martes, 7 de julio de 2020

Tell Brak y Hamoukar


Que la aparición de ciudades estuvo en relación con las posibilidades de la agricultura en torno a los ríos Tigris y Éufrates, ha sido una constante entre los investigadores, de forma que Uruk, en el IV milenio a. C., habría dado comienzo a lo que conocemos como ciudad-estado.

El norte de Mesopotamia, donde el clima es más seco, de forma que la economía y la sociedad dependieron de las lluvias irregulares, también ha servido para explicar los avances y retrocesos entre los milenios V y III a. C. Las relaciones que se establecieron entre el norte y el sur mesopotámico se han explicado como si hubiese un centro y una periferia, siendo esta el norte, de forma que el Levante mediterráneo y Siria se han considerado regiones de los “estados secundarios”, cuyos avances y retrocesos dependieron de los estados del sur (“primarios”).

Lo dicho hasta aquí ha sido discutido desde hace unas décadas, mostrándose la vida propia que tuvieron los estados del norte, cuando los arqueólogos se han ocupado de investigar como se había hecho en Sumer o Egipto. El norte de Mesopotamia fue entendido entonces como un cruce de caminos con el Mediterráneo y Anatolia.

Las excavaciones en Tell Brak[i] y Hamoukar[ii] desde 1976 han permitido conocer niveles cronológicos correspondientes a los milenios V y IV, lo que a su vez aporta información sobre el urbanismo en el norte de Mesopotamia, incluso con anterioridad al desarrollo de ciudades como Uruk o Eridu en el sur.

En el caso de Hamoukar las excavaciones que se iniciaron en 1999 revelaron la existencia de un centro urbano que se remonta a la cultura Ubaid[iii], se desarrolla en el calcolítico[iv] tardío  y continúa su existencia durante el bronce antiguo. Dos yacimientos en el río Khabur[v], una región que es poco conocida arqueológicamente y cuyas excavaciones han venido a completar la información obtenida en yacimientos como Arslantepe, en Anatolia oriental, han permitido ver, para el V milenio a. C., la complejidad social, económica y política existente fuera de la baja Mesopotamia.

Hoy se habla –dice Antonio Pérez Largacha[vi]- de la existencia de tres regiones culturales que tuvieron sus propias características, centrándose el debate en cómo fueron las relaciones entre las mismas, las diferencias y semejanzas que existieron en su evolución histórica, así como las dinámicas internas que existieron en cada región.

Las culturas de Ubaid y Uruk se originaron en el sur mesopotámico, pero también han aparecido características de aquellas en el norte, lo que se interpretó como una imposición del sur sobre el norte, sobre la cultura Halaf, por el yacimiento de Tell Halaf (al nordeste de la actual Siria). Se ha visto que ciertas materias primas no existían en el sur (madera, metales, piedra) lo que explicaría la expansión hacia el norte, pero las últimas investigaciones apuntan a que la cultura de Ubaid se trasmitió al norte pacíficamente, aunque en ella pudieran existir motivos comerciales, y también para hacerse con objetos del norte; en todo caso no se trataría de una colonización.

Aunque la mayor parte de los investigadores sigan poniendo el acento en la supremacía del sur sobre el norte, son cada vez más las voces –en palabras del autor citado- que consideran un desarrollo paralelo en ambas regiones. Los de Ubaid extenderían por toda Mesopotamia la planta tripartita y su cerámica, poniendo las bases de manifestaciones religiosas, administrativas, económicas y comerciales en particular. Sobre esta base, en la primera mitad del IV milenio, se desarrollaron diferentes expresiones regionales.

Si pudo existir una migración de personas, ello no tiene por qué ser interpretada como reflejo de un dominio, colonización o imposición cultural, pudiendo existir un intercambio que llevaría a matrimonios mixtos, como ya se ha estudiado para la cultura de Ubaid. La alta Mesopotamia recibió la influencia del poblamiento Ubaid, pero éste no debe considerarse como una unidad, y durante el V milenio ya existió una diversidad, surgiendo en aquella centros urbanos como Tell Brak y Hamoukar, cuyo dinamismo, complejidad social, económica, etc. es similar, cuando no mayor, a los principales centros de la baja Mesopotamia, en especial Uruk, el mejor conocido.

Igualmente, en la alta Mesopotamia se fijaron ciertos puntos comunes en la organización de los asentamientos, la cerámica y en objetos tan conocidos como los “ídolos de ojo”, presentes en toda la región, revelando así la posible existencia de un sustrato cultural común.

Tell Brak y Hamoukar se encuentran en la región de Khabur, en lo que se conoce como Jazira, entre el Tigris y el Éufrates al entrar en la llanura mesopotámica. La importancia de Tell Brak deriva en parte de su posición geográfica, que le permitía el control de una de las principales rutas desde que el valle del Tigris se adentra al norte en la rica Anatolia y al oeste hacia el Éufrates y el Mediterráneo. Igualmente, su entorno es rico en agricultura y desde sus inicios entabló una estrecha colaboración con las poblaciones pastoriles nómadas. Aunque los niveles más antiguos han sido poco excavados, de los datos disponibles se deduce que su desarrollo urbano se inició entre los dos últimos siglos del V milenio y el primero del IV, un período en el que se observa una de las que serán sus principales características, la dispersión de asentamientos, con espacios intermedios entre ellos que no son ocupados y que no están muy alejados del que será su centro, donde las excavaciones han revelado la existencia de una arquitectura y cultura material que sugiere la existencia de estratos sociales bien diferenciados. El conjunto del asentamiento habitado alcanza una extensión de 55 hectáreas, en un período en el que pocos yacimientos llegan a superar las 3 hectáreas.

En la fase posterior, durante la primera mitad del IV milenio, los asentamientos externos tuvieron un proceso de expansión hacia el centro y áreas que anteriormente no habían sido ocupadas. Paralelamente, en el centro se hallan evidencias de la existencia de unas estructuras que han recibido el calificativo de industriales, al procederse en ellas a la fabricación de alimentos y útiles, así como un templo. Siglos en los que Tell Brak alcanza una extensión de 130 hectáreas, muy superior a cualquier otro yacimiento hasta ahora conocido –dice Pérez Largacha-. Esta dinámica sugiere cierta dependencia respecto a un centro pero también una autonomía, lo que choca con la idea tradicional de que eran unas instituciones centrales y jerarquizadas desde donde se iniciaba el proceso urbano, al tiempo que se señalaba la influencia que en dicho proceso pudo tener la coerción.

El ejemplo de Tell Brak revela que en su evolución actuaron diferentes grupos de forma autónoma y no a partir de una autoridad central, y además con anterioridad a la baja Mesopotamia. La evolución de Tell Brak se ha explicado desde una perspectiva “sinoicista”[vii], que contrasta con lo ocurrido en el sur de Mesopotamia. En el norte se han encontrado enterramientos colectivos que pueden evidenciar conflictos y luchas internas en el proceso de centralización y aumento del poder.

Respecto a la actividad económica, se ha podido demostrar la existencia de una extensa explotación ganadera (en especial cabras y ovejas) para obtener carne y material para una industria textil. La agricultura se basaba en el trigo y la cebada, pero también se detecta un comercio a larga distancia obteniendo Tell Brak productos como la obsidiana y cuentas. Todo ello refleja una sociedad y economía especializada, con algunos centros satélites donde se fabrica cerámica, en especial platos masivamente. Esto se ha vivido posteriormente en la baja Mesopotamia con la fabricación de cuencos biselados para reparto de productos/salarios entre la población.

Hamoukar llegó a tener unas 300 hectáreas, mucho más que cualquier otro centro del sur en el IV milenio, incluida la propia Uruk. Los primeros períodos de aquella población están documentados en Khirbet al-Faktar, también conocido como una extensión de Hamoukar, aquel un centro protourbano durante el calcolítico tardío (4400-3800) que pudo ser un poblado para nómadas. Luego apareció el trabajo de la obsidiana, habiéndose encontrado cientos de hojas de dicho material en lo que pudo ser un taller, así como todo lo relacionado con la industria textil.

Igual que sucedió en Tell Brak con anterioridad al 3500, Hamoukar mantuvo contactos con el sur, como evidencian algunas edificaciones con plano tripartito, aunque el mismo podría formar parte de las tradiciones de la época Ubaid que se habrían introducido en el V milenio. También se han encontrado sellos con escenas donde la lucha con leones es el motivo más corriente, quizá asociada a las elites, pero el resto de la cultura material apenas revela influencias del sur.

Hacia mediados del IV milenio Hamoukar sufrió una violenta destrucción[viii] y posteriormente a ella sí se aprecian elementos de Uruk. Estaríamos –dice Pérez Largacha- ante el primer gran conflicto armado del que se tiene noticia en Mesopotamia, y se conocen algunas de las armas utilizadas. Pudo haber sido una conquista que además de evidenciar el dominio de Uruk, también se nota un mayor interés por el pedernal, quizá como consecuencia del bloqueo a las poblaciones ganaderas nómadas de los Zagros, que transportaban la obsidiana.

Terminamos éste resumen con una alusión a las impresiones de sellos que, en el caso de Siria, se conocen desde el VI milenio, quizá expresión de un deseo de proteger una propiedad privada en un contexto comunal



[i] Situada en la región del alto Khabur, a unos 50 km. de la actual Al-Hasaka. Durante la segunda mitad del III milenio a. C. la ciudad fue conocida como Nagar y luego Nawar.
[ii] En el extremo noreste de la actual Siria, región de Jazira. Existió al mismo tiempo que los poblados de Ubaid y el primer Uruk. Se producía obsidiana y su momento de esplendor estuvo en el III milenio a. C.
[iii] Es la protohistoria de Mesopotamia. Ubaid es un poblamiento de la baja Mesopotamia, primer momento de la civilización sumeria.
[iv] Entre el neolítico y la edad del bronce.
[v] El afluente perenne mayor del Éufrates, en Siria, aunque su nacimiento es en la actual Turquía.
[vi] “Urbanismo en el norte de Mesopotamia en la primera mitad del IV milenio a. C.”.
[vii] El sinoicismo o sinecismo es una concentración humana llevada a cabo con núcleos preexistentes de población reducidos y dispersos.
[viii] Esto es una constante en el mundo antiguo, que también se ve en el III y II milenios en Palestina, Anatolia, Grecia micénica, Creta, etc.

lunes, 6 de julio de 2020

Musulmanes en Sierra Mágina (2)

Castillo de La Guardia de Jaén (Wikipedia)

En 1225 los cristianos de Castilla hicieron algunas correrías por Sierra Mágina, llevándoles de Loja a Alhama y después a Granada, regresando hacia el norte por Montejícar, Cazalla, Arbuniel, Pegalajar y La Guardia. En 1244 se produjo otra expedición castellana a Ganada en la que cayó en manos cristianas Cárchel, siguiendo un itinerario menos habitual que el de Monejícar, por el río Guadalbullón para atravesar el Puerto del Carretero, que hoy ha de pasarse para ir de Bailén a Motril pasando por Jaén y Granada.

El recorrido de Cambil pasando por Huelma y Puerta de Arenas[i] fue muy transitado en tiempo de paz para intercambios comerciales, o bien para golpes de mano con el objetivo de hacerse con cautivos y botines. Puerta de Arenas –dice Olmo- adquirió especial protagonismo en los años finales del reino de Granada, cuando había paz, para los intercambios comerciales. En resumen, señala el mismo autor, el camino que desde Córdoba pasaba por Jaén y Montejícar para llegar a Guadix y Granada, debió ser uno de los más utilizaos en época musulmana.

En cuanto a los árabes y bereberes que se establecieron desde los primeros tiempos en los valles y comarcas de Sierra Mágina y Alta Coloma, jugaron un importante papel en el establecimiento de la dinastía Omeya en al-Andalus. En 754 un liberto de Abd al-Rahman, llamado Badr, desembarcó en Almuñécar y envió un contacto con los jefes de los mawlas omeyas de Damasco en Elvira, quienes a su vez informaron al jefe de los del jund de Quinnasrin[ii] en Jaén.

En el siglo XI, el número y poder de los bereberes en Jaén y Elvira debió ser importante a juzgar por los testimonios sobre sus algazúas (saqueos) desde territorio de Jaén hacia Valencia y también contra los campos de Córdoba en aquellos años de descomposición del califato. La existencia de numerosos grupos tribales bereberes en Elvira, por otra parte, debió contribuir a la formación de la taifa de Ganada, y de hecho el origen del reino zirí se gestó en el reparto de territorios que llevó a cabo el jefe de la facción bereber al-Musta’in entre los otros jefes de las tribus.

Luego, durante los últimos tiempos del período almorávide y más tarde almohade, las tierras de Jaén y Granada volvieron a ser escenario de los combates que tuvieron los africanos y sus aliados los andalusíes contra Ibn Mardanis, que era dueño de las regiones de Valencia y Murcia, y contra Ibn Hamusk, que llegó a dominar la ciudad de Jaén y gran parte de sus tierras. Estos personajes llegaron a ocupar Granada en 1162 ayudados por los cristianos y judíos, hasta que derrotados por los almohades, hubieron de huir hacia Jaén.

Ya en la primera mitad del siglo XIII las comarcas de Sierra Mágica y Alta Coloma vuelven a ser escenario de pasos y combates de las tropas cristianas de Castilla (reinado de Fernando III).

Por la obra “Hechos del Condestable Don Miguel Lucas de Iranzo”[iii], conocemos el ambiente y hechos de las comarcas serranas de Jaén durante varias décadas del siglo XV. Por su parte, los libros de actas del Cabildo de Jaén, correspondientes a los años 1476, 1479, 1480 y 1488 nos aportan datos sobre la vida en esa frontera que fue Sierra Mágina y Alta Coloma. Por ejemplo, durante los períodos de tregua entre el reino granadino y los cristianos del norte, las autoridades de uno y otro lado se dieron una serie de instrumentos institucionales para que la vida en la frontera estuviese organizada de la mejor forma posible.

Una de estas instituciones fue el Alcalde entre moros, estudiada por J. de Mata Carriazo y citado por Olmo, que se remonta a los últimos años del siglo XIV. Hubo jueces de moros y cristianos, que se empleaban en dirimir los conflictos entre las dos comunidades. También hubo fieles del rastro, que C. Argente del Castillo equipara con una especie de “policía de frontera”, encargada de seguir el rastro a los delincuentes hasta el punto en que terminaba su jurisdicción, entregando la información a los fieles del rastro de la siguiente.

Carriazo define a los alfaqueques como personas dotadas de inmunidad que entraban en el reino contrario buscando cautivos; a continuación se encargaban de encontrar a las familias a las que pertenecían para entregárselos, institución que para la frontera de Jaén se remonta a mediados del siglo XIV. Para R. Arié los alfaqueques eran una especie de “hombres buenos”, reconocidos por ambas partes, que se encargaban de la misma misión citada, negociando aquí y allá. Como el oficio de alfaqueque podía arrendarse, esto dio motivo a conflictos por la titularidad del puesto entre varios personajes.

También los testimonios literarios son recogidos por Olmo en la obra citada[iv], de gran interés porque corresponden al último tercio del siglo XIV y al XV. El romance más antiguo que se conoce, “Cercada tiene Baeza”, canta probablemente el cerco de ésta ciudad por el rey granadino en 1368. Otro cerco de Baeza por los granadinos se produjo a principios del siglo XV, cuando quemaron el arrabal: Moricos, los más moricos…/ los que gandís mi soldada/ derribédesme a Baeza/ esa villa torreada.

En torno a Alcalá la Real también se produjeron frecuentes enfrentamientos bélicos, y más cerca de Sierra Mágina tenemos una serranilla que compuso Íñigo López de Mendoza que dice: Entre Torres y Ximena/ á cerca de Sallozar/ fale moza de Bedmar/ san Julián en buena estrena.

La obra aquí resumida no contiene suficientes datos sobre la vida cotidiana, la economía, los grupos sociales, etc., pero no es de extrañar que coincidan con las categorías que se han estudiado para el resto de al-Andalus, sobre todo en la zona nuclear de esta, a la que pertenecen las comarcas de Sierra Mágina y Alta Coloma. Árabes, bereberes, muladíes, en menor cantidad mozárabes, pobres, ricos hacendados, alfaquíes, funcionarios, artesanos, comerciantes, transportistas… Lo mismo que en el resto del territorio andalusí durante la mayor parte de los casi ocho siglos de presencia musulmana en la Península.



[i] Una de las fuentes más antiguas sobre esta población es el mapa de la provincia de Jaén firmado por Gaspar Salcedo a finales del siglo XVI (https://hermandadsantalucia.com/puerta-de-arenas-2/historias-de-puerta-de-arenas/)
[ii] Circunscripción militar en Siria.
[iii] Caballero al servicio del rey castellano Enrique IV, excepción al haber nacido humildemente. Organizó administrativamente la región de Jaén mientras en la Corte quedaban los que querían disputarle el puesto.
[iv] “La presencia islámica en Sierra Mágina y Alta Coloma”.

Musulmanes en Sierra Mágina (1)

Un aspecto de Sierra Mágina

La cordillera Subbética es discontinua y alargada, formando parte de ella Sierra Mágina en la actual provincia de Jaén. Hondonadas y afloraciones de roca entre la vegetación, pueblos con el caserío apiñado, ríos que nacen en sus laderas para dirigirse en varias direcciones, no falta la nieve en el invierno y el clima es predominantemente mediterráneo. La Sierra de Alta Coloma forma parte del mismo conjunto subbético, al suroeste de Sierra Mágina y sirviendo de límite entre las actuales provincias de Jaén y Granada.
Se ha estudiado la presencia romana en estas tierras, como también la musulmana, existiendo en este caso una monografía debida a Antonio Olmo López[i], que comienza hablándonos de las coras de Jaén y Elvira según los geógrafos musulmanes, y centrándose en las poblaciones de Montejícar, Arbuniel, Huelma, Cambil[ii], así como de otros topónimos dentro de una y otra cora.
El geógrafo al-Razi, en siglo X, sitúa estos topónimos “contiguos” a la circunscripción de Elvira. Al-Udri, en el siglo XI, hizo referencia a Montejícar y al “Río de los Árabes” en el itinerario Córdoba-Almería por Jaén, y también a los distritos agrícolas de las actuales Campotéjar[iii] y Alcalá la Real[iv].
Al-Idrisi, en el siglo XII, describe el itinerario Córdoba-Almería por Jaén, que pasaría por los territorios que ha estudiado Olmo López, señalando el geógrafo musulmán las distancias entre poblaciones, como por ejemplo de Jaén a Pegalajar, que en dirección sureste dista 19 km. por la carretera actual.
El andalusí Ibn Said[v], en el siglo XIII, menciona uno de los castillos de la zona, el de Locubín, levantado sobre rocas en lo alto del pueblo, con una elevada torre, pero también existían, en el siglo XII, los castillos de Cambil, del que poco queda sobre un promontorio rocoso, y el de Alhabar, enfrente.
Entre finales del siglo IX y 925 una serie de caudillos se enseñorearon de amplias zonas de las coras de Jaén y Elvira, por lo que escaparían en parte a la autoridad central emiral. El muladí Ibn al-Saliya, en una zona donde la religión musulmana no estaba definitivamente asentada, aprovechó la inestabilidad del poder central para rebelarse, pero no fue el único. Montejícar, particularmente, fue escenario de enfrentamientos sangrientos entre árabes y muladíes, y también el río Guadalbullón[vi], donde a principios del siglo X Umar ibn Hafsun fue derrotado, aunque no definitivamente. Éste era natural de Parauta (al oeste de la actual provincia de Málaga), vivió huido y llegó a formar un señorío con “capital” en Bobastro, cerca de su lugar de nacimiento, que abarcó un extenso territorio, al menos nominalmente, al sur del Guadalquivir.
En el siglo XI, con la descomposición del emirato Omeya, la cora de Elvira formó un reino independiente gobernado por bereberes ziríes, mientras que la de Jaén se dividió entre los reinos de Almería (gobernado por eslavos), de Sevilla (por árabes) y Granada (ziríes), e incluso durante algún tiempo una parte de la cora de Jaén perteneció al reino taifa de Toledo. Olmo López señala que aproximadamente el tercio sur de la actual provincia de Jaén, con Sierra Mágina y Alta Coloma, perteneció al reino zirí de Granada incluyendo la ciudad de Jaén y las localidades de Martos, Alcalá la Real, Bedmar y Jódar. Ello nos habla de la enorme inestabilidad de ésta época, particularmente para los reinos musulmanes citados.
Jaén, al menos durante un tiempo, dependió de la autoridad de Granada, como puede deducirse del hecho de que el gobernador de ésta, Umar Inalu, fuera el responsable del encarcelamiento de los alfaquíes y ulemas de Jaén antes de emprender una campaña por el Levante, tras la cual fue depuesto debido a sus abusos y crueldad. En 1161 el andalusí Ibn Mardani se llegó a apoderar momentáneamente de la ciudad de Ganada[vii].
En la segunda mitad del siglo XIII la frontera con Castilla se estabilizó en Sierra Mágina y Alta Coloma, y ya en el siglo XV (1438) Huelma dejó de pertenecer a Granada y Cambil en 1485, abandonando los musulmanes los castillos de Arenas[viii], Montejícar[ix] e Iznalloz[x]. Quizá hubo cierta actividad en los cortijos de Cárchel, Cazalla y Arbuniel, dice el autor al que sigo. La primera población citada es una de las dos localidades que forman el pueblo de Cárcheles, en la comarca de Sierra Mágina; en la misma zona, cerca de la provincia de Granada, se encuentra Cazalla, en las laderas orientales de Alta Coloma, y Arbuniel es una pequeña localidad del concejo de Cambil, limitando con la provincia de Granada.
En cuanto a las vías de comunicación, los musulmanes heredaron la mayoría de las que se conservaron desde época romana. Una de las obras que nos ha llegado es la titulada “Los Caminos y los Reinos”[xi], siendo uno el que desde Córdoba iba hasta Cartagena por Guadix; otro iba desde Jaén hasta Levante y Almería, pasando por Mentesa, actual La Guardia de Jaén (al sur de la provincia); otro de Pechina a Murcia y Valencia. Ibn Hawqal, que vivió en el siglo X, escribió una obra en la que habla de la ruta de Pechina a Córdoba pasando por varios puertos de montaña.
Al-Idrisi recorrió parte de los itinerarios sobre los que luego escribió, diciendo en una obra que de Guadix a Jaén hay dos jornadas, unas 50 millas, e igualmente de Granada a Jaén; de Córdoba a Almería ocho jornadas, señalando a Guadix como un punto de reunión donde concurrían muchas rutas. Nos habla de que el territorio de Jaén era fértil y que entre esta ciudad, Baeza y Guadix había muchos lugares fortificados y florecientes, como Jódar, Toya[xii] y Quesada.



[i] “La presencia islámica en Sierra Mágina y Alta Coloma”.
[ii] Montejícar está entre Granada y Jaén, perteneciente a la primera provincia citada. Las demás están en la provincia de Jaén, muy próximas ente sí y a Montejícar.
[iii] Noroeste de la actual provincia de Granada.
[iv] En el extremo suroeste de la provincia de Jaén.
[v] No confundir con el almeriense e historiador del siglo XI del mismo nombre.
[vi] Discurre de sur a norte y desemboca en el Guadalquivir en su curso alto.
[vii] Tras la dominación almorávide de al-Andalus, de nuevo se dividió éste territorio en reinos, lo que aprovechó Ibn Mardani para hacerse con Granada.
[viii] Ahora totalmente desmochado, de origen almohade, en el municipio de Campillo de Arenas, en el límite con la provincia de Granada.
[ix] Un torreón de planta cuadrada y algunos muros muy rebajados aún se conservan.
[x] Poco queda de él y algunas casas se han construido a su lado.
[xi] Obra de al-Istarji, siglo X.
[xii] En el actual municipio de Peal de Becerro, al este de la provincia de Jaén.

domingo, 5 de julio de 2020

Zaqueo se sube a una higuera



Dice Paulino Iradiel que en todas las ciudades de tamaño medio y grande de la Península, uno de los conflictos y enfrentamientos más frecuentes entre elite mercantil, artesanado y política fiscal municipal era la compraventa al por menor de los sectores artesanales y de los extranjeros en la ciudad[i]. El mismo autor señala que el punto cardinal de la fiscalidad de la época (se refiere a la Baja Edad Media) es la ciudad, su economía y su cultura político-institucional, y añade que “núcleo del sistema fiscal sobre las manufacturas fueron las ciudades, cada una cabeza de un espacio territorial reducido que comprendía su gobernación o simplemente su territorio”.

Aunque la teoría, desde hacía tiempo, señalaba que el fin de la fiscalidad era la “causa justa” o el bien de la comunidad, en la realidad vemos abusos, fraudes, ilegalidades, conflictos, etc. Con los recursos obtenidos mediante la fiscalidad se reconstruían murallas, fosos, se construían puentes, otras infraestructuras y se pagaba la defensa de la ciudad. Siguiendo al mismo autor citado, en todas las ciudades y centros urbanos menores, la relación entre política y economía revela el papel dominante de las instituciones locales, más que estatales, en la promoción o en la desmotivación de las actividades industriales, siendo así que la mayoría de ellas tuvieron un desarrollo sin precedentes en los sectores artesanales, que va paralelo al ascenso vertiginoso de la fiscalidad indirecta.

El motor principal para las haciendas locales fue el comercio y el impulso prioritario residió en la actividad crediticia y en la inversión especulativa de arrendamientos. Como en otras partes de Europa, también aquí el mercado externo precedió, con mucho, al mercando interno como estímulo para el crecimiento.

Paulino Iradiel estudia en la obra citada abajo el área mediterránea de la Península (Corona de Aragón y Murcia), señalando la difusa deslocalización de las actividades manufactureras ligadas a privilegios, públicos o señoriales, que benefician a numerosos centros de diversa dimensión y a burgos rurales. Los casos de Barcelona y Valencia son distintos: en estas ciudades –dice- el peso de la industria, del capital y del volumen de población permitió armonizar las economías de sus respectivas regiones, pasando de la pluralidad de centros competitivos (siglo XIII) a uno en que cada “ciudadcapital” representaba el punto nodal del crecimiento y de la innovación.

Esto sucede especialmente en la industria textil lanar y sedera, pero también en la construcción, cerámica, construcción naval, cuero, etc. Este fenómeno puede verse también, en parte, en Zaragoza, Lérida, en menor medida en la ciudad de Mallorca e incluso en algunas zonas castellanas de Murcia, Córdoba, Toledo o Ciudad Real. Durante el siglo XV todavía dominaba el proteccionismo local que pocas ciudades dominantes fueron capaces de controlar totalmente.

En Valencia ciudad la fiscalidad directa fue disminuyendo (aunque se mantuvo en los centros menores) hasta desaparecer completamente a partir de inicios del siglo XV, mientras que la indirecta se va imponiendo en las sisas[ii] (desde 1330-1340) sobre draps (paños), cueros, tejidos, lino, esparto y otras manufacturas. El constante volumen de los impuestos estuvo relacionado, como es lógico, con el mayor volumen de mercancías en movimiento (materias primas, instrumentos de trabajo, productos acabados), aunque esto no es lo único que se persigue por las autoridades, sino conseguir “fama y honra”, por eso uno de los objetivos era impedir que los productos de las zonas rurales pudieran hacer competencia a los de la ciudad (aquellos eran tenidos de peor calidad).

Especialmente frecuentes fueron las disposiciones proteccionistas en territorio valenciano, en pugna con la presencia en los mercados del Mediterráneo oriental, por la concentración de la producción en manos de pelaires y tintoreros y por la entrada constante de pañería castellana. Las décadas centrales del siglo XV fueron especialmente críticas para la pañería valenciana, cuando según alguna fuente el oficio de “perayria” era el más importante de la ciudad. Hasta el mismo Consell de Mallorca prohibió, en 1499, la introducción de paños valencianos, pero ya en 1467 el monarca catalano-aragonés había prohibido la entrada total de paños castellanos que no fueran de “pinte e aparell” (¿lujo?).

Lo cual sucede en Murcia con relación a la pañería rural de Yecla, Chinchilla, Jumilla, Albacete, Molina, en Orihuela impidiendo la entrada de los paños valencianos, y en menor medida en otras ciudades como Córdoba o Toledo. Cada ciudad impuso sus propias reglas de protección del mercado interno, lo que supone la existencia de centros urbanos con autoridad amplia y reconocida para establecer regímenes aduaneros y favorecer fiscalmente a los productos locales, pero se mantuvo la tendencia a admitir la producción rural con la condición de que los paños fueran iguales en calidad, peso y medidas a los de la ciudad, o que entraran crudos para ser tintados y acabados en la ciudad dominante. Nunca se prohibió la entrada de paños extranjeros (flamencos, franceses o florentinos, y a veces ingleses) de calidad superior o inexistentes en la producción local.

Otra cosa es la existencia de personajes como el Zaqueo evangélico, que haciéndose con la contrata pública para cobrar los impuestos, aumentaba las cantidades a que estaban obligados los contribuyentes haciéndose así inmensamente rico.



[i] “Fisco y política económica de la manufactura urbana”.
[ii] Gravaba ciertas cosas que se vendían y para que se mantuviesen los tipos de pesos y medidas.

sábado, 4 de julio de 2020

Un rey contra los jueces de Arborea

Localización de Arborea al oeste de Cerdeña (mapa Michelín)

El empeño del rey aragonés Pedro IV en hacer a sus reinos con el control de la isla de Cerdeña, en un siglo que sería especialmente duro para todo occidente, terminó en varios fracasos por la tenacidad del Judicato de Arborea[i]. En la isla tenían interés varias potencias comerciales: Pisa, Génova el papa y la Corona de Aragón. Aunque el papa determinó que la isla pasase a ésta última los nativos se resistieron y mantuvieron una tenaz lucha contra el control extranjero.

Aunque a principios del siglo XIV los catalano-aragoneses consiguieron hacerse con el control nominal, y en parte efectivo, de las islas de Cerdeña y Córcega, la oposición de los gobiernos locales hizo las cosas muy difíciles a la monarquía aragonesa.

Al rey Pedro IV, particularmente, le costó conseguir, una y otra vez, los recursos económicos que necesitaba para enviar sus ejércitos a la isla y someter a los gobiernos isleños, particularmente al Judicato de Arborea. Las guarniciones militares repartidas por toda la isla –dice Mario Lafuente Gómez[ii]– y las campañas militares llevaron al rey a solicitar a las Cortes de Aragón, Cataluña, Valencia y Baleares, las aportaciones económicas que éstas, en la mayoría de los casos, se guardaban de aceptarlas si era para combatir en la isla, aunque todos sabían que era para eso. Y no es extraño que las Cortes, formadas por nobles, medio nobles y representantes de las ciudades, además del alto clero, aceptasen los empeños del rey, pues del control de Cerdeña esperaban, cada uno de los brazos, obtener los beneficios que anhelaban.

No puede extrañar que algunos –no pocos- dirigentes urbanos, al frente de las instituciones locales, catalano-aragonesas, perteneciesen a las clases pudientes de la sociedad, como así lo eran la mayoría de los nobles y la mediana nobleza que aspiraba a mejorar su situación e incluso subir en el escalafón social.

Los más altos nobles de los diversos reinos peninsulares y Mallorca, se prestaron a aportar las mesnadas, pero Pedro IV se vio envuelto en otros asuntos militares, como la guerra con Castilla y conflictos internos. La particular organización institucional de la Corona de Aragón hizo que el rey tuviese que solicitar las ayudas a diversas Cortes o asambleas, algunas de las cuales tuvieron recelo de ser una de ellas (la catalana particularmente) la que aportase dinero, exigiendo casi siempre que las demás también lo hicieran. Es muy interesante constatar que estas Cortes fueron siempre muy celosas de los fueros y prerrogativas que representaban, por lo que todo lo que fuese aparentar siquiera que se daba al rey dinero para el fortalecimiento de su dinastía en particular, era considerado contrario a aquellos fueros.

Una de las embestidas catalano-aragonesas contra los jueces de Arborea fue la armada dirigida por Pedro Martínez de Luna en 1368, un noble castellano dispuesto a colaborar con el mejor postor. La Iglesia, los señoríos y todos los demás que tenían algo que ganar en la operación, se prestaron a ayudar económicamente al rey (con anterioridad ya se habían producido dos campañas en 1323 y 1354). Tenemos, pues, un equilibrio entre la monarquía y las elites políticas y económicas de la Corona, dice Lafuente Gómez. Un primer donativo de 20.000 libras fue concedido para combatir a los de Arborea, que habían ido haciéndose con el control de no pocas plazas en Cerdeña. Luego el rey recibió otra ayuda de 5.500 libras.

La armada se concentró en el puerto de Rosas (Girona) a principios de 1368 y partió hacia Cerdeña tres meses después. Fueron movilizados 500 hombres de armas y 1.500 combatientes de a pié, acompañándoles un hermano de Martínez de Luna, Felipe, pero también colaboraron algunos sardos notables, como Lorenzo y Giovanni Sanna. La armada desembarcó junto a Cagliari[iii], se desplegaron los soldados por la isla y empezó el intento de reconquistar las poblaciones y los castillos perdidos. Martínez de Luna se dirigió a Oristano, la capital del judicato de Arborea, mientras que otros fueron en dirección a Santa Justa, no lejos de Oristano. Pero los sardos ofrecieron resistencia y vencieron a los catalano-aragoneses, perdiendo la vida muchos combatientes, ente ellos Martínez de Luna y su hermano. Los escasos supervivientes se refugiaron en el castillo de Cagliari.

En 1371 una nueva armada, para lo que el rey tuvo que volver al pedir ayuda económica a las diversas Cortes (poniendo estas toda serie de prevenciones), fue dirigida por Walter Benedict, un inglés dispuesto también a ser pagado por quien fuese, para lo que la Corona obtuvo 205.000 florines y dos préstamos, uno de 50.000 y otro de 80.000. A Benedict acompañaron Olfo de Proxida y Berenguer Carroz, dos expertos militares. Se ha estimado que los combatientes fueron mil a caballo y quinientos arqueros, además de otros procedentes de Provenza y servidores del rey. La armada de Pedro IV, sin embargo, fue sorprendida por naves genovesas en alta mar y allí dejaron su vida numerosos combatientes con rumbo a Cerdeña, siendo capturados Benedict y Olfo de Proxida, que fueron liberados más tarde por la reina Leonor de Sicilia. Otro fracaso catalano-aragonés en este asunto.

En 1373 el rey Pedro volvió a la carga y de nuevo las negociaciones con los ricos e influyentes miembros de las diversas Cortes. Las de Cataluña concedieron 200.000 libras en dicho año, y en esta ocasión no tuvieron inconveniente en reconocer que eran para la defensa de Cerdeña, pero ahora se produce el conflicto con el infante Jaime de Mallorca, que había estado preso del rey aragonés hasta 1362. El mallorquín se alió con el rey de Francia, Carlos V, e invadió Cataluña: de por medio estaba la independencia o no del reino de Mallorca respecto de la monarquía aragonesa. También se enfrentó el rey Pedro con los reyes castellanos Pedro I[iv] y Enrique II, conflictos que hay que entender en el contexto de la guerra de los cien años y la lucha por la hegemonía de las diversas dinastías reinantes.

Todo esto obligó a posponer cualquier intervención en Cerdeña, lo que no impidió que las Cortes catalanas otorgasen 15.000 florines para la guerra de Arborea. Las Cortes aragonesas, sin embargo, aportaron dinero para combatir al castellano Enrique II. Las Cortes de Monzón, Tamarite de Litera y Fraga[v] (1376, 1383 y 1384), concedieron ayudas económicas al rey aragonés, que se propuso dirigir personalmente el ejército contra Arborea, pero la expedición no llegó a producirse, pues se impuso la lucha contra Jaime de Mallorca.

Atrás quedaban los tiempos en los que el papa Bonifacio VIII había decidido que Cerdeña pasase a la monarquía aragonesa (de nada valió si no se vencía por las armas). Atrás quedaba la toma de la isla por parte del infante Alfonso (luego Alfonso IV de Aragón) en 1324. Luego vendría la resistencia de los sardos y los intentos fallidos de Pedro IV. Solo con la unión dinástica de Castilla y Aragón pasó Cerdeña a la órbita de ésta monarquía, situación que se consolidó hasta principios del siglo XVIII.

[i] En la costa oeste de Cerdeña.
[ii] “La respuesta de las Cortes aragonesas a las demandas de la monarquía para combatir en Cerdeña…”.
[iii] Al sur de Cerdeña.
[iv] Guerra de los dos Pedros.
[v] Las tres, localidades de la actual provincia de Huesca.

viernes, 3 de julio de 2020

Mercaderes de Larsa


Una investigación sobre los archivos familiares en la antigua Mesopotamia, ha llevado a Katia María Paim Pozzer a ciertas conclusiones sobre las actividades inmobiliarias en Larsa, la ciudad que existió cercana a la desembocadura del río Éufrates. La compra-venta de inmuebles fue sobre todo de terrenos rurales y cultivables, mientras que en Nippur la tablillas descubiertas hablan de la adquisición de casas en ruinas.

Un mercader llamado Ubar-Samas fue el comprador en muchos de los contratos inmobiliarios que la autora ha estudiado[i], pero también se han descubierto contratos de compra-venta de esclavos. Mientras tanto, otros negociantes de nombre Sep-Sîn y Sîn-uselli, se dedicaron a la compra de tierras cultivables próximas a sus propiedades, sobre todo campos y pomares. Así se puede decir que Amurrum-semi y el llamado Umar-Samas realizaron importantes compras inmobiliarias en Larsa. El primero adquirió, sobre todo, parcelas de tierras cultivables, de entre las cuales varias limítrofes con sus propiedades, ampliando así sus dominios pero solo en varios metros cuadrados. Ubar-Samas compró no solamente un gran número de terrenos cultivables sino parcelas situadas en la zona urbana.

Estas familias de mercaderes –dice Charpin- se enriquecieron rápidamente durante los reinados de Warad-Sîn[ii] y la primera mitad del de Rîm-Sîn[iii], pues la construcción de una propiedad hermoseada era un objetivo de los ricos mercaderes.

En el sitio de Senkereh, según la autora citada, donde antes se encontraba Larsa, se han realizado excavaciones donde se ha descubierto un modelo de ciudad particular, compuesta por barrios “socio-profesionales”, entre los que hay uno residencial formado por grandes mansiones. En la década de 1980 fue descrito el sitio de Senkereh como un lugar desértico, discurriendo el Éufrates más al sur que en la antigüedad.

A principios del siglo XX Larsa fue objeto de una exploración en la que se descubrió el sitio de Kisurra, la actual Tell Abu Hatab, a orillas del Éufrates en el actual Irak. Cuando se excavó varias décadas más tarde se comprobó que había sido objeto de pillajes con vistas a los mercados de antigüedades.

Pero volviendo a los mercaderes y los archivos que nos han dejado, se trata –como queda dicho- de compra de bienes inmobiliarios, esclavos y de empréstitos de plata y bienes, contratos de sociedades comerciales, de  procesos judiciales, cartas, etc. Paim Pozzer dice que la mayoría de la documentación proviene de excavaciones clandestinas antiguas, encontrándose esparcidas por muchas colecciones y museos del mundo (tabletas con escritura cuneiforme). La compra de tierras para la agricultura se entiende por tratarse de una civilización y época en las que la base de la economía era la agricultura irrigada, pero también tiene interés comprobar cómo en el barrio residencial de Larsa algunas casas tenían superficies de más de 800 m2 en un singular urbanismo.

Los documentos estudiados por la autora citada aportan datos sobre descripción de los inmuebles, sus dimensiones y localización, los compradores y vendedores, la cuantía y forma de pago, así como las cláusulas de irrevocabilidad y evicción (pérdida de un derecho), el juramento de los testigos, etc. En una de las tablillas el terreno que se pone en venta es propiedad del dios Samas de Larsa, uno de los más importantes. En otros casos los terrenos comprados estaban junto a canales, había pomares o se trataba de tierras incultas.

Los terrenos cultivables eran más cotizados y los campos inundables constituían una fuente natural de pescado y juncos, en este caso para betún que se usaba en la construcción de casas. Se comprueba la compra de terrenos contiguos a otros que ya pertenecían al comprador, con la intención de aumentar el tamaño de los bienes raíces. Es curioso que en un caso se procedió al alquiler de un terreno con casas en ruinas figurando la duración del contrato hasta el regreso del rey Rim-Sin a Larsa[iv].

Un mercader de nombre Sin-uselli, por su parte, realizó pocos negocios inmobiliarios, prefiriendo el comercio de mercancías con ciudades situadas al norte de Larsa, así como empréstitos de plata. Una de las ciudades con la que tuvo tratos mercantiles fue Ur.

En las tablillas que contienen contratos se hace mención, en ocasiones, a mujeres que son propietarias, aunque son poco numerosas. En un caso una mujer aparece como compradora, aunque está casada. En cuanto a los templos, tenían una gran influencia en la economía, que disminuyó durante la segunda parte del reinado de Rim-Sin, y esto en provecho de personas particulares.


[i] “Arquivos familiares e propiedade privada na Mesopotâmia Antiga”. Katia María Paim Pozzer.
[ii] Fundó una dinastía en Larsa que duró poco tiempo, correspondiendo su reinado al siglo XVIII a. C.
[iii] Parece que hermano del anterior y último rey de ésta dinastía, aunque Larsa consiguió con él un momento de esplendor. Hammurabi, rey de Babilonia, se hizo con el poder en Larsa.
[iv] El reino contó con dos capitales, una en Larsa y otra en la actual Kut al-Amara, al este de Irak.