domingo, 10 de diciembre de 2017

Los ministros de la II República española



Estudiar la sociología de un grupo elitista (clero, ministros) es algo a lo que nos tiene acostumbrados el profesor Cuenca Toribio, solo o en compañía de algún colaborador. Aquí hacemos un resumen de su estudio sobre los ministros de la II República española[1].

En primer lugar destacan las líneas reformistas de la actuación de muchos de aquellos ministros (89), los intentos renovadores y las “lagunas y manchas” sobre todo por la no realización de proyectos planteados. Los autores notan de falta sólidas monografías sobre los personajes –al menos los más sobresalientes- de la II República española, hasta el punto de que en alguna obra, de Marcelino Domingo y Emilio Palomo se dice tan solo que fueron “diputados escritores”. De los 89 ministros del régimen, 59 (dos tercios del total) fueron del bienio conservador, y considerando el total citado, la edad media de acceso al ministerio republicano fue 51 años, es decir, en un momento de madurez vital e intelectual, algo muy parecido a lo que ocurre con el episcopado. Cuatro accedieron al ministerio a edades inferiores a los cuarenta años; por ejemplo Gil Robles (37); los de más edad fueron Portela Valladares y Alejandro Lerroux (68 y 67 respectivamente).

Tres habían sido ministros durante la monarquía anterior: Alcalá Zamora, Portela y Chapaprieta, pero los autores consideran la edad que tenían cuando accedieron a los ministerios en época republicana. No existe, por tanto, relación entre la brusquedad que significó el advenimiento de la II República y la juventud de sus elites. En cuanto a la edad de fallecimiento, la media está en 72 años, por lo tanto muy parecida a la de otros muchos colectivos elitistas de la época, pero este dato debe ponerse en relación con el hecho de que once ex ministros fueron víctimas de la violencia que les llevó a la muerte, ocho asesinados en zona republicana y tres en zona ocupada por los militares golpistas. Este dato tampoco debe engañarnos, pues a la superioridad numérica del cuadro ministerial conservador hace que –en una época cainita como es una guerra- “le correspondan” más muertes violentas. Además, a muy pocos les sobrevino la sedición militar en el territorio controlado por esta, lo que puede explicarse porque Madrid, Barcelona y el norte tardaron en caer bajo dominio de los levantados.

En cuanto al origen geográfico de los ministros a la cabeza está Andalucía (14), lo que no es extraño porque representaba casi el 20% del total de la población nacional; le sigue Castilla la Nueva gracias a Madrid (12 y algo más del 12% de la población nacional) y Cataluña (13 y algo más del 11% de la población nacional), pero Asturias y Galicia aportaron ocho ministros cada una. Así las cosas, la importancia de las regiones mediterráneas sobresale en esta materia (aunque en el caso de Andalucía sea Sevilla la que más ministros aporta, seguida de Málaga). A pesar del arraigo y poder de las oligarquías andaluzas, las elites intelectuales y políticas respaldaron casi por completo al régimen de 1931, siendo los ministros representantes de los estratos liberales de la burguesía urbana andaluza.

La cuna del republicanismo hispano, Cataluña, no podía faltar aquí, mientras que en el caso de Valencia, donde el republicanismo blasquista podría hacer pensar otra cosa, la mayor parte de los ministros lo fueron en el bienio conservador, y lo mismo ocurre con Galicia. Si tenemos en cuenta la importancia de Asturias y Galicia, tenemos –dicen los autores- la importancia periférica de los cuadros dirigentes, anticlericales muchos, incluso volterianos menos y universitarios. Canarias aportó, entre otros, la figura sobresaliente de Juan Negrín, primer ministro en los dos últimos gobiernos durante la guerra.

Así cabe hablar de la “apertura mental” y fuerte presencia de elementos “heterodoxos” –librepensamiento, masonería- entre el personal de que tratamos. El predominio de la CEDA en el antiguo reino de León fue evidente, y otro caso es Aragón, donde ciertas tenencias de la burguesía radical y la fuerza de su proletariado, le caracterizan en la época.


[1] “Sociología de los ministros de la Segunda República” (en colaboración con Soledad Miranda García).

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