domingo, 27 de agosto de 2017

La región más olvidada


Villarreal de San Carlos, hoy

María Soledad Pita he hecho un trabajo sobre los intentos de repoblar Extremadura por parte de los ilustrados españoles en el siglo XVIII[1]. La región era una de las más despobladas de España cuando las costas empezaron a recibir población y el interior empezó a perderla, tendencia que no ha cesado desde entonces. Se trataba de poner en cultivo tierras baldías frenando el gran desarrollo de la Mesta; también de construir caminos que uniesen la capital con la periferia; se proyectaron ciudades en torno a dichos caminos, pero la mayoría de estas obras no se realizaron. No bastaba con la voluntad y clarividencia de una minoría ilustrada, faltaba un cambio de régimen que no se dio hasta la centuria siguiente.

Los ilustrados encargaron cartografías de los terrenos que querían conocer y ya durante el reinado de Felipe V se promulgó una ordenanza (año 1718)[2] en la que se encargó a los ingenieros militares hacer un reconocimiento exhaustivo del país, levantar planos y mapas y se hiciesen memorias. También se constató el problema del bandidaje, que asaltaba a los viajeros debido a los despoblados. Se vio que la situación reinante hacía imposible el desarrollo, aunque la región fuese rica potencialmente.

En 1767 se promulgó el Fuero de las Poblaciones, obra que ya se había planteado en el siglo XVI y que recibió impulso en el XVIII: ello supuso la creación de cuarenta y cuatro pueblos y once ciudades, estableciéndose unos diez mil colonos extranjeros entre Madrid y Cádiz, ciudad esta a donde llegaban las mercancías procedentes de América. Luego el Estado siguió con otros proyectos, y también particulares; en el primer caso la Real Provisión de 1777 sobre “Reglas para la repoblación de Extremadura”.

Fue Antonio Ponz[3] el que calificó a Extremadura como “la región más olvidada”, dejándonos algunas impresiones en su obra: la mayor parte de la tierra está destinada a dehesas, cotos y rebaños. Hablando de la zona de Alcántara dice “sin descubrir alma viviente por aquellos derrumbaderos”. En el Tajo pudo hablar con un barquero, “figura más extraordinaria, y de peor catadura, que he visto”, comparando el río con el “Acheronte”, río griego del inframundo, el río de los afligidos. Habla también de los malos caminos y de las extensiones despobladas. “Solo en las riberas de Almonte”[4] vio algo de vida, añadiendo, en esta “pingüe Provincia de Extremadura”. Añade que en las Corchuelas[5] hay un palacio arruinado, y visita el puerto de la Serrana, hasta el que llegaban las dehesas. Aquí vio los “vestigios de una venta”, lamentándose en otro pasaje de las “calamidades [que] habré pasado” recorriendo estas tierras.

Otro de los ilustrados que estudia la autora a la que sigo es Campomanes, que ya se había preocupado de imaginar sociedades idealizadas en su “Sinapia”. El rey Carlos III le había regalado una finca en las proximidades de Mérida, que él quiso dedicar al cultivo de moreras. En 1778 Campomanes viajó por Extremadura y dejó plasmada una memoria que presentó al Consejo de Castilla. El documento se estructura en cuatro partes: desde Madrid a la venta y puente del río Alberche, desde aquí hasta el Tajo y el puente de Almaraz, hasta el Guadiana y el puente de Mérida y hasta el arroyo de la Caya, en la frontera portuguesa. Para Campomanes lo principal era el acondicionamiento del camino real, que ya estaba casi acabado pero no del todo, y llega a la conclusión de que el despoblamiento es la cusa del abandono de estas tierras y no su consecuencia, indicando que los más notables despoblados están entre Calzada de Oropesa y Navalmoral de la Mata y Almaraz, entre esta población y Jaraicejo, el puerto de Miravete y Torrejón el Rubio, los montes de Trujillo, las zonas del arroyo de Toro y Pizarrosillo, Don Pedro y Medellín, Mérida y Alburquerque (con la excepción de Nava), el arroyo de Albarregas y el de Lácara, la Puebla de Montijo y el fuerte de San Cristóbal, el santuario de Botova…

La memoria fue tomada con interés por el marqués de Ustáriz (1735-1809), ascendido a intendente de Extremadura en 1770, donde su gestión se vio entorpecida por los grandes propietarios de la Mesta. Las propuestas para la repoblación de Extremadura fueron las siguientes: se pretendían crear una enorme cantidad de nuevas poblaciones, así como dos asentamientos entre Calzada de Oropesa y Navalmoral de la Mata. En esta zona se proyectó Encinas del Príncipe. Se plantea otra población entre el puerto de Miravete y Torrejón el Rubio (Villareal de San Carlos, el único que se llevó a cabo y que hoy existe). También se habló de la posibilidad de crear poblaciones en el camino entre Jaraicejo y Cáceres, entre Mérida y Badajoz, entre el río Gévora y Alburquerque.

A la postre, lo hecho fue mucho menos de lo proyectado, pero al interés ilustrado se sumaron algunas iniciativas privadas, de las que son ejemplos los proyectos de Valbanera y Roza de la Pijotilla, que nunca llegaron a ser realidad. Pero María Soledad Pita señala que para Extremadura no existió un plan que se pareciese al de Sierra Morena y Extremadura, sino propuestas más o menos inconexas. La “memoria” de Campomanes sobre Encinas del Príncipe es de 1778, que se proponía entre Calzada de Oropesa y Navalmoral de la Mata. Aunque fracasaría, sus habitantes serían labradores y cada uno recibiría cuarenta fanegas de tierra, sobre todo con la intención de producir trigo y otros granos. Cada agricultor tendría hasta doscientas cabezas de ganado lanar, y se entregaría cincuenta fanegas de tierra a cada uno para pastos, sin que un solo labrador pudiese tener más tierra que la indicada, pagando al Estado el 3% de lo producido, eligiendo los habitantes al alcalde y a los concejales.

Villarreal de San Carlos, la única villa que se llevó a cabo, está situada entre Plasencia y Trujillo.


[1] “Encinas del Príncipe, Villarreal de San Carlos, Valbanera y la Roza de la Pijotilla…”.
[2] Incluso sobre los ríos que pudiesen hacerse navegables.
[3] Nacido en Torás, Castellón, en 1725, murió en 1792. Clérigo, pintor, académico, fue un verdadero ilustrado, dejándonos una importante obra, entre otras: “Viaje de España”.
[4] Afluente del Tajo en la provincia de Cáceres.
[5] Al sur del Tajo y de Villarreal de San Carlos (es una pequeña sierra).

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