domingo, 30 de septiembre de 2012

El paisaje en la pintura

La pesca milagrosa
Brigitte Leguen dice que el cuadro de Conrad Witz La pesca milagrosa es "la primera representación exacta, el primer 'retrato' de un paisaje auténtico". Lo dice porque Witz pintó "verdaderos pescadores; no los sublimados apóstoles de los cuadros antiguos, sino toscos hombres del pueblo". En efecto así es, pero los personajes no son el elemento fundamental del paisaje; de hecho Witz había pintado paisajes en otros cuadros suyos anteriores: Cristo en la cruz entre 1430 y 1433 y San Cristóbal sobre 1435, mientras que La pesca milagrosa es de 1443-1444 (1). La misma autora dice que los británicos "nos hacen descubrir los amplios horizontes", los alemanes "aportan la nocturnidad y el sueño", los franceses "el sentido trágico de la Historia...", añadiendo luego que "los holandeses son los primeros... en descubrir la belleza de los cielos" (2).

Delacroix, en pleno romanticismo, pinta algunos paisajes de los que entresacamos dos: El naufragio de Don Juan, obra de 135 por 196 cm. que se encuentra en el Museo del Louvre (1841), y El mar desde las alturas de Dieppe, donde anticipa la técnica impresionista (Louvre, 1852) (3).

El mar desde las alturas de Dieppe
Con una sensibilidad más realista, denunciadora de las condiciones de vida de las clases humildes, están los paisajes de Millet (Las espigadoras), mientras que más tarde, Cézanne, con sus Montañas de Provenza (1886) nos deja otra interpretación del paisaje de naturaleza (del que hizo varias versiones).

Montañas de Provenza
Dice Brigitte Legen que existe una relación "entre campo cultivado y fertilidad, campo yermo y esterilidad, frío y muerte, ascensión a los lugares elevados y bajada a los infiernos...". En este sentido, volviendo atrás en el tiempo, tenemos el ejemplo de Carl Gustav Carus, con su frío Monumento a Goethe (1832, Kunsthalle de Hamburgo, 72 por 54 cm.) o su Niebla en la mañana, donde parece asemejarse a la obra de Turner (1825, Nationalgalerie, Berlín, 20 por 26 cm.). Carus fue amigo de Goethe y en las cartas que se intercambiaron estaban de acuerdo en la relación entre la naturaleza y el hombre. Una obra suya son Cartas sobre pintura de paisaje, en la que se nota la influencia del pintor Johann Christian Klenger (4), donde los paisajes mantienen casi siempre la tonalidad oscura y melancólica del este de Alemania.

En los paisajes del suizo Salomon Gessner, como poeta que fue, hay un lirismo más claro, precursor de algunos cuadros románticos posteriores (Gessner vivió en el siglo XVIII). Por su parte David Friedrich nos adentra en las ruinas, la desolación, la soledad, los naufragios, las brumas... Su obra El mar de hielo está ya dentro del pleno romanticismo. Es una obra de 1824 (96 por 126 cm.) que se encuentra en el Kunsthalle de Hamburgo.

El mar de hielo
Constable también es muy novedoso con algunas de sus obras, además de un maestro del paisaje. Un ejemplo de lo primero es el Boceto para un caballo saltando, donde los tonos oscuros y la pincelada borrosa predominan. Es una obra de 1824-1825 que se encuentra en el Museo Victoria y Alberto de Londres. Otro ejemplo del Constable menos reconocido es Stonehenge, donde nada de la placidez de otras obras suyas encontramos, sino todo lo contrario.

Hay un paisaje urbano que también ha sido tratado en la pintura. Aunque los impresionistas gustaron de pintar edificios, estaciones, calles y plazas, con anterioridad tenemos ejemplos: Ambrogio Lorenzetti representó a la ciudad de Siena en su Alegoría del buen gobierno ya en el siglo XIV; Vermeer pintó a la ciuda de Delft en el siglo XVII; y posteriormente a los citados impresionistas George Bellows pinto su Nueva York en 1911. Más tarde Antonio López demostrará las posibilidades del hiperrealismo con su Gran Vía madrileña.

Fragmento de la Alegoría del buen gobierno
Lorenzetti pinta con la delicadeza y falta de perspectiva de un artista gótico, amontonando los edificios, las personas y los animales, pero con un "orden" convencional al distribuir las gamas de colores que contribuyen a diferenciar e incluso individualizar cada parte de la composición, cada elemento que forma parte de él. Vermeer, en cambio, está sujeto a la norma de su tiempo: el realismo; pero al mismo tiempo ha de rendir culto a la atmósfera de su Holanda natal. Bellows ya está inscrito en la vanguardia del siglo XX y pinta un Nueva York cosmopolita y ajetreado, con sus rascacielos y con la técnica de un pintor moderno. Después de la descomposición de las formas (impresionistas y otros) viene el hiperrealismo a ofrecernos el detalle de la fotografía, pero con la plasticidad que solo puede conseguir la pintura.

"El control sobre la naturaleza es la historia del hombre", ha señalado Brigitte Leguen, contraponiéndose a la visión marxiana de que la historia de la humanidad no ha sido otra cosa que la lucha de unas clases contra otras. "La visión bucólica de la naturaleza -sigue la autora citada- virgen placentera, el mito del buen salvaje propuesto por Rousseau, Paul et Virgine (5), Candide (6) cultivando su jardín, son imágenes utópicas de una felicidad que pretende asociar la naturaleza a la bondad del hombre..."

Vista de Delft
Nueva York, 1911
Gran Vía
Boulevard Montmartre, nocturno, 1897 (Pisarro)
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(1) Cristo en la cruz se encuentra en el Museo Staatliche de Berlín. Es un pequeño cuadro de 34 por 26 cm. San Cristóbal se encuentra en el Öffentliche Kunstsammlung de Basilea (101 por 81 cm.) y La pesca milagrosa está en el Museo de Arte e Historia de Ginebra, con unas dimensiones mayores (132 por 151 cm.) lo que quizá haya servido como ejemplo pues se aprecia con más detalle el pasiaje.
(2) "El paisaje en la literatura francesa a partir del siglo XIX y sus relaciones con la pintura", 2010.
(3) Dieppe es una población del Sena marítimo, en el norte de Francia.
(4) De la escuela de Dresde.
(5) Obra de Jacques-Henri Bernardin de Saint-Pierre, a finales del siglo XVIII, en la que dos niños son educados en medio de la naturaleza hasta que les toca separarse.
(6) A mediados del siglo XVIII Voltaire escribe esta obra en la que el protagonista vive placenteramente en medio de la naturaleza.

Arqueología en Minho (3)

Arcos de Valdevez
En la feligresía de Sopo, municipio de Vila Nova da Cerveira, se encuentra el poblado fortificado conocido con el nombre de Castro do Monte Góis. Cerca del Miño, este poblado de época romana pero que quizá se remonta a la edad del hierro, mantiene parte de su sistema defensivo, habiéndose encontrado cerámica de época castrexa y romana. Estamos ya cerca de Caminha, en la desembocadura del Miño; y cerca también está Vilar de Mouros, con su sobrio puente de sillares bien cortados.

Ya en Caminha, en la feligresía de Vilarelho, se encuentra Coto da Pena, otro poblado fortificado que estuvo poblado, a juzgar por las excavaciones arqueológicas, desde la edad del hierro hasta el medievo, pasando por la época romana y el bajo imperio. La línea de muralla encierra algunas estructuras de habitación y la parte superior del poblado. En ocasiones su cimiento es la roca y el grosor es diverso según los lienzos de que se trate. Algunas casas conservan la lareira (hogar) de barro, así como la fisonomía propia de los castros del noroeste. 

En Reboreda, municipio también de Vila Nova da Cerveira, se encuentra un castro que estuvo habitado desde la edad del hierro hasta época romana, habiendo sido excavado por Eduardo Alberto Pires de Oliveira en 1981.

Hacia el interior, en el municipio de Arcos de Valdevez, encontramos el castro de Álvora, en la feligresía del mismo nombre, poblado desde la edad del bronce hasta la del hierro en época romana. Consta de diversos sistemas defensivos según Felix Alves Pereira: una muralla rodea casi todo el poblado excepto la parte del noroeste. Aquí empieza un declive del terreno, mientras que en la cima asoman restos de construcciones que, en su mayoría, debían ser circulares. Hay rocas que sirven también de defensa, así como pequeños fosos al sur del castro; igualmente otra roca al este y una cavidad o foso al norte.

Entre Vila Nova y Arcos de Valdevez, la sierra de Arga, desde cuyas alturas se divisa perfectamente el poblado de Seixas, la desembocuadura del Miño, el promontorio de Santa Tecla; más al sur la Cima de Pedra y, al otro lado, en el valle oriental, la villa de Arcos.

Forte de Lovelhe


En las proximidades de Vila Nova da Cerveira, frente a Goián, se encuentra el complejo del Forte de Lovelhe, dominando desde un alto el río Miño y la frontera con España (Galicia). Se trata de un poblado que se remonta a la época del hierro, aunque han aparecido algunos restos de época paleolítica. Posteriormente fue ocupado en época romana y en la edad media.

En una colina al margen del río, se aprecia que se trata de una terraza fluvial, al este de la cual pasó una antigua calzada romana que algunos identifican por el topónimo Breia. De la edad del bonce se ha encontrado una sepultura en la Quinta da Água Branca, hasta que la colina fue ocupada por una comunidad en el siglo I antes de Cristo con la finalidad de explotarla agrícolamente: la tipología de su sistema defensivo a permitido a los expertos calificar el lugar como "castro agrícola".

Un silgo más tarde se construyen las primeras obras romana, para continuar en los siglos siguientes (II y III de nuestra era). Algunas construcciones son hoy visibles: una villa del bajo imperio que perduró hasta la ocupación sueva y luego visigoda, consrvándose algunos sillares almohadillados y mosaicos. Luego fue construída otra villa de tipología semejante reutilizando los materiales, lo cual ha sido corriente en otros muchos lugares, y cuya cronología se ha establecido en la alta edad media. 

El siglo XVII es el de su destrucción, pues en la colina se construyó el Forte de Lovelhe en relación con los conflictos bélicos entre las monarquías portuguesa y española. La fecha de la construcción del fuerte se ha establecido en 1662: una fortaleza con baluartes en la que han aparecido muestras de las antiguas ocupaciones: cerámicas de la edad del hierro, de época romana (sigilata itálica, sud-gálica, hispánica, clara, Late Roman C, campaniense, de paredes finas "bracarenses", paleocristianas, comunes pintadas, etc.

Colina del Forte de Lovelhe
Al norte de Vila Nova da Cerveira, la colina está demasiado separada de las primeras montuosidades al sur, no aptas para la defensa de la frontera. Sobre el mismo río Miño, hoy hay un puente que lo cruza, apenas rozando el lado sur del recinto fortificado, lugar quizá idóneo para estar poblado desde tiempos muy remotos, testimonio de lo cual son los restos y construcciones encontradas.

Arqueología en Minho (2)

(A la izquierda parte del poblado fortificado de Nossa Senhora da Assunçao, en la feligresía de Bela, Monçao).

Desde la feligresía de Bela, cerca de la villa portuguesa de Monçao, se encuentra el poblado fortificado de Nossa Senhora da Assunçao, que ha dado restos de la época del hierro y de presencia romana. Las murallas cierran un recinto de forma ovalada de 235 por 141 metros de longitud. Se han encontrado pilas, moldes de fundición, un alfiler de bronce y pesos de red, entre otros objetos.

Siguiendo el valle del Miño en dirección oeste (hacia el Atlántico) llegamos a la necrópolis de Cortes, en la feligresía del mismo nombre y también dentro del ámbito administrativo de Monçao. Es de época romana y el rito fue de inhumación. Se han encontrado seis sepulturas de teja y granito cuya cronología no es anterior al siglo IV de nuestra era, por lo tanto ya en las postrimereías del imperio.

En el municipio de Valença do Minho, en la feligresía de Friestas, se encuentra el poblado llamado Casal do Mato, de época romana, dominando la planicie y a escasos dos kilómetros del río Miño. Se han encontrado pesos de telar, asas de ánfora, cerámica, tégulas y otros materiales de construcción. En dirección oeste desde Friestas se encuentra la feligresía de Gondomil (Valença do Minho) donde se encuentra una necrópolis de época romana (siglo I de nuestra era). Pueden verse tres pilas crematorias y varios túmulos, habiéndose encontrado huesos (entre ellos de dedos y cráneos), útiles de hierro y otros metales, vidrios, cereámicas y carbón. 

Siguiendo hacia el oeste, muy cerca de Valença y de Tui, se encuentran el poblado y necrópolis de Adro Velho de Verdoejo, en la feligresía del mismo nombre y municipio de Valença. Es de época romana y el lugar está dividido en terrazas fluviales muy próximo al río Miño. El recinto tiene forma circular delimitado por un muro de mampostería. La ocupación se dilató durante bastante tiempo, pues se han encontrado dos sepulturas medievales monolíticas antropomórficas; también dos fragmentos de una sepultura con epigrafía y restos de una edificación (los lugareños la identifican como una ermita antigua). En el siglo XVI fue levantado en este lugar un cruceiro en señal del carácter sagrado del sitio. En las proximidades se han encontrado fragmentos de tégulas, ímbrices, cerámica (común y sigilata hispánica) y restos graníticos de un poblado de época romana.

sábado, 29 de septiembre de 2012

La fortificación de La Bastida

Fortificación de La Bastida, en Murcia
En principio se calcula una antigüedad superior a 4.000 años para el yacimiento de La Bastida, en Totana (Murcia). Se trata de la antigua "ciudad" de Begastri, que remonta su importancia a la edad del bronce en la península Ibérica. Debió de ser un centro defensivo y desde donde se organizarían los ejércitos de la zona en aquella época. Los expertos califican esta fortificación de "insólita" porque no se conoce otra igual en Europa, aunque sí en el Próximo Oriente. Se trataría, pues, de una muestra de las relaciones entre el Mediterráneo oriental y el occidental en época tan remota.

La excavación, sin embargo, está en curso y podría arrojar luz sobre lo que hasta ahora sabemos de la cultura argárica. La muralla pudo haber tenido de dos a tres metros de grosor, contruida con grandes piedras y con torres en forma de tronco de pirámide. La altura de la muralla pudo ser de seis o siete metros, lo que permite hablar de una fortificación militar. No se han encontrado armas, probablemente porque en la época no las había y, según los expertos, la población constituída en ejército improvisado, se defendería con sus útiles de labranza y otras herramientas. ¿Corresponde La Bastida a esa época o ya había armas? No es posible asegurarlo mientras que los trabajos arqueológicos no avancen más. Quizá unas "armas" hechas con cuerno de ciervo, que han sido encontradas en el yacimeinto, sean una señal del tránsito desde una etapa sin ellas a otra con armas.

Dos montuosidades verdosas por la vegetación se encuentran al norte y al oeste de Totana; al suroeste la ciudad de Lorca y al nordeste la villa de Alhama de Murcia. Son tierras que tienen un gran parentesco, en el paisaje y en el clima, con la Andalucía oriental, aquella donde tuvo su centro la cultura argárica.

Arqueología en Minho (1)

Ponte da Pedreira, en Valença do Minho
Desde Valença do Minho hasta Ponte da Barca se puede pasar por Ponte de Lima, primero en dirección sur y luego en dirección este (Portugal). A poco que hayamos avanzado por la carretera que une las dos primeras poblaciones, a mano izquierda y en la feligresía de Cerdal, se encuentra el ponte da Pedreira, de época romana pero seguramente reconstruído a lo largo de los siglos hasta la edad media, pues sus sillares así lo delatan. Tiene algo más de 17 metros de longitud y unos 4 de altura, siendo su pavimento de lajas graníticas. Formaba parte de una calzada romana que conducía al valle del Miño.

Algo más al sur, pero muy cerca, se encuentra el Alto do Corgo, en la feligresía de Fontoura. Se trata de un poblado fortificado de la edad del hierro cuya planta presenta un aspecto redondeado y desde la cual se divisa la comarca perfectamente. Un foso rodea la parte más alta y todavía quedan restos de un muro. Algunas informaciones hablan de que en el lugar se encontraron 37 monedas romanas de plata dentro de un recipiente de hierro, pero nada se sabe sobre su paradero, pudiéndose haber tratado de un expolio.

Cicadelhe en Ponte de Barca
Siguiendo camino hacia el sur se llega a Ponte de Lima y, procediendo del norte, se gira a la izquierda para seguir el valle del río Limia hasta la villa de Ponte da Barca. Camino de la frontera española y poco antes de llegar a ella, en la carretera que conduce a Entrimo, Lovios y Celanova (Ourense) se encuentra el poblado fortificado de Cidadelhe, en la feligresía de Lindoso. Seguramente fue habitado desde la edad del hierro hasta la edad media, situado sobre el río Limia, se ha encontrado un ara en la que figura la epigrafía "Hercule", pero también ha desaparecido. La cerámica de época romana hallada en esta ciudadela nos habla de su ocupación en los primeros siglos de nuestra era. 

Algo más al sur se encuentra el lugar de Bilhares, en la feligresía de Ermida, donde se encuentra un conjunto de cortes (cuadras) para el ganado quizá de época del hierro y luego romana, pues algunos sillares son de esta época. Las cuadras tienen muros de piedra, algunos con sillares almohadillados. Desde el norte avanzan dos alineaciones montañosas con un valle en medio, hasta el Limia; es una comarca apartada de la costa y de las ciudades más importantes de Minho y un poco más al sur se encuentra el verdor de Gerês, que contrasta con la vertiente ourensana, más pelada y azotada por los vientos del norte. 

Puente de origen romano

viernes, 28 de septiembre de 2012

Masonería y enseñanza


Aunque los masones franceses siempre fueron una minoría, se empeñaron durante el siglo XIX en difundir la instrucción a las clases populares para restar la influencia que la Iglesia ejercía en las parroquias. Estas ideas fueron asumidas también por los republicanos y por los socialistas. Como esa labor exige recursos el empeño tiene todavía más mérito. La ciudad francesa de Mulhouse es un ejemplo de actuación de la masonería en la instrucción de la infancia y la juventud. Otros casos son los de Lyon, Dunkerque o Estrasburgo.

En algunas poblaciones se establecieron cursos nocturnos para alumnos que trabajaban, mientras la derecha política francesa, para combatir esto, votó en 1850 la ley Falloux, que establecía la enseñanza primaria y secundaria. Con ella el clero podía establecer sus centros educativos y adoctrinar a la infancia y la juventud, pero a los profesores de esos centros no se les exigía más que un certificado, mientras que a los centros laicos se les exigía que su profesorado fuese universitario. El golpe de estado dado por Napoleón III paralizó la obra de los masones y republicanos, pues no estaban las cosas para arriesgar mucho, pero con la liberalización política del régimen en torno a 1860 volvieron a surgir escuelas y centros de formación para los hijos de las clases trabajadoras. Curiosamente esta etapa será de mayor florecimiento de esta labor que los primeros años de la III República francesa, dominada, como se sabe, por los monárquicos.

El ministro Víctor Duruy, historiador y docente, no pudo llevar a cabo todo su programa porque no se lo autorizó el emperador Luis Napoleón, pero es el creador en Francia de la escuela laica secundaria donde se enseñaron lenguas extranjeras; dotó a estas escuelas de recursos para mejorar la calidad de la enseñanza y quiso convertirla en obligatoria y gratuita sin conseguirlo. 

El masón Ernesto Hendlé, junto con otros, luchó para que se estableciese la separación entre la Iglesia y el Estado en la enseñanza, lo que se conseguiría bastante más tarde en la ley de 1905 con el socialista Aristide Briand. Según Andre Combes, en 1874 fue admitido en la logia presidida por Massol, Los émulos de Hiram (el mítico constructor del templo de Salomón), Manuel Vauchez, y en 1875 Jules Ferry, Emilio Littré y Honorato Chavée fueron iniciados en la logia La Clemente Amistad en presencia de republicanos y masones como Leon Gambetta y Luis Blanc.

Jules Ferry, como burgués de su tiempo, fue un imperialista convencido, pero es uno de los grandes reformadores de la enseñanza en Francia, y su experiencia masónica le fue útil para comprender e impulsar el laicismo y el librepensamiento en la docencia. Por su parte Jules Simon, ministro de Instrucción Pública con Thiers, quiso que se estableciese la enseñanza obligatoria, pero tuvo la oposición de la mayoría monárquica. Cuando los republicanos ganen las elecciones en 1877 y luego en 1881, será el momento de las grandes reformas escolares. Muchas de las cosas que discutimos hoy, y que todavía no están logradas, fueron ya inspiradas, conseguidas en parte, extendidas por los masones, republicanos y socialistas en la Francia del siglo XIX.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Campesinos contra señores


El ensayo de Mª Luz Ríos Rodríguez sobre la conflictividad social en la baja edad media gallega y las escrituras que sirven a unos y otros para hacer valer sus derechos, arroja luz sobre un tema que en otros casos había quedado simplificado. Muy al contrario, las diversas situaciones estudiadas permiten ver que no todo es lineal ni simple.

En primer lugar, cuando vemos un conflicto entre campesinos y señores, lo normal es que con aquellos estén asociados otros grupos sociales como la baja nobleza local y la burguesía urbana, menos abundante en Galicia que en otras partes de España, pero que sufría también los abusos de la nobleza alta. Estos grupos que se adhieren al campesinado, en ocasiones persiguen objetivos políticos, de la misma forma que durante la Revolución Francesa a los objetivos de la burguesía ilustrada y económica se sumó la sobrerrevolución campesina en lucha por su emancipación.

Como consecuencia de la gran crisis demográfica que se produjo en el siglo XIV en casi toda Europa, la renta foral (y en Galicia muchísimos campesinos estaban ligados a señores mediante contratos de foro) disminuyó, aunque esto quedó compensado porque, con el afianzamiento de las estructuras estatales en el siglo XV, las cargas impositivas aumentaron. La conflictividad en la baja edad media entre campesinos y señores va a ser, en ocasiones, mediante la violencia, pero otras muchas veces mediante la exhibición de documentos jurídicos que avalen la posición de una u otra parte. Como la sociedad no era igualitaria (no lo ha sido nunca) la parte más poderosa solía inclinar la balanza a su favor aunque hubiese documentos de por medio, por la sencilla razón de que tenía la capacidad de la coerción, la influencia o la debilidad de las estructuras gubernativas y judiciales.

Por su parte tambien existió una violencia intraseñorial, sobre todo debido a que los nobles tendieron a extender la condición vasallática fuera de sus jurisdicciones, lo que llevó a conflictos jurisdiccionales. Otro aspecto a considerar es que en los siglos XIV y XV se multiplicaron los detractores de renta producida por el campesinado: hidalgos y concejos que, mediante el subforo, se aprovechaban de dicha modalidad contractural. La respuesta del campesinado a situaciones que consideró injustas fue, coyunturalmente, la violencia, pero con mucha más frecuencia la exhibición de documentos y el pleito. Todo parece indicar que en Galicia, como en el resto de España y de Europa, hubo durante la baja edad media un cambio de actitud entre los diversos grupos sociales, consecuencia de una reestructuración de las relaciones entre ellos. En este sentido cabe recordar el aumento del asociacionismo campesino, aunque no de forma permanente, la formación de una identidad colectiva, y ello ya se muestra en la zona marítima de Flandes entre 1323 y 1328, la Jacquerie en la Isla de Francia y la gran revuelta campesina inglesa de 1381, los conflictos antiseñoriales en Castilla, la gran guerra remensa en Cataluña o las guerras irmandiñas en el siglo XV gallego.

El ensayo de Ríos Rodríguez tiene más interes por cuanto habla de la gran diversidad de situaciones que se esconden bajo la genérica denominación de campesinado: las fuentes hablan de agricolae, rustici, terricolae, laboratorii, cuando se refieren a los que trabajan la tierra; se cita a los populatorii, moradores o vecinos cuando se trata de los que pueblan un territorio rural; serviciales con matiz jurídico, o también hereditarii, forarii; homines y vasallos cuando se trata de relaciones feudales. Obviamente no todas estas denominaciones designan lo mismo, porque de lo contrario las fuentes no aportarían tantos matices, pero en su conjunto practicamente dodos los citados eran campesinos, aunque con diversos estatutos.

Las luchas campesinas en ocasiones fueron instrumentalizadas por otros grupos en favor de sus objetivos particulares, mientras que las clases bajas siempre tuvieron al rey, en última instancia, como representante máximo de la justicia, pero no de la que se ejerce (que también) sino de la justicia como concepto abastracto, es decir la equidad. En la baja edad media la sociedad se judicializa, porque se tiende a usurpar -por parte de unos y otros- al contrario. El abad de Soandres fue apuñalado en un asalto a su fortaleza, aunque no muerto, pudiendo luego escribir: ...y echaron la puerta abajo de la cámara primera y quebrantaron las puertas de la torre donde dormíamos y donde teníamos nuestros tondos y escrituras y... nos tomaron nuestras escrituras del dicho monasterio... Ese era el objetivo por parte de campesinos ofendidos y ultrajados: asaltar las fotalezas, hacerse con las escrituras que daban derecho a los señores y destruirlas. En otras ocasiones eran los foratarios los que se iban haciendo, de facto, con extensiones de monte que luego quisieron hacer constar en las escrituras forales, lo que les convertía en casi propietarios, pues adquirían el derecho a la transmisión y enajenación de la tierra que habían recibido en tenencia.

El campesinado llegó a no pagar lo establecido en los contratos y, en otras ocasiones, los vasallos se personaron ante sus señores con las escrituras que les reconocían derechos que se les negaban. En 1484 cerca de cincuenta vasallos del abad de Celanova que usufructuaban casas, viñas y heredades en la zona de Monterrei y Verín, realizaron la presentación de sus títulos forales ante el representante del monasterio. Se discutía la legalidad de los documentos, si la renta debía ser en producto o en moneda... Unos años antes, en 1481, un vasallo actúa como testigo en lo que podemos llamar un juicio diciendo los que eran ricos y tenían gisado que traigan buenos tocinos y los que eran más pobres que le traigan marranas buenas y otros más pobres que le traigan otras marranas más ligeras y cada uno de lo que se estrevía... "Así se hacía antes -sigue diciendo- y así debía seguir siendo [quiere decir si los tiempos fueran tan buenos como antes] pero ahora todo está cambiado y en tiempo de este señor abad si no es bueno todo lo que se le entrega, devuelve al labrador para su casa hasta que traiga otro producto mejor". El abad del monasterio de Celanova se dedicaba, al parecer, a percibir marranas gordas y menos gordas, tocinos y otros productos ganaderos... a falta de mejores ocupaciones para un monje.


martes, 25 de septiembre de 2012

Mahamud de Galicia

Torreón medieval de Sandiás (Ourense)
Cuando se produjo la invasión musulmana de la península Ibérica en el año 711 de la era cristiana, ya al año siguiente un ejército al mando del beréber Tariq conquistó Astorga. En 714 Lugo caía en manos de otro ejército, esta vez al mando de otro jefe superior, Muza ibn Nusayir. Parece ser que el dominio de Galicia, que en la época era una extensión mucho mayor que la actual, duró hasta mediados del siglo VIII. Ya fuera por la lejanía del sur peninsular, por el clima hostil para los árabes y beréberes o por imposibilidad de mantener bajo control lugares tan lejanos, lo cierto es que todo parece apuntar a un abandono más o menos irregular e imperfecto de estos territorios. También puede haber influido el hecho de que, como recogen ciertas crónicas, en el noroeste se rebelaron tropas beréberes contra la autoridades de origen árabe, la aristocracia entre los invasores. Claudio Sánchez Albornoz, recogiendo la información que da el Ajbar Majmúa habla de que "los muslines de Galicia y de Astorga resistieron largo tiempo, hasta que surgió la guerra civil de Abol-Jatar y Tsuaba". Era esto en torno a los años 750-751 de la era cristiana. Se trató de una "guerra civil" entre los musulmanes que poblaban Galicia, probablemente no muchos en comparación con los existentes al sur del Tajo.

Otro conflicto interno entre los musulmanes de al-Andalus se dio en torno al año 834: el gobernador de Mérida, que venía de ser una importante ciudad en época romana, Mahamud ibn Abd Al-Chabbar, se enfrentó al emir (desde mediados del siglo anterior se había establecido un emirato con capital en Córdoba), preo la revuelta capitaneada por Mahamud no prospera y este huye a Galicia. Desde aquí se vale de algunos nobles locales que le ponen en contacto con el rey Alfonso II y este, quizá deseoso de debilitar al emir, le permite asentarse en Galicia con las tropas que le acompañaban. Ya tenemos a Mahamud al servicio del rey cristiano situado, según parece en alguna comarca al sur de la actual provincia de Lugo. 

Mahamud debió estar muy penetrado de la cultura islámica, porque al cabo de unos años quiso volver a la disciplina del emir, en el sur de la península, de forma que le ofreció sus servicios contra el rey cristiano Fruela. La nobleza galaica, que no siempre se acomodó a integrarse en las estructuras de la monarquía asturiana, en esta ocasión apoyó a la corte de Oviedo, acosó a Mahamud en el Castro de Santa Cristina  (en el municipio de Incio, Lugo) y, tras una batalla, capturó a Mahamud decapitándolo poco después (año 840). Años después "el hijo del gallego", Ibn Marwan, se levantó en 869 contra el emir de Córdoba (año 869) y dicho levantamiento también se produjo en Mérida. El "gallego" era Mahamud, que así era conocido en el sur andalusí tras su peripecia en el noroeste. Su ambición de poder no pudo ser satisfecha, pero dejó una estela de rebeldía en el seno del poder musulmán cuyo ejemplo no sería el único. 

Hay que esperar a los siglos pleno-medievales (XII-XIII) para que la presencia de musulmanes en Galicia, ya cristianizados, decaiga, pero como demuestran varias investigaciones, en la alta Edad Media un número pequeño pero significativo de musulmanes fueron conocidos como tornadiços, es decir, musulmanes que, por convicción o por conveniencia, se pasaban al cristianismo. De hecho hay estudios antroponímicos que así lo demuestran.
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Ver la obra de Carlos Andrés González Paz, "Sarracenos, moros, mudéjares y moriscos en la Galicia medieval".

Alimentarse en la prehistoria

Islas Cíes, en la costa de Galicia
Al menos siete yacimientos arqueológicos han sido localizados en el Parque Nacional das Illas Atlánticas. Se trata de un proyecto en que participan especialistas en antropología, prehistoria e historia y que está permitiendo avanzar en el conocimiento que tenemos sobre la alimentación de los habitantes del litoral en la prehistoria. Eran consumidos muluscos, como demuestran los concheiros de Cortegada y Sálvora, dos islas situadas en la ría de Arousa y frente a la costa sudoccidental de la provincia de A Coruña, respectivamente. En la isla de Ons, que cierra la ría de Pontevedra, se encuentra el yacimiento de Canexol, donde hay evidencias de salazón de pescado, de datación probablemente posterior.

Los trabajos arqueológicos han dado materiales líticos trabajados en época prehistórica, así como otros metálicos y cerámica. Los restos arqueológicos abarcan un período muy largo de tiempo, con grandes vacíos cronológicos, lo que hace pensar en la ocupación y desocupación de las islas Atlánticas a lo largo de diversas etapas.

Los concheiros son yacimientos arqueológicos por los que se demuestra la alimentación a base de moluscos del hombre prehistórico (sobre todo) particularmente en el mesolítico. Los más importantes, como se sabe, son los que se encuentran en los valles de los ríos Tajo y Sado, en Portugal, así como en las riberas de pequeños afluenes de dichos ríos. En Salvaterra de Magos se descubrieron algunas colinas o montones de conchas entre las que estaban también huesos y espinas de peces. Desde la segunda mitad del siglo XIX se ha profundizado en el estudio de esta forma de alimentación por parte del hombre del mesolítico, pero también de otras etapas de la pehistoria. Se han encontrado concheiros también en el norte de Europa.

Se trata de comunidades de cazadores-recolectores que se asentaron en las riberas de algunos ríos, sobre todo cercanos a la costa, así como en las islas y otras localidades costeras. Para el caso de Vigo, ver  http://vigoarqueologico.blogspot.com.es/2009/10/los-concheiros-del-castro-de-vigo-la.html.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Excomunión y "herem" en Galicia

Grabado del s. XIX sobre judíos (Biblioteca Nacional, Madrid)

Cada vez se sabe más sobre los judíos en la Galicia medieval, sobre todo en sus últimos siglos. A la obra "Los judíos en Galicia (1044-1492)" (1) se une la "Contribución ó estudo da xudería ourensá baixomedieval" (2) y otras obras ya clásicas. Pero lo que voy a comentar aquí es el artículo de María Gloria de Antonio Rubio, "Estancia de Luis Alonso, antes llamado Judá Pérez, en Galicia" (3) porque a partir de este personaje, que se convirtió al cristianismo probablemente para poder seguir con su profesión de recaudador y administrador de bienes nobiliarios, se ven algunos aspectos de la sociedad gallega en el siglo XV.

Mose y Yuda (este último Luis Alonso cuando se hace cristiano) eran hermanos, los dos se dedicaron a administrar las haciendas de varias casas nobiliarias y a recaudar contribuciones mediante el anticipo de la fianza que les daba derecho a ello. No siempre tuvieron fortuna, pues una serie de avatares les enfrentó a la justicia, saliendo casi siempre malparados, pero tuvieron la sagacidad de encontrar el camino para solucionar sus problemas que, probablemente, fue convertirse al cristianismo, o por lo menos esto es lo que la autora citada nos dice de Yuda Peres. Parte de la constatación de que no es fácil encontrar documentación en Galicia por la que un judío se convirta al cristianismo, al menos si el personaje tuvo la suficiente notoriedad como para generar documentación que se nos haya conservado.

Yuda estuvo al servicio de Bernardino Pérez Sarmiento, conde de Ribadavia; luego de Juan Pimentel, señor de Allariz y más tarde del conde de Santa Marta de Ortigueira. En Ourense estuvo avecindado hasta 1486 y luego trasladó su domicilio -como consecuencia de problemas económicos- a Villafranca del Bierzo, entonces llamada Villafranca de Valcárcel. Cuando los Reyes Católicos, en las Cortes de Toledo de 1480, dieron orden de apartamiento de los judíos a barrios separados de los cristianos, algunos judíos decidirían trasladarse a otras villas donde considerasen podían realizar mejor sus negocios. Debe tenerse en cuenta que Galicia, junto con Asturias y Vizcaya, gozaban de ciertas peculiaridades hacendísticas, lo que hacía más difícil para un recaudador reunir las condiciones para ejercer dicho oficio, sobre todo si se trataba de rentas del rey.

En cierta ocasión Yuda Peres, "judío infiel", por los tributos impuestos y "los daños causados a eclesiásticos y religiosos... y, en especial, por haberse apoderado del lugar de la Quintaa en Cenlle y haber deshonrado a dicho racionero y al canónigo García de Deza, el juez eclesiástico, con autoridad apostólica, ... excomulga a los dichos y manda que tal sentencia sea fijada en las gradas de hierro entre el coro y el altar de la catedral de Orense, después de haber sido leída en la procesión solemne...". A dicha excomunión se enfrentaron también otros personajes cristianos en 1479. Es decir, la autoridad eclesiástica, con la pretenciosa "autoridad apostólica", castigaba espiritualmente por supuestos delitos materiales. De Antonio Rubio señala que las autoridades civiles y eclesiásticas cristianas podían ordenar a los tribunales judíos imponer o hacer cumplir una excomunión o herem cuando se trataba de asuntos monetarios. La legislación judía también contempla la excomunión de aquellos miembros que no cumplieran las ordenanzas, castigo durísimo que podía llegar a causar la ruina social y económica de los reos.

El condenado por medio del herem quedaba aislado de la sociedad y ningún judío -ni sus propios familiares- podía tener relación alguna con él. Esta severidad hizo que se contemplasen en la ley judía castigos menores como el nidduy, que tan solo duraba siete días y que puede entenderse como una especie de apercibimiento, o la chemata, para casos menos graves.
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(1) Antonio Rubio, M. G. de, 2005.
(2) López Carreira, A., 1991 (forma parte de "Xudeos e Conversos").
(3) UNED, 2005.

domingo, 23 de septiembre de 2012

"Wölkisch" y nazis

Adolf Bartels (1862-1945)
Dentro de la constelación de exaltados, nacionalistas, antisemitas, racistas y demás especies parecidas, se encuentra Afolf Bartels, que en su larga vida realizó una fructífera labora en defensa de sus ideas, las cuales contribuirán al racismo y al nazismo del siglo XX. Vivió lo suficiente para ver la destrucción de aquella Alemania que él había imaginado superior, sobre todo si tenemos en cuenta sus estudios sobre el campesinado alemán y la fundación (a él debida) de la Confedración Alemana de Schiller en 1907. Historiador de la literatura, periodista, novelista y poeta, fue mentor de los racistas wölkisch que luego se relacionarán con los nazis. 

(Incompleto)

El conde Casio

Desde el Ebro medio (color verde) hacia el sudeste (Daroca) y luego hacia el este (Lleida) la familia de los Banu Qasi extendió su influencia
El conde Casio del que hablan las fuentes árabes, refiriéndose a principios del siglo VIII, pudo haber existido o no; en el caso de que sí pudo haber sido un noble godo relevante o más bien poco destacado. Un artículo de Jesús Lorenzo Jiménez y la obra de J. Pavón Benito (1) permiten concluir que debió existir un noble con este nombre, pero de poca relevancia. Y esto sería lo que permitió que su linaje prosperase con esplendor hasta las primeras décadas del siglo X, cuando acontecimientos políticos de gran calado en al-Andalus, den al traste con la familia de los Banu Qasi, de la cual es epónico el conde Casio.

El wala' es un patronazgo por el que alguien en condiciones de acoger a otro lo convierte en su cliente, en su dependiente. Hay una obra de M. Bernards y J. Nawas en la que se habla de ello (2). La cuestión, tal y como se plantea por los autores citados en primer lugar, sería la siguiente: una vez que se produjo la invasión musulmana de la penínsila Ibérica a principios del siglo VIII, algunos nobles godos ofrecieron resistencia a los ocupantes, aunque luego capitularían y conseguirían mantener su patrimonio, servidumbre y culto cristiano. De todas formas, como su riqueza era mucha, cualquier situación cambiante les pondría en condiciones de perderla. Es lo que pudo haberles ocurrido a los herederos de Witiza o al conde Teodomiro; este último habría llegado a dominar los territorios de las actuales provincias de Murcia y Alicante, el sur de la de Albacete y el norte de la de Almería, según Lorenzo Jiménez. El conde Casio, sin embargo, por su escasa relevancia, no tendría más remedio que recurrir a otra forma de vínculo, el wala', de forma que se convirtió al islam y pasó a lo que hoy conocemos como muladí, de igual forma que sus descendientes, los Banu Qasi, que gobernarían parte de la región del Ebro hasta principios del siglo X.

Del conde Casio habla el cronista Ibn Hazm, Ibn al-Qutiyya, Ibn Hayyan y la Crónica de Alfonso III, entre otras fuentes, pero siempre lo hacen de una forma marginal, sin darle mayor importancia, por lo que esto ha permitido al autor citado suponer que dicho conde tuvo poca relevancia en época goda y no sería combatido por no ser rico, máxime si se plegó al islam y a las nuevas autoridades. A los herederos del conde Casio, por su parte, les convino ese epónimo, pues de esta manera entroncaban con un personaje aliado, como cliente y tempranamente, de una rama islámica, ya fuese la de los hudalíes, la de los marwaníes o cualquier otra. 

El wala' fue un sistema empleado por los musulmanes en todos los territorios que conquistaron, desde el Jurasán hasta al-Andalus. Lorenzo Jiménez selaña que "la trascendencia de la conversión de Casio no reside en el hecho religioso de la adopción de la religión de los conquistadores, sino en el medio por el cual se convirtió: su conversión al islam de mano de uno de los linajes conquistadores" que hemos citado antes. El autor señala que el wala' debió desempeñar un imporante papel en la conquista de al-Andalus, lo cual explicaría por que disponemos de tan pocos testimonios de capitulaciones, aunque tengamos indicios de que los herederos de Witiza llegaron a firmarlas. Una capitulación está en condiciones de hacerla quien posee tierras y un rico patrimonio, ejército propio capaz de ofrecer resistencia y vender caro su sometimiento. El conde Casio, poco citado por las fuentes, no tendría aquel patrimonio, pero por el wala', como quizá otros muchos nobles de poca monta, se "emparentó" con un linaje musulmán y, en su caso, mantuvo su dinastía en el poder durante dos siglos. 

Cuando a principios del siglo X las condiciones políticas cambien en al-Andalus también a los Banu-Qasi les llegará su hora: desaparecerán como familia hegemónica y el wala' de su epónimo de nada valdrá ante la fuerza de los hechos.
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(1) "Algunas consideraciones acerca del conde Casio", 2009; "Muladíes. Lectura de una conversión: los Banu Qasi (714-924)", Anaquel de Estudios Árabes, 2006, vol. 17, respectivamente.
(2) Los citados son los editores: "Patronate and patronage in early and classical Islam", 2005.

Una carta de Plinio hablando de su tío

In vino veritas
Bebio Marco, Plinio el viejo, su sobrino Plinio el joven, Druso, Vespasiano... vivieron bien. No muchos años en algunos casos, pero formaban parte de esa clase privilegiada que podía instruirse y usufructuar la riqueza y el poder. A Bebio Marco, procurador en la Bética, dirige Plinio el joven una carta en la que le dice "me agrada en extremo que leas las obras de mi tío". Plinio el viejo había sido padre putativo de Plinio, muriendo con la erupción del Vesuvio. Una de sus obras fue Sobre el lanzamiento de jabalina a caballo", que escribió cuando era prefecto de las tropas de caballería. Otra obra suya fue Sobre la vida de Pomponio Segundo, uno de sus amigos. También es el autor de Guerra de Germania, de la que Plinio el joven dice nos habla de "todas las guerras que hemos sostenido con los germanos. La empezó cuando servía en Germania, aconsejado por un sueño: se la apareció, mientras dormía, la sombra de Druso Nerón". Este había muerto en Germania, a donde había sido enviado por el emperador Augusto. Druso fue hermano del emperador Tiberio, padre de Germánico y del emperador Claudio. 

Otra obra citada por Plinio de su tío es Hombres letrados, en los que "educa y forma al orador desde los comienzos". En la obra De la expresión ambigua, escrita durante el reinado de Nerón, las cosas no pintaban bien para los que, como Plinio el viejo, publicaba "todo tipo de trabajos literarios algo independientes y elevados". En la carta se cita también la obra más conocida: Historia Natural, "obra extensa, erudita y no menos diversa que la misma naturaleza".

Habla Plinio sobre su tío que "defendió causas durante algún tiempo... murió a los cincuenta y seis años y... pasó la mitad de su vida distraído y ocupado en cargos de muy alta responsabilidad y en la amistad de los príncipes". Al parecer Plinio el viejo "empezaba a lucubrar en las fiestas de Vulcano" (el 23 de agosto) hasta altas horas de la noche; era de sueño muy "presto" y "antes del alba se dirigía ante el emperador Vespasiano" que, por cierto, moriría el mismo año que él. En verano se hacía leer un libro recostado y a salvo del sol; luego tomaba un baño frío, tomaba un bocado y se quedaba dormido. Más tarde trabajaba hasta la hora de la cena y después de ella le leían un libro del que tomaba notas. 

Todo ello -dice Plinio el joven de su tío- "en medio del bullicio de la ciudad", dejando el estudio solo cuando se bañaba, pero una vez enjuagado, "mientras era enjabonado y frotado, escuchaba o dictaba algo". Cuando se trasladaba por Roma "era transportado en litera" para poder así dedicarse a la lectura y a escribir. Cuando fue procurador en Hispania (pretor ad ius dicendum en la Tarraconense) también tomó notas de todo cuanto observaba y leía. "Cuando algunos me llaman estudioso a mí" -dice Plinio el joven- "ni me comparo con él, soy muy holgazán". Hasta ese punto admiraba a su tío y lo encomiaba ante su amigo Bebio Macro, a quien recomendaba "realizar algo parecido movido por un afán de emulación".

El "Tractatus de legibus"

Edición de la obra del siglo XII del inglés Glanvilla

Cuando Jonn Locke ya se había ocupado de los derechos naturales del hombre, Descartes ponía todo en cuestión y sometía a la razón cualquier asunto científico, Montesquieu desarrollaba la idea inicial de Locke de la división de los poderes públicos y Rousseau luchaba por la democratización de las sociedades, todavía había muchos partidarios de la monarquía de origen divino, del absolutismo, del despotismo, de la tiranía y otras cosas por el estilo. 

De en torno a 1786 es una obra anónima que aparece citada en varios estudios, publicada en el Río de la Plata, cuyo autor debió de ser un escolástico de tomo y lomo. Sobre el origen de la ley se remonta a datos bíblicos que no son históricos, por lo que la racionalidad emprendida en otras latitudes brilla por su ausencia en esta obra. El hecho de que existan diversas sociedades -dice- se debe a la dispersión del ser humano, que fue creando grupos diferenciados y por lo tanto normas de convivencia también distintas. Hasta aquí, nada novedoso. Como régimen más apropiado considera que es la monarquía, que puede ser electiva o hereditaria, aunque el autor se inclina por esta última, no considerando sin embargo esto, como algo sustantivo. Conocía la obra de Rousseau, pues la cita, pero para condenarla, pues considera que es el rey el que tiene el poder de hacer las leyes y no un cuerpo legislativo consecuencia de un pacto o contrato entre el poder y el pueblo.

Considera el poder de la Iglesia equiparable al del Estado; es decir, la Iglesia no sería una ekklêsía o asamblea de fieles que se constituye libremente para vivir en la sociedad civil, sino que es un estado más, y no solo un estado con territorio, legislación e instituciones propias, sino un poder que se equipara al del Estado en cada estado. 

Quizá este "Tractatus" se enseñaba en el convento de Santo Domingo de Buenos Aires entre los siglos XVIII y XIX, pero lo cierto es que tendría poco eco desde que se escribió. La gran oleada independentista y liberal, que se fraguaba desde el siglo XVIII, echó por tierra tantas teorías sin fundamento y solo comprensibles si se tiene en cuenta el poder de facto que la Iglesia tuvo, en América y allí donde arraigó. 

El "Tactatus" que aquí comentamos forma parte de una larga tradición de ellos, prueba de lo cual es la edición de uno escrito en la corte inglesa de Enrique II en el siglo XII, y que pasaría a la imprenta bastane más tarde (es la imagen de arriba).

Pintia

Yacimiento de Pintia
Cerca de Pañafiel, al este de la provincia de Valladolid, se encuentra Padilla de Duero, y un poco más al norte el yacimiento vacceo de Pintia. Los arqueólogos han encontrado once enterramientos del siglo I de nuestra era, pero Pintia fue también un poblado vacceo en medio de la planicie que surca el Duero. Los restos más antiguos se datan en el siglo IV antes de Cristo, pero el poblado siguió habitado, con mayor o menor fortuna, hasta el siglo VIII. En la última campaña, la de este verano, también se han encontrado unos cien objetos en las proximidades de la necrópolis de Las Ruedas. 

Carlos Sanz Mínguez, director del Centro de Estudios Vacceos Federico Wattemberg, de la Universidad de Valladolid, recuerda que los trabajos empezaron en el año 1985 y desde el año 2000 se han descubierto 260 tumbas en la necrópolis de Las Ruedas. Una de ellas es doble y otra triple, algo inédito en este último caso, según el citado arqueólogo. Se han encontrado unas cien vasijas, veinte canicas, alguna fusayola (el contrapeso del huso para hilar), lo que se interpreta como que se trata de tumbas femeninas; hierros de varios tipos que dan la impresión de ser parrillas, pinzas para el fuego y cuchillos, que quizá tuviesen relación con los banquetes funerarios.

Los estudios realizados este año han permitido comprobar que el cauce del arroyo de La Vega ha cambiado desde hace dos mil años, lo que ha provocado movimiento de tierras. La margen izquierda del cauce, en el siglo I antes de Cristo, fue lugar de enterramiento, pero se han encontrado pocas tumbas, por lo que quizá fue una necrópolis ocasional. Poniendo carrizos en el curso anterior del arroyo, el lugar se convierte en objeto de visita para curiosos y estudiosos.

Los vacceos fueron un pueblo prerromano que habitó la parte central de la cuenca de Duero, aunque la movilidad fue la tónica dominante entre ellos y los vettones, celtíberos, etc. Dedicados a la agricultura, fueron objeto de rapiña por parte de otros pueblos más pobres o dediados al pastoreo.

(Fuente: El Norte de Castilla).

Estela funeraria de época romana

sábado, 22 de septiembre de 2012

Fray Juan Bautista de Viseo y otros


La ilustración de arriba es un plano o mapa manuscrito de San Juan de Tolcayuca, en el actual estado de Hidalgo (México), hecho sobre papel a partir de corteza de higuera. Pertenece a la colección Jay I. Kirlak y para ver bien lo que representa debe girarse de manera que el lado izquierdo quede en la parte inferior; así se verá una iglesia en el centro y los caminos, montañas y otros poblados. 

 Lo más conocido es el "vocabulario trilingüe" de Bernardino de Sahagún a partir del gran estudio etnológico que llevó a cabo en Nueva España. Habiendo aprendido el náhuatl, ello le sirvió para mejor comunicarse con la población indígena y para ayudar a doctrineros, misioneros y colonizadores más tarde. Otros prefirieron justificar la "guerra justa" contra los indígenas, como Fray Alonso de la Veracruz, pero este también aportó un gran conocimiento de los indígenas en su obra "Speculum coniugiorum", sobre los matrimonios entre los indios. Por su parte Juan Focher, en su obra "Itinerarium", se ocupó de dar instrucciones a los misioneros para diversos casos en los que se pudiesen encontrar entre la población indígena: las fiestas de los indios, las dispensas que se podían hacer sin faltar al derecho canónico, etc. 

Según Verónica Murillo, el franciscano Juan Bautista de Viseo fue un criollo, pues ya nació en la Nueva España en 1555, estudiando la lengua mexicana cuando todavía era un mozo. Tuvo buenos maestros, como Francisco Gómez, fray Miguel de Zárate y Gerónimo de Mendieta, en este último caso cuando el maestro era guardián en el convento de Huexotzingo (en el actual estado de Puebla, centro-sur de México). "Actualmente contamos -dice la autora citada- con ediciones de dos obras de este franciscano: los Huehuetlahtolli, que era originariamente una ampliación y adaptación de los discursos nahuas compilados por fray Andrés de Olmos, y el Confesionario en lengua mexicana y castellana. Con muchas advertencias...". 

Hay que tener en cuenta que en el siglo XVI una gran parte de la población de Nueva España todavía no había sido cristianizada, sobre todo si tenemos en cuenta la extensión que poco a poco va a ir adquiriendo el virreinato. La labor llevada a cabo por estos frailes, que solían tener buena formación canónica, teológica y religiosa, se agranda en la medida en que trataron de comprender al indio, aprender sus lenguas, sus costumbres, respetarlas en cierto modo, adaptarse para hacer más reales las conversiones al cristianismo. Obviamente se trata de unos pocos personajes -aquí no citamos a todos, pero aún así son pocos- pues otros muchos siguieron una rutinaria labor evangelizadora que, aparte el esfuerzo, no respetó las tradiciones indígenas. Por ello la obra de Juan Bautista de Viseo, Bernardino de Sahagún, Juan Focher y otros se agranda.  

Los límites del arte




Aparcadero, de Arman

Como la noción de arte está puesta en tela de juicio, de forma que hace ya tiempo que los límites convencionales del mismo se han roto, cabe preguntarse si hay nuevos límites o estos son ilimitados, ya que nuevas generaciones de artistas, nuevos tiempos con sus estímulos y condicionantes, pueden alumbrar emociones, visiones, sentido de la estética, formas de comunicar, etc. distintos. 

Ni siquiera sabemos que llevó al hombre primitivo a realizar las primeras obra que, mucho más tarde, llamamos arte. Es poco probable que aquellos seres que esculpieron las pequeñas "venus" solutrenses quisiesen pasar el rato o llenar su ocio. Es también poco probable que tuviesen un sentido de la estética definido, aunque alguno tendrían, pues distinguirían lo agradable a la vista, al tacto... de lo que no lo era. Quizá, como se ha dicho muchas veces, tuvieron intenciones mágicas en relación con sus supersticiones y creencias religiosas, o como ha señalado Leroy Gourhan las obras de arte de los primitivos hay que analizarlas en el conjunto del que forman parte y de acuerdo con ciertos presupuestos freudianos; quizá también las figurillas o las pinturas tuvieron alguna intencionalidad propiciatoria. Lo cierto es que el arte primitivo ha dado ocasión a toda una historiografía, filosofía del arte y ha inspirado a artistas de tiempos muy posteriores. 

El escultor y pintor Arman tiene una obra muy variada, de forma que lo podemos ver clasificado en muchas corrientes artísticas de vanguardia, rompedoras de los límites del arte tal y como se tuvieron hasta el siglo XX. También se rompieron otros límites en el siglo XIX y puede que fuese la "edad técnica" la que condicionó todo.  Es evidente que uno de los objetivos de Arman es sorprender: toda sorpresa tiene que venir de una novedad con la suficiente carga como para cumplir su objetivo. Los impresionistas sorprendieron en su momento; luego los fauves, los cubistas y así sucesivamente. Los practicantes del land art también nos sorprenden con sus obras y Armand lo intentó en cada momento con sus "cubos de basura", más máquinas y los ensamblajes que otros intentaron antes.

Habrá quien diga que la obra de arriba "no es arte", pero lo cierto es que lo será en la medida en que se consagre como inspiradora de una tendencia en el futuro, un futuro que ya es presente para el caso de Arman. Toda obra "de arte" no podrá ser tenida por tal hasta que se consagra, y solo se consagra cuando el tiempo no la ha dejado fuera del campo del arte.

Las misiones en Neuquén



San Matín de los Andres en Neuquén

En la cordillera andina, a un lado y otro de la misma, vivían (y quizá viven) los pehuenches y los poyas, que ofreciereon, junto con otros pueblos araucanos, fuertes resistencias a la dominación de los españoles y a su cristianización. Alejados de lo que se han llamado "altas culturas" amerindias (incas, chibchas, muiscas, aztecas, mayas...) tenían costumbres nómadas y, según algunas fuentes que nos han llegado, eran "de costumbres desvergonzadas, se [dejan] llevar de la gula y de la lujuria sin control alguno y [practican] con su increible tenacidad la superstición" (1). Por mi parte digo que igual que los europeos.

En la segunda mitad del siglo XVII establecieron los jesuítas una de sus misiones en Nahuel Huapi, una vez que se había impuesto la idea de que existían "índios indómitos". Los españoles no llegaron a Neuquén desde el este argentino, sino desde el oeste chileno, concretamente desde las islas oceánicas de Chiloé y desde Chillán, en la región de Bio-Bío. Enseguida se plantearon problemas en las relaciones entre indígenas y españoles, fuesen misioneros o no, así como en el abastecimiento de aquellas regiones. La dificultad en la cristianización de aquellos indígenas se pone de manifiesto en que los misioneros Mascardi, Guillelmo, de la Laguna, Zuñiga y Elguea murieron a manos de los indios, según María Andrea Nicoletti (2).

Los jesuítas pusiereon el acento en el bautismo más o menos precoz de los indígenas poyas, pues consideraban de que esta manera quedaban incorporados a la Iglesia. Esto no dio el resultado querido, pues los poyas volvían a sus guerras, correrías, vida salvaje (en el mejor sentido de la palabra) y supersticiones propias. Por eso los franciscanos, un siglo más tarde, cuando quieran cristianizar a los indios pehuenches, emparentados étnicamente con los poyas, preferirán el adoctrinamiento lento antes del bautismo. Los franciscanos establecieron una misión en Rainleuvú a mediados del siglo XVIII, poco antes del gran levantamiento de los pueblos araucanos de 1769.

Los jesuítas se dieron cuenta en algún momento de que su sistema de reducciones (reunir a los indios en un lugar donde se hacía vida comunitaria durante un cierto tiempo a salvo de la rapiña de los colonizadores laicos) no daba resultado y empezaron un sistema "volante" de relación con los poyas. Eran los clérigos los que visitaban los asentamientos más o menos móviles de los indios, entablaban con ellos la relación que convenía, les bautizaban si era posible y así hasta la próxima ocasión en que todo podía haber quedado deshecho o se observaba algún avance. Los jesuitas José Acosta y Luis de Valdivia, que vivieron entre los siglos XVI y XVII, nos han transmitido información sobre aquellas gentes, logicamente con los prejuicios propios de europeos. Estos jesuítas pusieron énfasis en que los misioneros estuviesen mejor preparados, conociendo la cosmovisión de los indígenas, acercándose a ellos con comprensión y sufriendo, como hemos visto, su rechado violento en muchas ocasiones.

El papa Paulo III había publicado en 1537 la bula "Sublimis Deus", en la que se defiende la dignidad humana de los indígenas americanos y su capacidad para ser instruídos en el cristianismo sin coacción ni violencia. Si alguna orden religiosa es afín al papado esta es la de los jesuítas, por lo que esta bula influyó sin duda en la acción misionera de los mismos. Suponemos al papa informado más o menos incompletamente de la situación en América, de igual manera que el rey español Carlos I, que no obstante debió de tener consejeros de opinión distinta, pues prohibió la aplicación de dicha bula algo más tarde. Un rey influido de alguna forma por el erasmismo de su corte, pero un rey que tenía también consejeros partidarios del enriquecimiento de la metrópoli a costa de las poblaciones amerindias.

Hasta tal punto los jesuítas practicaron una misión realmente humana que, cuando en el siglo XVIII se extiendan por Europa las ideas de que los indígenas americanos tenían que ser por fuerza seres inferiores a los europeos, los jesuítas reaccionaron y defendieron la idea del "buen salvaje" (2), que luego ha dado ocasión a una literatura maniquea, aunque esta no fuese la intención de aquellos misioneros. Los españoles habían invadido las malocas indígenas (caseríos comunitarios) y ello -además del natural salvajismo de los poyas- les indispuso aún más contra los "civilizadores" y evangelizadores. Antonio de Covarrubias nos muestra la mentalidad que tenía -y no sería el único- sobre aquellos indios: Bien se conoce también estorban el fruto la barbarie soberbia de estos indios, la poligamia de los caciques, las borracheras, la ociosidad, los machis [autoridades religiosas] y la falta de todas leyes, natural y divina, de las gentes y civiles: la falta de jueces que lo repriman, porque todos temen; y no hay armas ni soldados, ni presidios que no estén destrozados; ni jueces eclesiásticos, porque no hacen concepto de excomuniones; y lo que es más pernicioso no vivir en policía ni vida sociable, sino separados en quebradas, montañas y barrancas, y hallarse tan dueños del campo y opulentos en armas y soldados que en ocho días pueden poseer en campaña ocho mil lanzas (3).

Dos lógicas enfrentadas: la de quien quiere "salvar" a los indígenas de su exclusión de la Iglesia y la de quienes, ajenos a toda novedad, quieren seguir con su vida salvaje, que es una forma de civilización. Según María Andrea Nicoletti, el jesuíta Valdivia "logró frenar la desaparición del indígena pero 'no fue suficiente su fe y su palabra para cambiar circunstancias adversas. Sin embargo su mensaje no se perdió. La idea de los parlamentos o las paces, con sus éxitos o fracasos, terminó por imponerse en el siglo XVIII'". Difícil misión a la que se obligaron aquellos hombres, imbuidos de una fe a toda prueba, para llegar a los poyas "separados en quebradas, montañas y barrancas".  (Abajo, provincia de Neuquén, en el oeste argentino).


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(1) José Acosta, "De procuranda Indorum salute...", 1954.
(2) Jesuítas y franciscanos en las misiones de la Norpatagonia", 2002.
(3) Idem nota anterior.
(4) "Memorial dirigirido a la Junta de misiones".

jueves, 20 de septiembre de 2012

Freixo de Espada à Cinta


Antes de que el Duero se adentre en Portugal, frente a las poblaciones españolas de Vilvestre y Saucelle, en la provincia de Salamanca (comarca de las Arribes del Duero), se encuentra la portuguesa Freixo de España à Cinta, camino, más al sur, de Figueira de Castelo Rodrigo. Topónimos complejos, evocadores, llenos de historia y tipismo.

Los vecinos de Freixo todavía trabajan la lana en sus talleres artesanos y la Cámara Municipal se ha hecho eco fundando un Centro de Artesanato, sede de la Asociación para el estudio, defensa y promoción de la artesanía de Freixo de Espada à Cinta. Patria chica de Guerra Junqueiro, poeta de la tierra que desarrolló su labor en la segunda mitad del siglo XIX. Autor de "Os Simples", se muestra anticlerical, actitud casi obligada entre la intelectualidad de la época, muestra de lo cual es su obra "Pátria".

No hay una seguridad absoluta sobre el nombre de la población: siendo el freixo un árbol, la leyenda habla de que la villa fue fundada por un primo de San Rosendo, de apellido Feijao, el cual, siendo de clase hidalga, llevaba de costumbre una espada al cinto. Pero también se habla de un personaje pendenciero que, enfrentado a los musulmanes en la alta Edad Media, les habría vencido con solo llevar la espada en su cinto. No se acaban aquí las posibilidades, pero no deja de llamar la atención que la influencia de Rosendo, obispo galaico y fundador del monasterio de Celanova, haya llegado tan lejos en siglos tan lejanos.

Excelentes vistas se pueden tener desde los miradores de las Alminhas, camino del Duero; el de Penedo Durâo, al borde mismo del río; o el de Colado, en dirección norte respecto a la villa. Relieve abrupto, pelado, con matorral propio de un clima mediterráneo continentalizado, encajado el Duero entre las peñas, marcando los meandros, raya que separa dos estados que -dice Otero Pedrayo- cuando la recordamos, sorbemos as lágrimas. En una de las calles de Freixo se puede visitar la Casa da Cadeia, hoy museo, obra del siglo XVI que fue prisión en otros tiempos. La iglesia románica (en la fotografía) con dos gruesos contrafuertes en la fachada, no quiso quedarse sin el detalle filigranesco del gusto manuelino: su puerta es un ejemplo notable de ello.

En dirección sur, a 43 kilómetros y una hora de viaje, se llega a Figueira de Castelo Rodrigo, con su monasterio de Santa María de Aguiar, pero entonces ya habremos pasado a la Beira Alta desde Tras-os-Montes y Alto Douro. Los cistercienses fundaron aquí su cenobio, del que destaca la iglesia de tres naves y en cuyo exterior lo más interesante es una de las fachadas laterales.

Portugal es un pequeño país en extensión, pero recorriendo su geografía pueden verse los paisajes más variados y los pueblos más diversos: aquí estamos en las montañas del nordeste, más al sur la Serra da Estrela, pero al oeste la Beira Baja, las planicies del Bajo Alentejo, la sierra extremeña portuguesa formando el espinazo occidental, los valles del Duero y sus afluentes, las verdes montuosidades de Minho...



miércoles, 19 de septiembre de 2012

Tanda única

Vededor de tortillas de maíz en México
En la Biblioteca Nacional de México se encuentra un manuscrito conteniendo los sermones de un franciscano nacido en Alegría (Álava, España) en 1680, que pasaría casi toda su vida en Nueva España. Dicho manuscrito lleva el nombre de Tanda única, que en México, y quizá en otros países latinoamericanos, hace referencia a una sesión continuada, sin interrupciones. La elección por parte del franciscado Francisco Barbosa de este nombre no está clara, pero lo cierto es que aporta una enorme cantidad de datos sobre las costumbres de los habitantes de la ciudad de México en el siglo XVIII, sobre todo lo que él considera vicios, y al mismo tiempo la mentalidad del fraile, seguramente compartida por el resto del clero, sobre la moral que debiera imperar y los lamentos de que así no sea.

El estilo es culto y complejo, casi diríamos barroco, con un léxico rico y una visión de las cosas un tanto apocalíptica, comparando México a la viciosa Babilonia de la antigüedad. Barbosa se lamenta de que las leyes económicias y sobre moralidad emanadas de la monarquía española no se cumplan en México, pero lo cierto es que esto ocurrió ya desde el siglo XVI, cuando los encomenderos hicieron caso omiso a muchas de las leyes en defensa de los indígenas que salieron de la Corte española. Debe tenerse en cuenta que nunca un rey español (salvo el actual) estuvo jamás en América, por lo que cualquier noticia que tuviera la recibía por intermediarios. A la altura del siglo XVIII la burocracia, los jefes militares, los ricos comerciantes criollos y otros grupos debían estar acostumbrados a campar por sus respetos y no contribuirían a una moralidad como la querida por Barbosa.

El franciscano no fue un simple monje, sino que estuvo en Querétaro con funciones telológicas, luego predicó en Tula, más tarde fue bibliotecario del Convento Grande de San Francisco y predicador; también revisor y notario del Santo Oficio. Sus conocimientos sobre Sagrada Escritura están fuera de duda, fustigando a los ignorantes, a los presumidos, a los concupiscentes, hipócritas, jugadores, borrachos, a los que tenían comportamientos propios de animales, etc. (1). En una ocasión tilda a la ciudad de México de "gigante de los monstruos" por el escándalo que le pruducen lo disoluto de las costumbres de sus habitantes, sin distinción de clases sociales. Como la ciudad padeciera diversas pestilencias, dice en un sermón: "porque las viruelas, según los naturalistas, no son entera peste, sino señal de peste, y éstas van ya tres años que se padecen sin cesar. ¿Que falta sino que venga recto el castigo?".

Tiene una idea justiciera de Dios, explicándose "por qué España fue entregada a los mahometanos". En otra ocasión dice: "¿Se sabe en México quién es Dios?... Bien puede ser que se sepa, pero según se vive, verdaderamente se ignora o se desprecia...". Como tantas veces se ha dicho el hombre hispano, de uno y otro lado del Atlántico, no peca contra la fe, pero sí contra la moral, y si esta se interpreta como lo hace Barbosa peca de contínuo. En relación con el juego (2) cuenta "dos casos raros... De uno, que jugó los dientes, porque ya no tenía qué jugar, y de otro, que jugó la mujer propia, y el uno, se dejó sacar los dientes, y el otro, entregó su mujer a quien la ganó. ¿No parece sueño esto? Sí, por cierto. Pero es tanto verdad, que en este maldito México se ha verificado...". Tal es la impresión que nos da de aquella sociedad que habla de "desorden de bestias", sobre todo cuando trata de los estragos que producía el consumo de pulque, una bebida más barata que el vino, alcohólica, que se fabricaba por fermentación del líquido del agave o maguey pulquero. Muchos asentistas se enriquecían anticipando los tributos a la Corona por las pulquerías y luego sacaban mucho más, incentivando -según nuestro fraile- el consumo de pulque, lo que llevaba a las borracheras, el abandono de los oficios, el juego y otros desórdenes.

El pulque fue bebida de la población índígena, pero luego se extendió a todos los grupos sociales. Otro autor de la época, Hipólito Villarroel (3), dice que en esto se encuentran implicados indios, mulatos, negros, lobos, coyotes, zamboygos, mestizos y castizos, así como españoles y muchos europeos, según leemos en la obra citada de Mercedes Alonso. Los llamados lobos tenían mezcla de mulato, blanco y negro; el coyote tenía mezcla de mulata y barcino; los zamboygos eran mezcla de indígena y negro y los castizos eran mezcla de español y mestizo. Realmente con esto no agotamos la riqueza del mestizaje mexicano.

Mestiza y criollo mexicanos
Ciertos sectores de la Iglesia estaban tan acostumbrados a que esta impusiese sus normas que cuando una ciudad populosa se le escapaba de las manos ponían el grito en el cielo. Este es el caso de Barbosa: "Cada pulquería es una oficina donde se forjan los adulterios, los concubinatos, los estupros, los hurtos, los robos, los homicidios, rifas heridas y demás delitos... Ellas son teatros donde se transforman hombres y mujeres en las más abominables furias infernales...". En toda civilización urbana, como lo era la mexicana de la capital, las libertades populares llevarían a excesos, pero el lenguaje ampuloso y exagerado del franciscano parece evidente. No obstante la administración española seguramente era deficiente, pues no se producirán reformas hasta el reinado de Carlos III, de manera que se habían formado muchos ranchos de pulque en tierras destinadas a la labranza.

A los ricos les acusa Barbosa de forma muy ingeniosa: dice que si han de dormir, "porque son mortales, al fin" lo hacen con todos los lujos; si han de andar, "porque, al fin, no pueden volar porque son tierra y muy pesada..."; si han de comer, "porque, al fin, son animales...". No dejaba títere con cabeza, pero para nosotros, más que juzgar a un clérigo, que también nos permite ver la mentalidad de ciertos sectores de la Iglesia, lo que nos importa es conocer las costumbres de una gran ciudad amerindia en el siglo XVIII, y este ha sido el objetivo de la autora a quien hemos seguido.
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(1) Mercedes Alonso de Diego: "La vida cotidiana en la ciudad de México a mediados del siglo XVIII en los sermones de Francisco Barbosa.
(2) Seguimos a la autora citada en la nota 1.
(3) "Enfermedades políticas..."