domingo, 1 de febrero de 2015

El clero de Mérida-Maracaibo

En torno al lago de Maracaibo se encontraba la Gobernación de Mérida-Maracaibo, la primera una ciudad al sur, separada de las riberas, y al noroeste Maracaibo, cerca del estrecho que comunica al lago con el golfo de Venezuela. Algunas de estas regiones están afectadas por la cordillera Andina, como es el cado de Mérida, encajada en un valle, así como las regiones más occidentales, que forman la frontera con Colombia. El resto del territorio es una pendiente que desciende hacia el lago. 

A finales del siglo XVIII fue destinado como obispo de Mérida-Maracaibo el franciscano Juan Ramos Lora, que tenía entonces ya una avanzada edad. Si se ha dicho en varias ocasiones que no hay obispo que se precie que no haya tenido unos cuantos pleitos con su cabildo, en este caso el obispo Ramos Lora tuvo que vérselas con el relajado clero de la región, que no estaba para labores pastorales precisamente. 

Según María Dolores Fuentes Bajo (1) se trataba de una Gobernación "relativamente consolidada" a finales del XVIII, siendo Maracaibo el centro político y administrativo más importante. Las comunicaciones eran difíciles en la época, por lo que la vida en las diversas regiones se hacía de forma muy independiente del centro. La población autóctona, los motilones, "no podía considerarse que estuviera plenamente hispanizada" y prueba de ello fueron sus levantamientos. Allí se hablaba un dialecto del castellano, el marabino, lo que era otro factor de diferenciación.

El obispo Ramos Lora fue el que inauguró el obispado, llegando con unas intenciones muy reformadoras, como correspondía a la orden religiosa a la que pertenecía y al siglo, pero enseguida se encontró con la oposición de un clero que estaba acostumbrado a vivir a su manera, con una bajísima instrucción, entregado a los negocios y apartado en zonas rurales. Parece ser que el obispo no actuó con tacto, sino que quiso conseguir resutados cuanto antes, provocando una serie de conflictos con algunos curas. 

Uno de los más sonados fue el que tuvo como protagonista a Fernando Sanjust, que "se negó a trasladarse a su curato... lo que le acarreó que fuera confinado en el hospital de Mérida". Pero el díscolo cura conseguía del carcelero que le dajase salir al tiempo que insultaba al obispo. Otro es el caso de Baltasar Rodríguez, que "se negó rotundamente a ejercer su labor apostólica en un lugar perdido (el pueblo de Ziruma)". Francisco Villamil fue procesado por el obispo, pero escapando fue perseguido "por desertor". Otro ejemplo citado por Fuentes Bajo fue Gabriel Salón.

En efecto, el obispo no disponía de muchos medios para hacer valer su jurisdicción en la práctica, por lo que muy pronto se empeñó en la fundación de un seminario para la formación del clero. En realidad el caso venezolano, para la región más occidental del país caribeño, no es una excepción. En España y en toda la cristiandad la formación del clero, a pesar del concilio de Trento hacía siglos, era deficiente, su moral relajada y las funciones a él encomedadas abandonadas muchas veces. 
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(1) "La justicia de un Obispo. Los difíciles comienzos de la Diócesis de Mérida-Maracaibo, 1784-1790", Universidad de Cádiz.

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