martes, 7 de mayo de 2019

El poder de unos pocos

García de Polavieja (1838-1914)

Tuñón de Lara ha estudiado a las elites del régimen de la Restauración, limitándose a su primera etapa, hasta 1902, señalando que, desde 1875, hubo siete presidentes. Algunos gobernaron solo unos meses, como el general Jovellar y Posada Herrera. Cánovas, por el contrario, ocupa el 44,8% del tiempo, mientras que Sagasta el 42,1%. Martínez Campos y Azcárraga, para Tuñón, no tuvieron entidad como presidentes, pero sí Francisco Silvela, que lo fue en los años del cambio de siglo.

En cuanto a los ministros de Hacienda destaca el papel desempeñado por Cos-Gayón, Camacho, Gamazo, Villaverde y Navarro Reverter. En Gobernación destacan Romero Robledo,  Fernando González y Moret. Los que más tiempo estuvieron presidiendo el Senado y el Congreso fueron Posada Herrera y Pidal y Mon, respectivamente. Otros a quien Tuñón considera que “estuvieron” en el poder (distingue de “tener” el poder) fueron Alonso Martínez, Maura, Dato, López Domínguez y Canalejas.

Cánovas fue Consejero del Banco Hipotecario desde 1875 y luego presidente de Ferrocarriles Andaluces y de cuatro compañías más de ferrocarriles; fue también propietario de importantes propiedades rústicas. Se casó en segundas nupcias con una hija de Osma, varias veces presidente del Crédito Mobiliario, uno de los hombres más ricos de España (él de origen peruano).

Alonso Martínez fue el verdadero artífice de la Constitución de 1876 y redactará los dos Códigos más importantes de la época: el Civil y el de Comercio. Como abogado tuvo una riquísima clientela, casándose con una hija del conde de Romanones, siendo aquel varias veces presidente del Crédito Mobiliario.

Juan Francisco Camacho llevó a cabo una importante consolidación de la Deuda con Sagasta, e hizo numerosas reformas fiscales. Persona acaudalada, fue director de la Sociedad Española Mercantil. Romero Robledo cambió de partido con frecuencia, contrayendo matrimonio con una hija del negociante negrero Zulueta (ver aquí mismo “Esclavos negros, chinos y otros”).

Segismundo Moret está considerado de la izquierda dinástica y defendió durante la primera guerra mundial el alineamiento de España con la Triple Alianza. Fue presidente de la Comisión de Reformas Sociales, masón y muy amigo de Giner de los Ríos. Burgués acaudalado, tuvo importantes intereses financieros en los ferrocarriles de Madrid-Cáceres-Portugal, en el Banco de Madrid y, entre otros, en los Fosfatos de Cáceres.

Fernández Villaverde es el autor de una Ley de Presupuestos que marcó un hito en la historia de España, así como de una política deflacionista. Además de conde consorte de Pozos-Rubio, fue abogado de empresas como Explosivos, además de presidente del Crédito Mobiliario durante bastantes años, pasando luego al Banco Español de Crédito y consejero del Banco Hipotecario.

Germán Gamazo tuvo como pasante en su bufete a Antonio Maura, que se casaría con la hermana de aquel. Gamazo fue defensor de los grandes cerealistas castellanos, siéndolo él mismo en la provincia de Valladolid. A finales de siglo tuvo grandes intereses  en la industria azucarera y quiso revisar los conciertos económicos, que durante la Restauración habían sustituido a los sistemas forales vascos.

Los hermanos Pidal y Mon (Luis fue marqués de Pidal) descendían de una familia dedicada a los negocios. Alejandro contribuyó a la creación del Banco Asturiano de Industria y Comercio con los hermanos Herrero y fue copropietario por herencia de la siderometalúrgica “Duro Felguera”. Al casarse Luis con una hija de Guilhou[i], entró en el sector minerosiderúrgico de Asturias.

El padre de José Canalejas fue secretario general de los Ferrocarriles de Ciudad Real y Badajoz, pero estuvo también interesado en otros negocios ferroviarios y fue consejero del Banco Hipotecario. La familia compró en 1890 el diario “Heraldo de Madrid”, que sería el portavoz del que en 1910 llegó a ser Presidente del Gobierno. Este mismo poseyó un importante paquete de acciones del Banco de España.

Vemos, pues, que aunque no agotemos los ejemplos, durante el régimen de la Restauración se fue formando un bloque de poder con fuertes rasgos oligárquicos y se va formando el político profesional que suele estar vinculado –dice Tuñón- a los medios de la gran propiedad, los negocios o la banca. Algunos querrán “ennoblecerse”, en ocasiones mediante enlaces matrimoniales que funden los intereses de la vieja aristocracia con los de la alta burguesía. Diego Mateo del Peral, a quien cita Tuñón, dejó escrito que “aunque generalmente los políticos no controlaron los más importantes resortes del poder económico, manejados entre bastidores por los grandes hombres de empresa…, como Manuel y Jaime Girona, Arnús, los marqueses de Comillas, los Basagoiti, los Urquijo, … permanecieron no obstante ligados a los intereses dominantes y condicionados por la presión de estos a la hora de tomar decisiones…”. Posiblemente –sigue diciendo Mateo del Peral- esta simbiosis es una de las principales características del régimen de la Restauración, un régimen de “simulación constitucional”, el montaje del “freno institucional” a las fuerzas renovadoras y al pueblo.

Por si ese poder no fuese suficiente ahí estaba el ejército, que no pocas veces actuó coercitivamente contra el “enemigo interior”, e incluso algunos militares dirigieron el Gobierno: Martínez Campos, Azcárraga y López Domínguez. Sin embargo tuvieron más influencia, con la excepción del primero citado, Weyler o Polavieja. En la medida en que Tuñón de Lara considera que en España nunca hubo ruptura con el antiguo régimen, dice también que este personal político siguió comportándose con arreglo al “techo ideológico” de una época anterior al capitalismo.

Los gobernantes del régimen de la Restauración que “estuvieron” en el poder, aplicaron el proteccionismo cuando interesó a los industriales y el librecambismo cuando interesó a los mismos. Estos mismos, los dueños de la economía española, basaron el poder que “tuvieron” en los restos de las colonias (Cuba[ii], Puerto Rico y Filipinas), además de en la tierra, el ferrocarril, la banca, la exportación de minerales y otros negocios. El apoyo de la Iglesia, que a cambio de “aceptar” el liberalismo gozaba de privilegios, hizo el resto.

Los que “estuvieron” en el poder, sin embargo, hicieron políticas modernizadoras como los Códigos Civil y de Comercio, inspirados en un liberalismo a ultranza, sustituyeron los fueros vascos por conciertos económicos, la concertación del Gobierno con el Banco Hispano-Colonial para créditos al Estado y para suscribir emisiones de deuda pública, obteniendo el Banco la renta de Aduanas de Cuba y Puerto Rico; el Gobierno prestó apoyo a la Compañía Trasatlántica y se prorrogaron las concesiones para la explotación del servicio a las Compañías ferroviarias. Aquel liberalismo predicado en los Códigos era olvidado cuando se trataba de proteger intereses oligárquicos, como los aranceles proteccionistas (1891) y la retirada del tratado sobre comercio con Alemania bajo presión de los grupos empresariales (1894). Así la industria nacional recibió la concesión exclusiva para los suministros a los ferrocarriles (1898).

En otro orden de cosas los que “estuvieron” en el poder se negaron a aprobar un régimen de autonomía para Cuba que había propuesto primero Montoro y Labra y luego Maura, este en 1893. Fernández Villaverde pudo aumentar los ingresos del Estado mediante el aumento, a su vez, de los impuestos indirectos, los que pagan todos independientemente de su renta. Y la mentalidad antisocial (a pesar de la Comisión de Reformas Sociales de 1883) se muestra en las palabras de Cánovas cuando se refiere al ejército como “dique a las tentativas ilegales del proletariado que no logrará otra cosa que derramar inútilmente su sangre en desiguales batallas” (Ateneo de Madrid, 1890). Podemos imaginar el auditorio de aquella conferencia.



[i] Empresario francés que, comenzando en el negocio de la lana, luego fue un importante industrial en Asturias.
[ii]  Debe tenerse en cuenta que, hasta 1886, existió la esclavitud legal en Cuba.


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