domingo, 10 de noviembre de 2019

Roma combate a Filipo V


Tetradracma de Filipo V de Macedonia (221-179 a. C.)

Enterado Tito –dice Plutarco[i]– de que los generales que le habían precedido en Macedonia, Sulpicio y Publio, habían llevado la guerra con flojedad, se propuso no imitarles sino dedicar con empeño a la guerra todo el tiempo en el que ejerciese su autoridad, no importándole los honores y prerrogativas que en la ciudad de Roma le correspondían. Pidió, pues, al Senado, que permitiera a su hermano Lucio para que, a sus órdenes, mandase la armada, y tomando de las tropas que con Escipión habían vencido a Asdrúbal en España, y en África al mismo Aníbal (unos tres mil hombres), “dio vela al Epiro con la mayor confianza”.

Hacía tiempo que Publio guardaba los desfiladeros y gargantas del río Apso[ii], frente a las tropas de Filipo, pero la situación se encontraba estática por lo inexpugnable del terreno, por eso se dedicó Tito a recorrerlo y observarlo, llegando a la conclusión de que “son aquellos lugares no menos fuertes que los del valle de Tempe[iii], pero no presentan aquella belleza de árboles, aquella frescura de los bosques, ni aquellos prados y sitios amenos”. Los grandes y elevados montes de una y otra parte van a parar a un barranco profundo por el que discurre el río Apso, “que en su aspecto y rapidez se parece al Penco”.

Hubo quien propuso a Tito que fuese a dar la vuelta por otra región donde el camino era más transitable, pero temió que, no habiendo cosechas, a su ejército le faltasen los víveres, por lo que decidió marchar con su ejército por las montañas y “abrirse paso a viva fuerza”. Ocupaba Filipo las montañas, donde se dieron reñidos combates, habiendo muertos de unos y otros. Pero en esta situación se presentaron unos pastores diciendo que había cierto rodeo que los de Filipo no conocían, ofreciéndose a conducir al ejército de Tito contando con un personaje principal entre los epirotas, afecto a los romanos.

Tito creyó a los pastores, ordenando a un tribuno que, con cuatro mil infantes y trescientos caballos, yendo de guías los pastores atados, reposasen por el día procurando ocultarse entre rocas y matorrales, haciendo el camino de noche a la luz de la luna, “que estaba en su lleno”. Mientras, el ejército de Tito trepó denodadamente por los desfiladeros, cuando un humo en forma de neblina de los montes impidió que le viera el enemigo. Pero cuando el humo o neblina tomó más cuerpo se oscureció el aire, lo que a duras penas permitió a los de Tito ver que los de arriba (los que estaban en la cumbre de la montaña) era el ejército mandado por su tribuno.

Empezó entonces una lucha contra los de Filipo, aunque no pocos se entregaron a una precipitada fuga, muriendo dos mil o menos, porque los malos pasos impidieron que se les persiguiese, tomando los romanos mucha riqueza, tiendas y esclavos, discurriendo los de Tito por el Epiro con sosiego, aunque sus soldados no habían recibido las raciones mensuales por falta de acopios.

Cuando Tito supo que Filipo atravesaba la Tesalia como un fugitivo, incendiando ciudades, entregando a sus tropas al saqueo y al pillaje, como si hiciera cesión del país a los romanos, Tito encargó a sus soldados que fuesen tras él, comprendiendo muy pronto que las ciudades se pasaban a los romanos, mientras que los griegos de las Termópilas[iv] “suspiraban por Tito”. Los aqueos, separándose de la obediencia a Filipo, le hicieron la guerra en compañía de los romanos.

Plutarco escribió, en sus “Vidas paralelas”, que Pirro[v] se había asombrado al ver a un ejército romano desde una atalaya, así como que a Tito Quincio Flaminio le aceptaban las ciudades y que incluso Filipo quiso negociar con él ofreciéndole la paz con la condición de dejar independientes a los griegos, a lo que Tito se negó, viendo entonces los griegos que no eran ellos a los que el general romano venía a hacer la guerra, sino a los macedonios. Se pasaban a Tito todos los pueblos –según Plutarco- y habiendo entrado en la Beocia sin aparato de guerra se le presentaron los primeros ciudadanos de Tebas, aunque su ánimo estaba con el rey de Macedonia, pero agasajando al romano como si tuviesen amistad con ambos. Tito les recibió, pero continuó su camino y llegó a la capital juntamente con los tebanos, aunque aquella no era de su partido, procurando entonces atraérsela con la ayuda del rey Atalo[vi], que en ese trance “cayó sin sentido” y fue llevado a Asia (Pérgamo), muriendo a los pocos días. Es el momento en que los tebanos abrazaron la causa de Roma.

Filipo envió entonces embajadores a Roma, y Tito también consultó al Senado si podía seguir la guerra prorrogándole el mando. Cuando recibió el permiso se encaminó hacia la Tesalia teniendo a sus órdenes “sobre veintiseis mil hombres, para cuyo número habían dado los etolios seis mil infantes y cuatrocientos caballos”. Partieron en busca unos de otros, y habiendo llegado a Escotusa (ciudad de Tesalia), allí pensaron que se produciría la batalla. Los macedonios con el recuerdo de Alejandro, cuyo nombre iba acompañado de la idea del valor, y los romanos por querer aventajar a los persas que habían sido vencidos por el rey macedonio. Entonces –dice Plutarco- Grecia era “el más brillante teatro” para la guerra.

Filipo, en cambio, como observara el vuelo de unas aves, creyó que no era el momento de la batalla, pero al día siguiente, después de una noche húmeda y lluviosa, “degenerando las nubes en niebla, ocupó toda la llanura una oscuridad profunda”. Los enviados de una y otra parte en guerrillas y en descubierta, trababan pelea en las llamadas Cinocéfalas[vii], lugar de cumbres agudas y collados espesos. Se alternaban las situaciones de perseguir y ser perseguidos hasta que, despejado ya el aire, los ejércitos se acometieron con todas sus fuerzas, con la dificultad de la aspereza del terreno.

Cuando los romanos consiguieron desbaratar a una parte del ejército macedonio, persiguieron a los que huían, hiriendo y acosando a los que eran alcanzados, pero en breve también los romanos se desordenaron y empezaron a huir arrojando las armas, muriendo por lo menos ocho mil, y unos cinco mil quedaron cautivos. Si Filipo pudo salvarse, la culpa fue de los etolios (según Plutarco), que se entregaron al pillaje y saqueo… La paz de esta segunda guerra macedónica llevada a cabo por el belicoso Senado romano, no llegaría hasta 196 a. C.

Tito Quincio Flaminio es retratado por Plutarco como “pronto para la ira y para los favores”, pero con ventaja para esto último. Queriendo ascender en el mando con rapidez, tuvo dificultades, pues hubo quien se opuso a que, sin haber seguido el “cursus honorum” que era habitual, fue elegido cónsul en 198 a. C., a la edad de treinta años. Fue educado en las costumbres militares por haber tenido Roma, en su época, muchas guerras (en realidad siempre) y “ser este el arte que aprendían los jóvenes”. Primero fue tribuno en la guerra contra Aníbal a las órdenes de Marcelo[viii], entonces cónsul, pero al morir este, Tito fue nombrado prefecto de la región tarentina y luego del mismo Tarento, después de ser recobrado.




[i] Vivió entre mediados del siglo I y el año 120 d. C.
[ii] Al oeste de la actual Albania, desemboca en el mar Adriático. Es el actual Seman.
[iii] En Tesalia
[iv] En Tesalia.
[v] Vivió entre finales del siglo IV y 272 a. C. Rey de Epiro en dos ocasiones y de Macedonia.
[vi] El primero con ese nombre de los que fueron reyes de Pérgamo.
vii] Literalmente, cabeza de perro
[viii] Militar romano que participó en la segunda guerra púnica.

sábado, 9 de noviembre de 2019

Nobleza llamada bastarda

Castillo de los Vélez en Mazarrón (Murcia)

La bastardía, a partir del siglo XVI, va a ser penalizada por la Iglesia, que excomulga al casado que viva con concubina, según han estudiado, entre otros, Juan Hernández Franco y Raimundo A. Rodríguez Pérez[i]. También las Cortes, a partir de las leyes de Toro, que consideran se discriminaría, si no, a los hijos legítimos. En 1542 el rey Carlos, por cédula dada en Valladolid, dice que “los hijos de padres hidalgos, legitimados por el rey no se entiendan exentos de pechos y contribuciones”. Felipe II, posteriormente, señaló que “los hijos ilegítimos, legitimados por cartas o privilegios reales no se entiendan serlo para gozar de la hidalguía ni exención de pechos”. No estaban los tiempos para renunciar a recursos que procedían de los que, perteneciendo a las clases privilegiadas, podrían aspirar a no pagar impuestos, aunque el rey hubiese legitimado su situación.

Poco a poco, incluso, el término “bastardo” va a tener una connotación peyorativa, y será una de las cuestiones que las Reglas y Establecimientos de las órdenes militares indicaban que se debían averiguar en los pretendientes al hábito, aunque en la práctica habrá muchos casos de indulgencia en lo referente a la bastardía. Para que no se concediera la indulgencia era más relevante no pertenecer a una familia noble, si se tenía una “mancha” étnica o se habían desempeñado oficios “viles”.

Cuando antes se había sido tolerante con los bastardos, hasta el punto de que un hijo ilegítimo de los Médici llegó a ser papa (Clemente VII), el hijo espurio de Fernando el Católico, Alfonso de Aragón, que llegó a ser obispo de Zaragoza, y Juan de Austria era hijo ilegítimo del rey Carlos, hacia comienzos del siglo XVII ya no será así. Tendrán problemas para adquirir un hábito de orden militar los hijos de solteros o de casados con solteras, considerándose una ignominia. Pero las casas nobiliarias, tras asimilar a los hijos bastardos como propios, no dudaron en solicitar las dispensas regias correspondientes, no difíciles de lograr ya que los papas actuaban tolerantemente en estos asuntos, logrando además otro beneficio, pues conseguido el hábito, se reforzaba la cohesión del linaje.

M. Lambert-Gorges ha señalado que “el caballero de hábito es la representación más viva de la ‘armadura’ de la sociedad cristiana”, lo que se complementa con la observación de Domínguez Ortiz de que el hombre del barroco puede pecar contra la moral, pero nunca contra la fe. Y las órdenes militares, a partir de 1516, aunque la santiaguista en la segunda mitad del siglo XVI, insistirán en la legitimidad matrimonial y paternal. Tanto la Iglesia como la Monarquía quieren que las órdenes asuman la noción de familia cristiana establecida en Trento, pero esto no es una “imposición” exclusiva de la Iglesia católica, sino también de otras Iglesias oficiales –particularmente la anglicana-, aunque quienes han estudiado esto convienen en que la efectividad de tales disposiciones como medio de control de la tasa de ilegitimidad personal es dudosa.

En el País Vasco el 81% de los pretendientes a un hábito fueron ilegítimos, y entre las causas que debían haber impedido a los candidatos al hábito, el 46% fueron por el defecto de la ilegitimidad… Luego vendrán las dispensas. Pero –dicen los autores a los que sigo- conseguir el hábito no impidió la ocultación de la mácula de bastardía. En el caso de Mula (Murcia) los informantes del hábito al que aspiraba un miembro de los Fajardo, fueron un caballero y un fraile, hábito que aceptó el rey Felipe III. En dicha localidad, de los 39 testigos examinados, solo uno rehuyó emplear la palabra bastardo.

Otro aspecto interesante es el de la mujer legítima, por ejemplo María Pimentel y Vigil de Quiñones, esposa del IV marqués de Vélez, que asume con naturalidad la existencia de hijos ilegítimos de su esposo, quizá por lo molestar la tranquilidad de la forma de vida aristocrática. Pero también el Consejo de Órdenes propone “la solución a la particular actitud desviada de un miembro de una destacada casa aristocrática de Castilla”, que en modo alguno –dice- puede empañar la notoria trayectoria de la familia y sus servicios a la Corona. Y así, el monarca dará el visto bueno para que sus agentes en Roma presenten al papa Pío V una petición de dispensa, lo que este acepta con cierta rapidez (1621). El beneficiario, en este caso, es un bastardo que no podría acceder a la orden militar de Santiago, pero lo consigue por este medio donde los que hacen la ley la incumplen: el aspirante tenía 16 años…

Cuando se ha de informar la solución a una solicitud de hábito, el ser bastardo no es el mayor inconveniente (que ya vemos se dispensaba), sino el ser converso o ejercer oficios “viles”. De todas formas, el valor de los hábitos descendió a lo largo del reinado de Felipe IV, dado el número de ellos que se concedieron. Baltasar Cuart señala que en el caso de Pedro de Portocarrero, hijo bastardo del conde de Medellín, para ingresar en el Colegio del Salvador de Oviedo, aquella condición no es el problema, sino que se descubre tiene sangre conversa. Con el paso del tiempo la bastardía se considera una ignominia menor, máxime cuando la nobleza española estuvo muy presta a reconocer a la mayoría de sus bastardos, que formaron un grado más de parentesco.

A finales del siglo XVII el VI marqués de Vélez tuvo tres hijas ilegítimas, a las que se recluyó en sendos centros religiosos: a una en Oropesa, a otra en las Huelgas de Burgos y a la tercera en Santa Clara de Madrid. Las dos primeras recibieron pensiones de cuatrocientos ducados anuales cada una, pero la tercera solo trescientos pesos.

Algunos autores han estudiado los casos en Francia y Rusia y ponen de relieve la poca frecuencia con que los nobles legitimaban a sus bastardos, lo que representaba una dificultad para alcanzar un estatus relevante, mientras que en Castilla no pocas veces vive el bastardo en la casa nobiliaria, sino que se sienta a la misma mesa y es tratado como un hijo más. En el siglo XVII ya se empezarán a ver los bastardos de nobles que viven desdichados por haber sido abandonados por sus padres, pero Bernabé Moreno de Vargas[ii] escribió, en sus “Discursos de la nobleza…”, que “hay en Castilla… confirmada por los reyes... que los hijos bastardos y espurios sucedan a sus padres en la nobleza e hidalguía que tuvieren, puesto que sea contra el derecho común y real que dispone lo contrario… lo cual parece se ha de entender con solos los hijos de los Grandes y Ricoshombres…”.



[i] “Bastardía, aristocracia y órdenes militares en la Castilla moderna…”. En este trabajo se basa el presente resumen.
[ii] Emeritense, vivió entre 1576 y 1648.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Muerte de Darío

https://www.livius.org/articles/place/bactria/ (*)

Hay muchas dudas sobre el escritor Quinto Curcio Rufo, que parece vivió en el siglo I de nuestra era. Quizá fue un rétor[i] que menciona Suetonio[ii] en una de sus obras, pero a tal punto ha existido una controversia sobre Curcio que algunos autores lo sitúan incluso en el siglo III. De su obra “Historia de Alejandro Magno”, formada por diez libros, se han perdido algunos y en el V se relata la muerte de Darío, el rey persa con el que terminó la dinastía Aqueménida, pues el imperio de esta cayó en manos de Macedonia.

Se ha considerado que las fuentes en las que se basa son bastante sólidas, preocupación que parece demostrarse en su obra, pero estuvo muy influido por la historiografía de Tito Livio, coetáneo de Augusto. No obstante se han detectado errores en la obra de Curcio, tanto cronológicos como geográficos. Es uno de los representantes de la historiografía helenística, pintándonos a un Alejandro con sus vicios y virtudes que termina destrozado por el éxito. Su estilo muestra la influencia del estoicismo y destacan las descripciones de lugares exóticos por los que va pasando el ejército de Alejandro, del que nos deja información sobre la clemencia que tuvo con la familia de Darío, pero también de la crueldad que demostró con Clito[iii] y Parmenión[iv].

Vayamos a la narración sobre la muerte de Darío: en una fuente a donde el macedonio Polístrato fue llevado por los del país para saciar su sed, vio que había un cierto número de caballos que morían por las heridas que habían recibido. Entonces, Polístrato se acercó más y “reconoció en un grosero carro cubierto de pieles a Darío, cargado de muchas heridas y ya en los últimos trances de la vida, si bien conservando aún algún corto aliento”. Se acercó a él uno de sus prisioneros para hacer de intérprete, al que Darío dijo que “en aquel deplorable estado a que le había reducido su fortuna le quedaba a lo menos el consuelo de hablar con quien le entendiese y de no malograr sus últimas expresiones”.

Pidió Darío que se le dijese a Alejandro que moría deudor de sus beneficios, dándole gracias por la “suma benignidad” con que, bien lejos de parecer enemigo, había tratado a su madre, a su mujer y a sus hijos, habiéndoles conservado no solo la vida sino también el mismo decoro y grandeza que habían mantenido antiguamente, mientras que sus más cercanos parientes y amigos, debiéndole tanto, le habían privado con torpe ingratitud. Pedía a los dioses que prosperasen las armas de Alejandro, “haciéndole monarca del universo”, mientras deploraba a Beso, sátrapa de Bactria, que le había traicionado (a la postre fue su asesino) haciéndose llamar Artajerjes V durante dos años (en realidad nominal).

Finalmente, faltándole ya el aliento a Darío, pidió beber, y habiendo tomado un poco de agua, se expresó: “¡Oh, tú, cualquiera que seas [Polístrato]…”, añadiendo que esperaba le remunerase Alejandro, que “la única prenda que me ha quedado de mi real fe y afecto es esta mano derecha, ruégote que se la des por mí”. Tomó la mano de Polístrato “y rindió su espíritu”. Informado Alejandro emprendió camino a donde estaba Darío muerto, llegando, tomó su manto y le cubrió, le hizo embalsamar y adornar con pompa regia, enviándolo a Sisigambis[v] “para que le hiciese enterrar a usanza de los persas y poner en el real sepulcro de sus antecesores”.

Pero antes de todo esto narra Curcio la persecución que el ejército de Alejandro había emprendido contra Darío. El primero sabía de la “infelicidad” en la que se encontraba Darío (llegado el año 330 a. de C.), pues Beso, temiendo la presencia del vencedor, dejó con los suyos a Darío cargado de muchas heridas y se dieron a la fuga. El rey persa había salido de Ecbatana (antigua capital de Media) y llegó a Tabas (un oasis), huyendo a Bactria, pero mejor informado el babilonio Bagistanes (colaborador de Alejandro), dijo que Darío se encontraba a corta distancia de donde estaba el macedonio, “abandonado o muerto por los suyos”. Emprendió Alejandro, entonces, una carrera abierta y llegó a la aldea donde Beso había hecho prisionero a Darío. El resto, con algunas vicisitudes que narra Curcio, es lo dicho sobre la muerte de Darío, su agradecimiento a Alejandro, probablemente para salvar la vida de su familia, y los honores que uno rindió a otro y este pronunció sobre aquel[vi] (ver, aquí mismo, “Terroríficos reyes”).



[i] Que enseña retórica.
[ii] Vive algunas décadas más tarde que Curcio.
[iii] Colaborador de Filipo II de Macedonia y de Alejandro, se atrevió a criticar a este y, en una lucha, fue muerto por Alejandro, no obstante el arrepentimiento que luego atormentó al macedonio. En cuanto a Parmenión, fue acusado de intentar traicionar a Alejandro.
[iv] La base de esta información se ha obtenido de “Interclássica”.
[v] Esposa de Darío.
[vi] Libro V de la obra de Curcio.
(*) Imagen de un bactriano en una de las escaleras de la Apadana de Persépolis.

jueves, 7 de noviembre de 2019

Templarios en el Maestrazgo turolense

Río Gudalope
(https://www.aragon.es/-/rio-guadalope.-salto-de-la-cueva)
Iglesuela[i] recibió en 1242 su carta puebla de manos de los templarios, dentro de la bailía de Cantavieja. El nombre de Iglesuela del Cid recuerda el paso del guerrero castellano por estas tierras. Mirambel fue templaria en el siglo XIII, y recibió la carta puebla en 1243: “damos y concedemos a los cuarenta pobladores y sus descendientes de Mirambel… aguas, caminos, montes, bosques, pastos, carrascales y en general todas les pertenencias que suelen darse en todo poblamiento”.

Pío Baroja pasó una temporada en Mirambel. En su obra “La venta de la Mirambel” nos habla de la singularidad del Maestrazgo. En Castellote se encuentra un castillo templario que, cuando la orden del Temple fue disuelta a principios del siglo XIV, resistió con las armas en la mano. En este pueblo se puede observar en su abrevadero una serie de figuras medievales, donde destacan unas salamandras, animal que se asocia con el fuego, pues se creía que eran incombustibles. Las salamandras de Castellote acompañan a una “dama” que nos remite a cultos matriarcales.

En Cantavieja, en la iglesia de San Miguel, encontramos la tumba del “último templario”. En Bodón hay una virgen negra en la iglesia de la virgen del la Carrasca, evocación de las diosas negras egipcias y de los cultos matriarcales de oriente. El templo es una construcción templaria del siglo XIII.

En el castillo de Culla, a comienzos del siglo XIV, se formó una de las concentraciones más fuertes del Temple en el mundo occidental. Una vez disuelta la orden, las bailías turolenses pasaron al poder de la Orden de San Juan de Jerusalén (hospitalarios), dependientes de la castellanía de Amposta (Tarragona), mientras que los territorios valencianos fueron entregados a la Orden de Montesa, nacida en 1319.

El Maestrazgo turolense está formado por quince municipios en la actualidad: Allepuz, Bordón, Cantavieja, Cañada de Benatanduz, Castellote, La Cuba, Fortanete, La Iglesuela del Cid, Mirambel, Miravete de la Sierra, Molinos, Pitarque, Tronchón, Villarluengo y Villarroya de los Pinares, además de la entidad local de Las Cuevas de Cañart y las pedanías de Montoro de Mezquita, Abenfigo, Las Planas, Los Alagones, Dos Torres del Mercader, Ladruñán, La Algecira y El Crespol.

Cañada de Benatanduz, a más de 1.400 metros sobre el nivel del mar, cuenta con un sólido edificio del siglo XVI que fue hospital para pobres y donde hoy se encuentra la sede del Ayuntamiento. Podemos preguntarnos cómo fue posible que, en lugar tan apartado, los templarios estableciesen una de sus sedes, dándole carta de población a finales del siglo XII. En Castellote (al nordeste de la actual provincia de Teruel) destacan las ruinas de su castillo templario sobre el roquedo, la iglesia gótica de San Miguel y un arco abierto en una esquina entre dos muros.

Iglesuela del Cid, en la raya con la provincia de Castellón, aún conserva parte de las murallas, siendo la mayor parte de su patrimonio monumental posterior a la Edad Media. Mirambel, a casi mil metros de altitud, también tiene murallas y edificios a donde llegó el gusto renacentista. Miravete de la Sierra, a 1.200 metros de altitud, forma parte de los territorios influidos por el Temple, como Molinos y Pitarque, en la primera villa se encuentra una iglesia de estilo gótico flamígero del siglo XV (Nuestra Señora de las Nieves) y la segunda a 1.000 metros de altitud.

Tronchón es un pueblo a 1.100 metros de altitud con calles y casas muy singulares, que se han mantenido sin mancilla a lo largo de los siglos, y Villarluengo recibió carta puebla del rey Alfonso II de Aragón, confirmada por los templarios poco después de la muerte del rey. Villarroya de los Pinales, a más de 1.300 metros de altitud, cuenta con una gran torre de planta cuadrada.

Las Cuevas de Cañart es una población amurallada y Montoro de Mezquita se encuentra a 1.000 metros de altitud, muy cerca de los Órganos de Montoro, una gran roca en cuyas proximidades corre el río Guadalope, afluente del Ebro, y Abenfigo se encuentra en una hondonada respecto de la orografía montuosa del Maestrazgo turolense…

En todos estos territorios actuaron los templarios para su reconquista a favor de la monarquía aragonesa, hasta el punto de que permutaron, en 1291, sus posesiones en Tortosa por estas del Maestrazgo. El esfuerzo de repoblación, dice Miguel Giribets[ii], fue muy grande en el siglo XIII, después de terminada la conquista a manos cristianas de las tierras de Valencia. Cuando la Orden del Temple fue violentamente disuelta a comienzos del siglo XIV, supuso una tragedia socio-cultura (seguimos en esto a Miguel Giribets) para una sociedad en la que los templarios estaban bien enraizados. Aquí los templarios eran dueños de la tierra y, al mismo tiempo, dice Ávila Granados”[iii], señores de la población, en estas tierras se desarrolló la doma de caballos y en las herrerías y fraguas se hacían las armas de hierro, trabajando al mismo tiempo los caldereros, cordeleros, albañiles, yeseros y demás oficios en sus talleres. Tres encomiendas templarias dominaron toda esta organización, la de Cantavieja, la de Castellonte y la más pequeña de Villarluengo.



[i] En su ermita de la virgen del Cid se ve el laberinto en forma de espiral hecho con pequeñas piedras en el suelo, peregrinación simbólica en la que el peregrino recorre una ruta para acabar en el punto central.
[ii] Historiador del esoterismo en la antigüedad y la Edad Media.
[iii] “Templarios en el Maestrazgo”.

lunes, 4 de noviembre de 2019

"Sobre la agricultura" de Varrón

(*)
La ciudad de Reate, hoy Rieti, está en el centro de Italia, al nordeste del Lacio y en medio de los Apeninos. Por esta ciudad pasaba la vía Salaria, que unía Roma con Castrum Truentinum, en la costa adriática, al sur de San Benedetto del Tronto. En Reate nació Marco Terencio Varrón, que vivió entre finales del siglo II y el año 27 a. de C.

Sus padres eran campesinos, aunque hay autores que defienden pertenecían al orden ecuestre. Varrón fue discípulo de Lucio Accio, poeta trágico también de origen humilde, quien puso a Varrón en contacto con Quinto Lutacio Cátulo y Valerio Sorano, complicado el primero en la vida política de su época y el segundo, poeta y tribuno de la plebe.

Varrón se adscribió al estoicismo, la corriente filosófica más común entre los ilustrados durante varios siglos de la civilización romana, pero quizá lo más importante en su formación le vino de haber conocido a Cicerón. En la Roma de su época era muy difícil pertenecer a las clases dirigentes de la sociedad y no tener cargos oficiales, los militares entre ellos, por lo que Varrón, a principios del siglo I a. C., ejerció como auxiliar en un juzgado ya a la edad de 18 años. Luego fue cuestor y, en 78 a. de C., legado en Iliria, siendo cónsul Gayo Cosconio, un aristócrata que había estado complicado en la guerra social.

Varrón estuvo luego en Hispania entre el 76 y el 72 a las órdenes de Pompeyo, regresando a Roma en 71 a. C., donde ejerció como tribuno de la plebe y edil curul. A mediados del siglo I a. C. debió dedicarse a escribir, porque no se le ve en ninguna actividad pública, pero en 49 a. de C. está mandando dos legiones en Hispania Ulterior, en relación a la guerra civil alineado con Pompeyo, lo que luego le perdonó César. Pero no dejó de tener problemas por las banderías de la época: tras la batalla de Farsalia (48 a. C.) huyó a Corfú y más tarde volvió a Italia pero, después de varias vicisitudes, decidió esconderse en la villa de su amigo Quinto Fufio Caleno[i].

Lo que más nos interesa aquí es su estudio sobre la agricultura, habiendo publicado una, “Sobre la agricultura” (De re rustica), escrita cuando tenía ochenta años de edad según él mismo dice.

Varrón comienza esta obra dirigiéndose a alguien de la gens Fundania: “Como has adquirido una finca, la cual desearías que, bien cultivada, te diera los mejores frutos, me pides que  me preocupe de ello y te dé mis consejos”. Para empezar su obra dice dirigirse a los principales dioses “que presiden los trabajos de los labradores”, y luego cita a muchos de los que han escrito sobre agricultura, el más famoso Magón de Cartago, que escribió en lengua fenicia y recogió en veintiocho libros todo lo que se encontraba disperso en muchas obras publicadas antes que él. Anuncia que de los tres libros en los que va a dividir su estudio sobre las cosas del campo uno lo dedicará a la agricultura, otro a la ganadería y el tercero al cuidado de los animales en granjas.

Inicia luego una conversación en la que Agrasio pregunta a Agrio si conoce alguna tierra que esté mejor cultivada que Italia, a lo que contesta Agrio que no, y más adelante Estolón, dirigiéndose a Escrofa, le dice: “Tú, que eres superior a nosotros en edad, en rango y en saber, debes decirnos algo sobre estas cosas”, a lo que contestó Escrofa que la agricultura no solo es un arte sino algo grande y necesario; sus principios son la tierra, el aire, el sol y el agua, como había señalado Ennio[ii]. Se refiere Varrón luego a los muchos libros escritos por Teofrasto[iii], probablemente a la obra que conocemos como “Sistema Naturae”, que le ha valido la consideración de “padre de la botánica”, obra escrita con intención de aportar conocimientos a la medicina.

Entra después en los terrenos más apropiados para cada una de las plantas: en las montañas se dan árboles resistentes al frío, como abetos y sabinas, además de madroños y encinas, mientras que en las llanuras, los chopos y los sauces, los almendros y las higueras; en las colinas bajas, los frutales y, en cuanto a cultivos, las llanuras se deben destinar al trigo mientras que en las vertientes las viñas, distinguiendo entre los campos de Apulia y los del Vesubio.

Relata luego que cuando iba al frente del ejército, en la Galia Transalpina, junto al Rin, llegó a ciertas regiones donde no crecían las vides, ni olivos ni otros árboles frutales, y que las gentes de dicha región empleaban una especie de greda blanca como abono. Catón –continúa- haciendo una clasificación de los diversos terrenos, “distingue nueve clases, colocando en primer lugar aquellos en los que se dan las viñas que producen buen vino y abundante; en el segundo las huertas que pueden regarse”, siguiendo luego las tierras donde se dan los sauces, los que son buenos para los olivos, los prados, los campos para el trigo, los terrenos donde se dan los árboles que se cortan, las tierras donde se crían arbustos y, por último, los terrenos donde se encuentran árboles que dan bellotas. No todos –reconoce- están de acuerdo con esta ordenación, poniendo en primer lugar a los prados. Y César Vopisco[iv] “dijo que la campiña de Rósea[v] era la comarca nutricia de Italia”, “en donde un timón de arado olvidado el día anterior no se podía encontrar al día siguiente a causa de la hierba que lo cubría totalmente”.

Entra luego Varrón en consideraciones sobre los diversos tipos de viñas: rampantes, sin estacas (como las de España), y las de altas cepas “que llamamos rodrigadas, tan abundantes en Italia”, entrando luego en los diversos modos de medir los campos, según se trate de la Hispania Ulterior, la Campania, la Campiña romana y el Lacio. Recomienda colocar las construcciones en las faldas de los montes poblados de árboles, donde los pastos sean abundantes, que se encuentren bien resguardados de los vientos y que la orientación sea la más saludable.

En las fincas debe haber una habitación para descansar los criados, así como para resguardarse del calor y del frío; el capataz debe de estar cerca de las puertas de la bodega y de la cocina, pues vigilar estar partes es importante y en el corral se deben guardar los carros y las herramientas. Las fincas que están cerca de los mercados (de las ciudades) gozan de ventajas, pues en aquellos se pueden vender violetas, rosas y otras flores, estacas, pértigas y cañas. En toda finca se deben recoger las aguas de la lluvia o de un río para formar una especie de piscina, con el objeto de que se puedan refrescar los animales en los días de mucho calor, y debe haber al menos uno o dos estercoleros, donde se acumula el fiemo (abono animal).

Distingue los cercados de las fincas con troncos de madera, recordando los campos de su patria, Reate, los cercados de piedra en Tusculano (en los montes Albanos), los de ladrillo cocido en la Galia, los de adobe que emplean los sabinos y los cercados de tierra y piedras que ha visto en España y en el campo de Tarento (sureste de Italia). Valora esto porque conoce la existencia de vecinos que intentan depredar los campos cultivados, citando el caso de Oelia, en Cerdeña, así como en España cerca de Lusitania.

La contratación de los obreros –dice Varrón- debe hacerse por año, elogiando a los esclavos del Epiro, que en su época eran los mejores y los más caros al comprarlos. Deben darse –dice- honores a los capataces, así como mejor alimentación que a los demás y una buena acogida. Cita a Catón[vi] (autor de otra obra, “Sobre la Agricultura") hablando de la servidumbre: una plantación de olivos de 240 yugadas necesita trece esclavos, un mayordomo y su esposa, cinco obreros, tres boyeros, un borriquero, un porquero y un pastor; además es precisa una yunta de bueyes, por lo menos.

La tierra rica no es apta –dice Varrón- para cualquier simiente; la pobre es apta para leguminosas y garbanzos (en realidad el garbanzo es una leguminosa). En las tierras ricas se deben cultivar hortalizas, trigo, centeno y lino, mientras que otras plantas se siembran porque mejoran las tierras, como es el caso de los altramuces y las habas. El espárrago necesita tierras secas y umbrosas, mientras que la mimbrera para obtener mimbres con los que se hacen cestos, las estacas de las viñas y las gavillas exigen la existencia de matorrales.

Varrón dice que entre el solsticio de verano (se refiera al comienzo de dicha estación) y la canícula, se hace la siega de las mieses, porque el trigo debe estar quince días en su tallo, quince días en flor y otros quince en su espiga, hasta su madurez. En ese mismo terreno, a continuación, se siembran las arvejas (variedad de los guisantes), lentejas, guisantes y otras leguminosas, así llamadas porque no se siegan, sino que la palabra viene de “legere”, coger.

Más adelante explica Varrón los trabajos de cavar, binar y alinear para las viñas o los huertos de frutales; labrar y cavar para los cereales y hortalizas… Los cipreses –dice- extienden poco sus raíces, mientras que las de los plátanos adquieren un gran desarrollo, citando a Teofrasto, que había disertado sobre un plátano de Atenas, en el Liceo. Los prados, según Varrón, no necesitan ninguna preparación, como no sea la de impedir la entrada en ellos de los animales desde el momento en que los perales están en flor, y la de regarlos si son regables. Sigue con el estercolado de los campos, la siembra y las épocas propicias para cada planta, injertos, etc.

Dice, en fin, que “por su manera de obrar hay que admirar muchas cosas en los seres naturales”, terminando con referencias a diversas regiones en orden a su ganadería: las ovejas y los cerdos de Frigia, las cabras de Samotracia, los cerdos de Licaonia (al sur de Anatolia), los bueyes salvajes de Dardania (en el estrecho de los Dardanelos), Media y Tracia, los asnos salvajes en Frigia y Licaonia, los caballos salvajes de la Hispania Citerior…

[1] Influyente político romano de la época final de la República.
2 Dramaturgo y poeta de los siglos III-II a. de C.
3 Griego de los siglos IV-III a. de C.
4 A finales del siglo II a. de C. formó parte de un grupo que estudió la forma en la que se aplicaba la lex frumentaria, impulsada por el tribuno de la plebe Lucio Apuleyo.
5 Donde crecen árboles cuya flor es de color rosa.
6 Vivió entre 234 y 149 a. de C. No confundir con Catón “el joven”.

sábado, 2 de noviembre de 2019

Una antigua ciudad china

Pieza de jade

El lago Taihu y el yacimiento de Liangzhu se encuentran al este de China, donde están las ruinas de una antigua ciudad cuyo momento de esplendor estuvo, según los expertos, en el cuarto milenio antes de Cristo. El hallazgo de una gran pieza de jade tallado en esas ruinas confirma la existencia de una cultura que tuvo su centro, o uno de ellos, aquí.

La pieza pertenece un tipo de artilugios de jade (“El País”, 29 de agosto de 2019) en forma de tubo, pero con la parte exterior de sección cuadrada. Por su enorme tamaño y sus 6,5 kg. de peso, se ha tomado muy en consideración, pues no solo se trata de uno de los más grandes encontrados en dichas ruinas, sino también el que tiene una de las decoraciones de emblemas sagrados más complejas.

No obstante, el yacimiento contiene mucho más que tallas de jade, pues el área central de la ciudad abarca 14,3 km2. e incluye once presas y varios cementerios, habiendo estado habitada esta ciudad durante más de un milenio. Según la UNESCO, “las ruinas de Liangzhu… revelan que existió un antiguo estado en época neolítica china que se basaba en el cultivo del arroz”. Destacan también sus monumentos, el sistema de conservación del  agua y enterramientos, que parecen revelar cierta jerarquización social.

Los estudios están siendo dirigidos por Liu Bin, del Instituto provincial de Reliquias y Arqueología de Zhejiang, revelando que solo el interior de la ciudad ocupaba 2,8 km2. y la parte exterior, 6,3 km2. Las investigaciones que se han llevado a cabo entre 2010 y 2016 muestran que contaba con un complicado sistema de represas, y el experto Wang Ningyuan ha señalado que “los canales no solo evitaban las inundaciones, sino que servían de vías de transporte en una época en la que no había vehículos ni caballos domesticados. El agua de las vías navegables se almacenaba en un depósito artificial que se estima tenía unos 13 km2.

En 2007 las excavaciones desvelaron que las murallas del recinto, levantadas en barro con cimientos de piedra, tenían un grosor enorme, pero ya en 1936 se habían excavado más de diez yacimientos neolíticos y se encontraron distintos objetos de cerámica negra. En la década de los cincuenta del siglo pasado salieron a la luz piezas similares alrededor del lago Taihu, pero no fue hasta 1986 cuando los expertos encontraron la pieza que hoy se considera emblemática y que se ha llamado “rey de los cong”. Apareció en un cementerio bajo tierra durante la construcción de una fábrica.

En la región citada aparecieron también once tumbas con, aproximadamente, 1.200 objetos, el 90% de ellos de jade. Luego se desenterraron doce tumbas más con unos 700 objetos. Desde entonces se sabe que en Liangzhu adoraban a una deidad con forma humana montada sobre una máscara animal, cuya representación se repite en todos los objetos de jade. Los expertos creen que la autoridad aunaba divinidad y realeza, y el jade era símbolo de estatus social (por su belleza, decoración, etc.), habiendo pertenecido el “rey de los cong”, probablemente, a algún alto gobernante que además tendría el poder religioso[i].




[i] Fuente: “El País”, 29 de agosto de 2019.
Ver: https://www.youtube.com/watch?v=spvY5IQXnZw

viernes, 1 de noviembre de 2019

Anamensis


Woranso-Mille es un yacimiento arqueológico que se encuentra en la región de Afar, en Etiopía. Allí se encontró, en 2016, el fósil de un cráneo casi completo de un homínido que vivió hace unos 3,8 millones de años, llevando al equipo de Yohannes Haile-Selassie, investigador etíope del Museo de Historia Natural de Cleveland (Estados Unidos), al estudio del mismo, publicando luego los resultados en la revista “Nature”. Se trata del cráneo de un australopithecus anamensis.

Los cambios en el clima llevaron a los animales, también los homínidos, a entrar en competencia entre sí, de forma que, en un larguísimo período de tiempo, estos últimos consiguieron elevarse sobre sus piernas, dejar liberadas sus manos para coger cosas y convivir, durante unos 100.000 años, con otros homínidos llamados australopithecus afarensis (el fósil más importante es Lucy)[i]. Los anamensis no son los primeros homínidos que comenzaron a andar sobre sus pies dejando las manos libres; otras especies como “Ardi”, que vivió desde hace unos 4,4 millones de años, también en la actual Etiopía, o sahelanthropus tchadensis, una especie de más de seis millones de antigüedad, cuyos fósiles se han encontrado en Chad, ya empezaron a ponerse de pie, pero seguían pasando gran parte del tiempo colgados de los árboles.

Los anamensis vivieron en un entorno más bien árido, dominado por arbustos y herbazales, según el investigador Luis Gibert, y estas condiciones les empujaron a caminar con mucha más frecuencia. El anamensis del cráneo encontrado vivió en un tipo de sabana donde el acceso a los alimentos dependía de las estaciones, lo que le obligó, junto a sus congéneres, a desplazarse.

Este anamensis[ii] tenía una cara muy parecida a la de sus coetáneos y descendientes afarensis, pero la parte trasera del cráneo recuerda al más antiguo sahelanthropus, con unos 370 cm2 de capacidad. Sus caninos tienen, en proporción, un gran tamaño, con dimorfismo sexual (diferencias entre machos y hembras) y la estatura de este homínido no debía superar el metro.

Véase el toro supraorbital en la fotografía, la casi ausencia de frente, el adelantamiento de la mandíbula y la falta de la parte posterior del cráneo, mucho más pequeño que el de un homo actual.



[i] Ver aquí mismo “Los primos de Lucy”. Igualmente, "No humanos, pero erguidos como nosotros".
[ii] Se ha registrado como MRD-VP -1/1.

Terrorismo en la Rusia zarista


(*)
La gran extensión del imperio ruso al llegar el siglo XIX, hizo que surgieran multitud de organizaciones opositoras al régimen zarista, que a todas luces mantenía a los diversos países bajo su mando en el atraso respecto a otros europeos.

No es posible dar una fecha exacta de la fundación del Partido Socialista Revolucionario –dicen Daniel Gaido y Maximiliano Jozami[i]- y más bien se formó de la fusión de varios grupos revolucionarios en pasos sucesivos. El primer número del periódico del partido, editado por Chernov[ii] y Gots[iii], “Rusia Revolucionaria”, apareció en enero de 1901, pero este partido, debido a su heterogeneidad ideológica, no estuvo preparado para esbozar un programa siquiera provisional, y de hecho no tuvo uno hasta principios de 1906.

Gots contribuyó a la financiación del partido porque su familia se había hecho rica con el negocio del te; tras volver del exilio en Siberia se unió a Chernov, teórico del partido, y los dos fueron miembros de la primera dirección junto con Natanson[iv] y Rusanov[v]. Por su parte, Vera Zasulich, escritora marxista, había atentado contra el general Trépov a principios de 1878 (ella contaba 28 años) a quien se culpaba de torturar a los presos políticos. Trépov sobrevivió pero este hecho tuvo importantes consecuencias, pues el juicio contra Zasulich fue visto como una arbitrariedad por parte del Estado; siendo absuelta, las autoridades la intentaron detener de nuevo pero ella había huido.

El artículo de Zasulich, “La tendencia terrorista en Rusia”, publicado a finales de 1902, pretendió contextualizar la obra de Lenin “¿Qué hacer”, publicada poco antes. En otra parte del artículo la autora explica la oposición de los marxistas rusos al terrorismo individual y contra las viejas corrientes populistas (el Partido Socialista Revolucionario era populista) que propugnaban una “vía campesina” al socialismo. De hecho, el atentado de Zasulich fue el que dio origen a la primera organización terrorista, “Voluntad del pueblo”. Como introducción al artículo de Zasulich, Kautsky publicó lo siguiente:

“… es una de las pocas personas vivas familiarizadas… con el terrorismo sistemático y sus efectos psicológicos… y cuyo atentado contra el monstruo Trepov  (sic) el 5 de febrero de 1878 puede considerarse como el comienzo de la primera era del terrorismo sistemático en Rusia”.

A finales de 1890, destacados norodniki (populistas) sentenciados en el “juicio de los 193” en 1878, habían cumplido sus condenas y vuelto de las deportaciones en Siberia. Los jóvenes populistas se reunieron en torno a estas figuras que tenían muchos seguidores en el sur de Rusia, debido a la combinación entre la opresión nacional y de clase en Ucrania. Un círculo en Kiev, fundado en 1896, operó hasta que fue disuelto por la Ojrana dos años más tarde. En 1897 tuvo lugar en Vorónezh[vi] una conferencia para fusionar a los grupos del sur, donde se acordó un programa común como base para dicha fusión, aunque los esfuerzos fueron infructuosos, pero sí se consiguió un programa en 1900: “Manifiesto del Partido Socialista Revolucionario”. Plateaba la agitación entre los trabajadores y campesinos, pero no mencionaba el terrorismo, lo que llevó a que fueran acusados de “socialdemocratismo” por otros.

Volviendo atrás, en 1893 un “Grupo de viejos narodovol’tsy” se había reunido en París bajo la dirección de Pyotr Lavrov[vii], pero en 1900 se tomó la decisión de fundar una organización para la producción de literatura de agitación dirigida al campesinado ruso, llamada “Liga Socialista Agraria”, justo en el funeral de Lavrov en París. La “Liga” se convirtió en el grupo más importante del exilio, y los principales populistas se afiliaron a la misma, apareciendo una generación más joven que inició la cooperación para fundar el Partido Socialista Revolucionario.

Las posiciones de la “Liga” fueron redactadas por Chernov y publicadas en 1900, centrándose en la mayoría de la población, que era el campesinado. Aquí no se mencionaba el terrorismo, pero pronto se convirtió en uno de los ejes del PSR, fusionándose la “Liga” con el partido en 1902.

Las revueltas campesinas en las provincias de Járkov y Poltava[viii] en 1902, proporcionaron el ímpetu para el nacimiento del partido “neopopulista”, como su historiador, Manfred Hildermeir[ix] lo denomina, siendo sus principales dirigentes Grigory Gershuni, reemplazado, tras su encarcelamiento, por Yevno Azef, Yekaterina Breshko (la “abuela de la revolución”), Mijail R. Gots y otros. El rasgo distintivo de los esfuerzos de Chernov fue demostrar la existencia de una identidad básica en la situación económica y los intereses políticos de los trabajadores asalariados y los campesinos. Su principal argumento era que tanto unos como otros, la única fuente de ingreso era su propio trabajo, aunque del campesinado se extrajese el plusvalor en forma oculta, mediante la renta que tenía que pagar por la tierra que trabajaba, los precios bajos de los productos agrícolas y los impuestos. Chernov decía que el criterio para definir a una clase social era la compulsión a trabajar o la libertad de esa compulsión, más que a la relación de los trabajadores con los medios de producción.

Chernov sostenía que el PSR buscaba representar los intereses de la totalidad de las clases laboriosas, en lo que demostraba no conocer que dentro de dichas clases también se dan intereses distintos. La socialización de la tierra fue proclamada por primera vez en 1902 y ello se convirtió en la esencia del programa del PSR. Otro programa aprobado a principios de 1906, sin embargo, no incluía la socialización de las fábricas, solicitando simplemente legislación para la protección de los trabajadores.

Para los dirigentes del PSR el terrorismo político era funcionar como un sustituto de la actividad revolucionaria de las masas oprimidas, era un arma legítima y esencial, siempre que no se hubiera desarrollado un movimiento revolucionario de masas. El terrorismo era el resultado del “aislamiento” de las fuerzas revolucionarias, toda vez que las autoridades suprimían todos los medios de propaganda. Los ataques terroristas tenían tres funciones según Chernov y Gershuni: que el Estado se abstuviese de mayores injusticias de las que ya se daban; el terrorismo tendría un “efecto agitativo”; y un “efecto desorganizador”, obligando al Estado a hacer concesiones. Por otra parte, el autosacrificio del terrorista se elevaba a la altura de un ideal, era una “cuestión de honor”, lo que iba dirigido contra los marxistas, a los que Chernov y Gershuni acusaban de “gusanos de biblioteca” que se dedicaban a hacer una “guerra de tinta”.

En 1901 el ministro de Educación, Nikolai Bogolepop, que había decretado la incorporación de 183 estudiantes de la Universidad de Kiev al ejército, fue asesinado por un terrorista, y en 1902 también el ministro del Interior, Dimitri Sipiaguin, un fiel seguidor de la autocracia zarista en los múltiples cargos que ocupó. Este último fue asesinado por Stepan Balmashev, un estudiante de Kiev, siendo el primer caso en que se puso en funcionamiento la unidad especial de terrorismo político, brazo armado del PSR. Desde este momento, todo lo que atañía al terrorismo tenía prioridad, y esto tuvo repercusiones incluso internacionales, pues Rosa Luxemburgo, por ejemplo, escribió un artículo en 1902 condenando el terrorismo (tenía la socialista polaco-alemana 31 años).

Los autores a los que sigo consideran que existe una coincidencia casi absoluta entre el modelo de partido de Vera Zasulich y Lenin, y ambos utilizan los mismos argumentos para combatir al PSR. En su primer artículo sobre dicho partido, en 1902, Lenin le acusó de rechazar el marxismo y de resucitar las ilusiones populistas, intentando evitar la fusión de todas las organizaciones socialistas, como era su pretensión. En opinión de Lenin, el PSR no tenía una base social real en 1902; era solo un grupo de intelectuales inestables, y al identificar al socialismo con la socialización de la tierra (PSR), comprometía la propuesta del socialismo marxista de que fuesen socializados todos los medios de producción. “Causan un daño gravísimo”, dejó escrito Lenin, y “no tienen la menor relación con el trabajo entre las masas…”.

Pero el artículo más importante de Lenin sobre el PSR se publicó en agosto-septiembre de 1902, acusándolo de “aventurerismo revolucionario” y de carecer por completo de principios. Luego incurre en una observación de la que será víctima el propio partido bolchevique, cuando dice que el continuo debate es el origen de las eternas disensiones entre los revolucionarios, lo que ha sido una constante histórica. Sin embargo, en su obra “¿Qué hacer?”, señala que “sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento revolucionario”. Considera inútil el terrorismo, aunque los marxistas no negaban “por principio, la violencia y el terrorismo”, si bien ponían por delante la participación directa de las masas en la lucha contra el Estado.

No olvidemos lo que Lenin hizo, ya en el poder, con su Nueva Política Económica, reconociendo que la propiedad privada de la tierra era la única solución para garantizar el abastecimiento de la población y para financiar a la industria (Rusia estaba, efectivamente, en una economía de guerra).



[i] “Introducción a la primera edición en español de ‘La tendencia terrorista en Rusia’…”. En este trabajo se basa el presente resumen.
[ii] Llegaría a ser ministro del Gobierno provisional en febrero de 1917. Cuando se produjo la revolución de 1905 estaba en el exilio.
[iii] Nació en el seno de una familia judía y, en su momento, fue partidario de Kerensky.
[iv] Sufrió tres exilios en Siberia.
[v] Estudiante de medicina, fue muy influenciado por el marxismo.
[vi] Al sur de Rusia pero fuera de Ucrania.
[vii] Matemático y sociólogo además de militar. Estivo exiliado en los Urales.
[viii] Las dos ciudades en el nordeste de Ucrania.
[ix] Nacido en 1948 en Alemania.
(*) Imagen tomada de https://actualidad.rt.com/galerias/195268-vida-rusia-campesina-prerrevolucionaria-siberia