jueves, 9 de julio de 2015

Visayas, joloes, camarines y otros indígenas de Filipinas

Plaza de Manila en el s. XVIII (1)
Según ha estudiado Alexandre Coello de la Rosa (2), entre otros, durante la segunda mitad del siglo XVI y hasta el siglo XVIII, los conflictos entre los obispos y las órdenes monásticas que ejercían en las parraoquias o doctrinas en Filipinas fue casi constane. Aquellos querían someter a agustinos, dominicos, jesuitas y franciscanos a su autoridad, siguiendo lo establecido en le concilio de Trento, mientras que estos se esforzaron en todo momento, a veces con serias amenazas, por mantener su idenpendencia en las doctrinas de las que se habían hecho cargo. Ello incluso tratandose, en algunos casos, de obispos que procedian de agluna orden religiosa, como es el caso del primero de Manila, el dominico Domingo de Salazar (1579-1594). Primó siempre la condición jerárquica a la pertenencia a una orden u otra.

Los miembros de las órdenes religiosas fueron siempre más numerosos, en Filipinas, que los miembros del clero secular, y ello seguramente les dio pie a desafiar la autoridad de los obispos. Más aún, quizá, en el caso de los jesuítas, por la especial unión que tenían con el papa. Como en otros casos, los obispos ponían como excusa (o justificación) el corregir los abusos de los párrocos, que existieron, aunque también muchos ejemplos de abnegación y entrega a la causa religiosa. 

El 1622, el obispo agustino Miguel García Serrano visitó la parroquia de Dilao, dirigida por franciscanos (hoy formando parte de la ciudad de Manila) a orillas del río Pasig. El cura se negó a abrir la puerta de la iglesia al obispo -relata Coello de la Rosa- y enseñarle los libros, por lo que el obispo le excomulgó y encerró en un convento. Los miembros del clero regular que ejercían la cura de almas llegaron a amenazar con renunciar y retirarse a sus conventos, lo que obligó a la Audiencia de Manila a retener las rentas de los que no cumpliesen con las obligaciones en las que estaban. 

La llegada del arzobispo Felipe Fernández Pardo (1680-1689) agudizó el enfrentamiento con los jesuitas, concretamente con los que administraban la capellanía de la infantería en el puerto de Iloilo, en la isla de Panay, en el centro del archipiélago, donde vivían los indígenas visayas. El obispo llegó a solicitar a la autoridad civil que expulsase a los jesuitas de Quiapo, hoy formando parte de Manila. 

Por su parte, algunos dominicos, expertos en lenguas, estaban cristianizando a los sangleyes, chinos mestizos de Filipinas consecuencia de migraciones chinas a estas islas. Estaban en Binondo, Tondo (ahora formando parte de Manila) y Baybay, en el norte de la isla de Mindanao. Los indígenas visayas, joloes, camarines y otros estaban esclavizados, lo que denunció en su momento el fiscal Calderón y Serrano. Los visayas vivían en Mindoro, isla al sur de Luzón, derivando su nombre del que le dieron los españoles, "Mina de oro". Estos visayas practicaban una agricultura de rozas por fuego, cazaban, pescaban y tenían algunas actividades comerciales.

Pablo Feced y Graciano López Jaena, en 1887, dejaron escritas unas obras (3) en las que recogieron no pocas observaciones sobre estos indígenas: "el grave Bowring dice del indio que tiene más de cuadrumano que de bípedo, pues sus manos son largas y los dedos de los pies tan ágiles y diestros, que se sirve de ellos perfectamente para trepar a los árboles...". Añaden luego que "Gagor habla de mujeres y niños que, por no encorvarse, cogen con los dedos de los pies los cangrejos y moluscos apresados en sus redes". Jonh Bowring fue un viajero inglés que ejerció como gobernador de Hong Kong. Parece que sus méritos como políglota son más que como antropólogo.

Mientras obispos y monjes se disputaban la jurisdicción sobre los indígenas, estos, ajenos a ese ajetreo, seguían con sus costumbres primitivas, que tuvieron que llamar la atención de los europeos, algunos de los cuales, como se ve, con no pocos prejuicios y cierta altanaría ante los indígenas filipinos. En cuando a los misioneros católicos que realizaron su misión en la isla de Mindanao, quizá pudieron llegar a tiempo, pues el islam se había extendido por la isla solo un siglo antes. Como sabemos, el islam en Mindanao es hoy una realidaad que tiene repercusiones políticas.
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(1) Fotografía tomada de https://pinake.wordpress.com/category/historia-naval/page/6/
(2) "Los conflictos jurisdiccionales entre los arzobispos de Manila y los jesuitas por las doctrinas de indios...".
(3) "Ellos y nosotros" y "Los Indios de Filipinas", Luis Ángel Sánchez Gómez. 

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