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viernes, 28 de abril de 2023

Especias, negocio y falsedad

 

Tus renuevos son paraíso de granados, / con frutos suaves. / De flores de alheña y nardos; / Nardo y azafrán, caña aromática y canela, / Con todos los árboles de incienso; / mirra y aloes, con todas las especias aromáticas. Así se puede leer en el “Cantar de los Cantares” (4,14), describiendo las excelencias de la mujer amada.

Las especias, conocidas desde la antigüedad pero puestas muy en valor durante la Baja Edad Media y la Edad Moderna de occidente, eran aromatizantes, conservantes, servían para fabricar cosméticos y fármacos. En todo caso terminaron por ser símbolo de riqueza y poder como el oro.

Se debe a Klaus Wagensonner la transcripción de trablillas de Mesopotamia, particularmente cuatro de una antigüedad aproximada del siglo XVIII a. C. que se encuentran en la Yale Babylonian Collection. En dichas tablillas ya se citan el comino, el sésamo y el hinojo. Muy posteriormente barcos fenicios distribuyeron estas y otras especias por el Mediterráneo, y Alejandro Magno tiene noticia de ellas en la India durante su extraordinaria expedición guerrera.

Tiro y Alejandría, en el Mediterráneo, se convirtieron en centros distribuidores de especias, y posteriormente Roma mantuvo un comercio con Asia a través de la ruta de la seda, comercializándose la canela, el clavo, el jenjibre y la nuez moscada, etre otras. Una ruta marítima entre Roma y la India se estableció desde el siglo I de nuestra era, llegando a Alejandría productos desde oriente.

Con la división del Imperio Romano a finales del siglo IV, Constantinopla se convirtió en un centro privilegiado que comunicaba, a estos efectos, oriente con occidente, y unos siglos más tarde, con la expansión islámica, se establecieron pasos clave en las rutas terrestres. Los árabes controlaron el Índico y el sur del Mediterráneo antes de que los mogoles[i] debilitasen su monopolio. Cogieron el relevo Venecia y Génova, que habían sido ciudades beneficiadas por las cruzadas siglos atrás; particularmente la familia Polo, en Venecia, venía explotando el comercio con oriente desde el siglo XIII[ii].

Lo que está claro es que la India fue el espacio intermediario entre las islas Molucas y occidente. Mientras Génova perdió sus factorías en el mar Negro por la acción de los otomanos en el siglo XV, Venecia siguió llegando a acuerdos con ellos para prolongar algo más su poderío económico, pero aceptando la superioridad turca. Surgieron entonces ciudades como Marsella y Barcelona, donde sus grupos dirigentes se esforzaron en encontrar una solución para seguir manteniendo el comercio con Asia.

Mientras Venecia se alió con Portugal para financiar los viajes de circunnavegación de África, Génova lo hizo con Castilla para los viajes ultramarinos de Colón. El objetivo era controlar el comercio de las especias –entre otros- una vez que por los portugueses se supo de las islas Molucas y el binomio oro-especias se impuso. En 1493 Colón dejó escrito que había visto en las Indias la planta que allí llamaban ají, que nada tenía que ver con la pimienta negra de oriente. En 1497 Vasco de Gama llegó a la India en busca de las especias cuyo comercio habían interrumpido los otomanos, y en 1510 estableció en Goa la capital con dicho fin.

                                                        Ilustración de "La Voz de Galicia"

En 1513 los portugueses llegaron a establecer relaciones comerciales con Java, mientras que nobles gallegos, entre los que destaca Fernando de Andrade das Mariñas, influyeron para que se estableciese en A Coruña (aunque efímeramente) una Casa de la Especiería. En 1529, mediante el Tratado de Zaragoza, el rey Carlos vendió a Portugal las islas de las Molucas, en lo que hizo un buen negocio, pues posteriormente dichas islas serían explotadas también por comerciantes españoles.

Los portugueses establecieron alianzas con poblaciones del sur de la India, y sus carracas surcaban los mares para hacer de Lisboa el único centro de importanción de las especias durante algún tiempo. Luego cobró importancia Amberes, antes de que Hamburgo contribuyese a arruinar a no pocos comerciantes holandeses. De esta nacionalidad fueron los que establecieron una ruta con Java entre los siglos XVI y XVII para el cargamento de especias, origen del imperio comercial holandés, para lo que jugó un papel clave la Compañía de las Indias Orientales, de titularidad privada pero que actuaba como un estado acuñando moneda, con 50.000 empleados a su servicio, cientos de naves y un ejército propio.

Se creó entonces la Compañía Inglesa de las Indias Orientales, y otra con el mismo nombre en Dinamarca, fundadas en 1600 y 1616 respectivamente. La competencia fue entonces la norma, sobre todo entre las compañías inglesa y holandesa, hasta 1620, en que se llegó a un acuerdo de cooperación antes de volver a los enfrentamientos. A estas empresas se unió, en la segunda mitad del siglo XVII, el comerciante de esclavos británico Elihu Yale[iii], que vio una oportunidad de negocio en las especias junto con otros, estableciéndose así en Massachusetts un floreciente comercio.

Pero para esa época se vio la necesidad de diversificar el comercio dando entrada al té, el café, el azúcar y otros productos, además de que se habían producido cambios en los gustos de la demanda europea. La corrupción en la Compañía holandesa, entre tanto, le había hecho perder importancia en las rutas abiertas con tanto esfuerzo. Durante el siglo XVIII, como consecuencia de las ideas ilustradas que se abrían paso, se vio la posibilidad de cultivar en Europa, mediante invernaderos, las plantas de las que se obtenían las especias orientales, y al dar comienzo el siglo XIX Claudio Boutelou[iv] publicó una serie de obras sobre injertos, los cultivos de huerta, descripción de especias y sus propiedades.

Como se ha dicho (el uso de especias orientales dio la frase “lujo asiático”), fue signo de distinción y poder, por lo que dichas especias solo las consumían las familias pudientes. El resto de la población se valió de especias locales como la salvia, el romero, el hinojo, el perejil, el espliego, el filantro, etc. Algunas tenían la propiedad de conservar los alimentos, pero en Europa se había extendido la costumbre del secado (embutidos), la salazón (pescados), escabeches con vinagre, conservación en aceite y vino, elaboración de salsas para dar mejor sabor a los alimentos, etc. Son de destacar las bebidas reconfortantes elaboradas por los monjes de Poblet que luego siguieron otros cenobios, y en algunas regiones de España se elaboró un aguamiel especiado que se guardaba en cuevas para garantizar su frescor.

Desde el punto de vista terapéutico se impusieron el empirismo y la credulidad de las gentes; mito y magia estuvieron presentes en las cualidades medicinales y curativas de las especias y plantas. Los venecianos “inventaron” un polifármaco en el que el rito tenía más importancia que el producto obtenido. Cervantes nos ha legado su “bálsamo de Fierabrás” como panacea para todos los males de su protagonista quijotesco. La botánica, en el siglo XVI, estuvo en medio del oscurantismo, del que se hace eco Andrés Laguna en 1555 con el escepticismo que le caracteriza: las descripciones terapéuticas adolecían del desconocimiento de las plantas pretendidamente medicinales por sus recomendadores, así como los preparados.

El pimentero es una planta trepadora a la que se dieron facultades que no tiene. El amomo o cardamomo sería el combinado de varias especias aromáticas, pero en realidad es una herbácea perenne y aromática de cierta longitud en altura. El jenjibre tiene un sabor picante y se decía de él que servía como afrodisíaco, lo que no se corresponde con la realidad. Cristóbal Acosta, que a mediados del siglo XVI estuvo como soldado en la India, conoció al naturalista portugués García de Orta, y llegó a publicar un “Tratado de las drogas y medicinas de las Indias orientales”, donde dice que la canela (que tenía un alto coste) combatía los dolores de estómago y muchos males más, igual que la pimienta negra, pero denuncia las descripciones “mágicas” que se hacían en su época.

Del clavo dice que combate los males del hígado, y contra otras enfermedades era buena la nuez moscada. Las plantas que producen las especias, incluso en el siglo XVII, fueron desconocidas en Europa, y de estas nunca fueron descubiertas sus propiedades terapéuticas. Con el impulso de la ciencia en el siglo XVIII las plantas vivas cruzaron el océano a bordo de los buques para su estudio, misión especial de las expediciones de la época. En su “Dorotea”, Lope de Vega hace decir a uno de sus personajes cuando trata de describir la casa de la mujer a la que pretende:

¿Qué humo es este? ¡Qué gentil pastillas! ¿Esto es vuestra casa, señora Dorotea, donde dice mi amo que se retrató el paraíso, los olores de la India oriental, donde nacen el clavo y la canela y espira más fino el ámbar que en los mares de la Florida?[v]


[i] Constituyeron un imperio en la India entre los siglos XVI y XIX.

[ii] Se ha puesto en duda el testimonio de Marco Polo en su obra “Il Milione”, cuyo autor sería alguien a su servicio, Rustichello de Pisa, pero sometida a crítica, es posible sacar algunas conclusiones.

[iii] Benefactor de la Universidad de Yale, que por eso se llama así, en Connecticut.

[iv] De origen francés, desarrolló su labor científica en España.

[v] El presente resumen se basa en un trabajo de Don Antonio González Bueno.

lunes, 11 de enero de 2021

Franco abandona a los jesuitas en China

 

Se sabe mucho de las buenas relaciones del general Franco, desde 1936, con la Italia fascista y con la Alemania nazi, pero se sabe menos de aquellas con el Japón ultranacionalista y gobernado por militares fanáticos que, junto con el emperador, llevaron a su pueblo a la ruina total.

Entre el final de la guerra española (1939) y 1941, la actividad de Falange en el exterior fue más activa que en cualquier otro momento, conociéndose poco (salvo para estudiosos) sus actividades en Japón, China y Filipinas. La mayoría de los españoles en Japón eran misioneros que apoyaban al régimen de Franco, pero residían en lugares apartados.

Por su parte, Eduardo Herrera de la Rosa, coronel y antiguo Agregado Militar de la Legación española en Tokio, tenía buenas relaciones con altos funcionarios japoneses, y su actividad fue muy intensa en materia propagandística, contribuyendo al conocimiento de Falange en Japón. A mediados de 1941, Herrera informó sobre la colaboración de los hispanistas japoneses y del trabajo llevado a cabo por el gobierno español y “nuestro Caudillo”, de lo que estuvieron bien informados los gobernantes japoneses.

Luego comenzó la fase de cooperación económica mediante la Misión Económica Española a Japón, que visitó no solo éste país sino también los territorios continentales dominados por su ejército, sobrepasando su contenido lo estrictamente económico. Japón también mantuvo relaciones con países Iberoamericanos (Colombia, Perú, Guatemala, Argentina, México, Paraguay, Chile y Bolivia) para comprar metales para la industria de guerra y petróleo. Otros países que figuraron en los planes económicos japoneses fueron Venezuela, Canadá, Egipto y Francia.

A la recepción de los enviados españoles asistieron el ministro Arita, el viceministro Tani y representaciones diplomáticas de Portugal y los países Iberoamericanos, y en éste momento se produjo la ocupación de Francia por el ejército alemán, además de la entrada de Italia en guerra, por lo que el conflicto se extendía al Mediterráneo.

Japón, interesado como estaba en conseguir materias primas españolas, pocas obtuvo en relación a esta visita, pero a la España de Franco le sirvió de propaganda, pues se mostraba ante los países Iberoamericanos como “socio” de una gran potencia. En cuanto a los japoneses su objetivo fue expresado por Yano Makoto poco después de acabada la guerra civil: La actitud de Alemania cuando negociaba con España sobre la participación en éste pacto [Anticomunista] era más agresiva que la de Italia, continuando el citado que Franco, en caso de guerra, tomaría una actitud neutral. La ayuda material que se esperaba de España se plasmó en un acuerdo económico de 1940, pero hubo otro de tipo no material, como la recogida de información, la representación de intereses o la formación de una red de espionaje.

Los contactos entre la España franquista y el estado pro-japonés en Manchuria nunca dejaron de ser una recreación de los hispano-japoneses, en cuanto Hsinking* cumplía para Japón una función semejante a la de Madrid para Italia, y en la que la propaganda siguió siendo el aspecto clave. El punto álgido de lo que fueron estas relaciones tras finalizar la guerra en España lo constituyeron la visita de Méndez Vigo (embajador en Tokio y en Hsinking) y, después, lo hecho por la Misión Económica de Castro Girona (militar africanista). Además, la negociación para el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, que concluyó en septiembre de 1941.

Para España hubo consecuencias negativas de la preeminencia japonesa en Oriente, particularmente para los misioneros y sus propiedades. Ygual[i] explicó esto de la siguiente manera: Las comunidades religiosas acuden constantemente a esta representación para quejarse de cómo son tratados los misioneros en las diferentes regiones ocupadas por las tropas invasoras, y cuyas reclamaciones vengo cursando directamente a las autoridades locales y por intermedio de nuestra Legación en el Japón, sin que nunca sean atendidas debidamente y, en muchos casos, con serios temores de los reclamantes que quedan sujetos a represalias de los demás oficiales locales molestos por nuestras notas de protesta. Hubo otros conflictos, como los problemas cuando los españoles tenían que cruzar el “puente internacional” de Tientsin[ii]. En consecuencia, ya en éste período se desarrolló un sentimiento adverso entre los funcionarios en Oriente que veremos generalizado a partir de 1943.

España no era correspondida en sus atenciones hacia Japón, de lo que informa Ygual quien, tras dirigir una nota al consulado japonés sobre la “falta de cortesía y consideración que constantemente demuestran hacia mi persona y al resto de la colonia en China”, se extiende sobre los problemas que ha de vivir allí como occidental ante la ocupación japonesa, finalizando con una petición de apoyo a Madrid: “que deben corresponder [las autoridades japonesas] a nuestra política de acercamiento a ellos con algo más que con palabras, ya que por ayudarles en sus expansiones territoriales hemos sacrificado nuestra extraterritorialidad y estamos enemistados con Chunking[iii] y representaciones de muchos países, corriendo nuestros misioneros graves peligros en los territorios controlados” por Chiang Kai-Shek.

El único caso que encuentra Florentino Rodao[iv] de colaboración occidental  frente a Japón es el de la concesión francesa de Shanghai**, que Ygual disfraza de unión contra la amenaza china. Y la única posible ventaja que se pudo encontrar para España de la amistad con Japón es el efecto que tuvieron algunas protestas en Tokio: el intento de apoderarse de un colegio de los jesuitas en Wuhu[v], que se rectificó, y también se llegó a un acuerdo para que los japoneses indemnizasen a las Misiones jesuíticas de Wuhu y Chaosen[vi] con 14.000 dólares chinos por los daños que habían sufrido.

Quizás la decisión de corresponder a las solicitudes españolas tuvo que ver –dice Florentino Rodao- con el bombardeo a la misión de Langki[vii] en 1941, con 40 muertos, 60 heridos y no pocos daños, que fue el causante de la primera Nota Verbal desde Madrid. Y antes incluso de la entrada de Estados Unidos en guerra con Japón, las relaciones de éste con la España de Franco se fueron agriando. Los archivos demuestran que Madrid prefirió, en general, no implicarse directamente en las protestas hacia los japoneses y que estas fueron obra, principalmente, de la Legación en Tokio. Con motivo del bombardeo citado, incluso desde el gobierno español se dice que España “no deja de dar pruebas evidentes de su simpatía, comprensión y amistad a la Nación japonesa”.


* Es el hombre de Changchun entre 1932 y 1945, al nordeste de China, siendo la capital del estado títere de Manchukuo.

[i] Pedro Igual (o Ygual) fue cónsul español en China entre 1939 y 1940, pero no fue reconocido por el gobierno nacionalista dadas las relaciones que mantenía con la República española. Más tarde sí sería reconocido.

[ii] Tianjin, al nordeste de China.

[iii] En la época, uno de los territorios en torno al cual se produjo la República Popular China en 1949.

[iv] “Relaciones Hispano-Japonesas, 1937-1945”. Tesis doctoral de la que obtenemos la información para éste resumen.

** Territorio dentro de la ciudad de Shanghai que administraba Francia como si fuese de su soberanía. La Francia de Vichy puso fin a esta situación en 1943.

[v] Al este de China, en la provincia de Anhui.

[vi] Corea.

[vii] Al este de China, en la provincia de Anhui.

Fotografía tomada de Wikipedia.

jueves, 25 de junio de 2020

Una frontera con los partos


En un trabajo de A. González Blanco y G. Matilla Séiquer[i] dicen que Pompeyo y Augusto habían fijado la frontera romana en Siria, junto al Éufrates y delante de Antioquía. Trajano, deseoso de tener para el Imperio una gran vía comercial y militar que uniese Aila (Aqaba), en el mar Rojo, con la desembocadura de Phase, en el mar Negro, no se contentó con estar en contacto con la frontera de los partos, constituida por el camino real que iba a lo largo de la ribera izquierda del Éufrates. Pronto avanzó hacia el Tigris y se constituyó entonces un gran triángulo de caminos cuyos centros militares fueron Carrhas (Harran)[ii] y Nísibis[iii]. Luego el avance continuó más allá del río por la anexión de cinco provincias transtriguitanas. Con Adriano se produjo un repliegue abandonando Asiria y Mesopotamia, lo que dio ocasión a un ataque de los partos contra la Siria romana. Marco Aurelio volvió, con algunas modificaciones, al avance de Trajano y se estableció el protectorado hasta el Tigris.

Septimio Severo consolidó este avance estableciendo la frontera de la Mesopotamia romana en el Tigris por el norte y por el este en el Habür[iv]. Carrhas y Nísibis seguirían siendo durante un siglo y medio “los bulevares” –dicen los autores citados- del Asia romana. Diocleciano, cuando acaba el siglo III, restableció y consolidó el avance de Septimio Severo sobre el Tigris e hizo de Circesium[v] el punto de apoyo del limes del Éufrates.

Dicen los autores a los que sigo que si nos preguntamos cómo se integró este territorio en la estructura política y administrativa del Oriente, vemos que formó parte de la provincia Cirréstica[vi] como zona periférica de la misma, y al hablar de la provincia de Osroene[vii] y de la Mesopotamia, se puede decir que “el gobierno de la provincia se confió a un prefecto de rango ecuestre. La capital era probablemente Nísibis, elevada por Septimio Severo al rango de colonia; formaba parte de la provincia probablemente también Singara[viii], quizá colonia desde tiempo de Marco Aurelio, y luego defendida por la Legio I Parthica. También adquirieron categoría de colonias Carras y Rhesaena[ix], esta probablemente con la Legio III Parthica. La nueva provincia correspondía aproximadamente a todo el territorio de Mesopotamia septentrional, encerrada entre el Éufrates al oeste y el Tigris al este, el Habür y más allá Thannuris[x].

Si Siria llegó a ser un punto candente del helenismo –dicen González Blanco y Matilla-, la conquista romana no quitó importancia a la tierra de la que se ha escrito lo siguiente: “Trajano fue, antes de ser emperador, durante la magistratura siria de su padre (76-77 d. C.) tribunus militum en esta provincia, cuyos gobernantes a partir de entonces en numerosas ocasiones alcanzaron el trono imperial (Adriano, Pertinax), o al menos lo pretendieron (Avidio Casio, Pescenio Niger)”. Y también citan los autores a los que sigo que “por primera vez con la conquista macedonia entra esta tierra cultural y económicamente en estrecho contacto con el occidente, y gracias a su ventajosa posición se desarrolla hasta llegar a ser uno de los puntos candentes del helenismo”.

F. Hronzy[xi] escribió sobre los cereales que la antigua Babilonia ofrecía a Roma: “en esta ocasión, yo quisiera dirigir una apremiante llamada a todos los investigadores que excavan o excavarán en las tierras del Éufrates, para que atiendan no solo las inscripciones, sino también y con no menor interés a los restos de la flora que se encuentren en las tumbas, en los comedores, en los adobes, etc. Semejantes restos de la cultura asirio-babilónica no son menos importantes que las inscripciones o los monumentos artísticos de estos antiguos pueblos. Al modo como los documentos escritos nos permiten reconstruir la cultura espiritual de los antiguos…, así los restos de plantas cultivadas y en especial los cereales nos permiten ilustrar de manera espléndida la cultura material…”.



[i] “Aspectos generales de la romanización de Siria, con particular atención a la Mesopotamia”.
[ii] Cerca de la frontera de la actual Turquía con Siria.
[iii] La actual Nusaybin, al sureste de Turquía.
[iv] Al este de la actual Siria.
[v] Era una ciudad fortaleza al este de la actual Siria.
[vi] Desde Diocleciano, que fue quien creó dicha administración.
[vii] Entre Turquía y Siria. ​
[viii] Lugar fortificado al norte de Mesopotamia, fue el campamento de la Legio I Parthica. 
[ix] En el extremo norte de la actual Siria.
[x] Muy cerca de los topónimos citados.
[xi] Escribió a principios del siglo XX sobre la civilización hitita.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Españoles en Japón

https://portalancestral.com/mapa-del-siglo-xvi-
es-ensamblado-por-primera-vez/

Hideyoshi Toyotomi fue un daimio (señor feudal) japonés que vivió en el siglo XVI, cuando clérigos españoles de varias órdenes religiosas intervenían en aquellas lejanas tierras tanto para extender el cristianismo como para favorecer a los comerciantes españoles. Entre estos clérigos hubo una rivalidad por la división territorial de las rutas entre dos Patronatos, el portugués y el español.

A principios de 1585 el papa Gregorio XIII, a instancias del jesuita Valignano, promulgó una bula por la que los jesuitas debían ser la “única” orden misionera autorizada en el hemisferio japonés. Debe recordarse que en estos momentos las coronas española y portuguesa estaban unidas en la persona de Felipe II, pero Portugal seguía ejerciendo una amplia autonomía de acuerdo con las prerrogativas reconocidas en su momento. Diferentes órdenes religiosas españolas quisieron participar en la evangelización de Japón (y no solo) alentadas por mercaderes que iban a lo suyo en la región Macao-Nagasaki-Manila-Nueva España.

El jesuita Valignano defendía a favor de su orden que era necesaria la “uniformidad” en la evangelización y la adaptación del cristianismo a la cultura japonesa, pero la bula de Gregorio XIII no se publicó en Manila hasta un año y medio después, y el nuevo papa, Sixto V, con otra bula, revocó el “monopolio” misionero de los jesuitas al autorizar a otros religiosos. Así, frailes agustinos, franciscanos y dominicos actuaron en lo religioso y en otras esferas en las lejanas tierras de oriente. Abrieron hospitales y promovieron ciertas liturgias de la cristiandad de la época.

En 1614 se pusieron de manifiesto los diferentes modos entre jesuitas y las otras órdenes: los primeros consideraban que se debía actuar de acuerdo con la elevada cultura existente en Japón y que el cristianismo debía ser “injertado” en dicha cultura. Los frailes de las demás órdenes estaban más preocupados por los pobres y consideraban que esa tierra estaba “vacía”[i].

A partir de los años que siguen a 1580 fue aumentando el número de contactos religiosos, comerciales y políticos entre Japón y Manila, mientras que Hideyoshi iba debilitando su apoyo a los jesuitas cuando había conseguido ejercer una suerte de regencia sobre Japón. Aún así, los jesuitas contaban, en 1614, con 143 sacerdotes, dos colegios, 24 residencias y con la ayuda de 250 catequistas laicos japoneses.

Puede que la comunidad cristiana en Japón llegara a sobrepasar los 300.000 fieles, pues se han contado 50 daimios cristianos, algún familiar de Hideyoshi, su médico, esposas de poderosos señores, camareras palaciegas, nobles, ricos comerciantes, pintores…

Por su parte, la ciudad de Manila era ya española en 1571 y fue Urdaneta[ii] el que encontró la mejor ruta marítima de Manila a Acapulco. Japón se encontraba, no obstante, dentro de la jurisdicción portuguesa de acuerdo con su Patronato, por lo que era territorio vedado a los navegantes y misioneros españoles, pero existía un comercio japonés privado con Filipinas antes de que los españoles llegasen a Manila.

El historiador Antonio Cabezas[iii] señala que Legazpi, después de fundar Manila, dio la bienvenida a los inmigrantes chinos, y tres años después ya eran seis los juncos chinos que navegaban regularmente a Manila repletos de sedas, parte de las cuales se llevaban a México y España y la otra parte la compraban los japoneses, que deseaban romper el monopolio portugués. El Gobernador de Manila abrió sendos barrios, chino y japonés, entre 1580 y 1582, llegando a vivir allí un máximo de mil quinientos japoneses, cuya cristianización fue encomendada a los franciscanos (a los dominicos se les encargó la de los chinos).

En 1584 un galeón español con algunos frailes a bordo (dominicos y franciscanos) desviado por un temporal, llegó a las costas de Hirado (isla de Kyushu), siendo recibidos los pasajeros por las autoridades con entusiasmo. porque deseaban romper el monopolio portugués. Es la época en la que el poderoso Hideyoshi se dirige al Gobernador español en Filipinas hablándole de su intención de extender su poder a esas islas[iv]. El español envió una embajada a Hideyoshi formada por cuatro frailes franciscanos, entre otros, que hicieron al japonés algunos regalos. Este se debió sentir halagado, pues invitó a los españoles a conocer su corte y palacios en varias ciudades. En Kyoto edificaron los frailes una pequeña iglesia en un terreno cedido por Hideyoshi, un convento con leprosería y un hospicio. A partir de este momento comenzó un goteo de frailes que llegaban a Japón desde Filipinas.

Los frailes españoles cada vez se mostraban más desobedientes a las prohibiciones de Hideyoshi contra el cristianismo (contrariamente a la política de los jesuitas) con un claro abuso de su status diplomático. Es cuando en 1596 se produjo el naufragio del galeón español “San Felipe” en las costas de Tosa[v], haciendo la ruta Manila-Acapulco. Siendo auxiliados los náufragos españoles, entre los que había agustinos, franciscanos y un dominico, las autoridades locales se incautaron del cargamento, lo que llevó a las protestas correspondientes, respondiendo Hideyoshi violentamente con redadas persecutorias en Kioto y las ejecuciones de 26 japoneses cristianos, entre ellos franciscanos, jesuitas y seglares.

Más tarde los frailes continuaron llegando de Manila al tiempo que el comercio bilateral entre Japón y Filipinas aumentaba, pero no se evitó un conflicto armado que terminó con la batalla de Sekigahara (al sur de Japón) en 1600: se trató de una lucha civil entre los partidarios de dos banderías japonesas que pugnaban por hacerse con el control de Japón, una de ellas formada por los seguidores de Tokugawa[vi].

En ese mismo año llegó a Japón el marino inglés William Adams, que se convertiría en asesor de Tokugawa, avivando la animadversión contra los misioneros españoles y propiciando las relaciones con ingleses y holandeses, pero ello no impidió que se rehabilitaran las relaciones diplomáticas con Manila. Otro naufragio español en las costas japonesas propició mejores relaciones: en 1609 la nao “San Francisco” chocó contra unos arrecifes en la costa japonesa, estando a bordo Rodrigo Vivero y Velasco, Gobernador de Filipinas, que pasó diez meses en Japón y se relacionó con Leyasu Tokugawa. Ambos llegaron a un acuerdo para el comercio entre Japón y México, con respecto a los misioneros para que actuasen libremente y contra los piratas holandeses. Vivero describió así la ciudad de Yedo (antiguo nombre de Tokio):

Por este río [en realidad son varios] que se divierte y desangra por muchas calles…Luego habla de las casas diciendo que son más pobres por fuera que las españolas, pero el primor de aquellas [las de Kioto] por dentro les hace grandísima ventaja. Los barrios –dice- se especializan por los diversos oficios: sin que se mezcle otro oficio ni persona… zapateros, herreros, sastres, mercaderes y, en suma, por calles y barrios todos los oficios de géneros diferentes que se pueden comprehender… Otro barrio hay que llaman la pescadería… porque se venden en él todos los géneros de pescado de la mar y de los ríos que pueden desearse, secos, salados y frescos y en unas tinas muy grandes llenas de agua mucho pescado vivo… la limpieza con que está puesto causa apetito a los compradores… El barrio y calle de las malas mujeres siempre le tienen en los arrabales…

En cuanto a los productos de Japón, dice Vivero: Es prosperísima la tierra de oro y plata… El arroz es el sustento ordinario, aunque se da trigo… y de caza y de pesca tienen… venados, conejos, perdices, cavacos, y toda caza de volatería… En el Reino de Boju tienen rico de oro, a la punta de él cogen algodón… Los caballeros se visten de seda… tráenla cada año de China…

Vivero estaba familiarizado con la metalurgia de las minas de plata que España explotaba en México y se dio cuenta de que podía ser intercolutor con Leyasu Tokugawa y su hijo, consiguiendo llegar a un acuerdo entre Japón y España. Al mismo tiempo se entrevistó Vivero con el franciscano Luis Sotelo, experto misionero sevillano en Japón, un visionario que se creía responsable de cumplir una elevada misión. Se ofreció al Shogun (*) como embajador ante la corte española pero, enterado Vivero, interfirió en lo que a su parecer era artificioso...



[i] Véase la obra de Lourdes Terrón Barbosa, “Franciscanos en el Japón…”, en la cual se basa el presente resumen.
[ii] Militar, marino, cosmógrafo y agustino español que participó en la exploración del Pacífico.
[iii] “El Siglo Ibérico en Japón…”, que cita la autora de la nota i.
[iv] Así había hecho en Corea y China.
[v] En la isla de Shikoku, al sur de Japón.
[vi] Dinastía que gobernó hasta la revolución Meihi en 1868.
(*) Título que ostentaba el emperador de Japón.

sábado, 2 de noviembre de 2019

Una antigua ciudad china

Pieza de jade

El lago Taihu y el yacimiento de Liangzhu se encuentran al este de China, donde están las ruinas de una antigua ciudad cuyo momento de esplendor estuvo, según los expertos, en el cuarto milenio antes de Cristo. El hallazgo de una gran pieza de jade tallado en esas ruinas confirma la existencia de una cultura que tuvo su centro, o uno de ellos, aquí.

La pieza pertenece un tipo de artilugios de jade (“El País”, 29 de agosto de 2019) en forma de tubo, pero con la parte exterior de sección cuadrada. Por su enorme tamaño y sus 6,5 kg. de peso, se ha tomado muy en consideración, pues no solo se trata de uno de los más grandes encontrados en dichas ruinas, sino también el que tiene una de las decoraciones de emblemas sagrados más complejas.

No obstante, el yacimiento contiene mucho más que tallas de jade, pues el área central de la ciudad abarca 14,3 km2. e incluye once presas y varios cementerios, habiendo estado habitada esta ciudad durante más de un milenio. Según la UNESCO, “las ruinas de Liangzhu… revelan que existió un antiguo estado en época neolítica china que se basaba en el cultivo del arroz”. Destacan también sus monumentos, el sistema de conservación del  agua y enterramientos, que parecen revelar cierta jerarquización social.

Los estudios están siendo dirigidos por Liu Bin, del Instituto provincial de Reliquias y Arqueología de Zhejiang, revelando que solo el interior de la ciudad ocupaba 2,8 km2. y la parte exterior, 6,3 km2. Las investigaciones que se han llevado a cabo entre 2010 y 2016 muestran que contaba con un complicado sistema de represas, y el experto Wang Ningyuan ha señalado que “los canales no solo evitaban las inundaciones, sino que servían de vías de transporte en una época en la que no había vehículos ni caballos domesticados. El agua de las vías navegables se almacenaba en un depósito artificial que se estima tenía unos 13 km2.

En 2007 las excavaciones desvelaron que las murallas del recinto, levantadas en barro con cimientos de piedra, tenían un grosor enorme, pero ya en 1936 se habían excavado más de diez yacimientos neolíticos y se encontraron distintos objetos de cerámica negra. En la década de los cincuenta del siglo pasado salieron a la luz piezas similares alrededor del lago Taihu, pero no fue hasta 1986 cuando los expertos encontraron la pieza que hoy se considera emblemática y que se ha llamado “rey de los cong”. Apareció en un cementerio bajo tierra durante la construcción de una fábrica.

En la región citada aparecieron también once tumbas con, aproximadamente, 1.200 objetos, el 90% de ellos de jade. Luego se desenterraron doce tumbas más con unos 700 objetos. Desde entonces se sabe que en Liangzhu adoraban a una deidad con forma humana montada sobre una máscara animal, cuya representación se repite en todos los objetos de jade. Los expertos creen que la autoridad aunaba divinidad y realeza, y el jade era símbolo de estatus social (por su belleza, decoración, etc.), habiendo pertenecido el “rey de los cong”, probablemente, a algún alto gobernante que además tendría el poder religioso[i].




[i] Fuente: “El País”, 29 de agosto de 2019.
Ver: https://www.youtube.com/watch?v=spvY5IQXnZw

viernes, 28 de septiembre de 2018

Hominización en China



Todos sabemos que la historia de homo comienza en África según los científicos han venido confirmando en el último siglo, pero ciertos yacimientos en China han presentado dudas sobre si fue en el continente africano o en el país asiático donde tuvo su origen la especie humana.

Hallazgos en China, según Jaque Qiu, hay paleoantropólogos que están empezando a prestar más atención a los fósiles asiáticos y cómo estos se relacionan con otros de los primeros homínidos. En China y en otras partes de Asia se han encontrado una gran cantidad de restos de la especie homo y consideran que alguna o algunas de estas migrarían a otros continentes a partir de Asia. Sin embargo, otros consideran que no hay evidencias de esto y sí muchas sobre los descubrimientos en África de restos mucho más antiguos, los cuales se repartieron posteriormente por todo el mundo.

En las afueras de Pekín –sigue diciendo Jane Qiu[1]- hay una pequeña montaña conocida como Colina Hueso Dragón donde, en 1929, se descubrió un cráneo casi completo que hoy se sabe tiene una antigüedad de unos 780.000 años; es del llamado “hombre de Pekín”. Pero de África se tienen datos muy anteriores. Muchos se preguntan si los descendientes del hombre de Pekín y otros miembros de homo erectus desaparecieron o evolucionaron hasta convertirse en una especie más moderna. Por su parte, el gobierno está destinando recursos para que en el Instituto de Paleontología y Paleoantropología de Vertebrados de China, se extraiga y secuencie ADN antiguo.

La cosa no se presenta fácil porque la mayor parte de los especialistas consideran que la evolución de homo erectus se produjo en África hace unos 2 millones de años y algo antes de 600.000 años de antigüedad se originó una nueva especie que conocemos como homo heidelbergensis, cuyos restos más antiguos se encontraron en Etiopía. Hace unos 400.000 años algunos heidelbergensis salieron de África hacia Medio Oriente y Europa, formándose lo que conocemos como neandertal; otros se fueron a Asia, convirtiéndose en lo que se conoce como denisovanos, descubiertos por primera vez en Siberia en 2010.

La población restante de heidelbergensis en África evolucionó hasta convertirse en nuestra especie, la que ha perdurado: homo sapiens se habría formado hace unos 200.000 años. Estos aparecen en Eurosasia hace unos 60.000 años, donde sustituyeron a los homínidos preexistentes con una cantidad mínima de entrecruzamiento. Una característica de heidelbergensis –el ancestro común de los neandertales, denisovanos y los humanos modernos- es que tienen rasgos primitivos y modernos. Algunos han considerado a heidelbergesis como una transición entre erectus y sapiens.

Los fósiles chinos muestran que entre 900.000 y 125.000 años atrás, el este de Asia estaba poblado por homínidos a medio camino entre erectus y sapiens. Parecen incluso más avanzados que erectus, pero no encajan en ninguna de las categorías que se conocen. Algunos los han agrupado junto a los heidelbergensis, puesto que los más antiguos restos (dos cráneos descubiertos en Yunxian (Hubei) se remontan a 900.000 años. Incluso algún especialista ha llegado a decir que heidelbergensis se originó en Asia antes de extenderse a otros continentes. Hoy, aún aportando los que trabajan en Asia novedades inquietantes, la comunidad científica sigue creyendo que el origen de nuestra especie está en África, por lo que el título que figura abajo es más bien una llamada a la curiosidad que otra cosa.



[1] “China está reescribiendo el libro de los orígenes humanos”, Revista Nature, 18 de julio de 2016.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Tonkín y conflictividad social




Vierzon, Francia
En 1883, en plena fiebre imperialista, Francia se hizo dueña de Tonkín, lo que trajo un gran revuelo en el país y en buena parte de Europa. Hasta tal punto este asunto ocupó las páginas de la prensa y las preocupaciones de la opinión pública, que el periódico “La France Militaire”, que pasaba por ser el órgano oficioso del ministerio de la Guerra, al frente del cual estaba Georges Boulanger, publicó: “la cuestión social no tiene más que una solución posible: la guerra”, apostillando algún otro de filiación obrera que tal medida sería para “enviar a los obreros a la matanza”.

En efecto, el movimiento obrero estaba en la Francia de finales de siglo en plena ebullición, de la misma forma que la política imperialista de la III República. Fue durante la época del II Imperio cuando Francia se extendió por el extremo sureste de Asia y, por lo tanto, la región al norte de Vietnam que es Tonkin, conocida por portugueses, españoles, holandeses e ingleses antes de la presencia francesa.

El periódico francés citado acertó en lo que ocurriría, pues entre 1884 y 1885 el ejército francés libraría una guerra contra China por el control de Tonkin, que era un “protectorado” de la dinastía reinante en China. Solo unos pocos años antes (1882) había muerto el socialista francés Louis Blanc, autor de una obra en su juventud llamada a tener gran influencia en el movimiento obrero francés: “La organización del trabajo”. En dicha obra, Blanc consideraba que las grandes transformaciones sociales debían ser llevadas a cabo por el Estado, no tanto por la movilización del proletariado.

Tonkín y los problemas sociales: he aquí lo que, según el periódico “La France Militaire”, atenazaba a Francia en torno a 1886. Precisamente en esos momentos se estaba produciendo una huelga en la localidad francesa de Vierzon, en el centro del país, que comenzaba a ser ya un importante nudo de comunicaciones ferroviarias. El periódico “Cri du People” utilizó, para calificar este conflicto, de “robos escandalosos” por parte de los dueños de la “Sociedad Francesa de Material Agrícola”, expresión –según dice el periódico- del “bandolerismo capitalista”, muy en el léxico de la época. Las reducciones salariales y los despidos en dicha empresa habían encendido la mecha de la huelga.

Más al sur, en Saint Etienne, centro minero de carbón, se habían agotado las concesiones a los mineros por parte de la “Compañía de Rive-de-Gier” (en el departamento del Loira), prometiendo seguir con dichas concesiones aunque estuviesen hipotecadas, por lo que se trataría de un engaño a los trabajadores según la prensa afín a ellos. Son solo algunos ejemplos del clima social que se vivía en Francia en esa penúltima década del siglo XIX: aventura colonial por un lado, gran conflictividad social por el otro.

sábado, 16 de septiembre de 2017

El "Estado da India"




José Antonio Cantón, en una extensa obra, ha estudiado el comercio del opio en relación con el colonialismo europeo en Asia[1], dedicando un capítulo a la expansión colonial portuguesa en India.

El opio fue objeto de mercado tempranamente, por más de que en China había sido una medicina muy utilizada, pero durante el siglo XVI la demanda del mismo aumentó y su producción se extendió a escala mundial. Además existió un comercio intraasiático, en el cual los colonos europeos jugaron un papel. Estos no tardaron en ver en él una herramienta que podía servir a sus objetivos y desde la llegada de los primeros exploradores lusos a India, a inicios del siglo XVI, uno una voluntad expresa de establecer un control privativo sobre el mercado de esta droga, aunque los portugueses, según el autor, no consiguieron llevar esta idea a buen puerto.

La dimensión de los cambios que conllevó la llegada de los europeos a las redes comerciales del Índico ha sido muy discutida, habiéndose considerado, junto con el descubrimiento de América, el comienzo de la historia global, si bien esta conclusión tiene un marcado poso eurocéntrico. En primer lugar hay historiadores que no aceptan que en el siglo XVI Europa tuviese la supremacía sobre el mundo, pero el viaje de Vasco de Gama fue el punto culminante de una prolongada política de expediciones por la costa occidental del continente africano. Tras la conquista de Ceuta por los portugueses en 1415, se sucedieron muchos viajes no solo por portugueses, sino por súbditos de las demás monarquías ibéricas. Estas empresas se han interpretado como un intento de buscar una ruta alternativa a la mediterránea para llegar a Asia, pero hay algunos historiadores que ponen el acento en las necesidades económicas de la población europea para atender la demanda del aumento de la misma. Particularmente parece que está demostrado el mayor consumo de trigo, azúcar y pescado.

No se han de despreciar –dice el autor- otros aspectos como la cuestión militar y el espíritu de cruzada del reciente estado portugués, que impulsará el ataque a plazas de “infieles” en territorio africano. Hubo también factores religiosos, como la búsqueda del mítico Preste Juan en las motivaciones particulares de algún rey portugués. Por otra parte se habían producido avances importantes en la náutica provenientes de Asia, como la llamada vela “latina”.

Conforme los portugueses accedieron a las costas de África, el comercio de esclavos y oro se convirtió en prioridad, unida a la explotación agraria en las islas de Cabo Verde para la producción de azúcar. En paralelo se configuró una red portuaria y de enclaves en esta ruta del oeste de África durante la segunda mitad del siglo XV a través del sistema de encomiendas de monopolio mercantil. El rey Joâo II fue el que dio impulso definitivo a esta política de expansión naviera, siendo el primero el establecer el propósito de alcanzar la India (o alguno de sus colaboradores). Son varias las expediciones en este proceso, como la de Diogo Câo, pero Bartolomeu Días fue el primero en llegar a las aguas del Índico (la actual ciudad de Mossel Bay[2]) en 1488. Así se conoció la desembocadura del río Congo y Agonla, donde se creó uno de los enclaves de mayor importancia para Portugal.

Estas expediciones sirvieron de preludio a los viajes de Vasco de Gama, que hizo el recorrido desde Lisboa hasta la costa sudoccidental de India. Los cuatro buques de la expedición salieron de la península en 1497 haciendo cabotaje hasta Sierra Leona y después internarse en el océano aprovechando las corrientes marinas, haciendo escala en El Cabo. Por el Índico siguió la costa de Mozambique hasta llegar a Malindi[3], en Kenia. Desde aquí la expedición no se vio capaz de alcanzar la costa malabar (suroeste de India) hasta pasados varios meses y sortear los monzones. Llegaron a India en 1408 y el regreso se hizo varios meses más tarde.

A partir de este momento el desarrollo de los dominios portugueses aumentó exponencialmente (reinados de Manuel I y Joâo III), con múltiples enclaves en África, el Índico y los territorios de Brasil. El rey Manuel I (o alguno de sus colaboradores) planteó la idea de legitimación, de fuerte inspiración de cruzada, mientras el poder otomano estaba en su cénit en el Mediterráneo. Así se materializó lo que se dio en llamar Estado da India, nombrándose virreyes y gobernadores en muchos puntos.

Si las expediciones de Pedro Álvares Cabral y la de Vasco da Gama tuvieron un afán exploratorio, con la llegada de los portugueses a la India se inicia el modelo de creación de feitorías, que comenzará con la adhesión de Calicut[4] y Cochín[5], la primera después de haber sido bombardeada. Tras el virreinato de Francisco de Almeida, el Estado da India experimentó su mayor crecimiento con la llegada del virrey Alfonso de Alburquerque (principios del siglo XVI), expandiéndose los dominios portugueses y adquiriendo importancia Goa, al norte de Calcuta, donde se centralizó la presencia portuguesa en Asia, a la que siguió Malaca en 1511, que canalizó el comercio con los archipiélagos de Indonesia y las rutas hacia China y Japón. Este virrey prestó también importancia a los enclaves musulmanes que controlaban el comercio desde el Índico hasta Persia y Egipto: Ormuz y Adén; pudo conquistar la primera pero no la segunda.

Durante la primera mitad del siglo XVI, pues, se configuró el Estado da India como un rosario de ciudades donde la práctica del saqueo y el pillaje fueron casi la única forma de mantener la hegemonía portuguesa. Es más, aquellos fueron el incentivo para los comerciantes, ya que las ciudades en islas y enclaves costeros no contaban con un hinterland y dependían en gran parte de la llegada de provisiones por mar. La práctica del corso, pues, fue común.


[1] “Opio, comercio y colonialismo: el opio en la penetración colonial europea en Asia y China”, 2015.
[2] Sur de Sudáfrica, al este de El Cabo.
[3] Al norte de Mombasa.
[4] Calcuta, en el suroeste de India.
[5] Al sur de Calcuta.