sábado, 16 de septiembre de 2017

El "Estado da India"



José Antonio Cantón, en una extensa obra, ha estudiado el comercio del opio en relación con el colonialismo europeo en Asia[1], dedicando un capítulo a la expansión colonial portuguesa en India.

El opio fue objeto de mercado tempranamente, por más de que en China había sido una medicina muy utilizada, pero durante el siglo XVI la demanda del mismo aumentó y su producción se extendió a escala mundial. Además existió un comercio intraasiático, en el cual los colonos europeos jugaron un papel. Estos no tardaron en ver en él una herramienta que podía servir a sus objetivos y desde la llegada de los primeros exploradores lusos a India, a inicios del siglo XVI, uno una voluntad expresa de establecer un control privativo sobre el mercado de esta droga, aunque los portugueses, según el autor, no consiguieron llevar esta idea a buen puerto.

La dimensión de los cambios que conllevó la llegada de los europeos a las redes comerciales del Índico ha sido muy discutida, habiéndose considerado, junto con el descubrimiento de América, el comienzo de la historia global, si bien esta conclusión tiene un marcado poso eurocéntrico. En primer lugar hay historiadores que no aceptan que en el siglo XVI Europa tuviese la supremacía sobre el mundo, pero el viaje de Vasco de Gama fue el punto culminante de una prolongada política de expediciones por la costa occidental del continente africano. Tras la conquista de Ceuta por los portugueses en 1415, se sucedieron muchos viajes no solo por portugueses, sino por súbditos de las demás monarquías ibéricas. Estas empresas se han interpretado como un intento de buscar una ruta alternativa a la mediterránea para llegar a Asia, pero hay algunos historiadores que ponen el acento en las necesidades económicas de la población europea para atender la demanda del aumento de la misma. Particularmente parece que está demostrado el mayor consumo de trigo, azúcar y pescado.

No se han de despreciar –dice el autor- otros aspectos como la cuestión militar y el espíritu de cruzada del reciente estado portugués, que impulsará el ataque a plazas de “infieles” en territorio africano. Hubo también factores religiosos, como la búsqueda del mítico Preste Juan en las motivaciones particulares de algún rey portugués. Por otra parte se habían producido avances importantes en la náutica provenientes de Asia, como la llamada vela “latina”.

Conforme los portugueses accedieron a las costas de África, el comercio de esclavos y oro se convirtió en prioridad, unida a la explotación agraria en las islas de Cabo Verde para la producción de azúcar. En paralelo se configuró una red portuaria y de enclaves en esta ruta del oeste de África durante la segunda mitad del siglo XV a través del sistema de encomiendas de monopolio mercantil. El rey Joâo II fue el que dio impulso definitivo a esta política de expansión naviera, siendo el primero el establecer el propósito de alcanzar la India (o alguno de sus colaboradores). Son varias las expediciones en este proceso, como la de Diogo Câo, pero Bartolomeu Días fue el primero en llegar a las aguas del Índico (la actual ciudad de Mossel Bay[2]) en 1488. Así se conoció la desembocadura del río Congo y Agonla, donde se creó uno de los enclaves de mayor importancia para Portugal.

Estas expediciones sirvieron de preludio a los viajes de Vasco de Gama, que hizo el recorrido desde Lisboa hasta la costa sudoccidental de India. Los cuatro buques de la expedición salieron de la península en 1497 haciendo cabotaje hasta Sierra Leona y después internarse en el océano aprovechando las corrientes marinas, haciendo escala en El Cabo. Por el Índico siguió la costa de Mozambique hasta llegar a Malindi[3], en Kenia. Desde aquí la expedición no se vio capaz de alcanzar la costa malabar (suroeste de India) hasta pasados varios meses y sortear los monzones. Llegaron a India en 1408 y el regreso se hizo varios meses más tarde.

A partir de este momento el desarrollo de los dominios portugueses aumentó exponencialmente (reinados de Manuel I y Joâo III), con múltiples enclaves en África, el Índico y los territorios de Brasil. El rey Manuel I (o alguno de sus colaboradores) planteó la idea de legitimación, de fuerte inspiración de cruzada, mientras el poder otomano estaba en su cénit en el Mediterráneo. Así se materializó lo que se dio en llamar Estado da India, nombrándose virreyes y gobernadores en muchos puntos.

Si las expediciones de Pedro Álvares Cabral y la de Vasco da Gama tuvieron un afán exploratorio, con la llegada de los portugueses a la India se inicia el modelo de creación de feitorías, que comenzará con la adhesión de Calicut[4] y Cochín[5], la primera después de haber sido bombardeada. Tras el virreinato de Francisco de Almeida, el Estado da India experimentó su mayor crecimiento con la llegada del virrey Alfonso de Alburquerque (principios del siglo XVI), expandiéndose los dominios portugueses y adquiriendo importancia Goa, al norte de Calcuta, donde se centralizó la presencia portuguesa en Asia, a la que siguió Malaca en 1511, que canalizó el comercio con los archipiélagos de Indonesia y las rutas hacia China y Japón. Este virrey prestó también importancia a los enclaves musulmanes que controlaban el comercio desde el Índico hasta Persia y Egipto: Ormuz y Adén; pudo conquistar la primera pero no la segunda.

Durante la primera mitad del siglo XVI, pues, se configuró el Estado da India como un rosario de ciudades donde la práctica del saqueo y el pillaje fueron casi la única forma de mantener la hegemonía portuguesa. Es más, aquellos fueron el incentivo para los comerciantes, ya que las ciudades en islas y enclaves costeros no contaban con un hinterland y dependían en gran parte de la llegada de provisiones por mar. La práctica del corso, pues, fue común.


[1] “Opio, comercio y colonialismo: el opio en la penetración colonial europea en Asia y China”, 2015.
[2] Sur de Sudáfrica, al este de El Cabo.
[3] Al norte de Mombasa.
[4] Calcuta, en el suroeste de India.
[5] Al sur de Calcuta.

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