jueves, 6 de diciembre de 2018

Familia, caciquismo y poder

Casa de Ayuntamiento de Boecillo

Cómo una familia puede llegar a emparentar con otras formando un entramado caciquil que dirige uno o varios de sus miembros, es lo que Inés S. Hidalgo Marín ha estudiado en uno de sus trabajos[i].

Boecillo es un pueblo de la provincia de Valladolid, cercano a la capital, que ha experimentado un crecimiento extraordinario a partir del establecimiento de un parque tecnológico por las autoridades regionales. Allí nació, en 1840, Germán Gamazo, personaje central que sirve a la autora citada para estudiar las relaciones del caciquismo con el dominio de una familia en la segunda mitad del siglo XIX. Gamazo trabajó como pasante en el bufete de Manuel Silvela para independizarse más tarde profesionalmente, pues había estudiado Derecho y se había doctorado en 1865. En 1871 se había iniciado en la política como diputado, también de la mano de Manuel Silvela en las filas de Unión Liberal, para luego pasarse al grupo Centralista de Alonso Martínez, valedor este de la carrera política del conde de Romanones.

En las filas liberales de Sagasta, se empieza a distanciar de este en 1887, cuando Gamazo se incluye en la proteccionista “Liga Agraria”[ii]. Desde 1898 un grupo de ochenta y ocho diputados abandonarán a Sagasta para formar la facción gamacista, pero su falta de cohesión, únicamente explicada por la figura del líder, llevó a esos gamacistas a dividirse entre los partidarios de Santiago Alba y el maurismo, más conservadores estos.

G. W. McDonogh, a quien cita la autora que sigo, destaca cómo en el siglo XIX la familia desempeñaba un significativo papel central dentro de la organización y la reproducción de la elite, lo que vemos en la familia Gamazo. No se habla aquí de la familia nuclear, sino de la más extensa cuyos miembros están unidos por unos mismos intereses, por redes clientelares y que cohabitan en amplias viviendas comunes.

Entre las estrategias de vinculación con la elite está en primer lugar la vía matrimonial –dice Inés Hidalgo- que para el caso de Gamazo empieza en los años treinta con la unión, en Boecillo, entre los de aquel apellido y los Calvo. Luego vino el matrimonio de Antonio Maura con Constancia Gamazo, hermana de Germán. En 1916 Maura contaba en las Cortes con dos hijos, dos sobrinos y un consuegro, mientras que 1923 con un hijo, un yerno y dos sobrinos.

La vinculación de la familia Gamazo con la aristocracia –fenómeno que no es único ni mucho menos- tuvo que ver, según Tuñón de Lara, frente a las clases populares, que empezaban a demostrar su capacidad movilizadora. Si bien la presencia de la nobleza en la política de la Restauración no es significativa, la familia Gamazo constituye en esto una excepción. El “ennoblecimiento” podía venir por concesión real, pero también eclesiástica, mediante matrimonio o por herencia.

El padre de Gamazo estuvo dedicado a la administración pública y al negocio del vino, pero también compró bienes en 1841 procedentes de la desamortización de Mendizábal; con los beneficios se interesó en invertir en una empresa ferroviaria para la construcción del tramo Alar del Rey-Santander (1850). Los tres hijos varones de Timoteo (el padre de Gamazo) estudiaron Derecho, la carrera que daba mejor acceso a la política y a la Administración. En el Colegio de Abogados Germán Gamazo conoció a Silvela y Moret, entre otros y, a partir de ese momento, comenzaron las tácticas del favor, el control de la Administración de Justicia, las relaciones con políticos como León y Castillo, nobles y otros. Así vinieron las recomendaciones con las que Gamazo ampliaba la clientela de su bufete y, luego, sus agentes políticos: situó a unos y a otros en juzgados, inspecciones, conserjerías, estaciones de ferrocarril, carterías… como Inés Hidalgo ha podido ver en los archivos privados de la familia. Otra actividad a favor propio fue el patronazgo de la prensa, fundando “El Eco de Castilla” en 1883, su portavoz. Más tarde hizo otros intentos en este sentido.

Las relaciones entre la política y los negocios llevó al caciquismo, de forma que la riqueza se convirtió en base del poder que iba adquiriendo la familia (particularmente Germán Gamazo, pero un hermano suyo, Juan Antonio, llegó a convertirse en uno de los mayores capitalistas de España). Mientras tanto, Germán se hizo rico con su bufete, pues en un país con muchos pleitos y una sociedad muy poco formada había que recurrir constantemente a intermediarios. Se dedicó al préstamo usurario con garantías hipotecarias e intereses anuales de hasta el 10%. Sus deudores contrajeron con Gamazo un conjunto de obligaciones, entre aquellos, miembros de la nobleza.

Juan Antonio, hijo de Germán, siguiendo la tradición familiar, se dedicó a la elaboración de vino en Boecillo, al cultivo del cereal en grandes propiedades, a explotar la madera de los pinares y a alimentar una cabaña de ganado lanar y vacuno en las praderas adquiridas o heredadas. Invirtió en sociedades eléctricas, empresas textiles y de la construcción (naval). También invirtió en los transportes y la banca, sobre todo en el ferrocarril. A ello no fue ajeno el poder político de Germán, que sirvió para general la riqueza económica propia y de sus descendientes.

Gamazo fue liberal pero solo de conveniencias: para proteger sus intereses defendió el proteccionismo del trigo, pero el librecambismo en el comercio del vino. En definitiva, convirtió la política en instrumento a su favor, sin separación entre el bien público y el suyo propio, aunque esto no es exclusivo de este personaje, como cabe suponer. La autora a la que sigo cita a título de ejemplos al republicano José Muro y al conservador Alonso Pesquera.



[i] “La familia Gamazo elite castellana en la Restauración (1876-1923)”.
[ii] Las bases económicas de Boecillo, entonces, estaban en el cereal, la vid y la ganadería.

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