jueves, 18 de agosto de 2016

Universitarios en la Nueva España

Universidad de México


El trabajo de Clara Inés Ramírez[1] presenta la relación entre universitarios e inquisidores en la Nueva España durante el siglo XVI. Entre ellos se fue formando una conciencia corporativa, aunque como en el caso de España no falten los conflictos entre este elite administrativa.

Parece que la Universidad mexicana fue superior a la de Lima pero lo que a la autora interesa es comprobar que los catedráticos desempeñaban otras funciones en la burocracia colonial; es decir, la Universidad formaba parte de un sistema administrativo más amplio.

Desde 1571 hasta finales del siglo XVI, la Inquisición contó con unos 207 funcionarios, de los cuales 56 tenían grado otorgado por la Universidad de México (el 27%). La Universidad formaba parte de una carrera burocrática que se había iniciado en España, como es el caso del colegial Pedro Farfan y el inquisidor Pedro Moya de Contreras, cuyo feroz enfrentamiento ha sido estudiado, entre otros, por Enrique González. Incluso muchos de estos funcionarios accedieron luego a un obispado en Indias.

Casi todos los comisarios de la Inquisición pertenecían al clero, como es el caso de Pedro de Vique, que fue cura de Izcateupa. En el caso de los familiares, en la ciudad de México durante el siglo XVI, ninguno fue universitario; en su mayoría eran peninsulares y gozaban de un amplio poder económico. Durante el siglo citado, la Inquisición novohispana tuvo diecinueve consultores, de los cuales diecisiete tenían grados universitarios. Los oidores también aparecen en la Inquisición, como los calificadores y los visitadores de libros.

Muchos habían obtenido los conocimientos teológicos para discernir un libro aceptable de otro que no lo era, en las órdenes religiosas, pero otros en la Universidad. El clero regular tenía más opciones que el secular, como es el caso de los colegios de las propias órdenes, dándose en la Universidad una oposición fuerte entre estos dos grupos. En la Inquisición los frailes fueron mayoría entre los calificadores durante todo el siglo XVI, pero ya en 1666 los inquisidores se quejan de que “hay pocos calificadores que tengan pruebas”.

En definitiva, dice Clara Inés Ramírez, la presencia de universitarios en los puestos de la burocracia inquisitorial se concentró en los auxiliares y en algunas ocasiones hubo conflictos con los cabildos de la catedral. Universitarios eran también los médicos y abogados de la Inquisición, pero parece que ninguno de los familiares fue universitario, aunque pertenecían a la elite social social y económica novohispana.


[1] “Universitarios e inquisidores”.

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