jueves, 23 de diciembre de 2021

Ciencia y fe

 

Contra lo que otras personas opinan, no creo que el sector servicios vaya a crecer en el futuro mucho más, no creo que el teletrabajo se desarrolle tanto como algunos especulan, no creo que la tecnología vaya a proporcionar más beneficios que desgracias; no creo que la ciencia avance a la velocidad que se nos dice en los programas divulgativos.

La agricultura de cercanía podría absorber una pequeña parte de la población activa para suministrar productos de calidad a una población con alto poder adquisitivo, además de que –si se reducen las jornadas laborales, lo que solo ocurrirá en unos países- un número creciente de personas podrían seguir el ejemplo de unos pocos vanguardistas que ya se han puesto a cultivar en sus pequeños huertos para el autoconsumo.

La agricultura y ganadería intensivas tendrán que echar el freno si no se quiere saturar el mercado con precios a la baja y agotar la fertilidad de los suelos. La agricultura y ganadería extensivas, más ecológicas, podrían ser impulsadas por gobiernos y asociaciones para aprovechar los prados, el bosque, los montes y otros pastos.

El sector servicios podría destruir empleo si la técnica se implanta como lo viene haciendo, pagando las consecuencias los empleados y el público en general (véanse a los clientes de los bancos, de las compañías eléctricas, etc.) que sufre las consecuencias de tener que hacer sus operaciones con máquinas que, como cabe esperar, fallan.

Como ha ocurrido con la televisión, que de un gran recurso se ha convertido en un gran basurero, así ya se está viendo en Internet, una gran red que se cobra un alto precio en violación de la intimidad, engaños y otros fraudes, pérdida de tiempo (que es dinero) y abobamiento de incautos y no incautos.

El teletrabajo, que es posible en algunos casos, no es deseable para la generalidad, pues se pierde sociabilidad y relación, con los efectos psicológicos que llevará consigo. Seguramente una parte del teletrabajo se deberá combinar con otra parte presencial, además de que no se puede ejercer en el transporte, las plataformas petrolíferas, la industria de transformación y otros muchos sectores.

La tecnología, que puede servir para comunicarnos o para curar enfermedades, por ejemplo, no es gratis; establecerá abismos entre quienes la controlan y quienes la consumen; someterá a su dictadura a la mayoría de la población en sus relaciones con la Administración Pública, la empresa privada y servicios elementales y vitales como la sanidad (se está extendiendo la “atención” médica por teléfono en el nivel primario), los médicos no miran al paciente, sino a la pantalla del ordenador, y los diagnósticos llamados objetivos –en algunos casos- se confían a máquinas que no alcanzan, por ejemplo, la complejidad de enfermedades como el daño cerebral.

La ciencia podría convertirse en una nueva y central religión en la medida en que funciona a base de teorías y creencias, simulaciones por ordenador y otras fantasías. Debe distinguirse entre las mediciones hechas por especialistas e investigadores en sus laboratorios y las especulaciones en el campo de la cosmología, la biología, la medicina, la física y otras disciplinas.

Los científicos más avisados ya predican humildad, pues saben que a cada descubrimiento se abre una puerta nueva con la que no se contaba y, tras ella, horizontes que aún están inexplorados. Leyes de la naturaleza que se dieron por sentadas han sido revisadas (la geometría euclidiana, la física o filosofía newtoniana, etc.) y no pocos científicos son partidarios del trabajo junto a antropólogos, psicólogos, filósofos, paleontólogos, arqueólogos e incluso teólogos. El conocimiento no viene de una sola fuente, y esto lo supieron bien los sabios griegos de la antigüedad (y no solo), que estudiaron el cosmos al tiempo que el ser, la materia y sus propiedades.

El mismo Einstein tuvo que rectificar una de sus ecuaciones a principios de los años treinta del siglo pasado para dar respuesta a ciertas comprobaciones que otros hicieron sobre sus teorías de la relatividad. El darwinismo ha explicado con éxito la evolución de los seres vivos a partir de un origen que parece cada vez más claro, pero ni Darwin ni Wallace ni otros posteriores, se han planteado el origen del cosmos. Cuando el sacerdote Lamaître planteó su teoría del “átomo primigenio”, que luego se popularizó como “big-bang”, contó con detractores, y hoy hay científicos dispuestos a revisar dicha teoría.

En efecto: que toda la materia y toda la energía estuvo comprimida en un “espacio” equivalente la cabeza de un alfiler y, sin saber la causa, se expandió hasta formar el cosmos, es un buen acto de fe.

domingo, 3 de octubre de 2021

Somos los primeros

 

                                                           Fósil de Lucy, anterior a homo

Si es cierto que el universo tiene una antigüedad de 13.800 millones de años (que está por ver) y que el ser humano tiene una antigüedad de 2,5 millones, veremos que somos los primeros en un ciclo en el que imaginemos que la especie humana tenga por delante solo cien millones de años, y seguramente tendrá muchos más.

Los científicos, sobre todo físicos, cosmólogos y matemáticos por un lado, y los filósofos, teólogos, antropólogos, etc. por el otro, nos hablan de un “big-bang” que –digámoslo cuanto antes- no ha sido más que una forma accidental de designar el origen del universo, de forma que antes de dicho “big-bang” no existiría el tiempo, y por lo tanto tampoco el espacio.

Valga decir que el que el universo se haya ido formando a partir de una masa densísima comprimida en un espacio que podría no ser mayor que una cabeza de alfiler, requiere un gran acto de fe, porque no hemos tenido ocasión de comprobarlo y los científicos no han hecho sino enunciar teorías que, eso sí, parecen verosímiles a partir de las ecuaciones matemáticas que las podrían confirmar. Después de ese primer momento vendría la inflación, es decir, una expansión rápida del universo hasta que se formasen las primeras estrellas, estas se agrupasen formando galaxias y estas se multiplicasen al tiempo que el universo se expandía –y se expande- al parecer ilimitadamente; o tal vez limitadamente para implosionar y volver toda la masa del universo a contraerse en un espacio tan pequeño como la cabeza del alfiler…

A falta de que los físicos, los cosmólogos y los matemáticos nos anuncien nuevas comprobaciones, pues no todos están de acuerdo con lo que publican los otros, los paleontólogos, arqueólogos, antropólogos, filósofos y otros tienen también un interesante trabajo por delante para darnos luz sobre si los primeros homo tienen una antigüedad superior a la dicha, o si han existido homínidos que, extintos, aportarían más datos sobre la naturaleza originaria de homo.

Hemos alcanzado un nivel tecnológico no desdeñable en muchos campos: la genética, los logaritmos, los transistores y los chips, el estudio del universo y los satélites a nuestro servicio, el comportamiento de los astros y el funcionamiento de los agentes que forman parte de las atmósferas (por ahora solo sabemos suficiente de la de La Tierra). Nos encontramos, sin embargo, muy lejos de poder estar satisfechos en materia neurológica, y no pocas “leyes” que se habían considerado definitivas, han sido revisadas y aún arrumbadas.

La física newtoniana, por ejemplo, con haber sido un monumento para el conocimiento de la naturaleza, no es ya definitiva, como tampoco está todo dicho en cuanto a las demostraciones darwinistas, por muy importantes que sean para el conocimiento de los seres vivos animales. No debemos olvidar que Copérnico no fue el primero en enunciar el heliocentrismo, pues muchos siglos antes, en el III a. de C., Aristarco ya lo había intuido, pero en ambos casos nada más. Tuvo que venir Galileo para demostrarlo y pagar por ello.

Como es muy difícil concebir que el universo tuvo un origen como se defiende por algunos científicos (casi todos) los teólogos y filósofos han reflexionado sobre los límites de la ciencia, en los que están de acuerdo aquellos y estos, planteando la existencia de una fuerza, energía o ser no material, que estaría en el origen de todo. Millones de personas en el mundo así lo creen, pero ello se debe a razones culturales y de tradición; en todo caso sería pretencioso por parte de cualquiera desechar las creencias de millones de personas, algunas de las cuales muy sabias, como Platón, Aristóteles, Plotino, Tomás de Aquino, Descartes, Spinoza, Kant, Unamuno, Ortega, Zubiri y otros muchos. El mismo Albert Camus, descreído donde los haya, concibió que tenía que haber una justicia absoluta (atormentado por la injusticia que veía a su alrededor) lo que está a un paso de Dios, pues no otro concepto está relacionado con dicha justicia absoluta.

Los que dicen que Dios existe en realidad no lo saben, y los que dicen que no existe, tampoco lo saben; se limitan a expresar su confianza en lo que dicen, pero sin poder aportar prueba empírica alguna; por lo tanto, ya que lo del big-bang está por ver, vayamos a lo que nos puede resultar más cercano y comprensible: la antigüedad del ser humano en La Tierra (bien entendido que también está por ver si hay otros seres inteligentes en otros astros o galaxias; el concepto de inteligencia también podría ser distinto en este caso, con lo que nos complicamos aún más).

Dos millones y medio es muy poco tiempo; somos los primeros, a pesar de los muchos avances científicos y técnicos que hayamos alcanzado, a pesar de lo sofisticado de nuestras reflexiones filosóficas y teológicas. Imaginemos –si es que podemos- qué será el ser humano dentro de cien millones de años (seguramente poco para lo que es previsible que exista antes de su extinción o evolución en otro ser distinto del que conocemos como tal). Como somos los primeros, pues nuestra antigüedad no supera los 2,5 millones de años, cabe pensar que, al ritmo actual, el desarrollo epistemológico será enorme dentro de algunos millones de años… si es que no se ha destruido todo, porque de la misma manera que el universo podría implosionar (otro acto de fe) el ser humano también podría destruirse o extinguirse después de haber cumplido su papel, bueno o malo, en el mundo, en el universo.

Esto de ser los primeros debiera hacernos reflexionar sobre nuestra pequeñez, si no hubiese razones suficientes que ya la demostrasen, aunque nos creamos que estamos en el cénit de nuestro desarrollo como animales racionales. ¿Será nuestra mente más poderosa en un futuro lejano? ¿Será esto posible sin una mayor complejidad de la maraña neuronal de nuestro cerebro? ¿Cómo se manifestará nuestra conciencia dentro de unos cuantos millones de años? ¿Qué relación habrá entre nuestra conciencia y los valores morales que se sostengan dentro de unos cuantos millones de años?

De la misma forma que las primeras células que dieron origen a la vida en La Tierra, fueron enriqueciéndose en proteínas y otros elementos ¿cabe pensar que el ser humano también desarrollará mediante un enriquecimiento en los componentes de carbono y nitrógeno su constitución?

Somos los primeros; los que vivan dentro de unos cuantos millones de años quizá también puedan considerarse los primeros si la vida de los seres humanos se desarrolla durante varios milenios de millones de años…

(La fotografía está tomada de publico.es/ciencias/lucy-primer-hominido-camino-erguido)

jueves, 30 de septiembre de 2021

Un día en Os Ancares

 

facebook.com/LucensesSinLua

En el municipio de Becerreá, provincia de Lugo, se encuentra la aldea de Penamaior, donde visitamos un antiguo monasterio del siglo XII del que solo queda la iglesia y algunas construcciones en ruinas. Una fuente y un molino aprovechan el agua de un riachuelo que lleva el nombre de Convento, aunque el molino, muy posterior al siglo citado, no está en uso.

La iglesia se encuentra bien conservada, tanto en su interior como en su exterior, pues ha sido convertida en sede parroquial. Una fachada sobria con portada románica entre dos contrafuertes, los que indican la separación entre las naves laterales del interior y la central. Sobre la portada un relieve con mitra y báculo, probablemente porque los abades, en algún momento, fueron mitrados. Tres vanos en la parte superior, mayor en el centro y, sobre él, una espadaña con dos huecos que da equilibrio a una construcción de no mucha altura.

En el muro de la izquierda, según se mira hacia la fachada de la iglesia, un rosetón que puede estuviese antes en la fachada, aunque no hay documentación que lo acredite. El interior es rústico, con columnas gruesas de planta circular y otras cruciformes; arcadas apuntadas entre las naves y tres ábsides, el central con un retablo barroco. Se conservan capiteles figurativos y otros con motivos vegetales, en algunos con el ajedrezado jacetano y estando otros restaurados.

Lo que fue monasterio está en ruinas, pero se adivina una sencillez absoluta, muy lejana a los grandes cenobios que todos conocemos; se conserva, no obstante, una escalera de piedra muy llamativa y algunas construcciones con muros de mampostería.

En dirección sur se llega a Liñares, nombre que hace alusión al cultivo y quizá el trabajo del lino, y poco después a Cereixal, donde se encuentra una “casa grande” con todas las características del poderío, incluyendo el alto muro que la cierra.

En la misma dirección se llega a la villa de Becerreá, donde también hay algunos edificios notables bien aprovechados para la utilidad pública, como la antigua cárcel del siglo XIX que ahora el sede del Juzgado. Y desde aquí, hacia el Este, se llega a Ponte Gatín, o “ponte do demo”, una construcción medieval con una sola arcada y doble pendiente sobre el curso alto del río Navia. Teniendo en cuenta que parece documentada la vía XIX de Antonino, el airoso puente sería un hito en su recorrido.

La vegetación, en todos los lugares que hemos citado, es exuberante y umbrosa, formada por especies forestales autóctonas: carballos y castaños sobre todo, pero también abedules y manzanos. Abundan los prados, pues es zona ganadera para leche y carne de vacuno, acompañando el clima lluvioso y de montaña para conservar el verdor perenne de las laderas, las vaguadas y los valles.

Podemos encontrar pallozas, construcciones antiguas de familias campesinas de una sencillez asombrosa que se remontan a siglos atrás, con techumbres vegetales y muros de sillería o mampostería: Pedrelada, Fontarón, Regosmil…También encontramos hórreos que se parecen a los asturianos, cuadrados en su planta: Pontes de Gatín, Pedrelada…, molinos en Cruzul y Gatín…

Estamos en los Os Ancares, una comarca montañosa formada por varias sierras al Este de la provincia de Lugo que se extiende a la de León. En las proximidades de Triacastela nace el río Navia, pródigo en meandros, atravesando de sur a norte Os Ancares, abundante en caudal que se aprovecha, ya en tierra asturiana, para el gran embalse en Grandas de Salime y los más pequeños de Doiras y Arbón.

Hay algunos castros excavados, como el de Santa María, en el municipio de Cervantes, unas pocas construcciones redondeadas a la espera de que salgan a la luz sus compañeras, en el rellano de una ladera, con arborescencias y matorrales. Piedras o fitos que marcan límites (Agüeira), un dolmen en Pedra Cobertoira, roquedos con formas caprichosas que se asoman al aire, vistas panorámicas de unas montañas viejas azotadas por la erosión y la antigüedad.

sábado, 7 de agosto de 2021

Arquelógos, médicos y escultores

 

                                                    El rapto de Proserpina, obra de Bernini (*)

En una conferencia que tuve ocasión de escuchar, debida a la profesora Leticia Azcue Brea, esta expuso la evolución de la escultura desde el Renacimiento de Donatello hasta el barroco de Bernini. Lo que interesó a la conferenciante fue el canon, pero también las comparaciones, inspiraciones, aportaciones de la arqueología al progreso de la estatuaria entre los siglos XV y XVII.

La figura humana como modelo no es un redescubrimiento del Renacimiento (sí el desnudo), pues en la Edad Media la representación de humanos fue constante. La novedad del “David” de Donatello es el aniñamiento y cierto erotismo mediante la pluma que esculpe sobre un muslo. Aunque el tema es bíblico, no interesa que el héroe represente a un hombre poderoso, sorprendiendo de esta manera a los que le habían encargado la obra, los Médici. El empleo del bronce es también un saludo a la antigüedad clásica, pues aunque la mayor parte de las obras conservadas lo eran en mármol, se trataba de copias romanas.

En la “María Magdalena” en madera policromada, en cambio, intenta mostrar el sentimiento y el sufrimiento propio de la penitencia. Los brazos hombrunos de la mujer nos sorprenden, quizá para dar un mayor dramatismo a la composición, que recoge la preocupación de franciscanos y dominicos a favor de la penitencia.

Cuando Leonardo dibujó en 1490 en hombre de Vitrubio (un personaje 1.500 años anterior) tiene delante una obra del mismo, y al tiempo, el de Vinci conoció el canon llamado pseudovarroniano[i]; lo lee y presta atención al punto de vista del espectador para que la figura no se vea desproporcionada. El padano Tulio Lombardo, que vivió entre los siglos XV y XVI, aportó a todo ello la serenidad, lo que se puede ver en su “Adán”[ii] conservado en el Metropolitan Museum de Nueva York.

Más expresividad se ve en el “David” de Miguel Ángel (el rostro, tensión de los miembros)… Los escultores pintaban y dibujaban a partir de los hallazgos que les proporcionaban los arqueólogos. Un ejemplo es el “Toro Farnesio”[iii], hoy en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Otro ejemplo es el “Torso Belvedere”[iv], donde el trabajo anatómico se puede comparar con el Adán de la “Creación” miguelangelesca.

La primera versión de Cristo obra de Miguel Ángel, fue encontrada en una localidad del norte de Italia, Bassano, concretamente en el monasterio de San Vincenzo. El autor la dejó inconclusa debido a ciertas dificultades que presentó el bloque de mármol sobre el que trabajaba, y entonces realizó otra versión que se conserva en Santa María sopra Minerva, en Roma (contraposto y movimiento). Eligió el mármol blanco, como otros autores, pero ya sin la policromía de los antiguos. La “Piedad” florentina, por su parte, fue hecha cincuenta años más tarde que la del Vaticano, dejando de tallar el bloque como forma de expresividad.

Los escultores de la época que estamos estudiando estuvieron en contacto con médicos y anatomistas, e incluso los artistas asistían a disecciones para un mejor conocimiento del cuerpo humano. Vesalio, médico de Carlos de Gante, dedicó su obra De Humani Corporis Fabrica al citado rey y luego fue médico también de Felipe II. Juan Valverde de Amusco, por su parte, se tiene por un médico romano, pero su nacimiento fue en Amusco, en la actual provincia de Palencia. Las ilustraciones de sus obras se deben a Gaspar de Becerra, pintor y escultor nacido en Baeza.

La figura de Antinoo que se creyó encontrar, y que luego se sabría era un Hermes del siglo II, sirvió de modelo en todos los sentidos (hoy en el Museo de Nápoles). Excavaciones en Villa Adriana (Tívoli) dieron bustos, estatuas y otras iconografías en el siglo XVIII, por lo que en este siglo se pudo seguir admirando la antigüedad clásica sin necesidad de remitirse a las obras del Renacimiento.

El “Carlos V y el furor” del Museo del Prado, obra del milanés Leoni, aunque este nunca estuvo en España, muestra el modelo áulico que se pretendía para un rey victorioso. El autor eligió el bronce para poder hacer una armadura que permitiese o no mostrar el desnudo, solución que, en contacto con Granvela, este aceptó. El encadenado de la composición podría estar inspirado en el dolor y esfuerzo del “Laocoonte”. Y en cuanto a los estudios anatómicos, otro tanto se podría decir del “Hércules y Caco”[v] de Bandinelli, que se encuentra en la plaza de la Señoría de Florencia.

Para entonces ya el manierismo se había enseñoreado de la escultura (y de la pintura) con Benvenuto Cellini: en la ninfa de Fontainebleau el canon se alarga para ocupar el espacio disponible y que el personaje femenino no aparezca indelicadamente grueso, pero luego se añaden elementos animales que nada tienen que ver con el clasicismo. Giambologna, que ya entra en el siglo XVII, trata de vencer la gravedad con su “Mercurio”, y aún Valerio Cioli, observador de las desproporciones de la naturaleza, nos dejará obras que nada tienen que ver con los cánones admitidos por el Renacimiento: véase su “Sátiro echando agua” en el Museo Nazionale del Bargelo, Florencia.

Esto lo vamos a ver después en Velázquez, cuando pinta alguna de las figuras femeninas que acompañan a las “Meninas” o en sus bufones. También vemos figuras desproporcionadas en el retablo de la basílica de El Escorial, obra de Pompeo Leoni (hijo del anterior). Ello es debido a la distancia desde la que han de ser observadas por el espectador: las figuras que se encuentran más abajo miden 1,68 m., las del centro 1,96 y las de arriba 2,66; no de otra manera se pueden evitar distorsiones.

Bernini añadió el efectismo y el desequilibrio heredado del manierismo, añadiendo una morbidez[vi] que denota un gran conocimiento del cuerpo humano y una gran destreza técnica. En su “Apolo y Dafe” contrapone el hombre a la mujer, el vicio a la virtud, la violencia a la tranquilidad, y aporta una nota de instantaneidad muy lograda.


[i] En un principio se atribuyó al Varrón, autor del siglo I a. de C.

[ii] El pedestal que sostenía la escultura se rompió y esta quedó partida en muchas piezas, mayores y menores, que los especialistas tardaron varios años en componer. Es obra de 1490.

[iii] Vasari dice que fue encontrada la escultura a mediados del s. XVI en las Termas de Caracalla, Roma.

[iv] Debió de formar parte de una composición más compleja, guardándose ahora en el Museo Pío-Clementino (Museos Vaticanos). Primero estuvo expuesta la figura en el patio Belvedere, al norte de la basílica de San Pedro.

[v] Gigante de la mitología romana que inspira la maldad, viviendo en una cueva en la colina Aventina.

[vi] Véase su “Rapto de Proserpina”.

(*) mymodernmet.com/es/bernini-el-rapto-de-proserpina/

viernes, 6 de agosto de 2021

Renoir, Sorolla y otros

 

                                                                  Obra de Ramón Casas

Se trata de una exposición en Pontevedra donde lo que menos hay es de los pintores del título, pero no deja de tener interés porque se trata de destacar el papel de la mujer en la pintura entre finales del siglo XIX y principios del XX.

Las mujeres representadas son, generalmente, burguesas en actitud de descanso, leyendo, desnudos, practicando deporte (lo que solo era concebible entre las acomodadas), pintando al aire libre, en la playa, asistiendo a espectáculos en el teatro, en cafés o acompañadas de sus esposos u otros hombres, en el palco para asistir a una corrida de toros; la mayor parte de las veces se trata de mujeres jóvenes.

Una mujer sentada, obra de Rusiñol, contrasta con la imagen hierática de otra obra suya, una joven representada de perfil, junto a un espejo que refleja parte de su rostro y la figura del pintor. En este caso se trata de un óleo sobre lienzo de 1894 (100 por 81 cm.) que se encuentra en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Teniendo en cuenta que el autor nació en 1861 es obra de un Rusiñol todavía joven.

Algunos de los cuadros expuestos son de Ramón Casas, con su peculiarísimo estilo (una mujer burguesa), pero también hay otras obras que representan mujeres humildes (una gitana, una pastora o mujeres en la playa). De Casas se ha seleccionado una obra donde se representa a una mujer asomada a la ventana. Junto a estas pinturas destaca una mujer desnuda en bronce, obra de Gargallo, de mediano formato. Contrariamente a su predilección por el vacío, en este caso la mujer es compacta e incluso rolliza, en actitud pudorosa.

De Renoir destaca una obra titulada “Mujer e hijo en el campo”, de inconfundible factura con los colores cálidos y muy mezclados, mucho menos conocida que las escenas bulliciosas con la gente divirtiéndose en el baile o junto a un río.

Se exponen obras de Isidre Nonell, que también cultivó el dibujo, en el que el tema de la mujer se repite: su “Cabeza de gitana” fue pintada en 1906, siendo el autor aún joven. Es un óleo sobre lienzo de 54 por 46 cm. que se encuentra en el Museo Español de Arte Contemporáneo, en la ciudad universitaria de Madrid desde la década de los setenta del pasado siglo. Su obra “La Paloma”, representando a otra gitana, muestra la pincelada rápida y superpuesta con colores obscuros y el rostro de perfil reflejando nostalgia o pesar.

Más joven que los citados es Benjamín Palencia, del que se expone un desnudo, cuando sus preferencias son los paisajes, urbanos y rurales, con ensayos en diversos estilos, en algunas ocasiones bajo la influencia de Cézanne.

De Sorolla hay expuestas cuatro obras, la más llamativa (y quizá de mejor calidad) es una de pequeño formato donde se representa una escena de playa, pero también un desnudo femenino y una mujer sentada.

Algunas obras representan tenuemente el realismo declinante, otras están en la línea del impresionismo; las de Casas y otros representan escenas plácidas de la vida burguesa, bien conocida por el autor citado en la Barcelona de su tiempo. En esta exposición se produce un gran contraste cromático: la luminosidad, los rojos y amarillos por un lado, las escenas campestres por otro, pero también la soledad, la melancolía, la ociosidad de ciertos personajes, el desgarro o, al menos, la angustia, la tristeza de esas mujeres humildes, de esas gitanas.

miércoles, 28 de julio de 2021

La América de Humboldt

 

                           webtenerife.com/tenerife/historia/personajes/alexander-von-humboldt

Los noventa años de vida de Alexander Humboldt son prolíficos como en pocos casos se habrá podido dar. Estudió los paisajes geográficos y celestes, fue científico y al mismo tiempo divulgador, estuvo en contacto con pueblos indígenas de América y describió la geografía de territorios peruanos, ecuatorianos, colombianos, venezolanos, antillanos, mexicanos y aún de algunas ciudades como Filadelfia y Washington.

Sus conocimientos abarcan la astronomía, las ciencias naturales, la geología y otras disciplinas, plasmando en una obra inmensa todas sus experiencias que, en el caso de América, cobraron la forma de atlas, dibujos y narraciones.

Desde el oeste de México exploró las regiones de Guanajuato, Ciudad de México, Taxco, Puebla, Veracruz y, viajando por el golfo de México, llegó a La Habana, Trinidad[i] y, de aquí, a Cartagena de Indias. Exploró el Orinoco y llegó a las regiones de Angostura, San Fernando, Cumaná, Barcelona y Caracas. Desde Zapote[ii] siguió en dirección sur por el río Magdalena hasta Honda y Bogotá; luego Cartago y de nuevo hacia el sur en dirección a Quito, Cotopaxi, Chimborazo, Loja, Cajamarca, Trujillo, Lima y, por mar, regresó a Acapulco. Desde La Habana viajó también por mar hasta el nordeste de Estados Unidos, para regresar a Europa.

Ríos y zonas montañosas, selvas y paisajes nevados, zonas ecuatoriales y climas fríos, costas e islas, el altiplano mexica y la costa del Pacífico. Su obra es inmensa. Taxco, por ejemplo, al sur de Ciudad de México, es una población en medio de cerros y montañas que describió el geógrafo prusiano; Cotopaxi, al sur de Quito, se encuentra en plena cordillera andina, con su volcán que conoció y describió Humboldt. ¿Qué reflexiones haría este cuando llegó a Cajamarca, lugar donde se produjo el encuentro entre e inca Atahualpa y Pizarro en 1532? No podría nuestro personaje dejar de considerar los aspectos humanos de la conquista, la ferocidad de unos y otros, las víctimas, los conflictos entre españoles y el lento sometimiento de aquellos indígenas, habitantes del noroeste del actual Perú.

Humboldt, en su “Cosmos”, nos ha dejado las sensaciones vividas durante los años en América, entre 1799 y 1804; no se limitó a la mera descripción, que en su caso es minuciosa, abundante y certera, sino que mostró la pasión que le inspiró lo que hacía en aquellas tierras inmensas, sin parangón en Europa.

Salió en compañía de su amigo Bonpland, médico y botánico francés, del puerto de A Coruña para un viaje que marcaría un antes y un después en la historia de la Geografía, pero también fue el grandioso preludio de otras muchas expediciones geográficas y científicas que se hicieron durante el siglo XIX. El viaje de los dos amigos –más bien epopeya- no fue lineal; muy al contrario, estuvo entreverado de visitas repetidas, idas y venidas, anotaciones sin número, experiencias extraordinarias, acopio de información riquísima sobre pueblos, paisajes, climas, sistemas montañosos e hidrográficos, destacando lo estudiado sobre el río Orinoco.

La Sociedad Geográfica Española ha dado cuenta de la exploración de Humboldt y Bonpland del Orinoco, redactando un informe que dirigieron al presidente de los Estados Unidos, Th. Jefferson. Emplearon canoas y levantaron un mapa con ayuda de relojes de longitud[iii] y los conocimientos que tenían de astronomía. Les acompañaron los españoles Nicolás Soto y el Padre Bernardo Zea, llevando unas decenas de indios las cargas de la expedición[iv].

Y como geógrafo que inicia la moderna concepción de esta disciplina, se ocupó de los aspectos humanos, de las desigualdades en México, de la multitud de razas, del mestizaje, del contraste entre la belleza y aún bravura de los paisajes y de los vicios humanos.


[i] En la costa sur de la isla de Cuba, tiene un gran interés patrimonial reconocido oficialmente.

[ii] En la costa colombiana del Caribe, al sur de Cartagena de Indias.

[iii] Parece que fue invención de un relojero inglés en el s. XVIII, por medio del cual es posible determinar la longitud en que se encuentra un punto. En un museo situado en el edificio Guildhall de Londres se encuentra el primer modelo.

[iv] Sociedad Geográfica Española: sge.org/publicaciones/numero-de-boletin/boletin-34/los-secretos-del-orinoco-humboldt

domingo, 25 de julio de 2021

Una interpretación de la Alta Edad Media

 

                                                            Dibujo tomada de Wikipedia

En su obra “Los enemigos del comercio”[i], Antonio Escohotado hace un estudio de las diversas civilizaciones remontándose al mundo antiguo y llegando al paradójico capitalismo actual, que él dice haber vencido pero no convencido, pues no son pocos los resquemores que despierta.

Me ha parecido especialmente sugerente la interpretación que hace de la Alta Edad Media europea, empleando el término por él ideado de “pobrismo”, quizá huyendo de la palabra “comunismo” por las connotaciones diversas que entraña. El pobrismo –dice- fue característico de los esenios judíos, una suerte de comunismo primitivo que nada tiene que ver con el que hemos conocido posteriormente y, por supuesto, con las realizaciones históricas durante el siglo XX.

Aquellos esenios, llegado el cristianismo, habrían interpretado el séptimo mandamiento en el sentido de que “robar es comerciar”. Dos de esos esenios, Juan el Bautista y Jesús de Nazaret, ya habrían considerado que la propiedad privada era un robo, sin tener que esperar a Pierre-Joseph Proudhom[ii]. No lo habrían expresado así, pero por los documentos que se pueden considerar históricos cabe deducirlo. Debe tenerse en cuenta la acumulación de riqueza en manos de los que detentaban el poder, controlaban el comercio y financiaban a los estados.

Para los “pobristas” esenios, los cristianos de los primeros siglos y aún de la Alta Edad Media, había una oposición entre Dios y el dinero, y de hecho los cristianos de dicha época mostraron el amor al más allá y el desprecio por la vida, de ahí los muchos mártires y los que, pretendiendo volver al primitivo cristianismo, sufrieron todo tipo de circunstancias.

Según Escohotado, la crisis del Imperio romano, ya desde el siglo II pero más aún en los siguientes, se habría hecho más soportable con la espiritualidad del cristianismo, fuese o no consciente de ello el emperador Constantino cuando decide legalizar a sus seguidores y hacer al propio Imperio cristiano. A partir de ese momento muchos templos paganos fueron expoliados por las autoridades y las riquezas que atesoraban constituyeron un respiro para las arcas del Estado.

Luego, la gente que sobraba en las ciudades y en el campo –la sociedad romana como se había conocido en occidente se ha ido dislocando- forman lo que conocemos como bagaudas. Estos no tienen nada que perder, están desheredados, son pobres y se dedican a sobrevivir de la forma más bárbara que sus instintos les dictan.

Por su parte, los “padres de la Iglesia”, Agustín de Hipona uno de ellos, escriben que en toda compra-venta siempre hay un perdedor, tendiendo por ello a una vida de autosuficiencia que es lo que va a caracterizar a la Alta Edad Media. El comercio, por tanto, se hace raro y el comunismo se extiende en forma de vida en común: campesinos, monjes, grupos de personas que conviven más o menos fraternamente sin una idea de propiedad (entendido esto en un sentido general). Pero esto también tiene su precio: el empobrecimiento es tal en los siglos oscuros que se han constatado sesenta hambrunas por año en el oeste de Europa.

Mientras tanto subsiste el Imperio Bizantino y se extiende el Islam; los esclavos van desapareciendo  y aumentan los cautivos, hasta el punto de que estos son objeto de comercio masivo por parte de aquellos imperios. Tanta pobreza había en occidente que no es posible mantener al esclavo, que se va convirtiendo en cautivo –si cae en manos de bizantinos o musulmanes- o en siervo. Este presta homenaje entregándose a uno de condición superior que, aceptándolo, sella el pacto con un beso (ósculo).

Los santos pasan a ser considerados como dioses, lo que da a los musulmanes un argumento contra el politeísmo del mundo cristiano, si no fuese suficiente con el misterio de la Trinidad, mientras que las razias de cautivos hacen mil estragos.

Algunos, no obstante, se niegan a ser siervos, forman caravanas acorazadas y crean relaciones terrestres de unos lugares a otros, son los “negotiatores”, que serán mal vistos por las autoridades imperiales francas. Esos “negotiatores” necesitan, recorriendo los caminos, establecer altos donde repostar, descansar, permanecer unos días, y esos puntos son el origen de los burgos posteriores. Hasta tal punto tuvieron importancia estos burgos –por muy pequeños que fuesen- que se impuso la norma de que el que residiese en ellos un año y un día al menos, dejaría de ser siervo.

Son estos “negotiatores” los que restauraron la circulación monetaria e hicieron nacer las sociedades autogobernadas (las comunas o concejos según los lugares) que luego serán sancionadas por reyes y señores. Cuando se llega al siglo XVI, con un cristianismo en crisis galopante desde hace centurias (disidentes, cátaros, herejes, reformadores…), protestantes y católicos en una cosa están de acuerdo: el cristianismo debe dejar de ser “pobrista”…



[i] “Los enemigos del comercio I: historia de las ideas sobre la propiedad privada”.

[ii] 1809-1865. En su Besanzón natal, región de la Borgoña, pudo conocer el progreso económico heredado del siglo XVIII gracias a su papel como bastión defensivo.