lunes, 9 de diciembre de 2019

Libros de los reyes medievales


Utópicos españoles

Sixto Cámara (*)
Como en otros países, también en España hubo utópicos que fueron el precedente del socialismo en sentido amplio, pues luego esta ideología, como es sabido, se dividió en varias tendencias, explicadas por razones históricas en algunos casos.

En Cádiz desarrolló su labor ideológica y política Joaquín Abreu (1782-1851), que había sido oficial del ejército y diputado en Cortes en 1822. Conoció personalmente a Fourier en Francia (1833) durante un exilio que sufrió y a él debemos varios artículos publicados en el periódico de Algeciras, “El Grito de Carteya”. Más tarde esos mismos artículos fueron publicados por “El Vapor” de Barcelona, firmados con el pseudónimo “El Proletario”.

Una de las ideas del inspirador de Abreu era la del “trabajo atractivo”, que impediría que el trabajador estuviese condenado a la misma profesión, aunque por el empleo del término “proletario” parece que conocía la obra de Babeuf, más próximo a la idea de la lucha de clases y la agitación política. Abreu consideró justificado el incendio de la fábrica de Barcelona “Bonaplata” por la introducción de máquinas, que privaban del trabajo a una parte de los obreros, lo que generó indignación en los propietarios y en la patronal barcelonesa en general, que hicieron todo lo posible para impedir que Abreu publicase en “El Vapor”, pero “La Phalange”, órgano oficial de los fourieristas franceses, le elogió.

Abreu consagró su vida a la defensa y difusión del fourierismo en España: El Phalansterio de Fourier –dice- era y es, según su inventor, la teoría de una población construida con todas las reglas del arte para hacerla bella, cómoda y saludable a sus moradores… La libertad individual sería un hecho en ella; la propiedad y su libre uso estarían garantizados a sus dueños individuales de una manera indestructible.

En Madrid y en 1846, uno de los discípulos de Abreu, Fernando Garrido Tortosa (1821-1883) se relacionó con liberales progresistas como Sixto Cámara, Ordax Avecilla[i] y otros, que parece formaron el primer grupo de fourieristas en la capital. Excepto Ordax, fiel siempre al partido progresista, el resto pasó a engrosar las siglas del partido demócrata, donde las ideas socialistas se mezclaron frecuentemente con las republicanas.

En 1848 nació el periódico de Garrido, “La Organización del Trabajo”, cofundado con Federico Beltrán y cerrado dos meses más tarde por Narváez. Un año más tarde apareció “El Eco de la Juventud”, que se fusionó con “La Reforma Económica” de Ordax Avecilla y dio lugar a “La Asociación”. A través de estos periódicos el público madrileño pudo leer la doctrina de Saint-Simon, Proudhom, Louis Blanc y el mismo Fourier, pero sobre todo sirvieron para crear, en el interior del partido demócrata, una corriente socialista.

Garrido conoció en Inglaterra y Francia a líderes de relieve del movimiento democrático y radical europeo, volviendo a España con el comienzo del bienio democrático (1854-1856). Fundó entonces, con Cervera, “El Eco de las Barricadas”, estando el carácter de Garrido siempre más próximo al de un romántico exaltado e inquieto, al de un hombre de acción en el marco de la izquierda más radical de su tiempo. Ya en 1848 opinó en un artículo que el comunismo no era una amenaza, considerando que el único mal del comunismo era la desaparición de la propiedad privada y la destrucción del concepto tradicional de familia. Es más, quiso hacer compatibles el comunismo y el fourierismo.

Y sin embargo, en su obra “Españoles y marroquíes” salió en defensa del expansionismo africano del general O’Donnell. Fue un escritor fecundo, con obras relativas a las persecuciones políticas, las asociaciones obreras, los crímenes del despotismo, las clases trabajadoras, los progresos de la humanidad, la regeneración de España y una biografía de Sixto Cámara, además de artículos en la prensa.

Sus continuos viajes al extranjero le enriquecieron, profundizando en el owenismo, trabando amistad con personajes tan distantes como Manzini y Bakunin. “El socialismo y la democracia ante sus adversarios” (1862) es la obra que mejor define su concepto de socialismo, según los autores a los que sigo[ii]. El socialismo de Garrido cuadra con los principios generales del liberalismo, con la limitación de los derechos individuales a favor de los colectivos y con la agitación política. Su liberalismo está tan fusionado con el socialismo que muchos le consideran el primer socialdemócrata español.

Cámara, natural de Milagros (La Rioja), se trasladó a Madrid en 1843, donde se convirtió en un publicista del socialismo en “El Nuevo Espectador”. Vivió en la capital el auge del fourierismo y colaboró con el grupo de Garrido  y con Ramón de la Sagra[iii], este desde París. En 1849 publicó la visión de Thiers sobre la propiedad, “La cuestión social”, y en Lisboa, donde estuvo exiliado, escribió “La unión ibérica” (1859). La participación en las revueltas del bienio progresista la habían convencido de que la única solución posible era la “revolución pacificadora”. Cristiano como Donoso Cortés (tan distantes uno del otro) conceden a la Providencia no solo el mantenimiento del ser, sino la capacidad operativa dentro de la acción colectiva de los hombres. Cámara, en un artículo para favorecer al partido demócrata, invitó a colaborar a los labradores, jornaleros, pequeños propietarios, funcionarios públicos y quintos, en una amalgama de cristianismo y socialismo. Y apela “al Dios Totopoderoso para que sea Él… quien intervenga, a fin de coronar la revolución redentora”.

Sobre Cataluña nos informa Fernando Garrido en su “Historia de las clases trabajadoras”, donde dice que “como en Cádiz desde 1840, la idea social tuvo en Barcelona… apóstoles y propagandistas. Pero en Barcelona predominó la idea comunista de Cabet[iv]”. Varios publicaron en 1848 el periódico “La Fraternidad”, y después “El Padre de Familia”.

Según algunos el cabetismo fue precedido por las ideas de Fourier y Saint-Simon, circulando en Barcelona, ya en 1839, “La Revolución Francesa de 1830”, y a finales de la década de los cuarenta hay un reducido grupo de cabetianos. Aparte los periódicos citados por Garrido, sabemos que en 1848 F. José Orellana[v] tradujo “Viaje a la Icaria”, “De qué manera soy comunista” y “Mi credo comunista”, y que en 1849 Narcís Monturiol[vi] publicó un breviario de las doctrinas del maestro con el título “Reseña de las doctrinas antiguas y modernas”. Monturiol (1819-1885) fue el personaje central del grupo catalán, fundador y animador de “La Fraternidad” (1847). Desde sus páginas se predicó el credo comunista y apolítico de Cabet, en una Cataluña en vías de industrialización y apta para recibir ese mensaje.

Además, había en las posiciones de Monturiol un mensaje de paz basado en un cierto misticismo cristiano, que encajaba bien con la burguesía catalana, esencialmente católica y preocupada por la violencia de algunas asociaciones obreras después de 1840. Y hay un hecho capital en el cabetismo catalán: el interés de Cabet por la historia y la política del principado, ya que el órgano oficial de dicho movimiento en Francia, “Le Populaire”, aportó informaciones sobre el movimiento en España y publicó algunas cartas de seguidores españoles.




[i] Abogado que pasó del partido progresista al demócrata. Natural de Valderas (León), fue diputado por Valencia de Don Juan (León).
[ii] Andrés Gallego, J., Gambini, D., Scalia, G., Flores, M.J., “La cultura española del siglo XIX…”. En un capítulo de esta obra se basa el presente resumen.
[iii] Nació en A Coruña en 1798 y murió en Neuchâtel (Suiza) en 1891. Sociólogo, botánico y pensador socialista.
[iv] Étienne Cabet fue un representante del comunismo cristiano en la Francia del siglo XIX, pero también anticlerical.
[v] Nació en Albuñol (sureste de la provincia de Granada) en 1820 y murió en Barcelona en 1891. Escritor que estudió diversas ciencias sociales, periodista, demócrata y socialista.
[vi] Nació en Figueras en 1819 y murió en San Martín de Provensals (Barcelona) en 1885. Además de inventor fue un seguidor de Cabet y, por lo tanto, del socialismo de influencia cristiana.
(*) http://amantesdelahistoria-aliado.blogspot.com/2018/01/sixto-camara-un-revolucionario-olvidado.html

domingo, 8 de diciembre de 2019

Los pawnee

Paisaje de Nebraska (*)

Los ríos Plate y Loup discurren por el actual estado de Nebraska, en el centro de Estados Unidos. En esta región vivieron los indígenas pawnee, estudiados por Edward Flager en un interesante trabajo (**). Durante el siglo XVIII y primer cuarto del XIX –dice- su población era abundante, lo que les dio la fuerza necesaria para influir en las llanuras centrales del país norteamericano. La introducción del caballo y de las armas de fuego alteraron la situación preexistente en relación a otras tribus nómadas que habían migrado a la zona. Por su parte, los españoles de Nuevo México buscaron la cooperación con los comanches para contener la expansión pawnee.

Desde mediados del siglo XIX constituían el agregado de cuatro grupos históricos, los skiri habitaban en el norte en numerosos poblados a lo largo del río Loup; los chawi vivían a orillas del río Plate; a mediados del siglo XVIII los kitkahahki se agrupaban en el curso medio del río Republican y los pitahawirata se localizaban cerca de los chavi y de los kitkahahki.

Sus viviendas, de forma circular, eran de tierra apelmazada, con un diámetro de entre 12 y 15 metros y el suelo estaba rebajado unos 50 cm. Todo ello se sostenía mediante postes de madera y la entrada era un pasillo en forma de túnel. En cada una de estas casas vivían una media de 40 personas, y cada individuo tenía su espacio asignado, estando formadas las familias, generalmente, por dos hermanas, sus respectivos maridos e hijos así como algunos ancianos. Bancos de tierra hacían las veces de camas, separadas por una piel de ciervo.

En un lado de la vivienda se encontraba el altar, en cuyo centro una calavera de búfalo (se adoraba al dios Tirawahat) y desde el techo, encima de la calavera, colgaba un paquete sagrado que contenía objetos utilizados en una de las ceremonias. Entre el altar y una fogata se encontraba Wiharu, el lugar sagrado que nadie podía pisar y en vertical, respecto de la fogata, una abertura para la salida del humo. Al salir de la casa el pawnee saludaba a los astros.

La sociedad pawnee estaba estratificada según el poder económico legitimado por ciertas sanciones religiosas, mientras que la gente común estaba excluida de muchos derechos, pudiendo ascender a través del éxito en la guerra.

La principal actividad económica era el cultivo del maíz, lo cual ataba a los pawnee a la tierra, pero cultivaban también judías, calabazas y girasoles. La horticultura estaba a cargo de las mujeres, a las que les eran asignadas pequeñas parcelas. En junio y en noviembre los pawnee dejaban sus sus aldeas para cazar bisontes en los valles de los ríos Republican, Smoky Hil y Arkansas, haciendo mantas con las pieles de estos animales y comerciando con ellas. Pero los cotos de caza estaban disputados con otras tribus, como los sioux, cheyenne y arapaho (en el norte) y por los omaha, kansa y osage por el este.

Se calcula que en 1819, los pawnee tenían unos 7.000 caballos, que se robaban unas tribus a otras, lo que les hizo buscar lugares de pasto, pues los caballos eran signo de prestigio. En las salidas para robar caballos, los pawnee llevaban un cinturón al que ataban raciones de maíz seco y penmican (carne seca con sebo y bayas). A principios del siglo XVIII el explorador francés Pierre Le Moyne d’Iberville[i] calculó que los pawnee sumaban unas doscientas familias, y según otros a principios del siglo XIX su población podría ser de 25.000 personas, la etnia indígena más poderosa de las llanuras centrales de Norteamérica, pero poco después, debido a epidemias como la viruela y a guerras con otras tribus, la población pawnee se redujo mucho. En 1838, según un cálculo de viviendas hecho por misioneros, sumaban 10.000 personas.

En mapas franceses de 1678 y 1699 aparecen ya los pawnee y un grupo de sacerdotes franceses fundó una misión a orillas del río Mississippi, en la aldea de Cahokia, lo que no gustó a los jesuitas, que fundaron otra misión más al sur, en el pueblo de Kaskaskia, ambas comunidades en el actual estado de Illinois, que atraían a comerciantes de pieles, hasta que en 1764 se fundó San Luis.

Los españoles decidieron enviar desde Nuevo México una expedición para establecer contacto con los pawnee, y en 1720 se reclutaron hombres, la mayoría de la comunidad indios pueblo, al frente de los cuales iba Pedro de Villasur, saliendo de Santa Fe. Encontraron un gran poblado pawnee cuyos moradores no recibieron bien a los españoles, que quisieron ganarse a los indígenas pacíficamente, aunque fue en vano porque los pawnee atacaron a los españoles por sorpresa logrando espantar a los caballos, a la vez que abrieron fuego con fusiles, auxiliados por lanzas y flechas. Hubo muertes por ambas partes, pero los españoles perecieron casi todos, incluido Villasur, logrando escapar trece. Esta supuso la última tentativa española de penetrar con fuerza en las llanuras centrales hasta finales del siglo XVIII, pues tenían mucho trabajo en Nuevo México con los navajos, apaches, utes y comanches, comerciando o luchando unos con otros. Mientras, los pawnes habían formado una poderosa confederación hasta que la Paz de París en 1763, que ponía fin a la guerra de los siete años entre ingleses y franceses, reasignó de nuevo los territorios americanos. España cedió sus territorios en Florida a Inglaterra, pero Francia devolvía la Luisiana a España, lo que pareció no importar a los pawnee, que no reconocieron a ninguna potencia.

Se produjo entonces una alianza comanche-española y, en 1781, el gobernador de Nuevo México logró una decisiva victoria contra otros comanches no alineados con España. El resultado fue un tratado de paz entre estos comanches y los españoles contra los pawnee, entre otros pueblos. En 1790 el nuevo gobernador de Nuevo México envió un destacamento de soldados para “auxiliar a los comanches contra la Nación de los Pananas” (pawnee), uniéndosele varios hombres a medida que avanzaban, pero los españoles esperaban más bien conseguir que los comanches derrotasen a los pawnee, teniendo aquellos más interés por cazar bisontes que por la lucha, lo que se confirmó cuando los comanches anunciaron su intención de separarse de la expedición, regresando los españoles a Santa Fe. 

Esto ocurría cuando el poder de Estados Unidos ya llegaba a la margen este del río Mississippi, aunque considerándose las distintas naciones indígenas soberanas. Por su parte, comanches y pawnee no dejaron de enfrentarse, de lo que hay pruebas, por lo menos, para 1793. A principios del siglo XIX ya había pawnee en Santa Fe y en 1807 el gobernador interino informa de que al servicio de un comerciante francés, estaban cuatro pawnee y, en ese mismo año, un oficial de nombre Facundo Melgares dice contar como pasajero a un pawnee que, al parecer, deseaba recibir el bautismo católico. No obstante, desde 1803 la tierra de los pawnee ya era de soberanía estadounidense, cuando fue comprada a Francia la extensión que va desde el Mississippi hasta las montañas Rocosas[ii], llegándose al primer tratado entre pawnee y Estados Unidos en 1818 (en realidad varias bandas de la tribu en San Luis), y luego otro en 1825 en el fuerte Atkinson, después de muchos agravios del gobierno de Washington. En 1821, por último, México conseguía su independencia de España…



[i] Había nacido en La Habana y fue un comerciante y marino que exploró algunas regiones de Canadá.
[ii] Por el Tratado de San Ildefonso, de 1801, Napoleón había adquirido dicho territorio de España.
(*) https://www.expedia.com/fotos/es/nebraska/panhandle-de-nebraska.d6230706/paisajes?page=1
(**) "Auge y declive de la nación pawnee...".

viernes, 6 de diciembre de 2019

Hacia el bipedismo

Río Omo

En la época conocida como Mioceno, que comenzó hace unos 23 millones de años, se produjeron cambios en las zonas templadas de África que han sido estudiadas: a comienzos de ese largo período las regiones templadas de África se caracterizaban por temperaturas más elevadas que en la actualidad, existiendo, por tanto, bosques y selvas que se extendían en los bordes norte y sur del Ecuador. Pero a mediados del Mioceno el clima se fue enfriando lentamente y ello ocasionó la paulatina reducción de las selvas y bosques, apareciendo estepas y sabanas.

Antes no había alternancia estacional, calor y alta pluviosidad eran la norma todo el año, pero luego las estaciones se fueron notando con períodos de sequía. Las gramíneas y las leguminosas constituyeron el único alimento disponible en estas zonas solo durante una parte del año. La vida en las zonas de densa vegetación brinda una mayor abundancia de alimentos, pero a finales del Mioceno o comienzos del Plioceno (hace unos 8 millones de años) se produjo en el oriente africano un acontecimiento geológico de gran importancia: una falla o fractura conocida como Valle del Rift, que se inicia en Asia Menor (sur de Turquía), pasa por Israel y cruza el mar Rojo penetrando en África por Etiopía. Aquí se encuentran los sitios de Hadar, Valle del Omo, Lago Turkana, Laetoli y Olduvai, dentro de la gran grieta, hasta llegar a la desembocadura del río Zambeze, en Mozambique, luego de recorrer unos 5.000 km. y alcanzando en algunos lugares un ancho de 80 km. y una profundidad superior a los 300 metros.

Ambos acontecimientos (cambios climáticos y geológicos) más la presencia de ríos, lagos y montañas, llevaron a la transformación del oriente africano en una región variada en ecosistemas, con un “mosaico de hábitats". Los cambios ambientales constituyeron un importante estímulo para ciertos seres vivientes, dada la elevada presión selectiva existente. Una respuesta eficaz a las exigencias del medio pudo haber sido la principal causa de que un grupo de primates iniciara el recorrido de una evolución diferente, llegando a nosotros. Gorilas y chimpancés, por su parte, quedaron recluidos en las selvas y bosques.

Hasta 1972 se consideraba que la máxima antigüedad para la postura bípeda de algunos seres era 2,8 millones de años, pero las investigaciones en la zona de Hadar, al noreste de Etiopía, dieron un fragmento superior de tibia y un fragmento inferior de fémur que estaba partido por la mitad, de forma que solo conservaba uno de sus cóndilos[i] (el otro estaba muy cerca, también encontrado). Cuando se articularon las tres partes se pudo ver que el fémur y la tibia se podían unir en ángulo, disposición diferente a la de los póngidos o grandes simios (gorilas, chimpancés, etc.). Dicho ángulo, denominado vulgus, existe en el hombre moderno y es decisivo para la locomoción bípeda, ya que el pie se sitúa por debajo del centro de gravedad mientras se avanza. En cambio, los póngidos “anadean” cuando se trasladan en posición bípeda debido a que no se da la circunstancia explicada. El homínido al que se atribuyeron aquellos fragmentos de huesos se supone vivió, caminando de forma bípeda, hace unos 3 ó 4 millones de años.

Luego se encontró el fósil muy completo de “Lucy”[ii], que corroboró la existencia del bipedismo hace algo más de 3 millones de años. En 1978 se encontraron pisadas fósiles de homínidos en el sitio de Laetoli, en Tanzania, datándose dichas pisadas en 3,7 millones de años: se notaba el bipedismo por la fuerte pisada del talón, la bóveda plantar bien marcada y el dedo pulgar alineado junto con los otros, no separado como en los póngidos. Ese pie se había convertido en órgano de apoyo para sustentar el peso del cuerpo.

Las poblaciones de Hadar y Laetoli han dado el mismo tipo de homínido, al que denominamos Australopithecus Afarensis, y restos de estos, con una antigüedad superior a 4 millones de años, también fueron encontrados cerca de Johannesburgo, en Sudáfrica, datados en 3,5 millones de años, demostrando una postura bípeda.

En los años noventa pasados se descubrieron restos fósiles de una antigüedad entre 3,9 y 4,1 millones de años, a los que denominados Australopithecus anamensis[iii], en la zona del Lago Turkana. Los huesos tibiales presentan el borde delantero propio de los individuos que se desplazan en forma bípeda.

Luego surgió la duda de si los afarensis fueron “bípedos eficientes”, es decir, si la marcha bípeda de estos es como la nuestra, ya que seguían haciendo una vida arborícola preferente, pero lo cierto es que la liberación de las manos, que ya no se necesitaban para andar, permitió usarlas para la fabricación de utensilios, en un primer momento meros tanteos hasta empezar a comprobar que algunas formas podían ser útiles para esto o para lo otro. El bipedismo también permitió vigilar mejor en la lejanía, al adoptar la cabeza un punto de vista más alto; transportar alimentos también se hizo más fácil, pues las manos podían disponerse de manera que los contuviesen, así como otros objetos.

Pero la bipedestación también trajo inconvenientes: en las mujeres se redujo su canal de parto, pero poder fabricar objetos estimuló el cerebro, que aumentó de tamaño, lo que también permitió buscar fórmulas para parir que fuesen distintas de las derivadas del mero instinto.

Entre todos los mamíferos, pues, la especie humana se caracteriza por disponer de una postura erecta, lo que nos ocasiona hernias de disco, prolapso uterino (descenso del útero respecto del individuo que se desplazaba empleando las cuatro extremidades) y varices, así como la pérdida de la capacidad prensil de los pies.

La cría ya no es la que se aferra al cuerpo de la madre, sino que es esta la que la coge entre sus brazos, aptos para la aprehensión de los objetos. En todo caso, como se dice al principio de este resumen[iv], el bipedismo fue una consecuencia, para aquellos seres que estaban en condiciones de adoptarla, de las modificaciones del paisaje geográfico en el oriente africano durante el período Mioceno.



[i] Cabezas redondeadas en las extremidades de algunos huesos que permiten la articulación con otros huesos.
[ii] Ver aquí mismo “Anamensis” y “Los primos de Lucy”.
[iii] Ver aquí mismo “No humanos pero erguidos como nosotros”.
[iv] Alberto A. Makinistian, “Los comienzos del bipedismo en el proceso de hominización”.

Bandoleros italianos

Paisaje actual de Potenza (https://sp.depositphotos.com/
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)

Dos libros sobre bandolerismo en Italia tienen un interés especial porque las fuentes son directas, procediendo los testimonios de los protagonistas: uno es Il Brigantaggio Político del Mezzogiorno y el otro Brigand Life in Italy, de A. Lucarelli y P. Maffei respectivamente.

En la primera obra se habla del bandolero Vardarelli, que empleaba su tiempo en extorsionar a los ricos para ayudar a los pobres. Actuaba en las regiones de Apulia y Potenza, en el sur de Italia, en torno al año 1817.

En una ocasión Caetano Vardarelli ordenó se entregase cierta cantidad de pan a los trabajadores de una finca, pero como fuese imposible llevar su orden a cabo, pues no había tanto pan en la despensa para cien trabajadores, Vardarelli dijo al encargado que tenía que cumplir la orden “cuanto antes”, y le anunció que si, a su regreso, había un solo trabajador que no hubiese recibido su pan, mataría al encargado “del mismo modo que tenía muertos ya a dos de ellos en otras fincas”.

Otro es el episodio en el que Vardarelli se dirige al acalde de Atella (Potenza), ordenándole que convocase a todos los terratenientes del término y les hiciese saber que “tienen que dejar a los pobres recoger las bellotas en sus tierras”, porque de lo contrario “se acordarán de mí sus posaderas, y lo que digo dicho está”.

Como comandante de la tropa montada “Fulminante”, se dirige al alcalde de Foggia (Apulia) en los siguientes términos: “tendrá la bondad de ordenar a todos los terratenientes en mi nombre que deberán dejar de alimentar su ganado con las bellotas de sus tierras, para que los pobres puedan recogerlas, y que si hacen oídos de mercader a mis mandatos, quemaré cuanto posean”. A continuación dice al alcalde que haga cuanto le dice “y podrá contar con mi saludo”, pero que si oye quejas responderá el alcalde ante él.

En otro contexto histórico, cuando ya Italia había conseguido su unidad territorial y política, en la obra “Brigand Life in Italy”, se recoge el siguiente interrogatorio de un juez a un “bandolero borbónico”.

El juez le preguntó por qué no se entregaron él y sus compañeros (demostraban tener convicciones religiosas), y advirtió al “bandolero borbónico” que su vida estaba en peligro permanente y que el pueblo de Sturno (Campania) estaba atemorizado por el número de bandoleros de la comarca, no obstante haberse deshecho de dos y haber levantado la bandera de Víctor Manuel en nombre de  la unidad italiana. El bandolero contestó que él y los suyos estaban luchando por la fe. Le pregunta el juez qué entiende por fe, a lo que el bandolero contesta que la de “nuestra religión”.

El juez le recuerda que la religión católica condena los robos, los incendios, los asesinatos y las crueldades, a lo que el bandolero contesta que “teníamos la bendición del Papa”, pero que el papel que lo acreditaba lo había perdido. Se interesa entonces el juez por dicho papel y su contenido: ¿Qué decía ese papel? “Decía que el que lucha por la sagrada causa del Papa y de Francisco II[i] no peca”, contestó el bandolero.

A nuevas preguntas del juez el bandolero contesta que “los verdaderos bandoleros son los piamonteses [en Piamonte se inició la unificación italiana], que han robado su reino a Francisco II”, añadiendo que el documento perdido “era un mandato en nombre de Francisco II” y que su sello contenía la efigie de dicho rey.

Como el juez dijese al bandolero que le costaba creer que un rey se rebajase a ordenar homicidios, extorsiones e incendios, además de que era inútil “esperar que recobraría su corona”, lo dicho por el bandolero –dice el juez- tenía que ser falso. Aquel contestó que “estando aquí los bersaglieri[ii] y sabiendo yo como lo sé que he de morir y voy a ser fusilado, repito que tuve ese papel”.

El juez le reprochó que llevase en el pecho una medalla con la efigie de Francisco II, pero lo más sorprendente –le dijo- es que pretendiese fuese cómplice de sus crímenes “la Santísima Virgen”, pues llevaba también un escapulario de la Madonna del Carmine. El bandolero contestó que él y sus compañeros tenían a la Virgen por protectora, y al hacérsele saber que se aproximaba la hora de su ejecución, contestó: “Confirmaré cuanto llevo dicho al confesor que, espero, se me concederá”.

En ambos casos cabe pensar si los motivos aducidos por los bandoleros eran una mera excusa para delinquir, o bien lo hacían convencidos de que su causa era justa. El bandolero que robaba para ayudar a los pobres parece que quería subvertir el orden; como dicho orden era injusto, se explica bien su forma de vida. En el segundo caso se trata de un bandolero influido por ideas conservadoras y que está contra las novedades de un régimen liberal que, en efecto, dejó desamparada a buena parte de la población.



[i] Último emperador del Sacro Imperio Romano Gernánico.
[ii] Cuerpo de infantería del ejército italiano.
(*) Ver aquí mismo "Pájaro en medio del bosque..."

jueves, 5 de diciembre de 2019

Odio, traición y guerra en el año 69

Busto del emperador Vitelio.
(mármol, segunda mitad s. XVI)

El Estado romano ha compatibilizado grandes logros en las obras públicas, el derecho, el arte, la literatura, la economía, etc. con permanentes conflictos provenientes del exterior, en la cúspide del poder y en las provincias. En todo ello ha tenido mucho que ver el trabajo de los esclavos, por lo menos durante los siglos II a. C. a II d. de C., así como el de los colonos, artesanos y otros libres. Mientras estos producían, una minoría numerosa se empleaba en conflictos, odios, muertes, filosofar, historiar y otras formas de ocio. La labor de los recaudadores de impuestos, por su parte, hizo el resto.

Cornelio Tácito (*), que vivió entre la segunda mitad del siglo I de nuestra era y las primeras décadas del II, nos ha dejado en sus “Historias” una visión muy expresiva de su época, cuando los emperadores se sucedían en el plazo de pocos meses.

En cuanto a Vitelio –dice- empujó a la guerra a Fabio Valente[i] mientras tapaba los problemas “tras un velo de buena vida… oculto en lo recóndito de sus jardines, como esos animales envilecidos que, con tal de que les pongas la comida, sestean amodorrados”. Se encontraba Vitelio en el bosque de Ariccia, cercano a Roma, que tenía connotaciones sagradas, cuando “vino a sobresaltarle la noticia de la traición de Lucilio Baso[ii] y la defección de la flota de Rávena. No mucho después le informaron sobre Aulo Cecina[iii] “mezclando lo dulce y lo amargo”: que se había rebelado pero también que había sido arrestado.

Vitelio regresó eufórico a Roma para “en una concurrida asamblea”, elogiar a sus soldados. Al prefecto del pretorio, por su amistad con Cecina, ordenó arrestarlo, colocando en su lugar a Alfeno Varo[iv]. Más tarde “dirigió al Senado una pomposa alocución que los senadores elogiaron con exquisitas adulaciones”. Se aprobó una resolución “en graves términos” contra Cecina, y todos mostraron indignación de que un cónsul “hubiese traicionado al Estado, un general, al emperador y alguien colmado con tal cantidad de riquezas y tantos honores a un amigo”, aparentando protestar en defensa de Vitelio. “En las palabras de ninguno se oyeron censuras contra los jefes flavianos (los seguidores de Vespasiano), evitando mencionar a Vespasiano. “Y no faltó un cobista –dice Tácito- que, entre la mofa general”, fue nombrado cónsul durando en dicho cargo un solo día, de la misma forma que había ocurrido durante la dictadura de Julio César (Caninio Rebilo[v]).

En otra ocasión Vitelio convalecía de una grave enfermedad en unos jardines, cuando observó que un palacete cercano permanecía durante la noche iluminado; al interesarse por el motivo se le informó de que en casa de Cecina Tusco (gobernador romano de Egipto) se celebraba un banquete con numerosos invitados, entre los que estaba Junio Bleso[vi]. Los demás detalles sobre la suntuosidad y el clima de disipación “se exageran”, dice Tácito, no faltando quienes acusaron a Bleso y a otros “de disfrutar de la vida mientras el príncipe yacía enfermo”.

Estando Vitelio molesto por ello, irrumpió uno en la alcoba del emperador estrechando al hijo de este contra su pecho. Cuando el príncipe le preguntó “la razón de su trastorno”, le respondió que no tenía sentido temer a Vespasiano (opositor de Vitelio en el Imperio), “el enemigo del que hay que precaverse está en Roma, entre los íntimos, presume de abuelos Junios y Antonios y, con su estirpe imperial, se exhibe cordial y espléndido”. Vitelio, sin pararse a distinguir entre amigos y enemigos, estaba favoreciendo a un rival (dice el interesado informante) “que contempla las penurias del príncipe desde una fiesta”. Debe dársele una noche de luto –dice el interlocutor de Vitelio- “para que sepa y sienta que Vitelio está vivo y en el poder y que, si acaece la fatalidad, tiene un hijo”.

“Zozobrando entre el crimen y el terror de que aplazar la muerte de Bleso acelerase su propio fin”, decidió recurrir al veneno. Incluso en circunstancias seguras, cuando Cecina y otros cabecillas ya conspiraban contra Vitelio, Fabio Valente, acompañado de un nutrido “y melindroso” regimiento de meretrices y eunucos, avanzaba cansinamente para una guerra, pero ni siquiera en estos momentos tan críticos, “pudo Valente sacudirse la fama de apurar placeres ilegítimos”. Este se hizo escoltar por unos pocos, destacó las cohortes de Rímini y ordenó al Ala Británica cubrir la retaguardia; él se desvió hacia Umbría y de allí a Etruria, puso en marcha un plan terrible si hubiese tenido éxito: hacerse con unas naves y desembarcar en algún lugar de la provincia Narbonense para movilizar a las tropas de las Galias y de Germania.

Tras la marcha de Valente, Cornelio Fusco desplazó el ejército y envió liburnicas (un tipo de embarcación propio de Dalmacia) a costear por las inmediaciones de Rímini, cercando así a sus defensores por tierra y por mar. Ocupados los llanos de Umbría y el territorio del Piceno que baña el Adriático, toda Italia quedó dividida por los Apeninos entre Vespasiano y Vitelio. Dice Suetonio[vii] que cuando las tropas de Vespasiano entraron en Roma, Vitelio se escondió, pero encontrado por las tropas de aquel, fue asesinado y su cuerpo arrojado al río Tíber. También Valente había sido capturado, pasándose todas las fuerzas al vencedor: en Hispania comenzó por la legión Adiutrix, que era hostil a Vitelio en memoria de Otón, arrastrando a la X y a la VI. Tampoco hubo dudas en las Galias; en cuanto a Britania, la corriente favorable a Vespasiano la puso de su lado, aunque numerosos centuriones y soldados promovidos por Vitelio “cambiaban con aprensión de príncipe conocido”.

En medio de todo esto, con rumores de guerra civil, “los britanos sacaron pecho siguiendo a Venusio, quien además de un carácter salvaje y odio a los romanos, estaba enfurecido contra la reina Cantimandua”, última de la tribu de los brigantes, que le había repudiado tomando por esposo a Velocato, escudero de aquel, lo cual produjo una gran conmoción en sus dominios. A favor de Venusio estaban las simpatías de la población; “del adúltero, la pasión de la reina y su crueldad”, dice Tácito. Así que Venusio, con refuerzos foráneos y la rebelión de los propios brigantes, puso a Cartimandua en situación crítica, reclamando ella el auxilio de los romanos, que consiguieron rescatarla del peligro, aunque “Venusio quedó con el reino y nosotros con la guerra”, añade Tácito.

Por las mismas fechas hubo revueltas en Germania, que Tácito estudió en su “De origine et situ Germanorum”, atribuyéndolas a la desidia de los oficiales y al amotinamiento de las legiones, la fuerza de los extranjeros (los germanos) “y la perfidia de nuestros aliados”.

También se rebelaron los pueblos de la Dacia, “gente nunca de fiar” y en ese momento envalentonada. En cuanto se enteraron los dacios de que Italia ardía en guerra y que todos eran enemigos de todos, asaltaron los campamentos de los romanos y se adueñaron de las dos orillas del Danubio.

“Tampoco callaban las otras naciones. En el Ponto, un esclavo incivilizado, prefecto de la armada real en otro tiempo, promovió un alzamiento. Se trataba de Aniceto, liberto de Polemón, antaño muy poderoso e incapaz de aceptar que el reino se hubiese convertido en provincia romana”. Así pues, movilizó a la población del Ponto en nombre de Vitelio además de “emponzoñar a los más necesitados con la esperanza de rapiña”. Trebisonda fue asaltada por los enemigos de Roma, “antigua ciudad fundada por los griegos en un extremo de la costa del Mar Negro”.

“También atizó el fuego una flota que se movía a su antojo en un mar desguarnecido”, porque se habían trasladado a Bizancio las mejores liburnicas y toda la tropa, alarmando este asunto a Vespasiano, que decidió enviar un destacamento de legionarios, que sorprendió a los enemigos de Roma, desorganizados y distraídos “con su afición al pillaje”. A Vespasiano “todo le rodaba mejor de lo que pudiera desear” cuando recibe buenas noticias estando en Egipto, encaminándose hacia Alejandría y proponiéndose cortar los suministros de grano provocando el desabastecimiento y la discordia del enemigo, los partidarios de Vitelio.



[ii] Apoyó a Vespasiano y luego fue legado en Judea.
[iii] Senador desde el reinado de Nerón al de Vespasiano.
[iv] Escritor y jurista.
[v] General romano.
[vi] Descendiente de un senador del mismo nombre.
[vii] Vivió entre los años 70 y 126, escribiendo las “Vidas de los doce césares”.

lunes, 2 de diciembre de 2019

Aristófanes contra Sócrates

Sócrates en la cesta (Wikipedia)

Aristófanes dio a conocer su obra las Nubes cuando tenía veintiún años (423 a. C.) por lo que sorprende que siendo tan joven estuviese en condiciones de ridiculizar de forma tan vehemente a un filósofo de la talla de Sócrates, que tenía en ese momento cuarenta y siete años y ya era suficientemente conocido. En el mismo año los atenienses conocen otra obra que tiene un objetivo idéntico al de las Nubes, se trata de Konnos[i], de Ameipsias. Las dos obras se presentaron a un concurso, al mismo tiempo, y ninguna de ellas resultó la ganadora, pues lo fue la Botella, de Cratino, un veterano.

Antonio Tovar (ix) se pregunta por qué la insistencia de los poetas cómicos en atacar a Sócrates en el concurso de las Leneas[ii], contestándose que el brillante comportamiento del filósofo en la batalla de Delion[iii] había atraído la atención de los ciudadanos. El mismo autor dice que los primeros intentos biográficos fueron los panegíricos, como el Evágoras  de Isócrates[iv], por ejemplo. La fuente más importante para conocer la vida de Sócrates son los poetas cómicos, con su visión deformada y malévola; el poeta cómico distorsiona hasta un determinado límite, pues de lo contrario la figura se haría irreconocible.

Las Nubes, sin embargo, cosechó un rotundo fracaso en un primer momento, pues el público consideró intolerable que se falseara la figura de Sócrates, pero también están exagerados los rasgos de otros personajes satirizados por la comedia. Esta altera la figura de personajes antiguos, por ejemplo, Safo, Arquíloo o Hesíodo, y trata con libertad los mitos.

Aristófanes pretendió concitar contra Sócrates los odios de la gente conservadora, contraria a las novedades que el filósofo representaba: la física de los jonios, la lógica y la gramática de Protágoras, a los sofistas, “ya entonces obligado arsenal de todo abogado”. La educación socrática es la que produce el nuevo tipo de hombres corrompidos, blandos y malos soldados a juicio de Aristófanes y los reaccionarios de la época. Aristófanes fue consciente de que convertía a Sócrates en arquetipo de toda una época nueva que, según aquel, se anunciaba desfavorable para Atenas.

El argumento de las Nubes es simple y conocido: un padre está viendo que llegará a la ruina si consiente los caprichos de su hijo, que se gasta el dinero en caballos y pruebas ecuestres; para evitarlo le envía a que aprenda la filosofía con Sócrates, pero el hijo se niega, teniendo que ser el padre el que acuda al filósofo. A partir de aquí todo el ridículo cae sobre Sócrates en la obra. Tovar, sin embargo, considera que Aristófanes comete un error al tener a Sócrates como uno de esos innovadores que llegaban a Atenas y precipitaban la evolución intelectual y la concepción moral de la ciudad. Para Aristófanes, Sócrates impartía secretamente sus enseñanzas a un estrecho cículo de iniciados, los cuales, además, pagaban sus honorarios, no siendo esto cierto. Aristófanes se lamentaba de la influencia que el filósofo ejercía sobre la juventud en su obra maestra y le consideraba corruptor de las nuevas generaciones atenienses, a las que el autor pertenecía.

Platón, discípulo de Sócrates, tiene buen cuidado de reconciliar la memoria del gran poeta con su maestro, y en 385, al escribir el Banquete, nos deja una imagen de Aristófanes elogiosa. Por su parte, Éupolis[v] hizo más daño a Sócrates –según Tovar- que todos los ataques de Aristófanes, que aparece en el Banquete de Platón, una obra ya del siglo IV a. C. en la que una serie de personajes rememoran a otros anteriores, Sócrates entre ellos.

Aristófanes es, pues, uno de los representantes de las preocupaciones reaccionarias de Atenas, que atacan al peligroso innovador que es Sócrates, pero otros poetas cómicos no pusieron tanto encarnizacimiento en los ataques al filósofo, a quien se vio como un personaje antisténico[vi] (contra el adormecimiento de la tradición), claramente precursor del cinismo. El Sócrates real, según el autor al que sigo, era una extraña mezcla entre un hombre genial que no carecía de contradicciones.

Pero a partir de Sócrates se consideró que un filósofo necesitaba ser atacado para recibir la confirmación de tal, y en este punto también Sócrates quedó convertido en un modelo. La relación entre él y Eurípides[vii] se ve reflejada también en Aristófanes. El eco de los cómicos se respira aún en los socráticos, que no solo responden a las acusaciones, sino que aceptan los rasgos externos con que le representan aquellos.

Es conocida la “historieta” de un sueño de Sócrates según la cual Platón, en figura de cuervo revolotea sobre él, y mirando alrededor araña la cabeza del maestro mientras grazna con orgullo. Sócrates interpreta la visión diciendo a su dicípulo: “Creo que vas a inventar muchas mentiras sobre mi cabeza” (persona). Platón –dice Tovar- estuvo seguro durante toda su vida de poseer el secreto de su maestro; pensaba, como hace decir a Alcibíades (*) “permitidme que os diga que nadie de vosotros conoce a Sócrates, pero yo os lo quiero revelar”. Desde el punto de vista de Tovar, Platón llega mucho más allá que Sócrates: “lo que no era sino un débil resplandor en el maestro, se hace en el discípulo una brillante luz”[viii]. En su Apología, Platón se expresa de la siguiente manera sobre Sócrates:

Todos aquellos que ellos convencen de su ignorancia la toman conmigo y no con ellos, y van diciendo que hay un cierto Sócrates que es un malvado y un infame que corrompe a los jóvenes; y cuando se les pregunta qué hace o qué enseña, no tienen qué responder, y para disimular su flaqueza se desatan con esos cargos triviales que ordinariamente se dirigen contra los filósofos… que es que Sócrates los coge ‘in fraganti’, y descubre que figuran que saben, cuando no saben nada. Intrigantes, activos y numerosos… Esta es la razón porque, como os dije al principio, tendría por un gran milagro, si en tan poco espacio pudiese destruir una calumnia, que ha tenido tanto tiempo para echar raíces y fortificarse en vuestro espíritu.



[i][i] “Cariño”.
[ii] En honor de Dioniso Leneo, o el de la tinaja de vino.
[iii] Frente a la isla de Eubea, en 424 tuvo lugar una de las primeras batallas de la guerra del Pelopeso.
[iv] El rey chipriota de ese nombre habría fallecido, y el autor le dedica un discurso fúnebre (después de 374 a. C.
[v] En la época muchos se atacaban entre sí, pero algunos de ellos eran muy jóvenes, como es el caso de Éupolis (446-411).
[vi] Antístenes, en el siglo V a. C., combatió los convencionalismos sociales en todas las materias.
[vii] Otro de los grandes poetas trágicos griegos.
[viii] Filósofo francés (1838-1912).
(ix) "Vida de Sócrates". En esta obra se basa el presente resumen.
(*) Personaje de un diálogo de Platón. 

domingo, 1 de diciembre de 2019

La Audiencia de Guatemala en el siglo XVII


Desde finales del siglo XVI los ataques de piratas y corsarios en la Bahía de Honduras[i] iba en aumento, por lo que el rey Felipe III decidió nombrar como Presidente de la Audiencia de Guatemala[ii] a Antonio Peraza[iii], que tomó posesión en 1611.

Peraza había nacido en 1549 en San Sebastián de La Gomera (Canarias), habiendo sido capitán de arcabuceros en 1588 durante la guerra contra Inglaterra, y en 1599 fue Gobernador de Chucuito[iv] (Perú), a donde llegó con once criados y sus respectivas familias, según Horacio Cabezas[v]. En 1611 arribó, enfermo, al puerto de Acajutla, ahora en el suroeste de El Salvador. Poco después el Concejo le comunicó que tenía terminantemente prohibido nombrar corregidores y alcaldes a parientes suyos, así como a los de los oidores. Luego se realizó el juicio de residencia a su antecesor, Alonso Criado de Castilla[vi]. A finales de ese año fueron enviadas tropas a la barra y montañas de Tulate[vii] para reducir a un grupo de cimarrones o esclavos negros fugados. Según el carmelita Antonio Vázquez de Espinosa, en el Corregimiento de Escuintla (sur de la actual Guatemala) había un pueblo de negros y mulatos libres que, por “una módica paga”, capturaban esclavos cimarrones y los devolvían a sus dueños.

En 1612 unos indígenas lencas[viii] mataron a dos frailes franciscanos y un capitán español en Taguzgalpa, consecuencia de los atropellos cometidos por el gobierno español anterior, que pretendía reunirlos en poblados en dicho territorio y en Tologalpa, y otro alzamiento indígena se produjo en Tecpán Atitlán[ix], reprimido por un pelotón de arcabuceros.

Otra cosa es el comercio en los territorios de esta Audiencia: uno de los principales comerciantes, que era familiar del Santo Oficio, criticó abiertamente al Presidente de la Audiencia por haber permitido que los negros de la Bahía de Honduras llevasen armas, los cuales eran acusados de asaltos constantes a las caravanas comerciales. Por su parte, el Ayuntamiento de Santiago de Guatemala exigió no permitir el desembarco de dos naves con esclavos negros, pues los dueños de los obrajes, trapiches, chácaras y labores de “panllevar” conseguían mano de obra en el repartimiento de indios que les resultaba más barata y que, además, se endeudaba al proporcionarle herramientas y mercancías con la condición de que las pagaran después de cultivar las milpas o porciones de tierra.

No obstante los terratenientes y comerciantes poseían algunos negros a los que empleaban como calpixques (capataces), guardaespaldas, herreros, hojalateros y cocheros, así como algunas negras como cocineras, sirvientas y criadas, siendo estas muy codiciadas sexualmente por sus dueños.

La economía también tenía que ver con los tributos, por lo que un oidor visitó Nicaragua y Costa Rica para revisar la situación de los impuestos. El arzobispo e historiador Francisco García Peláez pudo ver que la causa de la conflictividad existente era el cobro de la alcabala, que fue incrementándose durante el gobierno del conde de la Gomera, Antonio Peraza. Por otro lado, en 1614 el cronista dominico Francisco Ximénez señala que en ese año se dio una “gran discordia”. El autor al que sigo indica, mediante una gráfica que, desde 1611 hasta 1620, el rendimiento de la alcabala había ido en aumento continuo excepto en 1617, para recuperarse después. Desde 1613 se había conseguido frenar la evasión fiscal, con el lógico resentimiento de los afectados.

Se concedieron encomiendas, una de las cuales consistente en la mitad del pueblo de Santo Tomás Chichicastenango a uno, y la otra mitad a otro encomendero, pueblo que pagaba como tributo 812 tostones, 55,5 fanegas de maíz y 198 gallinas.

No faltaron los conflictos con y entre eclesiásticos: en 1614 un oidor mandó prender a un clérigo cumpliendo orden del obispo, pues aquel intentaba desviar un cortejo procesional para que no pasara frente al Colegio de los jesuitas. El obispo, además, declaró a la ciudad de Santiago de Guatemala en entredicho, lo que produjo una explosión en cadena de los distintos sectores sociales. Las relaciones entre el obispo Juan Cabezas de Altamirano y el conde de la Gomera fueron tirantes debido a que los jesuitas, con el apoyo del último, invertían en la compra de un obraje añilero en la Costa Sur, con el objeto de tener ingresos para la construcción y el sostenimiento del Colegio de San Francisco de Borja. El obispo consideró esta actividad como “poco digna” para una comunidad religiosa, pero el verdadero malestar del prelado se había originado cuando Peraza no le había concedido las tierras que había solicitado para la creación de un obraje añilero en Escuintepeque, en la costa sur, donde pretendía colocar a un nutrido grupo de esclavos negros que sus familiares habían traído consigo desde Cuba (otra actividad "poco digna").

Después del entredicho, las rencillas y la oposición se incrementaron entre mercaderes y artesanos contra la alcabala, mientras que los oidores no podían manipular al conde de la Gomera, que había prohibido a las autoridades locales traer vino del Perú, además de habérseles quitado el control del repartimiento de indios en un corregimiento. Los encomenderos protestaron por no poder aumentar el número de sus tributarios, y el obispo tuvo que sufrir las mofas recibidas por el entredicho y porque, en 1615, el rey había ratificado la decisión de la Audiencia de Guatemala de no permitir al hermano del obispo, un monje benedictino, residir en Guatemala.

En 1617 el conde de la Gomera impulsó la crianza de grana o cochinilla en Totonicapán, Suchitepéquez, Guazacapán, Atitlán y en ciertas regiones de Nicaragua y Chiapas, pero los conflictos por el pago de la alcabala no cesaron, como se demuestra por los disturbios en Santiago de Guatemala, y no se acabó aquí la política de Peraza, sino que encargó buscar en el Mar del Norte, junto a las costas de Nicaragua, un navío de piratas flamencos cargado de oro, que había encallado, pero una fuerte tempestad frustró el resultado.

Por aquellos años se dio una plaga de chapulín (insecto ortóptero), afectando a las plantaciones de jiquilite (arbusto del que se extrae un tinte), además de que cayó ceniza sobre el Corregimiento del Valle, quemando pastos y cultivos (probablemente por la erupción de algún volcán, pues cuando se produjo la muerte de Felipe III y el comienzo del reinado de Felipe IV se hizo el “baile del volcán”). Estas desgracias no fueron las únicas porque, ya desde 1614, el Consejo de Indias empezó a recibir denuncias sobre el supuesto cohecho en que habría incurrido Peraza, además de haber otorgado encomiendas a personas que carecían de “pureza de sangre”, lo que era cierto porque los hijos de Bernal Díaz del Castillo eran mestizos al descender de una indígena. Se acusó a un oidor de violar la correspondencia y de coaccionar a una dama para que sirviera de testigo contra Peraza.

En 1620 el deán y comisario del Santo Oficio ordenó la incautación de la “Historia General de las Indias Occidentales”, del fraile dominico Antonio de Remesal, terminando con el encarcelamiento de este, y una vez llegó a Santiago de Guatemala el Juez de Visita en 1621, confinó en Patulul[x] a Peraza y a los oidores, aunque antes de enviar el expediente al Consejo de Indias los reinstaló en sus cargos, condenando a pena de cárcel a otros.

Y sigue el problema del impago de la alcabala, pues algunos morosos fueron ejecutados por “rezagos”. El tráfico de esclavos negros no se contuvo, el comercio de vino con Perú fue nuevamente autorizado en 1620, el número de obrajes añileros continuó aumentando hasta el punto de que en San Salvador, Guazacapán y Escuintla operaban más de 200, 70 y 40 respectivamente, construyéndose otros en San Miguel de la Frontera, Choluteca y Nicaragua. El latifundio se consolidó mientras los pueblos indígenas de las tierras cálidas perdían sus tierras comunales o morían por enfermedades contraídas en los obrajes. Esto al tiempo de que los grandes exportadores de añil en Santiago de Guatemala y en Granada (Nicaragua) incrementaban sus riquezas.

Hacia 1620, en la capital tenían sus casas señoriales alrededor de 137 comerciantes, 33 encomenderos y 96 terratenientes, permitiendo el añil la consolidación de otras formas de explotación laboral, como el peonaje por deuda, la aparcería y el colonato.

A finales de 1621 llegó a Guatemala el obispo hasta ese momento de Chiapas, Juan Zapata y Sandoval, un criollo mexicano que en 1609 había publicado una obra sobre la justicia distributiva y los que a ella se oponían; en ella defendía que las dignidades eclesiásticas y las encomiendas debían darse a criollos que, en igualdad de méritos, debían ser preferidos a los peninsulares. Por lo tanto no muy parecido a lo que prometía su título[xi]. Durante su pontificado  se institucionalizaron los estudios superiores en Santiago de Guatemala, lo que se hizo valiéndose de los colegios de los dominicos y de los jesuitas, pero no sin contienda entre estos dos grupos de eclesiásticos.

Los jesuitas se opusieron, en 1625, a que en el colegio de los dominicos se pudieran hacer estudios mayores, y los dominicos solicitaron el cierre del colegio de los jesuitas, creciendo la polémica hasta 1676. Mientras tanto, en la región de Taguzgalpa[xii] (1623) unos indígenas dieron muerte a algunos frailes franciscanos, que intentaban concentrarlos en poblados como lo habían hecho con otros.

El conde de la Gomera, por su parte, terminó sin mucha fortuna, pues su hijo escribe que hallándose tan pobre y desvalido que para poder hacer su viaje [de vuelta a España] fue necesario que el General Thomas de la Raspur le prestase algunos dineros… y habiendo llegado a Sevilla cargado de años, de servicios y de miserias murió….



[i] En la costa atlántica, las islas mayores son Roatán, Guanaja y Utila.
[ii] Antes, Audiencia de los Confines.
[iii] Antonio Peraza Ayala Castilla y Rojas, conde de Gomera. Ver el artículo de Carmelo Sáenz de Santa María, “La personalidad del canario Antonio Peraza…”. 
[iv] En el extremo sur del país, junto al lago Titicaca.
[v] “Gobernantes de Guatemala. Siglo XVII”. En esta obra se basa el presente resumen.
[vii] En la costa guatemalteca del Pacífico.
[viii] Habitaban territorios de lo que hoy es Honduras y El Salvador.
[ix] Al sur de la actual Guatemala.
[x] Al sur de la actual Guatemala.
[xi] “Disertación sobre justicia distributiva y sobre la acepción de personas a ella opuesta”.
[xii] Luego llamada Costa de los Mosquitos.