miércoles, 19 de agosto de 2020

Un comunero de Villalpando

 

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Uno de los personajes que participó en primera línea en el movimiento comunero castellano del siglo XVI fue Bernardino de Valbuena, hijo del alcaide de Villalpando, por lo que no pertenecía a los sectores más populares de la villa del mismo nombre, aunque tampoco a la más encumbrada nobleza. Su familia llegó a poseer incluso un molino en el río Valderaduey que debió aportarle buenas rentas. Dicho molino fue objeto de litigio entre la familia y Antonio García de Villalpando, canónigo de Toledo.

Cuando la guerra de las comunidades de Castilla terminó, Bernardino de Valbuena fue juzgado y en los papeles de aquel proceso se dice que era “muy mozo”[i], por lo que se ha supuesto que tenía 25 años cuando se inició la guerra. Consiguió el cargo de capitán de la Comunidad y luego el de gobernador y alcaide de la fortaleza de Villalpando, siendo uno de los protagonistas de los acontecimientos. Pero a lo largo del proceso también surgen ciertas dudas sobre su dedicación a combatir a los partidarios del rey.

Lo cierto es que luego se convirtió en uno de los más radicales comuneros, una vez se trasladó a Toledo para continuar la guerra, cuando ya estos habían sido vencidos en Villalar. En la ciudad del Tajo se encontraba el ejército comunero prácticamente intacto bajo el mando de Antonio Osorio de Acuña[ii], obispo de Zamora.

Contrariamente a lo que se había creído con anterioridad, el campo jugó un importante papel en el movimiento comunero, aunque su ideario revolucionario fuese redactado por algún elemento urbano. El caso de Villalpando es paradigmático de lo que decimos, siguiendo a Tomás López Muñoz. Las rentas campesinas fueron las que ayudaron a mantener el grueso del ejército de la Junta en 1520, y los pertrechos militares custodiados en la fortaleza de la villa, los que posibilitaron el reforzamiento de sus tropas.

Desde Villalpando, el programa de la Junta se expandió fácilmente por las localidades de su jurisdicción, implicando de forma estrecha a unos hombres que, en nombre de la Santa Comunidad, se levantaron contra la autoridad del Condestable de Castilla, buscando quizás la restitución de antiguos derechos menoscabados al común por los señores.

Aunque se defina a las Comunidades como un hecho urbano, a medida que el conflicto se prolonga las relaciones de dependencia entre el movimiento y las zonas rurales fueron haciéndose cada vez más evidentes. De éste modo, cuando las zonas rurales queden en manos de los realistas, comenzará a gestarse la derrota comunera, a juicio del autor por tres motivos:

Una vez que los grandes consiguen sofocar el levantamiento en sus dominios señoriales, la Comunidad verá agotada su más importante fuente de recursos y hombres. Controlado el campo, desde el punto de vista militar los nobles solo debían concentrar sus esfuerzos en ahogar los focos revolucionarios de unas ciudades rebeldes que difícilmente podrían resistir largos asedios sin el apoyo de las zonas rurales más cercanas. Con el dominio en el ámbito rural por el bando realista, el programa comunero perdía uno de sus aspectos más radicales, definido por la violencia antiseñorial.

El proceso judicial que se siguió contra Bernardino de Valbuena ofrece numerosos datos sobre la identidad de los líderes y actores del movimiento revolucionario en el campo, y nos permite trazar –dice el autor al que sigo- nuevas e interesantes afirmaciones sobre el heterogéneo grupo comunero. Valbuena, vinculado a la oligarquía de Villalpando, encabezó la rebelión tras ser nombrado por la Junta del Reino gobernador y alcaide del lugar. En otras villas como la citada sucede del mismo modo: la primera actuación llevada a cabo por la Junta fue la de sustituir la figura más representativa del poder señorial, el gobernador. Los cargos concejiles fueron también sustituidos, y los nuevos, representantes de la Comunidad, encontrarán en las clases populares su mayor soporte.

Estas clases populares se resisten contra la consolidación de la nobleza medieval, lo que hace cuestionar la autoridad señorial. Si como en el caso de Villalpando se trata de una cabeza de señorío, aquello tiene una explicación más clara. A los momentos previos a la revolución comunera sigue la violencia y los episodios antiseñoriales, tanto contra los bienes del Condestable como contra los servidores de éste.

Bernardino de Valbuena, después de ser líder comunero, fue exiliado y procesado tras la derrota, y en el proceso que se siguió contra él se ponen de manifiesto los contactos que tuvo con otros líderes comuneros. Dicho proceso se encuentra en la documentación de la Sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional y, más concretamente, entre los documentos de la casa ducal de Frías, fondo que comprende la documentación referente a las antiguas casas de Pacheco, Velasco y de los condes de Fuensalida y Oropesa[iii].

(La fotografía de arriba en adripalomares.com/portfolio-item/villalpando/)



[i] “Proceso contra Bernardino de Valbuena…”, obra de Tomás López Muñoz, en la que se basa el presente resumen.

[ii] Natural de Valladolid, murió ejecutado en Simancas en 1526. Fue un clérigo de tortuosa vida: miembro de la Orden de Calatrava, luego se fue a Roma donde encontró acomodo gracias a unos familiares. Fue excomulgado y, de vuelta en España, ejerció como capellán de los Reyes Católicos…

[iii] Ver nota i.

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