viernes, 7 de diciembre de 2012

La biblioteca de San Carlino

San Carlos de las cuatro fuentes (Roma)
Francesco Borromini fue el más exagerado arquitecto barroco que imaginarse pueda. Queriendo romper con el orden clásico, que quizá estaba agotado por un tiempo, retorció las formas y las fachadas, volteó los elementos, complicó las plantas, dislocó entablamentos y dio un aspecto teatral a sus edificios, más para satisfacer a los sentidos que para rendir culto a la razón, como tantas veces se ha dicho.

La iglesia que en Roma llaman San Carlino le fue encargada en la década de 1630, pero se terminó bastante más tarde, así como el convento anexo, expresión de una piedad muy barroca que tiene sus máximas expresiones en Italia y España. Como la arquitectura barroca nace en Roma, allí llegaron a ensayarse las más audaces ideas, sobre todo por obra de una Iglesia que, acosada desde muchos frentes, quería demostrar su poder y su presencia. Los edificios religiosos habían de ser los más monumentales, los más llamativos, los más hermosos según la forzada estética de la época. 

Ahora se han recuperado unos 14.000 volúmenes de su biblioteca, propiedad de los monjes trinitarios, entre los que se encontraron muchos vascos. El trabajo ha sido extraordinario, tras muchos años de catalogación, siendo muhos de ellos anteriores al siglo XIX. También han sido recuperados varios incunables y otros libros del siglo XIX en adelante. En la biblioteca se conservan los libros donados en el siglo XIX por don José Benavides, obispo antequereano que vivió entre la mitad de dicho siglo y los primeros años del XX.

La adaptación de la biblioteca, al parecer, ha exigido reformas que modifican la original concepción de Borronimi, pero un interés añadido entre los fondos es que los libros están escritos en varios idiomas: latín, italiano, castellano, vasco, catalán, japonés y chino. Las ediciones son italianas y francesas pero también españolas y americanas.

En 1667 Borromini se quita la vida: ¿consecuencia del éxito que tenía Bernini en demérito suyo? ¿Consecuencia de su carácter complejo y atormentado? Quizá haya sido un momento depresivo, quizá un lance fortuito, quizá una decisión pensada más de una vez. El caso es que el genio de Borromini está fuera de toda duda, por más que sus obras estuviesen pensadas para servir a una Iglesia muy mundana y rica. Ahora, la recuperación de una biblioteca valiosísima, que parece se abrirá al público en el año 2013, nos compensa de ello.

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