viernes, 21 de mayo de 2021

Un crimen en Villanueva del Fresno

 

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Aunque durante mucho tiempo se ha considerado al militar Humberto Delgado un representante de la lucha contra el salazarismo portugués, lo cierto es que no solamente colaboró con él desde puestos de alta responsabilidad sino que fue partidario del régimen nazi. Solo el aislamiento de los puestos que ambicionaba por parte del todopoderoso Salazar le llevaron a oponerse a la dictadura, pero no como resultado de un convencimiento ideológico, sino por despecho.

Ya con veinte años participó en el golpe de estado que convirtió a Portugal en una dictadura camino del “Estado Novo”. Como en las elecciones presidenciales de 1958 fue preterido por el régimen a favor de Américo Tomás, hizo un llamamiento para que los militares se levantasen en armas: todo lo contrario a un demócrata. Entonces sí, se convirtió en un acérrimo antisalazarista pero fue traicionado y asesinado en la localidad española de Villanueva del Fresno, al sudoeste de la provincia de Badajoz.

Desde que entra en vigor la Constitución portuguesa de 1933[i], un año después de que Oliveira Salazar fuese nombrado primer ministro, el sistema, sin embargo, es pseudoconstitucional, muy parecido a los fascismos europeos del momento; la sociedad quedaba organizada corporativamente y el Estado no reconocía tanto libertades individuales sino que respondía a grupos de intereses. El primer ministro era nombrado por el Presidente de la República pero este no tenía poder real al ser “irresponsable” por sus actos políticos, por lo que quien verdaderamente detentaba el poder era el primer ministro (hasta 1968 Oliveira Salazar).

Ya en las elecciones de 1951, con la elección de Craveiro Lópes como Presidente de la República, se inicia un distanciamiento entre este y Salazar, pues Craveiro no aceptaba ser una comparsa del régimen. Esto llevará a que en el año 1958, cuando haya que elegir de nuevo a un Jefe del Estado, Craveiro no sea ya el elegido por las instancias del poder real, sino Américo Tomás, que terminará sus días políticos con el triunfo de la “revolución de los claveles” en abril de 1974.

Lo cierto es que Portugal mantenia una guerra colonial que sufrían, en distinto grado, los soldados metropolitanos, los jefes y oficiales del ejército, los nativos de las colonias, principalmente Angola, Mozambique y Guinea Bissau y otro personal funcionario. Salazar defendía la permanencia del estado colonial pues era consciente de que sin las posesiones de ultramar Portugal quedaba reducido a un pequeño país sin relevancia en el mundo (ignoraba las posibilidades que le daría la integración en la Unión Europea).

En 1958, además del candidato del régimen, dos personajes más compiten por la Presidencia de la República: Humberto Delgado y Arlindo Pires Vicente, este sí verdadero antifascista que fue animado por grupos socialistas y comunistas. A la postre se retiraría para favorecer la candidatura de Delgado, que obtuvo el 25% de los votos desafiando por primera vez al poder de Salazar. Pero al comenzar el año 1959 Delgado tuvo que exiliarse en Brasil, desde donde participó en varios intentos infructuosos, como el fracasado de Beja en 1962[ii].

Los destinos internacionales que tuvo Delgado, particularmente en Estados Unidos, quizá le llevaron a considerar que una dictadura no tenía sentido y era injusta, pero su dilatado pasado de colaboracionista no era el mejor pasaporte para ser creíble por los demócratas. Fernando Cortés señala que el régimen salazarista determinó su condena a muerte; a principios de 1965 Delgado fue engañado por miembros de la PIDE, la policía política del régimen portugués y, junto a su secretaria, la brasileña Arajaryr Campos, fueron asesinados entre Olivenza y Villanueva del Fresno (Badajoz).

Sus cuerpos, para mayor escarnio, fueron llevados a las proximidades de esta última localidad y enterrados malamente con cal viva. Otros autores han estudiado este asesinato y el juicio que mereció en España[iii], además de la conexión italiana en el crimen[iv]. Pero Fernando Cortés no se detiene en el caso Delgado, citando otros crímenes de la dictadura portuguesa entre los que destaca la tortura y muerte de Germano Vidigal (Montemor-o-Novo) en 1945, el asesinato de José António Patuleia (Vila Viçosa) en 1947, el de Alfredo Lima  (Alpiarça) en 1950, el de la campesina Catarina Eufémia en 1954 (Baleizâo, Bajo Alentejo), el de José Adelino dos Santos, jornalero de Montemor-o-Novo en 1958, los de António Dângio y Francisco Madeira, de Aljustrel, en 1962…


[i] Fernando Cortés, “Congreso Internacional sobre el asesinato del general Humberto Delgado”.

[ii] lidadornoticias.pt/es/beja-assalto-ao-quartel-foi-ha-58-anos-intentona-de-beja-o-25-de-abril-adiado/

[iii] Juan Carlos Jiménez Redondo.

[iv] Umberto Berlenghini.

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