viernes, 14 de mayo de 2021

Los natufienses

 


Entre el decimoprimer milenio antes de Cristo y el noveno, una cultura se ha reconocido entre Palestina, Líbano y Siria: es la natufiense, caracterizada por la sedentarización de pequeños grupos humanos con una economía muy elemental al principio donde no faltaban la caza, recolección de frutos silvestres, pesca en los ríos y lagos, para derivar en una agricultura muy elemental, pero que también evolucionó.

Cuando un período glaciar que duró aproximadamente diez siglos dejó a estos natufienses sin posibilidades de seguir con su forma de vida, luego de ese tiempo el clima se recalentó y las lluvias sustituyeron a la nieve y el hielo. Hasta ese momento se vivieron momentos, muy dilatados en el tiempo, de hambrunas y catástrofes medioambientales desde el punto de vista de la sobrevivencia de los seres humanos; seguramente también de algunos animales que no se adaptaron.

Los natufienses, durante ese prolongado tiempo, tuvieron que diseminarse para, cada grupo, intentar sobrevivir, muchas veces sin conseguirlo. El lago de Galilea, que se había secado, presentó una tierra llana y fértil para ser cultivada. El agua que descendía de las montañas no era suficiente para las necesidades de una economía agrícola, por lo que los pequeños grupos tuvieron que obtenerla de oasis y charcas donde el agua de lluvia se había estancado. En las colinas del valle del Jordán enterraban a sus muertos, como ha demostrado la arqueología.

Aquellos seres cavaron el suelo, sembraron frutos almacenados y regaron los huecos y surcos con el agua porteada en pieles formando bolsas. Los espacios naturales volvieron a ser agradables para la vida, excepto cuando surgía alguna helada prolongada, lluvias torrenciales o ataques de animales salvajes. Plantas de otros lugares fueron llevadas a los lugares elegidos, sobre todo variedades de trigo y cebada que, una vez cultivados, empezaron a tener una morfología distinta de las espigas silvestres: en estas el grano cae al suelo cuando madura; en el cultivado permanece en su cascabillo.

Poco a poco dio comienzo una cadena de producción consistente en cosechar, aventar y moler, para lo que quizá se valieron de morteros ya conocidos por los antiguos natufienses. Todo ello tuvo un coste: las personas vieron deformarse sus huesos, sobre todo en las rodillas y pies como consecuencia de las posturas adoptadas para el cultivo.

Simultáneamente estas sociedades practicaron la caza, pues necesitaban proteínas y grasas, para lo que construyeron arcos y flechas.

Estos grupos se asentaron en casas hechas de barro y ramas, prueba de que pretendía quedarse en el lugar que habían elegido y donde habían empezado a ver el fruto de varias generaciones de trabajo. Las comunidades aumentaron, pues con la sedentarización era posible que sobrevivieran más hijos que, con la vida nómada, que resultaban un estorbo, además de que al alcanzar cierta edad podían contribuir con su trabajo. Se dio entonces la familia extensa, sobre todo en los casos en que las edades fueron altas.

A más agricultura más gente y a más gente más agricultura, por lo que con la complejidad que esto conllevó se necesitó organizar al conjunto con liderazgos. Definitivamente, la sociedad se había hecho, por primera vez, algo compleja[i].

(Fotografía tomada de roble.pntic.mec.es/fpef0013/prehistoriaparaprincipiantes/Neolitico.html


[i] La denominación natufiense procede del wadi Natuf en Cisjordania.

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