sábado, 15 de octubre de 2016

El "mal musulmán"

Castillo de Monteagudo, próximo a Murcia


Ibn Mardanish consiguió mantenerse como emir del reino de Murcia una vez que los almorávides norteafricanos fueron desalojados de la península Ibérica. Había nacido en Peñíscola y reinó durante la segunda mitad del siglo XII, resistiendo a la invasión almohade. Ignacio González Cavero[1] ha estudiado los diferentes acuerdos a los que llegó este rey con Castilla, así como el papel trascendente ante el avance de los almohades.
 
Fue llamado en su época, por los cristianos, Rey Lobo o Rey Lope cuando la debilidad política, militar y religiosa de la última etapa almorávide dio lugar a una descentralización del gobierno en al-Andalus. La rebelión que se produjo entonces en la parte este de dicho territorio (Valencia y Murcia sobre todo) fue secundada por diversos señores que no estaban dispuestos a perder lo que habían ganado bajo dominio almorávide. Este Rey Lobo se enfrentó varias veces entre 1161 y 1162 contra el ejército almohade de Granada.
 
De 1168 es una “alianza entre Alfonso II de Aragón y Sancho de Navarra contra el rey Lobo de Murcia”, cuando un mes antes Alfonso II había firmado las paces con Ibn Mardanish. Quebrantar los acuerdos fue norma en la época, tanto por una parte como por la otra. Esta interesada alternancia –dice el autor citado- fue constante: Alfonso VIII de Castilla consideraba a Ibn Mardanish como señor independiente en casi todo el levante peninsular y como un obstáculo de gran envergadura frente a la presencia almohade en al-Andalus, manteniendo buenas relaciones con el rey castellano.
 
Las fuentes árabes, en cambio, le tildan de “mal musulmán” por su proclividad a llegar a acuerdos con los cristianos con tal de mantener su reino, llegando a prestar vasallaje a los reyes cristianos. Pero todo ello se entenderá mejor si nos vamos a los años anteriores a su reinado.
 
La descomposición del imperio almorávide supuso el aumento de impuestos a la población para reforzar las defensas ante las embestidas cristianas y luego almohades. A pesar de ello muchos de los reyes o reyezuelos de los diversos estados musulmanes terminaron acatando a los invasores norteafricanos, aunque otros se opusieron a ellos. De la misma forma que en los territorios de Murcia se alzaron, de manera breve y continuada, una serie de gobernadores en nombre de Ibn Hamdin de Córdoba y, posteriormente, de Ibn Hud, último rey de Zaragoza y vasallo del rey Alfonso VII de León; Valencia quedaba bajo la autoridad de Ibn abd al-Aziz. Después de dos años de efímeros gobiernos y solventadas algunas revueltas en Valencia y Murcia, se impuso Ibn Mardanish al frente de casi todo el levante peninsular.
 
Ibn Mardanish procedía de una familia de origen hispano y cristiano, por lo tanto era un muladí, no un árabe o un bereber, vestía igual que los cristianos, portaba las mismas armas, las tropas de su ejército eran principalmente castellanos, navarros y catalanes y pagaba un tributo a los reyes cristianos para gozar de su protección. ¿Cómo no habría de llegar el “mal musulmán” a acuerdos con la monarquía castellana? Estas relaciones diplomáticas las comenzó pronto; como defensor de la sunna y de la escuela malikí –matiz claramente antialmohade según el autor al que sigo- le llevó a numerosos enfrentamientos con los norteafricanos y por lo tanto a otros tantos acuerdos con los castellanos.
 
Ibn Mardanish reconoció al califa abbasí de Bagdad, ocupó Guadix con la ayuda de Alfonso VII en 1151 y le ayudó en Almería contra los almohades (1157) aunque sin éxito; entre 1158-1161 conquistó Carmona, Écija, Baeza, Úbeda y Jaén, llegando incluso a cercar Sevilla y Córdoba. Sitió la ciudad de Granada sufriendo una gran derrota en 1162 y continuó su lucha contra los almohades sin conseguir importantes victorias. Hizo a Murcia su capital llevándola a su mayor esplendor, reformó el castillo de Monteagudo, el de Larache (Murcia) y dos fortificaciones en el actual Puerto de la Cadena, en la vía Cartagena-Murcia, para controlar el paso de mercancías y el cobro del impuesto correspondiente.
 
Otro de los aliados coyunturales de Ibn Mardanish fue Ramón Berenguer IV;  también las repúblicas de Pisa y Génova y Alfonso VII. Todo ello a cambio de un tributo anual para tener tranquilidad en sus fronteras y en el comercio mediterráneo, pero mientras con aquellos los acuerdos tenían un plazo predeterminado, con Castilla se mantuvo ininterrumpidamente mediante el vasallaje, que también aceptaron Ibn Hamdín de Córdoba y Zafadola[2]. Ibn Mardanish en 1165 fue derrotado en Córdoba y llamó a sus aliados cristianos del reino de Toledo, pero derrotado otra vez por los almohades se retiró a Murcia. Al “mal musulmán” le quedaban pocos años de vida porque murió en 1172.


[1] “Una revisión de la figura de Ibn Mardanish. Su alianza con el reino de Castilla y la oposición frente a los almohades”, 2007.
[2] Último de una dinastía zaragozana que gobernó en Rueda de Jalón, al oeste de Zaragoza, entregando su territorio a Castilla.

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