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miércoles, 5 de abril de 2023

Vías romanas en La Rioja

 

                                                                             Río Tirón

Alfaro y Calahorra son hoy ciudades riojanas que formaron parte de la o las vías romanas que comunicaban Caesaraugusta con Astúrica, pero también cabe citar otros topónimos como Varea (hoy un barrio al este de la ciudad de Logroño), Monte Cantabria en las proximidades de la citada ciudad, en la margen izquierda del río Ebro, de unos 500 m. de altitud; Agoncillo, en el norte de La Rioja limitando con Navarra; Venta de Valpierra, un despoblado entre Nájera y Haro; Tricio, Libia (antigua “ciudad” berona en las proximidades de Herramélluri[i]), Murillo de Río Leza[ii], Aranzana de Arriba (en las proximidades de Nájera), Cerezo de Río Tirón (actual provincia de Burgos, en el límite con La Rioja), la no localizada Atiliana, entre Briviesca y Barbariana, siendo esta una antigua mansión romana en Murillo de Río Leza[iii] que han estudiado P. Pascual Mayoral y P. Pascual González (1994).

Según Carmen Alonso Fernández y F. Javier Jiménez Echevarría[iv], las vías romanas que se construyeron en La Rioja actual estuvieron condicionadas por el curso del río Ebro, y a lo largo de ellas se establecieron las mansiones para descanso de los viajeros. Como en otros muchos casos, el Itinerario de Antonino (el emperador Caracalla) es la fuente clásica fundamental, pero deben tenerse en cuenta también los trabajos arqueológicos.

Dicen los autores citados que el trayecto más importante en época romana era el que unía la ciudad de Tarraco con el noroeste de la península pasando por Caesaraugusta, que está representado en las vías 1 y 32 de la citada fuente, pero cuando se trata de localizar las mansiones de las mismas no hay coincidencias siempre; por ejemplo, se desconoce la situación de las mansiones de Atiliana y Barbariana.

Los miliarios son una importante fuente de información, no solo por las epigrafías que en ellos se contienen sino por su localización geográfica, siempre que se encuentren en el lugar original. De los siete miliarios documentados en La Rioja, el de Calahorra ha sido datado en el año 9 a. de C., que correspondería al tramo viario construido en el mismo año en dicha localidad, y un fragmento encontrado en el río Alhama, en Alfaro, es también de la misma época. Otro fragmento encontrado en Arenzana de Arriba, relacionado con la vía a su paso por Tricio es de la época de Claudio ( 43-44 d. C.) y los tres militarios restantes se atribuyen a la segunda mitad del siglo III, uno en Tricio y dos más en el Barranco del Obispo, Argoncillo.

En cuanto a los puentes de factura romana se han documentado dos: el de Mantible, sobre el río Ebro y entre los municipios de Logroño y Lanciego (Álava); el otro es el de Cihuri, sobre el río Tirón, al suroeste de Haro, pero ninguno de los dos está en la vía objeto de estudio por Alonso Fernández y Jiménez Echevarría. Estos autores consideran que hay tres lugares básicos para las vías romanas en La Rioja: Agoncillo, Varea y Tricio, de este a oeste; desde Agoncillo la vía cruzaba el río Leza, y a partir de aquí se establecen dos hipótesis: hasta Varea por el Camino de la Pasada del Cuarto del Ahorcado (?) o por el Camino Real a su paso por Villamediana de Iregua (al norte de La Rioja).

En todo caso –dicen los autores a los que seguimos- “debe erradicarse la idea estereotipada […] respecto a cualquier similitud de las calzadas de Hispania con las enlosadas italianas”, aun tratándose de obras realizadas en los mismos momentos. En general “las vías romanas son caminos estrechos”, aunque cuando el terreno lo permitía superaban los diez metros de anchura. En Hispania se empleaban materiales locales, siendo preferente la rectitud del trazado (salvo cuando no era posible). En ocasiones el trazado obedecía a criterios de estrategia militar, discurriendo a cierta altura, ya que era más fácil dominar visualmente el terreno, además de que así se evitaban inundaciones.

Parece que hay acuerdo, aunque no unánime, en que la vía romana en la actual provincia de La Rioja comenzaría en Corella (Navarra) para llegar a Alfaro (la Graccurris romana fundada en 179 a. C.) sobre la base de una “ciudad” vascona, “que figura como mansio de la vía XXXII del Itinerario de Antonino”. Luego continuaría hasta Cascante (de nuevo en la actual Navarra), aunque hay dudas sobre esto último; la vía cruzaría el río Alhama y se dirigiría hacia Rincón de Soto (al nordeste de La Rioja). Luego llegaría a Pradejón, Navarrete y Tormantos, en el extremo noroeste de La Rioja, viéndose que el valle del Ebro es hilo conductor de la vía.

Se han realizado trabajos arqueológicos en San Torcuato (noroeste de la provincia), pudiéndose ver los diferentes estratos de la vía romana, pero solo mediante fotografía aérea es posible deducir el trazado de la vía en Herramélluri.


[i] En el extremo noroeste de La Rioja.

[ii] Al norte de La Rioja.

[iii] Al norte de La Rioja.

[iv] “La vía romana de Italia a Hispania a su paso por la Comunidad Autónoma de La Rioja”. En este trabajo se basa el presente resumen.

sábado, 30 de enero de 2021

Alpargatas, harinas y batanes

 


El Corregimiento de Ágreda y Cervera del Río Alhama abarcaba en el siglo XVIII un territorio que hoy corresponde, respectivamente, a una pequeña porción de las provincias de Soria y La Rioja (*), el elegido por José Luis Martínez Jiménez para su tesis doctoral[iii]. Uno de sus capítulos se refiere a la industria, dependiente en la mayor parte de los casos del cáñamo producido en dicho territorio, los cereales, la vid y las aceitunas; por lo que respecta a la ganadería la principal materia prima es la lana para la fabricación de paños.

En el siglo XVIII, aunque en diferentes momentos, hubo fábricas o talleres para la transformación del cáñamo, de harinas, vino, aceite, batanes, una fábrica de jabón, lino, márraga, lonas, vitres, hilazas, alpargatas, alfarería, cordelería, tenerías[iv], lienzos, sayales, tintorerías y una tejera. La diversidad es indicativa de la atomización de estos talleres, algunos de los cuales tuvieron una vida larga, pero otros más bien corta. Los datos suministrados por Martínez Jiménez permiten, no obstante, valorar el papel de la industria a pequeña escala en una región apartada de los grandes centros productores (Barcelona, Madrid, Bilbao, Sevilla, Valencia, etc.).

La atomización se pone de manifiesto, también, en los numerosos lugares donde se encuentran los talleres: Cervera del Río Alhama, Ágreda, Aguilar de Río Alhama, Aldehuela de Ágreda, Cornago-Igea, Cigudosa, Beratón, Débanos, La Cueva de Ágreda, Montenegro, Añamaza, Barnueba, Valverde, etc. Los talleres daban trabajo a una gran cantidad de especialidades artesanas: hiladores, trenzadoras, capelladoras, teloneros, urdidores, tintoreros, curtidores, alfareros, molineros, etc., sin olvidar a los que suministraban la materia prima (agricultores que sembraban, regaban, soleaban, empilaban…), así como los que permitían la comercialización de los productos elaborados llevándolos por los caminos en burros y carros.

Algunos de los productos citados eran llevados a otros lugares de Castilla y Navarra, Francia, Portugal, Sevilla, Cataluña y la costa mediterránea, así como a los puertos de A Coruña, Santander y Bilbao, ya que las lonas se fabricaban para consumo de la Real Armada y para la de Correos Marítimos de A Coruña.

La fábrica de jabón se encontraba en Cervera, produciendo al año 3.450 kg. de jabón, producto que se venía usando en España, como en otros países, desde el siglo XVI, pero se generalizó en el XVIII. También en Cervera había 18 telares de lino-cáñamo para la fabricación de alpargatas, empleando, por término medio, a 9 personas por telar. Se fabricaban también márragas, en la misma localidad, de diversas calidades: recia, de 80 varas, delgada, padilla (para sacos que contendrían lana), costales para trigo, harina y otros productos. El autor habla de 25 telares para márragas, dando trabajo a 23 urdidores.

Una fábrica de lonas en Cervera fue propiedad de una familia de cosecheros de cáñamo, que aprovecharon la abundancia de agua para los blanqueos[v]. Por medio de una Real Cédula se concedió a la familia propietaria de esta fábrica (1798) franquicia para producir lonas, vitres e hilazas, escriturándose el establecimiento en 1790 con un capital de mil reales, pero la fábrica se cerró en 1808 a causa, quizá, de la guerra contra la invasión napoleónica.

En Ágreda, en 1784, había doce telares de lino-cáñamo, dando trabajo a 540 personas (45 por telar), pero hasta 1760 habían existido 33 “telares corrientes”. Los tintoreros, por su parte, teñían la lana con añil en orines, y los paños finos de dicho producto se teñían en negro, siendo la lana, de los ganados que pastaban en Soria y La Rioja.

La manufactura alfarera  se limitaba a un taller en Ágreda, donde se fabricaban productos vidriados y barnizados, usando alcohol que se adquiría en los Reales estancos. Se abastecía a la villa, su jurisdicción y muchos pueblos de Navarra.

En Ágreda había 24 maestros tejedores, pero solo trabajaban medio año porque no tenían suficiente materia primara para hacerlo al completo, habiendo también dos fábricas de márragas y cordelería para hacer sacos y llenarlos de lanas finas que se llevaban a Inglaterra, Holanda, Francia y otras partes.

Había diez u once maestros en algunas tenerías, donde se procedía al curtido y zurrado de los cueros, fabricando al año 2.200 cordobanes, 500 cueros para zapatos y 1.400 badanas[vi], siendo la fábrica que las elaboraba antiquísima. Doce maestros, once oficiales y treinta mujeres y muchachos, por su parte, fabricaban alpargatas, haciendo 5.100 pares al año.

Había batanes en Ágreda, Vozmediano y Débanos para tupir los paños y, según el Catastro de Ensenada, 11 molinos harineros, un lavadero para lana churra y siete tenerías (también en Ágreda).

En Aguilar de Río Alhama se fabricaban lienzos, puro y de estopa, empleando lino como materia prima. En esta localidad había un molino harinero, otro en Inestrillas y otro más en Aldehuela de Ágreda.

¿Cuál fue el problema para que estas industrias no prosperasen más allá de su nivel artesanal? La falta de capitales, la inexistencia de maquinaria (elemento definidor de la moderna industria) y los cambios producidos en el consumo a lo largo del siglo XIX, si bien algunas de estas industrias artesanas perduraron durante parte del mismo.

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(*) Ágreda se encuentra al nordeste de la actual provincia de Soria y Cervera del Río Alhama al sureste de La Rioja.

[iii] Lamentablemente hay muchas incorrecciones y errores de redacción, independientemente del interés y mérito que tienen sus datos.

[iv] Los batanes eran máquinas para tupir los tejidos. Estaban situados donde había una corriente de agua que hacía mover una rueda, la cual activaba los mazos. Márraga es la tela que se fabrica para sacos. Vitres hace referencia a objetos vidriados de variada calidad (suponemos que en relación con la alfarería). En las tenerías se curtían las pieles.

[v] El autor señala que los ríos de la zona, Alhama en primer lugar, tenían un caudal más copioso que en la actualidad.

[vi] Piel curtida de oveja o carnero.

Fotografía: Cervera del Río Alhama (centros2.pntic.mec.es/cra.de.alhama/Cervera/Cervera).


domingo, 24 de noviembre de 2019

Las bóvedas de Juan de Acha

Bóveda de Juan de Acha en la iglesia de San Miguel. Tricio.

El 20 de junio de 1528 se firmó en Tricio el contrato por el que los canteros Martín de Vergara y Juan de Acha debían hacer la capilla mayor en la iglesia de San Miguel de la localidad citada. Asombra la minuciosidad con la que el escribano pone todas las cláusulas, que llegan a ser veinticinco, además de otras consideraciones.

Se constata que Tricio era un barrio de la ciudad de Nájera y que los testigos del contrato que se firmó eran, por una parte, beneficiados de la iglesia de San Miguel, miembros del concejo, un arcediano canónigo de la iglesia de Calahorra, un cura y otros clérigos, un jurado y varios vecinos del pueblo. “Después de haber mucho platicado” -dice el escribano- los beneficiados y el concejo encargaban a los canteros citados la obra, consistente en una capilla nueva que sustituiría a otra anterior, para lo que Martín de Vergara y Juan de Acha debían pagar una fianza. Se concreta que en la parte del evangelio se habría de hacer una sacristía, que los materiales serán “piedra franca de la de Buiçio o Santasensio”; en la capilla debía haber una ventana “a la parte del sol” y la obra debía estar terminada al cabo de siete años desde la fecha de este documento. Los clérigos y el concejo se obligaban a aportar el ripio (ladrillos, piedras y otros materiales de desecho que se empleaban para rellenar huecos), la arena y la cal, si bien más adelante se dice que esta la han de hacer a su costa los contratados. Los clérigos y el concejo habrían de dar licencia a los canteros para sacar la piedra y la leña que fuese necesaria, continuando el contrato con otras consideraciones ciertamente complejas.

El documento, que aporta Aurelio A. Barrón en un trabajo sobre Juan de Acha[i], es una muestra de los pormenores que precedían a una obra relativamente sencilla, pues ni siquiera se trataba de una iglesia completa en este caso, para garantizar las obligaciones de cada parte y otras condiciones.

Juan de Acha nació en 1497 en Ispáster, entonces señorío de Vizcaya[ii], falleciendo en Logroño en 1558, donde se había establecido hacía tiempo. Residió en Baños de Río Tobía[iii] y su infancia la había pasado en el solar de Eguen, cerca de Ispáster[iv], teniendo al menos dos hermanos, Martín y Pedro, también canteros. En 1538 ya se encontraba Juan en Logroño, teniendo relación con Martínez de Mutio, que quizá fue su alumno. La primera gran obra que se le encargó a Juan de Acha fue la iglesia de Entrena, muy próxima a Logroño, la cual le abrió el mercado artístico en dicha ciudad v].

Según el autor al que sigo la edificación del convento de la Piedad en Casalarreina, entre 1514 y 1522, fue un hito en la arquitectura del tardogótico en La Rioja. Luego, la construcción de la iglesia de Entrena, quizá la primera obra de Acha como vecino de Logroño, demostró hasta qué punto nuestro autor había asimilado la técnica de las nervaduras en las bóvedas, con los terceletes y curvaturas. Mutio y Acha puede que colaborasen, por otra parte, en la iglesia del hospital de la Madre de Dios de Nájera, obra sobria en este caso.

Otra obra en la que participó Acha fue la iglesia de San Andrés de Anguiano, con pilares cilíndricos y de nuevo trazos complejos y geométricos con las nervaduras de las bóvedas. En Logroño trabajó para los principales clientes eclesiásticos: los cabildos de la colegiata de la Redonda y de las parroquias de Santa María de Palacio y de Santiago. En Nájera, Mutio y Acha concertaron con el abad de Santa María la Real (1535) la construcción de un coro alto a los pies de la iglesia. Está sostenido por fuertes columnas adosadas a pilares que enmarcan una bóveda casi plana y con nervaduras que forman terceletes, algunos de cuyos detalles decorativos fueron impuestos por el abad. También ofrecieron a Acha (1537) la construcción de la iglesia de Santa Coloma (La Rioja), un edificio sólido y sobrio en el exterior.

Antes de que en 1538 se estableciera en Logroño, Acha pudo colaborar con su hermano Martín en las iglesias de Sorzano y Baños de Río Tobía, la primera con una torre sencilla de planta cuadrada y bóveda sin terceletes, como la de San Pelayo en Baños de Río Tobía. Iglesias de una nave, esta última ha sido transformada en tres naves con mucha posterioridad. y ya instalado Acha en Logroño, cedió a sus hermanos la construcción de unas casas junto al monasterio de la Madre de Dios para un particular, centrándose aquel en la arquitectura religiosa.

Los hermanos Acha debieron prosperar porque Martín tomó en 1539 un aprendiz, y Pedro otros tres, prefiriendo este la arquitectura civil. En pleno Renacimiento, estos arquitectos corresponden aún al gusto gótico en su última fase, la más decorativa y audaz, tanto más interesante en el caso que ha estudiado Aurelio A. Barrón, por cuando se trata de una región periférica del norte de España.



[i] “El arquitecto tardogótico Juan de Acha en La Rioja…”.
[ii] Durante toda la Edad Moderna, por lo menos, tuvieron importancia los canteros vizcaínos.
[iii] Al oeste de la actual Comunidad de La Rioja.
[iv] Hoy al nordeste de la actual provincia de Vizcaya.
[v] Ver nota i.

sábado, 28 de octubre de 2017

El "Tercer Rey de España"

Vista parcial de Arnedo (La Rioja)


Una familia de la baja nobleza goda, cuyos miembros decidieron abrazar el islam en el siglo VIII, se hizo con el control de un territorio en torno al Ebro medio y sur de Navarra, llevando a cabo una política expansiva durante más de dos siglos (hasta 924) caracterizada por alianzas diversas, rebeliones contra el poder cordobés de los emires y episodios que demuestran, quizá mejor que en ninguna otra parte de Iberia, el fraccionamiento de facto tras la invasión musulmana de 711.

En un principio la familia Banu Qasi, arabización de conde Casio[1] del que hablan las fuentes, se hizo con el territorio que tiene al norte Olite, al este Ejea, al sur y oeste el río Ebro, quedando fuera Tafalla y Tudela, pero extendiéndose más tarde hacia Huesca, Zaragoza, Tarazona y Borja, Arnedo (el centro) y Pamplona.

Uno de los personajes más importantes desde el punto de vista militar y político de esta dinastía Banu Qasi fue Musa ibn Musa, que vivió entre 800 y 862 y se enfrentó a la autoridad de Abd al-Rahman II y Muhammad I, pero casi siempre consiguió, resultase victorioso o derrotado, ser reconocido como autoridad en esa marca o frontera “superior”, la del Ebro. Parece que a los emires cordobeses les interesaba más tenerle como aliado, aunque hubiese que combatirle de vez en cuando, que pretender dominar directamente un territorio demasiado alejado de Córdoba e incluso de Toledo.

Se pone de manifiesto, también en este caso con mayor claridad que en otros, que lo importante para este tipo de familias era mantener el poder, y no tanto guardar fidelidad a una religión u otra. Musa era hijo de Oneca, viuda del padre del rey de Pamplona, Iñigo Arista, cristiano este, como cristiano fue, hasta su conversión al islam, el conde Casio, ascendiente directo de Musa.

En los años 840-841 ya se alzó Musa en rebeldía contra el emir con motivo de la expedición de las tropas de este a la Cerdaña, y en las proximidades de Borja[2] se enfrentó Musa al ejército emiral. Durante el mismo año, con motivo de la campaña que el emir cordobés hizo contra Narbona y la Cerretania (Pirineo navarro), ya estaba Musa ibn Musa en la misma como aliado del emir. Por poco tiempo, pues su genio particularista le llevó a enfrentarse con un superior y pronto se puso en contra de Córdoba.

La presencia de normandos en Sevilla en el año 844, que afectó sobre todo a Cádiz, Sidonia y la propia Sevilla, hizo que Abd al-Rahman llamase a las tropas de la frontera norte, entre las que estaban las de Musa, cliente del emir, pues el cordobés tenía al hijo de Musa, Lope, como rehén, pero aquel, al contrario de unirse al conjunto en Carmona, se dirigió a la alquería de Quintos de Muafir, al sur de Sevilla, consiguiendo emboscarse y derrotar a los normandos en el lugar de Talyata (Tablada) demostrando lo importante que era contar con él.

De nuevo en sus feudos del Ebro, Musa se volvió a rebelar contra el emir, por lo que este envió una expedición militar al norte, siendo derrotado el caudillo muladí en Tudela y perdiendo además la fidelidad de algunos de sus seguidores, que se pasaron a la obediencia de Córdoba. Los acontecimientos se dieron en el año 845, lo que nos da idea de la política permanente de rebeldía de Musa contra otro poder que no fuese el suyo. Siendo derrotado, solicitó el aman, que se le concedió después de estipular los términos del mismo. Pero en 847 ya estaba Musa otra vez en rebeldía, sometido rápidamente por el heredero Muhammad, lo que permitió a aquel recomponer sus tropas para, en 850, volver de nuevo a la carga asolando los alrededores de Tudela, Tarazona y Borja, y de nuevo fue vencido, teniendo que entregar a su hijo Ismail en calidad de rehén. Así consiguió que el emir le renovase el cargo de gobernador de Tudela beneficiándose de otro aman él mismo e Iñigo Arista (Ibn Wannaqo). Ismail consiguió poco después evadirse de Córdoba a pesar de que allí vivía de forma holgada, pero perseguido, fue capturado en alguna región del Guadiana… y no obstante sería perdonado.

¿Por qué? Una vez más no queda más remedio que interpretarlo como el intento del emir de mantener las buenas relaciones (dentro de lo posible) con un caudillo que venía demostrando no solamente poder en una zona alejada, sino capacidad militar.

Entre los años 851 y 852 Musa llega a su máximo encumbramiento, dándose una de las batallas de Albelda[3], en la que venció a asturianos y vascones, y se produce la muerte del emir Abd al-Rahman II. Los cronistas medievales se refieren a Musa, desde entonces, como un godo de nación pero “de rito mahometano”, y al parecer adoptó el título de “Tercer Rey de España”, en alusión al emir y al rey astur, que serían los otros dos. Por su parte el sucesor de Iñigo Arista en Navarra, García Íñiguez, no parece que fuese aliado de Musa, sino de los reyes asturianos, por lo que Musa decidió invadir los territorios de sus parientes pamploneses. En 852 sería nombrado walí (“protector”) de Zaragoza por el emir Muhammad I, lo cual parece que no fue otra cosa sino consagrar una situación de hecho. Este dominio le permitió hacerse con una serie de castillos, entre los que se encuentran el de Calatayud y el de Daroca, que luego pasarían a manos de los tuchibíes[4] cuando Musa muera en 862.

Quizá el límite sur de las posesiones de Musa en esta época sea Calamocha[5] –dice Cañada Juste[6]- en el valle del Jiloca, antes de que en 854 se diese la batalla del Guadacelete[7], en la que el emir derrotó a los rebeldes toledanos ayudados por los leoneses y vascones, y es posible que Musa tomase parte en esta batalla a favor de Muhammad, por lo que de nuevo vemos al caudillo del Ebro enfrentado a sus parientes pamploneses (García Íñiguez). Al año siguiente se dieron campañas del emir y Musa contra Álava y Castilla, lo que incluyó a los cristianos toledanos, que seguían insumisos.

Descendientes de Musa poseían entonces los castillos de San Esteban de Monjardín, en la tierra de Deyo[8], y aún Musa, en 859, atacaría de nuevo a los cristianos de la zona, lo que llevó al caudillo del Ebro a tratar “de igual a igual” –quizá solo nominalmente- al mismo emir. Antes se dio la campaña de Barcelona, en 856, para la que Musa, de acuerdo con las instrucciones del emir, reclutó tropas y las estableció cerca de dicha ciudad, además de atacar quizá Tarrasa. Ahora Musa era, una vez más, aliado de Muhammad, antes de que el primero sea derrotado en la batalla de Clavijo tras la llegada de normandos hasta Pamplona. Entonces era Musa amil (gobernador) de Tarazona, y contra esta población embistió el rey asturiano Ordoño I en 859, además de contra el ejército de Musa, que había buscado refugio en el monte Laturce, muy cerca del pueblo de Clavijo[9], siendo el encuentro desastroso para Musa, que nunca después volvió a obtener una victoria.

Los Banu Qasi siguieron gobernando la región del Ebro medio hasta el primer cuarto del siglo X, pero el momento de apogeo territorial estuvo en la última década de la vida de Musa (852-862), dominando desde Grañón[10] al noroeste, San Esteban en la tierra de Deyo al norte, Ejea más al este, Daroca al sur y en el centro Tudela, pero con importantes poblaciones para la época, como Nájera, Logroño, Calahorra, Alfaro, Tarazona y Calatayud. Expediciones hacia Pamplona, Toledo, Guadalajara y Álava hablan de una belicosidad extraordinaria, de astucia, de luchas encarnizadas por el poder.


[1] Ver aquí mismo “El conde Casio”.
[2] Al oeste de la actual provincia de Zaragoza.
[3] En La Rioja. No confundir con otra batalla en la misma localidad en la que Ordoño I de Asturias venció a Musa en 859.
[4] Nombre de un clan árabe.
[5] Al noroeste de la actual provincia de Teruel.
[6] “Los Banu Qasi (714-924)”, fuente para la redacción de este artículo.
[7] Al este de los montes de Toledo. Se trata de un arroyo.
[8] Al oeste de la actual Navarra.
[9] En La Rioja.
[10] Al noroeste de La Rioja.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Los votos de San Millán

Monastereio de San Millán de Suso

Tiene gran interés el trabajo de Máximo Diago sobre los monasterios benedictinos riojanos, donde destacan el de San Millán de la Cogolla, Santa María de Nájera y Valvanera. Se centra el autor en el espacio del obispado de Calahorra, que en la Edad Media abarcaba gran parte de las actuales provincias vascas con su multitud de monasterios, aunque se trababa de pequeñas fundaciones. Muchas de estas eran casas de la Magdalena, donde se acogía a mujeres arrepentidas que entraban por esta causa a profesar. En ocasiones sería por escapar de la enorme pobreza que padecerían.

Como en otras partes de España y resto de Europa, en las ciudades y villas se establecieron los mendicantes, franciscanos y dominicos. Entre los conventos de los mendicantes, las casas de la Magdalena y los tres grandes monasterios riojanos, existieron diferencias notables en cuanto a sus rentas, siempre a favor de estos. Las fuentes de los ingresos que recibían estos monasterios -según el autor citado- eran muy diversas, así como sus propiedades estaban muy dispersas.

Durante el siglo XV no solo en La Rioja, sino en otras muchas partes de la península, los monasterios sufrieron un gran deterioro por dos causas fundamentales: la gran crisis económica y demográfica derivada de la peste negra, que se extiende desde el siglo anterior, y la mala gestión de los monasterios como consecuencia de la caída de estos en manos de abades comendatarios, algunos de los cuales recibían las rentas residiendo en la Corte romana. 

El monasterio de San Benito de Valladolid había iniciado una reforma de sus casas ya en el siglo XV, y esto fue quizá el motivo que llevó a los Reyes Católicos a encargarle la continuidad de la misma, haciendo depender a todos los benedictinos de la capital castellana. Se empezó reiniciando una rigurosa clausura y una gestión económica que implicó la "mesa comun", es decir, que las rentas del monasterio no se dividieran entre monjes según su categoría o poder. También se intentó evitar los conflictos internos que habían ido surgiendo en los diversos monasterios. Máximo Diago cita el interesante caso de los abades que, para aceptar se implantasen las reformas, se hicieron reconocer la asignación de una renta vitalicia, como en Valvanera (1523), cuyo abad exigió y consiguió que durante el resto de su vida continuase usufructuando los bienes del monasterio.

El caso de San Millán de la Cogolla es el más notable, solo superado en Castilla por el de Sahagún, y el de San Salvador de Oña muy cerca del primero. El autor anota que, según estimaciones del año 1563, la renta de Sahagún alcanzaría más de 4,5 millones de maravedíes, y la de sus prioratos 778.000. La renta del monasterio de San Salvador de Oña sería de más de 2,5 millones de maravedíes, y la de sus prioratos 883.000. La de San Millán de la Cogolla, 2,6 millones de maravedíes. Sin embargo el número de monjes en el siglo XVI (1565) no excedía de 27 conventuales, aunque a estos hay que añadir 14 familiares, 12 pastores, 38 mozos y 14 muchachos, distribuidos entre la casa principal y las granjas. 

San Millán contaba con dos grandes partidas de ingresos en el siglo al que el autor se refiere: dinero y especie, si bien esta distinción -dice él mismo- no es importante, porque algunos ingresos en especie el monasterio los convertiría en dinero en los mercados. Fuente de ingresos importante fue por la cesión en arrendamiento de propiedades o derechos, además de los votos de San Millán, que se percibían a lo largo y ancho de la geografía castellana. Se trata de un privilegio que el monasterio tenía desde el siglo X, por el que los habitantes de Navarra y Castilla debían pagar una cantidad anual al monasterio, aunque todo hace pensar que el origen del privilegio está en el siglo XIII mediante la falsificación de documentos por parte de los monjes. No es el único caso de "votos", destacando el caso de Santiago por el que la Iglesia gallega recibió durante siglos rentas procedentes de buena parte del territorio peninsular.