domingo, 2 de diciembre de 2012

Vigo y la guerra mundial


En 1873 se estrenaba en Vigo -según leemos en "La Voz de Galicia"- la conexión telegráfica con Inglaterra a través de un cable submarino que explotó durante casi un siglo la empresa británica Eastern Telegraph Compay, que en Vigo sería conocida como El Cable Inglés. Otro cable posterior todavía se puede ver en Alcabre durante la bajamar. En la calle Real tuvo su primera sede la empresa británica.

También los alemanes tuvieron su Cable en Vigo (Deutsche See Telegraphensgesellscraft). Un investigador, José Ramón Cabanelas, aprovechando la información inédita de un trabajador de la empresa inglesa, ha podido llegar a ciertas conclusiones sobre el nido de espías que fue Vigo durante el último año de la guerra civil española (1938-1939) y el comienzo de la II guerra mundial. Eran muchos los telegramas que se enviaban desde Alemania a Japón por parte de las autoridadez nazis alemanas, que estaban preparando la invasión de Bélgica y Francia y pretendían también extenderse hacia el este comprometiendo a Japón contra la Unión Soviética. Los telegramas llegaban desde Hamburgo a Vigo.

Hasta ese momento la empresa inglesa utilizaba el cable submarino para enviar mensajes desde Europa a América. "Tales telegramas" dice el trabajador vigués al servicio de la empresa británica, hablando de la preguerra europea, "eran los que más nos traían de cabeza, pues en su mayoría constaban de cientos de palabras en grupos de cinco letras en lenguaje cifrado". El cableado submarino de la Alemania nazi, inferior en extensión, calidad y seguridad al inglés -dice José Ramón Cabanelas- no tenía línea hasta Japón, y precisaba de los servicios de España, país que se alineó con las potencias fascistas desde el primer momento.

La intensidad del intercambio germano-nipón a través de Vigo se acentuó a partir del último año de la guerra de España, pero los servicios secretos británicos no lo ignoraban. Von Ribbentrop, ministro de exteriores nazi, negociaba con la URSS el reparto de Polonia al mismo tiempo que trataba de comprometer a Japón en el futuro conflicto. El autor de la investigación destaca la figura de Roderick Price Mann, responsable del Cable Inglés que no se quiso marcharse de Vigo cuando la línea fue ocupada por los nazis, pues se había casado con una viguesa, viviendo en Baiona, localidad cercana a Vigo, hasta su muerte en 1985.

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