sábado, 12 de enero de 2013

Ataques a iglesias y conventos en Galicia

Iglesia de Santa María del Campo, A Coruña
Es de gran interés la investigación hecha por Hernández Figueiredo (1) si no fuese por la tendenciosidad que el autor pone en la redacción con jucios de valor que nada tienen que ver con el relato histórico: zarpa revolucionaria, funesta ley de la desamortización, odio destructor y otros por el estilo, además de que no situar el anticlericalismo durante la II República, que venía de antes, en el contexto de una Iglesia que aparecía a los ojos de parte de la sociedad española como aliada con los poderosos y con los ricos, desvirtúa dicha investigación. 

En anticlericalismo, tal y como lo conocemos hoy, tiene su origen, por lo menos, en el pensamiento ilustrado del siglo XVIII; los incendios de iglesias y conventos ya se produjeron -lamentablemente- en el siglo XIX. Antes de la "persecución religiosa" de la que habla el autor durante la II República, existió otra persecución llevada a cabo por la Iglesia en connivencia con el Estado absolutista e incluso liberal. Por otra parte, al ser la principal fuente de información del autor los informes enviados por los obispos a Roma, investigaciones posteriores tendrán que venir a confirmar lo que dice, aunque en cuanto a datos concretos no se puede negar un gran mérito al trabajo que aquí comento.

Incluso la frase "nunca en la dilatada historia de España se había producido un conjunto de daños y agravios tan importante" no obedece a la realidad. Si nos retrotraemos a las guerras medievales, a la de sucesión a la corona de España, a la antinapoleónica, a las guerras carlistas, encontraremos ejemplos mucho más dramáticos, e incluso trágicos, que los de la II República, con ser estos graves y numerosos. Por otra parte, en el trabajo de Hernández Figueiredo se pone de manifiesto que la quema y ataques a conventos e iglesias fue obra de personas aisladas, desautorizadas por las fuerzas del orden, perseguidas y que los gobiernos republicanos, con mayor o menor éxito, combatieron. 

(Incompleto).

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(1) "El anticlericalismo y sus consecuencias en las diócesis gallegas durante el período de la II República (1931-1936), 2008.

viernes, 11 de enero de 2013

Ouro no val Miñor

Gondomar
No extremo sudocidental de Galicia, moi preto do baixo val do Miño, se encontra o val Miñor, comprendendo varios concellos entre os que está Gondomar. A romanización de Galicia é un feito, pero a explotación mineira nunha zona tan alonxada das comarcas orientais é algo máis raro. Agora, o arqueólogo Gustavo Pascual Hermida e o xeólogo Óscar Pazos, descubriron indicios da existencia dun asentamento vencellado a varias minas a ceo aberto a un quilómetro da vila de Gondomar. Se trata do xacemento de Monte Picoto, dende As Rochelas ata O Abear. Ambolos dous investigaban dúas explotacións catalogadas con anterioridade nas Fundas de Sarmiento.

Segundo os citados investigadores, o complexo mineiro non está limitado só as dúas minas das Fundas de Sarmiento, senón que as foxas abertas no terreo para extraer ouro se espallan por toda a área de Monte Picoto. Os antigos traballadores destes xacementos auríferos poderían ter residido moi perto, a uns 300 metros. Os expertos acharon un castro na zona do Abear, rodeado dun camiño chamado das Castras, que apunta á existencia do asentamento. Os investigadores teñen achado pezas cerámicas que, o parecer, corresponden á vida doméstica.

No lugar hai moitas árbores e maleza que dificultan a identificación dos vestixios romanos, moi probablemente do século I da nosa era. Nun pequeño outeiro de forma oval que chamou a atención dos expertos, podería estar o poboado. Nas Funchas de Sarmiento, pola súa parte, están rodeadas de moitas zanxas que poderían ser indicios da actividade mineira. Segundo os investigadores citados, durante a Idade Moderna, persoas retornadas de América poderían ter seguido coas pescudas en busca de ouro, quizáis baixo a tutela de Diego Sarmiento de Acuña, conde de Gondomar (apuntan como hipótese).

jueves, 10 de enero de 2013

Koutroulou Magoula

Paisaje cerca de Neo Monastiri
Al este de la antigua Tesalia, en el centro de Grecia, poco después del año 6000 antes de Cristo, los seres humanos ya practicaban la agricultura. No podemos asegurar si la destreza para cultivar los campos les vino de la cercana Anatolia (los vestigios más antiguos de agricultura están en la zona más alejada de Grecia), de Palesina o de la alta Mesopotamia. Puede que los habitantes de Tesalia, antes de ser conocida como tal, descubriesen por ellos mismos la forma de producir en los campos los primeros cereales, las primeras leguminosas. Neo Monastiri es una pequeña población griega que se encuentra rodeada de campos cultivados, muy regularmente distribuidos, como si se tratase de un tributo a la temprana colonización agraria de estas tierras. Su clima mediterráneo está influido por los vientos marinos del Egeo, pues no existen accidentes geográficos (contrariamente al resto de Grecia) que lo impidan. Se trata de una región donde es muy fácil adivinar las facilidades que la naturaleza debió de brindar a los habitantes neolíticos que la poblaron: tierras llanas y fértiles, suficientemente húmedas, soleadas al mismo tiempo, resguardadas de las montuosidades del oeste.

Los primeros agricultores de la futura Tesalia, en el yacimiento de Koutroulou Magoula, empezarían sedentarizándose, fabricando sus vasijas de cerámica, construyendo sus pequeños poblados, distribuyéndose el trabajo, defendiendo sus pequeñas conquistas económicas, quizá formando un incipiente ejército. Se encontraban en una encrucijada histórica: en el tiempo y en el espacio: en el Mediterráneo oriental, entre Anatolia y el Egeo, el Egipto prehistórico, la futura Magna Grecia y la relativa proximidad del mar Negro. 

Arqueólogos de la Universidad de Southampton han descubierto, con la ayuda de otros, más de trescientas figuras de barro, toscamente moldeadas, relacionadas con la vida neolítica, es decir, con las primeras sociedades europeas de agricultores y pastores. En los trabajos también ha colaborado el Servicio Arqueológico Griego y la Escuela Británica de Atenas, cerca de Neo Monastiri. Estos especialitas dicen que el yacimiento cercano, de nombre Koutroulou Magoula, fue ocupado durante el sexto milenio, con excepción, quizá, de los primeros y últimos siglos. Los habitantes de este poblado o conjunto de ellos no serían más de unos cientos de personas que construyeron sus casas con una cierta perfección, utilizando ladrillos, piedras y barro.

Fotografía tomada de "Terrae Antiquae"
Fabricaron también pequeñas estatuillas de barro, muy simples y expresivas, que se han encontrado por todo el yacimiento, algunas en la parte inferior de los muros. Se trata de figurillas femeninas y masculinas, así como otras de sexo indefinido, según el profesor Yannis Hamilakis, que dijo: "todavía tenemos mucho trabajo por hacer en el estudio de las figurillas, pero ellas serán capaces de darnos una enorme cantidad de información acerca de cómo la gente del Neolítico interpretaba el cuerpo humano, su propio género, su identidad social y experiencia".

En las excavaciones participó, desde un primer momento, Nina Kyparissi, que formó parte del Servicio Arqueológico Griego. No se trata de un yacimiento pequeño, pues se ha calculado su superficie en 24.000 metros cuadrados sobre un montículo de algo más de cinco metros de altura en varias terrazas rodeadas de zanjas. Los expertos consideran que los habitantes de Koutoulou Magoula "habrían sido agricultores que mantenían animales domésticos y utilizaban herramientas de piedra u objetos de pedernal u obsidiana, al tiempo que mantenían conexiones con los asentamientos de los alrededores". Parece que trabajaban comunalmente en algunas obras, como por ejemplo para la construcción de las zanjas alrededor de sus casas. No existe evidencia de una autoridad que gobernase a la comunidad, aunque toda obra comunitaria parece exigir una cierta dirección que pudo ser el origen de aquella autoridad, quizá esporádica.

En época del bronce el yacimiento siguió ocupado, como demuestra una tumba en forma de "tholos". Al nordeste de Neo Monastiri, no muy lejos, los campos de Farsalia, donde dos ejércitos romanos se enfrentarían, a mediados del siglo I antes de nuestra era: Pompeyo y César no supieron nada de los pobladores neolíticos de aquellas tierras próximas, ni aquellos pobladores remotos pudieron imaginar la ferocidad del enfrentamiento entre los generales romanos.

miércoles, 9 de enero de 2013

O mosteiro de Moraime


Un dos frescos, donde se representa unha cruz inscrita nun círculo, ademais de fustes decorados con pinturas (o parecer de finais do século XV) e tumbas medievais na entrada da igrexa, pódense ver en estado de abandono, coma se pasase polo mosteiro de Moraime a desidia que caracterizou ás autoridades públicas tralas grandes desamortizacións decimonónicas. Non foron estas as responsables do abandono, senón, coma en tantas outras ocasións, os seres humanos. Outros frescos son alegorías da ira, da morte, da soberbia e da luxuria.

Pouco antes de chegar a Muxía, nun dos "finis terrae" galegos, está, á esquerda, o mosteiro de Moraime, unha xoia da que debéramos estar orgullosos. A súa igrexa remozada por ser parroquial, con grosos muros e contrafortes, unha cabeceira de tres ábsidas, a central de pranta rectangular e unha torre sinxela, aínda que barroca, nun dos laterais da fachada ocidental. En diagonal respecto da igrexa (algo inusual) está o edificio mosteiral, vello e sobrio, aguantando o paso do tempo, fermoso pola súa sixeleza, pero tamén pola cor das súas pedras.

Unha das portas da igrexa, entre contrafortes, ten unha arcada románica con tres arquivoltas. O tímpano está decorado coa "cea" donde só están representados sete personaxes perfectamente adaptados o marco. Os capiteis, moi desgastados, deixan ver a obra do románico rural galego. A fachada ocidental está presidida por un pórtico románico, cunha arcada de dúas arquivoltas decoradas e un tímpano cun relevo de sete arcadas nas que se inscriben figuras. No interior, a igrexa consta de tres naves lonxitudinais. 

Pero o mosteiro de Moraime está abandonado, aínda que foi declarado "ben de interés cultural" en 1972. Moraime, perto da costa, está no centro vindo dende o norte pola estada da costa, dende as Torres de Cereixo. Logo se chega á vila de Muxía e á Punta de Barca para, en direción sur, caer na praia de Lourido e no cabo Buitra. En direción suroeste vese a prominencia do cabo Touriñán.  

(Ver http://www.laxe.net/Laxe%20Iglesias%20San%20Julian%20de%20Moraime.htm e http://www.costameiga.com/turismo/muxia/moraime.htm)

lunes, 7 de enero de 2013

El románico en Pontevedra

Iglesia de San Pedro en Vilanova de Dozón
"Antigua y Medieval" informa de que está próxima la publiación de una obra sobre el románico en la provincia de Pontevedra.
 
El Centro de Estudios del Románico de la Fundación Santa María la Real ultima los preparativos para presentar este mes la Enciclopedia del Románico en Pontevedra. Los dos tomos suman 1.260 páginas, con documentación histórica de los 190 testimonios románicos que hay repartidos por 179 localidades de Pontevedra, más de 900 fotografías y 385 mapas.
 
En el prólogo hay textos del presidente de la Xunta y de los directores de la Enciclopedia del Románico: José María Pérez y Miguel Ángel García Guinea, recientemente fallecido. A continuación, la documentación histórica y gráfica de los vestigios románicos, distribuidos por tres apartados que incluirán los siguientes estudios introductorios: "La provincia de Pontevedra en la época del románico", de Ermelindo Portela; "Notas sobre la arquitectura románica en la provincia de Pontevedra", de José Carlos Valle Pérez; y "La escultura románica en la provincia de Pontevedra", de Rocío Sánchez Ameijeiras.
 
Asimismo, cabe destacar que los estudios han sido coordinados por el director del Museo de Pontevedra, José Carlos Valle, y los levantamientos planimétricos por José Ramón Soraluce Blond, de la Universidad de A Coruña.
 
Estos dos tomos dedicados a Pontevedra son la primera entrega del Románico en Galicia. "Seguimos estudiando los vestigios del resto de territorio, donde nos encontramos con verdaderas maravillas, muchas veces acogidas al amparo del Camino de Santiago, pero otras ubicadas en aldeas remotas", afirma Jaime Nuño, director del Centro de Estudios del Románico. Los dos tomos serán dados a conocer en una presentación pública.

miércoles, 2 de enero de 2013

La pobre y rica Carlota

La Royal Greenhouse de Laeken

La guerra y la paz en Grocio

Una clase en la Universidad de Leiden
Leiden está al oeste de Holanda, muy cerca de la desembocadura del Rin. En su Universidad estudió, desde niño, Huig Groot (al latinizarse su apellido dio Grotius y, en castellano, Grocio). En la época de este economista y jurista holandés (1583-1645) Leiden experimentó un crecimiento extraordinario por el auge de la industria textil, practicada sobre todo por inmigrantes procedentes del sur (la actual Bélgica) donde la monarquía española ejerció siempre un mayor control que sobre las provincias del norte. No es extraño, pues, que siendo motivaciones religiosas (la libertad de pensamiento en definitiva) las que motivaron la entrada de muchos, también llegasen estudiosos, profesores y filósofos que hicieron famosa a su Universidad.

Muy cerca, un poco al sur, está la ciudad de Delft, donde había nacido Grocio, en la gran llanura holandesa. Hijo de un burgomaestre culto, la educación de Grocio fue esmerada y bajo la influencia del humanismo. Pero la época de nuestro hombre es también la de la gran guerra mantenida entre la monarquía española y las provincias del norte de lo que se ha llamado Flandes. Algunos han hablado de la guerra de los ochenta años (1568-1648), pero es evidente que no todos esos años fueron de enfrentamientos, sino que se sucedieron estos con los de treguas y paces. Este contexto no escapó a la observación de Grocio, de fe calvinista aunque de la rama arminiana, una de las religiones de la reforma que basan la salvación del hombre en su fe, no en la predestinación divina. 

La intransigencia religiosa de Felipe II para con los calvinistas holandeses, el sentimiento nacionalista de las clases dirigentes del país, la lejanía respecto de la metrópoli española y la legítima ambición de regir sus propios destinos los holandeses (ricos burgueses que verían en la libertad una mejor salida a sus negocios) explican sobradamente las aspiraciones de independencia de las provincias del norte, lo que de iure conseguirán en 1648, pero que en la práctica ya se venía dando desde décadas atrás.

Siendo muy joven ya publicó una pequeña obra sobre la libertad de los mares, combatiendo el mercantilismo que ponía en manos de los intereses comerciales de cada país el destino de la economía mundial. Aunque Grocio no fue del todo original, pues se inspiró en los teólogos de la Escuela de Salamanca, entre los que está Vitoria, "por ley natural los bienes son de dominio común para todos los hombres, siendo la posesión privada un acuerdo sostenido por el derecho de gentes", es decir, por el derecho internacional. Así intentaba combatir Grocio el monopolio portugués sobre las Indias Orientales, donde tan interesada estuvo la burguesía holandesa.

Si tenemos en cuenta que cuando Grocio publica esta obra (1609) Portugal forma parte de la monarquía española con un estatuto sui generis, "a la guerra terrestre contra los tercios hispanos -dice Gómez Rivas- habría que añadirle un conflicto marítimo por las rutas comerciales de América y el extremo Oriente". Este período además, es el del asentamiento de la Compañía de las Indias Orientales en Ceilán, China, Indonesia, India y Japón. El mantenimiento de los derechos comerciales de quien más aptitud demostrase para ello, se combina con una ardiente convicción pacifista en Grocio, aunque como es lógico no se pudo sustraer a la idea de combatir a la monarquía española hasta que esta se avino a las paces durante el reinado de Felipe III.

En juego estaban -dice Gómez Rivas- los intereses de las Indias, los portuarios de las ciudades de Amsterdam y Rotterdam, opuestas a llegar a un acuerdo comercial con España que abriría el puerto de Amberes, entonces cerrado por el control holandés sobre el canal del Escalda; los intereses textiles de las provincias del norte (Nederland hoy), temerosas de la competencia de las industrias del sur (ahora Bélgica); la competencia naviera de la Hansa por el norte y la desaparición de una mano de obra barata y cualificada (los emigrantes que huían de las provincias del sur y que, si se hubiese dado la necesaria tolerancia religiosa por parte de la monarquía española, volverían a sus hogares).

martes, 1 de enero de 2013

El conde de Berlanga

Puerta en Berlanga de Duero
Alfafar es un pueblo valenciano que se encuentra muy cerca de la costa y de la capital provincial. En plena huerta, naranjos y arrozales adornan su paisaje. Tiene una plaza, antiguamente rodeada de árboles, con una vistosa iglesia de fachada y torre barrocas. Fuera del área urbana se extiende la planicie. Aquí pasó su infancia el que luego sería conde de Berlanga, al parecer en un palacete de sus abuelos. Toda su vida fue bastante placentera, desde su nacimiento en la calle Trujillos de Madrid, muy céntrica y próxima a la plaza de Oriente. A ello contribuyó el ser hijo de una familia rica, pues un abuelo suyo era el dueño de una fábrica inglesa de motores, mientras que por parte de su madre le viene la tradición aristocrática. 

Educado en el elitista colegio del Pilar, en Madrid, seguramente cuando se inauguraba, los marianistas debieron apreciar en él la afición a las letras, aunque más tarde destacaría por sus comedias ligeras, amables y no comprometidas. Relacionado ya mozo con los escritores de la generación del 27, no le atrajo el republicanismo de algunos de ellos, aunque se relacionó con Manuel Altolaguirre, García Lorca y el cineasta Luis Buñuel. Seguramente estuvo muy condicionado por la educación familiar, la vida cómoda y luego por la actriz Conchita Montes. 

Es un ejemplo de intelectual de segunda o tercera fila que prefirió adherirse al régimen del general Franco, de la misma forma que Ridruejo (hasta que renegó del mismo), Luis Rosales, Salvador Dalí y otros. Hombre de mundo, gracias a su buena posición social consiguió ser secretario de la embajada española en Washington. Cuando estalló la guerra de 1936 fue perseguido por izquierdistas con poco seso, pudiendo escapar a Londres para volver, en 1937, y unirse al ejército de Franco pero como corresponsal de guerra. Acabada esta ya no habría vuelta atrás, ni la deseó, pues se acomodó en el nuevo régimen para realizar su obra. El título de conde de Berlanga, pueblecito del suroeste de Soria, le llega caprichosamente, como tantos títulos nobiliarios.

(Incompleto)