jueves, 5 de enero de 2012

Antiguos periódicos de Pontevedra (1)


 Algunos se autotitulaban "de literatura, ciencia, artes y política", entre los que están "Las Musas del Lérez", existente desde 1842; "La Distracción" (1847); "La Revista" (1849); "El Eco de Pontevedra" (1852) y "El Restaurador (1856), que en ocasiones pareció querer defender un tipo de moderantismo propio del "espadón de Loja".

Otros se proclamaban prácticos y tenían como principal preocupación la economía: "El Circulador" (1846), en cuyas páginas abundaban los temas de agricultura y ganadería; "El Ferro-Carril", que rezaba en su cabecera "de intereses materiales", expresión muy común en la época (1854); "La Unión Liberal" (1854), que delata su adscripción política y se ocupa -como otros- de temas políticos, mercantiles, agrícolas e industriales; "La Perseverancia", cuyo título, de resonancias morales era también muy del gusto decimonónico, y el "Boletín Oficial de Ventas de Bienes Nacionales" (1869), donde se publicaban los resultados de la desamortización iniciada en 1955.

Otros no eran diarios, como "El Justiciero (1854) y "La Voz de la Libertad", pomposo y romántico nombre que, sin embargo, solo consiguió salir tres veces. Lo sustituyó en no menos llamativo "El libre pontevedrés"; "El País" (1858); "El Gallego" (1862) y "El Alerta", que decía defender "intereses morales y materiales" (1864).

Los periódicos satíricos, de tanta tradición en la prensa española de todos los tiempos, pero sobre todo hasta 1939: "El Esquilón", que se autotitula "satírico-filfático [y] filarmónico"; "El Ferrocarril" (1861) y "Buscapie", satírico de noticias y anuncios que presentaba la particularidad de regalar, anualmene, otro periódico ("El Aginaldo) a sus abonados, presentando éste un contenido culinario y gastronómico.

Los dedicacos a temas educativos: "La Constancia" sobre la instrucción primaria (1860) y "La Revista de Primera Enseñanza" (1865). Fue realmente importante la labor de esta prensa, que aumentará sus ejemplos en el último tercio del siglo, y que aportará uno de los mejores ejemplos (y fuentes) para el conocimiento de las preocupaciones educativas.

Otros periódicos fueron "El Correo de Pontevedra", con una cabecera que rezaba "se publica una hora después de la llegada del Correo de Madrid"; "El Progreso", un título que evoca preocupaciones propias del siglo, y "La Revista" (1867).


A 200 años de la primera Constitución española (2)


El artículo décimo primero se refiere a la organización territorial en provincias, sin duda por influencia francesa, sobre la que los ilustrados estaban bien informados. La división provincial de España, no obstante, no se establecerá hasta 1834. También por influencia ilustrada se redacta el artículo décimo tercero: "El objeto del Gobierno es la felicidad de la nación..."; el concepto de felicidad pública fue muy querido para los ilustrados. (Arriba, Muñoz Torrero, un destacado diputado liberal en Cádiz, clérigo e ilustrado).

El artículo décimo cuarto establece la "Monarquía moderada hereditaria" como forma de Gobierno. No es extraño que se impusiese la fórmula monárquica, pues era la existente en toda Europa. El término "moderada" es algo confuso, ya que no parece hacer referencia a que el monarca juegue un papel moderador, sino que pretende sustituir al concepto de "absoluta". Esta monarquía no tiene parecido alguno con las actuales europeas, pues al Rey se le reconocen poderes legislativos junto a las Cortes (artículo décimo quinto) por lo que no se consagra una verdadera división de poderes tal y como explicara Montesquieu en el siglo XVIII. 

El artículo décimo séptimo es muy importante, porque por primera vez detrae la capacidad de juzgar por razón de privilegio. Nobles e Iglesia no podrán seguir juzgando a sus súbditos o vasallos; ahora será el Estado el que se reserve el monopolio de la jurisdicción "en las causas civiles y criminales". Los artículos 18º a 24º se destinan a la condición de "ciudadano", que se distingue de la de "español" (artículo 5º). En primer lugar se considera ciudadanos a los españoles "que por ambas líneas traen su origen de los dominios españoles de ambos hemisferios y están avecindados en cualquier pueblo de los mismos dominios". Luego se añade que es también ciudadano "el extranjero que gozando ya de los derechos de español, obtuviere de las Cortes carta especial de ciudadano". Para ello dicho extranjero deberá "estar casado con española, y haber traído o fijado en las Españas alguna invención o industria apreciable, o adquirido bienes raíces por los que pague una contribución directa, o establecídose en el comercio con un capital propio y considerable a juicio de las mismas Cortes, o hecho servicios señalados en bien y defensa de la Nación". Está claro que el burgués extranjero tenía más fácil convertirse en ciudadano español que el que no lo era; también se ve la influencia ilustrada y utilitarista cuando se habla de los méritos de aquellos que hubiesen inventado o establecido industria apreciable. 

Los hijos legítimos de los extranjeros domiciliados en España también se les considera ciudadanos, a no ser que hubiesen salido de los territorios españoles "sin licencia del Gobierno" y teniendo 21 años cumplidos, esté avencidado en los territorios españoles (aquí se nota una redundancia que revela la intención de legislarlo casi todo en la carta magna, de ahí su extensión) ejerciendo alguna profesión, oficio o industria útil. A los "españoles" originarios de África "les queda abierta la puerta de la virtud y del merecimiento para ser ciudadanos": las Cortes concederían esta condición a los que hicieran servicios importantes a la Patria o los que se distinguiesen por su talento, aplicación y conducta, "con la condición de que sean hijos de legítimo matrimonio [otra vez la influencia eclesiástica, pues no existía el matrimonio civil] de padres ingenuos; de que estén casados con mujer ingenua, y avecindados en los dominios de las Españas, y de que ejerzan alguna profesión, oficio o industria útil con un capital propio". El rico o propietario de origen africano tendrá más posiblidades de recibir carta de ciudadanía que el trabajador esforzado, experto o inteligente. De acuerdo con el Derecho romano "ingenuo" es el que nació libre, por lo tanto estan excluidos esclavos y libertos. (Arriba, Agustín de Argüelles, destacado en la redacción de la Constitución de 1812).

Como la Constitución de Cádiz estuvo solo en vigor dos años (hasta 1814), luego tres (durante el trienio liberal) y uno más (tras los sucesos de La Granja en 1836) no habría ocasión a que estos artículos se aplicasen; cabe imaginar que de haber existido posibilidad, alcanzar la ciudadanía sería más fácil de lo que la casuística constitucional hace ver.

A 200 años de la primera Constitución española (1)


Si no consideramos la de Bayona, que a juicio de los expertos no reúne las características técnicas para ser considerada como tal y además fue impuesta por Napoleón. 

Analizar la Constitución de Cádiz no es cosa fácil, pero lo que aquí pretendo es hacer una serie de reflexiones que la expliquen en su contexto histórico. Ya en el artículo primero se dice que la nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios. En esos momentos había comenzado el proceso de independencia de las colonias españolas en América. Se trataba de frenar el proceso e incorporar al naciente liberalismo a los americanos bajo soberanía española. Todo fue inútil, porque las cosas ya estaban maduras para que nuevos estados viesen la luz en América. En el artículo décimo se citan todos los territorios que se pretende forman parte de España: las islas adyacentes a la Península, Córdoba, Ganada, Jaén, Molina, Murcia, Sevilla... con las demás posesiones de África (cito solo los territorios que llaman la atención al no hablarse, por ejemplo, de Andalucía). En América se cita a Nueva España, con la Nueva Galicia y la península del Yucatán, Guatemala, provincias internas de occidente, isla de Cuba, con las dos Floridas, la parte española de Santo Domimgo y la isla de Puerto Rico, con las demás adyacentes a éstas y el Continente en uno y otro mar. La Nueva Granada, Venezuela, Perú, Chile, provincias del Río de la Plata y todas las islas adyacentes en el mar Pacífico y en el Atlántico. En Asia, las islas Filipinas y las que dependen de su gobierno. 
 
En el artículo segundo se dice que "la Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona". Es una clara alusión a la ocupación que padecía España por el ejército francés, pero también a que no se aceptaba ya la concepción del Estado como patrimonio de una familia real.

El artículo tercero es uno de los más importantes, porque señala que la soberanía (la capacidad para decidir sobre los asuntos públicos) reside "esencialmente" en la Nación. Luego se entrará en la contradicción de que la "Nación" está formada solo por varones, pues a las mujeres se les negará implícitamente el derecho al voto; no entraba en la mentalidad de la época (también fuera de España) cosa distinta. En el artículo cuarto se garantizan la libertad civil, la propiedad y los demás derechos legítimos de las personas. Una libertad civil que no estaba garantizada en el régimen absolutista (expresión, prensa, libertad religiosa, de asociación, de manifestación, etc.). Pero ya veremos que se vuelve a incurrir en una contradicción cuando en el artículo décimo segundo se proclame a la religión católica como la oficial del Estado, "única verdadera", entrando las Cortes en cuestiones teológicas que no le correspodían, pero es que una buena parte de los diputados de aquellas Cortes eran clérigos, tanto liberales como absolutistas. En el mismo artículo se "prohibe el ejercicio de cualquier otra". La alusión a la propiedad como un derecho equiparable a los demás, es una buena muestra de los grupos sociales que estaban redactando el texto constitucional.

En el artículo quinto se garantiza a los extranjeros la nacionalidad española si la han obtenido por el procedimiento que se determine, pero también los libertos "desde que adquieran la libertad en las Españas", lo que quiere decir que en tanto no consiguieran tal libertad no eran considerados españoles. El artículo sexto se entiende en el contexto de guerra de ocupación que padece el país: "El amor a la Patria es una de las principales obligaciones de todos los españoles y, asimismo, el ser justos y benéficos". Esto último será una concesión al espíritu romántico que reinaba y al deseo de superar las injusticias del régimen absolutista.

En el artículo séptimo se establece la obligación de acatar la Constitución, lo que tropezará con la reacción de buena parte del clero y algunos otros sectores. De gran importancia es el artículo octavo, porque establece el impuesto para todos, sin privilegios que eximan de mismo a la nobleza y al clero; y el artículo noveno establece la obligación de todo español a ser reclutado para la guerra cuando sea requerido: otra alusión al estado de ocupación que padecía el país.


miércoles, 4 de enero de 2012

Pleito en la Bética


Aunque yo creo que el pleito tuvo lugar en Roma sobre un asunto en el que estaban implicados los béticos y sus autoridades romanas, porque -que yo sepa- Plinio "el joven" no estuvo nunca en la Bética. El caso es que Cecilio Clásico era procónsul de la citada provincia romana y, debido a abusos, delitos y demás tropelías, fue acusado ante un senadoconsulto. Con él fueron acusados también sus cómplices, algunos de los cuales fueron Bebio Probo y Fabio Hispano. El principal encausado, Clásico, antes de tener que sufrir el juicio y la pena que con seguridad le correspondería, se quitó la vida. Plinio lo dice de la siguiente manera: "éste impidió su inculpación con una muerte casual y premediatada". Aún así, los béticos insistieron en que se le juzgase, diciendo Plinio que era legal, aunque tal costumbre de juzgar a quien ya había muerto había quedado en desuso. Ahora se volvía a poner en vigor. 

En el juicio, Plinio representó, junto con Luceyo Albino, a los béticos. Como se trataba de muchos acusados el pleito se prolongó y los discursos fueron varios, pues dice Plinio que no era aconsejable que de una sola vez se intentasen esclarecer culpas tan diversas como las que tenían unos y otros. (Todo esto se lo está diciendo, en una de sus muchas cartas, a su amigo Cornelio Miniciano, aclarándole -pues la carta era larga- que no se quejase de ello, o de lo contrario que no le preguntase como iban las cosas por Roma: de ahí que yo crea que el juicio tuvo lugar en Roma).

Plinio habla de como los poderosos intentaban escapar al castigo, mientras los más débiles no tenían la defensa que desearan; incluso añade "haber sido ofrecido alguien de poco rango como víctima expiatoria" (en sustitución de otros más notables). Luego recuerda un episodio de Sertorio (casi dos siglos anterior a él) "que mandó a un soldado muy vigoroso y a otro muy esmirriado arrancar la cola de un caballo... el resto ya lo conoces". Por si el que esto lea no conoce el resto, lo expondré brevemente: el general romano Sertorio sometió a dos soldados a la prueba; el forzudo hizo todo lo que pudo por arrancar la cola, una y otra vez, hasta casi la extenuación; el hombre esmirriado, pacientemente, fue arrancando una una las cerdas de la cola del caballo hasta que, tras mucho tiempo, la cola no existía. Este relato se lo recordó Plinio a Miniciano para explicarle la paciencia que tuvo en el juicio de la Bética, de la misma forma que el hombre esmirriado con la cola del caballo.

"Este fue el final de un proceso muy amplio, quedando absueltos algunos; muchos, condenados y trambién destarrados, unos temporalmente, otros para siempre", dice Plinio. "¡Qué penoso, -añade- qué enojoso decir que no a tantos acusados cuando, en secreto, me imploraban y resistir publicamente cuando me atacaban!". Continúa detallando cómo cierto testigo, que había sido llamado a su pesar, o sobornado por algún acusado, acabó inculpando a Norbano Liciniano, instructor de la investigación... Lo cierto es que los abusos, los delitos, las penas, las triquiñuelas de los testigos y de los abogados, las debilidades humanas, no han variado mucho desde el año 100 ó 102 (que es cuando debió tener lugar este pleito) y nuestro tiempo.

¿Celtas en Galicia?

 (Hallstatt, en Austria: yacimiento de la primera edad del hierro)

En primer lugar habría que definir que entendemos por celtas, porque hoy no se admite que sean una etnia, ya que hubo agrupaciones célticas diferenciadas entre sí que los griegos antiguos, al no conocerlas bien, llamaron genéricamente keltoi (en nominativo plural). Más bien se trata de un grupo de pueblos que se extendieron por Europa en la edad del hierro, tanto Hallstatt como Tène. Lo que sí puede que tuviesen en común, por la toponimia que nos han dejado, es una lengua común o conjunto de dialectos relacionados entre sí. Pero que hubiesen legado a los pueblos con los que se relacionaron aspectos de su lengua no aporta gran cosa, porque al ser ágrafos, nada sabemos sobre ella a ciencia cierta. Otras lenguas indoeuropeas han dejado su huella en la península Ibérica, y por lo tanto en Galicia, pero ello es fácil de explicar porque onomástica y toponimia las acogerían los ejércitos, funcionarios y comerciantes romanos cuando extendieron su civilización. 

Que en algunos castros galaicos (en general del noroeste) haya muestras hallstáticas no quiere decir nada, pues también han aparecido cerámicas de civilizaciones mediterráneas y los índígenas galaicos del primer milenio antes de Cristo no fueron asimilados como los que vivían en el Este y Sur de la península Ibérica. Lo que sí sabemos es que los indígenas de Gallaecia, durante la edad del bronce (antes, por tanto, de las incursiones célticas en la península) tuvieron relaciones atlánticas con otros pueblos, y si superponemos el mapa de los lugares de habitación del bronce con los castros excavados la coincidencia es asombrosa; lo que quiere decir que hubo una continuidad en el poblamiento galaico en un período dilatado de la prehistoria. 

Por lo mismo no podemos decir que los castros galaicos sean celtas (aunque pudiesen haber recibido alguna influencia material o toponímica) sino de los pueblos indígenas anteriores a las supuestas incursiones célticas en Galicia, en todo caso menos frecuentes e influyentes de lo que se ha defendido hasta hace unas décadas. Los castros galaicos no tienen nada que ver con los lugares de habitación de la meseta, del valle del Ebro o de otras regiones peninsulares. En cuanto a la toponimia puede haber sido aplicada por Roma (y lo mismo la onomástica) a falta de documentos escritos que los celtas nunca produjeron (y los galaicos de la época tampoco). Decir que tal topónimo tiene raíces célticas o indoeuropeas, en Galicia, no significa la presencia celta, sino la aculturación romana posterior. No debemos olvidar que llegado un momento las legiones romanas incorporaron "bárbaros" al ejército; pues así pudiereon entrar en Gallaecia nombres de personas y de lugares de raíz celta, sin que Galicia hubiese sido nunca celtizada, al menos en los niveles que sí lo fue el valle del Ebro, Navarra, la meseta o el valle bajo del Guadalquivir.

(El yacimiento de la Tène, al oeste de Suiza)

Campesinos societarios

Desde finales del siglo XIX, al calor del impulso societario de obreros y campesinos, surgen en Galicia una serie de organizaciones con diferentes fines, ideologías y entidad. En la mayor parte de los casos se trata de que el campo pase a jugar un papel que se le había negado antes; en otros es la redención foral la que está en la mente de sus asociados; en algunos casos son objetivos prácticos e inmediatos los que priman.

En Caldas de Reis surgió una Sociedad de Ganaderos en 1886, y un año más tarde la de Rutis (Culleredo). En 1891 nace la Sociedad de Ganaderos de Pastoriza (Arteixo) y un año más tarde la de Burgo (Culleredo). En 1893 la de Veiga (Ortigueira) y en 1895 la de Cornazo (Vilagarcía). 

También tuvieron importancia las sociedades agrícolas, entre las que destacan la de Tomeza, Xeve, Salcedo, Mourente y Bora en Pontevedra; Campolameiro, Poio, Meis y Marín: todas ellas nacen en 1897, como así mismo la Cámara Agrícola de Lugo. En 1898 nacen las sociedades agrícolas de Cuntis, Moraña, Cotobade, A Estrada, Lañas (Arteixo) y la Cámara Agrícola de Mondoñedo. En 1899 nace la Sociedad Agrícola de Santiago y siete más, y en 1900 la de Teis, Lavadores (que entonces era municipio independiente de Vigo), Bembibre, Beade, Sárdoma, Coruxo y Freixeiro, así como ocho más, todas ellas en Vigo. 
 

Entre 1886 y 1900 habían existido (porque algunas desaparecieron para surgir otras) 32 asociaciones agrarias, 12 ganaderas y 5 cámaras agrarias; en total 49 asociaciones de agricultores y ganaderos en una Galicia donde la industria se resistía a abrirse paso, consecuencia de una burguesía debilísima, de una hidalguía reclacitrante y atada a los viejos tiempos y de un clero que estaba bien con la sociedad tradicional en la que la mayoría pasaba penalidades y no pocos emigraban. En el año 1891 (véase que solo un año) emigraron a Argentina (véase que solo un país) 9.078 gallegos. Para valorar esta cifra en sus justos términos digamos que, en ese mismo año y a ese mismo país, la región que ocupó el segundo lugar de las españolas fue Castilla-León, con 2.731; las demás con cifras menores. (Fuentes: Xosé Antón López Taboada, "Arxentina: Destino da emigración española e galega no século XIX e primeira década do XX", Uniproeditorial, Vigo, 1993 y J. A. Durán, "Agrarismo y movilización campesina en el país gallego (1875-1912), Siglo XXI Editores, Madrid, 1977).

O Facho, bien de interés cultural


La Xunta de Galicia ha iniciado los trámites para que el lugar de O Facho, en el extremo occidental de la provincia de Pontevedra, sea declarado bien de interés cultural. En gallego, facho es una hoguera que se hace en un promontorio con el fin de que su luz sea vista desde lejos, además de que pudo tener una finalidad ritual. De hecho, los "fachos" de Galicia suelen estar en las zonas costeras y sobre altos acantilados. 

El interés que tiene este yacimiento arqueológico reside en que consta de un santuario y de un castro, existiendo muestras de haber sido habitado el lugar desde la época del bronce hasta la romana. Ahora bien, ciertas informaciones que relacionan O Facho con el mundo celta no pueden ser consideradas históricas, máxime si de dice que el lugar estaba dedicado al dios Berobreo (Breogán), personaje mitológico que los historiadores románticos del siglo XIX hicieron fundador de A Coruña o de alguna otra población cercana, por ejemplo, Betanzos. 

A la hora de los mitos ya sabemos que dioses, héroes o caudillos se confunden, pero lo que tenemos por cierto (Antonio Fraguas) es que Breogán es personaje legendario, no histórico, cuya primera mención se encuentra en la obra irlandesa Leabhar Ghabhala o Libro de las invasiones, del siglo XII, por lo que ya se ve que invenciones posteriores vienen a querer explicar supuestos hechos de mucho tiempo atrás. Es una permanente lucha la que hay que mantener contra afirmaciones que dan por hecho la celtización de Galicia, cuando la arqueología se empeña en que no es así. Galicia nunca estuvo celtizada como el valle del Ebro, la meseta norte o el valle bajo del Guadalquivir, por poner tres ejemplos notables, donde la onomástica en unos casos, la toponimia en otros y los yacimientos arqueológicos lo corroboran.


En el caso de Galicia sí existen topónimos celtas, pero las investigaciones más solventes de los arqueólogos de las últimas décadas han venido a sugerir que serían consecuencia de incursiones discontínuas de grupos celtas en momentos distintos del primer milenio antes de Cristo, sin que se pueda decir que Galicia, por ello, haya sido celtizada hasta el punto de que ello sea una de sus señas de "identidad", que es el mito en el que se sustentó la historiografía del siglo XIX y parte del XX. El castro de O Facho es obra, como otros muchos en Galicia, de los pueblos indígenas prerromanos, y no por influencia céltica alguna, al menos sobre los lugares de habitación.

El lugar de O Facho une a su interés arqueológico el paisajístico, difícil de encontrar, apuntando al mar y a las islas Cíes.

martes, 3 de enero de 2012

Solo un gran orador

 (El juramento de los Horacios, de David)

Me parece que Cicerón fue, ante todo, un gran orador, es decir, por lo que se le conoce en líneas generales. Pero si se ahonda en su vida personal y política lo cierto es que no tuvo brillo. Se formó durante la dictadura de Sila, luego se fue a Atenas y Asia, según nos informa Plutarco; aquí tuvo contacto con Jenocles de Altramicio, Dionisio de Magnesia y Menipo de Caria. Luego en Rodas, donde se relacionó con Apolonio Molon y el filósofo Posidonio. 

En el caso de la llamada conjuración de Catilina fue uno de los que propuso las penas más duras, lo que a la postre le costaría la vida (creo que podría haber muerto de la misma manera aunque no hubiese sido tan cruel) y creo que el caso de Catilina fue el comienzo de la decadencia de Cicerón, por mucho que se hayan elogiado, como piezas oratorias, sus "catilinarias". Además, cualquiera que se adentre en el caso catilinario verá que nuestro orador tuvo numerosas contradicciones, de las que se hicieron eco ya los historiadores romanos.

Todo este asunto de Catilina, que merece un estudio en profundicad sobre la historia social romana, está lleno de paradojas (por no utilizar otra expresión más severa). Craso fue confidente de Cicerón, pero al tiempo era amigo de Catilina. En otros casos se pone de manifiesto la maldad de Cicerón: como César decretara repartir tierras de la Campania a los soldados, el anciano Lucio Gelio exclamó que eso no sería viviendo él, a lo que Cicerón contestó: Esperemos, pues, porque el término que pide Gelio no puede ir largo. Un tal Publio Cota fue requerido por Cicerón para que prestase testimonio sobre un asunto, y como aquel le dijera que nada sabía, éste le contestó: ¿Crees acaso... que se te pregunta de leyes? En una disputa con Metelo Nepote le preguntó éste muchas veces: ¿Quien es tu padre, Cicerón? a lo que éste contestó: Esta respuesta te la ha hecho a tí más dificultosa tu madre. 

Más que irónico, Cicerón fue mordaz y sarcástico, lo que con el tiempo le hizo impopular. A Marco Aquilio, que tenia dos yernos desterrados, le llamaba Adrasto (rey de Argos que tuvo que exiliarse en Sición). Lucio Cota era censor cuando Cicerón optaba al consulado, de forma que, siendo aquel muy aficionado al vino, a Cicerón le entró sed y bebió agua mientras sus colaboradores le rodeaban para ocultarle, diciéndoles el orador: Teneis razón en temer... no sea que el censor se vuelva contra mí si ve que bebo agua. Encontrándose con Voconio, que iba acompañado de tres hijas muy feas, le aplicó el verso: Contrario tuvo a Febo éste al ser padre (Febo o Apolo, dios de la belleza). 

Cuando Clodio salió elegido Tribuno de la plebe la tomó con Cicerón -dice Plutarco- ayudando a muchos que habían sido, o podían ser, apoyos del orador. Temiendo éste lo peor, y siendo César destinado a la Galia, le pidió que lo llevase como legado, a lo que el futuro dictador accedió. Pero viendo Clodio que Cicerón iba a ponerse fuera de su jurisdicción, le demostró con muchas pruebas que le tenía en estima y quería auparlo cuanto pudiese. Cicerón llegó a creérselo y desistió de acompañar a César a la Galia. Entonces César, molesto (¿como menospreciar ser su legado?), acusó a Cicerón de haber sido el culpable de la muerte de Léntulo y Cetego sin juicio en el asunto de Catilina, lo que había sido ilegal. Acusado y reo Cicerón, "mudó el vestido, y dejando crecer el cabello, rodaba por la ciudad implorando la clemencia del pueblo, pero los instigados por Clodio le tiraban por la calle lodo y piedras. (Arriba, Cicerón acusando a Catilina, de Cesare Maccari).

Aún caído en desgracia, Cicerón tuvo seguidores; Clodio fue más tarde asesinado, y más tarde aún Cicerón sería condenado a muerte: Entonces, llevándose como lo tenía por costumbre, la mano izquierda a la barba, miró de hito en hito a los matadores, teniendo el cabello crecido y desgreñado, y muy demudado el semblante con la demasiada agitación y angustia, de manera que los más se cubrieron el rostro al ir Herenio a darle el golpe fatal; y se le dio habiendo alargado el mismo Cicereón el cuello desde la litera. Tenía entonces la edad de sesenta y cuatro años.

La historia de Roma no es tan gloriosa como se dice.

Una burguesía provinciana

Pontevedra era, en 1867, una pequeña ciudad de unos 22.000 habitantes, pero esto ha de entenderse en todo su municipio, porque la población urbana era mucho más escasa: diez años antes, 6.623 habitantes. Es algo muy común a las ciudades gallegas, cuya población se extiende por todo el municipio hasta el punto de que más de la mitad, en ocasiones, vive en las parroquias rurales. (A la izquierda, calle que se abríó en terrenos del marqués de Riestra, que éste cobró religiosamente, claro).

Entre la burguesía local hay que distinguir aquella que goza de una buena posición económica, los que son propietarios de comercios o industrias, y los que por su posición política, intelectual o social relevante debemos incluir aquí. Pazos Riveiro, en una tesis inédita finalizada en 1984, detectó a algunos que procedían de fuera de Galicia: Puerto Cabello (Venezuela), Asturias, Cataluña, provincias vascas, La Rioja o Zamora. Otros habían nacido en Pontevedra, pero sus ascendientes procedían de otros puntos de Galicia o de fuera de esta. Por último tambien hubo burgueses oriundos de Pontevedra, aunque no son los más importantes económicamente.

Esta burguesía era, obviamente, una minoría de la población, que fue evolucionando a lo largo del siglo XIX en orden a una selección endógena. Tenemos así el mediano comerciante, el transportista, el dueño de empresas de salazón, los grandes foristas y propietarios urbanos; los Riestra, Montero Ríos o Bugallal entre los más encumbrados. Esta burguesía participa con gusto y como una forma más de demostrar su primacía social en las cofradías religiosas, donde ocupará puestos de administración y dirección. Se hará ver en puestos destacados durante las procesiones y sonarán siempre sus nombres para toda muestra de externa religiosidad. Participan -en algunos casos- en el gobierno local, ejemplo de lo cual es el de Francisco Javier de Mugártegui, que además destaca como escritor de temas práticos y agrícolas. 

En general, algunos unen a esa presencia pública en cofradías o cargos políticos el hecho de practicar la filantropía ayudando a huérfanos y necesitados. A veces no tan necesitados: el segundo de la generación Riestra, primer marqués del mismo nombre, era anfitrión habitual, en su finca de A Caeira, de personajes notables. Prudencio Landín Tobío (1952) señala que en su casa se hospedaron miembros de la realeza española, altos funcionarios de la burocracia vaticana, obispos, aristócratas, diplomáticos, financieros y nombres como Núñez de Arce, Vega de Armijo, Fernández Villaverde, Pardo Bazán, Venancio González... La influencia de esta familia en la vida local pontevedresa, en la segunda mitad del siglo XIX, se pone de manifiesto en la "Descripción de Pontevedra" (1900) debida a Otero López. El primer marqués de Riestra -dice el autor citado- mantenía buenas relaciones e influencia con todos los partidos existentes, lo que habla a las claras de la concepción política que sostenía y de la curiosa personalidad que representaba. (Arriba, residencia palaciega de Montero Ríos, en Lourizán).

Algunos de estos burgueses participan en las reuniones literarias del liceo en el último tercio del siglo y en la prensa local desde 1842, donde plasma su concepción del mundo, su moral y la impronta de sus intereses. En esta prensa marcará diferencias dentro de sí misma (católicos acérrimos unos, más tolerantes otros, incluso republicanos, liberales casi todos y defensores de un orden que enseguida sería gravemente contestado). 

En cuanto a su privacidad tiene interés la importancia que dan a la familia, hecho que, en menor grado, también afecta al conjunto de la población. Uno de los momentos que mejor revela la importancia de la familia para la mentalidad burguesa de esta época -la familia forma parte del patrimonio- es el del fallecimiento, y antes aún, el de la redacción del testamento. Todo fallecimiento de un propietario notable era un acontecimiento social: cuanto mayor poder económico, mayor pompa en sus exequias y mayor número de sacerdotes oficiantes. Toda una mezcla de devoción religiosa y de costumbrismo inundaba estos acontecimientos. En el testamento, entre tanto, quedan claras las cláusulas, las partijas, los inventarios, las últimas voluntades y el deseo de ser sepultado piadosamente. El difunto había mostrado en su declaración de fe misas y obras pías en su caso, ritos funerarios y elección del hábito con el que deseaba ser enterrado, generalmente el franciscano, símbolo de una humildad que no siempre se había cultivado en vida. Pero ahora es otro momento: solemne, grave y definitivo. (Arriba, la alameda pública, quizá la más brillante realización urbanística de Pontevedra en todos los tiempos).

En las fiestas oficiales, por contra, hay ocasión para marcar las diferencias con la mayoría de la población: en Pontevedra se dieron asiduamente, por parte del gobernador civil o con motivo de la recepción a autoridades del reino. Allí se daba ocasión a las más variadas intenciones: políticas, sentimentales... Las fiestas populares, en cambio, constituían la válvula de escape contra la monotonía de la vida para la mayoría de la población. En aquellas y en estas (con diferente rango) se daban veladas teatrales, canto, declamación, zarzuelas y veladas literarias, que eran privativas de los asiduos al liceo. En la casa de los Riestra, como en la de Montero Ríos, las tertulias políticas eran moneda corriente para los más importantes miembros de la burguesía local. Especial mención merecen los Juegos Florales que se celebraron en Pontevedra en 1888, donde estuvieron presentes el marqués de Riestra, Montero Ríos, Echegaray, Eduardo Vincenti y otros notables personajes.

Uno de los aspectos estudiados por Pazos Riveiro fue el de la casa: el mobiliario (con maderas de castaño, olivo, pino y otras), el vestuario, los útiles, los objetos de lujo como cuadros, candelabros, joyas; la existencia o no de servidumbre, la amplitud de la casa, los tapices, los cortinajes, las sedas, los repujados, los rasos, los artículos de importación y la propiedad de casas de campo.(Abajo, alameda pública de Pontevedra).


Enseñar la pierna


Recientemente ha publicado un artículo Juan Gabriel Tokatlian en el que habla de la proclividad de los Estados a poner por delante la "seguridad nacional" a la seguridad individual, sobre todo la jurídica, es decir, aquella que permite a cada cual saber que está dentro de la ley sin temer represalia alguna. 

Desde el 11 de septiembre de 2001 -dice Tokatlian- los tres poderes del Estado en USA (en menor grado el Judicial) están obsesionados por recortar los derechos individuales en favor de la "seguridad nacional". A esto llama el articulista "postlegalidad", como si hubiésemos entrado en una nueva etapa en la que la legalidad pregonada y asentada a base de esfuerzos durante dos siglos, hubiese pasado de moda. Los poderosos son capaces de tergiversar el sentido de la ley con triquiñuelas de sus poderosos abogados, son capaces de utilizar los medios de comunicación a su favor, que se pliegan en algunos casos a cambio de estipendios, son capaces de aparentar inocentes cuando están manchados hasta los huesos.

Ver a personajes imputados por delitos graves aparecer en los medios de comunicación mintiendo abultadamente, no es infrecuente. Por parte de los Estados hay una obsesión por la gendarmería ante el exterior y por la escasa rendición de cuentas hacia el interior: "la postlegalidad. 

Cornelio Léntulo, llamado por apodo Sura, "hombre principal en linaje", siendo cuestor se benefició largamente de los caudales públicos, y como le fueran pedidas cuentas en el Senado romano, "presentándose con altanería y desvergüenza, dijo que no estaba para dar cuentas". A continuación se levantó la toga y enseñó la pierna, como los muchachos en la antigua Roma cuando hacían una trampa jugando a la pelota. Hoy tenemos muchos que, ante las acusaciones de que son objeto, optan por "enseñar la pierna".

Preferir lo honesto a lo agradable


La corrupción en los asuntos públicos ha existido siempre (y más en los negocios privados) pero en los públicos es más grave, porque se trata de bienes de la comunidad, del patrimonio de todos. 

La frase que encabeza este artículo está sacada de un clásico latino que dedicó buena parte de su vida a disertar sobre la moral pública. En España, desde la transición a la democracia a partir del año 1977, han existido muchos casos de currupción, quizá tantos como en otros países de parecido tamaño, pero esto no debe consolarnos; muy al contrario, soy de la opinión de que debe ser un acicate para combatir con toda la saña a los corruptos (la corrupción en época franquista no se trata aquí porque el propio régimen era ya la corrupción encarnada).

 Echando un vistazo atrás sale el caso Naseiro, un personaje que se emponzoñó financiando ilegalmente al Partido Popular; otro cuyo nombre no recuerdo se enriqueció personalmente valiéndose de un programa de viviendas sociales patrocinado por la UGT; uno llamado Hormaechea fue condenado por prevaricación y malversación de caudales públicos. El caso FILESA fue tristemente famoso: financiación ilegal del Partido Socialista; en Castilla-La Mancha hubo algunos empresarios agrícolas que se beneficiaron de subvenciones para cultivar lino y las utilizaron para su beneficio personal (la U.E. hizó devolver parte de aquel dinero); están los casos de tramas urbanísticas, en las que no se salva casi nadie; hubo un alcalde en Marbella llamado Gil que fue condenado a pena de prisión por varios delitos en el ejercicio de sus funciones; en Andalucía los jueces pudieron demostrar que 146 subvenciones para el empleo rural fueron fraudulentas. El caso "Gürtel" ha costado 120 millones del erario público; uno llamado Jaume Matas, cuando fue Presidente de Baleares, estuvo comprometido con cuarenta dirigentes del Partido Popular en acciones ilegales; algunos alcaldes patrocinan recalificaciones ilegales de suelo para favorecer a este o a aquel (queda por demostrar si a cambio de algo); uno llamado Millet, de Convergencia i Unió, desvió 35 millones cuando administró los fondos para la reconstrucción del Palau de la Música de Barcelona; un alcalde de Salamanca hizo prescribir un caso para favorecer a un amigo, dejando de ingresar el erario público una sustanciosa cantidad. Está el caso Pretoria en Cataluña y podríamos seguir con otros (de mayor o menor cuantía). Ahora tenemos el caso del "exiliado" Urdangarín, del que habrá que esperar a que se pronuncien los tribunales, pero que "pinta muy mal", en frase de un veterano dirigente del Partido Popular que no tuvo empacho en colaborar al más alto nivel con el franquismo durante 25 años...

No soy un ingenuo y sé que en los asuntos públicos siempre habrá quien esté para su beneficio personal, pero combatirlos es urgente y no admite dilaciones. Lo contrario es ser cómplice por omisión. (Arriba, el romano Craso, rico que se enriqueció más como senador, en el último siglo de la República romana).


lunes, 2 de enero de 2012

A ponte da Barca


A ponte da Barca poñería en comunicación o concello de Poio con Pontevedra, pero con cuxa construción tamén se beneficiarían os habitantes de Sanxenxo, O Grove, Meaño e outros. Xa en 1841 a Deputación Provincial toma a iniciativa para isto, asunto que volve a tratar o concello dous anos máis tarde, sumándose á idea os de Poio e Combarro. Pero a corporación pontevedresa pronúnciase a favor de que a ponte sexa de barcas e non de fábrica, polo que solicita o Goberno a súa posta en práctica, o mesmo tempo que pide o establecemento dun portádego. 

En 1844 discútese, sen embargo, se a ponte debe ser de canteiría, cunha ponte levadiza para que puidesen pasar os barcos, e aínda en 1899 o concello ten que solicitar o Goberno a axilización do remate das obras da ponte "sobre el Lérez hacia El Grove". Uns annos antes, en 1890, fixera o mesmo con respecto á estrada o Grove, e con respecto a ponte do Burgo pedírase o seu ensanche en 1844, acordo que se adopta por real orde dous anos máis tarde. (A ponte da Barca que vemos arriba foi modificada nos seus soportes extremos fai uns anos).

Derrubar e conservar: Pontevedra no século XIX


En 1842 derrobouse a igrexa de San Bartolomeu o vello, o que daría ocasión a toda una serie de iniciativas para a construción dun teatro e liceo. Nese ano sacaríanse a subhasta polo concello os retábulos de dita igrexa e, o ano seguinte, xa se constitúe unha asociación para impulsar a construción dun teatro naquel solar: é o actual edificio do casino e teatro Principal.

A igrexiña de San Bartolomeu o vello non tiña moita beleza, pero o certo é que formaba parte da historia da cidade, pois, entre outras cousas, fora sede dunha escola de gramática, é dicir, donde se ensinaba latín a aqueles que ían dirixidos para o estudo, para a Igrexa, ou tentaban escapar dos traballos manuais. (Abaixo, os restos de San Domingos antes da restauración da abóvada).

Máis sorte tivo o exconvento de San Domingos, sufrindo un deterioro case constante ó longo do século ata a intervención da "Sociedad Arqueológica", orixe do que sería no século XX o Museo de Pontevedra. En 1844 serve para acuartelar ós soldados, arranxándoo con dito fin, e dúas décadas máis tarde (en 1863) chega o momento de maior perigo, pois o concello toma o acordo para o derrubo da torre e o murallón anexo. Por fortuna, en 1874 volve a ser necesario para albergar soldados, polo que se repara xunto co convento de Santa Clara. En 1885 de novo o concello tenta derrubar as ábsidas (única parte que se conserva hoxe) alegando unha vez máis o estado ruinoso, pero o Goberno prohibirao en 1889, salvándose e recibindo -para a "Sociedad Arqueológica"- no ano 1895, unha subvención co obxecto de cubrir as abóvadas da capela. 

Nese mesmo ano a "Sociedad Arqueológica" convidou á corporación municipal a visitar a exposición de antigüidades establecida na planta baixa da casa consistorial -de nova construción- o que sen dúbida contribuíu á toma de conciencia que anteriormente non existira sobre o valor histórico e artístico que tiña o convento de San Domingos. O vello convento servirá de hospital, casa escola, cuartel e para outros mesteres sociais e administrativos. Hoxe, como sabemos, está o Instituto "Valle-Inclán" no solar do antigo convento (agás no espazo que ocupan as ábsidas) e a horta do convento converteuse en alameda pública donde, por certo, axusticiábase ós reos, polo que recibiu o nome de "campo da verdade". (Abaixo, a igrexiña de San Bartolomeu o vello).

Contradictoria Doña Emilia


La existencia de una mujer notable en la literatura española del siglo XIX (y parte del XX) es un hecho no único pero excepcional. Emilia Pardo Bazán vivió su infancia durante el conservadurismo de Narváez y O'Donnell, pero en una época en la que ya los movimientos anticlericales y revolucionarios habían hecho su aparición. España estaba en manos del clero y de la aristocracia de la tierra, pero en las ciudades, que empezaron a crecer más de lo que lo habían hecho, bullía una pequeña y mediana burguesía, un proletariado, unas clases desarraigadas, que pronto se lanzarían a un protagonismo mayor. El campo era terreno abonado para unos cuantos señoritos. 

El hecho de que Doña Emilia saludase con entusiasmo la revolución de 1868 creo que se debe atribuir a su juventud, pero pronto cambió de parecer al ver que los demócratas y los republicanos querían ir más allá de una simple revolución con cambio de caras. Por otro lado el anticlericalismo debió escandalizar a Doña Emilia, que siempre se mostró acendradamente católica, tanto en su vida personal como en su obra literaria. Creo que para ella -como para amplios sectores ideológicos de la España del siglo XIX- el país estaba indisolublemente unido a lo católico, pero a un catolicismo rancio y lejos de renovarse. 

Que se la encuadre en el naturalismo literario no tiene nada que ver con el mismo movimiento que se dio en Francia con Zola, más descarnado y escandalizador éste. Doña Emilia era una noble que no siempre vio a la burguesía en ascenso con simpatía; todo lo más admitía una convergencia en la que la nobleza siguiese manteniendo la vara alta, mientras que la burguesía del dinero sería una advenediza a la que se podía admitir siempre que no escandalizase. Como escritora fue reformista, pero nunca llegó a comprometerse con ideas demasiado avanzadas: la época de la restauración monárquica no estaba para esas cosas, y menos si se trata de una persona que vivía del privilegio. Incluso simpatizó con el carlismo por lo que éste tenía de católico, pero ya se ve que dicho catolicismo no era ni siquiera el del Papa León XIII, sino el de sus predecesores. 

Aquí no tratamos sobre su obra, pero ya Felipe Pedraza y Milagros Rodríguez han señalado que sus personajes literarios fracasan si no se atienen a los cánones católicos: Amparo en "La Tribuna", Leocadia en "El cisne de Vilamorta" y Esclavitud en "Morriña". En la medida en que dedicó su vida a la literatura y a vivir bien, puede decirse que no fue, ni mucho menos, una parásita, como sí lo era cierta nobleza de su época. Doña Emilia muere en 1921, pero siempre fue una mujer del siglo XIX y, en tanto que mujer, ya bastante hizo para salir del adocenamiento a que estaban sometidas las de sus sexo.


domingo, 1 de enero de 2012

Émulos de Verres

Cuando Cicerón se animó a dedicarse a la política (ya había tenido una corta experiencia) consultó a un oráculo sobre la forma de actuar, el cual contuvo el ímpetu del orador para que no desperdiciara su talento. La pitia, al mismo tiempo, le aconsejó que no se comportase como le dijese la gente, sino tal y como era su naturaleza. Por otra parte Cicerón mantuvo siempre una actitud de pasos lentos hacia las magistraturas. 

En una ocasión se encontró en Campania con un amigo, y creyéndose ya famoso en Roma le preguntó qué se hablaba de él. "¿Pues donde has estado este tiempo Cicerón"? le contestó el amigo, lo que hizo que nuestro hombre rebajase mucho su ambición. 

Destinado en Sicilia, donde fue cuestor, se ocupó de la la acusación a un tal Verres (los romanos llamaban verres al puerco no castrado, pero esto es harina de otro costal) que había sido pretor en la isla y cometido mil excesos, haciéndose acreedor de persecución por los sicilianos. Cicerón hizo que se le condenara, pero no lo consiguió mediante brillantes discursos, sino permaneciendo callado. Los pretores eran favorables a Verres y hablaron todo lo que pudieron en su favor, pero de tal forma lo hicieron que Cicerón consideró que no era necesario hablar para contradecirles. Hasta aquí lo que se puede consultar en Plutarco: "Vidas paralelas".

Pues bien, los ejemplos de la Roma del siglo I antes de Cristo los podemos comparar con la actualidad: no consultan a oráculo alguno nuestros políticos para ser orientados acerca de sus méritos, suponiendo que los tienen sin más; se dejan llevar por la demagogia, lo contrario de lo que la pitia dijo a Cicerón, aconsejándole que se dejase llevar por su naturaleza y no por lo que la gente desea oir, con lo que hoy podemos encontrar políticos que mienten más que hablan. A más de uno debiera ocurrirle el episodio que protagonizó Cicerón en Campania, para ver si se le bajan los humos, pues no han demostrado ni una sola luz y ya se creen el dios sol.

En cuanto al caso del corrupto Verres, tenemos émulos sobrados: prevaricadores, ladrones, falsificadores, cohechadores, delincuentes comunes, ambiciosos de dinero y fama... Pero no quisiera hacer un "discurso" contra los políticos y la política, sino contra los que todos tenemos "in mente", que ascienden en las magistraturas tan rápido como se enriquecen con el erario público (al contrario que Cicerón). Ya hubo regímenes en España donde la "política" era vista con malos ojos para poder hacer y deshacer a su antojo unos cuantos esbirros de este o aquel dictadorzuelo. La política es un noble arte si se concibe para servir al común; pero se convierte en un vicio nefando si se agota en la meta personal para no trabajar en otro oficio.

Epidamno en el origen de la guerra


Epidamno es una antigua ciudad griega que se encuentra en costa de la actual Albania, poblada en el siglo V antes de Cristo por algunos taulantes (bárbaros de la Iliria), corcirenses y corintios, relativamente alejada de las pólis griegas clásicas.

Generalmente se suele simplificar diciendo que la guerra que enfrentó a los atenienses y sus aliados (Liga de Delos) y los espartanos y los suyos (Liga del Peloponeso), durante los últimos treinta años del siglo V a. C., se debió a la hostilidad entre aquellas dos importantes potencias militares. Este es el teatro de operaciones, es decir, las bases para el enfrentamiento estaban dadas, pero ¿hubiera estallado el conflicto si no se hubiese dado el episodio de Epidamno?

Un conflicto interno en la ciudad de Epidamno produjo la chispa que desencadenaría la guerra, sin que podamos decir qué hubiese ocurrido de no darse aquel conflicto en Epidamno, ciudad que gozaba de un momento de prosperidad y donde se dieron las condiciones para que la población se deshiciese de la minoría que acaparaba la mayor parte de la riqueza. Esta minoría se alió con pueblos comarcanos (bárbaros para los griegos) con el objeto de volver a dominar en la ciudad, por lo que los habitantes de ésta acudieron a los de Corcira en busca de ayuda, considerando que de ella procedían la mayoría de los antepasados de Epidamno. Corcira no quiso involucrarse en el asunto. (Véase abajo la situación de Epidamno en relación a la isla de Corcira, más al sur).

Los de Epidamno enviaron entonces una delegación a Delfos para consultar al oráculo, y tal consulta consistió en si debían entregarse a los de Corinto (otra ciudad de la que se sentían descendientes). El oráculo así lo aconsejó, desconociendo las consecuencias que traería su ligereza. Así se hizo: Corinto recibió la demanda y tomó como su propia causa la de los de Epidamno, pues tenía a esta ciudad tan suya como los de Corcira, que era entonces la más rica de Grecia -según relata Tucídides en su "Guerra del Peloponeso"- y confiaba en sus grandes fuerzas navales "y en la fama que tenían cobrada ya los Feacios, sus antecesores".

Los corintios "enviaron por guarnición a la gente de los Ampraciotas y Leucadios... por tierra fueron a Apolonia, pueblo de los corintios... [y] navegaron para allá con veinticinco naves, y poco después con lo restante de la armada. Los desterrados de Epidamno acudieron a los corcirenses explicándoles su antigüedad en aquella ciudad, lo que les daba derecho a regresar si no se lo impidiese la población que la habitaba. Es entonces cuando Corcira, "con cuarenta naves, tomando consigo los desterrados como para restituirlos en su tierra con algunos de los ilirios, asentaron su real delante de la ciudad" y declararon por enemigos a los de Epidamno. Por un estrecho "llamado Istmo, pusieron cerco... para combatirla".

Los corintios dispusieron su ejército y rogaron a los megarenses que les acompañasen, los cuales les dieron ocho naves bien aparejadas, "y la ciudad de Pale de los cifalenios dio cuatro, y los de Epidauro, siendo rogados, les dieron cinco; los hermioineos una, y los trecenos dos; los leucadios diez, y los ampraciotas ocho. A los tebanos y a los filasios pidieron dineros, y a los eleos solamente los cascos de las naves y dinero. Y de los mismos corintios fueron dispuestas treinta naves y tres mil hombres" (relata Tucídices).

Entonces, y solo entontes, es cuando entra en escena Esparta: los corcirenses enviaron embajadores con los de Lacedemonia y de Sición a Corinto para negociar. Que se nombrasen jueces en el Peloponeso, que se consultase al oráculo de Apolo en Delfos... nada dio resultado. Los corintios "no accediendo porque tenían sus naves a punto... enviaron un trompeta a los corcirenses que les denunciase la guerra: alzaron velas del puerto con setenta y cinco naves y dos mil hombres de pelea, y navegaron derechos...". Llegaron al cabo de Actio, donde hay un templo de Apolo; los de Corcira enviaron un barco mercante para cortarles el paso al tiempo que entregase un mensaje... pero no hubo esperanza de paz, dice Tucídides en la obra cidata. 

Ochenta naves tenían dispuestas los corcirenses, que salieron al encuentro de las de Corinto, las desbarataron y vencieron. Los corcirenses, después de esta victoria, "pusieron trofeso en señal de triunfo en el campo de Leucima, que está en el cabo de Corcira, y mandando matar a todos los cautivos que prendieron, solamente guardaron en prisión a los corintios; otros volvieron a sus casas. Luego las naves de Corcira se hicieron dueñas de la mar y, "navegando para Léucade, colonia de los corintios, la robaron y destruyeron", otro tanto hicieron en Cilene, "donde los eleos tenían sus atarazanas, porque habían socorrido a los corintios". (A la derecha, ruinas de la antigua Corinto).

Entonces comenzarán los parlamentos de unos y otros con las autoridades de Atenas, única en quien se confiaba para poder desnivelar la balanza en un sentido o en otro, pero décadas más tarde la gran ciudad griega sufriría la derrota más terrible que conoció su historia. (En el mapa de arriba, véase la isla de Corcira (o Corfú), al oeste de Grecia; Epidamno se situaba más al norte, en la misma costa; Corinto en el centro de la Grecia europea).

Persas en Etiopía

El emperador aqueménida Cambises II es tratado por el griego Heródoto con bastante desprecio e ironía. Separados ambos por un siglo de diferencia, el persa vivió en el VI antes de Cristo, y el historiador griego relata en uno de sus libros el intento de conquista persa de Etiopía. Ha de entenderse, en primer lugar, que la Etiopía antigua no se corresponde exactamente con la actual, sino que así era llamada una vasta tierra que comprendía un territorio mucho más amplio. (A la izquierda, supuesta imagen de Cambises II).

Una vez en Egipto, Cambises envió a unos embajadores-espías a parlamentar con el rey etíope, del que sabía gobernaba un territorio donde abundaban el oro, los elefantes y el ébano. Se trata de los etíopes macrobios, distinción necesaria dado el dilatado terreno que se entendía por Etiopía. Cambises está en Elefantina, mientras que los espías-embajadores que envía eran los que Heródoto llama ictiófagos, por la abundancia de pescado que consumían. Los regalos que estos llevaron al etíope fueron un vestido e púrpura, un collar de oro, unos brazaletes, un bote de alabastro con ungüento y una pipa de vino fenicio.

Llegados los embajadores al rey etiope le exponen los deseos de amistad del persa, entregándole los regalos, pero el etíope -siempre según Heródoto- no se fía y se burla de ellos y de los regalos, que no reconoce como tales. Si Cambises quisiera ser mi amigo -dijo el etíope- "no deseara más imperio que el suyo". Luego hizo alarde de su destreza con el arco e invitó a los persas a que hiciesen la guerra con los macrobios (con su pueblo), añadiendo: "porque [los dioses] no inspiran a los etíopes el deseo de nuevas conquistas para dilatar más su dominio". El rey africano sí se deleitó, en cambio, con el vino fenicio, del cual se relamió varias veces, admitiendo que en la bebida los persas les superaban.

Allí vieron los embajadores de Cambises un estanque con un agua en la que nada flotaba, de forma que habiendo intercambiado el rey etíope y los ictiófagos información sobre la edad que se alcanzaba en uno y otro imperio, siendo así que en el persa eran los 80 años y en el africano los 120 ó más, atribuyeron los embajadores esa longevidad a los poderes salutíferos del agua especialísima que habían visto. Luego el rey etíope les llevó a donde estaban los presos con grilletes de oro. Así las cosas, los ictiófagos salieron de vuelta junto a Cambises, le contaron lo ocurrido y aquel se enfureció, por lo que decidió invadir Etiopía. 



"Príncipe menguado de juicio y de ira desenfrenada", dice Heródoto de Cambises II, pues no preparó a su ejército para una empresa que resultaría imposible. Ceremonias religiosas no servirían de nada ante lo áspero del terreno y del clima. Los víveres se les acabaron cuando no habían andado todavía la quinta parte del terreno; los que podían arrancaban las hierbas del suelo para alimentarse, pero con el tiempo -dice Heródoto- tuvieron que echarse a suertes, los soldados, a quien tocaba sacrificar de cada diez para alimentar a los otros nueve con su cuerpo. Cambises comprendió que así no podía seguir, pues su ejército se diezmaba. Decició entonces el persa emprender el regreso con todas las penalidades, llegó a Tebas y licenció a la parte de su ejército formada por griegos. Luego bajó a Menfis. "Tal fue el éxito de la expedición de Etiopía", dice Heródoto con ironía, si bien sabemos la opinión que un griego del siglo V antes de Cristo tenía de los persas, sus enemigos de siempre. (Arriba, Nubia respecto de Egipto. Véase al sur Meroe y un poco más al norte, Napata).

Hoy sabemos que no existió un solo reino en la Etiopía del alto Nilo, sino dos: Meroe y Napata, pero Heródoto no tuvo noticias de ello. La expedición de Cambises parece estar probada históricamente, pero los detalles que ofrece Heródoto han de ser sometidos a crítica.

Elogio de la lectura


En una carta que Plinio envió a su amigo Minicio Fundano le comenta cómo se desarrollan las actividades diarias en la ciudad. Si preguntas a alguien -dice- "hoy, ¿qué has hecho?", te respondería: "He asistido a la investidura de una toga viril, he acudido a unos esponsales o a unas bodas, uno me ha llamado para sellar su testamento, otro para una defensa, otro para un consejo". Estas ocupaciones... son ineludibles [pero] parecen frívolas... Pues entonces te asalta un pensamiento: "¡Cuantos días he consumido en asuntos tan triviales!". Esto me sucede cuando en mi residencia de Laurento [ciudad al lado de Roma] leo o escribo algo... Nada escucho que me arrepienta haber escuchado, nada digo que me arrepienta haber dicho; ante mí nadie denigra a nadie con discursos hostiles, yo mismo no reprocho a nadie sino a mí cuando escribo poco apropiadamente; ninguna expectativa, ningún recelo me atormenta, ningún chisme me turba; hablo solo conmigo y con mis libros. ¡Vida íntegra y sencilla! ¡Ocio agradable, honorable y quizá más bello que toda ocupación! ¡Mar, costa, museo auténtico y recóndito, cuántas cosas me discrubrís, cuántas cosas me aconsejais! Por tanto... entrégate al estudio y al ocio. Pues es preferible, como nuestro Atilio dijo... estar ocioso que no hacer nada. 

El único Atilio que conozco es un general, cónsul y senador romano del siglo III antes de Cristo, por lo que para Plinio, que vive entre el siglo I y el II después de Cristo, es una fuente antigua.

Ciudad actual y ciudad ideal

Basado en las ideas de Antonio di Piero Averlino, florentino del siglo XV, con su Tratado de Filarete (este fue su apodo), Leonardo da Vinci planteó la suya de ciudad ideal donde el "equilibrio y la funcionalidad" serían la norma. Pensó en que toda ciudad debía contar con calles superiores (para los ciudadanos) e inferiores (para los animales y el tráfico, en su época de tracción animal). Fue uno de los primeros que habló de planeamiento urbano, es decir, que la ciudad crezca de acuerdo con previsiones y no de forma improvisada. Esto, obviamente, ha de contar con el hecho de poner por encima el interés colectivo del particular, y ya sabemos lo que ha pasado en nuestras ciudades con la especulación del suelo y las recalificaciones urbanístias. (A la izquierda, Sforzinda, la ciudad ideal de Filarete).

Leonardo previó el saneamiento de su ciudad ideal (basuras, efluentes humanos, etc.) e imaginó que su ciudad ideal habría de ser diáfana, simple en las formas, ordenada y donde hubiera una "relación entre las partes y el todo con las partes", como en el caso del cuerpo humano. 

La diafanidad querida por Leonardo impediría la instalación de talleres e industrias en las proximidades de las zonas residenciales; la simplicidad vino a ser rota por el barroco posterior, aunque durante los siglos de este movimiento artístico se ordenaron urbanísticamente varias ciudades europeas; el orden estaba en consonancia con la mentalidad renacentista y humanista. ¿Que queda de la ciudad ideal de Leonardo? Las autoridades públicas elogian su figura pero ¿hacen algo por imitar sus ideas? 

Es cierto que hay ciudades europeas verdaderamente ejemplares, aunque no se hayan ajustado a los cánones leonardescos, que algunas ciudades han empezado un proceso de renovación de la mano de dirigentes políticos y especialistas que son un ejemplo a seguir, pero estos casos son minoría. Además, la ciudad, desde que se desarrolló a partir de la revolución industrial, ha sido -como tantas veces se ha dicho- reflejo de las desigualdades sociales. La ciudad ideal leonardesca habría de obviar estas desigualdades si las ideas que prevalecieran en nuestra civilización fueran las del interés colectivo. Esto no es así en la mayoría de los casos.

Howard y Arturo Soria a finales del siglo XIX volvieron a preocuparse por estos temas, con sus ejemplos de ciudad-jardín y ciudad-lineal, pero todos sabemos la limitación de dichos proyectos: privó el egoísmo, la incapacidad para defender los intereses sociales sobre los de los dueños del suelo. Ya sabemos que las ciudades no se construyen "ex novo" pero, ¿para cuando repensar las ideas de los urbanistas que nos han precedido ejemplarmente?

sábado, 31 de diciembre de 2011

Turoqua


Antonio de la Peña ha defendido muy argumentadamente la existencia de una mansio en la parte meridional del río Lérez, junto al puente del Burgo, en la ciudad de Pontevedra, que formaba parte de la vía XIX del Itinerario de Antonino. Esta mansio o "posada", era una edificación romana para repostar en los desplazamientos del ejército, aunque también diese servicio a otros viajeros (funcionarios, comerciantes, etc.). Al frente de cada mansio había un mansionarius o persona encargada de mantener la instalación. Esta mansio sería el origen de lo que siglos más tarde se configuraría como un pequeño núcleo de población (probablemente tras la destrucción de aquella) y luego una villa con fuero a partir del siglo XII: Pontevedra.

La mansio Turoqua o "torre del agua" (quizá el topónimo sea indoeuropeo o latino) se había instalado una vez que Gallaecia cayó en manos de la administración romana, no antes del siglo I antes de Cristo y muy probablemente a partir de la época augustea, cuando la organización del Imperio romano y de sus colonias alcanza un mayor desarrollo, con calzadas que unen unas ciudades a otras. La vía XIX del Itinerario de Antonino unía Bracara con Lucus y Astúrica. Como los pueblos del norte no fueron sometidos a la autoridad romana hasta finales del siglo I antes de Cristo (con algunos grupos todavía independientes en los vales de las montañas septentrionales) no cabe pensar en una Turoqua anterior a esta época. 

Antonio de la Peña señala que la mansio sería una construcción "ex novo", sin poblamiento anterior, que daría alojamiento, descanso y provisión a los transeúntes. Poco después, no obstante, se decidió edificar un puente, lo que -dice de la Peña- tendría que ver con el valor estratégico que se le dió a este punto. No hay que imaginar un solo edificio, sino una serie de ellos, más o menos conexos pero de poca importancia arquitectónica. El miliario encontrado en el lugar abunda en la existencia de la mansio, que se establecería siguiendo la necesidad de ella a cierta distancia de las más próximas.



Miliario de época de Adriano, primera mitad s. II d. C.