miércoles, 22 de febrero de 2012

Acre cristiana y musulmana

Arquería en el iterior de la muralla
En la costa mediterránea israelí, al sur de la antigua Tiro, la ciudad de Acre es el símbolo más notable de la lucha entre dos mundos, entre dos ambiciones, a finales del siglo XII: musulmanes que la habían tomado en 1187 y cristianos que la conquistarían cuatro años más tarde. 

Ciudad que remonta sus orígenes, según los estudios arqueológicos que se han venido realizando hasta el momento, a mediados del segundo milenio antes de Cristo, en la primera mitad del siglo VII de nuestra era ya estaba administrada por árabes y quizá sirios, durante la inicial expansión del islam hacia el norte a partir de la península Arábiga. Ahora lo que nos interesa es la época en que más encarnizada fue la lucha entre musulmanes y cristianos, si es posible: las décadas finales del siglo XII.

Una calle fortificada de Acre
Olimpia Niglio ha estudiado la estructura e historia arquitectónica de la ciudad, señalando que nos han quedado muestras de las arquitecturas sucesivas, tanto cuando edificios de una etapa se han integrado como cuando han venido a sustituir a otros, e igualmente ocurre con los materiales. Antiguo puerto comercial, Acre fue lugar de encuentro (hay muchas ciudades "lugares de encuentro") entre oriente y occidente, fundamentalmente -dice la autora cidata- de italianos y españoles. En particular ha quedado el barrio de los genoveses configurado ya a principios del siglo XII; el de los venecianos por la misma época; el de los pisanos, que se forma en la segunda mitad de la centuria; y algo más tardío el barrio de los templarios. Estos son los barrios que se vieron ocupados por los musulmanes de Saladino, tan capaz de extender la fe musulmana como los cristianos Ricardo, Felipe y Berenguela la suya. (Abajo "Id con Dios", obra de Edumnd Blair, 1900; donde se representa a Berenguela despidiendo a Ricardo).


Eran barrios mercantiles, que hacían de Acre una ciudad cosmopolita en la Edad Media, en la costa entre Palestina y Líbano. Algunas plazas porticadas, con rudas columnas sin basa, bóvedas y entibos, hablan de riqueza y de actividades al aire libre: mercantiles, cívicas, guerreras, incluso religiosas. La ciudad sale prominentemente hacia el mar, y desde él se dejan ver algunas de sus torres. La dominación cristiana durante el siglo XII dejó una clara impronta europea, "cuyo impulso fue particularmente relevante" en dicho siglo, de la misma forma que será relevante la influencia musulmana a partir del XVI por obra de los otomanos. Los recorridos -dice Olimpia Niglio- los barrios bien definidos, con ejes carreteros principales y secundarios, evolucionaron de forma que, en ocasiones, las calles quedaron convertidas en espacios cubiertos y destinados a espacios comerciales. 

Murallas de Acre
En este marco es donde se desenvolvió la lucha entre Saladino y los reyes de Francia e Inglaterra, principales interesados en que la ciudad retornase a manos cristianas. Era un centro estratégico, era "tierra santa", pero aquella lucha era también el símbolo de una concepcion feudal del mundo, donde un reino en oriente próximo podía ser tributario de los reinos occidentales. En el año 1191 se dio el sitio: los cristianos pusieron por la parte no litoral de la ciudad sus trabuquetes y manganas, sus torres de madera de varios pisos para alcanzar la altura de las murallas; allí se empleó el llamado "fuego griego", y allí había llegado el rey Ricardo tras una estancia en Chipre, el único que se quedaría en Acre para administrar la victoria, con su esposa Berenguela de Navarra (que hoy nos preguntaríamos qué se le perdía en Acre: una inmensidad de mentalidades diferentes nos separan). El asedio no fue duradero, pero sí muy intenso, llegando a extremos de crueldad que diríamos nunca vistos si no tuvíesemos sobrados testimonios en la historia: varios miles de musulmanes, prisineros de Ricardo, fueron muertos impiamente: la carga de conciencia no era tal, pues se trataba de "infieles". E infieles eran los cristianos para Saladino, por eso consideró legítima la ocupación de la ciudad cuatro años antes. 

Cuando Felipe, rey de Francia, regresó a su país desinteresado de Acre, abandonó las gruesas ménsulas y los grandes y bien labrados sillares de los muros, las callejuelas medio cubiertas por túneles y pasadizos para comunicar una plaza, un espacio con otro; abandonó una ciudad con arquitectura riquísima en pleno auge del gusto románico; y dejó a los cristianos a quienes se restituyeron sus propiedades, sus casas, sus tierras en torno a la ciudad. Ahora de nuevo surcarían naves cristianas el mar de Acre, pero atentas a la próxima embestida de un islam en plenitud de ambición y de fe; de crueldad también, como los cristianos opuestos, ni más ni menos.

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