domingo, 5 de noviembre de 2017

La guerra campesina en Alemania



Engels considera que cuando se produjo la gran revolución social y religiosa en la Alemania del siglo XVI, la nación se dividió en tres campos: el católico o reaccionario, el luterano, burgués y reformista y el revolucionario. Como Alemania estaba dividida en múltiples estados, la respuesta en este conflicto se produjo de diferentes maneras, siendo así que los historiadores de la época consideraron que el problema era teológico. Engels, como socialista que es, dice que, en realidad, el conflicto fue por intereses materiales, aunque estuviese revestido del signo religioso.

La Edad Media fue una ruptura con la antigüedad y un empezar de nuevo, siendo así que la Iglesia obtuvo el monopolio de la instrucción y todas las ciencias estaban ligadas a la teología. Incluso el autor citado considera que las herejías medievales fueron la respuesta al feudalismo opresor, como es el caso de los albigenses, Arnarldo de Brescia, que combatió el poder temporal de la Iglesia y condujo a la proclamación de una república romana desterrando al papa. En general la pequeña nobleza se solidarizó con la herejía, porque en su faceta social servía a sus intereses.

Las herejías, según Engels, pedían la instauración de la igualdad cristiana para la sociedad entera, y esa igualdad no solo en cuanto a derechos, sino de las haciendas y de la riqueza. De esta manera, Juan Ball, el predicador de la sublevación de Wat-Tyler[1] en Inglaterra (1381), explicó la necesidad de acabar con la servidumbre; Wycliff, por su parte, fue un teólogo que fundó el movimiento de los lolardos, precursores de la reforma de la Iglesia, y para todos ellos las fantasías quiliásticas del cristianismo primitivo ofrecían el punto de referencia oportuno: el ataque contra la propiedad privada por medio de la organización de la caridad.

Ya en el siglo XVI, el mismo Lutero consideró tan injusta la desigualdad entre los hombres que predicó “atajarla por la violencia… ¿No castigamos a los ladrones con espada, a los asesinos con garrote, a los herejes con el fuego? Por que no los atacamos [al papa, a los obispos y cardenales] con toda clase de armas y lavamos nuestras manos en su sangre?”. Algo muy distinto a lo que, cuando los campesinos y plebeyos se levanten aprovechando la crítica que Lutero hace a la Iglesia, dirá: “No quiero que el Evangelio se imponga por la violencia y vertiendo sangre. El mundo fue ganado por la palabra, la Iglesia por la palabra fue instituida y por la palabra renacerá…”. Cuando Hutten le invitó a él y a Sickingen[2] al castillo de Ebernburg[3], que era el centro de la conspiración de la nobleza contra los curas y príncipes, Lutero ya tenía otra opinión sobre la violencia campesina.

Por tanto –dice Engels- cuando Lutero tiene que escoger entre la revuelta campesina, sobre todo para librarse de la opresión, y el apoyo de los caballeros y cierta nobleza, partidaria de sus reformas religiosas, lo hizo a favor de estos últimos, por eso el autor dice que Lutero representa la reforma “burguesa”, no la revolución proletaria, criticando la Confesión de Augsburgo, donde se expusieron los principios del luteranismo, y que Engels considera una componenda tras intrigas y concesiones (1530).

La mayoría de las ciudades aceptaron la reforma luterana y también una parte de los príncipes, en unos casos porque servía a sus intereses, que consistían en quedarse con los bienes de la Iglesia (estos últimos) y librarse de los pagos a Roma (las primeras). Pero al mismo tiempo algunas ciudades se apartaron del movimiento luterano cuando vieron que no era lo radical –en lo social- que inicialmente parecía, y así mismo los campesinos y plebeyos, en lo que Engels ve la diferencia entre el Escila de la revolución y el Caribdis de la restauración, en alusión a los personajes de la mitología griega. Lutero, según Engels, siguió el modelo no revolucionario y, decepcionados muchos de condición humilde, le apedrearon en Orlamünde (Turingia, al este de Alemania).

De todas formas la insurrección se extendió rápidamente y en la misma Turingia, donde vivía Lutero, establecieron su cuartel general los más decididos insurgentes capitaneados por Münzer. Y tal violencia adquirió la guerra campesina que Lutero llegó a clamar para que se despedazase a las turbas, “degollarlos y apuñalarlos, en secreto y en público”. A tal punto Lutero había sido cogido en medio de una guerra social cuando él solo había pretendido una reforma religiosa –radical, eso sí- de la Iglesia y de la teología.

(Fuente: “La guerra de los campesinos en Alemania”).

[1] Ball fue sacerdote, pero Tyler era hijo de un tejedor, sin que se sepa gran cosa sobre él salvo el protagonismo que tuvo en las revueltas campesinas en el sudeste de Inglaterra.
[2] Hutten fue un caballero y humanista alemán y Sickingen fue otro caballero que luchó a favor de la secularización de los bienes del clero.
[3] Al oeste de Alemania.

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