lunes, 20 de marzo de 2023

Inmenso drama religioso

 

                                                             Cambil y su alcazaba (Jaén)

Según la profesora Ana Echevarría Arsuaga[i], el siglo XV es el de la transición para los mudéjares en Castilla y Aragón, es decir, los musulmanes que viven en los reinos cristianos peninsulares. Dichos mudéjares podían elegir entre permanecer en su fe o convertise al cristianismo, antes de que en el siglo XVI se llegue a los bautismos forzados.

La palabra mudéjar aparece por primera vez en documentación jurídica musulmana de 1397, donde se dan indicaciones sobre cómo deben practicar la fe los musulmanes en los reinos cristianos, siempre en peligro de asmiliación por la mayoría. Entre los siglos XI y XV estos mudéjares vivían protegidos por las autoridades en el ejercicio de su fe, pero discriminados en varios aspectos, además de la diversidad de estatutos según se tratase de Castilla o Aragón. La documentación –según la profesora citada- habla de “conversos de moro” para referirse a los que se convierten al cristianismo voluntaria o forzadamente, lo que llevó a que muchos siguieran practicando su fe aunque formalmente fuesen cristianos.

Un ejemplo particular es el del capitán García Ramírez de Jaén, que siendo converso de segunda generación, formó parte de la guardia del rey Enrique IV de Castilla, perteneciendo a la famosa familia de los Abencerrajes, por lo tanto con influencia en el reino de Granada. Desempeñó entonces un importante papel en la política exterior del rey por medio de la familia citada y en relación con el reino de los nazaríes, y terminó sus días como veinticuatro de la ciudad de Jaén. Sus hijos heredaron buena parte de la influencia de Ramírez, sobre todo en la ciudad de Jaén, donde ocuparon cargos concejiles y poseyeron bienes muebles e inmuebles en buena cantidad.

Informaciones genealógicas pedidas por la Inquisición en 1610, aclaran que Ramírez fue hijo de Juan Ramírez, converso y alcaide en la fortaleza fronteriza de Cambil[ii] (al sur de la actual provincia de Jaén), pero cuando los ascendientes de esta familia vivían en el reino de Granada, estaban exentos del pago de impuestos, lo que demuestra que su situación fue privilegiada desde antiguo.

Los conversos de alto linaje, o ricos, tenían un padrino cristiano también de alto linaje en el momento de bautizarse, heredando el apellido (Ramírez, en el caso estudiado, de los señores de Cameros de la casa de Arellano[iii]) lo que facilitaba la nueva identidad cristiana y pasaran a ser adalides o alcaides del rey. García Ramírez de Jaén entró en 1442 en la guardia del rey y luego ascendió a capitán, valiéndole, probablemente, haber estado entre los más descontentos con las autoridades granadinas; no perdió nunca el contacto con Granada en servicio de Enrique IV, lo que le valió regalos del rey.

García Ramírez alcanzó una buena posición en la sociedad cristiana incluso antes de casarse con Constanza Vélez de Mendoza, cobijera de la infanta Juana de Portugal[iv], y participó en las campañas militares durante el reinado de los Reyes Católicos. Al enviudar, casó con María de Leiva, hija de un veinticuatro de Jaén, la que aportó una dote de 30.000 maravedíes (la de Ramírez fue de 80.000) y en su testamento dejó 800.000 maravedíes y otros bienes, muebles e inmuebles. Sus hijos –ya la tercera generación de estos conversos- heredaron los apellidos de las madres, cristianas viejas, salvo un hijo que heredó el de Ramírez, a la postre un apellido castellano. García Ramírez se enterró como cristiano en el convento de San Francisco de Jaén, habiendo pedido misas en el convento y en varias iglesias de la ciudad, y dejó ciertos bienes a los pobres; incluso encargó misas por sus padres, que una vez fueron musulmanes. Se trató, por tanto, de una familia de conversos convencidos, ya fuese por los beneficios que les reportó o sinceramente, y los descendientes se casaron con mujeres o varones cristianos viejos, facilitando así la asimilación a la cultura dominante.

En contraste cabe recordar la penalización del matrimonio entre cristianos y judíos o musulmanes, y como los que pasaron la frontera (como el primer Ramírez mudéjar) no sabemos si dejaban en el reino de Granada esposas e hijos (solo pasaban los varones) el problema para los genealogistas se complica. Cuando un mudéjar se convertía al cristianismo cambiaba su domicilio a otra población, generalmente no muy alejada y donde pudiera ejercer su oficio, quizá para borrar el rastro inmediato de su procedencia religiosa o por otros motivos más o menos psicológicos.

En cuanto a los ritmos de las conversiones de mudéjares, desde la conquista de Toledo en 1085 la conversión les sirvió para mantener el estatus o para mejorarlo (esto sobre todo en el caso de mudéjares pobres) y los que eran cautivos para escapar de su estado. Esto despertó sospechas en la jerarquía católica y llegó a alarmar al papa Gregorio IX[v], el cual encargó a los obispos que vigilasen la sinceridad de las conversiones, labor ciertamente difícil. A partir del siglo XV se institucionalizó la conversión: regulación de la misma, requisitos para considerar una conversión como verdadera, constancia de la voluntariedad, recitación de ciertas fórmulas (que repetiría el padrino cristiano) y lugares preestablecidos para el bautismo, las capillas reales y ciertas parroquias locales, lo que se ordenó por el papa Benedicto XIII[vi]. Tras estas formalidades y el bautismo se daba al converso un certificado extenso, donde incluso se explicaba el contexto del proceso, quedando los padrinos como patronos. Este certificado era un arma valiosa para valerse en la vida.

Desde 1410 muchos musulmanes pasaron a los reinos cristianos desde el de Granada y se convirtieron a cambio de salarios, y cuando desde 1492 los moriscos (ahora ya moriscos) se convirtieron al cristianismo, conservaron sus cargos administrativos, políticos, etc. a modo de salario. Pero aún hay otro aspecto cultural de importancia: renunciar a la lengua árabe es duro, siendo prohibida primeramente en Portugal[vii] (1416) y luego en Castilla y Aragón bien avanzado el siglo XVI. Muchos empezaron a emplear la literatura aljamiada, de lo que hay abundantes muestras en el siglo citado, y otros, escritos mixtos de lenguas, pero a los musulmanes se les prohibió enseñar el árabe, aunque lo usasen para sus prácticas religiosas.

Hernando de Talavera, por su parte, buscó en Granada una transacción desde el islam hacia el cristianismo, e inspiró muchas políticas de evangelización, entre ellas la financiación del catecismo de Pedro de Alcalá[viii], “Arte para ligeramente saber la lengua arábiga”. También llevó a cabo un plan iconográfico, con el patrocinio de la reina Isabel, para estimular el culto a las imágenes (lo que a los musulmanes resultaba incomprensible), ya que la virgen María está en el Corán.

El bautismo multitudinario y forzado se dio desde el edicto de 1502, si bien el mudéjar que no quisiera verse en dicho trance podía abandonar los territorios cristianos. Como esto último quizá era más duro que aceptar el bautismo, muchos así lo harían y luego seguir su conciencia, lo que ya Maimónides en el siglo XII había teorizado para los judíos. Dichos bautismos forzados abundaron entre el año del edicto y 1526, pero se siguieron produciendo más tarde, tanto en Castilla como en Aragón, lo que planteó problemas: falta de catequización, desconfianza, el neófito no conoce las oraciones… pero como el bautismo “imprime carácter” tuvieron su trabajo los teólogos.

¿Cómo se insertaron estos bautizados en la comunidad cristiana? Durante el conflicto de las germanías en el reino de Valencia se obligó a bautizarse a los musulmanes… y en 1526 se produjeron los Acuerdos de la Congregación de la Capilla Real, por los que se prohibió el uso de la lengua árabe incluso en Granada, debiendo traducirse todos los contratos privados (compras, propiedades, herencias, etc.). Los moriscos pagaron para que estas disposiciones se demorasen en su aplicación, y con ese dinero el rey Carlos pagó la construcción de su palacio en la Alhambra.

Las Partidas reflejaron la doctrina de la Iglesia y la voluntariedad para que el bautismo sea verdadero, y las órdenes mendicantes se emplearon en hacer prosélitos, además de que las autoridades cristianas tenían una responsabilidad con respecto a las minorías religiosas. En la década de 1450 una musulmana de Talavera de la Reina fue raptada por un judío y obligada a “convertirse” a la fe de este, lo que planteó un problema en el que intervino Alonso Fernández de Madrigal[ix], que fue consultado a petición de la comunidad musulmana (no acusaba al judío de rapto, sino de conversión forzada). Esto planteó la pregunta sobre la licitud ya en el siglo XV, y en este caso el judío resultó culpable, por lo que tuvo que pagar una multa; la mujer fue declarada no culpable “por mujer” –dice Echevarría Arsuaga- de acuerdo con la mentalidad de la época. Pero aquí no acabaron los problemas: si la mujer volvía al islam ¿se la consideraría apóstata? Porque de ser así su vida correría peligro; en todo caso se aceptó su vuelta al islam prevaleciendo el criterio de la importancia de la fe de nacimiento: o “mejora” para convertirse al cristianismo o debe respetarse el orden inicial.

Este episodio y su resolución consagró una doctrina que, sin embargo, no tendría aplicación desde el siglo XVI e incluso antes. El franciscano Alonso de Espina advirtió sobre la dificultad para la persona en cambiar de religión, por lo que no debían aceptarse las conversiones no queridas. No obstante, a partir de 1458 comenzó la redacción de su obra “Fortalitium fidei”, en la que alertaba del peligro que suponían los enemigos de la fe cristiana: herejes, judíos y musulmanes, lo que prueba el mar de dudas en el que se movían unos y otros. Por un lado está el respeto al libre albedrío, y por otro el problema de cómo hacer la catequización (durante ocho meses a la puerta de las iglesias).

Aún el drama fue mayor con los niños separados de sus padres para adoctrinarlos en el cristianismo, surgiendo entonces varios tratados de legislación islámica dirigidos a autoridades cristianas. En ellos se presentaban distintos casos de conversión y otros de apostasía, se trataba el problema en los matrimonios donde un cónyuge se convierte y el otro no, resultando que un cristiano no podía estar casado con una musulmana o una judía. Más aún, aunque el tema es menor: sobre todo desde 1492 se ofrecieron vestimentas propias de los cristianos para que externamente mostrasen su  nueva fe los conversos (parece que solo entre personas pudientes) y antes, durante el reinado de Enrique IV, una guardia morisca vestía al estilo musulmán como símbolo de un cuerpo procedente de otro credo al servicio de un rey cristiano.


[i] “De mudéjares a moriscos…”, conferencia pronunciada en la Real Academia de la Historia. En la misma se basa el presente resumen.

[ii] Desde Cambil se producían algaradas hacia Jaén o ataques contra Granada en coalición con los ejércitos cristianos en este caso.

[iii] Juan Ramírez de Arellano pasó de Navarra a Castilla para servir al rey Enrique II, y otros que le siguieron fueron Carlos Ramírez de Arellano y Juan Ramírez de Arellano, el que posiblemente da su nombre al padre de García.

[iv] Reina de Castilla como esposa de Enrique IV.

[v] Papa entre 1227 y 1241.

[vi] Papa de Aviñón.

[vii] Siendo Don Duarte regente, rey desde 1433.

[viii] Religioso jerónimo nacido en 1455.

[ix] Fue obispo de Ávila entre 1454 y 1455 y de gran formación.

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