miércoles, 26 de septiembre de 2012

Campesinos contra señores


El ensayo de Mª Luz Ríos Rodríguez sobre la conflictividad social en la baja edad media gallega y las escrituras que sirven a unos y otros para hacer valer sus derechos, arroja luz sobre un tema que en otros casos había quedado simplificado. Muy al contrario, las diversas situaciones estudiadas permiten ver que no todo es lineal ni simple.

En primer lugar, cuando vemos un conflicto entre campesinos y señores, lo normal es que con aquellos estén asociados otros grupos sociales como la baja nobleza local y la burguesía urbana, menos abundante en Galicia que en otras partes de España, pero que sufría también los abusos de la nobleza alta. Estos grupos que se adhieren al campesinado, en ocasiones persiguen objetivos políticos, de la misma forma que durante la Revolución Francesa a los objetivos de la burguesía ilustrada y económica se sumó la sobrerrevolución campesina en lucha por su emancipación.

Como consecuencia de la gran crisis demográfica que se produjo en el siglo XIV en casi toda Europa, la renta foral (y en Galicia muchísimos campesinos estaban ligados a señores mediante contratos de foro) disminuyó, aunque esto quedó compensado porque, con el afianzamiento de las estructuras estatales en el siglo XV, las cargas impositivas aumentaron. La conflictividad en la baja edad media entre campesinos y señores va a ser, en ocasiones, mediante la violencia, pero otras muchas veces mediante la exhibición de documentos jurídicos que avalen la posición de una u otra parte. Como la sociedad no era igualitaria (no lo ha sido nunca) la parte más poderosa solía inclinar la balanza a su favor aunque hubiese documentos de por medio, por la sencilla razón de que tenía la capacidad de la coerción, la influencia o la debilidad de las estructuras gubernativas y judiciales.

Por su parte tambien existió una violencia intraseñorial, sobre todo debido a que los nobles tendieron a extender la condición vasallática fuera de sus jurisdicciones, lo que llevó a conflictos jurisdiccionales. Otro aspecto a considerar es que en los siglos XIV y XV se multiplicaron los detractores de renta producida por el campesinado: hidalgos y concejos que, mediante el subforo, se aprovechaban de dicha modalidad contractural. La respuesta del campesinado a situaciones que consideró injustas fue, coyunturalmente, la violencia, pero con mucha más frecuencia la exhibición de documentos y el pleito. Todo parece indicar que en Galicia, como en el resto de España y de Europa, hubo durante la baja edad media un cambio de actitud entre los diversos grupos sociales, consecuencia de una reestructuración de las relaciones entre ellos. En este sentido cabe recordar el aumento del asociacionismo campesino, aunque no de forma permanente, la formación de una identidad colectiva, y ello ya se muestra en la zona marítima de Flandes entre 1323 y 1328, la Jacquerie en la Isla de Francia y la gran revuelta campesina inglesa de 1381, los conflictos antiseñoriales en Castilla, la gran guerra remensa en Cataluña o las guerras irmandiñas en el siglo XV gallego.

El ensayo de Ríos Rodríguez tiene más interes por cuanto habla de la gran diversidad de situaciones que se esconden bajo la genérica denominación de campesinado: las fuentes hablan de agricolae, rustici, terricolae, laboratorii, cuando se refieren a los que trabajan la tierra; se cita a los populatorii, moradores o vecinos cuando se trata de los que pueblan un territorio rural; serviciales con matiz jurídico, o también hereditarii, forarii; homines y vasallos cuando se trata de relaciones feudales. Obviamente no todas estas denominaciones designan lo mismo, porque de lo contrario las fuentes no aportarían tantos matices, pero en su conjunto practicamente dodos los citados eran campesinos, aunque con diversos estatutos.

Las luchas campesinas en ocasiones fueron instrumentalizadas por otros grupos en favor de sus objetivos particulares, mientras que las clases bajas siempre tuvieron al rey, en última instancia, como representante máximo de la justicia, pero no de la que se ejerce (que también) sino de la justicia como concepto abastracto, es decir la equidad. En la baja edad media la sociedad se judicializa, porque se tiende a usurpar -por parte de unos y otros- al contrario. El abad de Soandres fue apuñalado en un asalto a su fortaleza, aunque no muerto, pudiendo luego escribir: ...y echaron la puerta abajo de la cámara primera y quebrantaron las puertas de la torre donde dormíamos y donde teníamos nuestros tondos y escrituras y... nos tomaron nuestras escrituras del dicho monasterio... Ese era el objetivo por parte de campesinos ofendidos y ultrajados: asaltar las fotalezas, hacerse con las escrituras que daban derecho a los señores y destruirlas. En otras ocasiones eran los foratarios los que se iban haciendo, de facto, con extensiones de monte que luego quisieron hacer constar en las escrituras forales, lo que les convertía en casi propietarios, pues adquirían el derecho a la transmisión y enajenación de la tierra que habían recibido en tenencia.

El campesinado llegó a no pagar lo establecido en los contratos y, en otras ocasiones, los vasallos se personaron ante sus señores con las escrituras que les reconocían derechos que se les negaban. En 1484 cerca de cincuenta vasallos del abad de Celanova que usufructuaban casas, viñas y heredades en la zona de Monterrei y Verín, realizaron la presentación de sus títulos forales ante el representante del monasterio. Se discutía la legalidad de los documentos, si la renta debía ser en producto o en moneda... Unos años antes, en 1481, un vasallo actúa como testigo en lo que podemos llamar un juicio diciendo los que eran ricos y tenían gisado que traigan buenos tocinos y los que eran más pobres que le traigan marranas buenas y otros más pobres que le traigan otras marranas más ligeras y cada uno de lo que se estrevía... "Así se hacía antes -sigue diciendo- y así debía seguir siendo [quiere decir si los tiempos fueran tan buenos como antes] pero ahora todo está cambiado y en tiempo de este señor abad si no es bueno todo lo que se le entrega, devuelve al labrador para su casa hasta que traiga otro producto mejor". El abad del monasterio de Celanova se dedicaba, al parecer, a percibir marranas gordas y menos gordas, tocinos y otros productos ganaderos... a falta de mejores ocupaciones para un monje.


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