domingo, 31 de julio de 2016

Brujas y hechiceras



Según Gustav Henningsen[1], mientras que en la mitad norte de España se daba tanto la brujería como la hechicería, en el sur solo se daba esta última. El autor citado ha estudiado “las miles de causas contra ‘supersticiosos’, como los llamaban los mismos inquisidores”, además de los casos contra judaizantes, moriscos, ‘luteranos’, alumbrados, proposiciones y blasfemias, bigamia, […] solicitantes, actos contra el Santo Oficio… y ‘varias’”. La tierra de las brujas españolas es el Norte, dice el autor citado.Si se traza una línea imaginaria que desde Valencia pase por Toledo y entre en Extremadura, aquella es la divisoria entre el mundo del norte y el del sur en esta materia.

También el autor ha investigado los casos de homosexuales, abundantes, pero en los territorios de Castilla, incluida Galicia, no se castigaba a la homosexualidad, contrariamente a la actitud de la Inquisición en la corona de Aragón. Distingue entre brujería y hechicería, esta última magia maligna. La brujería es una ofensa imaginaria, puesto que es imposible. Un brujo, en cuanto tal, no tiene capacidad para hacer el mal, pero el hechicero puede hacer magia con la intención de matar a sus vecinos. La magia no matará a las víctimas, pero el hechicero puede, y sin duda, a menudo, practica la magia con dicho fin. Los inquisidores españoles de los siglos XVI y XVII ya distinguieron entre brujería y hechicería, y lo mismo hizo el historiador Lea cuando publicó su obra en 1888.

Henningsen ha estudiado el caso de la Inquisición contra una morisca de 1584, vecina de Villanueva del Fresno, al sur de la actual provincia de Badajoz. Fue testificada de “cosas de brujas, chupar criaturas y andar de noche con torteras en la cabeza”, lo que el autor identifica con velas encendidas como señala la tradición popular en Galicia con la Santa Compaña. La mayoría de los casos son de mujeres: de hombres solo ha estudiado el autor un par de “encomendadores del ganado”, pero no hay saludadores, hombres nacidos con el don para curar la rabia y otras enfermedades. Tampoco ha encontrado magos eruditos, como astrólogos, exorcistas, nigromantes, quirománticos, que abundaban en otras partes de la península.

Henningsen dice que en el siglo XVII vivía la mayoría de la gente según dos idearios: uno cristiano y otro mágico. Eran “biculturales”. Uno de los ritos era la “suerte de las habas”, descrito en el proceso contra una mujer de Jerez de los Caballeros, al suroeste de la actual provincia de Badajoz: la adivina tomaba dieciocho habas diciendo que la mitad eran machos y la otra mitad hembras. Dos de las habas las metía en la boca y las restantes, con otros elementos (alumbre, un paño colorado, un paño azul, una piedra de azufre, un poco de carbón…) las esparcía sobre la falta de su basquiña y, según caían las habas, así sería una suerte o la otra.

Otras maneras eran la suerte del uso, la del rosario, la del cedazo y las tijeras[2] o la de las gotas. Esta pretendía adivinar si un hombre y una mujer se querían o no. En Jerez de los Caballeros hubo una hechicera en torno a 1620 que practicaba la “oración de San Erasmo”, para atraer a una persona aunque estuviese “en el cabo del mundo”. Muchas hechicerías estaban relacionadas con la vida amorosa; había una fórmula por la que la esposa conjura a su marido para que desprecie a todas las demás mujeres…


[1] “Los inquisidores de Llerena y el universo mágico del sur”. 2014.
[2] Esta en Galicia

miércoles, 27 de julio de 2016

Españoles en Italia




El año 1849 es uno de los más importantes en el proceso de unificación e independencia de Italia, aunque los patriotas sufriesen derrotas de las que no se podrían desquitar hasta diez años más tarde. Oudinot fue un general francés que llegó con su ejército en dicho año a Civitavecchia para sitiar Roma. La llegada fue por mar y de ahí la elección del puerto italiano próximo a Roma. Con él soldados españoles enviados por el moderado régimen liberal de Narváez y la reina Isabel II. ¿Qué hacían los españoles en Italia, ayudando a un ejército, el francés, enviado por un régimen republicado, aunque con Luis Napoleón a la cabeza?

Se trataba de abolir la República romana que había enviado al papa a Gaeta, le había desposeído de su poder temporal y por lo tanto de sus territorios. ¿Iba Italia a encaminarse por la vía republicana cuando ya la monarquía saboyana había comenzado el proceso de arrebatar los territorios del norte al imperio austríaco? El proceso de independencia y unificación de Italia fue complejo: liberales con nacionalistas, lombardos con napolitanos, venecianos con toscanos… pero monárquicos con republicanos, el caso era conseguir la unión de los italianos y la expulsión de los poderes extranjeros. El papa se empeñaba en seguir con sus posesiones en el centro de la península y ello entorpecía las aspiraciones de monárquicos y republicanos de Italia.

La Francia de Luis Napoleón deseaba influir en el proceso italiano (se quedaría co parte de Saboya y Niza) y el conservador Narváez intentaba atraerse al papa para que reconociese el régimen liberal de Isabel II, lo que todavía no se había dado. Dos años más tarde, en 1851, se firmaría un Concordato entre España y el Vaticano con grandes ventajas para este (control de la enseñanza, devolución de los bienes expropiados al clero y todavía no vendidos, etc.). Los republicanos romanos pagaron las consecuencias de dos estados que iban a lo suyo.


lunes, 25 de julio de 2016

La isla de Caprera

La isla de Caprera, a la derecha
Por el puente Benvenuto Cellini se llega desde La Magdalena a Caprera, donde el “abanderado de la libertad”, Garibaldi, estuvo preso en dos ocasiones. Tras las campañas de 1849 por la independencia y unificación de Italia, desastrosas para los patriotas, Garibaldi huyó a Venecia y allí fue hecho preso por los franceses, que lo recluyeron en el islote de Caprera, al norte de Cerdeña.

Casi directamente, se encuentra la casa y la tumba de Garibaldi y más al norte el Museo Nacional Garibaldi, en el cual se guardan fondos de las acciones garibaldinas en América y en Italia. Este museo es consecuencia del aprovechamiento de la fortaleza Arbuticci. Aquí se pueden ver objetos, gráficos y una biblioteca.

El resto es un conjunto geográfico donde las alturas casi no existen, su perímetro es sinuoso, formándose golfos y ensenadas, cabos y entrantes profundos del mar en la tierra. La forma de la isla, con un poco de imaginación, es la de un personaje que huye apresuradamente hacia la vecina Magdalena, gesticulando con los brazos y con un gran espolón en uno de sus pies…

Garibaldi consiguió huir de Caprera para reiniciar su lucha a favor de una Italia unida y liberal, diríamos que democrática y republicana, pero en 1867 fue capturado de nuevo por los franceses en Florencia, que lo enviaron de nuevo a Caprera, donde estaría preso once años, hasta 1878, cuando ya Italia había conseguido ser un estado unificado desde 1861.

¿Qué hizo que las nuevas autoridades lo mantuviesen en Caprera hasta tan tarde, solo cuatro años antes de su muerte? La monarquía de Víctor Manuel II no querrían a un guerrillero más próximo a las aspiraciones republicanas, a las aspiraciones del pueblo bajo. El que protagonizó tantas victorias a favor de los italianos, el que arriesgó tantas veces su vida, el que sufrió tantas amargas derrotas, no vio reconocidos sus esfuerzos y su contribución, decisiva, hasta más tarde, cuando ya no pudo saber como le recuerda el mundo.

domingo, 24 de julio de 2016

Un papa contra su tiempo



Belluno, patria chica de Gregorio XVI

La obra de Roberto Marín Guzmán[1] pone de manifiesto hasta que punto un papa, que es al mismo tiempo autoridad máxima de una Iglesia y de un Estado, no entendió los tiempos que estaba viviendo y se empecinó en enfrentarse a casi todos sin resultado práctico alguno. Sus errores los heredó el sucesor Pío IX.

Gregorio XVI había nacido en una pequeña población del nordeste de Italia, cercana a Venecia, en 1765, por lo que tuvo ocasión de conocer la obra de los ilustrados europeos, los resultados de la Revolución Francesa y de otros movimientos liberales durante su vida (murió en 1846, antes de que se produjeran los grandes movimientos revolucionarios en casi toda Europa de dos años más tarde).

Accedió al papado en 1831, seguramente asustado por lo que había ocurrido en Francia un año antes, en Bélgica después y en otras regiones europeas. Muchos italianos fueron desterrados por los gobiernos locales italianos tras las revueltas de 1820 y 1821. La muerte del emperador austríaco, Francisco I, campeón del absolutismo, en 1835, debió hacer ver a Gregorio XVI que se enfrentaba a un tiempo contra el que había que encerrarse en la tradición. Mientras tanto, los italianos desterrados hicieron pública la proclama que lleva por título “De los Alpes al Etna”, en la que señalaban que “no puede existir libertad sin independencia [en alusión a Austria], ni independencia sin fuerza [en alusión a la necesidad de la lucha armada], ni fuerza sin unidad. Nos aferramos pues a fin de que Italia sea en breve Independiente, Una y Libre”.

Poco después de haber sido elegido pontífice, Gregorio XVI se enfrentó a una violenta revuelta que llegó a convertirse en una verdadera sublevación. Aprovechándose del levantamiento, la familia Bonaparte, desde Bologna, participó contra el papa proponiendo el destronamiento del mismo, escribiendo Luis Napoleón: “El papado no pertenece a nuestro siglo”. A esto se sumaron muchos en la Romagna.

Por su parte estaba el clérigo Lanmenais (1782-1854): este personaje, que evolucionó hacia un tipo de socialismo de raíz cristiana, “abandonó la Iglesia, se hizo librepensador y se convirtió en fautor de una filosofía panteísta y del socialismo que empezaba a organizarse…; escribió contra la Santa Sede, en 1848 fue elegido diputado en la asamblea nacional y murió fuera de la Iglesia”.

El papa publicó contra Lanmenais la encíclica “Mirari Vos Arbitramur” (1832) en la que exponía “los males presentes” (liberalismo y sus ramificaciones) la necesidad de ser fieles a la tradición de la Iglesia, hasta el punto de que uno de sus títulos dice “La doctrina de la Iglesia no permite críticas”, y otro “La Iglesia… no requiere nunca restauración ni regeneración”, contra la libertad de conciencia, etc. Como es sabido, pontificados posteriores han venido a desdecir lo que Gregorio XVI se empeñó en asegurar sin miramientos.

[1] “Estudios históricos sobre la Iglesia: las crisis políticas de los pontificados de Gregorio XVI… y de Pío IX...”.

viernes, 22 de julio de 2016

"Imposturas del pontífice rey y de su satánica curia"






María José Vilar[1] ha publicado un estudio sobre la polémica suscitada en el mundo católico cuando el papa Pío IX quiso establecer el dogma de que la virgen María, madre de Jesús, fundador del cristianismo, lo había concebido sin participación de varón, es decir, era inmaculada. Tamaña monstruosidad levantó oposición en varios países europeos y entre teólogos que no estaban dispuestos a comulgar con ruedas de molino. Pero el papa aprovechó que estaba en horas bajas (iba a perder su poder temporal a manos del reino de Italia) y se empeñó en demostrar que lo que él imponía iba a misa, como dieciséis años después impuso también en el Concilio Vaticano I que el papa es infalible en determinados casos, otra monstruosidad a la luz de la razón.

Dice la autora citada que lo de considerar a la virgen María inmaculada había arraigado en España desde el siglo XVII, pero todavía no era dogma y en el país citado la opinión a favor era casi unánime, hasta el punto de que el propio rey Felipe IV solicitó reiteradamente dicha declaración dogmática pero sin éxito. Los papas, entonces, eran menos osados que Pío IX.

Entre ciertos grupos intelectuales hubo oposición a la declaración dogmática de la virgen María como inmaculada, que si es madre de Jesús, evidentemente no era virgen. El caso de que en España la opinión a favor del “inmaculismo” sea más aceptada se debe a que era un país uniformemente católico, no obstante existir musulmanes y judíos, aunque perseguidos. Como los jesuitas tuvieron su importancia, la afirmación de la virgen María contra el protestantismo también cobró su importancia. Entre los opositores a la declaración dogmática estaban los que consideraban que era introducir otro motivo de polémica innecesario, además de que era de todo punto imposible su demostración. Parece que la “aparición” de la virgen María a Catalina Labouré en 1830, también animó a los “inmaculistas”.

Desde 1840 se lanzan unos y otros a favor y en contra de si la virgen María fue inmaculada o no. Cincuenta y un obispos franceses solicitaron que sí pero en Alemania se pidió lo contrario. Poco después se publicó un alegato favorable debido al jesuita Gionvanni Perrone con unos peregrinos argumentos. El papa Pío IX, en 1848, designó una comisión de veinte teólogos para que dictaminasen, pero la máxima autoridad de la Iglesia ya estaba decidida a declarar dogma el “inmaculismo” de la virgen María. Incluso de seiscientas consultas, quinientas cuarenta fueron favorables a las pretensiones papales, pero las que no, correspondían a prestigiosos obispos generalmente de cultura anglo-germánica. En España, a favor del “inmaculismo” estuvo la misma reina Isabel II, que según la pequeña historia no tenía nada de inmaculada.

Entonces es cuando aparece publicado un folleto de unos quince folios con el título “Imposturas del pontífice rey y de su satánica curia”, claramente anticlerical, protestante y obra de Tomás Beltrán Soler, perteneciente a la masonería que, partiendo del partido progresista se había pasado al demócrata, habiendo sufrido varios exilios, uno de ellos en Argelia. Su intención era combatir la autoridad del papa y denunciar la deriva autoritaria de Pío IX, cuando había sido liberal en su juventud y colaboracionista con los ocupantes franceses medio siglo atrás; incluso Mastai (Pío IX) habia sido masón.

“¿Cómo es posible –dice Tomás Beltrán en su publicación- que en un negocio que tanto interesa a María el Santo Espíritu se hubiese mantenido mudo hasta el siglo XIX?... ¿Por qué Pío IX declaró la Concepción inmaculada de María, después de haber declarado in cathedra lo contrario León, llamado el Grande, en sus Sermones 2, 4 y 5 de la Navidad de Jesucristo, hablando clara y definitivamente del pecado original contraído por María? ¿Negaremos en obsequio –continúa-… la infalibilidad del papa Inocencio I, a Zósimo y a Bonifacio[2], quienes en sus cartas dogmáticas a los Pelagianos expresan clara y distintamente que María no estuvo exenta del pecado original?”.


[1] “Un libelo español anti-inmaculista de 1859. ‘Las Imposturas del Pontífice Rey’ de Tomás Beltrán Soler.

[2]  Inocencio fue papa a principios del s. V, seguido de Zósimo e igualmente hubo varios papas con el nombre de Bonifacio, en lo que demuestra el autor que tenía conocimientos teológicos y eclesiológicos, probablemente adquiridos en una Iglesia protestante gibraltareña, donde estuvo.



martes, 19 de julio de 2016

Los soldados de España y del Imperio



Lansquenetes

Los soldados del Imperio Germánico y de España estuvieron en un continuo trasiego durante la Edad Moderna. El emperador Fernando, que había nacido en Alcalá de Henares, llevó a Viena a muchos españoles, entre ellos soldados, que lucharon contra los turcos en Hungría. Uno de ellos fue Gabriel de Salamanca, rico burgalés que seguiría siéndolo al hacerse dueño de tierras en Austria.

En 1686 llegó a Viena Juan Díaz Pimienta, que no sé si será el nacido en Urduña en 1660 y que llegó a ser gobernador de Cartagena de Indias. Tras la guerra de sucesión a la corona de España muchos de los militares que se habían mostrado partidarios del pretendiente Carlos se refugiaron en Viena, como es el caso de Juan Amor de Soria, que ha permitido a Ernest Lluch estudiar su pensamiento austracista e ilustrado. Para Lluch, Amor de Soria fue un reformista que, desde el exilio, planteó una alternativa al absolutismo borbónico español.

Muchos de los exiliados participaron en los ejércitos imperiales, donde sobresalió Manuel Desvalls, que llegó a ser tutor del que luego sería emperador José II. Otros dieron esplendor, según Enrique García Hernán (1) al Hospital de los Españoles de Viena para soldados. Fue erigido en 1718 y se llegó a crear también en Viena un Consejo Supremo de España que perduró hasta 1736 (2). Más tarde, los militares austracistas que regresaron a España fueron reconocidos con sus títulos nobiliarios, integrándose en el ejército borbónico.

En los siglos XVI y XVII esos militares defendieron que España necesitaba del Imperio para neutralizar a Francia en la defensa de los Países Bajos y del norte de Italia. Hubo tratadistas militares que elogiaron la participación de los tudescos con los famosos lansquenetes. En concreto, los militares españoles e imperiales se ayudaron para acabar con la rebelión protestante en 1547 (Mülhberg) y en 1620 en la Montaña Blanca. Esta alianza se confirmó en 1658 con la colaboración hispano imperial (Leopoldo I en este caso) acudiendo a la defensa de Barcelona Jorge de Hesse Darmstadt, y puede que participara en la batalla de Camprodón, al norte de la actual provincia de Girona.

No solo: hubo una intensa relación cultural y económica. Los Tassis se hicieron con el monopolio del correo y la economía española internacional mantuvo estrechas relaciones con la liga Hanseática. Los jesuitas contribuyeron al estudio del “arte” militar en el Colegio Imperial, y para demostrarlo puede citarse el caso, que no es único, de Jacobo Kresa, que fue además gramático, matemático y estudioso del hebreo en Praga.

Con las continuas guerras –dice García Hernán- había que levantar reclutas y esto suponía un negocio, y el mercado estaba en todas partes, sobre todo en el Imperio Germánico, aunque los soldados fuesen protestantes, mientras que Francia tampoco tuvo inconveniente en contar con soldados alemanes protestantes. Pero en general no hubo integración (seguimos a García Hernán en la obra citada): “cuando los imperiales querían decir (…) ‘esto me suena a chino’, ellos simplemente decían ‘esto me suena a español’. Pero las relaciones familiares entre nobles sí se produjeron, casándose unas con otros y viceversa.

Uno de los desencuentros fue la Inquisición, hasta el punto de que imperiales protestantes en España tuvieron que simular ser católicos. Los españoles de a pie, por su parte, no tuvieron noticia de que los reyes concedieron pensiones de viudedad a aquellas ociosas señoras que habían perdido a sus maridos: no sabían hacer otra cosa.

(1)   “Relaciones militares entre España y el Imperio”.
(2)   García Hernán cita a A. Alcoberro y su obra, “Al servei de Carles VI…”, 1998.

lunes, 18 de julio de 2016

Un filósofo medieval muy moderno


Basílica de San Antonio en Padua

Según Bernardo Bayona (1) Marsilio de Padua es el autor de la primera teoría medieval no clerical del Estado, proponiéndose combatir la doctrina de “plenitudo potestatis” papal. Marsilio defiende la unidad de la soberanía frente al dualismo medieval de que estaba repartida entre el papa y el emperador. Marsilio sostuvo que no existe fundamento espiritual para un poder diferente del que emana del legislador humano y que la capacidad de legislar para la cristiandad (en el lenguaje de la época) no corresponde al papa.

Estamos en la primera mitad del siglo XIV y ante un personaje que se ocupó de varias disciplinas del saber: teología, medicina, filosofía, política… La Padua del siglo XIV era pujante, bajo el mando de la familia Carraresi (Jacopo, Marsilio, Ubertinello y Marsilietto para el tiempo en que vivió nuestro personaje). No hay precedentes –según el autor citado- de una forma de pensar como la de Marsilio de Padua y, por lo tanto, no tuvo éxito en su tiempo, “pero influyó en la posterior reforma anglicana y en el pensamiento de Hobbes.

No se trata de un personaje marginal, sino que había contado con el favor del papa antes de que expusiese sus teorías: parece que visitó la Curia de Aviñón y, siendo Padua una ciudad güelfa (partidaria de la supremacía del papa sobre el emperador) Marsilio se pasó al bando gibelino después de haber sido rector en París (1312) y de que el papa lo beneficiase con una canonjía en 1316. Desde la muerte del emperador Enrique VII y la negativa del papa Clemente V a reconocer al sucesor electo de aquel, Luis de Baviera, Marsilio abandona la medicina y se enfrasca en sus pensamientos políticos. Cuando murió en 1343, el papa Clemente VI le calificó como el “mayor hereje jamás conocido”.

Marsilio había escrito contra el poder temporal de los papas (en realidad base de su influencia en el mundo cristiano) pero no lo reivindicaron los teólogos de la gran reforma religiosa del siglo XVI. Asombra pensar que Marsilio planteó, en pleno siglo XVI, el papel de los laicos en la Iglesia, algo que esta no ha retomado hasta el concilio Vaticano II. En el siglo XIX sí despertó interés este pensador, que en cierto modo se había anticipado al “Risorgimento” o conjunto de planteamientos para la unificación de Italia. Cuando Marsilio escribe aquella se encontraba dividida en múltiples estados enfrentados entre sí.

(1)   “El poder y el Papa. Aproximación a la filosofía política de Marsilio de Padua”, Isegoría, 2007.

Nápoles vista por Thomas Jones



"Casas en Nápoles"

A finales del siglo XVIII el pintor galés Thomas Jones pintó una serie de cuadros cuyo tema era la ciudad de Nápoles, pero la mayoría de ellos representan casas o muros más o menos ruinosos. Esto se debe a un viaje a Italia que realizó: todavía perduraba la idea de que todo artista debía visitar dicho país debido al papel jugado por su arte desde siglos atrás. 
 
El color pastel dominante y los cielos claros parecen anunciarnos la obra de Corot, que quizá conoció la del galés. Aquel nació medio siglo más tarde, pero nada impide que la obra de Thomas Jones hubiese sido divulgada, sobre todo en París, capital del arte en el siglo XIX. 
 
Aunque Nápoles había tenido un esplendor extraordinario durante el siglo XVI, siendo posiblemente la ciudad europea más poblada en dicha centuria, es cuando se convierte en capital del Reino de las Dos Sicilias, durante los siglos XVIII y XIX, cuando su urbanismo se transforma y se construyen muchos edificios notables. Thomas Jones no parece fijarse en lo esplendoroso de la ciudad, sino en los detalles nimios de los edificios más viejos, como si pretendiese una originalidad a la que otros, como Canaletto, renunciaron en el caso de Venecia.  

La obra de arriba es un óleo sobre papel realizada en 1782, de 23,5 cm. por 36,2 y se encuentra en el Museo Británico.

Régulo Martínez Sánchez: un cura demócrata y republicano


Pantano de Cazalegas (Toledo)

Nacido en 1895 en Cazalegas (Toledo) era el decimotercer hijo de una familia numerosísima. Cazalegas esta cerca de la sierra de San Vicente y de Talavera de la Reina, teniendo a finales del siglo XIX muy pocos vecinos.

Encaminado a la carrera eclesiástica, estudió en Toledo y fue destinado, en 1918, al pueblo de Centenera, provincia de Guadalajara, cruzada la población por el pequeño río Matayegüas. Allí fundó un sindicato católico agrario de acuerdo con la política que había emprendido la Iglesia desde el pontificado de León XIII, y que siguieron algunos de los obispos toledanos, particularmente Guisasola. Se empeñó en ayudar a los campesinos sin tierra contra los caciques y propietarios, que se opusieron a la labor social de Régulo Martínez.

Publicista republicano, ya en Madrid, de donde no quiso salir para un nuevo destino a pesar de la orden del nuevo obispo, cardenal Segura, se afilió al partido de Azaña, e incluso Gregorio Marañón contó con él y lo inscribió en la Agrupación de Intelectuales al Servicio de la República.

Con el levantamiento militar de 1936 fue partidario de que se entregaran armas al pueblo y propuso –consiguiendo que se llevase a cabo- la formación de Tribunales Populares para juzgar los casos de abusos por parte de republicanos contra la población conservadora. En Madrid participó en la movilización de la población para que la capital se defendiese de la embestida militar, pero se opuso al auge de los comunistas desde el momento en que se convirtieron el cauce para que la República recibiese ayuda de la Unión Soviética.

En 1939, convencido de que la guerra estaba perdida para la República, por indicación del coronel Casado, con el que colaboró, viajó a París para pedir ayuda. Allí se enteró de que Azaña acababa de dimitir como Presidente de la República siendo sustituido por Martínez Barrio. Regresó a Madrid dos días antes de que acabase la guerra, siendo entonces detenido por las nuevas autoridades. Condenado a muerte, pasó a la cárcel de las Comendadoras y luego a la de Porlier.

En 1941 le fue conmutada la pena y fue encarcelado en el castillo de Cuéllar y de allí a Carmona; más tarde a Alfaro y luego a Daroca. En 1944 fue puesto en libertad, sin duda por su condición de sacerdote, a la que nunca renunció, empezando una activa oposición al régimen del general Franco: con ugetistas y cenetistas participó en la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas, a la que más tarde se unieron los comunistas. Esta Alianza se puso en contacto con la oposición monárquica e incluso con militares como Aranda y Beigbeder.

De nuevo detenido en 1944, fue encarcelado en Guadalajara y luego en Talavera de la Reina, hasta el año 1949 en que fue puesto en libertad condicional. No por ello dejó su labor de oposición al franquismo. En 1958 se creó Acción Republicana Democrática Española, donde se incluyó el sacerdote. Con el concilio Vaticano II se entusiasmó, simpatizando con los papas Juan XXIII y Pablo VI, y como se podía pensar que el final del régimen franquista estaba cerca en torno a 1970, incluso publicó dos libros: “Republicanos en el exilio, 1976 y “Republicanos de catacumbas”, escrito en 1977. El primero tuvo que ser escrito en vida de Franco.

Régulo Martínez, que tuvo una larga vida, pudo ver el comienzo de la transición a la democracia española, falleciendo en 1986. Su testimonio ha sido aprovechado por Miguel Ángel Dionisio Vivas para un estudio –de entre otros- sobre “la imagen del cura en la segunda República”. De este trabajo he tomado la información que aquí pongo.
  

domingo, 17 de julio de 2016

Una antigua moneda persa

En torno a 546 a. de C. el rey Ciro entró con su ejército en Jonia, Caria y Lidia y en estas tierras encontraron los persas por primera vez acuñaciones de monedas, particularmente en Lidia. Un arquero que representa al rey persa aparece en una de las caras de la moneda, mientras que en la otra cara aparece un rectángulo rehundido. La moneda es de oro y fue acuñada entre 500 y 400 a. de C.; pesa 8,1 gramos.  

El rey (en este caso Darío, uno de los Jerjes o Artajeres) parece estar en movimiento, en acción de combate, con una lanza sobre el hombro derecho. Este motivo se repitió con variaciones, donde el relieve aparece más definido o menos. Una moneda parecida, que se encuentra en el Museo Británico, presenta los ropajes del rey con más pliegues y el borde de la moneda más simple pero igualmente irregular.

Los frescos de La Rábida


Fotografia de Olga Torrego

Entre 1928 y 1930 realizó Daniel Vázquez Díaz los frescos del convento de La Rábida, cenobio que tiene su origen en el siglo XV aunque sucesivas reconstrucciones son de los siglos XVI y XVII. Se encuentra al lado de la desembocadura del río Tinto, cuando se junta con el Odiel antes de desembocar juntos en el Atlántico. También confluye allí el pequeño río llamado Estero Domingo Rubio. Estos parajes están al sur de la capital onubense y, muy cerca, hay un Jardín Botánico en honor de Celestino Mutis y el Campus de La Rábida.

El exterior del convento el limpio de la cal blanca, con zonas ajardinadas. Entrando por el vestíbulo, a la izquierda ya está la sala de Vázquez Díaz y desde la sacristía se pasa a la iglesia. Lateral a esta el Patio de las Flores y a los pies el Patio Mudéjar.

En este convento se refugió Cristóbal Colón de la mano de dos monjes franciscanos que le ayudarían a hacer posible su empresa ultramarina: Antonio de Marchena y Juan Pérez.

El pintor Vázquez Díaz, nació en Nerva, un pueblo del nordeste de Huelva, pero sus experiencias le llevarían a Sevilla, Madrid, Fuenterrabía, París y de nuevo Madrid. En La Rábida pintó los frescos alusivos al descubrimiento de América, que han estado abandonados a su suerte durante años (en la década de 1980 todavía la prensa denunciaba esta situación). Ahora se encuentran ya restaurados y muestran el esplendor contenido, por las gamas cromáticas más bien pálidas y grises, azuladas y rojizas.

En los frescos se representan las relaciones de Colón con los monjes de la Rábida, el viaje ultramarino y otras escenas relacionadas con la llegada a América. Vázquez Díaz ha dicho que él, antes que nada, fue retratista, y en los frescos del La Rábida, en efecto, se representan retratos de personajes cuyos rostro no nos son conocidos, pero que reflejan estudios de diversas personalidades: el noble, el marinero, el intelectual, el fraile… El cubismo, que Vázquez Díaz vivió en París a principios del siglo XX, está en esta obra, pero también en otras suyas.

sábado, 16 de julio de 2016

Una antigua moneda india



En el Museo Británico se encuentra, entre otras, una moneda con la imagen de un elefante en relieve, que es uno de los motivos más corrientes de las monedas indias entre los siglos II y I antes de Cristo.

Se corresponde con el imperio Maurya, que se extendió por el norte y centro de la India, con algunas regiones de Afganistán y Pakistán, entre finales del siglo IV y principios del II a. de C. El nombre de dicho imperio hace referencia a la dinastía reinante.

La moneda es de bronce de 11, 7 gramos de peso y quizá es de la época de Satakarni, un rey que gobernó el centro de la India en el siglo II o I antes de Cristo. Otros motivos de las monedas indias de esa época son peces, símbolos y plantas, además de otros animales. En esta moneda, además de algunas inscripciones, el animal levanta su trompa y, por debajo, asoma uno de sus colmillos.

sábado, 9 de julio de 2016

Viaje a El Bierzo



Cacabelos se encuentra casi a medio camino entre Villafranca del Bierzo y Ponferrada, en una comarca con un clima continentalizado de altas temperatuas en verano, lo que propicia el cultivo de la vid deste tiempos muy antiguos. Es Cacabelos, precisamente, la villa más famosa de los vinos de El Bierzo, mientras que Ponferrada se puede considerar la capital de la minería del carbón –ya venida a menos- de la provincia leonesa.
 
La villa se encuentra a poco menos de 500 metros de altitud sobre el nivel del mar, de forma que cuando se asciende al yacimiento de Bergidum se alcanzan más de 600 metros de altura en poco más de tres kilómetros en dirección oeste. El recinto amurallado tiene forma de suela de zapato, desde donde se observa un panorama realmente extraordinario: las Médulas, Ponferrada, Cacabelos, Villafranca del Bierzo, una central de energía térmica y los campos cultivados de viñedos, junto con el río Cúa, que nace entre Berlanga y Tombrío, pasa por Vega de Espinareda y gira hacia el sur antes de desembocar en el Sil, a la altura de Paradela.

La villa de Cacabelos tiene varias calles dedicadas a Plinio el viejo, Floro y Orosio, historiadores antiguos que dedicaron estudios a la zona. Las autoridades han fundado un museo arqueológico en una antigua bodega de finales del siglo XIX, donde todavía se conservan los espacios para las grandes tinajas de vino. Los fondos del museo guardan objetos de la prehistoria, la época prerromana, romana y medieval: objetos domésticos, aras sepulcrales, escudos señoriales, pedestales con su acostumbrada escultura monstruosa, etc.

Castro Ventosa o Bergidum es un antiguo asentamiento prerromano ocupado luego por población romana y más tarde durante la Edad Media, de forma que hoy se sabe la localización de las viviendas y demás construcciones de cada una de dichas épocas que se encuentran en el castro.

El puente que pasa sobre el Cúa permite llegar a una iglesia con hermosa fachada barroca, al lado de la cual se encuentra hoy un albergue para peregrinos que se dirigen a Santiago de Compostela cada año. En el centro, la iglesia de Santa María conserva un ábside románico que ahora ha quedado situado lateralmente respecto del nuevo templo, obra de finales del siglo XIX. La plaza mayor, en parte porticada, es de forma irregular, y de ella parten diversas calles con casas muy notables unas, más sencillas otras, con grandes aleros de madera en su parte superior, con balconadas también de madera y arcadas de piedra para dar acceso a patios o al interior de las casa.

Castro Ventosa o Bergidum está rodeado de una imponente muralla con torreones hoy desmochados, pero que permiten adivinar la localización en cada caso. Subiendo a dicha muralla se pasa al interior, hoy lleno de tierra, cultivos y maleza a más altura aún que la muralla de cierre. Al lado de Cacabelos se encuentra también el yacimiento de La Edrada, habiéndose encontrado restos de la primera época imperial y bajoimperial romana.