lunes, 21 de noviembre de 2022

De Llerena hasta los Andes


Cuando llegaron los españoles a los Andes parece que no se había producido mestizaje entre los incas y los pueblos sometidos. Pedro Cieza de León, en su “Crónica del Perú”, nos habla de su pase a Santo Domingo y luego a Cartagena de Indias, desarrollando su labor conquistadora sobre todo en las actuales Colombia y Ecuador. Natural de Llerena, había nacido en 1518 y murió joven, demostrando en su testimonio de esas tierras una gran capacidad para el estudio de las sociedades, los paisajes y otros pormenores no necesariamente guerreros.

En la base de la sociedad incaica estaban los yanaconas, matimaes y hutanruna, dedicados al servicio doméstico de las clases superiores, a defender las zonas más alejadas de los dominios incaicos y a los trabajos comunes. Sobre ellos estaba una nobleza baja que podía haber llegado a ella por privilegios recibidos o por herencia; y en la cumbre de la sociedad estaban los panacas, anqui y el Inca.

Cieza empezó a escribir en Cartagena de Indias en 1541, mostrándose contrario a Gonzalo Pizarro, a los encomenderos y al virrey[i], que sería destituido por los múltiples abusos en los que incurrió, aunque también jugó un papel su oposición a los encomenderos[ii]. Cieza estuvo al servicio de Pedro de la Gasca, que junto con Belalcázar se adentraron en lo que hoy conocemos como Perú. El primero sería nombrado más tarde Presidente de la Audiencia de Lima, mientras Gonzalo Pizarro estaba en plena rebelión como consecuencia de la aplicación de las Leyes de Indias de 1542, que pretendían acabar con las encomiendas.

Cronista oficial de Indias, Cieza nos legó la narración de las luchas civiles entre los españoles, habiendo estado en el Cuzco y en el cerro de Potosí, además de en otros pueblos. Allí pudo comprobar la situación de los indios y nos ha dejado estudios etnográficos y geográficos sobre los incas, los grupos sometidos y la conquista española. Su estilo es llano, contrariamente al Inca Garcilaso o López de Gómara, por ejemplo. Quizá consultó documentación de cabildos y otras instituciones, pero también se nota que observó directamente los acontecimientos e interpretó los quipus con quienes eran capaces de leerlos.

No siendo hombre de gran cultura, sí de formación suficiente, pues procedía de una familia acomodada. Criticó la acción de los españoles, pero también conoció las violencias de los indígenas entre sí, así como muchas denuncias de misioneros y funcionariossobre agravios. Muy pronto la obra de Cieza fue traducida al inglés, aprovechándose las críticas a los españoles para formarse lo que hemos conocido como “leyenda negra”. En su obra se nos relatan los enterramientos con ajuares de oro, y cómo en ocasiones se enterraba a los hombres con sus mujeres vivas; también nos ha dejado descripciones de sacrificios de animales y personas,  además de ritos solares. Cieza nos habla de la influencia del demonio para explicarse lo que para él era incomprensible, la sodomía y el canibalismo.

Describe los campos de trigo en América, así como los cultivos de frutos llevados desde España, pero también los productos autóctonos: maíz, aguacate, guayaba, hojas de coca y fríjoles, papas, patatas y quinoa, que comían esta última como arroz. Entre los animales describe a los guanacos, vicuñas, llamas, iguanas y unos lagartos distintos de los conocidos por los españoles, que resultaron ser caimanes. También nos describe la ingeniería civil de los indígenas: puentes, muros, calles y caminos, acequias para el riego de los bancales, y hace una división geográfica entre costa, selva y sierra. El Imperio Inca, al parecer, daba de comer a todos sus habitantes, lo que quiere decir que su agricultura estaba lo suficientemente desarrollada y repartidos sus frutos.

Debía estar en España cuando en 1551 se unió a una mujer sevillana de familia mercantil, viviendo con ella cómodamente, porque a la riqueza que Cieza obtuvo en América unió el resultado de los negocios bajo el consejo de su suegro. Felipe II dio licencia para publicar sus obras (la primera parte) y de 1554 es una edición de las mismas en Amberes, con grabados en un caso y otro. Se conocen otras ediciones en Roma, Venecia y Londres del siglo XVIII. Se encuentra el manuscrito de su obra en la Biblioteca Vaticana, y las segunda, tercera y cuarta partes solo fueron publicadas póstumamente a nombre de otros.

Murió a los 36 años en Sevilla, habiendo enviudado poco antes, por lo que el matrimonio duró muy poco. Cieza donó parte de su herencia a obras piadosas, pero también a algunas mujeres americanas con las que quizá tuvo descendencia.

Cieza no es un cronista al uso, pues no actuó solo al servicio de otros; se entrevistó con los nativos para conocer sus recuerdos, sus formas de vida, sus obras, etc. Premeditadamente no entra en muchos detalles para hacer la lectura más asequible a un público amplio. En la tercera parte de su obra muestra el interés de Pizarro por explorar más al sur de Panamá, y la competición de Alvarado con aquel en la conquista del Perú. Debido a esto se cambió el inicial intento de establecer la capital en Jauja y se decidió en Lima. En la cuarta parte de su obra describe las guerras civiles entre españoles, y con Gasca consiguió que Gonzalo Pizarro se aviniese a la obediencia del rey.

La obra de Cieza es considerada parte de la literatura histórica peruana, pues puso énfasis en que se mostrasen los cambios (a peor) respecto del orden indígena en materia de su medio ambiente, y cabe decir que dos libros de Cieza citados por él no han sido encontrados. Comprometido con las denuncias, dio cuenta de los nombres y filiaciones de los que consideraba traidores o crueles. El que salió de España con el nombre de Pero López, ha sido conocido con su verdadera identidad una vez entra al servicio de Gasca y con él se dedica a su verdadera pasión: la literatura.



[i] El virreinato del Perú se instituyó en 1542

[ii] El primer virrey del Perú fue Blasco Núñez Vela.

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