miércoles, 22 de mayo de 2019

El monte y las comunidades agrarias



José María Ramos Santos[i] ha publicado un interesante trabajo sobre lo que la Edad Media legó a la Moderna, en cuanto a montes se refiere como elemento indispensable del paisaje agrario. El autor se refiere a los montes de tres provincias españolas actuales, Ávila, Salamanca y Valladolid, una superficie de unos 650 km2 repartidos por 18 términos municipales. La expansión de la agricultura y la ganadería obligaron a los municipios a reglamentar el aprovechamiento de los montes, pues su explotación presenta una casuística extraordinaria.

Las Ordenanzas que se aprobaron reflejan la valoración del monte por las comunidades campesinas, pero también la complejidad de las relaciones sociales durante la Edad Moderna. Los conflictos a causa de los montes enfrentan a personas, grupos y municipios entre sí, estudiando Ramos Santos las Ordenanzas de Madrigal de las Altas Torres y de Tordesillas contra las tendencias a la disminución de los aprovechamientos en los montes.

En 1663 –dice el autor citado- se planteó un pleito entre vecinos de la villa de Horcajo de las Torres[ii] y la de Madrigal, sobre las penas impuestas a los ganaderos de la primera, que entraban con sus ganados en los montes de Madrigal, pero este conflicto tiene su origen en diferencias que se remontan al menos al siglo XIV, cuando tuvo que pactarse una concordia para el aprovechamiento de los pastos. En efecto, solían darse incursiones de unos vecinos en los montes de otros pueblos para cortar leña de encina o pino, por lo que se dictaron unas Ordenanzas Antiguas de Montes a finales del siglo XIV, y otras en 1532.

Comparando estas dos Ordenanzas se observa la existencia de un monte mixto en los territorios estudiados, donde la encina y dos especies de pinos (resinero y piñonero) son dominantes. Había también dehesas donde los animales porcinos aprovechaban las bellotas, y otros, grandes extensiones de pastizales. Del pinar se aprovechaban la piña, la resina y la madera, y era posible el aprovechamiento de esta en turnos de 25 a 30 años, pero hubo casos de fraude, como revelan los investigadores.

Los matorrales de la zona estudiada son diversos tipos de retamas[iii] y el tomillo, consecuencia de las alteraciones producidas en el monte y su degradación, lo que resulta inevitable por la sobreexplotación ganadera la y la corta continuada de leña. En las Ordenanzas del siglo XIV no se mencionan aquellos matorrales, mientras que sí figura el royuelo, que estaba protegido y prohibida su corta, aunque seguramente había sido extendido artificialmente por el interés económico que ofrecía, pues de él se obtenía un tinto rojizo para la industria textil.

De todas formas hubo una integración en la economía rural de estas dos plantas, el tomillo y la retama, pues en 1532 se penalizó la corta de ambas con el objeto de evitar su desaparición, aprovechándose para consumo en los hogares (tomillo), como combustible (retama), para la fabricación de colorantes a partir de las flores o como pasto para el ganado. El pastoreo abusivo en el monte es consecuencia de la importancia de la cabaña ganadera. En 1532 se establecieron dos cambios importantes: la prohibición de la entrada de ganado cabrío en el monte y la supresión del límite de 50 cabezas a partir del cual se paga una multa, lo que benefició a los grandes propietarios de ganado lanar, mientras que durante el reinado de Isabel I se procedió a una privatización de ciertos aprovechamientos en los bienes comunales, todo lo contrario de lo que había ocurrido durante la Edad Media, cuando los más humildes habían tenido libre acceso a los bienes de propios y comunales. Las cortas fraudulentas de leña constituyen otra de las causas del deterioro del monte, y así se va creando un monte abierto en el que se extendieron plantas arbustivas como la retama y el tomillo.

En el siglo XVI hubo un intento por parte de la monarquía en extender las superficies forestales, justo cuando se da una lucha entre el interés de los concejos en acrecentar su poder y el de los poderes centrales por el suyo. En 1518 el rey envía a las ciudades y villas de la Corona de Castilla un provisión para el aumento y mejora de los plantíos, en lo que se ve una alarma ante la deforestación del reino, lo que llevó a un aumento de la superficie forestal plantándose pinares en dos grandes zonas del área estudiada por nuestro autor: la Vega, y a lo largo del camino que va junto al río Zapardiel[iv] hacia Foncastín[v], Zofraguilla[vi] y Torrecida del Valle[vii], en el límite con Medina del Campo. La preocupación por los montes va pareja a la de frenar la expansión del ganado, por eso la entrada de vacunos y porcinos se penalizaba con una multa, y con otras la de ganado lanar.

Pero a pesar de las Ordenanzas y de las sanciones a quienes abusasen de los aprovechamientos de los montes más allá de lo permitido, los asaltos a los montes fueron una constante durante toda la Edad Moderna, prueba de la utilidad que representaban para las economías campesinas, siendo muy difícil ponerles freno. No resultó infrecuente que fuesen los propios vecinos de un municipio los más interesados en la realización de “rompimientos” en el monte, con el fin de cultivar las tierras: son los montes entradizos, los espacios más cercanos a la villa o mejor comunicados con ella. De hecho, el cultivo planificado del monte durante algunos años seguidos, dejando árboles estratégicamente dispuestos entre las tierras de cultivo, fue un recurso habitual para incrementar la producción de cereal, pero que también revertía en una mejora de la tierra cuando, pasado un tiempo, volvía a destinarse a forestal.



[i] “Ordenanzas de montes y conflictividad social en la Corona de Castilla: de la Baja Edad Media a la Edad Moderna”.
[ii] En el extremo norte de la actual provincia de Ávila.
[iii] Negra o de escobas, de tallo largo, con los tallos muy apretados, etc.
[iv] Nace en la sierra de Ávila y va en dirección a Medina del Campo, desembocando en el Duero. En su curso alto salva una gran pendiente.
[v] En el suroeste de la provincia de Valladolid.
[vi] Cerca de Tordesillas.
[vii] En el suroeste de la provincia de Valladolid.

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