viernes, 3 de agosto de 2012

El conde de Pollenzo

Castillo de Pollenzo, hoy dependencia universitaria
Antes de los Alpes, que quedan al oeste, en el piedemonte del noroeste de Italia, se encuentra Pollenzo, una pequeña ciudad relacionada con los reyes saboyanos tanto por su situación geográfica como por el título que adoptó Víctor Manuel III cuando, en septiembre de 1943, abandonó Roma camino de Ortona, en la costa del Adriático para, desde allí, dirigirse en barco a Bari y desde esta ciudad a Alejandría (Egipto) donde moriría pocos años después. El rey huyó como si fuese un delincuente, comprometido como habia estado con el fascismo de Mussolini, al que nunca hizo frente, muy al contrario, se vio recompensado con los títulos de emperador de Abisinia y rey de Etiopía (más nominalmente que otra cosa).

Poco después, durante las navidades del año 1943, la población de Ortona, por donde había huído el rey, sofría una de las batallas más crueles de la guerra, con los aliados (canadienses ente ellos) intentando avanzar hacia el norte y los nazis intentando contenerles por medio de la línea Gustav. Víctor Manuel III asistió sin rechistar a la desaparición de las instituciones parlamentarias en la Italia de los años veinte, él mismo quedó reducido a una figura títere en manos de Mussolini. A partir de 1943, cuando el dictador fascista fue asesinado, el rey intentó salvar la corona mediante el mariscal Badoglio, a quien encargó la formación de un gobierno que negociaría el armisticio con los aliados. Al rey parecía darle igual un régimen que otro, el caso era salvar la corona y el pellejo. 

Cuando decidió huir en aquel septiembre de 1943, aprovechando la noche, llegó a una ciudad que iba a ser pronto sitiada, Ortona, y cuya población todavía recuerda los horrores de la guerra mientras el rey -que no abdicó hasta 1946- se refugiaba en Alejandría, donde moriría en 1947. Un año antes los italianos se pronunciaron sobre la forma de Estado dando su voto mayoritarío (no exento de irregularidades, al parecer) a la república. El rey huído vivió para saber el resultado de aquel referéndum y no parece que los italianos deseen rectificar la decisión tomada, pues no se conoce organización ni partido importante que abogue por la monarquía. 

Como en otras ocasiones, la monarquía se había visto arrastrada por un régimen que había sido derrotado, que había oprimido al pueblo italiano, que había roto con su tradición liberal, que había perseguido a las organizaciones obreras libremente constituidas. Y con la caída del régimen fascista cayó la monarquía, pero en este caso con vergüenza en la persona de su rey, que abandonó Roma a los alemanes, invasores de Italia al fin. En Alejandría adoptó el título de conde de Pollenzo: el antiguo emperador de Etiopía ahora un conde huído, refugiado a buen recaudo, pues a la monarquía británica nunca se le iba a ocurrir entregar al conde y su familia a la acción de la justicia por su colaboración determinante con los crímenes del fascismo.

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