirables, que llevan sobre sus sufridas espaldas las míseras ropas, el incompleto menaje, sin contar, además, cabeza abajo, coronando la carga, al rorro que vino al mundo en la cuneta del camino; y así siguen con constancia, ayudando, abasteciendo, animando con su alegría y su sacrificio, la fatiga y el desamparo de la jornada, dando con lo que les queda de juventud, un poco de amor a su compañero, un poco de leche a su hijo. Sí, son Santas estas sublimes miserables...

"De esta forma" -dice el autor al que comentamos- "la riqueza no es lo contrario de la pobreza, sino su condicionante", pues aunque Colombia creció económicamente a lo largo del siglo XIX, dicho crecimiento se quedó en las manos de unos pocos hacendados y la desigualdad económica fue enorme. Los cambios en la Colombia del siglo XIX fueron más políticos que sociales, y aún los cambios políticos se produjeron a base de una guerra seguida de otra, enfrentando a unos colombianos con otros: desde 1830 hasta comienzos del siglo XX no hubo década en la que reinase la paz, aunque como es lógico sí hubo treguas para que los ricos se repartiesen el botín si las cosas habían salido de su agrado. 

Hasta tal punto la independencia de la metrópoli española primó en las luchas de principios del XIX que un bodeguero del río Magdalena -relata Juan Carlos Jurado- se enorgullecía ante un diplomático sueco en 1824, pues se había conseguido expulsar a los "pendejos" españoles, al tiempo que se preguntaba cómo "podían ser libres los de su país [los suecos] si no eran republicanos como en la Nueva Granada". 

La tierra fue el objetivo primero, pues al mal reparto de la época colonial siguió el mal reparto de la época independiente. La concentración de la propiedad, aunque cabe distinguir entre unas regiones y otras, fue la nota dominante, y mientras la población rural crecía aumentaba la presión sobre la tierra, que por lo tanto aumentaba su precio. Pero el campesino sin tierra no siempre lo había sido: el autor demuestra cómo los más poderosos, aliados con éste o aquel juez más o menos corrupto, consiguieron hacerse con más tierras a base de presiones, extorsiones y violencias, además de triquiñuelas legales para las que los campesinos no estaban preparados. Los cultivos eran el maíz, fríjol, papa, yuca, plátanos, caña de azúcar y algunas verduras y frutas; cerdos y gallinas entre los animales que se criaban. 

"Para complementar sus pobres víveres, hombres y mujeres de la región antioqueña trabajaron las minas de aluvión de los ríos cercanos... o viajaron a las zonas mineras del Nordeste en verano, o a las del Norte en invierno...". Por eso los precios en Antioquía solían ser más caros, pues había cierta abundancia de oro en polvo en circulación para comprar mercancías. Por eso al antioqueño, capaz de abandonar su región para ir a otras, sobre todo a las zonas mineras, por la prosperidad aparente de que gozó, se le llamó el "yankee de Suramérica". Un espejismo. Asombra la relativa buena fe y la ingenuidad de un Procurador de la ciudad de Antioquía en 1817: ...y tomando destinos odiosos y perjudiciales al público tales son el grueso de pulperías que han establecido surtiéndose acaso de las compras que hacen en las ferias públicas para luego rebender [sic] por precios más subidos en que no solo dañan al pueblo sino también sus propias conciencias... Pretendía el funcionario demostrar que esos oficios, que arraigaban por el mayor precio que se pagaba, perjudicaban a la población de Antioquía, además de a las conciencias de los que los practicaban. 

Las contínuas guerras civiles a las que hemos hecho referencia se financiaban con empréstitos forzosos para apoyar a uno u otro bando en liza. Los ricos no iban a la guerra, en lo que Colombia no se distinguió de su antigua metrópoli, pero hubo campesinos que fueron conscientes de esta injusticia. Juan Carlos Jurado incluye en su artículo un texto revelador: En esto hallo una gran injusticia, pues por qué hemos de ser los pobres, los labradores y los artesanos los que nos hemos de poner a recibir las balas, y los señores del gobierno, los ricos y tanto currutaco que se estén paseando, y muchos con rentas crecidas; no señor; el que come la papa que rece el Padrenuestro.

El que come la papa que rece el "Padrenuestro", decía José María Caballero, de Santafé de Bogotá, representante popular, allá por la segunda década del siglo. Pero lo cierto es que el que se comía la papa no pasaba las miserias provocadas por las sequías, los terremotos y las plagas; ni las enfermedades que afectaban a una creciente población campesina mal alimentada: el tifus, la fiebre amarilla, el cólera, la disentería, la tosferina, la viruela... Todo ello sin entrar en las diferencias según se fuese blanco, mestizo, negro o indígena. La injusticia se prodigó en un país rico que -aún hoy- parece estar en manos de unos pocos. 

domingo, 22 de julio de 2012

El esclavo no necesita al amo

Esclavos en un mosaico romano
La riqueza es "ocasión grande de las ruinas humanas", dice Séneca, "porque si hacemos comparación de las demás cosas que nos congojan, como son la muerte, las enfermedades, los temores, los deseos, y el padecer dolores y trabajos, con los demás daños que nuestro dinero nos acarrea, hallarás que la hacienda es la que nos pone mayor gravamen; y así debemos ponderar cuán más ligero dolor es no tenerla, que el perderla después de tenida".

Sabido es que Séneca estuvo en la corte del emperador Nerón, por lo que gozaría de riquezas, pero una cosa es la vida real y otra los pensamientos en los que el filósofo se adentra cuando quiere buscar la felicidad para sí y para el ser humano en general. También es muy conocida la frase de que el rico, cuando muere, deja de ser rico, mientras que el pobre, cuando muere, deja de ser pobre, pero es raro encontrar a alguien que renuncie a las riquezas para evitar perderlas a la hora de su muerte.

En su obra "De tanquilitate animi" (sobre la tranquilidad del espíritu), Séneca nos dice que nos engañamos si consideramos que los ricos sufren menos por sus pérdidas que el pobre, que no puede sufrir por esta causa, pues no tiene riquezas. "El dolor de las heridas es igual a los pigmeos y gigantes... el mismo dolor sentían los calvos que los guedejudos, cuando les arrancaban algún cabello", y añade: "más tolerable es el no adquirir que el perder... Bien conoció esta verdad Diógenes... y dispúsose a no poseer cosa alguna que se le pudiese quitar... solo el reino de la pobreza no puede ser ofendido de los avarientos, de los engañadores, de los ladrones y robadores".

Se mete luego Séneca en teologías cuando dice que si alguno duda de la felicidad de Diógenes, podrá también dudar de la de los dioses inmortales, pareciéndole que no viven felices porque no tienen adornados jardines ni preciosas quintas cultivadas, y porque no tienen grandes juros en los erarios. "Tú -dice- que con las riquezas te desvaneces, ¿no te avergüenzas de ello? Vuelve los ojos al mundo, y verás que los dioses, que lo dan todo, están desnudos y sin poseer cosa alguna... ¿Tienes por más dichosos a Demetrio y Pompeyano, que no hubieron vergüenza de ser más ricos que Pompeyo...? ".

Relata el filósofo que habiéndosele escapado a Diógenes el único esclavo que tenía, llamado Manes, y sanbiendo donde estaba, no hizo nada por recobrarlo, porque "parecería cosa torpe que pudiendo Manes vivir sin Diógenes, no pudiese Diógenes vivir sin Manes". De la misma forma podríamos decir nosotros que el obrero no necesita al patrón, pero el patrón sí necesita al obrero si quiere amasar fortuna. Y bueno sería que los banqueros, usureros y especuladores, además de otras "especies" humanas, leyesen a Séneca, por ver si de esta manera se les aclaraban las ideas.

"Más dichoso es aquel que a nadie debe cosa alguna... Pero ya que no nos hallamos con suficientes fuerzas -renococe Séneca- conviene por lo menos estrechar nuestros patrimonios para estar menos expuestos a las injurias de la fortuna... de la misma suerte es más seguro aquel estado que ni llega a la pobreza ni con demasía se aparta de ella".

Fuente romana de Moraime

Fuente romana de Moraime (Archivo Chamoso Lamas de la Academia de Bellas Artes)
En la parroquia de Moraime (Muxía, A Coruña), al lado de la iglesia románica de San Xiao, se encuentra esta fuente monumental romana. En 1972 se encontraron materiales arqueológicos y esto llevó a una excavación. Chamoso Lamas la dirigió en una superficie de 492 m2, obteniéndose datos de diversas etapas históricas. Entre otras una necrópolis visigoda, pero también restos de los que González Soutelo y otros consideran una villa romana.

Se descubrió entonces un hipocausto con dos salas en las que hay varias pilae. Al lado salas cerradas con muros de 1,55 metros de ancho y otras construcciones, siendo uno de los muros un ábside, quizá formando parte de un alveus si hubiese unas termas. Se encontró entonces cerámica romana, monedas, bronces, anillos, fíbulas, alfileres y cuentas de collar. La fuente no significa, por sí misma, que nos encontremos ante unas termas, pero por la abundancia de agua resulta verosímil que sí existiese.

La fuente "llama la atención por su complejidad, calidad constructiva y significativas infraestructuras de abastecimiento y evacuación del agua" (1). Consta de una base circular de piedra de un diámetro aproximado de 2 metros, de manera que los diversos bloques están encajados. En el centro un bloque cuadrado de piedra de 52 por 41 cm. decorado con columnillas, por donde surtiría el agua desde una perforación inferior. También hay restos de la conducción del agua por medio de una tubería de piedra.
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(1) "Dos yacimientos gallegos olvidados: Moraime... y Armeá...", Silvia González Soutelo.

sábado, 21 de julio de 2012

¿Que fue de la Unión Soviética?

Deportados del GULAG
En el año 1991 se disuelve la URSS y se funda la CEI (Comunidad de Estados Independientes). Pero es con la elección de M. Gorvachov en 1985 y con las elecciones de 1989 cuando da comienzo un proceso acelerado de reformas que, aunque afectan solo a una parte del complejo estado, terminan por descomponer el imperio de la Unión Soviética. El intento por la fuerza de volver, en 1991, a la situación anterior, no dará resultado y la independencia de repúblicas y conformación de una nueva situación tiene lugar.

Aunque con los planes quinquenas de la época estalinista la Union Soviética se convirtió en una potencia industrial (la segunda) una gran cantidad de la población no trabajó en la industria. La enorme extensión del territorio que formaba el imperio, por muy vacías que estuviesen vastas regiones, hizo que una gran cantidad de población viviese en el medio rural y se dedicase a actividades primarias o terciarias. Las regiones de la tundra, en el extremo norte, la gran taiga siberiana, las zonas esteparias del sur y otras muy alejadas de los centros industriales, que estuvieron muy concentrados en algunas regiones, sobre doto del oeste, del suroeste y de los Urales, muestran un estado que mantuvo a gran parte de su población en la agricultura, la ganadería y los servicios.

Rusia, Estonia y Letonia son los países que tenían tasas de población urbana más altas en 1984: 73,1, 71,6 y 70,7% respectivamente; pero Ucrania (66,1), Bielorrusia (63,1), Lituania (66,3), Moldavia (45,7), Armenia (67,9), Azerbaján (53,9), Georgia (54,1), Kazajistán (57,5), Kirguizistán (39,7), Uzbeskistán (41,9), Tadjikistán (33,4) y Turkmenistán (47,4%) muestran la enorme descompensación industrial entre unas regiones y otras, circunstancia que sigue dándose en la actualidad (1). El hecho de que Moldavia, Kirguizistán, Uzbekistán, Tadjikistán y Turkmenistán tengan más población rural que urbana es elocuente de que no toda la Unión Soviética se industrializó, aunque en el conjunto sí fuese una potencia industrial. 

También las tasas de crecimiento económico fueron muy distintas: Bielorrusia, Azerbaján y Georgia más que lo doblaron entre 1970 y 1985, mientras que Armenia casi lo triplica en el mismo período y no llegaron a duplicarlo Rusia, Ucrania, Estonia, Letonia, Lituania, Moldavia, Kirguizistán y Tajikistán, mientras que estuvieron lejos de doblarlo Kazajistán y Turkmenistán (2).

El conglomerado soviético
Además está el problema de las diversas nacionalidades, etnias y grupos culturales que formaron la Unión Soviética: los países bálticos (Estonia, Letonia, Lituania) habían sido independientes y mantuvieron relaciones con el mundo escandinavo. La pronta entrada de dichos países en la Unión Europea les alejó más de Rusia, verdadero centro del antiguo imperio. Los ucranianos siempre fueron conscientes del papel primordial que jugaban en la Unión Soviética (agricutura, industria y la flota del mar Negro) además de que no se olvidó fácilmente el sufrimiento de la población a manos de Stalin, aunque esto no fue exclusivo de los ucranianos. Los países del Turquestán estaban muy vinculados culturalmente a Irán o a Turquía, así como mantenían grandes comunidades de credo musulmán, mientras que los eslavos eran cristianos desde la alta edad media. 

Los conflictos que Rusia y el imperio Otomano habían mantenido en el siglo XIX en la región del Cáucaso y los Balcanes constituyeron un factor histórico que sirvió de elemento centrífugo cuando hubo la menor ocasión. Por otra parte existen minorías nacionales dentro de las fronteras de las nuevas repúblicas consecuencia de una vida en común de muchas décadas: rusos en Kirguizistán y Ucrania, así como turcos en la primera; iraníes en Tajikistán y Urbekistán, rusos en Moldavia... La ruptura tuvo que garantizar (y no siempre lo hizo) el estatuto de las minorías nacionales dentro de las nuevas republicas. Más grave es la situación en Chechenia y Nagorno-Karabaj.

Hoy nadie duda de que el hundimiento de la Unión Soviética se debió a la incapacidad para mantener el complejo militar e industrial en permanente competencia con el mundo capitalista, teniendo en cuenta la enorme cantidad de recursos que el ejército, las armas y la burocracia se llevaban de la producción nacional. Por lo que hemos dicho antes también los factores nacioales y étnicos han tenido influencia, pues el imperio soviético estaba formado, a la fuerza, por comunidades muy distintas culturalmente. El factor político también tuvo importancia, pues aunque la sociedad no dio muestras de gran vitalidad en oposición al régimen, sí en cambio existió siempre una disidencia, la prueba está en la temprana actividad de la checa, las terribles purgas en época de Stalin y -por mucho que se hable de desestalinización- la persecución política en época de Jruchov, Breznev y seguidores. Intelectuales, estudiantes, científicos, escritores, profesionales, incluso miembros del partido comunista, mostraron una mayor o menor oposición al régimen que negaba las libertades políticas, cooptaba a los dirigentes del estado y mantenía una gran corrupción.

La Comunidad de Estados Independientes no prosperó porque no se dotó de instituciones, y no lo hizo porque no hubo voluntad política por parte de las diversas repúblicas que la formaron. Fue una transición hasta la situación actual, en la que Rusia ejerce un liderazgo real sobre algunas de dichas repúblicas y lo ha perdido en otras. Existe la convicción entre los dirigentes rusos y ucranianos de que la colaboración entre los dos estados es una necesidad para ambos, pero no ocurre así con los países bálticos y con algunas repúblicas del Turquestán.

La voladura controlada del sistema que pretendió Gorvachov -si es que lo pretendió- no fue posible porque se precipitaron los acontecimientos, lo que ha ocurrido en otros momentos y situaciones históricas. A una revolución le suele seguir una "sobrerrevolución" que luego queda -si prospera- en una especie de síntesis. M. Gorvachov fue toda su vida un funcionario del partido comunista, y lo fue porque le tocó vivir en ese contexto y porque lo aceptó, pues pudo haber elegido la disidencia. Tuvo la visión de comprender que el sistema no tenía salida tal y como había evolucionado (y tal y como había evolucionado el capitalismo) y quiso cambiarlo controladamente. M. Gorvachov sabía lo que había pasado en Afganistán y la imposibilidad de mantener regímenes afines por la fuerza. Sabía lo que había pasado en las "democracias populares" de Europa: Hungría, Checoslovaquia, Polonia... Sabía que la influencia de la socialdemocracia occidental en los partidos comunistas de esos países era grande y que la historia iba a caminar -si se puede hablar así- en el sentido de democratizarse las sociedades. Pero el líder soviético -porque eso fue- se encontró con dos tipos de oposición: el núcleo duro del propio partido comunista y los populistas que estaban deseosos de olvidar su pasado en el régimen para abrirse paso con otros apoyos: Yeltsin no fue otra cosa mas que eso, un populista sin ideología que abocó al país a serios riesgos de desestabilización. Esta no se produjo en un sentido absoluto, pero a cambio se permitió la entrada del sistema capitalista más feroz en las repúblicas antes soviéticas con sus elementos inherentes: las mafias económicas, la corrupción y el enriquecimiento de un buen número de delincuentes. 

Hoy Rusia es una gran potencia por su territorio, por su población y por sus enormes recursos. Es también una potencia porque juega un papel de árbitro internacional en buena parte del mundo: por ejemplo en Asia, en los Balcanes y en el Cáucaso, además de las inversiones que ha hecho en países de América latina y en África.

En la medida en que Rusia es una federación también se le plantean problemas para mantenerla: Bashkortostán, rica en petróleo, al sur, reclama su independencia económica (3) y Chechenia (en el Cáucaso) cuenta con un sector de la población que se considera independiente desde 1991, pero jurídicamente forma parte de la federación Rusa. Hay una Asociación del Extremo oriente que abarca un territorio extensísimo, pero no es más que un proyecto sin que se sepa si va prosperar, dentro, eso sí, de la federación rusa. La "Carta Siberiana" es un documento por el que el territorio de Siberia central se podría convertir en una región autónoma dentro de Rusia. También hay una Asociación Gran Ural en el centro de Rusia, desde el Ártico hasta el Turquestán. Al oeste la Asocicación del Gran Volga, que comparte al norte del mar Caspio un territorio con la Asociación de Ciudades del Sur de Rusia. Un verdadero puzle que podría resultar provechoso si, administrativamente, se descentraliza de verdad el gran territorio ruso. Pero también puede ser un factor de desestabilización en Asia, donde el independentismo -legítimo- no ha conseguido todavía sus últimos objetivos.
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(1) M. J. Sagers, Soviet Geography, número 3.
(2) Aurelio Cebrián Abellán, "Las razones sociales, económicas y geoestratégicas del declive soviético", 1993.
 (3) Idem nota 2.

viernes, 20 de julio de 2012

Los caballeros teutónicos y las SS

Castillo de Wewelsburg
Son sabidos los orígenes esotéricos del nacionalsocialismo alemán y que cuando surge el partido nazi existía en Alemania un caldo de cultivo propicio para la exaltación patriótica, máxime con la derrota en la primera guerra mundial. La búsqueda en el pasado de las glorias germánicas y, por derivación, en una serie de mitos que, con fundamento o sin él, dieron pábulo a toda una mística con objetivos múltiples, se sacralizó, en cierto modo, a los elegidos para la defensa y mantenimiento del III Reich y se revistió con ello de misterio, es decir, de religiosidad, a un estado que no podría apoyarse en ninguna Iglesia o confesión porque aquel se apartaba a pasos agigantados de cualquier credo. 

Himler (el jefe máximo de las Waffen-Schutzstaffel o SS, ejército del partido nazi al margen del ejército nacional alemán) aunque era de formación cristiana, creyó que equiparar a su ejército con la medieval orden teutónica, era una buena idea, una especir de caballeros soldados y monjes, los mejores y elegidos para misiones que otros no podrían llevar a cabo. Los caballeros teutónicos se formaron como orden en Palestina a finales del siglo XII y solo admitía a alemanes. Tras la ocupación de su sede-castillo en "Tierra Santa" por los musulmanes construyeron otro castillo en Transilvania y los teutónicos participaron en la cruzada prusiana junto con las monarquías sueca, danesa y la Orden de Livonia. Llegaron a formar en la edad media un estado al este del Báltico, comprendiendo un territorio inconexo formado por regiones que hoy pertenecen a Estonia, Livonia, Curlandia y Prusia oriental. Los territorios de Lituania se interponían casi hasta el mar, dando discontinuidad al estado teutón.

Ver un mapa de la época medieval permite comprender el por que -en parte- del posterior "corredor de Danzig", pues Polonia se interponía entre la Prusia Oriental y el Sacro Imperio Romano-Germánico. La cruz de Hierro que las autoridades nazis imponían a sus héroes está inspirada en la cruz teutónica medieval. Cuando los teutones no pudieron seguir manteniendo el castillo de Bran, en Transilvania, construyeron otro en la actual Renania del Norte-Westfalia, en el pueblo de Wewelsburg, curiosamente en la parte occidental de Alemania.

Cripta del castillo
El castillo de Wewelsburg fue elegido por Himler para reconstruirlo con una estética grandiosa, de planta triangular y flanqueado por tres gruesas torres en cada uno de sus vértices. Una gran sala fue el lugar de reunión de las más altas autoridades SS y, bajo ella, una cripta (otra referencia al ocultismo) con un fuego sagrado que se encuentra en multitud de civilizaciones antiguas. Este castillo fue el lugar de culto para los miembros de las SS, teniendo en cuenta que -tras la desaparición de las SA en 1934- dicho ejército de elegidos constituía la elite de lo que los dirigentes nazis querían para Alemania. Fue aceptada por el ejército en general, contrariamente a las SA, formadas por nazis embrutecidos y que cumplían funciones de choque con la población. 

Himler ya tenía su orden teutónica rediviva, de la que se valió para acabar violentamente (la "noche de los cuchillos largos") con las SA y para toda la serie de atrocidades que son bien conocidas. Por ese misticismo que el nazismo tuvo desde el principio vinieron las depuraciones de todo aquel que no tuviese sangre germánica pura, de todo aquel que sufriese enfermedad, estuviese disminuido, perteneciese a otras nacionalidades y de otras etnias. De la mística medieval, con unos caballeros-monjes dedicados a la guerra y a la caridad, se había llegado a las SS por obra y gracia de una total dislocación de la historia, de la realidad y de la razón.

La Torre dos Mouros

Fortificaciones de la Torre dos Mouros
La denominación de "mouros" para detereminados enclaves con restos antiguos, grandes piedras, grutas o construcciones más o menos ciclópeas, es muy propia de Galicia y de otras regiones cercanas. En la parroquia de Lira, municipio de Carnota (A Coruña) se está excavando un yacimiento a unos 300 metros sobre el nivel del mar, muy cerca de la costa, desde el que se observa el enorme arenal de Carnota y el mar Atlántico. La elección del paraje no pudo ser arbitraria. 

Se trata de un recinto fortificado cuyo origen están pendiente de señalarse, aunque la hipótesis que se baraja es que se trate de una fortaleza altomedieval relacionada con las invasiones normandas que sufrieron las costas de Galicia repetidamente. Dos líneas de muralla de un perímetro de más de medio kilómetro salvarían a los habitantes de las depredaciones enemigas. El trabajo ha consistido en desbrozar el terreno, pero se intenta incorporar a la población al mismo poniendo en Internet las diversas fases de la excavación en tiempo real.

Las murallas son muy rectilíneas, contrariamente a las de los castros prerromanos, que suelen tener una planta oval, además de que en las proximidades de éste yacimiento hay dos castros (¿podría tratarse de un refugio defensivo para los habitantes de dichos castros en caso de peligro?). Todavía no ha aparecido ningún resto de cultura material, pero nos encontramos en las primeras fases de la excavación. Una construcción pegada al muro interior ya es evidente, pero lo novedoso de estos trabajos es la participación de responsables públicos, arqueólogos, vecinos voluntarios y otros profesionales en los mismos.

Al fondo, el "Finis Terrae" medieval

miércoles, 18 de julio de 2012

Otro genocidio

Territorios con población armenia en el siglo XIX y zonas de persecución y deportación
Armenia es hoy un pequeño estado de 29.800 Km2 aproximadamente (una extensión parecida a la de Galicia), al este de Turquía, al sur de Georgia y al noroeste de Irán. Pero los armenios son un pueblo con una larga historia, cristianizado prontamente, que en torno al año 500 antes de Cristo se encuentra en Anatolia. Mientras la influencia cristiano-bizantina afectó a los armenios estos sufrieron, como cualquier otro pueblo, los avatares de la historia, pero el verdadero cambio se va a producir cuando los turcos otomanos avancen por la península de Anatolia y lleguen a destruir por completo el imperio bizantino a mediados del siglo XV.

Un imperio, como toda obra humana, tiene un destino escrito: desaparecer. Ya sea por la complejidad de sus componentes humanos, culturales, religiosos, etc. los imperios son construcciones realmente artificiales que han existido siempre. El imperio turco, con el hispano, fueron dos grandes potencias en el siglo XVI e incluso más tarde; se enfrentaron entre sí hasta el punto de simbolizar la lucha entre el oriente musulmán y el occidente cristiano. En medio de ese oriente musulmán estaban los armenios, respetados en cuanto a sus creencias y ritos, en cuanto a sus costumbres, pero obligados como súbditos a pagar los tributos y a cumplir las leyes que dictaban el sultán y su burocracia. 

La islamización de los pueblos de Anatolia llevó al éxodo a muchos armenios, pero los que se quedaron, llegando el siglo XIX, el sentimiento romántico, los ecos de la libertad y ciertas ideas ilustradas, empezaron a reivindicar derechos que les habían sido negados: no tenían los mismos que los musulmanes en el imperio de Constantinopla. A finales del siglo XIX -el siglo de grandes transformaciones políticas y económicas- exigen reformas y aquí empiezan las matanzas de armenios a manos de las autoridades turcas. Se habla de masacres entre 1894 y 1896 que llevaron a la muerte a unos 200.000 armenios. No sería extraño que algunos grupos armenios hubiesen atentado contra las autoridades del imperio en que estaban subsumidos, que hubiesen cometido ilegalidades... es un sino de toda minoría oprimida en un imperio. 

Con el acceso al poder de los "jóvenes turcos", que a falta de una definición mejor, porque seguramente se trataba de un conglomerado ideológico y de intereses, se podría decir que eran nacionalistas, cada vez más radicales, fue depuesto el sultán Abdul Hamid II, en realidad el último de una familia que ya no controlaba la situación en los países donde gobernaba, sujeta a tensiones con el poderoso imperio ruso del norte y atenta a la prosperidad de una Alemania que se había hecho poderosa en Europa. Ya hacía tiempo que el imperio turco era un viejo decrépito, pero se mantuvo hasta principios del siglo XX.

El exaltado nacionalismo que se apoderó de los turcos -o por lo menos de sus clases dirigentes- a principios del siglo XX no se puede entender sin tener en cuenta la humillación que para dicho pueblo representó la pérdida de la mayor parte de sus posesiones en los Balcanes (1912-1913). La avanzada en Europa, que había tenido en el siglo XVI su máximo exponente, se encontraba estabilizada al comenzar el siglo XX. Incluso Bornia-Herzegovina había sido ocupada por el ejército austro-húngaro en 1908 -otro agravio- una vez que la dinastía Habsbúrgica había elegido su vocación danubiana desde la unificación alemana y su exclusión de la misma. 

Mientras todo esto ocurría la población armenia asistía con esperanza una posible liberación que alimentaban sus intelectuales. Pero también fue motivo de idignación para los turcos ver llegar a Constantinopla a los expulsados de los países balcánicos que habían logrado su independencia, particularmente Bulgaria. La prensa del país publicó las fotografías, llenó las páginas de crónicas donde se revelaban los ultrajes sufridos por la población vencida; aquellas oleadas de turcos balcánicos, llegando a la pequeña región europea que todavía quedaba al imperio, fue un revulsivo para atizar el nacionalismo de los "jóvenes turcos". El partido Comité de Unión y Progreso, como tantas otras veces, no representaba la unión de todos los turcos y mucho menos representó progreso alguno salvo en materia económica, pues el imperio se había visto modernizado, en parte, por el capital alemán invertido en su ferrocarril y otras obras. Ello explica también que el imperio se decante por aliarse con Alemania cuando estalle la primera guerra mundial en 1914. ¿Como podría ser de otra manera si la odiada y vecina Rusia estaba aliada en el bando contrario y había infligido derrotas severísimas al imperio en el siglo XIX?

Desde que los "jóvenes turcos" se hicieron cargo del gobierno aplicaron una política educativa tendente a exacerbar el nacionalismo entre los niños y jóvenes, a renovar el esplendor del imperio en tiempos pasados y a renovarlo económicamente en la medida en que las circunstancias lo permitiesen, obviando en cierto modo los atavismos tradicionalistas del islam de la época. 

Aquí es donde se inscribe una figura de los "jóvenes turcos", Enver Pachá, militar que participó en la guerra balcánica y luego en la primera guerra mundial. Fue ministro de la guerra durante la contienda y es uno de los máximos responsables del genocidio o exterminio de un millón o más de armenios. Hijo de una albenesa ¿como podía entender que los Balcanes se independizasen del imperio? Nacionalista acérrimo ¿como podía admitir la derrota militar en 1912? Y luego vino -en plena guerra mundial- la derrota de Sarakamiç a manos del ejército ruso, el eterno enemigo. Todo se derrumbaba a su alrededor. Colaboradores fanáticos, él mismo encolerizado y ciego su ánimo, dio órdenes que, de forma sistemática, se cumplieron para hacer desaparecer de Anatolia a los armenios: sin distinción; hombres, mujeres, niños y ancianos. Los testimonios históricos son hoy bastante concluyentes, más cuando algunos historiadores turcos se han incorporado -poniendo por delante su profesionalidad- a las fuentes y conclusiones que hablan de atrocidades comedidas por las autoridades del imperio otomano.

Para Enver Pachá la derrota de Sarakamiç podría recordar las pérdidas que en la guerra de 1877-1878 sufrió el imperio otomano a manos también de los rusos: las provincias de Batún (hoy en Georgia) y Kars, hoy en el nordeste de Turquía. Siempre los extremos del imperio que querían separarse: los Balcanes, los armenios, los egipcios, luego los árabes de Arabia... Al suoreste del Cáucaso tuvo Enver Pachá graves problemas, la zona armenia por excelencia, con el monte Ararat, hoy fuera de los límites de Armenia, "la montaña-tótem de los aremenios" (1).

El monte Ararat al este, Batumi al norte y Kars en el centro
En 1915 se produjeron los crímines más horrendos: masacres de soldados armenios, arresto de intelectuales en el mes de abril, deportaciones al interior de Anatolia. Se aprobó una legislación de emergencia consistente en ordenar el arresto de armenios "aldea por aldea", es decir, premeditadamente, mediante un plan preconcebido, que es lo que define precisamente a un genocidio. El sufrimiento de aquellas gentes se manifestó en miles de casos durante las deportaciones a pie, recorriendo cientos de kilómetros mientras que -como ocurriría décadas más tarde en el centro de Europa- se decía a los armenios que se les encaminaba al "exilio". Se estableció una organización especial para perseguir a los armenios que, obviamente, ofrecieron resistencia, desobedecieron leyes, lucharon, mataron, pero no en nombre de un Estado, sencillamente porque no lo tenían. Los turcos seleccionaron a personal especializado para las persecuciones y las masacres, cientos de armenios fueron ahogados en el mar Negro, mujeres violadas sin límite de edad, dando rienda suelta los soldados al odio infundido en ellos. Jóvenes armenias formaron parte de harenes siendo cristianas...

Cuando acabó la guerra los países vencedores obligaron a la nueva Turquía a juzgar a los responsables de lo que entonces no se llamó todavía genocidio. Particularmente Gran Bretaña cumplió un papel fundamental en esto. Pachá y otros fueron condenados a muerte mientras estaban huidos. Pachá fue asesinado en Alemania mediante atentado en 1921; otros lo fueron en Tiflis (un atentado llevado a cabo por armenios) y otro también fue asesinado en Tajikistán.

El nuevo Estado cambió de nombre en 1923, la capital pasó a llamarse Estambul, pero no reconoció el genocidio contra los armenios. Se "olvidó" y se manipuló el fenómeno, interpretándose oficialmente como un enfrentamiento entre dos comunidades. Los libros turcos de historia se llenaron de eufemismos, se habló de tragedia, de catástrofe, de desastre, pero el millón de armenios que sufrieron persecución, hambre, torturas, muerte en las aldeas, ciudades y valles del antiguo imperio no permanecieron callados, por paradójico que parezca. Estados Unidos protestó por medio de su expresidente Roosevelt, por medio del presidente W. Wilson, a quien se sumó Edra Pound. La prensa inglesa denunció el genocidio aunque sin llamarlo de esta manera, pues la palabra sería inventada por el judío Lemkin en 1943. Así el mundo supo que el destino de la deportación de miles de armenios fue el desierto de Deir Zor, entre Alepo y Damasco, inhóspito lugar donde solo cabía esperar la muerte: sin alimentos, bajo el sol abrasador, lejos de todo, dispersos los seres humanos por la calcinada geografía.

La leyenda (solo leyenda) de los diez mil muertos del monte Ararat, que se remonta a época romana y que el pintor renacentista Carpaccio pintó, sería una triste premonición de lo que siglos más tarde ocurriría, agrandándose sobremanera. 

Hoy, intelectuales turcos aceptan que hubo genocidio, pero no el Estado. En 1975 se ha reproducido un terrorismo armenio que años más tarde se disolvió. Aquella "política de homegeneización nacionalista y religiosa" no fue posible, aunque el coste fue terrible. Hoy se calcula que el 70% de la población armenia pudo haber perecido en aquel infierno, pero no es el único que la historia registra... ni el último. "Quienes estudian y atemperan el fenómeno acaban siendo de alguna manera verdugos" (2).

Ver:
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(1) Rubén Figaredo: "Nacionalismo y genocidio. A propósito de 'Ararat' de Atom Egoyan".
(2) Idem nota anterior.