domingo, 27 de diciembre de 2020

Negocios por mar

 

                                             antiguedadestecnicas.com/productos/C-027.php

En la segunda mitad del siglo XVII los puertos cantábricos reciben pescado salado, bacalao y salmón en salmuera que vienen de Inglaterra e Irlanda. Según ha estudiado Cueto-Felgueroso, desde los puertos asturianos se reenviaban parte de esas mercancías a Medina de Rioseco y León. La primera de las citadas había vivido su momento de máximo esplendor económico en el siglo XVI, pero no solo como herencia de sus ferias medievales, sino por los capitales repatriados desde América de sus naturales.

La sal era importada de las salinas francesas de La Rochelle para los alfolís de Castropol, Luarca, Avilés, Gijón y Llanes. El tabaco se compraba en Bilbao, en polvo o importado en hojas del Brasil para abastecer el estanco del tabaco del Principado. Después de la guerra con Portugal (1668) los mercaderes ingleses exportaron a Gijón tabaco del Brasil y de Virginia.

Las “mercancías lícitas” eran géneros textiles y todo tipo de manufacturas de uso doméstico; la mayor parte llegaba al Principado desde Bilbao mediante el transporte de cabotaje. Otro producto es el hierro, del que hay testimonios como el de la pinaza “La Concepción”, de un vecino de Avilés, que lo trae desde Bilbao haciendo escala en Santander, calderas de cobre, sempiterna y bayeta[i] de Inglaterra, hilos y cintas de Flandes, medias para hombre de Inglaterra, cordellate[ii] de Aragón, pelo de camello de Holanda y otros productos como grasa de arder (aceite de ballena) utilizada para el alumbrado.

Desde la Edad Media el comercio de la sal era común en todo el Cantábrico por su utilización en el tratamiento del pescado, siendo una de las regalías del rey. Asturias contó con alfolís para la sal en Castropol, Luarca, Avilés, Gijón y Llanes, siendo éste comercio el que reportó más beneficios. A pesar de la situación de guerra con Portugal hasta 1668 y con Francia durante casi toda la segunda mitad del siglo XVII, el comercio de la sal se mantuvo mediante permisos de importación, siendo la distribución monopolio de la Corona.

A finales de 1641 el Consejo de la Sal informó al Principado que se autorizaba a los arrendadores a traer de Francia hasta 50.000 fanegas de sal (3.500 toneladas) en cualquier barco de países amigos de la Corona, y en los de aquel reino siempre que no trajesen armas, con los permisos para el Reino de Galicia y Principado de Asturias, y solo por los puertos de Vigo, Pontevedra, Muros, Corcubión, Coruña, Betanzos, Viveiro, Ribadeo, Luarca, Avilés, Gijón y Villaviciosa. También llegaba vino desde Ribadavia.

En cuanto a los productos exportados por los puertos asturianos eran avellana verde y tostada (turrada), limones, naranjas y nueces (90% del total). Cueto-Felgueroso señala que la disminución de las cantidades exportadas no dependió de la coyuntura económica del Principado, sino de la evolución del tráfico internacional de mercancías de Castila con el norte de Europa, estrechamente ligado al devenir de la política. Pero no es éste el caso de las exportaciones de grano, importantes entre 1652 y 1656, que se corresponden con las hambrunas en Levante y Andalucía.

No obstante, el suministro a estas regiones se canalizó a través de San Sebastián junto al trigo importado del Báltico. La gran peste de mediados del siglo XVII (1647 a 1652) que asoló Levante y Andalucía provocó, según se ha calculado, que Sevilla perdiese el 25% de su población, a lo que se unieron las malas cosechas, la hambruna y la falta de recursos en las ciudades para la importación de trigo de Sicilia o del Báltico. Así, unos vecinos de Gijón aprovecharon para llevar a Sevilla avellanas, castañas, naranjas y otros frutos, pero como no disponían de los barcos apropiados recurrieron a Santander y Portugalete para poder cargar sus mercancías en Gijón y seguir viaje a Sevilla. Hay otro ejemplo de 12.000 fanegas de trigo (850 toneladas) para llevar a Sevilla desde Gijón, trigo que había sido cultivado en la villa de Fuentes de Ropel[iii], lo que pone de manifiesto que era más rápido el transporte por mar que por tierra, además de que existiesen comerciantes que se ofreciesen a ello. Otros centros de producción cerealera fueron las villas de Mayorga[iv], Villagonta[v] y Toral de los Guzmanes[vi].

En cuanto a la lucha contra el contrabando, a mediados del siglo XVII seguía la misma estrategia que cincuenta años antes (Cédula de 1604 contra los holandeses), pero desde 1648 (tratado de Münster)[vii], los holandeses eran aliados de los españoles, por lo que buena parte de la canela y otras especias traídas por aquellos eran consumidas en España.

Para la lucha contra el contrabando hubo veedores que tenían como misión inspeccionar la introducción de las mercancías al objeto de que se pagase por ellas el impuesto correspondiente. Existieron, no obstante, redes de contrabando, pues se trataba de burlar a la administración de los Estados, en éste caso la Monarquía española, dándose también un contrabando de cabotaje, consistente en no descargar las mercancías en un puerto importante, y sí en otro que estuviese menos vigilado por los agentes reales.


[i] La sempiterna es una planta herbácea y la bayeta un tejido.

[ii] Tejido basto de lana cuya trama forma un cordoncillo.

[iii] Nordeste de la actual provincia de Zamora.

[iv] Al norte de la actual provincia de Valladolid.

[v] Hoy despoblado en el municipio de Villaveza del Agua, al nordeste de la actual provincia de Zamora.

[vi] Al sureste de la actual provincia de León.

[vii] Se reconoció la independencia de las Provincias Unidas por la monarquía española.

No hay comentarios:

Publicar un comentario