domingo, 25 de septiembre de 2016

Revuelta de mujeres en el primer franquismo (O Saviñao)




María Jesús Souto Blanco ha estudiado el caso de una revuelta, sobre todo de mujeres, durante el primer franquismo, en el municipio de Saviñao, al sur de la provincia de Lugo, como consecuencia de la mala administración de las subsistencias que llevaban a cabo las autoridades, lo que ponía en peligro la alimentación de sus familias. Aquí mismo puede consultase “El marqués de Melgarejo en Vara del Rey (Cuenca) donde se pone de manifiesto un conflicto parecido aunque también con diferencias.

Dice la autora[1] que se trata de una de las formas de resistencia activa contra el intervencionismo del régimen franquista en la época de predominio de Falange Española. El caso por ella estudiado tuvo lugar en 1946.

O Saviñao, en la época, era uno de los municipios más densamente poblados de la provincia de Lugo, pero estaba infradotado y dependía en mucho de la cercana villa de Monforte. Como en la mayoría de los municipios de la provincia, su principal producción era la agropecuaria, destacando el cereal y el vino en un régimen de pequeña propiedad campesina. El socialismo tenía una fuerte implantación y comarca, de forma que cuando se produjo el alzamiento militar en julio de 1936, se formaron guardias armadas en Escairón, capital municipal, siendo apresado José Losada Ferreiro, alcalde socialista hasta ese momento, siendo acusado, entre otras cosas, de ayudar al guerrillero José Castro Veiga, alias “El Piloto”. La mayor parte de la dirección socialista en el municipio ingresó en prisión mientras que el guerrillero citado seguiría con su actividad intermitente, hasta que fue muerto por la Guardia Civil en 1965, un caso extremo de duración de su actividad en relación a otros.

En 1946 se dieron en la provincia de Lugo pésimas cosechas, particularmente de centeno, menos en las áreas montañosas de O Saviñao, lo que llevó al Ayuntamiento, en manos de afectos al régimen, a ponerse moderadamente de parte de los vecinos cuando los organismos oficiales quisieron requisar las cosechas. A principios de abril de 1946 un centenar de mujeres de Escairón se congregó pacíficamente ante la Casa de Ayuntamiento para exponer sus necesidades de pan, pero un mes más tarde se presentó en el pueblo un fabricante de harinas de Pantón (municipio anexo) de apodo “El Picante”, con la intención de transportar 40.000 kg. de grano de los allí almacenados. Las mujeres, en número de unas ciento cincuenta, protestaron de nuevo acusando al citado de estraperlista, especialidad muy propia de la época. Llegaron incluso a la violencia para evitar la carga del cereal.

Solo participaron mujeres, a las que se sumaron las de otros núcleos de población y llegar a varios cientos. El objetivo era que el grano no saliese de Escairón. Más tarde volvió a presentarse “El Picante” acompañado con catorce guardias civiles, a quienes se opusieron las mujeres acompañadas de algunos niños, denunciando que la operación tenía el único objetivo de “estraperlar”. La Guardia Civil procedió a despejar la zona y permitir la carga del grano, pues estas eran las instrucciones de las autoridades centrales contra la comprensión de las locales.

La policía de Lugo elaboró un informe señalando que las familias de O Saviñao estaban muy necesitadas y tenían numerosos hijos (se habla de 10 hasta 16 en algunos casos). Sin embargo el Gobernador Civil acusó al alcalde (antiguo dirigente local de la Unión de Derechas y Agrarios) y al vecindario de tener una actitud injusta e improcedente. Se dispuso también la intervención de la Guardia Civil. Parece clara –dice la autora- la complicidad o al menos la negligencia del alcalde en el desvío del grano desde los cauces oficiales, y así el Servicio de Abastecimientos responsabilizó a las autoridades locales de la situación. El alcalde fue suspendido y se nombró una Gestora Municipal.

La protesta –dice Souto Blanco- responde a la función social de género que sitúa a la madre en proveedora de las necesidades familiares. Por otro lado de esta manera no se podría acusar de politización a las mujeres, generalmente apartadas de lo que se consideraba más propio de varones. La presencia de mujeres en los tumultos intentaba evitar que se produjeran brutalidades por parte de las fuerzas del orden, lo que no siempre se consiguió.

Las autoridades de Falange, por su parte, informan sobre la actuación de las fuerzas de la Guardia Civil “en la total liquidación del brote de tipo comunista que se había manifestado en los atracos ocurridos en esta provincia…”. Lo cierto es que la corrupción era generalizada en la administración franquista desde el primer momento, por lo que las mujeres telegrafiaron al Ministerio a “causa Gobernador lleva ración pan del pueblo piden clemencia justicia humildemente madres familia lo que traslado a VE para que informe con la mayor urgencia”.

La cuestión no era tanto que la gente estuviese hambrienta cuanto que se veía como injusta la administración que se hacía del grano por quienes no habían sido elegidos para ello por parte de la población. Aquellas gentes sabían que había Ayuntamientos que robaban y distribuían discrecionalmente los vales de racionado entre comerciantes sin escrúpulos. De los informes oficiales se sabe que había descontento en municipios como Foz, Cospeito, Vilalba o Taboada, siendo el precio de algunos productos abusivos. La corrupción era evidente, encontrándose diferencias de varios miles de kilogramos entre lo que se vendía y lo que se requisaba, sin embargo las mujeres no cuestionaban al régimen político, sino la gestión de este.

El alcalde, maestro de profesión, estuvo moderadamente de parte de los vecinos, probablemente porque no querría ser contestado al estar en contacto directo con ellos. Actuó de forma ambigua para no comprometerse con las autoridades pero tampoco defraudar a sus vecinos, por ello fue acusado por las autoridades de no imponerse cuando las mujeres impiden la entrega del grano. La figura del alcalde es importante, porque anima a que las mujeres protesten, incluso les concede una cierta legitimidad, pues es la autoridad más cercana que tienen.

La autora considera que si hubo una ocasión en la que el régimen del general Franco pudo caer fue precisamente en el año 1946, cuando tras la segunda guerra mundial los organismos internacionales se le echaron encima. Los jefes de Falange incluso hicieron un acercamiento a los guerrilleros que aún actuaban en la zona, por si acaso, como es el caso de Chantada, verdadero foco de esa guerrilla. Pero la protesta fracasó porque la represión se ocupó de ello, mas una cosa es el fracaso y otra la constatación de un movimiento contra los abusos en los años más negros de la dictadura. No fue el único caso.









[1] “Una ‘revuelta del hambre’ en la Galicia del primer franquismo: O Saviñao”.

sábado, 24 de septiembre de 2016

La decadencia de las póleis griegas

Relieve en el sarcófago de Alejandro


Dice Antonio Tovar[1] que el comercio y la piratería permitieron la aparición en la Creta prehistórica de unas cien ciudades mientras que siglos más tarde, un apátrida errabundo como Aristóteles creyó que el hombre no se distingue de los animales sino por su sentido de lo bueno y de lo justo. Entre el salvaje bestial que no conoce la vida civil  y el dios que se basta a sí mismo (los filósofos helenísticos vendría pronto con la doctrina estoica) está el hombre, y este, en el mundo griego, no puede vivir sino en la ciudad. La vida ética para Aristóteles tiene su fundamento en la vida política, es decir, en la vinculación del hombre a su pólis.

Desde finales del siglo IV hasta el I a. de nuestra era, se desarrolla una lenta desaparición de las póleis griegas, pero no en su sentido físico, sino políticamente hablando, van dejando de ser lo que fueron y se integran en estados territoriales donde el rey ejerce un poder enorme que no tiene nada que ver con las “libertades” de aquellas póleis. Es cierto que los reyes helenísticos fundan ciudades a docenas, pero no son póleis, son ciudades donde el cosmopolitismo se impone y el concepto de ciudadano se va transformando. No quiero decir que esto sea malo: aquí solo sigo al autor citado para explicar, magistralmente como él lo hace, el lento periclitar de aquel tipo de organización política típicamente griega.

¿Cómo es posible que las ciudades fundadas en Bactria o en Mesopotamia tuvieran algo de póleis? Más bien lo que surgen son cosmópolis, como lo fue Alejandría, única verdadera ciudad al norte de un desierto y un río donde las antiguas ciudades egipcias estaban en decadencia o destruidas. Lo mismo ocurre cuando Seleuco traslada la capital de su reino desde Babilonia a Antioquía. Los reyes de Siria intensificaron su política de fundaciones con Apamea, Seleucia de Pieria[2] y Laodicea[3], y en oriente Ecbátana[4] y Susa.

El derecho civil ático se va extendiendo por los estados helenísticos, con variaciones locales, mientras que el derecho marítimo rodio prevalece. Atenas sigue teniendo una importancia extraordinaria como ciudad, pero no ya como pólis, mientras que en amplias regiones como Lócride[5] y casi toda Arcadia[6] más el noroeste de Grecia, no habían existido nunca póleis.

Como Grecia –en época anterior- no tenía suficientes bosques para construir sus barcos y carecía casi por completo de metales, mientras que su población crecía, surgió el fenómeno de las colonizaciones, por lo que algunas póleis sufren una despoblación ya en el siglo V a. de C. Además están las continuas guerras que llevarán más tarde a los reyes helenísticos a buscar las inmensas reservas metálicas de Asia.

Tovar dice que un año para fijar el fin de Atenas (como entidad política) es el 262 a. de nuestra era, cuando es sometida por Antígono Gonatas, adepto al estoicismo. Entonces Atenas ya no tiene escuadra, los arsenales están vacíos y quizá Lácares tiene alguna responsabilidad en la muerte del estado ateniense. Sobornado por Casandro, se hizo tirano de la ciudad. Antes Atenas había negociado la ayuda de los reyes de Egipto y Tracia para recuperar el Museo, la colina que con su guarnición macedonia vigilaba la ciudad; los atenienses reconquistan Eleusis y, en 288-287, cuando Demetrio Poliorcetes atacó Atenas, fracasa.

En las ciudades helenísticas empiezan a establecerse las normas que obligan a los ciudadanos ricos a hacerse cargo de la construcción de las naves, de pagar las festividades, de sostener los espectáculos, en los que participan gratuitamente los pobres. Esta política social –dice Tovar- se produce al mismo tiempo, sin que tenga que haber una relación de causalidad, la decadencia en el interés por la cosa pública, la religión se desliga de la pólis cuando ya se había acusado a Sócrates de que no creía en los dioses.

Es también en Atenas, donde la filosofía predominaba, el rey macedonio Casandro había gobernado mediante un filósofo a finales del siglo IV y los panteones orientales fueron constituyendo un sincretismo junto con los dioses griegos. Cuenta Plutarco que el tirano Aristodemo de Megalópolis[7] fue asesinado por unos ciudadanos que eran discípulos de Arcesilao. Por tanto la autonomía de las ciudades desaparece y la supuesta devolución de la misma es un espejuelo que usan los dinastas para atraérselas en sus luchas. Antígono Dosón, rey de la última dinastía de Macedonia, utilizó promesas en este sentido, y en Jonio hizo lo propio Antíoco II de Siria.


La crisis de las póleis es larguísima; cuando cesaba el peligro los reyes volvían a arrebatar la supuesta autonomía dada a las ciudades y las gobernaban mediante un epistátes o delegado que intervenía las decisiones de los magistrados. La presión de las guarniciones macedonias en Grecia fue fuerte alrededor de ciertos puntos estratégicos: Acrocorintio[8], el Pireno o Muniquia[9], Calcis[10]… En realidad las ciudades griegas usaban de la libertad que se les concedía para servir de peones, como ocurrió con las ciudades de Grecia que intervinieron en las guerras entre Egipto y Macedonia.

Las póleis volvieron a luchar entre sí encarnizadamente y mientras que en el siglo IV era muy extraño que una ciudad fuese saqueada a manos de otra, en la toma de Mantinea[11] por la liga aquea, en 223 a. de C., esta horrenda costumbre desapareció. Filopemen[12] vendió a muchos espartanos como esclavos y derogó las leyes de Licurgo. También con la ruina de las ciudades marítimas reaparece la piratería y la inseguridad era grandísima en la Grecia del siglo III ante de nuestra era. La clase media de artesanos y comerciantes fue empobreciéndose y tuvo que sufrir la competencia de la mano de obra esclava, que hizo también bajar muchísimo los salarios, lo que contrajo el comercio interior. La diferencia entre ricos y pobres aumentó y la emigración no se produjo para fundar colonias sino para sobrevivir.

Con Alejandro aparece la ciudad “universal” como Alejandría o Antioquía y ahora cobra contraste el pensamiento de Platón cuando dijo que “el rebaño está bien gobernado porque no se gobierna a sí mismo, mientras que los hombres están gobernados por hombres. En materia religiosa Ptolomeo I favoreció el desarrollo del culto al egipcio Sarapis…

Pero la época helenística crea mucho y demuestra una colosal vitalidad, aunque las póleis vayan despareciendo como forma de organización política. Es entonces cuando la ciencia griega llega a su mayor altura; la medicina, la astronomía, la erudición literaria, las matemáticas, la técnica alcanzan su mayor altura y solo serán superadas en el Renacimiento. Las conquistas y los descubrimientos del siglo IV y la colonización de oriente provocan, eso sí, incoherencia e inarmonía. Subsisten secundariamente póleis como Rodas, Argos y Mesene[13], resucitada para contrapesar a Esparta, Bizancio y Cízico[14].

La fusión de griegos y bárbaros, que Alejandro planeó genialmente –dice A. Tovar- dejó a su muerte de ser un ideal hasta que el estoicismo y el cristianismo vinieron a considerar que el ser griego no significaba, necesariamente, ser superior al bárbaro. La lucha social se complicó aún más que la lucha política. Agis[15] y Cleómenes[16] quisieron establecer en Esparta un régimen de justicia social que tiene mucho que ver con lo que los Graco intentaron en Roma.

Cuando las legiones romanas hagan su aparición en Grecia, tomando Corinto y otras ciudades a mediados del siglo II a. de C., aparecerán al principio como libertadores de la dominación macedonia, pero el propio Tito Quincio Flaminio[17], al tiempo que declaró libres a los griegos, comenzó a saquear toda la Grecia central y del norte. De su expedición se llevó doce millones de sestercios. La piratería vino a intervenir en estas luchas como aliada de Filipo V[18] de Macedonia, del tinazo espartado Nabis[19], de los etolios… La falta de capacidad de las ciudades para mantener el orden la impuso Roma, que ejerció sobre Grecia una suerte de protectorado.


[1] “La decadencia de la pólis griega”.
[2] Cerca de la desembocadura del río Orontes.
[3] En el suroeste de Anatolia.
[4] Al este de los montes Zagros.
[5] Al norte del golfo de Corinto.
[6] Al norte de Esparta.
[7] Al norte de Esparta.
[8] Cerca de Corinto.
[9] Colina fortificada de Atenas.
[10] Al norte de Atenas.
[11] En el centro del Peloponeso.
[12] Estrategós de la liga aquea entre finales del III y principios del s. II a. de C.
[13] Antigua Mesenia, en Sicilia.
[14] Al sur del mar de Mármara, en la Propóntide.
[15] Rey de Esparta entre 265 y 242 a. de C.
[16] Rey de Esparta desde 235 a. de C. fue inspirado por Agis.
[17] 228-174.
[18] Rey de Macedonia de 221 a 179.
[19] Rey de Esparta de 207 a 192.

Terroríficos reyes

El persa Darío huye despavorido perseguido por Alejandro

Antonio I. Molina Marín[1]ha estudiado, con otros, el miedo que los reyes helenísticos imprimían en el enemigo, lo que les valió no pocas veces para conseguir la victoria. Ello deriva de la idea que se tenía en la antigüedad de lo que era un rey, seguramente alguien superior al resto de los mortales, divinizado, un héroe nato, aunque en el caso de la cultura griega hizo mucho el mito.
                             
El rey helenístico lo era si había vencido, no antes, aunque podamos encontrar alguna excepción, y al mismo tiempo actuaba y era visto en relación con el mundo homérico, por lo que debía inspirar pánico a sus enemigos. Tras las conquistas de Alejandro se extendió en todo el mundo griego una forma de gobierno que, si bien no era nueva, había sido abandonada: la monarquía. El monarca helenístico dirige a sus tropas en primera línea y con frecuencia encontraba la muerte.

Ptolomeo I Soter se presentó ante sus lectores como un guerrero homérico cuando relató sus acciones militares en la India. La exigencia de vencer para legitimar el reinado se vio reflejada en la titulación real: “invencible” o “victorioso”. Los fundadores de los reinos helenísticos esperaron oficialmente al año 306 (Alejandro murió en 323 a. de C.) para ceñirse la corona: es el caso de Antígono y Demetrio, que antes tuvieron que demostrar ciertas victorias militares, de forma que ser vencido significa perder el trono. La excepción la encontramos en Demetrio Poliorcetes, que sobrevivió dos veces a la pérdida de la corona: en Ipsos (301 a. de C.) y en la invasión de Macedonia por Pirro en 287 a. de C.

En no pocas ocasiones el prestigio del rey helenístico es tan grande, o el pavor que inspira lleva a las tropas enemigas a pasarse a su bando, ya sea porque esperan un mayor botín o porque saben cierta la derrota en el ejército inicial. Otras veces los soldados enemigos se negaban a entrar en batalla ante la sola noticia de que el rey helenístico se encontraba al frente de sus tropas. Pero también desertaron tropas macedonias a favor de un déspota extranjero –dice el autor citado- seguramente como consecuencia de la abundancia de mercenarios que nunca tuvieron el sentido patriótico que hoy concedemos a los soldados. Además, el rey helenístico nunca tuvo una significación étnica; de hecho, la monarquía macedonia se jactaba de no ser autóctona.

Mayor peso tiene el caso de Pédicas, que había sido designado quiliarca del imperio por Alejandro y posiblemente lo nombró su sucesos cuando le entregó su anillo en su lecho de muerte. Pese a la ausencia de un título real, Pérdicas tenía más poder que muchos reyes, aunque ello no le libró del intento de asesinato: cuando Meleagro seleccionó a unos para dar muerte a Pérdicas, este, una vez se vio amenazado, les llamó una un otra vez esclavos, lo que les asustó tanto –era Pérdicas quien pronunciaba esas palabras- que huyeron. Pero tras ser derrotado por Ptolomeo en Egipto, Pérdicas se vio abandonado por sus soldados, que lo asesinaron.

La reina Olimpíade fue capaz de conseguir que las tropas de Adea-Eurídice la abandonasen por el prestigio que aquella tenía[2]: desde entonces se la conoció como “la que vence al ejército”. En realidad, lo sucedido concuerda más con los casos de deserción de los que ya hablamos. No por ello dejó de existir quien intentase asesinarla: Antípatro, por medio de Casandro, envió 200 soldados que irrumpieron en la casa real, “pero cuando vieron a Olimpíade, intimidados por su elevado rango, se retiraron con su misión inconclusa”. Tanto en este caso como en el de Pérdicas parece que el temor que inspiraban tiene que ver con su vinculación a la familia de los Argéadas: el origen es mítico pero gobernaron Macedonia durante varios siglos hasta 309 a. de C.

Otro es el caso de Pirro, el cual con su mirada –al parecer- detuvo la espada de su adversario: Al desenvainar Zópiro una espada ilírica para cortarle la cabeza, se volvió a mirarlo Pirro con tanta indignación, que Zópiro le tuvo miedo; y ya temblándole las manos, ya volviendo al intento, lleno de turbación y sobresalto… tarda y difícilmente se la cortó por último. Matar a un rey no puede ser fácil para un simple hombre. Molina Marín dice que existe un precedente para todos estos casos y es el enfrentamiento de Alejandro con los malios en la India: parece que Alejandro se quedó colgado en un muro y debajo estaban los soldados enemigos, sobre los que se dejó caer. Recibió “gran sacudimiento de armas” pero a los bárbaros les pareció ver un resplandor ante el héroe y huyeron. Es decir, uno solo hacía huir a numerosos soldados.

Alejandro tenía sus modelos míticos de imitación: Perseo, Heracles, Aquiles, Dioniso… Mossman[3] ha demostrado ya que el combate de Alejandro sobre los malios se inspira en otro de la Ilíada; es el momento en el que el Eácida Aquiles, antepasado por línea materna de Alejandro, se pone las armas que Hefesto ha hecho para él por encargo de su divina madre. Este pasaje de Aquiles sería el modelo mítico a través del cual se construyen las gestas de los otros.

Gritar a los enemigos también les infundía pavor si quien lo hacía era el rey helenístico, como vestir la égida o piel de la cabra Amaltea, que hizo de nodriza de Zeus cuando este era un niño. La égida toda a Aquiles y Alejandro de las cualidades de Gorgo y Medusa. La primera fue un personaje protector y la segunda, decapitada por Perseo, después usó su cabeza como arma para atemorizar a los enemigos…

[1] “El miedo como arma de dominación: admiración, pavor y victoria en la imagen del rey guerrero en el helenismo inicial”.
[2] A finales del s. IV a. de C.
[3] 1988.

domingo, 18 de septiembre de 2016

La guerra en la antigüedad




La guerra en la antigüedad fue una actividad endémica, de forma que los diversos pueblos y estados se mantenían permanentemente preparados para ataques, asedios, campañas, reclutas, deportaciones, etc. Podríamos tomar cualquier época y civilización, pero podemos aprovechar el trabajo de Jordi Vidal[1] sobre los enfrentamientos entre el imperio asirio entre los siglos IX y VII a. de C. y las ciudades fenicias.

Las inscripciones reales neoasirias –dice el autor citado- contienen referencias relativamente abundantes de campañas militares dirigidas contra las ciudades fenicias, que estaban situadas en un territorio estratégico dentro del comercio internacional. Dos fueron los tipos de enfrentamientos entre el imperio asirio y las ciudades fenicias: el asedio (lo más frecuente) y la batalla campal. Uno de los conflictos más antiguos que conocemos tuvo lugar en el año 803 a. de C., cuando el gobernador provincial de Rasappa, al norte de la actual Siria, condujo una expedición contra la localidad fenicia de Ba’lu. Posteriormente los asirios conquistaron algunas localidades del reino del Tiro, como Mahalab, y sometieron la capital al pago de un tributo. Dicha intervención fue la respuesta asiria a la coalición rebelde entre el rey e Tiro y el de Damasco.

Los ejércitos asirios atacaron Sidón en 701 a. de C. también por la participación del rey de dicha ciudad en una coalición antiasiria. La descripción asiria hace referencia a la conquista de Sidón, Bit-zitti, Sariptu, Mahaliba, Usu, Akzib y Akko. Más tarde, el rey de Sidón se rebeló contra la dominación asiria y el rey Assarhaddon llevó a cabo una expedición militar contra la ciudad en 677 a. de C. Los asirios destruyeron Sidón deportando a gran parte de su población y otras dieciséis localidades también fueron capturadas.

También la ciudad de Tiro inició una labor diplomática de aproximación a Egipto, pero la reacción asiria no se hizo esperar: bloqueó la isla en 671 pero Tiro no fue conquistada, aunque perdió el control sobre una parte de sus territorios continentales. Esta ciudad todavía hubo de sufrir un nuevo ataque asirio en 663, probablemente por nuevos intentos de formar una coalición antiasiria. De nuevo los asirios se dirigieron contra los territorios continentales todavía en su poder y bloquear la capital, que terminó rindiéndose.

Un nuevo ataque fue el de las tropas asirias contra las ciudades fenicias de Usu y Akko en 644/3, que se rebelaron probablemente instigadas por el rey de Tiro. Las dos ciudades fueron tomadas, ejecutados sus defensores y deportada el resto de la población. En cuanto a las batallas campales el caso mejor conocido es el de Qarqar en 853, según una inscripción cuneiforme encontrada en Kurkh en 1861. El rey asirio trató de extender su dominio hacia Siria central y meridional, saqueó las ciudades de Hamath y se dirigió hacia Qarqar[2], ciudad que fue destruida, pero en las afueras de la misma se había concentrado un gran ejército comandado por el rey Irhuleni de Damasco y Ahab de Israel. Aunque los asirios nos dejan el testimonio de su clara victoria, existen historiadores que consideran lo contrario o, que al menos la situación quedó sin vencedores ni vencidos. Un dato importante es que Salmanasar III no pudo atravesar el Éufrates en sus campañas de 852-850, justo tras la batalla de Qarqar, algo impensable si los asirios hubieran vencido como han dejado escrito. Estos hubieron de enfrentarse de nuevo a la coalición de Damasco y Hamath en los años 849, 848, 845 y 841. Fueron seis las ciudades fenicias que participaron en la batalla de Qarqar: Biblos, Sumur, Irqatu, Arwad, Usanatu y Siannu.

La otra gran batalla campal tuvo lugar también en Qarqar en 720, cuando los asirios derrotaron a un ejército comandado por el rey de Hamath, que contó con la alianza de Arpad, Damasco, Samaria y el reino fenicio de Sumur. La vitoria fue asiria porque el desequilibrio entre su ejército y el de las ciudades del Levante mediterráneo era enorme. Jordi Vidal considera que en la batalla de Qarqar el número de carros empleados por los asirios fue 2.000, mientras que el de las ciudades fenicias 40; los asirios emplearon 5.500 caballos por ninguno los fenicios y 120.000 infantes los asirios por 2.900 los fenicios. La razón de que estos últimos no empleasen carros es que la mayor parte de las veces que tuvieron que soportar los ataques fenicios fueron por asedios, no en batallas campales, lo que también explica la diferencia en caballos.


[1] “Guerras desiguales: el imperio asirio contra las ciudades fenicias”.
[2] Cerca de la costa siria y de Alepo.




sábado, 17 de septiembre de 2016

Campamentos asirios

Relieve con una de las campañas militares asirias


De veintidós campamentos asirios de mediados del siglo IX a. de C. estudiados, entre otros por José Vidal, nueve son de planta rectangular, cuatro de planta circular, seis cuadrangular y tres oval. El que más torres tiene son 15 y el que menos 2; el que menos puertas tiene, una y el que más 4. La principal fuente para el conocimiento de estos campamentos son los relieves de Imgur-Enlil, pero también en inscripciones de la época de Salmanasar III, donde aquellos aparecen como recintos fortificados para proteger a las tiendas en las que se alojaban las tropas, pero también para facilitar el cobro de impuestos.

Eran construidos para un tiempo, no con carácter definitivo y la forma probablemente dependía del espacio disponible para su construcción, estando dos de los campamentos junto a un río. Todos estaban delimitados por una muralla de adobe con basamento de piedra y la parte superior con una sucesión de almenas. Cabe la posibilidad –dice el autor al que sigo- de que dichos campamentos incluyeran fosos, una estructura bien representada en la arquitectura militar asiria, tal y como se aprecia en Nínive, Assur, Sur Telbis[1] y Sur Ju’reh[2]. El perímetro de la muralla estaba protegido por torres exteriores de planta rectangular[3], dispuestas a intervalos regulares y las puertas estaban flanqueadas por sendas torres. Se ha pensado en la posible existencia de un espacio o zona de seguridad entre la muralla y el área ocupada por las tiendas, pero no es posible asegurarlo porque en los relieves de Imgur-Enlil no aparecen representadas las tiendas de los soldados, aunque la tienda del rey a menudo está situada lejos de las murallas.

La mayoría de los campamentos estudiados aparecen divididos en dos partes por una línea que comunica las puertas. Se trataría de una vía principal, pero en los campamentos de época posterior, en los representados en Imgur-Enlil no se representan las tiendas, que quedan sintetizadas por la del rey en catorce de las veintidós estudiadas. Están representados, sin embargo, trabajadores arrodillados y montones de productos almacenados, animales e individuos ocupados en la reparación/fabricación de arcos.

Cuatro de los campamentos, los que se citan con los números 10, 14,15 y 16, aparecen vacíos, lo que ha hecho pensar a algunos que no serían instalaciones militares sino tres represtaciones de la misma Imgur-Enlil[4]. En cuanto al campamento 10, que tiene dos puertas, se ha pensado que podría tratarse de la representación de Nimrud[5] o Nínive. Es curioso que mientras las ciudades asirias se representaban en alzado, los campamentos en planta.

Una fortaleza estudiada presenta dimensiones reducidas (35 por 40 m.) y localizada en la región de Haditha, en el Éufrates medio aporta algunos datos: en su interior solo se localizó material cerámico, pero ni cisternas, ni graneros, ni muelas, ni hornos, lo que indica que dicho material cerámico no fue fabricado allí, por lo que algunos han supuesto que esta fortaleza estaría en función de otras que le suministrarían lo necesario.

Las imágenes de Imgur-Enlil tienen el valor de que son los testimonios más antiguos de este tipo de instalación militar entre los asirios, aunque son muy esquemáticas.

(Fuente: “Campamentos militares asirios durante el reinado de Salmanasar III”.


[1] En Irak.
[2] En Irak.
[3] El único ejemplo de torres semicirculares es el de la fortaleza de la isla de Anat, en el Éufrates medio.
[4] Actual Balawat, cerca de Mosul.
[5] Junto al río Tigris, antigua capital de Asiria, a unos 30 km. de Mosul.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Fenicios en el Atlántico

Lixus, en el estuario del wadi Loukkos, cerca de la actual Larache

Son muy conocidos los enclaves fenicios en las costas mediterráneas, pero menos en las atlánticas del noroeste de África. Fernando López Pardo[1] ha hecho un recorrido por los estudios de los diversos especialistas sobre este asunto. En un principio habla de tres tipos e asentamientos: ciudades, factorías y mercados. Pero con posterioridad se ha visto que esta simplificación no siempre es correcta. También se sabe de la existencia de mercados indígenas que estaban en función (durante el primer milenio antes de Cristo) de los visitantes que por allí llegase, en este caso fenicios.

El autor señala que P. Cintas sugirió una nueva clase de hábitat: la escala náutica cada treinta kilómetros, pero se ha visto que en ocasiones estas supuestas escalas distaban entre sí bastante menos. Se han estudiado los yacimientos en la costa del Oranesado, en la costa oriental de Andalucía y otras regiones, pero lo que aquí nos interesan son las andanzas de los fenicios por el Atlántico.

Una ciudad temprana fue Lixus, en la costa noroccidental de Marruecos, en el interior de la actual Larache y cerca del estuario del wadi Loukkos, que forma unos acentuados meandros antes de su desembocadura. Allí también se ha excavado un puerto romano posterior. Algunos consideran que la fundación de Lixus sería a lo largo del siglo VII a. de C. pero el autor lo anticipa a finales del VIII. En relación a Lixus estarían Rachgoun[2] y Essaouira[3] (Mogador). Desde el primer momento Lixus fue el gran centro regional de la fachada atlántica africana, pudiéndose equiparar a Gadir. Lixus, por otra parte, conservó su identidad claramente oriental hasta época romana, al menos en la construcción de sus importantes templos.

Se trató de una fundación de grandes dimensiones y con estructura urbana desde muy pronto, fenómeno raro en la zona. Aparte de Lixus solamente aparecen documentos arqueológicos, para esta época, en Cádiz y Castillo de Doña Blanca[4]. El asentamiento lixita se hizo en una zona virgen, en el primer fondeadero viniendo del estrecho de Gibraltar, pero ese fondeadero había sido frecuentado antes de los fenicios, como parece demostrar el encuentro de una espada tipo Rosnoen[5] en la desembocadura del wadi. Las condiciones portuarias eran excelentes porque desde el wadi Loukkos se accedía a la fértil llanura del Gharb y al sistema rifeño. Río arriba se encuentran dos nudos viarios importantes en época antigua, Ksar el Kebir[6] y Telata de Reisana, que comunicaban el extremo norte y sur del país.

Puede que el potencial agrícola y pesquero de la región de Lixus jugase un papel importante, pero lo cierto es que el territorio estaba muy poblado y era intensamente explotado si se tienen en cuenta los numerosos hallazgos prehistóricos encontrados. La fundación de Lixus coincide con el llamado “segundo momento” de la colonización fenicia en occidente, estando el marfil y el oro de Marruecos en el interés de aquellos comerciantes. 


Luego hubo una época de múltiples fundaciones, según el autor al que sigo, que arranca a mediados del siglo VII a. de C. cuyos límites serían el cabo Espartel y, al sur, la mítica Cerne. Un asentamiento fue Ras Achakar-Yebila, el primer fondeadero practicable de la costa atlánatica, protegido por el cabo Achakar. Se han encontrado ánforas fenicias y púnicas en dos puntos de la colina de Yebila y en otros lugares fragmentos de cerámica griega de Laconia y de Ática. En las proximidades se han excavado dos necrópolis de la época, quizá una indígena (de cistas) y otra fenicia (de cámaras). Pero la presencia fenicia en esta zona no se puede fechar con anterioridad al siglo VI a. de C.


Kouass está en el estuario del wadi Garifa, a mitad de camino entre Tingi y Lixus: aquí se localizaron hornos de alfarero para transportar el salazón, también ánforas y todo ello datado a finales del siglo VI a. de C., habiendo sido centro artesanal y de producción pesquera. Está documentada la presencia fenicia en Banasa desde el siglo VI a. de C. Más al sur, en la desembocadura del río Salat, junto a Rabat, se encontraron fragmentos de cerámica en Casbah de los Oudaias y a unos centenares de metros, sobre la prominencia de Chelall, se encuentra una antigua ciudad romana cuyos muros descubrió J. Boube. Algo más lejos aparecieron cuatro fragmentos de cerámica de, como máximo, el siglo II a. de C.

Desde la desembocadura del Bou Regreb hasta el cabo Ghir la cosa está llena de arrecifes, no habiendo abrigos naturales. Solo las desembocaduras de los ríos fueron refugio seguro, como por ejemplo el Oumm er Rebia, donde se han encontrado fragmentos de cerámica púnica. Essaouira (Mogador) es un fondeadero en una isla que pudo servir de fondeadero estacional, por lo tanto no se trató de un lugar de actividad productiva prolongada, pero se han encontrado cerámicas fenicias en este yacimiento.

En unos sondeos realizados en el cabo Ghir (30 km. al norte de Agadir) se han encontrado cerámicas púnicas del siglo III a. de C., a la vez que otros restos indígenas. El valle del Sous, extenso y fértil, cuenta con un estuario en la localidad de Agadir, topónimo de filiación fenicio-púnica según López Pardo. Este término era también utilizado por las comunidades beréberes de la zona para designar los graneros colectivos fortificados.

Las islas Canarias no han suministrado, por el momento, ningún vestigio de la época fenicia arcaica, aunque hay suficientes indicios de la frecuentación de las islas durante la época púnica, como es la imitación a mano por los indígenas de ánforas púnicas de los siglos IV al II a. de C. Se explotó la urchilla, un liquen para obtener un tinte que se obtenía tanto en las islas como en la costa marroquí desde Oumm er Rebia hasta el Sous. Más al sur de Essaouira los fenicios nunca estuvieron anteriormente al siglo IV a. de C.


[1] “Los enclaves fenicios en el África noroccidental…”.
[2] Una isla frente a la costa noroccidental de Argelia.
[3] En el centro de la costa atlántica marroquí.
[4] En El Puerto de Santa María (Cádiz).
[5] De lengua trapezoidal con cuatro muescas o cuatro agujeros de remache. Los bordes cortantes de la hoja son rectilíneos. El mango es de materia perecedera pero la espada es de bronce.
[6] Alcazarquibir.