domingo, 4 de diciembre de 2011

La suerte de un saguntino

Con motivo de la muerte de Virgnio Rufo, gran amigo de C. Plinio, éste escribe a su amigo C. Licinio Romano, saguntino de origen, que hizo fortuna en el ejército romano entre los siglos I y II de nuestra era. Romano había sido sacerdote encargado de encender el fuego en los lugares sagrados (flamen) en la Hispania Citerior durante el reinado de Nerva, luego recibió el estatuto de ius liberorum por haber tenido un determinado número de hijos, institución establecida por Augusto para estimular la natalidad y disponer de hombres para el Imperio (y de mujeres para que diesen más hombres). Luego fue senador y subjefe de una legión bajo las órdenes de un legado y más tarde legado él mismo en Panonia. No es seguro que alcanzara el tribunado.

C. Plinio le dice: por estos motivos [la muerte de Rufo] es necesario que llore su muerte en tu regazo como si fuera prematura, si, con todo, es lícito llorar o llamar realmente muerte a aquel hecho mediante el cual se ha extinguido más la condición mortal que la vida de persona tan valiosa. Pues vive y vivirá eternamente, y residirá incluso más imborrablemente en el recuerdo y en el que habla de los hombres después de haberse alejado de nuestra vista. Quiero escribirte otras muchas cosas, pero todo mi ánimo está fijado en esta sola consideración. Pienso en Virginio, veo a Virginio, ahora escucho, hablo y poseo a Virginio bajo sombras difusas, pero frescas; tal vez tenemos y tendremos a algunos ciudadanos semejantes a éste en cualidades, pero a nadie en gloria. Adiós.

 (Llanura de Panonia, donde fue legado Licinio Romano)

Un "cursus honorum" brillante, aunque no parece que Romano haya destacado de manera especial, ya que nada nos dice la historia sobre sus capacidades. Simplemente fue amigo de C. Plinio, éste de Rufo y éste era rico e influyente. El propio Plino procuró ciertos cargos -haciendo de mediador- a Romano. 

El elogio que hace C. Plinio de V. Rufo es muy hermoso; le estaría agradecido, pero la prosa que utiliza demuestra que era un exquisito escritor, un hombre culto de su época.

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