domingo, 1 de febrero de 2015

La Iglesia en Cuba (en torno a 1900)

Félix Varela Morales, precursor de la indepdencia cubana
Carlos Manuel de Céspedes (1) dice que la Iglesia en Cuba, en el siglo XIX, fue "tironeada", es decir vapuleada de un lado a otro, mientras que la identidad nacional de Cuba se empieza a perfilar, a su juicio, a finales del siglo XVIII aunque no de forma rectilínea. En la independencia de Cuba respecto de España y en el papel de la Iglesia tras la misma jugaron un papel importante los intereses económicos en un país que, según el mismo autor, ha sido y es poco "practicante". Ello puede deberse al "sincretismo de religiones" existente, desde las de origen africano hasta las de los indígenas nunca evangelizados del todo. 

Para Céspedes, entre España y Cuba hubo un vínculo "peculiar" y de la misma manera entre la Iglesia cubana y española, que se vuelve -en este caso- más notable después de la independencia de las otras repúblicas hispano-americanas. "Se trata de un vínculo casi inefable e inasible", consecuencia de relaciones personales a partir de los emigrantes españoles a Cuba durante el siglo XIX y aún después. "En ningún otro país hispano-americano ocurrió una emigración proporcionalmente tan numerosa", lo que determinó vínculos económicos y políticos de gran importancia, de tal manera que Moreno Fraginals -citado por Céspedes- "ha podido demostrar... que si bien no se puede entender la historia de Cuba en ese siglo [XIX] sin apelar a España, tampoco se puede entender la de España sin apelar a la de Cuba", pues este país vivió todo el siglo XIX como parte de España y "casi siempre mal gobernada".

La intromisión de Estados Unidos, que venía de lejos, en el conflicto cubano-español, se manifestó con la enmienda Platt, añadiendo la la Constitución de Cuba una serie de preceptos en favor de los Estados Unidos (sobre la Isla de los Pinos, arrendamiento de servicios en favor de Estados Unidos, intervención militar de esta potencia en la isla y otras). Por su parte, las autoridades católicas de Cuba no hacían buenas migas con los masones protestantes y anglicanos de Estados Unidos. Cuba se vio invadida por misioneros norteamericanos para contrarrestar el peso de la tradición católica española. Pero entre los partidarios de la independencia de Cuba no primaba el ser sacerdote católico o escéptico laico, sino aquel deseo de independencia, que tenían una excelente referencia en el sacerdote Félix Varela Morales, nacido en 1788 y condenado a muerte por la monarquía hispana, aunque no moriría hasta 1853. A contrario, también hubo sacerdotes y obispos cubanos que no estuvieron a favor de la independencia.

Pero que hubiese clérigos contrarios a la emancipación cubana no les arredró para ser críticos con la administración española de la isla, sobre todo con los malos tratos a los esclavos. Cuando la independencia era irreversible, una ola de anticlericalismo recorrío Cuba, lo que hace responder al obispo Santander, ultraconservador y contradictorio, de la siguiente manera: diez y ocho iglesias parroquiales han sido quemadas por los insurrectos y si alguna imagen se ha salvado de las llamas la han destruido con los machetes. Cuando no se han podido sacar las vestiduras sagradas se las han puesto por irrisión, blasfemando la mismo tiempo de todo lo más sagrado. Se han atrevido a publicar que ellos, los insurrectos, estaban autorizados para hacer matrimonios (2).

Y también el obispo Santander, dirigiéndose al nuncio en Madrid, Nava di Bontifé, dice de los patriotas cubanos que demuestran en todos sus actos que al mismo tiempo que la separación de la patria común alimentan un odio satánico contra la Religión... Era y es muy común confundir "religión" con Iglesia católica, tan acostumbrada como estaban sus jerarquías que fuese la única permitida, la única amparada. Tampoco se puede decir que los patriotas cubanos fuesen anticatólicos; eran anticlericales en la medida en que la Iglesia se había comprometido con los poderosos, con la metrópoli y contra la independencia, al menos entre sus más notables jerarquías.

Pero el obispo Santander se pronunciará más tarde en sentido contario o con cierta ambigüedad según las circunstancias vengan dadas. Bien atento estuvo, sin embargo, a adivinar las intenciones de las autoridades estadounidenses, pues en 1898 decía no sabemos aún, de una manera cierta, si se formará un Gobierno Cubano o si los Estados Unidos, por más o menos tiempo, regirán los destinos de esta Isla. Pero en cualquiera de los dos casos la Iglesia no tiene por que temer. No tememos a los cubanos, que no vienen a hacer una revolución religiosa, sino política... ¿En sus programas de gobierno, en sus proclamas han dicho alguna vez que venían a hacer guerra al catolicismo? Nunca. Al contrario, durante la sangrienta lucha que ha terminado ya, gracias a Dios, no ha habido que lamentar ataque alguno a los ministros de la religión; lejos de eso se les ha tratado con respeto por las fuerzas rebeldes... Ya no hablaba Santander de los incendios de iglesias, que fueron una constante en la España del siglo XIX y se preparaba con sus palabras para avenirse con los nuevos "amos".

¡Que accidentalista Santander, que oportuno poniéndose a buen recaudo! 
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(1) "La emancipación antillana y sus consecuencias para la Iglesia Católica", 1998.
(2) Carlos Manuel de Céspedes en la obra citada.

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