jueves, 1 de diciembre de 2022

El mar del Sur

 

                                   Parque Arqueológico de Santa María de la Antigua (Colombia)

Existe una constante entre muchos de los exploradores y conquistadores españoles del siglo XVI en América: desobedecer a sus superiores y actuar por su cuenta, ya previendo que el rey aprobaría los objetivos conseguidos o no. Cortés desobedeció al Gobernador de Cuba, Diego Velázquez; Vasco Núñez viajó como polizón en una nave mandada por Ojeda para su gesta de descubrir el mar del Sur; Caboto desvió el objetivo para el que había sido contratado y actuó por su cuenta…

Partiendo de la isla Española, Vasco Núñez de Balboa, ya en el Darién, estaba dotado de los perros de guerra tan comunes en la época. Desde el golfo de Urabá participó junto con Ojeda en la fundación del asentamiento de Santa María de la Antigua[i] en medio de la selva norte (hoy colombiana). Fue el primer asentamiento español en la América continental, aunque desaparecería en 1526.

Tres fuentes son fundamentales para conocer la gesta de Vasco Núñez descubriendo el mar del Sur, que conocemos hoy como Pacífico por sus calmas ecuatoriales: Bartolomé de las Casas, Fernández de Oviedo y Pedro Mártir. La expedición desde La Española fue precipitada y en pleno invierno tropical, decisión de Nicuesa y Ojeda. Obviando a estos, Vasco Núñez se hace reconocer como Gobernador del Darién (este de Panamá) pero llegando la noticia a España el rey Fernando piensa muy pronto en sustituirlo. Vasco recibe refuerzos de Santo Domingo y con 190 españoles[ii], entre ellos dos sacerdotes, perros adiestrados, ballestas, arcabuces y otras armas, canoas y bergantines, llega al cacicazgo de Cureta, donde establece su campamento base.

En todo momento Vasco Núñez ocultó el motivo de la expedición a sus acompañantes, diciéndoles que se trataba de ir en busca de metales preciosos; la comitiva empezó a avanzar pero lentamente, teniendo que soportar las crecidas de los ríos, las ciénagas y la selva de la parte Este del actual Panamá. Delante iban los indios en no pequeño número para abrir camino a base de machetes, y cuando era necesario se construían puentes colgantes sobre los ríos con sogas vegetales.

Eligió en plena marcha a 67 hombres cuando se encontraba en las estribaciones de la serranía de Majé, sufriendo muchas dificultades durante el viaje hasta el monte Urcalla, a unos 380 metros de altitud sobre el nivel del mar, el cual señala Ángel Rubio Muñoz Bocanegra[iii] que fue la altura sobre la que Vasco y los suyos observaron por primera vez el Pacífico, por lo tanto desde un punto relativamente alejado de la costa. Ya en el monte Urcalla y luego en la ribera, Vasco tomó posesión simbólicamente tres veces del Pacífico a favor de la monarquía española, lo que nos ha dejado en su crónica de la expedición Andrés de Valderrábano, el escribano.

Entre los expedicionarios se encontraba Francisco Pizarro, que entonces contaba 45 años de edad, siendo dos días más tarde cuando descendieron hasta la ribera, encontrándose en ese momento la bajamar y comprobaron que el agua era salada: se trataba del golfo de San Miguel. Bartolomé de las Casas, sobre todo, nos ha informado de que Vasco Núñez recibió información de los indios cuevas sobre la existencia de otro mar al sur, lo que explica el interés de aquel en llegar hasta él y descubrirlo, aunque no en su extensión y características para la navegación en este momento. Las Casas tuvo el diario de la expedición de Vasco Núñez, y de hecho se cartearon animándose mutuamente, por lo que los datos facilitados por el dominico parecen ser fiables.

En cuanto a Pedro Mártir, estuvo relacionado con la Corte y pudo conocer información de lo que se hacía y deshacía en América, las iniciativas de unos y los fracasos de otros, dejándonos también una rica información sobre el caso que aquí tratamos. Fernández de Oviedo[iv] nos ha dejado dos obras, entre otras, donde se refiere, aunque no de forma esencial, a la gesta de Vasco: una es su “Historia general y natural de las Indias…”, donde se muestra como un interesado naturalista, y anterior, “Sumario de la natural historia de las Indias”, esta publicada pocos años después de la llegada al Pacífico de Vasco y sus colaboradores.

Vasco Núñez, guiado por los indios, no conocía la geografía de Panamá (el istmo), pues de no ser así hubiese escogido otra ruta menos selvática: el recorrido se produjo precisamente por donde existían más dificultades para abrirse camino entre una vegetación exuberante. Tampoco fue la zona más estrecha del istmo (el este) pero quizá estuvo condicionado por la arribada al golfo de Urabá, próximo a Panamá. En cuanto al relieve sí fue una zona más favorable que la oeste, aunque tuvo que salvar dos sistemas montañosos, uno en la costa atlántica y el extremo oriental de la serranía de Majé. Por entre ambas cordilleras discurre el río Chucunaque, que va a desaguar al Pacífico, afluente del caudaloso Tuira, sumando entre los dos 8.000 km2 de cuenca. A la recortada costa donde desagua este último se asomó Vasco Núñez por primera vez al Pacífico.

Cortés, después de tanta gloria, murió pobre[v], y Vasco Núñez, como otros muchos héroes de las conquistas y exploraciones españolas, pagó con su vida la arbitrariedad, injusticia y engaños de Pedrarias[vi], que manipuló todo lo que pudo y quiso para mandar al cadalso al Adelantado del Mar del Sur. José María Madueño[vii] ha escrito que “de Balboa [Vasco Núñez] quedó un estilo de colonización, una escuela de conquistadores […] y un horizonte infinito para recorrer. De Pedrarias, más sangre, más intrigas, más guerras internas entre españoles y la cabeza cortada de otro conquistador, Hernández de Córdoba (colonizador de Nicaragua)”. En efecto, fueron decapitados Vasco Núñez, Argüello, Botello, Hernán Muñoz y Valderrábano; “a diez o doce pasos de donde los degollaron, […] Pedrarias atisbaba por entre las cañas de la pared de un bohío, que a tanto llegaba su odio”.

Era el año 1519, el mismo en que una armada española se aprestaba a descubrir un paso marítimo para surcar el Pacífico y llegar a las islas de las especias…



[i] Fundado en 1510, hoy al norte de Colombia.

[ii] De los cuales 92 hombres de armas.

[iii] dbe.rah.es/biografias/5273/angel-rubio-munoz-bocanegra

[iv] No entramos aquí en las polémicas con De las Casas sobre la diferente consideración que tenían para cada uno de ellos los indígenas de América, a quienes Oviedo no consideraba verdaderos seres humanos.

[v] Ver aquí mismo “Hidalgo, rico, y al final pobre”.

[vi] Pedro Arias Dávila, noble y político castellano, llegó a ser Gobernador de Castilla del Oro en un momento de gran inestabilidad política en la región, y ha sido uno de los ejemplos más notables de un comportamiento negativo y criminal.

[vii] “Darién, Vasco Núñez de Balboa y el descubrimiento del mar del Sur”.

Ilustración: blog.redbus.co/cultura/parque-arqueologico-santa-maria-la-antigua-del-darien-colombia/

miércoles, 30 de noviembre de 2022

Chaco indómito

La Casa de América ha tenido el acierto de convocar a varios especialistas para hablar sobre un importante espacio geográfico y étnico de América: el Chaco, que se extiende por gran parte de Bolivia, Paraguay, el norte de Argentina y una porción del Mato Grosso brasileño. Predominan las llanuras y los ríos, algunos tan importantes como Paraná, Pilcomayo y Paraguay; al extenderse latitudinalmente se dan diversos climas, desde el húmedo hasta la aridez; y desde el punto de vista humano estuvo habitado durante milenios por pequeños grupos de cazadores nómadas y seminómadas más tarde. En los siglos de la colonización española- escasa- dichas tribus fueron adversarias de los guaraníes.

                       cyt-ar.com.ar/cyt-ar/index.php?title=Archivo:Gran_Chaco_mapa.jpg

Abundando los terrenos pantanosos, los diversos estados interesados en el Chaco, a partir del siglo XIX, han hablado de Chaco boreal, Chaco central y Chaco austral, dándose en todos ellos la aculturación de algunas tribus, la desaparición como identidad cultural y la pervivencia según los casos. Como queda dicho, la colonización española no llegó a dominar este vasto territorio, que sirvió, sin embargo, como tránsito entre los Andes bolivianos y el océano Atlántico. Herib Caballero Campos habla de territorio mítico en la época colonial, consecuencia del desconocimiento que sobre él y sus habitantes se tenía, y fue también una barrera natural para poner en comunicación el oeste y el este de América del Sur.

Pedro de Mendoza, en busca de una supuesta Sierra de la Plata[i], protagonizó con otros una de tantas odiseas como se han dado en la América colonial, pero sin resultado positivo, aunque se trató de la expedición más numerosa en hombres y navíos, pero las dificultades en el remonte de los ríos y la oposición de los indígenas hizo fracasar el intento (1536). El portugués Alejo García, en 1525[ii], había llegado desde el Atlántico a territorio incaico (actual Bolivia) acompañado de varios miles de guaraníes que reclutó durante el viaje, pero los enfrentamientos con los incas hicieron infructuoso el viaje en términos prácticos.

Varias expediciones mandadas por Nuño de Chaves entre los años cuarenta y sesenta del siglo XVI le llevaron a la parte oriental de Bolivia, fundando Santa Cruz de la Sierra. Por las mismas fechas también comandó expediciones Álvar Núñez Cabeza de Vaca, como si no hubiesen sido suficientes los sufrimientos padecidos en su expedición (con tres compañeros) desde Florida, sur de los actuales Estados Unidos, norte y oeste de México, y término en la capital mexica. En una de ellas llegó a Lima en demanda de auxilio para el Río de la Plata, siendo entonces el primero en viajar desde el Atlántico al Pacífico por el interior de América del Sur. Regresó entre 1549 y 1550.

En los años cuarenta Domingo Martínez de Irala, gran conocedor de la zona, pero también protagonista con Cabeza de Vaca y Chaves de conflictos, sufrió un feroz enfrentamiento de los pueblos indígenas en número de varios miles de individuos, a los que tuvo que hacer frente con poco más de trescientos hombres. Quizá sea uno de los casos más notables en el que el uso de la artillería fue determinante. En 1553 Irala inició la expedición que más tarde sería conocida como “la mala entrada”: con ciento treinta hombres a caballo y unos dos mil indios, informado de una revuelta en Asunción, tuvo que regresar. Sofocada la revuelta y castigados los que fueron considerados responsables, reinició la expedición en busca de metales preciosos, pero en un determinado momento se rebelaron sus hombres, que querían el reparto de indios en encomienda, cosa que Irala tenía por “embarazosa y aun en parte escandalosa”[iii]. En todos estos episodios fueron constantes las muertes, enfermedades, contagios y ataques de alimañas, pero el afán de aventura, riqueza, honores y tierras pudo más que cualquier temor. En 1548 llegó con una expedición al Alto Perú, sorprendiéndose porque los habitantes hablaban español, y es que los guaraníes ya habían merodeado estas tierras, además de la relativamente reciente presencia de los Pizarro en ellas; tres años antes se había descubierto el cerro rico de Potosí, en las alturas andinas, al sur de la actual Bolivia.

Herib Caballero señala que se cuentan más de ciento treinta expediciones a lo largo de la historia en el Chaco con la intención de someter a los indígenas, siendo los resultados casi nulos. En la actualidad, más de la mitad del Paraguay es territorio chaqueño, pero un porcentaje muy bajo de los nacionales viven en él.

En 1600 se intentó aprovechar las reducciones jesuíticas con los guaraníes para seguir las exploraciones y búsquedas, lo que llevó a un mejor conocimiento del Chaco por parte de los españoles, pero sería en el siglo XIX cuando la región fue colonizada con una finalidad muy distinta: el empresario Carlos Casado del Alisal invirtió en la extracción del tanino, sustancia que permitiría la fabricación de cuero a partir de las pieles de los animales. El militar e ingeniero Félix de Azara[iv], por su parte, dedicó sus esfuerzos al conocimiento del Chaco en varias obras, una de ellas “Informes de D. Félix de Azara, sobre varios proyectos de colonizar el Chaco” (1836).

María Beatriz Vitard dedicó su exposición a las que llamó “olvidadas en las reducciones jesuíticas”, las mujeres indígenas. En la frontera del Chaco occidental, una de las regiones donde actuaron los jesuitas, lindante con la Gobernación de Tucumán, se encuentra la reducción de Santiago de Guadalcázar, fundada en el siglo XVII, hoy en la provincia argentina de Salta. En la centuria siguiente se dio una guerra en el Chaco por el “rescate” de indígenas, ambición de los hacendados rioplatenses, mientras que los del Tucumán habían sido llevados a Potosí.

En la zona había terrenos concedidos por la monarquía española para que los jesuitas fundasen sus reducciones, localizándose en 1710 la primera en el área estudiada por la autora citada, la cual habla de ellas como “crónicas etnográficas” antes de que existiese la etnografía como ciencia. Estas reducciones estaban marcadas por un fuerte patriarcado, no reconociéndose a los cacicazgos femeninos y negándose todo poder de decisión a las indígenas ancianas. Las crónicas jesuíticas dan una visión negativa de la mujer indígena, siendo el modelo para los jesuitas el de la mujer casta, seguramente inspirados en las ideas de Tertuliano en el siglo III.

Las fuentes hablan de una demonización de la mujer, exigiendo un estricto control sobre la sexualidad indígena; particularmente las mocovies[v] fueron reprimidas, pues existía la costumbre de que las mujeres ancianas (“viejas” en la terminología jesuítica) ejerciesen ciertos poderes, acusadas de brujería cuando seguramente se trataba de ritos ancestrales propios de su cultura, y así se dio un exacerbado rechazo a la autoridad de estas mujeres, que la tenían reconocida por sus naturales en los rituales y el aval al varón que ya se podía considerar guerrero. En la vida económica la más anciana era la que controlaba el reparto del agua en un territorio donde a estaciones lluviosas seguían otras de sequía, y es curioso que la información medicinal que los jesuitas han transmitido proviene de los conocimientos que sobre hierbas y otros productos tenían estas mujeres.

Chiara Vangelista, especializada en el Brasil colonial, habló del Chaco en el horizonte portugués, sobre todo en el siglo XVIII con la presencia de los bandeirantes, los indios “canoeiros” y los caballeros[vi], colaboradores entre sí estos últimos en no pocas ocasiones. La autora señala que el término frontera adquiere tres significados en relación con el Chaco: como límite (lo que es ignorado por los indígenas), franja fronteriza de indeterminada anchura, y la que se produce por las sucesivas oleadas en la ocupación del territorio. El “vacío” del Chaco –dice- es ideológico, no humano; los indígenas vivían de forma muy natural, divididos, colaboradores en ocasiones, ambulantes en busca de sustento, pero no tenían concepto alguno de la defensa del Chaco en su conjunto.

Debe tenerse en cuenta que el siglo XVIII es el del oro del Brasil, descubierto en el río Cuiabá, afluente del Paraguay junto a la frontera de la actual Bolivia, no siendo pocos los indígenas del Chaco que fueron obligados a trabajar en las labores de extracción. Estos indígenas vivían en la marginalidad por la extrema pobreza, pero tenían el control estratégico del territorio, conocían las zonas lacustres, las de maleza, las más aptas para la ganadería, las más propicias a la emboscada, etc.

Los indígenas del Chaco se distinguieron por escapar al control incaico y al control español, siendo su diversidad étnica una característica propia de su primitivismo, pues solo se había producido una aculturación relativa y mutua entre ellos. Refractarios a todo poder político, los chaqueños entraron en el comercio, no obstante, a medida que avanzó el tiempo, pero no tuvieron inconveniente en enfrentarse a los intentos de sujeción por parte de Asunción y de Buenos Aires. Ya desde el siglo XVII conocían el caballo, introducido por españoles, y desde entonces entrarán en territorio brasileño –cuando se dio la ocasión- para robar équidos en las haciendas y otra ganadería mayor.

Los “canoeiros” actuaron en corso a favor de los españoles en determinadas ocasiones, mientras que los indios “caballeros” suministraban productos agrícolas a los guerreros, y con el tiempo los indios chaqueños se extendieron más allá del Chaco, en Brasil (véase el concepto de frontera como resultado de oleadas de ocupación) como en la cuenca del río Cuiabá entre otras regiones.


[i] Ciertos indígenas del Chaco informaron a los españoles de un gran centro de metales preciosos, pero no podía tratarse de Potosí porque sus minas no se descubrieron hasta 1545.

[ii] Véase que varios años antes de la expedición de Pizarro, pero sin resultado conquistador alguno.

[iii] Real Academia de la Historia, dbe.rah.es/biografias/11895/domingo-martinez-de-irala

[iv] Natural de Barbuñales, en el centro de la actual provincia de Huesca.

[v] Nativos del Chaco argentino y otras regiones adyacentes.

[vi] No corresponden a denominaciones étnicas, sino a las establecidas por los conquistadores.

martes, 29 de noviembre de 2022

El contacto con los kaqchikel

 


“Aquí escribiré brevemente las palabras de nuestros primeros padres, [de] nuestros antepasados, de aquellos de quienes nacieron los hombres de antaño, antes de que fuesen habitadas las colinas, las llanuras, cuando sólo existían los conejos, los pájaros, se cuenta, cuando habitaron las colinas, las llanuras, estos nuestros padres, nuestros antepasados, venidos de Lugar de la Abundancia, oh hijos míos.

“Aquí escribiré las palabras de nuestros primeros padres, [de] nuestros antepasados, el primero llamado Volcán, el otro llamado Ventisquero. He aquí, se cuenta, las palabras que dijeron: ‘De allende el mar vinimos, del lugar llamado Lugar de la Abundancia, en donde fuimos procreados, fuimos engendrados, por nuestros antepasados, nuestros padres, oh hijos nuestros; (así) decían antaño los padres, los antepasados, llamados Volcán, Ventisquero, venidos de Lugar de la Abundancia, los dos Varones de quienes nacimos, nosotros los Xahil [“(Los de las) Mansiones del Baile (ritual)”]’”.

Estos son los dos primeros párrafos de una obra que parece completar la escrita por alguien en la actual Guatemala a mediados del siglo XVI, el Popol Vuh, en lengua quiché, donde se habla de tradiciones mayas que se habrían transmitido oralmente. En todo caso es el dominico Francisco Ximénez de Quesada, a principios del siglo XVIII, quien nos ha legado un manuscrito que ha servido para todos los estudios y trabajos posteriores[i]. Esta obra que completa el Popol Vuh se titula “Anales de los Xahil”, un grupo gobernante, probablemente formado por sacerdotes, que dominaron a otros pueblos indígenas antes y cuando llegaron los españoles en el siglo XVI.

El lago Atitlán se encuentra sobre una de las cadenas montañosas que recorren la mitad sur del país, al suroeste, y de hecho el libro de los Xahil se llama también “Memorial de Tecpan-Atitlán”, que ha sido traducido, entre otros, por el profesor Georges Reynaud[ii]. El libro fue escrito en idioma kaqchikel por miembros de la familia gobernante de los Xahil, entre ellos Francisco Hernández Arana Xajilá, y luego alfabetizado por los frailes franciscanos al principio de la cristianización.

El libro debió ser llevado a la ciudad de Sololá, cerca del lago Atitlán, y relata la historia y mitología del pueblo kaqchikel, que se habrían ido conservando oralmente hasta que llegó Pedro de Alvarado con sus hombres a Iximché, al este del lago, con afanes de conquista. Toda la obra está inspirada en un panteísmo muy propio del contacto con la naturaleza (el Volcán, el Ventisquero), teniendo en cuenta que la región es muy volcánica y las fuerzas de la naturaleza influirían en los kaqchikel y en los quichés, situados algo más al norte; también se nos habla de prácticas de canibalismo ritual, de las guerras contra los quichés y otros pueblos, de la alianza inicial con los españoles (que luego se tornaría en guerras), pero también se nota la influencia del cristianismo, por eso se ha supuesto que la primera redacción pudo haberse producido a mediados o en la segunda mitad del siglo XVI.

Hay, pues, una parte mítica, pero en cuanto al contenido histórico supera claramente al Popol Vuh, constando declaraciones testimoniales de indios conversos, un relato mítico de las antiguas tribus, datos históricos de los sucesos de esta región guatemalteca y noticias acerca del linaje de los Xahil, aportando también información sobre los mayas.

El texto de arriba hace referencia al origen del mundo, cuando no existían los seres humanos pero sí algunos animales y los accidentes geográficos (montañas, llanuras), siendo el Lugar de la Abundancia, quizá, aquel del que proceden los humanos y al que estarían destinados. Como en otra parte del texto se habla de que la llegada de los primeros hombres vinieron de donde el sol desciende, se supone que tenían idea de proceder de algún lugar del oeste, el océano Pacífico, y es curioso que se diga que los primeros nacieron de dos “Varones” primigenios, quizá con atributos míticos para producir la progenie más allá de las cualidades sexuales de los mismos. El estilo es poético y quizá pretenda informar de la importancia del linaje gobernante, los Xahil.

Alvarado, por su parte, se internó en Guatemala por el sur siguiendo una dirección sudeste, valiéndose de sus aliados del altiplano mexica, tlaxcaltecas  entre otros, mientras que Cortés lo hizo desde el Petén. La conquista del territorio estuvo llena de dificultades, sin faltar las enfermedades que los invasores inocularon a los indígenas, lo que produjo muchas muertes. Asedios, alianzas y revueltas se sucedieron, prolongándose la conquista, de forma discontinua, hasta principios del siglo XVIII.



[i] Nacido en algún lugar de Andalucía en 1666 y fallecido en 1722.

[ii] Nacido en Nancy en 1893 y murió en 1975.

Jefes militares en América latina

 

                                                            eldiario.net/diario/sigl.html

Es correcto decir que las guerras de independencia americanas de la monarquía española fueron guerras civiles, no solamente porque los ejércitos enfrentados estaban formados por peninsulares y americanos, sino porque en los ejércitos patriotas hubo disensiones, enfrentamientos y guerras que alargaron el proceso. La idea simplista de que hubo solo dos bandos, uno realista y otro patriota, no obedece a realidad alguna.

Sobran los ejemplos para confirmar lo dicho, pero aquí nos vamos a referir a Andrés de Santa Cruz, nacido en 1792 de padre español y madre mestiza, heredera esta de un cacicazgo o curacazgo, por lo que pertenecía a la nobleza española[i] y a la andina. El mismo Santa Cruz primero luchó en los ejércitos del rey de España hasta que fue derrotado, y bien por conveniencia, por convicción o por sentido de la realidad (corría el año 1820 y las cosas pintaban mejor para los patriotas) se pasó al bando que había combatido desde 1815, si bien siendo entonces muy joven.

La independencia de Perú y Bolivia, como otros casos[ii], se produjo en combinación de las fuerzas partidarias de la independencia, pero con no pocas desavenencias y traiciones entre ellas. Un ejemplo es la guerra federal entre el sur y el norte, con participación indígena, que enfrentó a ejércitos peruanos, bolivianos y argentinos, contra ejércitos chilenos y argentinos entre 1836 y 1839, por lo tanto cuando ya los ejércitos españoles se habían retirado de sus antiguas colonias[iii]. Parece que Santa Cruz siempre aspiró a una confederación o unión entre Perú y Bolivia (este último país fue conocido durante mucho tiempo como Alto Perú), y el mismo Santa Cruz llegó a ser Presidente del Gobierno peruano durante el mandato de Simón Bolívar; luego aspiró a presidir el país pero fue elegido José de la Mar (1827), dedicándose entonces a conspirar junto con otros hasta conseguir destituirlo. De la Mar había estado al servicio del Virreinato del Perú, luchó en el ejército realista antes de pasarse a los patriotas, y como queda dicho, fue Presidente del Perú después de haber colaborado con Bolívar en tareas gubernativas. Parece un ejemplo más de guerra civil entre americanos, pero hay muchos otros.

A Bolívar se le considera en América latina “el libertador”, pero lo cierto es que su política de unión territorial en la Gran Colombia fue traicionado por sus colaboradores, entre los que se encuentra José de la Mar. Aquí no pretendemos hacer una valoración negativa de estos caudillos militares, pues su protagonismo durante las guerras de independencia de la metrópoli española les encumbró social y políticamente; razón por la que aspiraron a llevar adelante sus propios proyectos, en muchos casos personales, como ocurrió en España tras las guerras de 1808 y 1833.

No se entiende la historia política de América latina de los siglos XIX y XX sin tener en cuenta el protagonismo del ejército, un estamento que pretendió sustituir o colaborar con las aristocracias respectivas, con los hacendados o dueños del dinero y con las potencias europeas emergentes, particularmente Inglaterra y Francia.

A tal punto esta interpretación se puede considerar correcta que fueron muchos los casos en que, independientemente de las políticas llevadas a cabo, en ocasiones modernizadoras, la pretensión de perpetuarse en el poder fue constante, como constante la sucesión de constituciones políticas hechas al dictado del grupo hegemónico en cada momento; y de ahí los continuos golpes de estado, asonadas, pronunciamientos y guerras civiles que lastraron a las jóvenes repúblicas. El periplo vital y político de Andrés de Santa Cruz antes, durante y después de la independencia de Perú y Bolivia, muestra en una sola persona lo que decimos, hasta el punto de que de exaltarlo pasó a ser denostado.

Son pocos los casos en los que, tras unos años de servicio al Estado, se produjo una retirada ordenada a los empleos civiles o militares correspondientes. La permanente tentación de los jefes militares (incluso los de mediano escalafón) a interferir en el la vida política de los países es evidente.



[i] El ascendiente más antiguo conocido era oriundo de la actual provincia de Cáceres, y ya estaba al servicio del Rey, como militar de alta graduación, a finales del siglo XVII.

[ii] Los Estados que formaron la Gran Colombia, los territorios del istmo americano, el conflicto bonaerense con las provincias, el caso de Venezuela, etc.

[iii] Aunque se suele hablar de reinos y no de colonias cuando se trata de Nueva España, Perú, Guatemala, etc., en otros casos se acepta el término colonia en un sentido amplio. La batalla de Ayacucho, en 1824, se considera la última derrota militar española.

lunes, 28 de noviembre de 2022

Tiwanaku

 

                                           Cabezas esculpidas y empotradas entre los sillares

Entre el oeste de Bolivia, el sur de Perú y el norte de Chile se desarrolló, en un largo período de tiempo, la cultura Tiahuanaco. Con sus sacerdotes y cultos, sacrificios y otros ritos, no parece diferenciarse de otras muchas culturas, antiguas y más recientes, pero también presenta características singulares que se desarrollaron durante un largo período antes y después de Cristo. Bajo las casas excavadas se han encontrado enterramientos colectivos, bien conservados en los casos en que las condiciones climáticas así lo han permitido, pero no así en las zonas andinas, donde la abundante humedad y las lluvias ecuatoriales habrían hecho su trabajo.

En la Puerta del Sol de Tiwanaku, centro religioso y yacimiento al sur del lago Titicaca, se ha creído durante mucho tiempo que se representa al dios Wiracocha, pero lo cierto es que esta divinidad es de época inca, muy posterior. Las construcciones presentan grandes sillares bien labrados, precedente de lo que mucho más tarde veremos en Machu Picchu.

Las casas, según muestra la arqueología, eran de planta cuadrangular, y piedras apiladas han sido interpretadas como ofrendas; también se han conservado “observatorios místicos”, consistentes en unas piedras que sostienen, como si de una gran mesa se tratase, otra mayor sobre aquellas. Monolitos y caras encajadas entre los sillares de las edificaciones son propias de esta cultura. Algunas de las áreas donde se desarrollaron las formas de vida tiawanaku son áridas y desérticas, sobre todo en las costas del sur de Perú y norte de Chile, donde el régimen de lluvias es mínimo, pero en las zonas montañosas de Bolivia, los taiahuanacos construyeron canales de regadío que permitieron la agricultura.

Los principales yacimientos se encuentran al sur del lago Titicaca, más concretamente al sur del lago Winaymarka, que está en comunicación con el primero por un estrecho canal a una altura media de 3.900 metros sobre el nivel del mar. Al sureste está el yacimiento de Konchamarka, y más al este el de Cochabamba, entre la selva Chapare y el valle Quillacollo. En el sur de Perú hay varios yacimientos en el valle de Moquegua, y en el norte de Chile está el yacimiento de Azapa, en el valle del mismo nombre y cerca de Arica; más al sur se encuentra el yacimiento de San Pedro de Atacama.

La larga duración de la cultura Tiawanaka, desde mediados del segundo milenio antes de Cristo hasta el s. XII d. de C., ha obligado a los especialistas a hacer una periodización que, no obstante, está hoy puesta en cuestión: la etapa de las aldeas, la de la aparición de ciudades y la del imperio (otros hablan de Tiwanaku I, II, III, IV y V). Los datos apuntan a que se trató de un estado teocrático, siempre que no demos a la palabra “estado” un significado estricto, llegando más adelante a la división del trabajo, la arquitectura colosal, obras hidráulicas, agricultura, sacerdotes y otras culturas absorbidas por Tiwanaku. También se discute si esta cultura llegó a constituir realmente un imperio, lo que implicaria ejércitos y guerras, pues no se han hallado fortificaciones, aunque sí una gran zanja que rodea el yacimiento principal. Se ha llegado a sugerir una guerra más bien ritual que convencional.

La época que se ha conocido como imperial (estando en cuestión hoy en día lo acertado o no de esta denominación) va desde el 700 al 1200 d. C., cuando la decadencia cultural daría paso a una mayor intensidad de las relaciones entre Tiwanaku y el resto de las regiones bajo su influencia cultural. Lo cierto es que no hay evidencias de conquistas, pero sí influencias religiosas desde un centro a todos los territorios bajo su influencia cultural, e igualmente el comercio y la evidencia de migraciones; tampoco han aparecido armas ni siquiera en los ajuares. Sería la época de artesanos especializados, pesca en los lagos, ganadería de llamas y alpacas, etc. El templo de Kalasasaya, por ejemplo, es una muestra del trabajo de la piedra, habiéndose construido, al parecer, orientado según interesó para interpretar las diversas estaciones del año, lo que es común a muchas otras construcciones de diversas épocas y países. Piedra que también fue empleada para esculpir estatuas en monolitos, además de elementos decorativos como serpientes, felinos, y otros antropomorfos, habiendo sido identificada esta iconografía como heredada de época anterior,

En cuanto a la cerámica lo más destacado son los vasos de boca ancha, decorados con colores negro, naranja, rojo, y en ocasiones con incisiones, pero no son la cerámica y los monolitos los únicos soportes para las decoraciones: telas con iconografía muy diversa y madera también se han conservado, sobre todo en los casos donde el clima seco de Perú y Chile lo han permitido.

Tiwanaku, como yacimiento, es el más excavado de Bolivia, según el antropólogo José Luis Paz, habiéndose convertido en un símbolo de identidad sobre todo en La Paz, donde los motivos tiawanakos aparecen en edificios públicos, aeropuertos, etc. También se han descubierto zonas de paso en los valles orientales de los Andes. En todo caso, según el arqueólogo Juan Villanueva, se observa una gran diversidad por la topografía, la costa, el interior y los recursos disponibles. Entre los dos yacimientos estudiados en el norte de Chile no hubo influencia Tiawanaku (Azapa y San Pedro de Atakama), lo que habla de una cierta discontinuidad geográfica. Sin embargo parece evidente la influencia entre la cultura wari (en la zona occidental de Perú) y la tiawanaka, aunque estas interacciones fuesen irregulares en el tiempo

Por lo que respecta al yacimiento de Tiwanaku, no reúne las condiciones de una ciudad en un sentido estricto, pero sí está documentado que albergó a una cantidad de población numerosa y que fue un centro ceremonial. En las zonas montañosas (Bolivia) se han comprobado pisos ecológicos para la práctica de la agricultura, donde fue cultivado el maíz, la yuca, papa y frutales entre otros productos. La evidencia de boleadores habla de sociedades pastoriles donde las llamas serían los animales principales.

Hoy se sabe que el lago Titicaca ha descendido su nivel, en los últimos años, 30 cm., lo que indica que cambios climáticos a lo largo del tiempo pudieron haber producido efectos parecidos, en un sentido o en otro. ¿Qué impresión tendrían las mujeres y los hombres de épocas remotas, que observasen estas variaciones en contacto con la naturaleza, que tenían creencias animistas, que han tenido como dios al Señor de los Báculos en el dintel de la Puerta del Sol?

 

sábado, 26 de noviembre de 2022

Contacto religioso entre indios y monjes

 

                                                             Ilustración en el Popol Vuh

La religión prehispánica en América estuvo ligada muy hondamente a la naturaleza, los astros, los ritos, las autoridades indígenas y a la madre tierra. El “Popol Vuh” recoge mitos e historias de los quichés, habitantes de una región central de la actual Guatemala. En dicho libo se aprecia la espiritualidad y la tradición de un pueblo que, en muchos aspectos, son comunes a otros pueblos indígenas.

Las danzas de los matachines, por ejemplo, tienen una tradición milenaria, según el profesor José Rubén Romero Galván, y los indios tenían una cosmovisión mítica sobre el origen de su ser, subyaciendo una idea sobre el tiempo y el espacio, con divinidades que tenían diversas funciones respectivas. También creían en etapas separadas por grandes cataclismos, en lo que se ha visto el sentido trágico de la religiosidad mexica.

Los dioses luchaban entre sí, y ello daba lugar a la sucesión de los días y las noches, y antes de que nada existiera era la inactividad. Los ritos eran llevados a cabo con regularidad en el gran templo de Tenochtitlan, pero también había ritos domésticos, como ofrecimientos y abluciones que empezaban con el amanecer, antes de emplearse los miembros de la familia en cada uno de sus quehaceres.

La misión apostólica de las órdenes mendicantes primero, otras después, consistió en entrar en contacto con estos ritos y en la comprensión de estas cosmovisiones que los indios, en ocasiones, no veían tan distantes de las predicaciones. El clero regular en América promovió el encuentro de Dios con el hombre, de la misma forma que el indio se sentía permanentemente en contacto con sus divinidades. Por otra parte hubo una gran similitud entre los calendarios indígenas y los llevados desde España, tanto el anual de 365 días como el litúrgico, calendario lunar, desde adviento a la pascua.

Una vez que se extendió la colonización y el cristianismo a partir de ciudades preexistentes o fundadas ex novo, fueron consideradas como lugares consagrados, con sus iglesias y conventos, las llamadas a oración por medio de las campanas que recordaban la divinidad al conjunto de la población. Por otro lado estaba la riqueza de los símbolos y las imágenes, que en ocasiones fueron asimiladas a la iconografía indígena.

Las sepulturas en los templos, antes de que se establecieran camposantos, recordaban permanentemente a la muerte y a la otra vida oída en las predicaciones, pero también imaginada por los indios en sus creencias religiosas. Se ha considerado que los sueños han tenido una importancia fundamental en esto, pues al despertar se era consciente de que otro “yo” y otros seres deambulaban por una vida trascendente.

En todo caso el impacto en los indígenas con la cristianización fue evidente, según el profesor Romero Galván, al sentir una desazón por no coincidir las nuevas enseñanzas con lo aprendido de sus antepasados, y así lo expone Bernardino de Sahagún en sus “Coloquios”. Después de que llegasen a la Nueva España los primeros franciscanos en 1524, Cortés escribió al rey demandando el envío de más, pues era el clero regular el que verdaderamente tenía formación.

En el núcleo de todas las religiones indígenas había un común denominador animista, aunque luego se observen variaciones según pueblos y regiones, pues hay que tener en cuenta que no hubo contacto entre ellos en la mayor parte de los casos. El dominico Fray Diego Durán ha dejado una obra como historiador[i] que, al conocer el náhuatl, le permitió ahondar en las creencias indígenas y adaptarse mejor a su sensibilidad religiosa. El cristianismo americano, por su parte, asumió ritos y ofrendas de las religiones prehispánicas, y todo ello fue visto como compatible con la guerra, las traiciones, las matanzas y la crueldad…



[i] “Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme”.

viernes, 25 de noviembre de 2022

La nobleza indígena contra Hidalgo

 


“Los Ayuntamientos indígenas del valle de México y de la ciudad de Tlaxcala se manifestaron contra el movimiento de Hidalgo y se pronunciaron a favor de la Monarquía”. Así comienza una conferencia impartida por Margarita Menegus donde relata el estatuto alcanzado por los caciques, miembros de cabildos y otros individuos de la nobleza indígena en Nueva España. La razón de que dicha nobleza indígena no se sumase al levantamiento de Hidalgo es que temía por sus privilegios si las cosas cambiaban.

El Cabildo indígena de la parcialidad de San Juan (Dionisio Cano Moctezuma, Francisco Antonio Galicia y Joseph Teodoro Mendoza) mostró su lealtad al rey Fernando VII, censurando a los levantados, y otros Cabildos siguieron el mismo comportamiento: Tlaxcala se opuso a Napoleón y se ofreció a combatirle en favor de la monarquía española, y esto –dice la autora citada- fue una constante.

¿Cuáles eran los privilegios de la nobleza indígena para temer su pérdida? En primer lugar el derecho a mantener sus puestos que desde el siglo XVI se habían heredado, en muchos casos, dinásticamente. La Orden de los Teclex había sido creada por el rey de España a favor de dicha nobleza indígena, y toda una ceremonia se llevaba a cabo para confirmar los privilegios cuando se trataba de suceder un cacique a otro; a cambio se les exigió que renunciasen a los sacrificios humanos y a las idolatrías (estamos todavía en el siglo XVI).

Esta nobleza llevaba en sus ropas la divisa de la monarquía, y fue considerada nobleza como la española; se le concedieron escudos y títulos desde 1530 y otros privilegios fueron el blasón exclusivo y el reconocimiento de la antigüedad del linaje. Podían esculpir sus armas familiares en los edificios de su propiedad y también en sus tumbas.

También gozaron de derechos procesales: trato personal del virrey en los casos en que el encausado fuese un miembro de la nobleza indígena, tanto para asuntos civiles como criminales y eclesiásticos, y ya en el siglo XVII se creó el Juzgado General de Indios. También tuvieron fuero propio, pues no podían ser juzgados por jueces ordinarios, sino por sus pares; la Audiencia, por su parte, tenía competencia exclusiva en el caso de caciques.

Una cédula de 1696 señaló que “los indios debían ser preferidos en todos los oficios… recogiéndolos en conventos”, pero esto se refirió a todos los indígenas y no solo a la aristocracia. Fueron apareciendo indios que quisieron estudiar en la Universidad de México, y que alegaban como mérito el que sus familias habían ocupado cargos al servicio del rey. También tuvieron derecho a empadronarse en libros para nobles, y en el entierro de cada uno de esos caciques todos los vecinos estaban obligados a asistir, preparándose el evento con gran pompa. El enterramiento era dentro de la iglesia, contrariamente al común de la población, indígena o no, y cuando más cerca del presbiterio, mayor categoría se le reconocía, la que ya había disfrutado en vida.

La aristocracia indígena fundó cofradías de las que sus miembros fueron patronos, es decir, una reproducción de lo que ocurría en la península Ibérica. En cuanto al tratamiento fiscal, estaban exentos de pagar todo tipo de tributo desde el siglo XVI, y cuando las reformas borbónicas intentaron que este derecho afectase solo al cacique y al primogénito, pero no al resto de la familia, un Congreso de nobles caciques aprobó una resolución que dirigió al rey, consiguiendo que se anulase la pretensión inicial.

En cuanto a la educación, la Universidad de México, fundada en 1551, no discriminó nunca por razón alguna, ni de raza ni de condición social, aunque es evidente que si se estaba obligado al trabajo o no se había alcanzado la formación suficiente, difícilmente podrían todos ingresar a dicha institución. Tampoco se exigía limpieza de sangre para cursar estudios en dicha Universidad. Tres instituciones, el Colegio Mayor de Todos los Santos, el Colegio de Abogados y el Convento del Corpus Christi para indias cacicas, estuvieron a disposición para su ingreso en ellas de la nobleza indígena, si bien en el primero nunca ingresó indígena alguno, y dos a finales del siglo XVIII en el segundo.

Cuando Felipe V en 1725, creó de manos de los jesuitas el Real Seminario de Nobles de Madrid, estuvo abierto tanto a la nobleza hispana como a la criolla, mestiza e indígena de América. Hubo un intento de crear en 1791 un Colegio de Nobles americanos en Granada, cuyo mentor fue el capuchino José de Montealegre, el cual ya advirtió al rey del peligro de desórdenes mayores en América, particularmente en Colombia y Perú. En medio de los conflictos internacionales en que se vio la monarquía española, el colegio no se abrió.

Volviendo atrás, Nicolás de San Luis Montáñez, en el siglo XVI, fue un destacado cacique indígena que, como otros, dirigió cartas al rey argumentando sus méritos para obtener el escudo de armas (que diseña el propio cacique) y otros privilegios, luciendo la cruz de Santiago como símbolo de la participación en la lucha contra los infieles (en el caso de Nueva España contra los chichimecas del norte). En ocasiones los caciques indígenas ordenaron ilustraciones en códices con su imagen respectiva y sus méritos, sobre todo militares, en una gran cartela.

Cuando Hidalgo[i] se alzó en el pueblo de Dolores (Guanajuato) en 1810 ¿qué razones habrían de tener los nobles indígenas para aventurarse en no se sabe a dónde? Lo primero eran sus privilegios; no parece que hubiese sentimiento patriótico alguno, cuestión que era privativa, quizá, de una minoría ilustrada y romántica, sino la defensa de intereses muy antiguos y que se consideraban sagrados.


[i] Le acompañaron en la acción revolucionaria Juan Aldama e Ignacio Allende.

jueves, 24 de noviembre de 2022

Los virreyes de la Nueva España

La profesora Enriqueta Vila Vilar ha estudiado el papel desempeñado por los Virreyes de Nueva España en los siglos XVII y XVIII, pero al mismo tiempo ha establecido varias diferencias entre la mayor parte de dicho tiempo y el reinado de Carlos III, cuando más novedades se intentaron con suerte varia. Curiosamente, mientras la metrópoli sufría durante el siglo XVII el agotamiento por el esfuerzo bélico de más de un siglo, Nueva España vivía un florecimiento que no ocultaba, sin embargo, las desigualdades sociales y la trata negrera, además de la merma de la población indígena por las enfermedades contagiosas, fundamentalmente.

Sobre 7,5 millones de kilómetros cuadrados, al menos nominalmente, los Virreyes de Nueva España gobernaron vastos territorios al sur y oeste de los actuales Estados Unidos, México y Mesoamérica, además de las islas Filipinas, incorporadas a dicho Virreinato. Octavio Paz, en cierta ocasión, ha señalado que la historia de México nace en las naciones indígenas precolombinas, continúa con la Nueva España y luego con la República, aunque estos dos últimos regímenes hayan intentado negar al anterior; otros, por su parte, han indicado que los territorios españoles en América no fueron colonias en el sentido que luego se dio a ese término, sino reinos que ya antes de la llegada de los españoles, tenían sus soberanos, emperadores, caciques u otras autoridades.

El Virreinato es una antigua institución española que ya existía en Aragón e Italia, por lo que cuando se trata de organizar política y administrativamente la América española, se recurre a ella. Los Virreyes eran la máxima autoridad militar (Capitanes Generales), judicial (Presidían la Audiencia) y gubernativa (Gobernación), pero tenían además autoridad sobre Corregidores, Alcaldes Mayores y eran Vice-patronos de las diócesis, consecuencia del Derecho de Patronato desde los Reyes Católicos, contrapartida para que España se encargase de la cristianización de los pueblos de Indias. Ya en las Antillas se intentó crear un Virreinato para los Colón pero fracasó por estar inmaduro el proyecto.

Algunos Virreyes de Nueva España llegaron a dar tal brillo a sus Cortes que sobresalían entre algunas de las europeas, consecuencia del simbolismo que pretendían imprimir a una sociedad compleja y multicultural, difícil de gobernar, donde a la población indígena se sumaba la negra, los mestizos, los criollos y los peninsulares, además de otros europeos. Algunos de los Virreyes fueron clérigos (arzobispos) y otros militares, no faltando los pertenecientes a la más alta nobleza hispana.

Pero ya Cervantes, en un pasaje del capítulo XI de la primera parte del “Quijote”, hace sentir que los años finales del siglo XVI y los primeros del XVII, no son lo mismo, a sus ojos, que los de las grandes conquistas. En efecto, uno de los cometidos de los Virreyes en la Nueva España fue combatir el fraude fiscal, que se localizó sobre todo en los puertos de Veracruz y Acapulco, además de construir baluartes en las zonas costeras para combatir las embestidas de las potencias marítimas rivales de España, completar una legislación no pocas veces incumplida incluso por quienes la promulgaron, y velar por el avance de la evangelización en contacto con el clero: la Virgen de Guadalupe que se puede ver en la mayor parte de las iglesias del actual México, no es sino trasunto de una diosa indígena.

Pero como el poder de los Virreyes era mucho, empezaron a llegar los Visitadores para hacer sus averiguaciones sobre rectitud, honestidad, cumplimiento del deber, etc., sabiéndose en la Corte de España que la vastedad del territorio obligaba a los Virreyes a delegar para presidir Audiencias y Gobernaciones alejadas de la capital virreinal. Por eso se limitó a unos pocos años el mandato de los Virreyes, pero lo cierto es que mientras unos duraron en el cargo apenas un año, otros pasaron de diez. También se empezaron a hacer Juicios de Residencia al final de cada mandato, asunto que preocupaba mucho a los Virreyes, a tal punto que no podían abandonar el cargo hasta que dicho juicio llegaba a sus conclusiones: algunos fueron detenidos al llegar a España. Sea como fuere, seguían llegando las remesas de plata a España, primero hasta el puerto de Sevilla y luego al de Cádiz, como ha constatado J. Elliott.

Un ejemplo notable fue Juan de Palafox, Virrey primero y visitador después, pero también obispo de Tlaxcala, que destacó por sus fundaciones y varios conflictos con los jesuitas. Otro es el caso de Pedro Moya de Contreras, también Virrey, luego visitador y arzobispo, que destacó en su labor fiscalizadora por ordenar el encarcelamiento de varios administradores acusados de corrupción; su actuación fue tan radical que se le ha considerado temerario por los subordinados.

Militar fue el Virrey Antonio de Bucarelli, ya en el siglo XVIII, que destacó por su oposición a José de Gálvez, el encargado de una serie de reformas en la Nueva España entre las que estaban el establecimiento de intendencias, institución de marcado carácter económico vetada a los criollos, lo que preparó la animadversión hacia la metrópoli. Bucarelli fue un reformador convincente, y su autoridad se extendió de tal manera que hasta que cesó en el cargo, Gálvez no pudo llevar a cabo sus innovaciones. Este último, de formación jurídica, quiso implantar un sistema de intendencias que venían dando buen resultado en España, pero se vio con la expulsión de los jesuitas de América y tuvo que hacer frente a las muchas protestas de la población por ello.

La Corte Virreinal estaba formada por la familia del Virrey, los criados y paniaguados, además de los que pululaban en busca de un beneficio o prebenda. El lujo era la norma, más notable durante el siglo XVIII, a lo que contribuyó la importancia que adquirió la ciudad de México, a escala mundial, durante dicha centuria. En la Plaza Mayor se estableció el palacio virreinal junto a la Audiencia, la catedral y el Ayuntamiento, mientras la ciudad se desparramaba con una marcada forma rectangular. Los majestuosos recibimientos cuando llegaba un nuevo Virrey dan ocasión a pensar en el gran poder que ostentaban, pero también en la adulación de los servidores y la importancia económica de Nueva España. Ya a principios del siglo XVII el poeta Bernardo de Balbuena se había hecho eco de lo que decimos en su obra “Grandeza Mexicana”.

Los virreyes se hicieron retratar, e igualmente varios miembros de su familia y altos cortesanos; una forma de mostrar el rango alcanzado y el deseo de inmortalidad, lo que trataba de imitar la elite criolla. No en vano los productos asiáticos arribaban a Acapulco en el galeón de Manila, y el Virrey correspondiente ordenaba el comercio, controlaba al clero y trataba de proteger a los indios (o al menos esa era su obligación legal); aquella era una sociedad patriarcal y anti-igualitaria. El duque del Alburquerque, como Virrey, estuvo empeñado en que llegasen los recursos económicos a España para sostener la guerra de sucesión a la Corona borbónica en el cambio de dinastía; otro Virrey, el duque de Linares, permitió a Inglaterra la trata negrera en Nueva España en un intento de equilibro solo entendible desde la mentalidad de la época, pero se preocupó de las deudas contraídas por los trabajadores del campo, situación que heredó de su predecesor. El marqués de las Amarillas, como Virrey, favoreció la colonización de zonas mineras y tuvo que mediar en la pacificación de poblaciones norteñas, muy alejadas de la capital y poco integradas en el Virreinato, teniendo que combatir a los comanche de Texas en otro ejemplo de desarraigo y falta de integración de los pueblos más alejados.

En general los Virreyes se ocuparon de que funcionasen los Tribunales de Justicia, de recomponer la fiscalidad mermada por el contrabando, crearon fábricas entre las que destaca la de tabacos, reformaron el ejército y contribuyeron a la expulsión de los jesuitas que, en la medida en que provocó las protestas de la población, tuvieron que combatirlas.