sábado, 15 de octubre de 2016

El sultán Abu l-Hasan

Calle actual de Marrakech


El décimo sultán de la dinastía meriní (benimerines) había sido proclamado en 1331 y se mantuvo en el poder hasta que fue depuesto por un hijo suyo, Abu Inan, en 1348, muriendo tres años más tarde. Durante esos tres últimos años de su vida fue acogido por los hintata, parte fundamental de los almohades, que habían precedido a los meriníes en la hegemonía del noroeste de África.

Abu l-Hasan llevó a su cénit a los meriníes, según María Jesús Viguera[1], pero después de sus expansiones terminó en desastres como la batalla del Salado (1340) y ocho años después en Qayrawan, iniciándose así su decadencia. Posteriormente se agigantó su figura, habiendo llegado al poder cuando las estructuras de los benimerines se consolidaban contra los zanata almohades. El sultán Abu l-Hasan dio al imperio meriní una estructura administrativa y se rodeó de un círculo culto. Por otro lado llegó a anexionarse Ceuta.

Veinte años después de su muerte, un predicador a su servicio, Ibn Marzuq, publicó una obra laudatoria sobre su personalidad y obra. Marzuq había nacido en Tremecén y muerto en El Cairo, y la obra dedicada a su sultán une religión y política.

Tras los almohades se hicieron con el poder los benimerines en el noroeste de África, ocupando la capital Marrakech en 1268. La obra de Marzuq no fue el único texto panegírico ni el último pero en él se exalta de una forma exagerada al sultán, quizá para congraciarse con el sucesor Abu Faris, otro hijo del sultán, aunque sin conseguirlo.

La “Vida ejemplar” del sultán Abu l-Hasan empieza con una referencia a la nobleza de su origen; sigue con la bondad de su carácter y el equilibrio de su temperamento; más adelante sobre su educación, su personalidad, su cuidado en hacer guardas los preceptos legales, la atención que tuvo con la gente consagrada a Dios, la que dispensaba a sus súbditos; sobre su indulgencia, su esplendidez, su pudor, su devoción filial, su amistad con los sabios, etc.

Según el panegírico de Ibn Marzuq el sultán había construido aljamas, mezquitas y oratorios, madrasas, zagüías (ermitas), hospitales, alcántaras, puentes y canales. Había mostrado atención a los huérfanos y a los ancianos… hizo transitables los caminos.



[1] “’Vida ejemplar’ de Abu L-Hasan, sultán de los benimerines”.

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