lunes, 13 de noviembre de 2017

Comerciantes genoveses en Granada



Huéscar (Granada)

Entre Ronda, Osuna y Córdoba, el campo de Montiel, Jumilla y el puerto de Cartagena, se desenvolvió, durante la Edad Moderna, un importante tráfico comercial cuyos protagonistas fueron genoveses y otros italianos, formándose verdaderas dinastías de comerciantes que tuvieron como centro la ciudad de Granada, pero también la villa de Huéscar, en el extremo norte de la actual provincia.

El tema ha sido estudiado por Rafael María Girón Pascual[1] en su tesis doctoral, donde se pone de manifiesto que no toda la colonia que se entendía por genovesa estaba formada por naturales de la ciudad ligur, sino que también había lombardos y de otros lugares de Italia, aunque la mayoría sí fuesen genoveses. No todos los que residieron en el Reino de Granada fueron mercaderes, a donde llegaron a partir de los puertos de Cartagena y Alicante o mediante la costa granadina; muchos eran criados, artesanos o de otros oficios, pero muchos se naturalizaron españoles cuando comenzaba el siglo XIX.

Uno de los pertenecientes a una importante familia de mercaderes se afincó en la villa de Torvizcón, cerca de la costa, a finales del siglo XVII y otros se dedicaron a la medicina, el derecho y la política, sobre todo a partir de 1875. Otro fue platero, que emparentó con farmacéuticos, médicos, literatos e historiadores, pero la mayoría fueron mercaderes siguiendo la tradición comercial de Génova, que se remonta a la Edad Media y que abarcó las actividades financieras. Un memorial de 1575 habla de 25 casas de genoveses en Granada, en las que vivirían doscientas personas que comerciaban con sedas, lanas, especias, paños, lienzos, ganados y otras mercaderías. El mismo documento habla de los que estaban avecindados y solo eran ocho, uno de ellos “veinticuatro”; se trataba de grandes mercaderes que aparecen repetidas veces en la documentación consultada por el autor.

La lana tenía como principal destino Italia y los protocolos notariales han suministrado datos sobre el comercio de este producto y el azúcar, sobre todo en Huéscar y Granada, pero también en Toledo, Madrid y Cartagena. Operaban de seis a doce compañías al año y todas ellas importaban productos manufacturados –armas, quincalleria, clavazón- paños y lienzos de Francia e Italia, papel, tintes, etc., utilizando también todas ellas cédulas, letras de cambio y préstamos dinerarios. Los dueños de estas compañías fueron emparentándose entre sí, habiendo alcanzado la consideración de “nobleza nueva” que da la riqueza.

Una de las familias más ricas fue la de los Mayolo, por lo menos entre 1565 y 1600, que enviaban grandes cantidades de lana a Italia por los puertos de Cartagena y Alicante. Los Mayolo habían sido artesanos de seda en Génova y uno de ellos llegó a ser “veinticuatro” de Granada, casándose con una morisca que pertenecía a la familia de los marqueses de Campotéjar. Los Mayolo en Génova tuvieron un dogo en la ciudad y su comercio se extendió a Amberes y Madrid, encontrándose también mercaderes de esta familia en Cartagena. Los Mayolo no se mezclaron con la “elite” granadina y casi todos sus miembros volverán a Genova.

Otros son los Venerolo y los Levanto, los primeros los más emparentados de entre los genoveses de Granada, extinguiéndose a finales del siglo XVII. Llegaron a Granada en 1563 y más tarde formaron su compañía, que tuvo contactos comerciales con Amberes, sobre todo en lana, pero luego en azúcar y finanzas. Uno de ellos fue caballero “veinticuatro” y se casó con una noble granadina de los futuros condes de Arco. Entre sus estrategias estuvo conseguir casi el monopolio de los lavaderos de lana de Huéscar.

Los Levanto fueron de menor categoría que los anteriores, levantando una empresa que tuvo importancia en el segundo cuarto del siglo XVII. Emparentaron con los Franquis, exportadores de lana, que tuvieron su momento de gloria a principios del XVII; ennoblecidos y españolizados como señores de Zehel y finalmente condes del Castillo del Tajo, se extinguirán en el siglo XVIII con el obispo de Málaga, Juan de Franquis Lasso de Castilla (1755-1774).

Entre los Adorno –otra dinastía genovesa- uno fue embajador en Madrid y sus ascendientes habían heredado una gran fortuna a partir del comercio con Granada. Económicamente muy por encima de los Mayolo o de los Veneroso, uno de ellos fue asentista del rey, interviniendo en el azúcar de la costa granadina; otro emparentó con los Brignole Sale, al casarse con la hija de un embajador Brignolo, hijo del dogo de la República de Génova entre 1635 y 1637. Estos Brignole tejieron una red comercial en media Europa, formando compañía, uno de ellos, con un mercader veneciano que lavaba su lana en Villanueva de la Fuente[2], junto a Alcaraz.

Estos comerciantes contaron con factores y apoderados, criados y allegados, creándose entre aquellos una endogamia que llegó a formar albaceazgos y padrinazgos, pero no solo genoveses, sino que Girón Pascual ha estudiado también los casos de mercaderes milaneses oriundos de la ciudad de Como, que tuvieron sus intereses en el azúcar, especialmente en uno de los ingenios de la villa de Adra a finales del siglo XVI. Otros comerciaron oro, hilado, sedas y armas, teniendo alguna de estas familias milanesas intereses en Toledo y Huéscar, españolizándose algunos e integrándose en las “elites” granadinas y manchegas.

Ya hemos citado algunas localidades como Granada y Huéscar, pero también en Motril, Almuñécar, Adra, Ronda y Vélez Málaga hubo mercaderes genoveses. En Rodalquilar (sureste de la actual provincia de Almería) hubo una familia genovesa que se interesó por el alumbre (sulfato que contiene aluminio entre otros metales).

Como cabría esperar, muchos de estos comerciantes defraudaron impuestos y practicaron el contrabando a gran escala, sin lo cual sus ganancias no hubiesen sido tantas, teniendo relaciones con los linajes avecindados en los reinos de Murcia y Valencia (puertos de Cartagena y Alicante). En el reino de Jaén, la pañera ciudad de Baeza tuvo una colonia genovesa dependiente de la granadina y en Córdoba también estuvieron varias familias genovesas en contacto con los de Granada. Los de Sevilla también estuvieron en comunicación con los de Granada, pues aquella tenía uno de los mayores puertos de Europa y era una plaza financiera de primer orden desde donde se giraban letras y cédulas en competencia con Medina del Campo y Madrid. La feria de Medina estuvo en contacto con los genoveses de Granada y, en ocasiones, se necesitó de los madrileños para atender a los pleitos ante el Consejo de Castilla o para el pago de impuestos por la exportación de lana.

La importancia de Granada para estas familias genovesas es que era sede de una Capitanía General y tenía desde antiguo un tribunal de justicia, la Real Chancillería (antes en Ciudad Real). Allí gestionaron procuradores, abogados, receptores, casi todos de origen judeoconverso, porque los comerciantes genoveses pleitearon mucho con su función de prestamistas de dinero a cambio de productos hechos, en su gran mayoría adelantado.


[1] “Las Indias de Génova. Mercaderes genoveses en el Reino de Granada durante la Edad Moderna”, 2012.
[2] En el extremo sudeste de la actual provincia de Ciudad Real. Alcaraz se encuentra al oeste de la de Albacete. En Alcaraz, desde la Edad Media se bataneaban los tejidos para una industria textil.

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