martes, 17 de octubre de 2017

La "Historia de Ribadavia"

Un rincón de la antigua Ribadavia


Samuel Eiján fue un fraile franciscano y sacerdote que nació en 1876 (Leiro, Ourense) y murió en 1945 (Santiago de Compostela). De formación extraordinaria, cultivó el periodismo y varios géneros literarios, además de ser el autor de “Historia de Ribadavia y sus alrededores”, obra (1920) completada más tarde; su investigación abarca los siglos XVIII y XIX, pero también aporta algunos datos de épocas anteriores.

En dicha obra nos informa de los colegios y escuelas de la villa orensana, las guerras de España contra Inglaterra y contra la Francia napoleónica, sobre la obra de varios monasterios de Galicia, algunos miembros de la nobleza, la producción y exportación de vino del Ribeiro, la emigración de gallegos a Portugal, Castilla y Andalucía, catástrofes sufridas por los ribadavienses y las comarcas vecinas, hambrunas, el carlismo gallego, obras de infraestructura, la actividad corsaria de la época y otros asuntos. Su obra es el resultado de una erudición extraordinaria, aportando muchas informaciones de otros autores, que Eiján comenta o rectifica; claramente conservador, incluso partidario del antiguo régimen a pesar de haber vivido entre los siglos XIX y XX, su “Historia” no es una obra que siga el método científico de los modernos historiadores, pero tiene un gran valor.

En el siglo XVIII había un Colegio de Artes de los franciscanos de Ribadavia que daba escuela, gratuitamente, a los niños, pero quizá su fundación se remonte a una época anterior. Más tarde, Rodríguez Araujo estableció una Obra Pía para estudios mayores y dote de doncellas, pero solo con destino para su parentela. Don Manuel Baquero, por su parte, por testamento de 1721, estableció una fundación de enseñanza de niños (se trató de la dotación de un maestro de primeras letras) y ya en 1844 esta escuela se instaló en el Palacio de los Condes, poco antes de que se crease una escuela de niñas que –como la de niños- se situó en el convento de Santo Domingo, dotándola el Ayuntamiento de un maestro auxiliar[1].

Pero no solo en la capitalidad municipal: en Valongo, durante el segundo tercio del siglo XVIII, había una escuela fundada a expensas del obispo de Popayán (luego arzobispo de Santa Fe), Fray Diego Fermín de Vergara, agustino. Este debía de ser orensano, pues de su linaje habla el “Boletín de la Comisión de Monumentos de Orense”[2]. En Riobó, parroquia de Osmo, existía en 1784 otra escuela fundada por Don Bernardino de Prado Ulloa Piñeiro, canónigo de Santiago, y en 1832 una escuela en San Clodio con 71 alumnos; otra en Lebosende con 60, y una cátedra de latinidad en el mismo lugar con 27 alumnos, costeadas todas ellas por las familias de los educandos.

En cuanto a las dificultades para la exportación de vino del Ribeiro, el autor encuentra una de las causas en la guerra contra Inglaterra y Portugal de 1761, aunque no cesaron los envíos a León, Asturias, Vizcaya y Flandes. Eiján da cuenta de otras regiones vinícolas de Galicia, como Valdeorras, Quiroga, Falcoeira, Riquian, el Valle de Monterrei, Amandi, Aigueyra y las márgenes del río Bibei, el Salnés y las Mariñas. En 1790 hubo en toda Galicia una gran escasez de vino (cada vez que esto ocurría seguía una fuerte corriente migratoria), siendo este uno de los principales productos a principios del siglo XIX según Lucas Labrada, además de las castañas y el trigo.

También habla de la alianza con Francia para luchar contra Inglaterra con motivo de la independencia de sus colonias en Norteamérica, produciéndose gravámenes, bagajes, alojamientos y postas. Esta guerra implicó tener que defender los puertos gallegos y los vecinos de Ribadavia tuvieron que aportar caballos y carros al ejército para defender Baiona. Y más tarde fue la lucha contra la invasión napoleónica lo que movilizó a los ribadavienses: el obispo de Ourense, Quevedo y Quintano, hizo varias “cartas pastorales” llamando a la lucha contra los franceses en 1808, e igual el obispo de Tui, Juan García Benito; ambos obispos fueron agregados a la Junta soberana de Galicia[3]. El monasterio de San Clodio contribuyó económicamente (4.420 reales) a la lucha contra los franceses, teniendo un representante en la Junta Nacional de Ourense, y otros monasterios también contribuyeron: el de Melón con 42.000 reales, el de Oseira con 49.000 y los franciscanos de Ribadavia con 9.463 reales.

El 20 de enero de 1909 una parte del ejército de Ney ocupó la ciudad de Ourense y el 30 se presentó en la villa de Ribadavia el Batallón de Volteadores, después de haber sufrido una descarga de los paisanos al paso de las barcas del Miño. Un franciscano se destacó defendiendo Creciente (Fray Manuel Fernández) y se nombró al predicador del monasterio de Melón, Fray Francisco Carrascón, para que comandase las partidas de guerrilleros que se formaron en la zona, y también el abad de Couto dirigió una guerrilla.

Los monasterios de Melón, San Clodio y Oseira participaron con medios económicos en la lucha contra la Francia revolucionaria, siendo el de Melón rico en la época, pues ya durante el reinado de Felipe V (1712) se le concedió a perpetuidad la posesión del coto y bienes de Faramontaos. Cuando llegaron las desamortizaciones, en 1836 el monasterio de Celanova tenía bienes en Arnoia, Refoxos y Louredo; de de Oseira en San Paio y Partovía; el de Melón en Rubillón, La Reza, Gironda, San Cristóbal y Oteiro; el de San Clodio en Esbedelo, Granxas de Gomariz, Cuñas y Esposende, además de los prioratos de la Grova, Bóveda de Amoeiro y Vieite.

Al calor de la política desamortizadora, en 1841 el Ayuntamiento de Leiro reclamó la casa prioral de la Groba, dependiente del monasterio de San Clodio, como casa consistorial y escuela de la parroquia de Lebosende, además de solicitar la instalación de otra escuela de primeras letras en San Clodio, para lo cual fue concedida al Ayuntamiento la parte del monasterio que los monjes habían tenido destinada a botica.

Los vecinos de Ribadavia, como otros de Galicia, emigraban temporalmente en épocas de siega a Castilla, de lo que hay testimonio por parte del obispo de Tui en 1706: “que en los reinos de Andalucía y Castilla han muerto muchas personas de esta feligresía (Carballeda de Avia), así solteras como casadas”. La causa de estas migraciones eran las “exorbitantes rentas” que estaban obligados a pagar los campesinos, lo que llevaba a muchos al vecino reino de Portugal. Cuando en 1768 se dé en Galicia una gran escasez de alimentos, el hambre llevó a la tumba a mucha gente, “y en este año [1769] hubo poco centeno y trigo y lo mismo vino; pero húbola [cosecha] buena de maíz”. El obispo de Tui, Castañón, llegó a prohibir los banquetes en romerías y fiestas por “el hambre que experimenta este Reino de Galicia, en donde no se cogió la octava parte de lo regular”.

Un gran temporal en el mes de abril de 1793 provocó que ardiese el convento de San Francisco en Tui, y antes, las nevadas dificultaron el trabajo de los agricultores y ganaderos: el 3 de enero de 1757 amaneció en todo el Ribeiro todo cubierto de nieve, “la que no permitió que la gente y ganados saliesen de sus casas por espacio de tres días. Otra nevada en 1767 y otra en 1778, esta durante seis días, pero la más duradera se dio el 19 de enero del último año citado en el Faro y Franqueira, además de en otras partes.

Especial atención presta Eiján a los judíos de Ribadavia, acusándoles de crímenes “bien notorios”, remontándose a los primeros tiempos del establecimiento de la Inquisición, una de cuyas víctimas fue el judaizante bachiller Jerónimo Rodríguez, abogado de Ribadavia en 1595. Mucho después dedica alguna atención a la existencia de la masonería en la villa, de mano de Don Cesáreo Rivera…

Moreri Mivavell[4] señala para 1753 más de 700 vecinos en Ribadavia y La Croix, pocos años después, dos mil personas[5]. En 1797 Lucas Labrada señala 5.169 vecinos con todo el partido (Riadavia, Arnoia, Mereus, San Clodio, Castrelo, Beade, Vega, Carballeda, Gomariz, Puga, Vide, Sabucedo, Astariz, Feanes, Prado, Troncoso, Festosa, Tellermá, Abión, Melón y Rubillón).

La obra de Eiján es de gran valor porque aunque a veces peque de inconexión, aporta una enorme cantidad de datos, fuentes (sobre todo indirectas) y personajes con sus hechos, vicios y virtudes. Un curioso episodio es el del párroco Don Facundo Hermida, natural de Leiro, que con motivo de un robo de alhajas de plata, hecho en la iglesia de Bama, el párroco se encaminó con otras personas en persecución de los ladrones hasta dar con ellos a varias leguas de distancia del pueblo. Conduciéndolos a Santiago, la condena fue la siguiente: para cuatro de ellos “a que de la cárcel donde se hallan sean sacados en bestias de alvarda atados de pies y manos, con soga de esparto al cuello, y con voz de pregonero delante que manifieste sus delitos, y en esta forma sean llevados por las calles acostumbradas al Campo de la horca, en la que sean suspendidos, hasta que naturalmente mueran…”. La ejecución de los reos tuvo lugar en 1753.


[1] Véase la “Memoria del estado de la Instrucción pública en el distrito universitario de Santiago para el curso 1859-1860”.
[2] José Santiago Crespo Pozo.
[3] “Los guerrilleros de 1808” (varios tomos).
[4] “Gran Diccionario Histórico” (varios tomos)
[5] “Geografía Moderna” (contiene errores que Eiján denuncia).

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