martes, 27 de agosto de 2013

Enseñanza y socialismo

Ayuntamiento en el parque de Perraudière (Saint-Cyr-sur-Loire)
En 1924 moría en Saint-Cyr-sur-Loire Anatole France, uno de los pensadores socialistas más importantes de Francia entre los siglos XIX y XX. Frente a Tours, en la llanura francesa, acabó sus días el que fuera socialista, republicano, partidario del laicismo y escritor de muchas obras sobre poesía, sociedad y política. 

Precisamente en Tours, en 1919, se dirigía a unos maestros reunidos en congreso con las siguientes palabras: la guerra ha demostrado que la educación popular de mañana debe ser en todo diferente a la de ayer... En el orden social y moral creado por la guerra y consagrado por la paz [fue contrario a las imposiciones del Tratado de Versalles] que ha seguido a aquella todo lo teneis que hacer y rehacer... Es menester que creeis una humanidad nueva, que desperteis inteligencias nuevas, si aspirais a que Europa no caiga en la imbecilidad y la barbarie... Europa estaría, veinte años más tarde, en otra guerra producto de la imbecilidad y la barbarie.

España fue, quizá, de los países donde las organizaciones para la formación de los obreros tuvieron menor incidencia, entre otras cosas porque la dictadura de Primo de Rivera las puso en la clandestinidad y porque la guerra de 1936 desbarató lo hecho. Otro tanto puede decirse de Italia desde el triunfo del fascismo en 1922. No obstante destaca la Escuela Obrera Socialista creada en Madrid en 1929, que ha estudiado Francisco de Luis Martín. En ella colaboró Trifón Gómez, entre otros, trabajador de los ferrocarriles desde muy joven y dirigente de la Unión General de Trabajadores. Murió exiliado en México.

Uno de los objetivos de la Escuela Obrera fue fomentar el mutualismo y formar a los trabajadores en el conocimiento del Derecho aunque fuese elementalmente. Años más tarde se creó la Escuela Socialista de Verano, obra de las juventudes socialistas: se trataba de formar a los concejales en sus competencias y obligaciones y ha tenido continuidad a partir de los pasados años setenta con la Escuela de Verano "Jaime Vera" en Galapagar.

En Bélgica existió una Central de Educación Obrera que se ocupó de proyectar películas de formación social, creó bibliotecas ambulantes y, en general, tendió a la formación de masas (en palabras de Francisco de Luis Martín). La consecución de la jornada laboral de ocho horas posibilitó el que los obreros tuviesen tiempo para asistir a las clases. En Italia existió una Federación de las Asociaciones de cultura, de enseñanza y de deportes, creación de la Confederación Nacional del Trabajo. En Alemania, uno de los países donde este tipo de iniciativas tuvo mayor éxito, se formó la Escuela Central del Partido Socialista y en Francia el Instituto Superior Obrero, creado por la CGT en 1931. Se dedicó a estudios e investigaciones y a formar a los dirigentes del sindicalismo moderno. A los trabajadores -como en otros países- se les formaba también en disciplinas académicas como Historia Económica, Matemáticas, Derecho y tenía una importancia especial el conocimiento del movimiento obrero hasta la época.

En Inglaterra surgieron los Working Men's Colleges, que contaron con el apoyo de los gobiernos laboristas de acuerdo con el espíritu fabiano que dominaba en esta formación política. Sin embargo la primera sociedad de educación netamente obrera fue el Colegio Ruskin, en Oxford. Ruskin había destacado como escritor crítico con la revolución industrial y preocupado por los problemas sociales en su tiempo, lo que le obligó a estudiar el campo de la economía, manifestándose como un enemigo acérrimo de la "escuela de Manchester", ultraliberal en esta materia. Sus cartas a los obreros inspiraron muchas acciones y sirvieron para formarles en la lucha contra su explotación y en el ideal de emancipación.

Todas estas iniciativas y escuelas vieron la necesidad de dignificar al maestro como agente principal para la formación del pueblo, por ello se llegaron a crear dos internacionales obreras de la enseñanza. Abogaron por una escuela "única, laica, pública, gratuita, pacifista...", algunos de cuyos objetivos no están hoy cumplidos. Destacan en este campo el pedagogo francés Dumas y otros como Fischer, Karsen o Tews. De ellos tuvieron conocimiento los más importantes intelectuales del Partido Socialista Obrero Español, y de hecho Julián Besteiro habla de su obra en varios números de "El Socialista". Aunque la Unión General de Trabajadores contaba con una Asociación General de Maestros, esta tuvo escasa importancia. Otro socialista español que trabajó en este campo y nos ha dejado testimonios extraordinarios es Rodolfo Llopis: "la educación obsesiona hoy a cuantos piensan", dejó escrito en su obra "Una escuela más humana", publicada en 1934. 

Como Llopis, ha tenido importancia Lorenzo Luzuriaga, Ludovico Zoretti en Italia, Bracke en Francia, Henri de Man en Bélgica y una relación ciertamente numerosa en Alemania. El fascismo, la guerra civil española y la guerra mundial de 1939 vinieron a cortar tantas y fecundas iniciativas, reales y no solo proyectos, en la Europa de entreguerras, pero ya encontramos muestras de estas preocupaciones a principios del siglo XX. En Francia, el Sindicato Nacional de Maestros llegó a contar con 80.000 afiliados, según Francisco de Luis Martín, integrándose en la CGT en 1925. En España, la Asociación Nacional de Maestros, integrada en la UGT, llegó a contar con 6.000 miembros durante la II Repúbica.

lunes, 26 de agosto de 2013

El intento de La Abwehr

Parece ser que la solidaridad entre los altos mandos del ejército alemán, durante los doce años de mandato de Adolf Hitler, jugó un papel determinante para que este no descubriese los muchos intentos que, en el seno del propio ejército, se fraguaron para acabar con el dictador. Obviamente no todos los generales alemanes estuvieron de acuerdo en atentar contra Hitler, pero muchos sí y se protegieron unos a otros aunque el nivel de compromiso fuese distinto. Si casi nunca llevaron a cabo el atentado definitivo -y cuando lo ejecutaron, como se sabe, fracasó- fue por la popularidad creciente de Hitler entre la población alemana, no solamente entre sus votantes, ya que excitó con éxito el nacionalismo al reocupar Renania, incorporar Austria y los Sudetes al Reich, acabar con el paro...

Tras la crisis de 1929, que afectó gravemente a Alemania al ser un país fuertemente industrializado, el régimen democrático se desacreditó entre amplios sectores de la población -y esto no ocurrió solo en Alemania- con lo que unas políticas de fuerte intervención estatal en la economía (se obligó a las empresar a contratar trabajadores con salarios más bajos) muchas mujeres fueron destinadas al trabajo en el hogar, se desposeyó de los trabajos a los judíos para que los ocupasen alemanes no judíos (así mismo otras minorías como los gitanos) se hicieron fuertes inversiones en obras públicas (autopistas) y en armamento... Todo ello contribuyó a la disminución drástica del paro.

La Abwehr fue un servicio de inteligencia alemán que se creó en el año 1921, por lo tanto en época democrática, aunque luego Hitler le cambió el nombre y los objetivos. Desde 1935 estuvo al frente de la Abwehr el almirante Canaris, que no era nazi pero tenía una gran experiencia en espionaje por su larga trayectoria desde la primera guerra mundial. Tuvo que esforzarse para que el organismo no cayese bajo la influencia de otros servicios de espionaje alemanes. A sus órdenes estuvo Hans Oster, furibundo opositor a Hitler y al nazismo. Como militar -igual que otros- o renunciaba a su profesión y estatus o sería perseguido y ejecutado, pues realmente una oposición abierta contra el nazismo no la hubo salvo en contadas ocasiones. La Abwehr, como otros militares y organizaciones más o menos inconexas, actuó siempre en la sombra y consiguió mantener ocultas sus intenciones de atentar contra Hitler.

La invasión de Checoslovaquia en 1938 colmó el vaso de la paciencia para algunos miembros de la Abwehr: los conspiradores para acabar con Hitler fueron Canaris, Ludwig Beck, Oster, Gisevius y Weizsäcker; el método sería un golpe de estado que creían sería bien visto por las potencias occidentales, aunque estas nunca prestaron atención a los intentos de militares alemanes en este sentido, a pesar de que en varias ocasiones los gobiernos británico y francés fueron advertidos de las intenciones expansionistas de Hitler y de la necesidad de su derrocamiento. Puede que la Conferencia de Munich, propuesta por Mussolini y en la que participaron Gran Bretaña, Alemania, Italia y Francia, desactivase los planes de la Abwehr, pues al llegar a un acuerdo sobre las pretensiones alemanas en Checoslovaquia, no era el momento más adecuado para un golpe si Hitler se había reforzado interna y externamente.

El comienzo de la guerra en 1939, verdadera causa de la oposición del servicio de inteligencia a los planes de Hitler, ya que consideraban sus miembros que no sería posible la victoria y sí en cambio grandes sufrimientos para el pueblo alemán, reactivó los esfuerzos de los miembros de la Abwehr para dar un golpe de estado e incluso Oster llegó a advertir a los gobiernos belga y holandés de que corrían el peligro inminente de la invasión alemana, pero estos gobiernos no le creyeron. No se trata de que los gobiernos occidentales no creyesen posible la invasión alemana, sino que no creyeron a los miembros de Abwehr. Cada vez que este servicio de espionaje -o sus más importantes miembros- estaban a punto de ejecutar sus planes, un accidente interno o externo venía a hacerlos inoportunos o sin garantías de éxito. Se perdieron así dos años clave para que Europa se librase de una guerra, que con Hitler en el poder fue inevitable.

sábado, 24 de agosto de 2013

Kantorowicz y las dos Alemanias

Alfred Kantarowicz
El Campo de luz es un barrio de Berlín donde abundan las casas de estilo romántico, al suroeste de la ciudad. Allí se encuentra la Escuela Lilienthal, donde estudió cuando joven Alfred Kantarowicz. 

Cuando terminó la segunda guerra mundial se instaló en la Alemania del Este, pues todavía mantenía vivos los ideales comunistas, pero antes, cuando Hitler accedió al poder no se dirigió a la Unión Soviética, sino a París, y más tarde a Nueva York, porque en la Unión Soviética no habría podido reivindicar a todos los escritores alemanes cuyos libros habían sido quemados por los nazis. Durante la guerra civil española de 1936 se unió a las Brigadas Internacionales.

Kantorowicz es un ejemplo -no el único- de la contradicción entre las dos Alemanias en que quedó dividido el antiguo Reich desde 1945. Como las "dos Españas" que nacieron intelectualmente durante la guerra de 1808, Kantprowicz sintió también las "dos Alemanias" en las que vivió, pues cuando una obra suya fue mutilada por las autoridades comunistas del este pasó a Alemania del oeste, donde no sería bien recibido en los círculos oficiales. Pasaría bastante tiempo hasta su reconocimiento. Es precisamente en Alemania (en una y en la otra) donde más atención se preste al estudio de la guerra civil española que Kantorowicz vivió, según J. A. Ennis. En la del este mitificando el internacionalismo inherente a los ideales comunistas; en la del oeste en la medida en que durante los gobiernos de la democracia cristiana, las relaciones con el régimen del general Franco fueron buenas. Las dos Alemanias se encontraban con las dos Españas.

Según Bernecker, a quien cita Ennis, "si se contempla el número de actividades más o menos oficiales u oficiosas llama la atención que en el extranjero, por ejemplo, en la República Federal de Alemania, hubiera probablemente más actos relacionados con la guerra civil [española] que en la misma España. En las dos Alemanias, igual que en España, después de sus respectivas guerras -la segunda mundial y la de 1936- hubo un tiempo de silencio, de "querer olvidar", tanto oficialmente como entre la población en general (obviamente con excepciones). Tuvieron que ser activistas e intelectuales como Kantorowicz los que recordasen a los alemanes -sobre todo en el oeste, que es donde se podía- que había toda una historia del teror nazi que los juicios de Nüremberg y otros no habían sacado a la luz. Hubo minorías que se dedicaron a investigar sobre nazis que habían quedado impunes y que vivían en la propia Alemania del oeste o en otros países, particularmente en Argentina.

En España incluso durante la transición política iniciada tras la muerte del general Franco hubo un "olvido" más o menos implícito hasta que una nueva generación ha querido saber, han proliferado los libros e investigaciones sobre la guerra y los crímenes del franquismo, se han empezado a exhumar fosas donde yacen, sobre todo, víctimas de Franco y se ha seguido la valoración de Kunisch sobre sobre la obra "Los girasoles ciegos", de Alberto Méndez: "Abre heridas profundamente cicatrizadas, para poder mirarlas de una vez por todas". Kantorowicz sabe bien de abrir heridas para conocer lo ocurrido y el por que, para hacer justicia a la verdad, en una y en la otra Alemania.

jueves, 22 de agosto de 2013

La otra "unión europea"

Richard Coudenhove-Kalerghi
Durante los años veinte y treinta del pasado siglo, sobre todo, hubo una serie de intelectuales fascistas o filofascistas que propusieron una suerte de unión europea con el fascismo como ideología unificadora. No lo hicieron ni al mismo tiempo ni de la misma manera, influyéndose en ocasiones unos a otros, pero es un fenómeno que demuestra que toda unión europea, por sí misma, no tiene por que ser necesariamente buena. 

Coudenhove-Calerghi perteneció al Movimiento Paneuropeísta que celebró su primer congreso en 1926, pero venía publicanado desde hacía tres años una revista de nombre "Paneuropa". Consideraba que la división de Europa en estados creados más por el capricho que por el espíritu europeo (dicho espíritu estaría guiado por la latinidad, el cristianismo y ahora por el fascismo) debía corregirse. El italiano Gravelli, por su parte, coincidía con Kalerghi en que había un espíritu europeo que había sido corrompido por el liberalismo y el materialismo, fenómenos que habían empezado con la Ilustración y se habían afianzado durante el siglo XIX. En Italia reinaba el fascismo musoliniano y los vientos eran favorables para la expansión de estas ideas. 

En España ha sido Giménez Caballero el más ilustre intelectual que se ha aventurado en la defensa del fascismo como nexo de unión de los pueblos de Europa: habló de una "confederación de las regiones europeas"; influído por el surrealismo vio la posibilidad de aprovechar el ímpetu revolucionario de los bolcheviques y la renovación con la que se presentaba el fascismo para proponer una fórmula antidemocrática allí donde todo atisbo de liberalismo quedase en Europa: y quedaba. Giménez Caballero se inspiró en las "glorias" de la monarquía castellana -o española si se quiere- y en su obra "Genio de España", publicada en 1932, pidió un "nuevo orden europeo basado en el fascismo". Giménez Caballero tenía una gran formación intelectual, pero también una gran confusión en sus propuestas: consideró que la monarquía española -a la que él llamaba España- había tenido varios "desastres" como el de 1898: la pérdida de los Países Bajos a mediados del siglo XVII, las pérdidas territoriales europeas en 1659, la pérdida de Portugal en 1668 -que en realidad fue en 1641- las pérdidas del Franco Condado y otros territorios en 1678, las pérdidas con el Tratado de Utrecht, la de Florida en la segunda mitad del siglo XVIII, la de Santo Domingo más tarde, la de Luisiana, la emancipación de las colonias americanas... Es decir una enorme confusión entre España y la monarquía española, que son dos cosas distintas.

Giménez Caballero
En la revolucionaria y liberal Francia también hubo pensadores fascistas que animaron la idea de una Europa unida en torno a dicha ideología, no homogénea, sin embargo, para todos ellos: Henri Massis vio valores supranacionales en Europa y preconizó una "imprecisa unidad de organización superior", en palabras de González Calleja. Pero más importancia tuvieron Maurras y Valois, el primero partidario de que las "elites" dirigiesen a una sociedad corporativa. Miembro de "Acción Francesa", influyó en el fascismo español, italiano y de otros países. Valois fundó una organización fascista y tuvo gran influencia en Ledesma Ramos y en Giménez Caballero. Su evolución es cambiante, terminando en el Partido Socialista Unificado francés.

Valois era ante todo un antiburgués, pues la burguesía era la causante -para él- de la decadencia del espíritu occidental. Por eso oscila entre la admiración al bolchevismo y al fascismo, debiéndose a él la combatividad y proclividad a la violencia que el fascismo institucionalizó en varios países europeos. Robert Brasillach, Jean-Pierre Maxence y Robert Francis llegarán al fascismo a partir de "Acción Francesa" y otros como René Vincent, Jean Fabrègues o Maurice Blanchot se sintieron atraídos por la reflexión sobre el fascismo y su europeización, sobre todo a partir de la publicación "Combat", cuyo director fue Thierry Maulnier. Plantearon la necesidad de un acuerdo con la Alemania vencida en la primera guerra mundial pues consideraban que si el nazismo era derrotado se derrumbarían todos los sistemas totalitarios que habían ido surgiendo en Europa.

El marrusiano Lucien Rebatet, según González Calleja, publicó una obra demoledora contra la III República francesa, pidiendo que Francia se sumase al esfuerzo bélico europeo que encabezaba por aquel momento Alemania. Denis Rougemont también fue partidario del europeísmo desde una perspectiva fascistizante y muchas ideas sobre el fascismo fueron expuestas en publicaciones por la organización "Ordre Nouveau", constituida en 1929 por un heterogéneo grupo: Alexandre Marc, René Dupuis, Arnaud Dandieu (ex-socialista), Robert Aron, Jacques Naville (ex-trostkista) y Jean Jardin entre otros. El grupo felicitó a Hitler por haber abandonado la Sociedad de Naciones, pues esta organización era para ellos expresión de los tratados de paz tras la primera guerra mundial, cuando su combatividad les llevaba a no estar de acuerdo ni con el Tratado de Versalles ni con la Europa continuadora de la liberal decimonónica.

Quisieron una confederación de regiones europeas que luchase contra el materialismo y contra la democracia, consecuencia de las revoluciones liberales del siglo XIX y de las reivindicaciones del movimiento obrero. En algunos de sus escritos se nota el afán de hacer pivotar la "unión fascista europea" sobre la Europa latina, mediterránea, pero acercándose a Alemania y al norte (hubo partidarios del fascismo en Holanda, Noruega...).

En la España de Giménez Caballero aún se reflexionó sobre el valor que podía tener la "universitas christiana" de Carlos de Gante; en la Italia fascista sobre lo que había significado Roma en el antiguo imperio; se reflexionó sobre el intento de unificar Europa por la Francia napoleónica, pero el liberalismo inherente a esta le restó vigor, según los pensadores fascistas. Hacía falta que la base de la "unión europea" estuviese en el espíritu, en el antimaterialismo (el materialismo filosófico había triunfado en Rusia), en el corporativismo que se había ensayado en España, Portugal, Italia... Durante el año 1937, en plena guerra civil, se organizó en Valencia (territorio republicano) el II Congreso por la Defensa de la Cultura, donde estuvieron más de cuarenta personalidades de la extrema derecha: allí se expresó su solidaridad con los intelectuales franquistas.

Como han señalado Fernández García y Rodríguez Jiménez, el fascismo fue una de las manifestaciones del totalitarismo, una involución respecto de las ideologías decimonónicas; el totalitarismo pone por delante al estado contra la libertades individuales. Se han interpretado liberalismo y fascismo como dos formas de dominio burgués. Aquel contra el antiguo régimen y este contra el avance del movimiento obrero. Por mucho que los intelectuales fascistas se muestren antiburgueses, los fascismos que han triunfado han contado y se han valido de las burguesías respectivas. La combatividad de las escuadras fascistas italianas, del somatén catalán, de los "freikorps" alemanes o las juntas ofensivas nacional-sindicalistas (que se unirían al falangismo en España) desaparece una vez que el fascismo alcanza el poder y crea sus propias instituciones. Entonces el Estado es el que usa de la violencia arbitraria, pues sus fines no son discutibles por el individuo, que no es más que instrumento de aquel para engrandecerse y crear un "hombre nuevo". 

Sabiendo que el fascismo contó con una buena nómina de intelectuales -quizá en algunos casos sea excesivo atribuirles esta categoría- se agranda la conquista que para la democracia significó la segunda guerra mundial, por muchas contradicciones que luego se hayan dado. Las formas totalitarias próximas al fascismo se dieron en Polonia, en Rumanía, en Yuguslavia, en Holanda y Noruega, en Francia, en España, Portugal... Alemania e Italia por supuesto. Fue un fenómeno europeo y no ha desaparecido como aspiración aunque muchos fascistas se refugien hoy en los partidos conservadores de los diversos países. En otros casos tienen sus propias organizaciones que aprovechan cualquier crisis económica, la llegada masiva de inmigrantes, las insuficiencias del parlamentarismo y la democracia para ganar adeptos. Tienen el camino teórico ya allanado, pues los intelectuales fascistas del período de entre guerras han dejado miles de ideas sobre una Europa distinta de la actual.

El jabalí Pérez Madrigal


En su obra "Tipos y sombras de la tragedia...", publicada ya en 1937, el antes radical-socialista Joaquín Pérez Madrigal alababa al general Franco con la fe o conveniencia del converso. Es difícil encontrar exageraciones mayores y más peregrinas entre los panegiristas del general. Parece que se alarmó por los excesos cometidos en el bando republicano (nunca por orden de las autoridades) y se pasó con armas y bagajes al enemigo. No debía tener sus convicciones políticas y morales muy arraigadas. 

Nacido a finales del siglo XIX, su historial político es el más fiel reflejo de un "cambia-chaquetas" y siempre acomodándose a lo que le convenía para no arriesgar el pellejo. Al comenzar la II República española formó parte de un grupo al que se llamó -o se llamaron los integrantes del mismo- los jabalíes, quizá en alusión a una frase de Ortega en la que se aludía con este calificativo a los diputados que armaban bulla innecesaria y constantemente. Estos "jabalíes" tenían una ideología izquierdista y federalista, entre los que se encontró Ramón Franco, hermano del dictador. Anticlericales al máximo, acudían a fórmulas populistas muy simples animando para mal el cotarro nacional: mucho vocerío, aprovecharon la libertad conseguida durante la II República para dar rienda suelta a un montón de estupideces sin ton si non. No han dejado de tener sus epígonos.

El jabalí Pérez Madrigal militó en la masonería y luego acabó en la Confederación Nacional de Derechas Autónomas, la organización conservadora posibilista que tanta influencia tuvo durante la II República y muchos de cuyos miembros militarían luego al lado del general Franco. Pérez Madrigal no estuvo en el frente de batalla; más bien se parapetó en la radio franquista con un tono fantasioso y burlón respecto a los republicanos y, particularmente, los milicianos que se jugaban la vida en los campos, caminos, pueblos y trincheras. No sobrevivió al dictador, pero casi y no es el único ejemplo que podríamos encontrar entre los que a partir de débiles convicciones políticas o por cobardía, se pasan al sol que más calienta.

El Patronato para la Redención de Penas


En el año 1939 el general Franco hizó al periodista Manuel Aznar unas declaraciones en las que distinguía dos tipos de delincuentes: "criminales empedernidos, sin posible redención... y los capaces de sincero arrepentimiento... En cuanto a los primeros no deben de retornar a la sociedad...". Y para que no retornasen a la sociedad se les aplicó el garrote vil, el fusilamiento, la tortura, el desprecio público a sus familias y mil afrentas más sin garantías jurídicas, con juicios-farsa y condenas a muerte arbitrarias. A los segundos se les aplicaron largos encarcelamientos y el trabajo forzoso en minas, redes ferroviarias o la construcción de la basílica del "Valle de los Caídos", que todavía se yergue a pesar de una Ley de la Memoria Histórica que prohibe la exhibición de símbolos de la dictadura. 

Paul Preston ha señalado que el general Franco, "llevado por su talante vengativo, mantuvo a España dividida entre los vendedores y los vencidos". Sintió la necesidad de "depurar" a los republicanos, fuesen estos socialistas del más variado signo, demócratas, liberales... Su represión fue en extremo violenta y siguió al pie de la letra la consigna del general Mola de que había que sembrar el terror, al dar comienzo la guerra civil. El mismo Preston recoge la entrevista que el periodista Jay Allen le hizo a Franco a finales de julio de 1936: Allen le preguntó "¿significa esto que tendrá que fusilar a media España? a lo que Franco respondió "a cualquier precio". Hay muchos testimonios sobre la brutalidad y crueldad del general Franco y sus más acérrimos colaboradores: uno es el caso del embajador italiano Roberto Cantalupo y son conocidas las matanzas de Badajoz en agosto de 1936 (cometidas por Yagüe y Castejón) y de Málaga en febrero de 1937. El objetivo -dice Preston- era "aterrorizar de manera duradera" con sangrientas depuraciones incluso mucho después de finalizada la guerra. Franco declaró a James Miller, vicepresidente de United Press: "Tenemos en nuestro archivo más de dos millones de nombres catalogados". La violencia se institucionalizó muy pronto.

Fueron muchísimos los ejecutados de forma sumaria y como quiera que Franco ponía en los expedientes de los condenados "enterado", dio lugar al chiste macabro del capellán de Franco de que este ponía "enterrado": y es que muchas veces el expediente llegaba a Franco cuando el reo ya había sido asesinado. Con el hijo del general Miaja, republicano, Franco intervino varias veces para que fuese juzgado de nuevo hasta que la sentencia, que antes había sido exculpatoria, fuese de condena. Era un empeño especial el que ponía Franco en algunos casos. Al fin y al cabo él respondía solo "ante Dios y ante la Historia" y en las monedas aparecía la frase "Caudillo de España por la gracia de Dios".

Ya en la guerra -sigue hablando Paul Preston- los moros y los legionarios implantaron el terror allí donde llegaban, saqueando los pueblos capturados, violando a las mujeres, matando a sus prisioneros y mutilando sexualmente sus cuerpos. Franco había conocido estas prácticas en África y las consintió en España: en Marruecos la Legión había decapitado prisioneros y exhibido sus cabezas como trofeos. Pero toda esta brutalidad fue anulada de los archivos a partir de mediados de los años sesenta, cuando se podía presumir el fin del dictador. Antes, sin embargo, se había creado el Patronado para la Redención de Penas.


Creado en 1938, se encargó de que todo enemigo del régimen más o menos declarado, que fuese capturado, cumpliese condena en prisión, fuese humillado, obligado a trabajos forzosos y tratado como a un inferior. Pero además de someter a los presos republicanos tenía una misión propagandística: el Patronado cumplía la función de salvar de su error a los enemigos del régimen franquista, de sus ideas marxistas o democráticas. El número de reclusos "redimiendo penas" en 1942 era 23.610, mientras que un año más tarde 27.884. Los agentes franquistas fueron capturando con el tiempo a más y más opositores al régimen, o bien simplemente no simpatizantes con él. El Patronato arrancó a los hijos de sus madres cuando los maridos estaban en prisión, los entregó arbitrariamente a instituciones supuestamente de beneficencia y luego a familias distintas a las que pertenecía el niño, generalmente militares sin hijos. Especialmente dura fue la represión en Cataluña, sobre todo por haber resistido hasta principios de 1939, lo que ha estudiado Conxita Mir. Las mujeres no se libraron de "redimir sus penas" en cárceles y en otros trabajos: fueron consideradas no solo marxistas, rojas o asesinas, sino simples putas por defender la liberación de la mujer o ideas distintas a las de los vencedores.

Preston habla del sufrimiento de los niños: "encerrados en cuartos oscuros, obligados a comerse sus propios vómitos; mujeres jóvenes violadas por sus guardianes; hijos arrancados a sus madres y dados en adopción o criados en hospicios religiosos". El odio y la represión al vencido no cesó en Franco durante los casi cuarenta años que duró su régimen y mandato: "de todas partes del mundo llegó una oleada de protestas -cuando Franco condenó a muerte a varios etarras y miembros del FRAP- mayor aún que la que provocó el juicio de Grimau... Quince gobiernos europeos llamaron a sus embajadores a consulta. En la mayoría de los países... se produjeron manifestaciones y ataques a las embajadas españolas. En las Naciones Unidas, el presidente de México, Luis Echeverría, pidió la expulsión de España del organismo. El papa Pablo VI pidió clemencia, como lo hicieron todos los obispos de España. Don Juan de Borbón hizo otro tanto a través de su hijo... Peticiones similares llovieron desde gobiernos de todo el mundo. Franco hizo caso omiso"·. Confirmó cinco penas capitales y al amanecer del 27 de septiembre de 1975, los condenados murieron frente a un pelotón. Ni siquiera cuando podía prever su muerte cercana se apiadó de sus presos. Su odio había llegado casi al infinito.

martes, 20 de agosto de 2013

Los primeros agricultores


Cuando el hombre prehistórico pasa de cazador a productor de alimentos se da lo que el arqueólogo australiano Gordon Childe llama revolución neolítica. Se inició hace nueve mil años en el próximo Oriente y consistió en la domesticación de animales y plantas junto con la sedentarización humana. Esto alteró las estructuras sociales, disociando las funciones de productor y celador de recursos y fomentando la servidumbre y el despotismo.

Ahora bien, este proceso se entiende que ha sido lentísimo. Ocasionalmente, el hombre del Mesolítico pudo haber recolectado las primeras plantas cultivadas. Cabe suponer que figuran entre ellas la cebada, la escaña y la escanda silvestres, que aún crecen como cizañas en las altiplanicies anatólicas y en las estepas y montañas situadas entre Kurdistán y Siria.

Pero volvamos atrás: hace unos doce mil años el clima de la Tierra comenzaba a experimentar una cierta mejoría con respecto al largo período en el que los hielos cubrían grandes extensiones de las actuales regiones templadas. Por aquellas fechas el planeta estaba habitado por pequeñas bandas inconexas de cazadores y recolectores. Estas bandas habían alcanzado un cierto grado de complejidad cultural, como demuestran las manifestaciones artísticas en las cavernas paleolíticas o la perfección de su sencilla técnica (instrumentos de piedra tallada, asta y  hueso o madera).

Cinco mil años más tarde se ha operado un sorprendente cambio (véase ahora la lentitud del proceso): la mayor parte de los grupos humanos ha abandonado su vida de cazadores nómadas para sustituirla por una existencia sedentaria basada en el cultivo de la tierra y en la domesticación de animales. El éxito de estas nuevas actividades y formas de vida ha sido tal  que los pocos grupos humanos que siguen con las antiguas pasan a ocupar un lugar marginal en su distribución geográfica, abocados a la extinción lenta, pero inexorable.

La revolución -aunque lentamente- se ha producido, y no puede evitar una serie de consecuencias: una impresionante aceleración de las formas sociales y culturales y el crecimiento demográfico, que ha caracterizado a los últimos 5000 años de la historia.

Los arqueólogos han denominado Neolítico a este estadío de desarrollo sociocultural y económico en el que los grupos humanos disponen ya de una técnica de producción de alimentos y han modificado su forma de vida para adaptarla a las nuevas condiciones. En esta tecnología agraria incipiente debe incluirse, junto a los instrumentos necesarios para el cultivo, la cerámica, necesaria para almacenar en unos casos y cocer en otros los productos agrarios conseguidos industrialmente.

En los tipos silvestres de las plantas que hemos citado anteriormente (cebada, escaña y escanda) si el eje o raquis de la espiga se rompe de forma que el grano maduro se desprenda de la espiga, aún encerrado y protegido por su cascabillo, el conjunto tiene la propeidad de adherirse a la piel de cualquier animal que lo roce, al igual que sucede con mucha cizañas, lo que permite la dispersión del fruto y su caída a tierra, donde acabará germinando.

La domesticación alteró este proceso cambiando el aspecto de los granos. Un tipo de cebada sustituyó a otros y un nuevo trigo utilizado para panificación en Anatolia e Irán desplazó a otras especies. Hubo otras transformaciones: en el caso del maíz, cultivado en América, los resultados fueron debidos a la evolución de otra planta de la que deriva: el teosinto, que al metamorfosearse, propició que la mazorca apareciera protegida por grandes perfollas. Plantas más remotas como el alforfón, el cáñamo y la adormidera fueron también transformadas por el cambio genético producido con la intervención humana, que habría observado lenta, torpemente, la propiedad cultivable, artificialmente, de aquellas plantas.
 
Yacimiento en los montes Zagros
Muchos de estos cambios los desubrió hace más de medio siglo el botánico ruso Nicolai I. Vavilov (1887-1943). Siguiendo el camino trazado por el francés A. de Candolle, Vavilov sugirió que estas modificaciones derivaban del sistema de cultivo y no de una selección artificial intencionada de los agricultores neolíticos. En otras palabras: lo que Darwin hubiera llamado selección inconsciente.

Tras las primeras cosechas de cereales cultivados el hombre abarcaría otras parcelas botánicas. Por ejemplo, las calabazas y hortalizas. Aparecen así los primeros huertos, cuyo cultivo tan poco tiene que ver con las gramíneas: una cierta diversidad se está abriendo camino.

A aquella selección inconsciente siguió una selección consciente que los especialistas han explicado con varios ejemplos: cuando el hombre neolítico, que poseía ya el telar, observó que el lino que cultivaba para obtener su fibra  en las laderas de la montaña  daba mayores semillas -de gran contenido oleico-  si se cultivaba en los valles. Entonces no era ya solo que el hombre cultivase aquello que veía tenía posibilidades de germinar, crecer y recolectarse sistemáticamente; ahora ya conscientemente selecciona los lugares, las semillas que ha ido diferenciando, la forma de cultivo especializada para cada planta.

El perro es quizá el primer animal  doméstico conocido, según parece desprenderse de los huesos hallados hace años en el yacimiento mesolítico de Star Carr (Gran Bretaña). Estudiosos del Paleolítico, basándose en evidencias arqueológicas y paleontológicas, pretenden que el hombre pudo haber domesticado el camello durante el Paleolítico Superior (unos doce mil años antes de Cristo) en el ámbito cantábrico-pirenaico. Sin embargo, la seguridad de la primera domesticidad animal solo se tiene en el Neolítico, en el que tempranamente, y en las altiplanicies de Irán y Anatolia, el hombre sometió a ovejas y cabras. La domesticación se amplia con la captación del cerdo y más tarde de diversos bóvidos y antílopes en Mesopotamia y Egipto. La hibridación de los animales ya sometidos hará el resto. La domesticación del caballo, posterior a la del onagro o asno salvaje, se lograría más tardíamente en el ámbito euroasiático, casi a la par que la del camello.

Es importante recordar que el dominio humano sobre animales y plantas obedeció a un mismo proceso conceptual y técnico. Parece que el hombre paleomesolítico anterior retuvo en corrales o cercados a animales que habría capturado, guardándolos in vivo de diversos depredadores y dilatando su sacrificio hasta tener necesidad de ellos. De igual forma, algunas gentes mesolíticas de la Europa atlántica pudieron mantener viveros naturales en pozas y charcas marinas, reservando moluscos, crustáceos y peces.

Los especialistas están de acuerdo en que los primeros animales domésticos fueron objeto de una reproducción selectiva de mejor control que la del mundo vegetal; más si se tiene en cuenta que los pupilos podían suministrar otros productos como lacticinios mediante ordeño, y pelos y lana de utilización textil mediante esquileo.

La obtención de crías, así como la docilidad de ciertos animales ante las órdenes y manipulaciones de su amo, hizo que el hombre en el curso de milenios no solo consiguiera uncir a un arado a bóvidos o caballos, o perros y renos a un trineo para labores de tracción, sino emplearlos para el transporte tras la invención de la rueda.

Cabo Blanco


En el occidente de Asturias, muy cerca de la capital municipal, La Caridad, se encuentra el pueblecito de Valdepares. Está asomado a la costa cántabra, al borde de la cual se encuentra un castro (pendiente de excavar) habitado en época prerromana. El parque es recoleto y, muy cerca, se encuentra el sencillo pero palaciego edificio de Fonfría (o de Camposorio), cuya fábrica original es del siglo XVI. 

El castro prerromano cuenta todavía con sus estructuras fortificadas, aunque el que vaya en estos momentos no las verá, pues han sido tapadas en espera de nuevas campañas arqueológicas. El castro de Cabo Blanco forma parte del conjunto que han sido estudiados en el occidente asturiano, como el de Coaña en Villacondide, el de Pendia en Boal, cerca del río del mismo nombre; el de la Escrita, también en Boal; el castro de Chao Samartín en Gandas de Salime, río Navia arriba, quizá el que está arrojando más datos en la actualidad; el castro de Monte Castrelo (en Pelou, Grandas), el llamado Os Castros en Taramundi, en la misma línea con Galicia; el castro de Larón en Cangas de Narcea...

El castro de Cabo Blanco es un ejemplo magnífico de los costeros, al estilo del de Baroña, al suroeste de la provincia de A Coruña. El mar ha roto millones de veces contra el acantilado y se ha formado un conjunto de rocas partidas caprichosamente, donde siguen batiendo las olas. El paisaje es extraordinario, tanto en días luminosos del verano como en los brumosos del invierno. Al fondo la inmensidad del mar; en lo alto el castro sobre la rasa asturiana; en medio las rocas partidas y defensa de los antiguos pobladores por el norte.

lunes, 19 de agosto de 2013

Una necrópolis en Alarcos

Aunque el resultado de los trabajos arqueológicos ha dado más resultados sobre el Alarcos medieval, ya en época prerromana fue un oppidum o ciudadela desde la que se dominaba un territorio más o menos amplio. Sus habitantes eran los que los romanos conocieron como iberos y hoy se encuentra en la provincia de Ciudad Real.

En medio de la llanura, el río Guadiana pasa algo más al norte y al oeste y donde ahora se encuentra un Parque Arqueológico se ha excavado una necrópolis de época prerromana. Se trata de seis túmulos, uno de los cuales revela el lugar de enterramiento de un notable íbero, un jefe militar seguramente. Se han encontrado varias cuentas de collar (algunas de forma cilíndrica) dos faltacas (aunque en campañas diferentes), una urna y cerámica. 

Los iberos se incineraban al morir; algunos quizá ni siquiera eran enterrados pero otros sí, con sus ajuares, en señal de diferenciación social. Los túmulos demuestran una antigüedad de la necrópolis entre los siglos VI y II antes de Cristo, según los arqueólogos que dirigen la excavación, Rosario García y David Rodríguez. 

La particularidad principal es que la tumba del notable ibero está escalonada, quizá señalando los diversos niveles de importancia del lugar. Se espera encontrar alguna escultura y tal vez en algún museo ya se encuentren esculturas que procederían de necrópolis como la aquí estudiada.

El oppidum ibérico de Alarcos
 

sábado, 17 de agosto de 2013

Dos valles leoneses

Puente sobre el río Porma
En la vertiente meridional de la cordillera Cantábrica, al nordesde la provincia de León, nacen los ríos Curueña y Porma. El primero entre los puertos de la Vegarada y San Isidro y el segundo en las proximidades del puerto de las Señales. Estos ríos, caudalosos para su poca anchura, se encajan a veces en los estrechos valles por los que discurren y en ocasiones pasan por entre prados donde pastan vacadas y caballos. Llegan a confluir muy cerca de Cerezales del Condado, relativamente cerca de la ciudad de León. 

El Porma sigue entonces, una vez recibe las aguas del Curueño, y desemboca en el Esla, cerca de Villaverde de Sandoval, donde se encuentra el monasterio de Santa María, obra del siglo XII aunque fue objeto de numerosas reformas, conservándose casi solo la iglesia. Aguas arriba del río Curueño se pueden ver numerosos puentes de factura medieval, aunque quizá conserven algo de época romana. Reformados algunos con dudoso gusto, otros mantienen la estética antigua con acierto. El paisaje es extraordinario y todavía más cuando llegamos a las hoces de Valdeteja, pueblecito que queda un poco desplazado hacia el oeste. Las moles pétreas acompañan a la carretera y al río hasta Nocedo, donde se puede ver una espectacular cascada, y luego Valdepiélago, capital municipal y la aldea de Ranedo de Curueño. Desde La Vecilla el paisaje montañoso va desapareciendo y se abre la meseta camino del sur.

En el alto Porma han quedado lagos quizá de origen glaciar, como es el caso de Isoba; más al sur el hombre ha construído un embalse, entre Camposolillo y Valdecastillo. Poco más al sur se encuentra Boñar, la villa más importante y animada de gente, que quizá deba su nombre a la existencia de alntiguos baños. Por la villa pasa el ferrocarril que se construyó para unir la zona minera que tenía su capital en La Robla hasta Bilbao. Lo más destacado, además del paisaje, es la iglesia de San Pedro, obra del siglo XVII.

El Curueño y el Porma son ríos trucheros y salmoneros, descendiendo con rapidez desde las alturas hasta la meseta. Los prados y los árboles copiosos, junto con las grandes rocas peladas de vegetación por la erosión nivosa, acompañan al viajero durante todo el camino. No es extraño ver en las villas y aldeas grandes pilones con caños que vierten agua a raudales, consecuencia de la bundancia de la misma. Los veranos son calurosos, pero una brisa casi constante hace que a la sobra que esté muy bien y los inviernos son fríos por el aislamiento del mar y la altura. 

Unos kilómetros al este puede visitarse el Museo de la Minería y la Siderurgia, en Sabero. En una gran nave formada por ojivas enormes, junto con otras dos más pequeñas con arcos de medio punto, tuvo lugar la primera experiencia siderúrgica con alto horno en España. La minería del carbón fue, sin embargo, la riqueza de la región. El museo, establecido hace unos pocos años, aprovechó las instalaciones siderúrgicas de mediados del siglo XIX, construídas por la una sociedad palentino-leonesa de capital español. Con su farmacia de la época, sus paneles explicativos, dibujos y recreaciones, reproducciones de la maquinaria, etc., es un museo digno de verse, que rinde tributo a las gentes que trabajaron en condiciones muy peligrosas. 

Cerca de Sabero está la modesta cueva de Valdeajo, con estalagtitas y estalagmitas. No puede compararse a la grandiosa -y cercana- de Valporquero, pero es un atractivo más de esta comarca minera donde se está trabajando para evitar las escombreras de carbón que han quedado de las antiguas explotaciones.

jueves, 25 de julio de 2013

Los servidores de Hogarth

Óleo sobre lienzo (Tate Gallery)
Dice Eva-Gesine Baur que originalmente, Hogarth quiso ser un pintor de historia, pero ni sus contemporáneos ni sus sucesores mostraron especial interés por estas ambiciones. Lo que buscaban era el Hogarth del "Mundo al revés", el Hogarth de la sátira moralizante... Y se interesaban por el retratista. Su capacidad de caracterización, de descubrir lo único en la típico, su inclinación a extraer los aspectos  históricos fuera del contexto... para conseguir ejemplos irónicos de la naturaleza humana, hicieron que estuviera considerado como el pintor de la vida privada, de los aspectos ocultos u olvidados. Entre sus obras tardías se encuentra este retrato de sus servidores. Hogarth retrata a un grupo, pero se niega a ordenarlos en forma de un retrato de grupo, de "conversación". Hace un cuadro con el carácter de un estudio, emplea los medios del boceto y, al mismo tiempo, realiza cada uno de los rostros con cuidado. Los sirvientes llevan su triste traje doméstico, se apiñan en su espacio mínimo y, sin embargo, son individuos completamente libres. Cada uno de ellos mira en una dirección distinta, ninguno de ellos se relaciona con el otro. No revelan nada sobre sí mismos. 

En el Londres de la primera mitad del siglo XVIII ya se comercializaba el arte profusamente, no era cosa solo de señores y aristócratas, y muchas de las obras de Hogarth se adaptaron perfectamente a un nuevo público. De la época en la que pinta a sus sirvientes es la obra "Eligiendo entretenimiento, en la que una serie de personajes tratados de forma jocosa tocan instrumentos musicales, beben, se mueven y amontonan en torno a una mesa. No hay orden, cada uno a está a lo suyo y algunos departen entre sí, pero en juerga ilimitada (se encuenta en el Sir John Soane's Museum de Londres). Otro cuadro es el que lleva por título "Solicitando votos", en el que dos personajes, a la puerta de una taberna, piden el voto a otro, mientras las demás personas a lo suyo y el simbolismo de un león en una puerta que parece querer comerse una flor de lis (se encuentra en el mismo museo).

"La boda de Stephen Beckingham y de Maria Cox" es el título de un cuadro pintado en 1729 que se encuentra en el Museo Metropolitano de Arte, Nueva York. Representa un contraste porque el marco es una arquitectura neoclásica, cierto barroquismo escenográfico y la formalidad de los personajes. Pero pronto vuelve de nuevo a "La orgía", obra de 1735, con los personajes en torno a una mesa, bebiendo, cortejándose, con un pie levantado, con las piernas femeninas  al descubierto en una explosición de las costumbres "licenciosas" de la clase media de su época.

Minorías y revolución industrial

Un interesante debate es el del papel de las minorías religiosas en el origen del capitaismo moderno y en los comienzos de la industrialización. Las primeras tentativas de interpretación en este sentido se remontan al sociólogo alemán Max Weber, autor de un ensayo aparecido en 1904, "La ética protestante y el espíritu del capitalismo". Grupos de protestantes puritanos, penetrados de ascetismo, estuvieron en el origen e asombrosos éxitos económicos en los siglos XVII y XVIII, especialmente en Holanda, Ginebra, Neuchâtel y en Inglaterra. Parece que existe una relación directa entre el ascetismo protestante y el éxito del espíritu de empresa. Es cierto que los puritanos castigaban la posesión de riqueza: esta paradoja no es más que aparente, porque el puritanismo insistía en el esfuerzo individual, el éxito personal en la vida. Son los protestantes derivados del calvinismo los que se lanzaban por tal camino; merced a la frugaliad de la existencia y a la intensidad del trabajo el puritano acumulaba (¿a pesar de él?) riquezas que transmitía a sus herederos.

Esta tesis, que ha sido recogida y ampliada por R. H. Tawney fue refutada por otros, que señalan como en las ciudades italianas desde la baja edad media, mucho más entre los siglos XV y XVI, floreció un espíritu de empresa practicado por católicos, fervientes o escépticos, en un ambiente católico y con una moral dominada por la Iglesia de Roma: los casos de Florencia, Venecia, Milán, Parma, Génova y Pisa son evidentes. 

El historiador Ashton, por su parte, ha insistido sobre el papel de los incorformistas en el espíritu de empresa: téngase en cuenta que tenían vedadas ciertas profesines, como el ejército, la marina, la política y las universidades de Oxford y Cambridge les estaban prohibidas. Se dirigían, entonces, hacia los negocios. Los fundadores de la industria francesa proceden de grupos minoritarios, encabezados por los calvinistas. Algunos de ellos son de origen suizo (Vaucher; los Neuflize, que llegaron de Suiza pero procedían de hugonotes franceses emigrados después de la revolución del edicto de Nantes). El grupo más dinámico de industriales franceses, el del Este, comprendía una mayoría de calvinistas, los Peugeot y los Japy en la metalurgia, los Méquillet, Schlumberger, Boigeol, Sahler en el textil. Muchas de estas familias estaban emparentadas entre sí. En Mulhouse, los Dollfus (de Dollfus-Mieg y cía.) estaban unidos a los Bourcart, Koechlin, Schumberger, Naegley, Thierry-Mieg.

El historiador Ashton, por su parte, ha insistido sobre el papel de los incorformistas en el espíritu de empresa: téngase en cuenta que tenían vedadas ciertas profesines, como el ejército, la marina, la política y las universidades de Oxford y Cambridge les estaban prohibidas. Se dirigían, entonces, hacia los negocios. Los fundadores de la industria francesa proceden de grupos minoritarios, encabezados por los calvinistas. Algunos de ellos son de origen suizo (Vaucher; los Neuflize, que llegaron de Suiza pero procedían de hugonotes franceses emigrados después de la revolución del edicto de Nantes). El grupo más dinámico de industriales franceses, el del Este, comprendía una mayoría de calvinistas, los Peugeot y los Japy en la metalurgia, los Méquillet, Schlumberger, Boigeol, Sahler en el textil. Muchas de estas familias estaban emparentadas entre sí. En Mulhouse, los Dollfus (de Dollfus-Mieg y cía.) estaban unidos a los Bourcart, Koechlin, Schumberger, Naegley, Thierry-Mieg. 

La minoría judía tiene un comportamiento aún más característico, subordinando todos los valores cotidianos a la empresa, a la industria, y ello no solo para ganar dinero, sino para asegurar un logro, tanto moral como social o material. Rostow sabe que, por sí sola, la religión no es condicionante suficiente para conducir a las minorías al éxito empresarial. Él añade que han de darse dos condiciones para que esto sea así: cuando los caminos para llegar al prestigio y al poder se les cierran a aquellas minorías; en segundo lugar cuando estas minorías son lo suficientemente flexibles como para no impedir a sus miembros el camino del progreso material que pudiera contradecir a sus tradiciones.          

miércoles, 24 de julio de 2013

El "Paisaje dorado" de Permeke

Óleo sobre lienzo (1945)
Este paisaje es probablemente uno de los mejores de Pemeke, a juicio de Sylvie Vander Stegen. Revela la paz que había encontrado después de un período de constantes experimentos con las posibilidades de deformación. Desde mediados de 1930 había renunciado a la forma extrema del expresionismo y poco a poco comenzó con un estilo más clásico. Tanto las pinturas que hizo a partir de entonces y los desnudos femeninos que dibujó y esculpió, muestran que quiso representar la realidad de una manera más nítida. Sus desnudos femeninos ya no eran robustas mujeres campesinas flamencas, sino sofisticadas doncellas jóvenes, sensuales. 

Sus paisajes llanos y abiertos con pequeñas casas y árboles sustituyen las formas monumentales. El panorama actual muestra que en la composición Permeke también se acercó más a la tradición. La composición de la pintura es convencional: el horizonte es bajo, y el cielo llena dos tercios de la superficie. Al hacerlo, Permeke fue capaz de añadir una fuerte carga atmosférica en el cuadro. En ese período era más importante para él crear un paisaje con un ambiente de gran alcance que proporcionar una representación exacta de la realidad, o la expession de su propia mente atormentada. Los colores también son propicios para la armonía y el ambiente de de pintura. Los baños de luz solar amarilla sustituyen a los contrastes vivos de color en otras pinturas de Permeke producidas en años anteriores. Al contrario: dejó sitio a una pintura casi monocroma, dominada por un suave color marrón claro, reduciendo los innumerables matices y tonos.

Nacido en 1886 en la activa Amberes, tuvo tiempo de conocer la riquísima variedad de experiencias en el campo de arte antes de su muerte en 1952. Se dejó llevar por la catástrofe de dos guerras mundiales, lo que sin duda influyó en su arte expresionista, miemtras que en los momentos de calma espiritual se entregó a la representación de paisajes como este donde, sin embargo, lo más importante no es la parte humanizada, sino la propia naturaleza.

La judía Feiga Jaimova Roitman

A finales de agosto de 1918 Feiga Roitman disparó a Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, hiriéndole gravemente, aunque el líder bolchevique se recuperaría de sus heridas, una de ellas en el pulmón. Solo se sabe de la autoría de los disparos por testimonios que no fueron definitivos y por la confesión de la autora, que se mostró contraria al cariz que tomaba la revolución bolchevique. No era la única: socialistas de las más variadas familias también estuvieron en desacuerdo con la dictadura leninista, pero los bolcheviques, quizá mejor organizados, fueron capaces de hacerse con las riendas del poder, contar con el apoyo de la mayor parte del ejército -sobre todo la tropa- y con muchos obreros de las ciudades del oeste. No así con los campesinos, que estaban adscritos al anarquismo en algunas regiones y a los social revolucionarios, implantados sobre todo en el campo ya durante el zarismo. 

Al noroeste de Ucrania se encuentra Volinia, la región donde había nacido Roitman en una familia judía; más tarde la anarquista Feiga adoptaría el nombre Yefimovna Kaplán. Su trabajo desde muy joven en Odesa le enseñó la dureza de las condiciones de vida de la clase obrera, que ella padeció también. Pronto cometió algunos atentados terroristas, por lo que fue enviada a un campo en Siberia. Como tenía alguna formación las autoridades no la sometieron a los trabajos más penosos y junto con otras mujeres afectas al socialismo tuvo la oportunidad de intercambiar ideas y experiencias. 

Cuando comprobó las intenciones de los bolcheviques se opuso a ellos y comenzó una militancia a medio camino entre el anarquismo y el socialismo revolucionario en Crimea, pero siempre en oposición al nuevo régimen, que se debatía entre la salida de la guerra mundial, la guerra civil, la miseria y la división del país. Su vida personal estuvo llena de penurias, llegando a quedarse ciega, lo que en medio de la desesperación le llevó a un intento de suicidio. Posteriormente consiguió ser curada parcialmente de la ceguera y volvió a ver. 

El terror se había apoderado de Rusia y los demás territorios a ella adheridos: el ejército blanco no era más benigno que el ejército rojo, las checas creadas por los bolcheviques asesinaban sin miramientos, las delaciones de multiplicaban y la falta de seguridad jurídica era total. Detenida Roitman tras el atentado contra Lenin, mostró su carácter indisciplinado y lejano a la colaboración con sus captores. Encarcelada en Lubyanka, nombre de una plaza de Moscú, sufrió malos tratos e interrogatorios humillantes. Parece indiscutible que fue ella quien atentó contra Lenin, pues llegó a confesarlo: ¿quizá porque se vio perdida y quiso pasar a la historia como una valiente liberadora?

En todo caso Feiga Roitman (Kaplán) es un ejemplo de la enorme desunión eixstente entre los revolucionarios que lucharon para acabar con el zarismo. No fue el pueblo quien derrocó dicho régimen, o al menos no se puede admitir de forma tan simple. Fue el ejército, un partido revolucionario fuertemente jerarquizado como el bolchevique y la participación de soviets y obreros de las ciudades, muchos de los cuales se apartaron luego del bolchevismo. La represión y el cierre de la prensa de los grupos socialistas no bolcheviques muestra que muy pronto la pretendida democracia soviética se quebró. Algunos como Roitman constituyen premoniciones de lo que luego vendría.

martes, 23 de julio de 2013

El banquero y el pintor

Barón Francis Delbeke (1917)

Que el banquero Francis Delbeke y el pintor Jules Schmalzigaug se conociesen no es extraño porque los dos eran ricos, pero aunque no hubiese sido así la afición al arte del primero seguramente les hubiese acercado. El banquero tuvo una larga vida llena de actividades, mientras que el pintor vivió solo treinta y cinco años, pues decidió quitarse la vida quizá influido por su propio arte y el de los movimientos en los que participó, por su extrema sensibilidad y por los horrores de la gran guerra.

La obra de arriba es un gouache y pastel sobre cartón realizada en 1917, el mismo año de la muerte del pintor durante su exilio en los Países Bajos. Delbeke dejó escritas las siguientes palabras sobre el arte de su amigo: "... la luz es el movimiento, la vida". Formado en las Academias de Karlsruhe y Bruselas, Schmalzigaug visitó en París el Salón de los Independientes en 1911, donde descubrió las múltiples perspectivas utilizadas por los cubistas. En el retrato de Delbeke todo ha sido interpretado mediante geometrías, si bien la figura del banquero, escritor y coleccionista de arte está más próxima al realismo. 

Al año siguiente -escribe Francisca Vantepitte- la exposición de los pintores futuristas italianos en París fue una revelación para Schmalzigaug. En 1912 fijó su residencia en Venecia atraído por su luz vibrante. Dos años más tarde participó en la "Esposizione futurista internazionale" en la Galleria Sprovieri de Roma. Boccioni, Balla, Russolo y Marinetti elogiaron al único futurista belga, pero tras el estallido de la primera guerra mundial Schmalzigaug se vio obligado a salir de Italia. Su aislamiento en los Países Bajos dio lugar a un cambio en el estilo que también se puede ver en el retrato de Francis Delbeke. La composición se simplifica y es más estructurada, los colores son más apagados y las técnicas de aguada y pastel más sensoriales. Schmalzigaug pintó a su amigo como un intellecutal perspicaz, hojeando los documentos en su escritorio.

Ese banquero intelectual se había interesado por la Revolución Francesa y la por masonería, por el arte y por coleccionar pinturas de artistas belgas. Amberes fue la ciudad que se benefició de su mecenazgo artístico, pero también algunos pintores. Formado en el más acendrado catolicismo esto no fue óbice para comprender los múltiples caminos expresivos del arte.

Enfrentados en Valmy

Paisaje de la Champaña francesa
Varios ríos recorren la región de la Champaña: el Marne, el Aube, el Sena el Aisne y el Mosa en el noreste de Francia. Ya desde la Edad Media destacaron sus villas por la prosperidad económica, en el eje de Inglaterra hasta el norte de Italia, por lo que desde el siglo XII sus ferias fueron famosas. Ya en el siglo XVIII destacaba por la producción cerealística, sobre todo alfalfa y cebada y eran famosos sus viñedos. El paisaje forma parte de la gran llanura europea, solo alterado por ondulaciones en el relieve, con un clima oceánico algo continentalizado. 

Las conquistas de la Revolución Francesa fueron defendidas en las proximidades de Valmy contra un ejército prusiano, animado por las monarquías aliadas del rey francés Luis XVI. La villa fue cañoneada abundantemente, mientras que dos ejércitos franceses defendía la plaza: era septiembre de 1792 y la revolución estaba en plena efervescencia. Ya se había producido el intento de fuga del rey, detenido en Varennes, obligado a jurar la Constitución monárquica de 1791 y faltaban unos pocos meses para que el rey fuese ejecutado al dar comienzo 1793. 

La Francia revolucionaria había declarado la guerra a Austria, quintaesencia del absoutismo en la época, por lo que la Champaña había sido invadida por austríacos, prusianos y nobles emigrados con sus huestes. No fue una batalla especialmente sangrienta, pero sí se considera estratégicamente importante dado el momento y el lugar donde se produjo. Uno de los dirigentes militares que lucharon del lado revolucionario fue Lafayette, curtido en la guerra de independencia de las colonias británicas de Norteamérica y luego zigzagueante durante la larga revolución francesa.

Otro de los participantes en la batalla de Valmy fue Dumouriez, cuando ya los absolutistas iban camino de Verdún, que cayó en sus manos, pero el patriota consiguió ahuyentarlo cerca de Metz. Dumouriez se había hecho notar tras el intento de huída del rey hasta Varennes. Girondino y por lo tanto partidario de extender las ideas revolucionarias fuera de Francia, había ocupado importantes puestos en el gobierno pero ante todo fue un militar.

El ejército aliado absolutista se tuvo que ir retirando tras el enfrentamiento -más bien ataque- a Valmy, donde cobró experiencia el que después sería inspirador de la independencia amerinaca, Francisco de Miranda. Este no llevó a Venezuela solo el conocimiento adquirido en materia militar (más que esto fue un pensador y político) sino el entusiasmo de aquellos soldados que sabían lo que defendía contra los que pretendían perpetuar el privilegio y la falta de libertad de los pueblos. 

lunes, 22 de julio de 2013

"Paisaje marino en Saintes-Maries-de-la-Mer"


Mientras Van Gogh vivía en Arles, en la Provenza, visitó Saintes-Maries-de-la-Mer entre el 30 de mayo y el 3 de junio de 1888. En este lugar descubrió el Mediterráneo y se llenó de asombro. Las cartas a su hermano Theo y a su amigo Emile Bernard demuestran entusiasmo. La estancia en este lugar le serviría como inspiración para doce obras. Según Brita Velghe el Museo Pushkin de Moscú conserva una pintura de un paisaje marino con los barcos aparejados y velas triangulares y manejados por un solo hombre. Después de su vuelta a Arlés, Vincent escribió una carta a Emile Bernard con un bosquejo de este episodio incluyendo anotaciones de color, terminando tres versiones que actualmente están en la Nationalgalerie de Berlín, en el Museo Guggenheim de Nueva York y en el Museo de Bruselas, que es el único que fue firmado por el artista.

Su estilo, rápido y conciso, se inspiró en el de los japoneses, de los que Van Gogh había empezado a recoger ejemplos en Amberes en diciembre de 1885. Vincent concedió suma importancia al dibujo como la columna vertebral de la pintura. El mar con sus colores siempre cambiantes -dice Brita Velghe- la chispa de la luz intensa sobre las olas, el horizonte lejano, la impresión de infinitud, todo ello fue capaz Van Gogh de captar en este paisaje marino de Saintes-Maries-de-la-Mer. Primero dibujo con grafito y el dibujo fue remodelado luego con una caña afilada con gradaciones sutiles de tinta marrón. Pero ya se ven los trazos gruesos en primer plano, retorcidos y sinuosos, la embarcación es impresionista y el fondo celeste con la técnica puntillista.

No es extraño que el paisaje de la Camarga, en las bocas del Ródano, inspirase a Van Gogh. Hoy, su centro es Etang de Vaccarès. Con frecuencia sopla el mistral y los veranos son calurosos. En algunas lagunas se ven flamencos embelleciendo en paisaje. Pero Saintes-Maries-de-la-Mer está en la costa, dejando a un lado y al otro los lagos más o menos grandes que hacen al gran paraje tan especial. La playa ondulante se divide para dar salida al agua de una de las lagunas, la población tiene todas sus casas bajas y ordenadas en el paisaje, sin romper con la gran planicie. Los caballos almizcleros recorren las lagunas y en el centro se alza la iglesia fortaleza, con sus arcadas altas y sus listeles alargados de estilo lombardo. Su fábrica es del siglo XII.

Según los lugareños María Magdalena, María Salomé, María Jacobe y otros tuvieron que escapar de Palestina en barco y después de un azaroso viaje, llegaron a las proximidades de Saintes-Maries-de-la-Mer, de ahí el nombre de las marías. 

Los bunts campesinos

Los campesinos en Rusia y los territorios a ella sometidos han protagonizado una historia social que se aparta de la actitud pasiva con la que se les trata en algunos relatos históricos. Ya en el siglo XVIII se produjo uno de estos levantamientos campesinos contra la intención centralizadora y opresora de las autoridades rusas. En 1735 el levantamiento estuvo protagonizado por los cosacos, guerreros al margen del estado que desde la Edad Media dirigieron enfrentamientos en Ucrania y Rusia. 

En 1773 se produjo otra revuelta campesina que puso de manifiesto el descontento de buena parte de la población ante la situación de servidumbre que padecía. Los siervos de la gleba estaban atados a la tierra y pasaban de un señor a otro cuando la heredad cambiaba de manos, pero la situación de otros muchos campesinos no difería mucho aunque jurídicamente sí lo pareciese. Muchos campesinos estaban organizados en "mir", es decir, en unidades fiscales que respondían colectivamente. Obviamente había campesinos que eran dueños de tierra en mayor o menos medida, con lo que la situación era muy diversa, pero esta diversidad se daba también en cuanto a rendimientos, además de que las técnicas eran muy atrasadas y el campesinado no disponía de capital para mejorar las explotaciones. 

Así pues en las zonas esteparias, en las de climas benignos, en las zonas siberianas y en las proximidades de los Urales, en el oeste, en Ucracia y en regiones diversas de Rusia el objetivo último del campesino era librarse de la opresión de los señores, de la Iglesia y del Estado (pues había siervos del Estado) y disponer de la propiedad de la tierra, sobre todo entre los millones que no eran propietarios. La liberación de los siervos a partir de 1861, por obra de zar Alejandro II, no mejoró casi en nada la situación de los campesinos, sometidos a las inclemencias del tiempo, a la pobreza y las exacciones del Estado.

Cuando se produjo la revolución rusa de 1917 el campesinado aprovechó el desconcierto de los gobiernos provisionales anteriores a octubre de dicho año y se apropió de tierras que hasta ese momento estaban ocupadas por los nobles y la Iglesia. El Estado dejó hacer de forma que cuando los bolcheviques se hicieron dueños de la situación política -con la guerra civil de por medio- una de las primeras medidas fue consagrar lo que los campesinos ya habían hecho, repartir la tierra. Las formas fueron esencialmente dos: o que las aldeas comunitariamente administrasen las propiedades o que cada campesino hiciese lo propio con la que se había apropiado. De todas formas, la necesidad de abastecer al ejército y a las ciudades obligó a los bolcheviques a requisas de grano, lo que había ocurrido ya con anterioridad. 

El gobierno comunista establecido desde octubre-noviembre de 1917 era partidario de la colectivización de la tierra, más bien de la estatalización, de forma que los campesinos pasasen a ser empleados del Estado en sus diversos grados. Sin embargo por un momento los comunistas y los soviets más apegados a ellos dejaron que los campesinos viviesen el espejismo de la propiedad. En realidad el campesinado ruso, ucraniano y de otras nacionalidades se sumó a la revolución -cuando se sumó- por lo que de ventaja representaba para él. Había casos en los que grupos de campesinos estaban imbuidos de las ideas socialistas y más concretamente anarquistas, como en Ucrania. Las ocupaciones de tierras en época revolucionaria fueron una reedicición de los antiguos "bunts" que habían protagonizado los campesinos siglos atrás.