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lunes, 15 de mayo de 2023

Los relieves de Autun

 

                                                   Eva en un relieve de la catedral de Autun

En la primera mitad del siglo XII trabajó en la catedral de Autun[i] el escultor Gislebertus, decorando tímpanos, capiteles y dinteles, aunque en la actualidad algunas de sus obras se encuentran en el cercano Museo Rolin. La obra de arriba muestra a la Eva bíblica que se encontraba en el dintel de la puerta norte de la catedral citada, no habiéndose interpretado así a Eva en todo el románico (la figura de Adán se ha perdido). El personaje se desplaza por el jardín del Edén “como si fuera la serpiente misma”, mientras cogre con una mano el fruto prohibido. Hay cierta distorsión en la parte superior del cuerpo, que se gira hacia el espectador.

Otro excelente relieve del mismo autor y en la misma catedral es el “sueño de los reyes magos”, que se encuentra en un capitel, como así mismo fue autor Gislebertus de muchos otros capiteles del interior del templo. En la escena de abajo se puede ver cómo dos de los reyes están dormidos, pero uno ya se ha despertado “por el toque suave del ángel señalándole la estrella” que los ha de guiar.

En otros tímpanos, monstruos y demonios, aunque por la factura menos poética pudieran no ser de Gislebertus. También peregrinos que avanzan con sus zurrones, el suicidio por ahorcamiento de Judas (en el tímpano) que -como la traición a Jesús fue inspirada por el diablo según el relato evangélico- aparecen al lado dos figuras diabólicas.

La huída a Egipto está en un capitel y muestra a María que mira al espectador, mostrando a su hijo adherido a la madre. José ocupa un lugar secundario en la composición, mientras que el asno está representado con una naturalidad extraña en el románico. En uno de los tímpanos se muestra el juicio final con la separación de los justos y los réprobos. Los relieves de la catedral de Autun, en definitiva, son un muestrario extraordinario de la plástica románica ya desarrollada del siglo XII.


                               El sueño de los reyes magos en un relieve de la catedral de Autun


[i] En la Borgoña-Franco Condado.

domingo, 2 de abril de 2023

Plástica del s. XIX

 

                                             "Desesperación" de Jean Joseph Perraud (1869)

La escultura en la segunda mitad del siglo XIX, e incluso antes, es una contínua repetición de los temas neoclásicos, incluso formalmente, pero también aporta novedades que resultaron insólitas con permanentes ensayos y propuestas. Los bustos de Carpeaux, Carrier-Belleuse[i] y otros, empleando como materiales el mármol, la terracota y el bronce se repiten. La “Cornelia, madre de los Gracos”, obra de 1861 en mármol, de 1,71 m. de altura[ii], es obra de Jules Cavelier, donde la madre y los hjos, aún niños, están representados en apretada familiaridad.

Representación de animales, retorcidas escenas como las de Camile Claudel, ángeles, estatuas yacentes como las de Auguste Clesinger, la escultura de Carlo Goldoni[iii] debida a Antonio Dal Zotto, mujeres desempeñando oficios, como la bordadora de Jules Dalou, son solo una muestra de la enorme variedad de temas y estilos que en esta época se producen. Además encontramos esculturas de gran tamaño y otras casi en miniatura, para servir de adorno en el interior de las casas, deudoras unas de la tradición inmediata, también clásica, y otras que representan una audaz novedad.

La obra de Perraud que se muestra arriba está a caballo entre el neoclasicismo y “la angustia romántica” (“Desesperación”, 1869, mármol de 1,08 m. de altura)[iv]. Jean-Joseph Perraud nació en Monay (al Este de Francia) en 1819 y murió en París en 1876, habiendo recibido una formación académica y siendo su obra conocida por Rodin.

En un primer momento la estatua fue compuesta en yeso y pareció a los críticos “un paso de gigante” en la evolución de la escultura. Se trata de un desnudo masculino donde el tratamiento de la anatomía no es exagerado, pero proporcionado. La actidud del joven permite interpretaciones diversas: pensativo, sentado, con los brazos extendidos y los dedos entrecruzados, como un gesto derivado de los pensamientos contradictorios que azotan a la humanidad; la cabeza inclinada hacia adelante, las piernas cruzadas para dar mayor estabilidad al cuerpo; el modelado muy cuidado y el basamento de clara inspiración neoclásica.

Si Perraud está en pleno auge romántico, tiene presente la producción de su época, debiéndose a él, también, obras para ser expuestas al aire libre, un “Baco niño”, un busto de Jean Pierre de Bérangere[v] en mármol y otras obras que rezuman drama y clasicismo.

En cuanto a Carpeaux, le debemos la concepción y parte de una obra que debió terminar Emmanuel Frémiet: “Fuente de las cuatro partes de la Tierra”, obra monumental que se encuentra en una de las plazas de París. Jules Dalou, por su parte, fue de una versatilidad extraordinaria, con bustos, estatuas sedentes, “El triunfo de la República” (una alegoría de la III República francesa en la que empleó veinte años) y “La Fraternidad de los pueblos”, obra monumental en relieve de 1883, existiendo varias versiones (yeso, bronce, terracota y mármol).


[i] Puede verse su “Bacante” de 1863 en el Museo de Orsay, París.

[ii] Se encuentra en el Museo de Orsay, París.

[iii] Dramaturgo veneciano del siglo XVIII.

[iv] Se encuentra en el Museo de Orsay, París.

[v] Poeta francés de la primera mitad del siglo XIX.

lunes, 9 de enero de 2023

"De la flor a las cenizas sagradas..."

 

En la década de 1530 se pusieron de acuerdo los artistas Montorsoli y Ammanati para componer la tumba del poeta Jacopo Sannazaro. Montorsoli era un florentino que aún no había cumplido los treinta años, y además de escultor fue arquitecto y miembro de la orden de los Siervos de María. Conocía bien a Miguel Ángel, pues había trabajado con él en Florencia, y esto seguramente le permitió entrar en contacto con el papado en la misma década en que compuso la tumba de Sannazaro.

Ammanati también era florentino y algo más joven que Montorsoli, fue alumno de Sansovino y su trabajo como arquitecto muy variado. La iglesia de Santa María del Parto está en la misma costa (Nápoles), en un lugar donado por el rey Federico I de Aragón llamado Mergellina. El citado también fue rey de Nápoles durante cinco años en el cambio de los siglos XV al XVI, y en dicho lugar el poeta Sannazaro[i] fundó la iglesia del Parto.

Su tumba es una muestra del renacimiento tardío para tratarse de Italia, cuando ya Miguel Ángel había dejado notar su estilo manierista. A los lados, bajo el sarcófago, se encuentran las figuras sedentes de David y Judith representadas como si se tratase de Apolo y Minerva. En el centro hay un relieve mitológico con Pan, Marsyas, Euterpe, Neptuno y Anfitrite[ii], y en la parte superior el busto laureado de Sannazaro entre dos “putti” en equilibrio sobre la tapa del sarcófago.

Un epitafio del cardenal veneciano Piedro Bembo[iii], secretario del papa León X, en la base la tumba dice: “De la flor a las cenizas sagradas, aquí yace el famoso y sincero Sannazaro, cerca de Virgilio en la poesía como en el sepulcro”[iv]. Tanto Montorsoli como Ammanati estuvieron influidos por Miguel Ángel, que en la década de 1530 era un artista más que consagrado y reconocido. El busto de Sannazaro fue elaborado por Montorsoli a partir de un molde del rostro y el cráneo del poeta.

El movimiento y las formas rotundas son más visibles en la escultura de Judith, mientras que la de David muestra una juventud que exalta el triundo del personaje en su lucha contra el gigante.



[i] También napolitano, nació en 1458 y murió en 1530.

[ii] En alusión al mundo pastoril y poético que representa Pan, además de fauno como Marsyas, que también era músico en la mitología clásica; a la música también hace referencia Euterpe, su musa, y al mundo de los mares Neptuno y su esposa Anfitrite.

[iii] Nació en 1470 y falleció en Roma en 1547. De gran cultura humanista, perteneció a una familia noble.

[iv] La tumba de Virgilio se encuentra cerca, en Nápoles.

sábado, 7 de agosto de 2021

Arquelógos, médicos y escultores

 

                                                    El rapto de Proserpina, obra de Bernini (*)

En una conferencia que tuve ocasión de escuchar, debida a la profesora Leticia Azcue Brea, esta expuso la evolución de la escultura desde el Renacimiento de Donatello hasta el barroco de Bernini. Lo que interesó a la conferenciante fue el canon, pero también las comparaciones, inspiraciones, aportaciones de la arqueología al progreso de la estatuaria entre los siglos XV y XVII.

La figura humana como modelo no es un redescubrimiento del Renacimiento (sí el desnudo), pues en la Edad Media la representación de humanos fue constante. La novedad del “David” de Donatello es el aniñamiento y cierto erotismo mediante la pluma que esculpe sobre un muslo. Aunque el tema es bíblico, no interesa que el héroe represente a un hombre poderoso, sorprendiendo de esta manera a los que le habían encargado la obra, los Médici. El empleo del bronce es también un saludo a la antigüedad clásica, pues aunque la mayor parte de las obras conservadas lo eran en mármol, se trataba de copias romanas.

En la “María Magdalena” en madera policromada, en cambio, intenta mostrar el sentimiento y el sufrimiento propio de la penitencia. Los brazos hombrunos de la mujer nos sorprenden, quizá para dar un mayor dramatismo a la composición, que recoge la preocupación de franciscanos y dominicos a favor de la penitencia.

Cuando Leonardo dibujó en 1490 el hombre de Vitrubio (un personaje 1.500 años anterior) tiene delante una obra del mismo, y al tiempo, el de Vinci conoció el canon llamado pseudovarroniano[i]; lo lee y presta atención al punto de vista del espectador para que la figura no se vea desproporcionada. El padano Tulio Lombardo, que vivió entre los siglos XV y XVI, aportó a todo ello la serenidad, lo que se puede ver en su “Adán”[ii] conservado en el Metropolitan Museum de Nueva York.

Más expresividad se ve en el “David” de Miguel Ángel (el rostro, tensión de los miembros)… Los escultores pintaban y dibujaban a partir de los hallazgos que les proporcionaban los arqueólogos. Un ejemplo es el “Toro Farnesio”[iii], hoy en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Otro ejemplo es el “Torso Belvedere”[iv], donde el trabajo anatómico se puede comparar con el Adán de la “Creación” miguelangelesca.

La primera versión de Cristo obra de Miguel Ángel, fue encontrada en una localidad del norte de Italia, Bassano, concretamente en el monasterio de San Vincenzo. El autor la dejó inconclusa debido a ciertas dificultades que presentó el bloque de mármol sobre el que trabajaba, y entonces realizó otra versión que se conserva en Santa María sopra Minerva, en Roma (contraposto y movimiento). Eligió el mármol blanco, como otros autores, pero ya sin la policromía de los antiguos. La “Piedad” florentina, por su parte, fue hecha cincuenta años más tarde que la del Vaticano, dejando de tallar el bloque como forma de expresividad.

Los escultores de la época que estamos estudiando estuvieron en contacto con médicos y anatomistas, e incluso los artistas asistían a disecciones para un mejor conocimiento del cuerpo humano. Vesalio, médico de Carlos de Gante, dedicó su obra De Humani Corporis Fabrica al citado rey y luego fue médico también de Felipe II. Juan Valverde de Amusco, por su parte, se tiene por un médico romano, pero su nacimiento fue en Amusco, en la actual provincia de Palencia. Las ilustraciones de sus obras se deben a Gaspar de Becerra, pintor y escultor nacido en Baeza.

La figura de Antinoo que se creyó encontrar, y que luego se sabría era un Hermes del siglo II, sirvió de modelo en todos los sentidos (hoy en el Museo de Nápoles). Excavaciones en Villa Adriana (Tívoli) dieron bustos, estatuas y otras iconografías en el siglo XVIII, por lo que en este siglo se pudo seguir admirando la antigüedad clásica sin necesidad de remitirse a las obras del Renacimiento.

El “Carlos V y el furor” del Museo del Prado, obra del milanés Leoni, aunque este nunca estuvo en España, muestra el modelo áulico que se pretendía para un rey victorioso. El autor eligió el bronce para poder hacer una armadura que permitiese o no mostrar el desnudo, solución que, en contacto con Granvela, este aceptó. El encadenado de la composición podría estar inspirado en el dolor y esfuerzo del “Laocoonte”. Y en cuanto a los estudios anatómicos, otro tanto se podría decir del “Hércules y Caco”[v] de Bandinelli, que se encuentra en la plaza de la Señoría de Florencia.

Para entonces ya el manierismo se había enseñoreado de la escultura (y de la pintura) con Benvenuto Cellini: en la ninfa de Fontainebleau el canon se alarga para ocupar el espacio disponible y que el personaje femenino no aparezca indelicadamente grueso, pero luego se añaden elementos animales que nada tienen que ver con el clasicismo. Giambologna, que ya entra en el siglo XVII, trata de vencer la gravedad con su “Mercurio”, y aún Valerio Cioli, observador de las desproporciones de la naturaleza, nos dejará obras que nada tienen que ver con los cánones admitidos por el Renacimiento: véase su “Sátiro echando agua” en el Museo Nazionale del Bargelo, Florencia.

Esto lo vamos a ver después en Velázquez, cuando pinta alguna de las figuras femeninas que acompañan a las “Meninas” o en sus bufones. También vemos figuras desproporcionadas en el retablo de la basílica de El Escorial, obra de Pompeo Leoni (hijo del anterior). Ello es debido a la distancia desde la que han de ser observadas por el espectador: las figuras que se encuentran más abajo miden 1,68 m., las del centro 1,96 y las de arriba 2,66; no de otra manera se pueden evitar distorsiones.

Bernini añadió el efectismo y el desequilibrio heredado del manierismo, añadiendo una morbidez[vi] que denota un gran conocimiento del cuerpo humano y una gran destreza técnica. En su “Apolo y Dafe” contrapone el hombre a la mujer, el vicio a la virtud, la violencia a la tranquilidad, y aporta una nota de instantaneidad muy lograda.


[i] En un principio se atribuyó a Varrón, autor del siglo I a. de C.

[ii] El pedestal que sostenía la escultura se rompió y esta quedó partida en muchas piezas, mayores y menores, que los especialistas tardaron varios años en componer. Es obra de 1490.

[iii] Vasari dice que fue encontrada la escultura a mediados del s. XVI en las Termas de Caracalla, Roma.

[iv] Debió de formar parte de una composición más compleja, guardándose ahora en el Museo Pío-Clementino (Museos Vaticanos). Primero estuvo expuesta la figura en el patio Belvedere, al norte de la basílica de San Pedro.

[v] Gigante de la mitología romana que inspira la maldad, viviendo en una cueva en la colina Aventina.

[vi] Véase su “Rapto de Proserpina”.

(*) mymodernmet.com/es/bernini-el-rapto-de-proserpina/

sábado, 25 de julio de 2020

Grandes sepulcros

Detalles del sepulcro de Carlos III de Navara (*)

Jehan Lome de Tournai esculpió el sepulcro para el rey navarro Carlos III y su esposa Leonor de Trastamara, que se encuentra en la catedral de Pamplona. Como hizo Víctor Hugo en el siglo XIX, se puede comparar en magnificencia con los de María de Flandes y Carlos el Temerario en Brujas, los duques de Borgoña en Dijon y los duques de Saboya en Brou[i].

Según se lee en la Gran Enciclopedia Navarra, Jehan Lome trabajó para el rey Carlos III de Navarra durante la segunda parte del reinado de éste. El sepulcro le fue encargado por el propio rey.

Muerta la reina Leonor en 1415, el rey lo haría diez años más tarde, pero el sepulcro del que aquí hablamos había sido comenzado antes del primer año citado, reanudándose en 1416 utilizando alabastro de una cantera en Sástago[ii]. Es curioso que mientras la reina ordena ser enterrada con el hábito de San Francisco, para dar idea de humildad, el sepulcro es de una monumentalidad y lujo extraordinarios. Para esta obra Lome fue ayudado por artistas locales, empleando aceite de linaza para la pintura. Cuando estuvo terminado el sepulcro se trasladó a Pamplona en diversos trozos que luego fueron ensamblados.

En el caso de María de Flandes y Carlos el Temerario, cuyos sepulcros están en Brujas, se trata de hija y padre, habiendo sido enterrado primero el cuerpo de éste último en otro lugar. El sepulcro se realizó dejando de por medio unos sesenta años, en lo que se notan ciertas diferencias, según se lee en “Dos tumbas y un corazón”[iii]. Contrariamente al sepulcro de Carlos III y su esposa Leonor, aquí se trata de dos tumbas independientes, donde destacan los colores dorados, los pliegues en los ropajes, la actitud orante de los personajes y también la monumentalidad. Pero hay un mayor realismo en la tumba de Carlos, pues aunque éste murió antes, su tumba se realizó mucho más tarde.

En Dijon se encuentra la tumba de Felipe el Atrevido, duque de Borgoña, que vivió entre mediados del siglo XIV y principios del XV. Como fundó la cartuja de Champmol, en las proximidades de Dijon, allí fue sepultado. La tumba fue empezada por Jean de Marville, pero una vez que éste falleció en 1389, le sucedió Claus Sluter, a quien se atribuye la obra en su magnificencia, que tampoco terminaría. En lo alto está la imagen del duque idealizada, con ángeles a la cabecera (parecen una exageración en el conjunto) y un león acurrucado a los pies. Los personajes que rodean la tumba no son monjes, sino laicos con hábitos de aquellos, lo que luego se generalizó.

En cuanto a los sepulcros de los duques de Saboya, en Brou, habrá que tener en cuenta el papel jugado por los personajes: Margarita de Austria[iv] vivió entre 1480 y 1530, teniendo títulos de Austria, de Asturias, de Gerona y de Saboya… Su sepulcro está bajo un potente dosel gótico con pináculos, mientras que su estatua yacente está arropada ricamente y con la corona ceñida y a sus pies hay un perro adormilado.

En cuanto a Filiberto II de Saboya, fallecido a la edad de 24 años, su sepulcro es más sencillo, sin dosel, pero no menos rico en decoración, con figuras rodeando a la estatua yacente del difunto, que viste ricos ropajes y ciñe igualmente una corona o diadema. Rodean la tumba damas atildadas y con posturas amaneradas, de frente, de perfil y con plegados abundantes.

Todos estos sepulcros, y no son los únicos, presentan una rica decoración desde el gótico hasta el Renacimiento, multitud de elementos animales, humanos y mitológicos (como es el caso de los angelotes). Dan una idea del esplendor de algunas cortes europeas en el siglo XV, al tiempo que del poder que habían acumulado sus titulares, aunque en algunos de los casos sus estados cayesen más tarde o más temprano bajo la órbita de otros más poderosos. Estos sepulcros nos envían un mensaje por parte de sus autores y dinastas que los encargaron: estamos en una época de esplendor o decadencia, según los casos, pero cuando ya se tiene plena conciencia del poder ducal, real, etc.


[i] El monasterio de Brou está en la ciudad de Bourg-en-Bresse, Francia.
[ii] Al sureste de la actual provincia de Zaragoza.
[iv] Hija de Maximiliano I Habsburgo.
(*) http://artemagistral.blogspot.com/2018/03/sepulcro-de-carlos-iii-el-noble-y.html

miércoles, 9 de octubre de 2019

El "Palacio sin rival"

Relieve en Nínive con el ataque asirio a una ciudad amurallada
wikipedia.org/wiki/Asiria

A mediados del siglo XIX Austen Henry Layard[i] realizó trabajos arqueológicos en este palacio con un resultado verdaderamente sorprendente: los relieves realizados durante el reinado de Senaquerib[ii] de Asiria, estudiados en un trabajo reciente por Arturo Sánchez Sanz[iii], corresponden al salón del trono y a otras estancias adyacentes.

Asistimos así a una serie de escenas de asedio y escaramuzas en los bosques cercanos a la ciudad de Laquish (en el actual Israel), o el asalto a otra ciudad situada en la costa, la cual aparece en el centro mientras por un lado llegan los soldados asirios, y por el otro se ve a los habitantes huyendo y siendo evacuados en barcos. La llamada sala I conserva una puerta en el centro del muro.

En la sala III se han conservado ocho paneles con el saqueo de una ciudad situada entre dos ríos y junto a bosques de palmeras; por su parte, el rey aparece representado dos veces en sendos paneles, en uno de ellos con epígrafe donde se indica que la ciudad era Dilbat[iv]. La sala IV estaba pavimentada con ortostatos (bloques que forman la parte inferior de un muro) donde se representaron procesiones de soldados y cautivos atravesando un bosque en una región montañosa. En uno de esos ortostatos aparece un personaje sin la parte superior de su cuerpo (perdida), y en la parte inferior de las jambas de la puerta se han esculpido unos pies con garras de ave. Cada jamba estaba decorada con dos figuras, una con pies humanos y otra con patas de ave, identificándose esta sala como un lugar de baño.

Casi todos los paneles de la sala V (51 relieves) muestran campañas militares, en una de ellas cruzando las tropas, a lo largo de un río, una región montañosa y boscosa. En estos paneles se muestra una secuencia temporal de cinco años en los que la escena se repite, los soldados asirios capturan una ciudad mientras el rey examina a los presos y el botín para, después, ponerse de nuevo en camino hacia las siguientes ciudades a asediar: Kasubi y Aranzias. Esta sala habría servido para que esperasen los que habían de ser recibidos.

En el llamado patio VI se representa una campaña militar comandada por el rey a través de una región montañosa con árboles y viñedos. Los soldados asirios están persiguiendo a sus enemigos, mientras que en otros paneles se muestra la extracción de piedra para la fabricación de los toros colosales, así como el transporte de estos toros hacia el palacio, primero a través de montañas y luego atravesando lo que parecen un pantano y un río. En otros paneles aparece un epígrafe con el nombre de Balatai, una localidad cercana a Nínive. La puerta de acceso a este patio estaba flanqueada por dos toros colosales que Layard encontró sin cabeza.

Los relieves neoasirios fueron el elemento decorativo principal de los palacios. Vemos, pues, que los relieves del palacio de Senaquerib muestran, principalmente, estos tipos de representaciones: campañas militares del rey, que no aparece cuando se trata de batallas campales; desfiles o procesiones y escenas de transporte, donde el rey aparece para demostrar que es un rey constructor y que el éxito de las operaciones se debe a su supervisión[v]. La primera campaña militar de Senaquerib fue en Babilonia, fechada entre 704 y 702 a. C., donde estableció el control de las ciudades fortificadas que estaban bajo la influencia de dicha ciudad, haciéndose con las ciudades rebeldes que encontró en su camino de regreso a lo largo del Tigris.

Con respecto a la segunda campaña del rey, la fuente principal es el cilindro de Bellino[vi], de donde se deduce que era característica de estos reyes llevar a cabo una campaña anual en el verano. Esta segunda campaña fue contra los “kassi” y los habitantes de los montes Zagros; después continuó hacia Ellipi[vii], y acabó con la recepción de tributo por parte de los medos. Parece que esta campaña tenía dos objetivos –dice Sánchez Sanz-, el control de las rutas comerciales que discurrían por esas regiones y el control sobre Ellipi como zona fronteriza con Elam. En cuanto a la tercera campaña se llevó a cabo, quizá, en 701 a. C. en tres fases que conocemos por el cilindro Rassan, descubierto por el arqueólogo Hormuzd Rassan: el ejército de Senaquerib marchó por la costa fenicia para recoger el tributo de las ciudades sometidas (tributo que estaba perfectamente reglado); luego vino el enfrentamiento con los filisteos y egipcios, y finalmente el intento de apoderarse de Judea, logrando victorias en algunas ciudades fortificadas de la región pero sin poder tomar Jerusalén. Ello lleva a los especialistas a relacionar los relieves de este palacio con las tres primeras campañas de Senaquerib, aunque no se puede descartar que otros relieves se refieran a campañas posteriores.

Senaquerib fue el rey que trasladó la capital de Asiria desde Dur Sharrukin (hoy Khorsabad) a Nínive (700 a. C), donde en la zona suroeste mandó construir un palacio que llevó el nombre del título. Sus restos se hallarían en uno de los dos grandes montículos que abarcaban los muros de la antigua ciudad de Kouyunjik (Nínive). La mayor parte de los muros del palacio se recubrieron con ortostatos, como era tradicional, haciéndose muchísimos relieves que narran, en un tono elogioso, las hazañas del rey. Cuando Nínive cayó en manos de una coalición de medos y babilonios en 612 a. C., el palacio fue saqueado y quemado, de forma que el piso superior cayó sobre el inferior, quedando sepultadas sus ruinas durante más de 2.500 años.

Desde Asurnasirpal II (883-859) hasta Sargón II (predecesor de Senaquerib), se fijó el modelo del palacio neoasirio, aunque se establecieron algunos cambios que aquí no nos interesan. Destacaban las salas del trono y las anexas, empleadas para las audiencias reales; también formaban parte de estos palacios la parte para vivienda de la familia real y los cortesanos. En la sala XXXVI del “Palacio sin rival” se encontraron las inscripciones cuneiformes y las imágenes que representaban el asedio a la ciudad de Laquish, en Judea, y Jerusalén.

La situación política de los reyes neoasírios muestra un fortalecimiento de su poder, aumentando la magnificencia de las representaciones palaciegas. Los palacios se organizaban en torno a varios patios y constaban de varias salas donde se celebraban banquetes, se ejercía la administración, etc. El de Senaquerib al que nos referimos aquí constaba de más de setenta habitaciones en las que debió haber más de 2.000 relieves, aunque solo una pequeña parte de ellos podemos ver hoy. No obstante, parte de esos relieves pertenecen a la época de Asurbanipal (668-627), cuando el Imperio estaba muy próximo a su final.



[i] Vivió entre 1817 y 1894. Además fue dibujante.
[ii] Reinó entre 705 y 681 antes de Cristo, gobernando durante algunos años también en Babilonia.
[iii] En el trabajo de este autor se basa el presente resumen: “Los relieves del Palacio sin Rival de Senaquerib”.
[iv] En el centro del actual Irak.
[v] No obstante, a pesar de las numerosas obras hidráulicas llevadas a cabo por Senaquerib, estas no aparecen representadas en los relieves del palacio.
[vi] Datado en 702, proporciona información sobre las dos primeras campaña de Senaquerib contra Babilonia, los casitas y otros pueblos de la frontera oriental de Asiria.
[vii] En la vertiente occidental de los montes Zagros.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Torrigiano y Montañés

"San Jerónimo" de Torrigiano

Dos obras con el mismo tema tienen cierto parecido a pesar de que están muy separadas en el tiempo, como así mismo sus autores. En ambos casos se trata de “San Jerónimo penitente”, que nos han dejado Pietro Torrigiano y Martínez Montañés.

La de Torrigiano está realizada a tamaño natural, una de las dos obras en terracota de dicho autor, se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, y es obra de 1522, cuando llegó a dicha ciudad después de viajar por varios países de Europa: Roma, Siena, Amberes, Inglaterra y España, en este caso en Granada y Sevilla. Torrigiano fue alumno de Bertoldo di Giovanni, que al parecer fue el encargado de organizar la escuela de escultura de los Médici en el jardín de su palacio de la Vía Larga.

El “San Jerónimo” de Torrigiano mide 160 cm. y la arcilla ha sido cocida y policromada, realizada para el Monasterio de Buenavista. Vasari, en el siglo XVI, dijo de Torrigiano que “con más soberbia que arte, aún que mucho valía, vivía Torrigiano escultor florentino, que en su juventud estaba con Lorenzo de Médici el Viejo en el jardín…”. Añade que trabajaba bien la arcilla y que “al adquirir nombre de hábil autor, marchó a Inglaterra, donde al servicio de este rey, hizo infinitas cosas en mármol, bronce y madera; y trabajó en competencia con los maestros de este país, a los que a todos superaba”.

Añade Vasari que “si no hubiera sido tan altivo, hubiera llegado muy lejos, como al contrario pasó. Se dice que de Inglaterra pasó a España [sigue Vasari], donde realizó un crucifijo de arcilla… y fuera de la ciudad de Sevilla, en un monasterio de monjes de San Jerónimo, otro crucifijo y a San Jerónimo en penitencia acompañado del León (*); y retrató a un viejo despensero de los Botti, negociantes florentinos en España…”.
 
"San Jerónimo" de Montañés
Martínez Montañés, por su parte, nació en Alcalá la Real, hoy provincia de Jaén, trabajando en Alcalá, Granada y Sevilla (con toda seguridad conoció aquí el “San Jerónimo de Torrigiano). El de Montañés es obra de 1611, por lo tanto casi un siglo más tarde, y el material es madera policromada, con una altura de 160 cm. Se encuentra en el Monasterio de San Isidoro del Campo, en Santiponce. 

El período de 1605 a 1620 generalmente se considera el más importante en la carrera de Montañés. Fue durante este tiempo cuando produjo, entre otras obras, el “San Jerónimo” para el nicho central del altar mayor del convento de San Isidoro del Campo, una obra que normalmente solo se habría visto desde el frente. Sin embargo, la figura está modelada cuidadosamente en todo su derredor, con una gran precisión anatómica, al igual que la de Torrigiano: en la de Montañés el brazo está tenso con una musculatura muy realista y las venas que se muestran debajo de la piel están escrupulosamente detalladas (http://www.wga.hu/index1.html).       

Hay, no obstante, un mayor barroquismo en la obra de Montañés, como es lógico, considerando además la importancia que este movimiento artístico tuvo en España en el arte religioso. La serenidad del “San Jerónimo” de Torrigiano es solo parcial, lo que quizá se deba al temperamento fogoso del autor y al hecho de trabajar para un convento sevillano.

(*) Hay una copia en el monasterio de Guadalupe, Cáceres, donde la escultura del santo aparece con un león, al que hace referencia Vasari.

lunes, 11 de marzo de 2019

El Mausolo de Briaxis

https://www.merveilles-du-monde.com/es/Siete/Mausolo.php

Caria es una región que se encuentra al suroeste de la península de Anatolia; a mediados del siglo VI a. de C. fue conquistada por los persas aqueménidas y, casi dos siglos más tarde, Mausolo está gobernando la región. Para el sepulcro de Mausolo, muerto en 352 a. de C., en Halicarnaso y obra de Pitio[i], fueron llamados los más importantes artistas de la época[ii], de forma que ha sido considerada una de las mayores realizaciones arquitectónicas de la época.

Sobre un basamento gigantesco se incorporaron formas propias de Asia Menor, siendo los principales escultores Escopas, Timoteo, Briaxis y Leocares de Atenas. La esposa de Mausolo, Artemis, ordenó que se terminase la construcción del mausoleo a la muerte del primero y las esculturas de  ambos son obra de Briaxis. Mausolo está representado con movimiento impetuoso[iii] y enérgico, desapareciendo casi por completo el cuerpo bajo el vestido, intuyéndose solo una rodilla de la pierna que se adelanta. Alrededor de la otra, sobre la que se hace cargar el peso del cuerpo, se agitan los ropajes muy plegados, pero el personaje está representado en una actitud pausada.

En el rostro de Mausolo se manifiestan rasgos extranjerizantes respecto del gusto griego hasta el momento, siendo uno de estos detalles el corte del cabello, largo y de tipo oriental. Esta estatua, que constituye probablemente la más fina de las que han sobrevivido a la destrucción del mausoleo, es de gran volumen y logra plasmar un movimiento agitado e impetuoso. Es el retrato de un “bárbaro” con el que Briaxis indica el camino hacia las formas helenísticas, que él mismo emprende en su imagen del culto de Serapis[iv] y en el mundo de ultratumba de los Ptolomeos, obras realizadas para Alejandría. La escultura que conservamos muestra solo la parte delantera de la cabeza, habiéndose perdido los brazos. La cara, con barba corta y en parte geométrica, el gesto serio y los cabellos echados hacia atrás formando profundos surcos.

Briaxis nació en Atenas pero trabajó, como vemos, para los persas y luego para los sucesores de Alejandro Magno, alcanzando la fama en varias de las ciudades importantes de la época, Antioquía entre las ya citadas aquí.


[i][i] Otros dicen Piteo y le atribuyen solo la cuadriga que corona el mausoleo.
[ii] “Historia de los estilos artísticos”, I, Úrsula Hatje.
[iii] Idem nota anterior.
[iv] Una copia romana se encuentra en los Museos Vaticanos.

viernes, 12 de octubre de 2018

La procesión de las panateneas


Así la relata un autor antiguo: A la salida del sol, el cortejo procesional, que en las últimas horas se había ido formando, emprendía la marcha desde la puerta principal de la ciudad, o mejor dicho, desde las tres puertas contiguas por las que se salía y entraba para Eleusis, el Pireo y Corinto o el Peloponeso... Había allí, embutido entre la puerta doble del Dípylon y el paso de la Puerta Sacra, un edificio dedicado a gimnasio de la juventud, pero que en las Panateneas servía de almacén de los objetos de culto que se llevaban en la procesión. De este uso recibió el nombre de Pompeíon, por el que era conocido hasta que Sila lo dejó en ruinas cuando el ataque romano a Atenas. Desde el Pompeíon la procesión se dirigía al ágora y de allí a la Acrópolis. Los responsables de la organización, los hieropoioí, velaban por el buen orden del desfile...

Se celebraba en Atenas en honor de la diosa Atenea pero asistían gentes de otras póleis distintas (de ahí el prefijo pan-). La procesión formaba parte de una fiesta religiosa anual, aunque cada cuatro años con más pompa. Jóvenes de ambos sexos llevaban regalos a la diosa (paños, animales…) en agradecimiento por su protección. El Dípylon se encontraba en las afueras de Atenas, había un cementerio con este nombre y era al mismo tiempo el barrio de los alfareros.

La procesión entraba en la Acrópolis por la gran escalinata de los propileos. Fidias, escultor del siglo V a. de C., dirigió las obras del friso del Partenon, en la Acrópolis, donde se representa la procesión de las Panateneas: mujeres con vestidos que caen en delicadísimos pliegues, jóvenes a caballo en animado movimiento, escorzos, los dioses sentados, y otras figuras (se encuentra en el Museo Británico).
                                                                                           
Fue en la segunda mitad del siglo VI a. de C. cuando se instituyeron estas fiestas, donde quedaba de manifiesto que los participantes reconocían ya la supremacía de Atenas en el Ática. Antonio Blanco Freijeiro (“Mitología de las procesiones…”) relata así las panateneas: “Se trataba de ofrecer un peplo [vestido] a Atenea en una de las advocaciones más antiguas que tenía la diosa, Atenea Polías, la protectora de la pólis, representada por una estatua sedente”. La procesión terminaba en el Erecteion cuando este estuvo terminado en el siglo V a. de C. La procesión de las panateneas es un símbolo -pero solo uno más- de la unidad de los griegos del Ática en torno a Atenas.