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jueves, 27 de junio de 2019

Anarquistas en Andalucía


Paisaje sevillano de olivares
Hobsbawm[i] se inspira en la obra de Gerald Brenan, “El laberinto español” para hablarnos del anarquismo andaluz, la “Sicilia de España”, según aquel autor dice. “Consiste, a grandes rasgos, en la llanura del Guadalquivir y las montañas que la contienen como una concha”. En los pueblos se concentra la población con un campo vacío al que los campesinos iban a vivir durante largos períodos en chabolas y cortijos.

Andalucía, sobre todo la occidental, ha sido país de grandes propiedades pertenecientes a terratenientes absentistas, tierras mal cultivadas, y una población de braceros y jornaleros no propietarios reducidos a un estado casi servil. Una parte de los predios era arrendada a corto plazo por pequeñas parcelas, y solamente una parte exigua de la propiedad era minifundista o estaba arrendada para períodos largos –porciones que formaban islotes políticamente conservadoras en un mar revolucionario-. Lo mismo que en Sicilia –dice Hobsbawm- los braceros trabajaban cuando había tarea para ello y pasaban hambre cuando no la había, como de hecho siguen haciendo hasta cierto punto. Este fue el caldo de cultivo para que las ideas socialistas, particularmente anarquistas, prendiesen en ese proletariado rural, sobre todo en las provincias de Sevilla, Cádiz, Córdoba y Málaga, pero también en las áreas mineras al oeste y al norte (Río Tinto, Pozoblanco, Almadén[ii]) donde sobre todo actuaban los socialistas.

Díaz del Moral y Brenan han demostrado que los pequeños terratenientes y los artesanos desempeñaron un papel tan importante, por lo menos, y algunos aseguran que más sostenido, en la política anarquista, ya que eran menos vulnerables económicamente y no tan apocados socialmente. “La revolución social en Andalucía [dice Hobsbawm], empieza poco después de 1850, aunque se hayan citado ejemplos anteriores como el del pueblo de Fuenteovejuna en 1476, un caso de revuelta contra la opresión de un señor, contando aquella con la colaboración de los cordobeses urbanos”. También hubo asonadas motivadas por el hambre en el siglo XVIII, pero parecen haber sido cosa más de las ciudades que del campo.

De mediados del siglo XIX se tienen noticias de cuadrillas de campesinos que merodeaban y aún de pueblos que asumían el poder. El primer movimiento revolucionario que atrajo atención específica fue la sublevación de Loja y de Iznájar en 1871, varios años antes de que llegaran a España los divulgadores del bakuninismo, pero quizá hubo una cierta influencia masónica en la sublevación de Loja. El período de la Internacional y de las agitaciones republicanas de 1868-1873 fue testigo de ulteriores movimientos: el cantonalismo o “independencia aldeana”, la exigencia de la división de tierras en Pozoblanco y Benamejí, donde los bandoleros habían sitiado con frecuencia a los ricos y donde el Estado no castigaba los delitos porque nadie estaba dispuesto a declarar.

Entonces apareció al anarquismo propagado por los enviados de Bakunin, lo mismo que en otros lugares de Europa, implantándose con fuerza en la Andalucía donde el latifundismo era más extenso: Cádiz y el sur de Sevilla; Medina Sidonia, Villamartín[iii], Arcos de la Frontera, Arahal[iv], Bornos[v], Osuma, El Bosque[vi], Grazalema, Benaocaz[vii], etc. Pero el movimiento se hundió poco antes de 1880 y volvió a resurgir pocos años después. La primera huelga general campesina es de dicha época y tuvo lugar en el área de Jerez, por aquel entonces y luego, fortaleza del anarquismo partidario de la violencia. En 1882 hubo otra llamarada, que culminó en la fácilmente reprimida marcha de varios miles de braceros sobre Jerez. A principios del siglo XX hubo otro brote, esta vez en forma de huelga general, táctica que hasta entonces no había sido considerada de modo sistemático como arma para llegar a la revolución social.

Las huelgas generales campesinas se reprodujeron por lo menos en dieciséis pueblos, en la provincia de Cádiz sobre todo, en los años 1901-1903, para venir luego otro período de quietud e iniciarse el mayor movimiento de masas hasta entonces conocido a consecuencia, según parece, de la revolución en Rusia. Es cuando Cádiz pierde su primacía en el anarquismo andaluz pasando esta a Córdoba. Durante la II República se asistió al último de los grandes rebrotes y en 1936 tuvo lugar la toma del poder en muchos pueblos anarquistas por parte de la población. Sin embargo, con la excepción de Málaga y de la franja cordobesa colindante, la zona anarquista pasó a estar bajo dominación de los militares rebelados. (Ver aquí mismo “Los primeros anarquistas españoles” y “Anarquistas y Tribunales de Urgencias”).



[i] “Rebeldes primitivos…”. En un capítulo de esta obra se basa el presente resumen.
[ii] En la provincia de Ciudad Real.
[iii] Norte de Cádiz.
[iv] Sevilla.
[v] Norte de Cádiz.
[vi]Nordeste de Cádiz.
[vii] Nordeste de Cádiz.

jueves, 8 de enero de 2015

La división en la CNT



Ángel Pestaña (1886-1937)



Nacida la Confederación Nacional del Trabajo en 1911, la mayoría de sus miembros eran anarquistas, pero también estuvieron afiliados individuos de ideologia marxista o no definida. Víctor Alba (1) señala que en su seno lucharon dos tendencias: la sindicalista y la anarquista, poniendo aquella el acento en la solución de los problemas inmediatos que padecían los trabajadores. Estas luchas culminaron en 1919 en el Congreso de la Comedia de Madrid, en el que la CNT se adhirió a la III Internacional, adhesión que terminaría tres años más tarde por decisión tomada en Zaragoza. Víctor Alba constata la paradoja de que fueron los anarquistas "puros" los partidarios de la adhesión, mientras que los sindicalistas como Seguí y Pestaña "se mostraron renuentes".

La CNT se organizó de la misma forma que lo haría a patir de 1932 el Congress of Industrial Organizations (CIO) en Estados Unidos, los llamados sindicatos únicos. En el exilio, durante la dictadura de Primo de Rivera, los sindicalistas de la CNT formaron en París un comité en el que se integraron miembros del recientemente creado Partido Comunista y el Estat Catalá de Francesc Macià, pero tras la visita de este a Moscú se disilvió, ya que el Estado soviético no apoyó la lucha armada que desembocó en el intento de Prats de Molló de los catalanistas y la entrada en España de un grupo de anarquistas por Vera de Bidasoa. El primero consistiría en una invasión militar desde aquella localidad francesa que impulsó Macià y su Estat Catalá, pero que Primo de Rivera impidió en 1926. Dos años antes los anarquistas, dirigidos por Durruti, intentaron formar una guerrilla para invadir España por Vera de Bidasoa, resultando un fracaso con muertes de por medio, e igualmente en 1926 intentó García Oliver atentar contra Primo sin conseguirlo.

Ya con Berenguer en la presidencia del Gobierno, Juan Peiró firmó el manifiesto de "Inteligencia Republicana", donde también figura Lluis Companys. Aquí ya hubo críticas por parte de quienes consideraban, dentro de la CNT, que todo acuerdo con republicanos no anarquistas era una contaminación, mientras que Pestaña apoyó dicha "inteligencia", pero no obstante la CNT apoyó la convocatoria de Cortes Constituyentes cuando cayese la dictadura, considerando que una Constitución que garantizase la libertad sería el camino (no el único) para la acción sindical. La CNT no participará, posteriormente, en actividades parlamentarias y se mostró siempre en contra de que el Estado interviniese en la solución de los conflictos entre los trabajadores y la patronal.

Ello no impidió que una delegación cenetista se entrevistase con el Presidente del Gobierno para conseguir que se levantara la prohibición de actuar a la CNT y reclamó "sin conseguirlo" -dice Alba- que se suprimieran los Comités Paritarios, aquellos en los que trabajadores y empresarios dilucidaban sus diferencias con el arbitraje del Estado. En este sentido tuvo lugar una entrevista entre Ángel Pestaña y el general Mola a principios de abril de 1930 (entonces este era Director General de Seguridad).

Cuando reaparece el periódico cenetista Solidaridad Obrera se manifiestan las diferencias existentes, pues los marxistas "pedían tolerancia dentro de la CNT", tolerancia que no les fue concedida en una clara contradicción con la propia esencia del anarquismo. Surge entonces la Federación Anarquista Ibérica (FAI) que en realidad se había fundado en Lyon en 1926 y luego en la playa del Cabañal de Valencia (1927). Su objetivo fue siempre actuar como un partido político aunque no mediante las elecciones ni en el Parlamento y conseguir el mayor poder posible en la dirección de la CNT.

Ante la FAI se formó "Solidaridad", un grupo del que formaron parte Pestaña, Peiró, Foix, Alfarache, Birlán, Playa, Buenacasa y otros. Para que no se considerase a este grupo un partido político (lo que estaba en contra del anarquismo) se le llamó "organización específica" según Víctor Alba, pero los dos sindicalistas más sobresalientes, Pestaña y Peiró, mostraron discrepancias entre sí cuando aquel empezó a plantear la necesidad del posibilismo, es decir, la negociación para conseguir el menos ante la dificultad de conseguir el más. Quienes más se opusieron a Pestaña fueron los miembros del Comité de Acción Revolucionaria, otro grupo en el seno de la CNT.

Los sindicalistas, no obstante, tras haber llegado a ciertos acuerdos con los republicanos no anarquistas retiraron su compromiso con ellos, lo que explica las muchas vías que los cenetistas de uno y otro signo emprendieron para desarrollarse. Incluso algunos militares se pusieron en contacto con la CNT, como Ramón Franco y otros, que asistieron a reuniones donde se trató de dichos contactos, mientras que republicanos y socialistas enviaron a Rafael Sánchez Guerra para que lograse la colaboración de la CNT. No hubo acuerdos, sin embargo.

La flexibilidad de la CNT permitió que "indomables" como García Oliver, Durruti o Ascaso, miembros de la FAI, se hiciesen con el control de varios sindicatos cenetistas, mientras que sindicalistas como Galo Díez se pudiese expresar de la siguiente manera en 1931: Cuando vamos ante el pueblo, ¿de que le hablamos? No le hablamos de sus deseos, de sus necesidades, de su miseria, de sus derechos. Le hablamos siempre de la revolución. ¿Ha encontrado alguien una revolución en la esquina? Durante venticinco años he soñado con la revolución. Han transcurrido venticinco años y todavía no me despierto... (2). Había posiciones tan distintas que amenazaban con la ruptura, por lo que los sindicalistas que luego se llamaron "treintistas" por el número de los que firmaron un manifiesto (entre otros Peiró y Pestaña) plantearon que es muy sencillo lanzar a las masas a la calle para que las golpeen y las disparen, pero quien hace esto, más que un revolucionario es un asesino moral. No hubo acuerdo, Peiró dimitió como director de "Solidaridad Obrera" y los cenetistas que a su vez son militantes del Bloc Obrer i Camperol son expulsados de la CNT por tener candidatos a puestos políticos...
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(1) "El movimiento no parlamentario en la segunda República".
(2) "Memoria del Congreso extraordinario celebrado en Madrid los días 11 al 16 de junio de 1931"; citado por Víctor Alba.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Los primeros anarquistas españoles

Además de la figura sobresaliente de Anselmo Lorenzo, cuando ya avanzaba la segunda mitad del siglo XIX y al calor de la fundación de la I Asociación Internacional de Trabajadores, fueron surgiendo núcleos anarquistas cuyos testimonios ponen de manifiesto la honradez, la ingenuidad y la claridad de ideas con las que aquellos hombres perseguían un ideal. Seco Serrano ha consultado la Biblioteca Arús donde constan muchos datos sobre los movimientos sociales de los últimos siglos. De este autor seleccionamos los textos que él ha recogido y que son cartas dirigidas de unos anarquistas a otros o de anarquistas que criticaban los comportamientos de otros dirigentes socialistas. Como es sabido, el introductor del anarquismo en España fue Giuseppe Fanelli, discípulo directo de Bakunin.

Francisco Tomás fue un ejemplo de anarquista de la primera época nacido a mediados del siglo XIX en Llucmajor y en Mallorca y Alcoy desarrolló su militancia sobre todo. A sus compañeros de Játiva les dirige las siguientes palabras en 1872: 

La Internacional no es otra cosa más que la unión universal de todos los que sufren, de todos los explotados, que desean emanciparse, que quieren ser hombres dignos y libres... Se entiende por anarquía la destrucción de todos los Estados políticos jurídicos-autoritarios y reunir en consecuencia a toda la humanidad en una libre Federación universal de libres asociaciones obreras agrícolas e industriales, como único medio para abolir los privilegios, la tiranía y la explotación; y que todos los seres humanos sean libres y dignos...

A unos trabajadores de Anna, al sur de la provincia de Valencia, dirige estas palabras en 1873: 

La anarquía, compañeros, no significa otra cosa más que la abolición de todos los poderes autoritarios y de todas las tiranías y el establecimiento de la verdadera libertad en la libre Federación de los grupos de trabajadores libres. El colectivismo no es otra cosa más que la transformación de la proiedad para que cada uno sea propietario del fruto de su trabajo y todos tengan el deber de trabajar para vivir.

En una carta a los anarquistas de El Ferrol, en 1872, les dice lo siguiente: Para los colectivistas anárquicos, siendo la Internacional el resultado espontáneo de las necesidades de los trabajadores del mundo, solo la práctica de la solidaridad debe ser el único punto y lazo de unión, pudiendo en consecuencia disentir en los medios, principios e ideas... Si la Internacional fuese una escuela económica, no sería posible reunir en su seno a todos los trabajadores del mundo, sería una secta, y no la unión universal de los asalariados y de todos los hombres de buena voluntad que desean la completa y radical emancipación de las clases trabajadoras. 

"Todos los hombres de buena voluntad": ¿y los que no están por esa labor, que se encuentran entre los trabajadores y entres sus explotadores? "Solo la práctica de la solidaridad...": ¿como es posible imaginar que la solidaridad se ha de extender tanto que haga posible el ideal anarquista? Hace falta tener una idea muy distinta de la real sobre los compostamientos y motivaciones del ser humano para hablar de esta manera.

Cuando se produce la ruptura entre marxistas y bakuninistas en el Congreso de la Haya de la I Asociación Internacional de Trabajadores, José Vidal, de Murcia, escribe en ese mismo año:

Con fecha 19 del corriente mandé una carta a la redacción del periódico "La Emancipación" [órgano de prensa marxista] en la que les felicitaba y declaraba estar conforme con la conducta observada por ellos, pero más tarde, cuando asiste a las discusiones derivadas de aquella ruptura, se arrepiente y dice: ...que sepan que estoy arrepentido de haber felicitado a los nueve traidores que constituyen la llamada Nueva Federación Madrileña, a los que no reconozco como internacionales. Dicha Federación era el origen de lo que algo más tarde será el Partido Socialista Obrero Español.

La rectificación de José Vidal es aplaudida por Severo Albarracín en carta a Jose Belda, otros dos anarquistas de la primera época. El mismo Albarracín escribe a los anarquistas de Brihuega (Guadalajara) en 1873: Los partidos políticos de los que en algún tiempo hemos esperado alguna cosa, nada nos pueden dar, porque sus intereses son contrarios a los nuestros... Y cuando se dirige a los internacionalistas de Estados Unidos se expresa de forma muy singular refiriéndose al fenómeno cantonalista que se está dando en España: No habeis podido apreciar con exactitud lo que sucede en España, porque los periódicos burgueses todo lo transforman y adulteran, y en el mismo defecto caen los obreros si cogen noticias de dichos órganos de la burguesía. El movimiento de Alcoy ha sido un movimiento puramente obrero, socialista revolucionario. El movimiento de Cartagena es puramente político y burgués. Tanto es así, que en Cartagena existe un gobierno enfrente del gobierno que existe en Madrid, como el gobierno carlista que existe en Estella está al frente de este último. Es decir, que en España por falta de gobiernos no se puden quejar los amantes de la autoridad, porque cuando no hace falta ninguno, tenemos tres.

Rechazando un intento de huelga Francisco Tomás, se dirige en 1872 mediante carta a sus correligionarios: Su bandera (la de los "farsantes políticos") solo puede lograr que los trabajadores sean carne de cañón, si son derrotados; y carne de burgués si logran el triunfo... No tenemos todavía la fuerza ni la organización necesaria para destruir todas las injusticias, y por esto, en lugar de prestar apoyo a los bullangueros políticos [se refiere a los republicanos de Barcelona y Manresa] secundando sus planes de ambición y mando, es necesario organizar a los trabajadores todos... 

El catalán Roca Galès, tejedor, tuvo preocupaciones por la formación de los trabajadores, y en un congreso en Barcelona consiguió que se aprobase la resolución que sigue: Debe procurarse, ante todo, que la instrucción de nuestra clase sea más alta y sea más eficaz... En las grandes poblaciones, centros de agricultura y de industria, se constituirán ateneos instructivos para adultos, procurando que estos sean subvencionados por los municipios o las diputaciones provinciales... Y en esta última parte incurría en la contradicción de recurrir a instituciones de poder negadas por los anarquistas, además de estar en manos de personal burgués. 

En 1872 fueron los anarquistas de Murcia los que dicen que se creen escuelas puramente internacionales, es decir, para anarquistas. ¿Como no entender estas propuestas si -siguiendo la investigación de Seco Serrano- la Unión de Obreros del Calzado de la Región Española (anarquistas) constató que en 1873 el jornal en los días de trabajo era de 6 a 14 reales, mientras que los gastos de manutención eran de 7 a 15 reales y las horas de trabajo en dicho sector oscilaban entre 11 y 16 diarias? El mismo Seco constata que las condiciones de trabajo de muchos obreros en la España de la época eran "infrahumanas", con trabajo "de sol a sol" y "salarios de hambre". Bien se puede comprender que se extendieran las ideas anarquistas (socialistas en toda regla) que impusiesen "un examen de conciencia" a la burguesía.

"Que yo sepa -dice Seco Serrano- no se han estudiado nunca detenidamente los sencillos programas ideológicos de los primitivos 'líderes' españoles, expresión de una mentalidad traducida en una radical vocación de justicia". 

viernes, 13 de septiembre de 2013

Ravachol en Pontevedra


Hoy se yergue en la plaza de la Peregrina, en Pontevedra, un loro metálico que representa al que un boticario célebre pontevedrés tenía a la puerta de su establecimiento, muy cerca, y que hacía las delicias de los contertulios. Pero Ravachol fue, durante la Francia del siglo XIX, un activista de ideas anarquistas que optó por la acción directa o, dicho sea de otra forma, por la violencia. Esto no desmerece la nobleza de sus ideas, que ha dejado plasmadas y que hoy están sobradamente divulgadas. 

Su nombre era François Koënigstein y tuvo una infancia dura y miserable por las condiciones de pobreza de su familia. Como teórico del anarquismo no puede comparársele con Most, Cafiero, Tucker, Bakunin, Kropotkin, Reclus y otros. El anarquista Ravachol acabó sus días en 1892 tras ser detenido y habiendo pasado por la guillotina, como era común en aquellos años.

No tengo ni idea de si el boticario pontevedrés, don Perfecto Feijóo, puso el nombre de Ravachol al loro teniendo en cuenta la personalidad del anarquista, pero en algún lugar he leído que el hombre había leído sobre él y de ahí que eligiese dicho nombre para el loro, pues era protestón e inquieto, además de irreverente en sus vocablos. Volviendo al Ravachol humano, quede aquí una referencia de su pensamiento: 

Es la sociedad quien hace los criminales, y vosotros, jueces, en lugar de golpearlos, deberíais usar vuestra inteligencia y vuestras fuerzas para transformar la sociedad. De golpe suprimiríais todos los crímenes; y vuestra obra, atacando las causas, sería más grande y más fecunda que vuestra justicia que se limita a castigar sus efectos. Yo no soy más que un obrero sin instrucción, pero porque he vivido la existencia de los miserables, siento más que un rico burgués la iniquidad de vuestras leyes represivas. ¿De dónde tomais el derecho a matar o encerrar a un hombre que, puesto sobre la tierra con la necesidad de vivir, se ha visto en la necesidad de tomar aquello que le faltaba para alimentarse? Yo he trabajado para vivir y hacer vivir a los míos; hasta tal punto que ni yo ni los míos hemos sufrido demasiado. Me he mantenido lo que vosotros llamáis honesto. Después el trabajo faltó, y con el paro vino el hambre. Es entonces cuando esta gran ley de la naturaleza, esta voz imperiosa que no admite réplica: el instinto de conservación me empujó a cometer ciertos crímenes y delitos que ustedes me reprochan y de los que reconozco ser el autor.

miércoles, 24 de julio de 2013

La judía Feiga Jaimova Roitman

A finales de agosto de 1918 Feiga Roitman disparó a Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, hiriéndole gravemente, aunque el líder bolchevique se recuperaría de sus heridas, una de ellas en el pulmón. Solo se sabe de la autoría de los disparos por testimonios que no fueron definitivos y por la confesión de la autora, que se mostró contraria al cariz que tomaba la revolución bolchevique. No era la única: socialistas de las más variadas familias también estuvieron en desacuerdo con la dictadura leninista, pero los bolcheviques, quizá mejor organizados, fueron capaces de hacerse con las riendas del poder, contar con el apoyo de la mayor parte del ejército -sobre todo la tropa- y con muchos obreros de las ciudades del oeste. No así con los campesinos, que estaban adscritos al anarquismo en algunas regiones y a los social revolucionarios, implantados sobre todo en el campo ya durante el zarismo. 

Al noroeste de Ucrania se encuentra Volinia, la región donde había nacido Roitman en una familia judía; más tarde la anarquista Feiga adoptaría el nombre Yefimovna Kaplán. Su trabajo desde muy joven en Odesa le enseñó la dureza de las condiciones de vida de la clase obrera, que ella padeció también. Pronto cometió algunos atentados terroristas, por lo que fue enviada a un campo en Siberia. Como tenía alguna formación las autoridades no la sometieron a los trabajos más penosos y junto con otras mujeres afectas al socialismo tuvo la oportunidad de intercambiar ideas y experiencias. 

Cuando comprobó las intenciones de los bolcheviques se opuso a ellos y comenzó una militancia a medio camino entre el anarquismo y el socialismo revolucionario en Crimea, pero siempre en oposición al nuevo régimen, que se debatía entre la salida de la guerra mundial, la guerra civil, la miseria y la división del país. Su vida personal estuvo llena de penurias, llegando a quedarse ciega, lo que en medio de la desesperación le llevó a un intento de suicidio. Posteriormente consiguió ser curada parcialmente de la ceguera y volvió a ver. 

El terror se había apoderado de Rusia y los demás territorios a ella adheridos: el ejército blanco no era más benigno que el ejército rojo, las checas creadas por los bolcheviques asesinaban sin miramientos, las delaciones de multiplicaban y la falta de seguridad jurídica era total. Detenida Roitman tras el atentado contra Lenin, mostró su carácter indisciplinado y lejano a la colaboración con sus captores. Encarcelada en Lubyanka, nombre de una plaza de Moscú, sufrió malos tratos e interrogatorios humillantes. Parece indiscutible que fue ella quien atentó contra Lenin, pues llegó a confesarlo: ¿quizá porque se vio perdida y quiso pasar a la historia como una valiente liberadora?

En todo caso Feiga Roitman (Kaplán) es un ejemplo de la enorme desunión eixstente entre los revolucionarios que lucharon para acabar con el zarismo. No fue el pueblo quien derrocó dicho régimen, o al menos no se puede admitir de forma tan simple. Fue el ejército, un partido revolucionario fuertemente jerarquizado como el bolchevique y la participación de soviets y obreros de las ciudades, muchos de los cuales se apartaron luego del bolchevismo. La represión y el cierre de la prensa de los grupos socialistas no bolcheviques muestra que muy pronto la pretendida democracia soviética se quebró. Algunos como Roitman constituyen premoniciones de lo que luego vendría.

viernes, 19 de julio de 2013

Bakunin en la fortaleza de San Pedro y San Pablo


Hay dos facetas en la vida de Bakunin que destacan por encima de todas las demás: una es su esfuerzo por el estudio sobre la sociedad, sobre el ser humano y sobre los caminos para la liberación del mismo; la otra es su participación en varios movimientos revolucionarios pero no siempre constructivamente, sino en varias ocasiones a la contra, acusado injustamente -creo- de lo que no era. 

A mediados del siglo XIX estuvo preso en la fortaleza de San Pedro y San Pablo el anarquista Bakunin, después de haber renunciado al patrimonio de su aristocrática familia y de haber estudiado filosofía en Moscú. También había participado en varios movimientos revolucionarios en Alemania, París y Suiza, pero será en Dresde donde, en 1849, es detenido y condenado a muerte, pena que se le conmutó para ser entregado a las autoridades rusas, que le encarcelaron.

La fortaleza de San Pedro y San Pablo, empezada a construir a principios del siglo XVIII sobre una de las islas que se forman en el delta del río Nevá, no presentaba a mediados del siglo siguiente el aspecto que hoy tiene, pulcro y remozado; se trataba de un conjunto de murallas formando un exágono con baluartes en sus ángulos; en la parte interior edificios y una iglesia que ha sido catedral en otro tiempo. En uno de esos edificios estuvo preso seis años Bakunin. Hoy, en el estrecho margen que queda fuera de la muralla, los rusos de San Petersburgo se solazan y bañan en el río.

Aunque con frecuencia se tiene la idea de que el siglo XX empieza en Rusia como si se tratase de un estado feudal al que las ideas de todo tipo no habían llegado, esto no es así. La invasión napoleónica de 1812 fue interpretada por los intelectuales no solo como la ocasión para defender la independencia, sino en clave ideológica, es decir, sabían que ideas pretendía extender la revolución francesa, y ya en el siglo XVIII las clases dirigentes, aunque conservadoras, habían estado en contacto con la ilustración occidental, particularmente francesa. Los "dekabristas" en 1825 intentaron que el liberalismo se abriese paso en Rusia, aunque sus intentos fueron abortados, pero es una fecha muy temprana si comparamos el avance del liberalismo en otros países europeos: los diversos países alemanes, por ejemplo. 

Las reformas de Alejandro II, aunque el reinado de este corresponde ya a la última etapa de la vida de Bakunin, abrieron las posibilidades para que populismo, nihilismo, socialismo y liberalismo se abriesen paso, aunque solo en las ciudades. No obstante el campo ucraniano estaba muy trabajado a principios del siglo XX por los anarquistas, lo que quiere decir que había una labor realizada en el siglo anterior.

Los seis años que pasó Bakunin en la fortaleza de San Pedro y San Pablo le permitieron reflexionar sobre la naturaleza humana, sobre las condiciones de vida de la mayoría de la población, sobre la injusta naturaleza del estado zarista y quizá reflexionó también sobre su temprana experiencia como militar, sus contactos con los socialistas alemanes y luego en Suiza. Cuando salga de la fortaleza será para ir a Siberia hasta que consiga escapar a Japón y luego vagar por medio mundo. Su influencia en el pensamiento socialista (anarquista en particular) es extraordinaria y la pobreza con la que sobrellevó los últimos años de su vida revelan que las acusaciones de que fue objeto por seguidores de Marx -y por este mismo- no tuvieron nunca fundamento.

sábado, 13 de julio de 2013

Los anarquistas de Ucrania


Como otros muchos fenómenos históricos la revolución rusa y la guerra civil que le siguió fueron muy complejos, con varios ejércitos luchando cada uno con objetivos distintos y contradicciones en todos ellos. El campesinado ucraniano estaba bien trabajado por las ideas anarquistas, como los trabajadores de las industrias en el oeste de Rusia lo estaban por las ideas socialistas en general, aunque luego fuesen los bolcheviques los que mejor capitalizasen el trabajo realizado por unos y otros durante el zarismo. Cabe preguntarse qué habría sido de la revolución rusa sin la defección del ejército, muchos de cuyos efectivos se pasaron a las filas de la revolución al ver como se producían los acontecimientos. Cansados muchos de la Gran Guerra, no sabían que poco después tendrían que invadir Polonia, prolongando el sufrimiento de familias y soldados; algunos estarían guiados por el nacionalismo ruso (había rusos en Polonia) y tras la revolución la guerra civil en la que por lo menos se distinguen cuatro ejércitos: el creado por Trostky, el ejército Negro de los anarquistas ucranianos, el de los nacionalistas y el Blanco de los zaristas, potencias occidentales y bolcheviques. Los componentes de este último no perseguían objetivos políticos idénticos.

El verdadero dirigente de los anarquistas ucranianos fue Néstor Majnó, un capesino que sabía lo que era la miseria en Guliaipole, al sureste de Ucrania; más tarde fue encarcelado en Moscú y allí aprovechó para formarse, aunque sus ideas anarquistas le vendrán del contacto con personas más instruída que él. En 1917 dirigía el soviet de Guliaipole. Lo que a los anarquistas ucranianos interesaba era el control sobre sus tierras, que había estado en manos de grandes terratenientes y de la Iglesia con anterioridad. Esto había sido compatible con la pequeña propiedad que, cuando estalla la revolución de 1917, sobre todo a partir de octubre, estaba en peligro. Este objetivo, junto con el de no someterse a autoridad alguna, sabedores como eran de lo que había respresentado el estado zarista, eran la razón de su lucha.

Esto les llevó a aliarse circunstancialmente con los bolcheviques o con nacionalistas "verdes" según los casos. Con aquellos tenían en común las ideas igualitarias de la sociedad, pero con estos la independencia respecto de Rusia. Por ello veremos anarquistas luchando en el ejército rojo durante la guerra civil entre 1918 y 1920, en el ejército negro que les era propio y en actividades guerrilleras de otro tipo. A esta complejidad habría que añadirle las actividades de los cosacos del Don, guerrilleros que actuaban por su cuenta, se vendían al mejor postor pero terminaron colaborando con el ejército blanco bajo las órdenas del general Denikin. Muy cerca de Guliaipole se dio una importante batalla entre blancos y anarquistas, en la región de Mariupol.

Cuando los bolcheviques se hicieron con el poder tras la guerra civil la represión en Ucrania contra todo disidente no tuvo nada que "envidiar" a la que se dió con otras nacionalidades: algunos anarquistas -quizá no pocos- se integraron en las estructuras del estado soviético, pero otros muchos fueron arrestados, encarcelados y fusilados hasta extremos difíciles de cuantificar. Contra el ideal anarquista se encontraba ahora un régimen altamente jerarquizado, opuesto a las libertades individuales, represor de toda disidencia; los anarquistas ucranianos no pudieron imponer su modelo y Ucrania, como lo había sido ya, se convirtió en el granero del nuevo estado.

martes, 12 de junio de 2012

Anarquistas y Tribunales de Urgencias


La Constitución española de 1931 estableció, en su artículo 105, los Tribunales de Urgencias. Sabían los constituyentes que los problemas de orden público, que ya se habían empezado a manifestar, eran continuación de aquellos que provenían del siglo XIX (susbistencias, consumos, anticlericalismo) así como los que empezaron a darse a partir de 1909, continuaron con la gran huelga general de 1917, luego con el pistolerismo (de la patronal y de algunos sindicalistas) con el paréntesis parcial de la dictadura primorriversita y vuelta a empezar. 

La ideología que más ha contribuído a extender la idea de que la violencia es un arma legítima ante la situación de pobreza, desamparo y explotación, ha sido el anarquismo. Si bien ha habido varias corrientes anarquistas, lo cierto es que la España agraria, pobre y con la mayor parte de la población desatendida de los poderes públicos, fue un caldo de cultivo excelente para que prendiesen las ideas de violencia como expresión del descontento y como vía para solucionar los problemas a corto plazo.

Durante la II República española, y todavía en el primer bienio, se aprobó una Ley de Orden Público (1933) que pretendía dar solución a los graves problemas que planteaban asaltantes, sindicalistas, patronos y otros agentes del mundo económico y del trabajo. Dicha ley daba cierta discrecionalidad para actuar con los acusados, lo que habla de la excepcionalidad en la que vivió la II República española desde principio a fin. Eliseo Moreno (1) ha estudiado los conflictos en el campo aragonés durante el segundo bienio republicano, cuando se endurecieron las acciones contra los trabajadores sindicados, sobre todo anarquistas, de acuerdo con el ideario político del Partido Radical (ya venido al conservadurismo) y su apoyo parlamentario, la CEDA, verdadera amalgama de propietarios, católicos, fascistas y tradicionalistas que solo aceptaron el régimen republicano "accidentalmente".

 En otras partes de España, como es lógico, también actuaron los Tribunales de Urgencias y también hubo desórdenes, delitos, actos de sobrevivencia, que van desde la quema de domicilios (de patronos), pasando por robos, acciones muchas veces individuales, persecución de maestros, comprometidos muchos de ellos con la extensión de las ideas progresistas, de las que se derivaban a veces interpretaciones fuera de la ley. El autor citado nos habla de "interrupción de oficios religiosos, robo y profanación de imágenes sagradas, obstrucción al paso de procesiones", señal inequívoca de que se identificaba a la Iglesia con los poderosos, con aquellos grupos que explotaban a la población humilde y que se acomodaba a la tradición antes que denunciarla. 

El diario ABC de fecha 23 de diciembre de 1933 (un mes especialmente activo para el sindicalismo anarquista) informaba de las actuaciones de los Tribunales de Urgencia en varias provincias españolas: Teruel, Logroño, Castellón, Vitoria (Álava), Pontevedra, Sevilla, Oviedo (Asturias), Valladolid, Coruña (sic), Huesca, Valencia, Bilbao (Vizcaya) y Santander. Por lo que se ve la actividad anarquista -y sindical en general- se había extendido a casi toda la geografía española. En el caso de Pontevedra el encausado fue Eustaquio Vieira Fernández, condenado a cuatro meses y un día de arresto mayor por tenencia de sustancias y aparatos explosivos. En el caso de A Coruña, Ricardo Taboada y Lino López Temprano, por tenencia de armas en casa, a cuatro meses y un día de arresto. 

En Barcelona -dice el mismo diario de la misma fecha- el Tribunal de Urgencias dictó las siguientes sentencias: "Se condena a Marcelo Bergés, por tenencia ilícita de armas, a cuatro meses y un día de arresto; a Joaquín Sala, por resistencia, con la atenuante de embriaguez, dos meses y un día de arresto y 250 pesetas de multa; a Eugenio Seminario, por tenencia de armas, se le absuelve; a José Ferrer, por coacciones, se le absuelve, dejándole a disposición de dicho Tribunal mientras dure el actual estado de alarma [decretado por el Gobierno en aquellos días]; a Francisco Subirats, por tenencia de armas, cuatro meses y un dia de arresto, y a Juan Catado, por desobediencia, se le absuelve, apreciándosele el hecho como falta". 

La población campesina, sobre todo la que era de condición jornalera, arrendataria o aparcera, ganada para la causa del socialismo o de su versión anarquista, en muchas ocasiones no tenía inconveniente en generalizar acciones como las que se citan: nada tenía que perder, y además sabía que mientras así eran arrestados y juzgados los campesinos, una sociedad opulenta e influente gozaba de privilegios que la justicia garantizaba, mediatizada por la situación cambiante y nunca consolidada, proveniente en muchos casos de la época monárquica y de la dictadura primorriverista.
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(1) "Desorden en el campo. Análisis de la conflictividad en la sociedad rural aragonesa durante el Bienio negro".