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jueves, 13 de abril de 2023

Mario contra Metelo y Sila

 

                                                     Restos de Utica, en el norte de África

Dice Plutarco que el general romano Mario[i] había nacido “de padres enteramente oscuros, pobres y jornaleros”, pero investigaciones posteriores han venido a suponer que la clase social a la que perteneció era la de los acomodados aunque no ricos. El tribunado de la plebe fue uno de los primeros cargos públicos que ocupó, habiendo sido su solicitador Cecilio Metelo, con quien luego tendría desavenencias, pero también momentos de colaboración.

Aprovechó Mario dicho cargo para que se votase una ley “que parece quitaba a los poderosos su grande influjo en los juicios”, pero contó con opositores y el Senado no la aprobó. Ya apuntaba Mario su inclinación por el partido opuesto a los optimates, siendo uno de esos hombres nuevos o venidos a la política desde posiciones no privilegiadas. Después del tribunado aspiró a la edilidad mayor, lo que algunos consideraron “osado y orgulloso” y no lo consiguió, pero no se arredró y aspiró a la pretura, siendo entonces elegido no sin acusación en su contra de cohecho, aunque aquella no prosperó.

Plutarco, que escribe con mucha posterioridad a la vida de Mario, dice que “nada hizo en la Pretura digno de particular alabanza”, pero reconoce que en la Hispania ulterior limpió de salteadores la provincia, “áspera todavía en sus costumbres”, y cuando el cónsul Cecilio Metelo fue enviado como general a África para la guerra contra Yugurta, nombró como legado suyo a Mario, lo que este aprovechó para demostrar todo tipo de virtudes en su favor, y de esta forma se esforzó en la guerra, no rehusó ningún trabajo ni se separó de sus soldados en la sobriedad y el sufrimiento, lo que le hizo popular entre ellos.  

Llegó no obstante el momento del episodio con Turpilio siendo este huésped de Metelo, que habiéndosele encargado la guardia de Bagá, “ciudad populosa”, se mostró muy condescendiente con sus habitantes, lo que propició la llegada de Yugurta. Esto fue aprovechado por Mario para poner de manifiesto el error de Metelo nombrando a Turpilio para tal misión, y aún pretendió viajar a Roma para presentarse a las elecciones al consulado. Metelo se lo prohibió en un primer momento, pero luego aceptó, de forma que Mario viajó por mar hasta Utica[ii] en dos días y una noche. Aquí hizo un sacrifio y los agoreros le anunciaron que el destino le iba a ser favorable, se presentó en Roma, fue recibido con mucha aceptación y nombrado cónsul, que más tarde lo sería repetidamente.

Dice Plutarco que se empleó en reclutar un ejército “admitiendo en él, con desprecio de las leyes y costumbres, a mucha gene jornalera y esclava”, cuando era costumbre no dar a estos entrada en la milicia; pero no fue esto lo que más le reprocharon algunos, sino el comportamiento altanero de Mario, que “se recomendaba al pueblo con sus heridas propias, no con memorias de muertos ni con imágenes ajenas”. Pasó así a África con su ejército y levantó la envidia de Metelo, pues la guerra estaba prácticamente concluida, quedando solo el apresamiento de Yugurta, por lo que parecía que Mario venía solo a recoger “la corona y el triunfo”.

Es entonces cuando entró en escena Sila, que llegaría a ser importante general romano, cuestor de Mario en ese momento, que se hizo con el triunfo definitivo. Se valió para ello de Boco, rey de los numidas superiores, que dudando si ayudar a Yugurta o traicionarle, optó por esto último y llamó a Sila. Plutarco vio en estas desavenencias la perdición de Roma, que él ya conocía porque vivió con mucha posterioridad a las guerras civiles que terminarían con la República.

Pero viéndose que “de la parte de Poniente” había peligros para Italia, después de muchas dudas y discusiones se decidió encargar a Mario la defensa, que en ese momento se encontraba ausente. Eran los teutones y cimbrios los que amenazaban desde el norte de Europa, llevando a la República una guerra que duraría doce años con algunos momentos de tregua (113-101 a. C.). Plutarco habla de 300.000 hombres armados, pero es muy común las exageraciones que se hacían cuando de números se trataba, viniendo con ellos mujeres y niños “en busca de una región que alimentase tanta gente”, lo que da a entender que se trataba de una migración más que de un ataque decidido de antemano.

Plutarco debió de conocer alguna fuente que hablaba de “la grande estatura de sus cuerpos”, que tenían los ojos azules y que en Germania “a los ladrones les llaman Cimbrios”. A los ojos de un romano aquellas gentes eran terribles –sobre todo si se ignoraba lo que las legiones hacían en los territorios conquistados- “pareciéndose al fuego en la presteza y violencia para los hechos de armas; no habiendo quien pudiera resistir a su ímpetu”. En efecto, los ejércitos romanos que les hicieron frente en la Galia transalpina fueron derrotados, y esto llevó al Senado a nombrar a Mario otra vez cónsul, aunque era ilegal por encontrarse ausente y “sin que se guardase el hueco prefijado”, en alusión al tiempo que debía transcurrir entre un mandato y otro.

La guerra contra los teutones fue el teatro donde Mario se forjó su carrera política desde esos años finales del siglo II a. C. En efecto, antes de la guerra social, el general romano reformó el ejército en su forma de reclutamiento, en su estructura militar, en la edad y condiciones de la jubilación de los legionarios y en cuanto a los bagajes que debía llevar la tropa. Luego vendría la guerra civil en la que se enfrentó a Sila (“la perdición de Roma” de la que habló Plutarco) mucho antes de que este se convirtiese en dictador entre 82 y 79 a. C.


[i] Mediados del s. II a 86 a. C.

[ii] Al noroeste de Cartago.

sábado, 8 de abril de 2023

Qara Qûzâq

 

                                                                   Mapa de mdpi.com

Al Este de Karkemish, en la frontera turca con Siria, discurre el río Éufrates en dirección sureste, y poco después recibe las aguas del río Sajur, cuyo curso está jalonado por los campos de cultivo que se agolpan en torno a sus riberas de forma más continuada que en las del Éufrates, que recorre en esta zona un terreno más quebrado. Siguiendo su curso se llega al Tell Qara Qûzâq, que ahora está en un ilsote del río y cuyo yacimiento arqueológico ha dado importantes resultados si tenemos en cuenta no solo el islote sino sus inmediaciones. Desde aquí, en dirección suroeste, está Alepo.

Los restos más antiguos datan de tercer milenio a. C.; una necrópolis en la que podría haberse enterrado colectivamente a individuos de diversas edades está datada a finales de dicho milenio, por lo tanto en los comienzos del período paleoasirio. La excavación de varios templos de épocas distintas permite considerar este lugar como centro religioso, y se han excavado restos de época romana, desde el siglo I a. C. hasta los últimos siglos del imperio de occidente y de época bizantina.

Los que han estudiado los restos romanos[i] han podido encontrar viviendas, mosaicos de los que se han recogido centenares de teselas, monedas, pozos y un castrum; el castro romano está al oeste del Éufrates y la población al Este. Posteriormente fue un asentamiento bizantino y más tarde árabe. Otros materiales encontrados son cerámica común y de cocina, la más significativa sigillata, que se datan en el siglo I, pero ya no en el castrum, sino al otro lado del río. En lo que podría haber sido una vivienda se han encontrado fragmentos de tégulas y un caballito de terracota.

Siria fue incoporada el Imperio Romano en el año 64 a. C. por Pompeyo, situándose el cuartel general durante el siglo I en Antioquía, hasta que durante el reinado de Trajano la frontera se extendió más al Este[ii]. Hasta el reinado de Septimio Severo, entre finales del s. II e inicios del III, la lucha contra los partos fue casi contínua, y luego continuaría con la dinastía sasánida de los persas[iii].

El elemento básico que define a Qara Qûzûq es el río Éufrates, una de las vías de comunicación más importantes de la historia[iv], habiendo sido este un lugar de paso desde época del Bronce, durante el cual se convierte en centro de almacenamiento de grano para las grandes ciudades ribereñas (Karkemish está a 30 km. hacia el norte). De época romano-bizantina es un complejo funerario en el Tell Magiâra; a unos 8 km. se encuentra el Tell Qara Qûzûq con abundante material altoimperial, y en el cercano pueblo de Hammam Sagir aun se conserva un edificio junto a una fuente termal, así como varios hipogeos y algunos tramos de una calzada que atestiguan la presencia romana. El resto que más estrechamente se relaciona con Qara Qûzûq es el de un campamento romano justo frente a la aldea, en la cima de un monte con una pendiente muy escarpada salvo por el sur.

Qara Qûzûq fue en un principio un puesto militar avanzado dentro del sistema defensivo del Imperio Romano durante los siglos I y II quedando restos del mismo: parte de la muralla y un torreón en la ladera sur del monte; al sureste también hay un muro defensivo pero no tan importante como el anterior porque esa parte tenía una más fácil defensa. Del interior del castrum solo se conserva un muro de casi tres metros de anchura en dirección Este-Oeste, unos depósitos excavados en roca, el mayor de los cuales tiene 1,40 m. de profundidad y 2,80 de lado. Muy próximo, un aljibe también excavado en roca de cerca de dos metros de profundidad, lo que garantizaba el abastecimiento de agua.

De época bizantina, durante los reinados de Honorio (395-423) y de Teodosio II (408-450), aparece nuevo numerario, habiéndose cerrado la ceca de Antioquía -la única de Siria- en el año 408, y a este período que va de los siglos IV al VI pertenecen los los restos arqueológicos mejor documentados. En el centro de la aldea un edificio romano de planta rectangular de 8 metros por 7 en cuya parte exterior hay un pozo de piedra adosado, teniendo los citados muros un grosor que oscila entre los 60 y los 80 cm. En dos niveles, y por lo tanto de épocas distintas, han aparecido viviendas con espacios claramente diferenciados, una de las cuales fue de grandes dimensiones.

Toda la orilla del Éufrates hasta Dura Europos (al este de la actual Siria) presenta unas características parecidas que las que se han estudiado en Qara Qûzûq, aunque queda mucho por excavar para llegar a conclusiones definitivas, pero los espacios identificados como romanos, tras el momento en que se ocuparon para la defensa del limes, se centran a orillas del Éufrates.


[i] Pedro Barbado Mariscal, José A. Eiroa Rodríguez y Felip Masso Ferrer, “La ciudad romana de Qara Qûzâq”.

[ii] Ver aquí mismo “Siria romana”.

[iii] A finales del s. II Roma conquistó las ciudades de Selucia y Ctesifonte, esta capital de los partos.

[iv] Ver nota i.

Las ciudades de Seleuco Nikator


El fundacor de la dinastá seleúcida y primer emperador del imperio conocido por el mismo nombre, Seleuco Nikator[i], fundó en Siria y Mesopotamia varias ciudades siguiendo el ejemplo de Alejandro en sus fulgurantes conquistas.

Hay una gran complejidad de situaciones aunque hablemos de grandes imperios que a duras penas consiguieron mantener los territorios más alejados bajo su control. En época del emperador romano Caracalla se declaró a la ciudad de Edesa, al norte de Mesopotamia, colonia romana (214), y se llevó a la capital del imperio al rey de la ciudad y su familia, cuya dinastía había gobernado durante no poco tiempo.

Mucho antes, cuando Marco Licinio Craso[ii] luchó contra los partos, quizá Edesa y su rey jugaron un papel en la derrota del romano, y a partir de este momento la ciudad cayó bajo la órbita de los partos. Casi un siglo más tarde, durante el reinado de Claudio, Edesa recuperó su monarquía, que aún mantenía en época de Trajano, pero la ciudad fue destruida durante el reinado de este. Con Adriano recuperó su autonomía y la dinastía árabe se repuso. No es el único caso en que los habitantes del desierto se hicieron con el poder, tenemos también los ejemplos de Hatra y Palmira[iii], empleándose sus dinastas en el entendimiento con los fuertes poderes imperiales al este y al oeste.

Es una de las ciudades que pudo ser fundada por Seleuco Nikator en época helenística a partir de un puesto militar que existiría con anterioridad, convirtiéndose desde ese momento en un importante nudo de comunicaciones y haciendo su nombe alusión a la abundancia de agua[iv]. Antíoco IV[v] la denominó Antioquía, pero después de este reinado volvió a llamarse Edesa, que debió su autonomía al hecho de las permanentes luchas entre partos y romanos.

                                                               Busto de Seleuco Nikator

Para dominar su frontera con los partos, Roma osciló entre el sometimiento de las ciudades Sirias y en torno al Éufrates o en el consentimiento de estados clientes, y esto determinó la vida de Edesa. Sila y Pompeyo, por ejemplo, llevaron a cabo una política de alianzas, y mucho más tarde, en época de Maximiano (285-305)[vi], volvía a gozar de una cierta autonomía hasta que un rey de la ciudad, Filipo, pactó la paz con los sasánidas en 244, y en 259, tras la derrota de Valeriano, pasó a poder de aquellos. Otra vez en poder de Roma, Diocleciano la hizo capital de una provincia y estableció la frontera con los persas más al este de Edesa.

Tempranamente se extendió el cristianismo por la región, teniendo Edesa un papel floreciente en él. Un primer sínodo tuvo lugar en 197, y más tarde personajes destacados fueron Ephrem, Rábula e Ibas, que conformaron una escuela teológica en la ciudad. El primero fue escritor y músico del siglo IV, siendo reconocido como místito y padre de la Iglesia; el segundo vivió entre los siglos IV y V, fue asceta y posteriormente obispo de Edesa; y el tercero sucedió a Rábula en el obispado, pero su pontificado fue tormentoso y se le depuso en el Concilio Ladrón de Éfeso (449), aunque el concilio de Calcedonia (451) lo repuso[vii].

No es seguro que Nicephorum Callinicum (la actual Raqqa) haya sido fundada por él, pues algunas fuentes hablan de Alejandro (Plinio); Apiano, sin embargo, dice que fue Seleuco el fundador[viii]. Hay un largo trecho del Éufrates medio en el que el río discurre de oeste a este, y es en su ribera norte donde fue fundada dicha ciudad.

Quizá Nicephorum cayó en manos de los partos a mediados del s. I a. C., pero luego volvería al control romano y vuelta a cambiar de dueño en sucesivas ocasiones. En tiempos del emperador Galieno (253-268)[ix] la ciudad recibió el nombre de Callinicum, quizá en honor del filósofo del mismo nombre del siglo III. Los sasánidas vencieron a los romanos a finales de dicho siglo en las inmediaciones de la ciudad, pero después alcánzó un buen desarrollo económico, y en el siglo IV o parte de él fue una fortaleza que favoreció el comercio. El emperador de oriente León II[x] le cambió el nombre por Leontópolis, pero después de su muerte se restauró el antiguo nombre, y a mediados del siglo VI, ya en época bizantina, los sasánidas se hicieron con la ciudad, “de la que los ricos no pudieron huir a tiempo con sus tesoros”.

Otra ciudad fundada por Seluco Nikator fue Calcis, la actual Qinnasrin a partir de la conquista árabe, hoy un yacimiento arqueológico al noroeste de Siria. En época helenística fue capital de un reino y ciudad fronteriza hasta que cayó en poder de Roma en el siglo I. En el siglo VI, ya en época justinianea, el enfrentamiento entre bizantinos y sasánidas obligó a la ciudad a pagar una suma elevada para evitar el asalto de estos últimos, pero en 629 fue saqueada por los árabes y empezó a jugar un importante papel, aunque fue perdiéndolo a medida que Alepo se engrandecía, donde en el siglo X ya vemos los principales mercados situados en esta ciudad.

Zeugma, en la ribera occidental del Éufrates, también habría sido fundada por Seleuco Nikator, de igual manera que Apamea[xi], en la otra ribera del río. La primera tuvo un templo que aparece en las monedas, y como estaba en alto se accedía mediante escalones tallados en la roca. Su importancia en la antigüedad fue militar, pues era uno de los pasos hacia el interior de Mesopotamia, y en las guerras del emperador romano Constancio II[xii] jugó un importante papel en 359 contra los partos, conservando su relevancia en tiempo de los árabes (siglo VII en adelante).

Beroea, al norte de Siria, es antigua población, engrandeciéndola Seleuco Nikator, que le dio el nombre de la Beroea macedonia. Cuando los sasánidas se enfrentaron a Roma la ciudad quedó destruida a manos de aquellos, salvándose la ciudadela por su mejor defensa, pero se entregó a los árabes en el siglo VII, aunque el emperador Nicéforo la recuperase por poco tiempo en el IX. Las cruzadas medievales hicieron mella en la ciudad y luego todo fueron desastres: en el siglo XIII fue destruida tres veces por sendos terremotos, luego por lo mongoles y en 1400 por Tamerlán…


[i] Reinó entre finales del s. IV y principios del III a. C.

[ii] Murió en 53 a. C. en territorio parto después de haber sido derrotado. Formaba entonces en el primer triunvirato junto a Pompeyo y César.

[iii] Hatra está hoy al norte de Irak, y Palmira en el centro de Siria.

[iv] Al norte de la actual Grecia hay otra Edesa famosa por sus cascadas.

[v] 175-164 a. C.

[vi] Compartió el poder con Diocleciano.

[vii] Enciclopedia Católica.

[viii] Plinio el joven vivió entre los siglos I y II de nuestra era, y Apiano poco después en el siglo II, por lo que están muy alejados de los acontecimientos, pues Seleuco Nikator gobernó a principios del s. III a. C. Aquellos autores recogían noticias de otros anteriores y no es extraño que las fuentes de cada uno fuesen diferentes.

[ix] Hasta 260 gobernó con Valeriano.

[x] 469-474.

[xi] La Apamea que está al oeste de Siria, cerca de la costa, es de una importancia muy superior.

[xii] Gobernó la parte oriental del Imperio Romano.

jueves, 6 de abril de 2023

Siria romana

 


                                            Columnata y calzada romanas en Apamea (Siria)*

Por su clima y su situación geográfica, el desierto de Siria, al sur y al norte del Éufrates, era una zona de trashumancia. Desde el Anti-Líbano hasta el Tigris, es una región de estepa, un Hamad. Por todas partes suelos de arcilla o de aluviones en los que crecen las hierbas del desierto, y tras las lluvias, una hierba vigorosa, pasto abundante para los rebaños de los nómadas. La arena no aparece más que en regiones muy limitadas, como el sur de Palmira. El desierto de arena o Nefoud no se encuentra más que muy al sur, más allá del oasis de Gowf. La Harra, estepa pedregosa de las regiones basálticas del desierto, ofrece igualmente buenos pastos. Herbosa y verdegueante durante y después de la estación de las lluvias, la estepa siria queda rápidamente sofocada por el ardor del sol[i].

González Blanco y Matilla Séiquer estudian las etapas del domino romano en Siria, particularmente en la línea del Éufrates y muy en concreto la zona de Qara Qûzâq, un yacimiento arqueológico cercano a la aldea del mismo nombre en el margen izquierdo del Éufrates. El estudio comprende las ciudades que existieron en dicha región siria, las vías romanas, la importancia política de Siria dentro del Imperio Romano, la producción de grano y el comercio en época romana. Los autores se extienden luego, de acuerdo con los restos aparecidos en el yacimiento citado, a la época bizantina.

La frontera oriental del Imperio Romano soportó tan frecuentes guerras que sería inútil pretender siquiera citarlas, y aun así, “de todos los ejércitos romanos, es el de Oriente el que tiene una historia más oscura durante los cuatro primeros siglos de nuestra era hasta la época en la que se redactó la Notitia Dignitatum”[ii]. Se conoce muy poco sobre los lugares de estacionamiento de las legiones romanas y cuáles fueron sus desplazamientos sucesivos, pero las excavaciones han permitido saber que Dura Europos[iii] estaba ocupada, en tiempo de los Severos[iv], por la vigésima cohorte de los palmirenos.

En cuanto a la organización del limes sirio, la Primera Guerra Mundial fue un factor que permitió los trabajos arqueológicos, pues la ocupación del territorio por las potencias occidentales cambió las cosas. Es la época en que tres religiosos, Poidebard, Mouterde[v]  y Jalabert, estudiaron toda la zona norte de Siria y el Éufrates medio. Los dos primeros llamaron a su obra “El Limes de Calcis”, gracias a la cual conocemos vías romanas, el urbanismo en el Éufrates, necrópolis, el sedentarismo y nomadismo de los habitantes del limes, etc. Por su parte, el autor antiguo Juan Malalas[vi] (Antioquía, finales del siglo V-578), nos ha dejado una Chronographia en varios volúmenes de donde es posible obtener informaciones que luego deben ser confirmadas por la arqueología, pero ya sobre el Imperio de Justiniano.

Uno de los extremos del limes era Antioquía, hoy en territorio turco pero muy cerca de la frontera siria, objeto de invasiones partas y persas, siguiendo luego por la región Cirrhéstica (al norte de Siria) en contacto con la alta Mesopotamia y Osroene (al sureste de Edessa y al norte de Dura Europos); pero este limes no era solo un intento de contener a otros imperios, sino también la forma de mantener los cultivos para la alimentación de la población y los ganados y el urbanismo. Durante los primeros siglos de nuestra era estas regiones verán extenderse el cristianismo, y las listas de obispos firmantes en los primeros concilios –dicen González Blanco y Matilla Séiquer- permiten saber de qué núcleos procedían. Al concilio de Calcedonia (Bitinia, 451) asisten más obispos que los conocidos en todos los concilios anteriores, si bien son pocos. Algo similar ocurre con el monacato, del que tenemos noticias así como de su difusión y de la vida de los monjes.

El limes de Trajano se había fijado “en el codo del Éufrates, delante de Antioquía”, pero dicho emperador quiso dominar una gran vía comercial y militar que uniese Aila (Aqaba)[vii], en contacto con el golfo del mismo nombre (mar Rojo) con la desembocadura del río Phase en el sureste del mar Negro, y luego avanzó hasta el Tigris contra los partos, constituyéndose “un gran triángulo de caminos” cuyos centros militares fueron Carrhas (Harran) y Nísibis; al sur Amida  (Diyarbekir) y Singara; al norte Bezabde-Saphe (Pazira ibn.’Umar) sobre el Tigris. Más tarde los romanos avanzaron a una región transtigritana.

Adriano ordenó un repliegue abandonando la antigua Asiria y Mesopotamia, lo que dio pie a un ataque parto contra Siria. Marco Aurelio volvió a la política de Trajano con pequeñas enmiendas territoriales, estableciendo un “protectorado” en el Tigris, y Septimio Severo consolidó este avance estableciendo el limes en el Tigris por el norte, y por el Este en el río Habur, afluente del Éufrates.

Diocleciano, a finales del siglo III, consolidó la frontera que había dejado Septimio Severeo sobre el Tigris, y salvo una breve retirada en época de Joviano (363-364), que cedió Nisibis y Singara a los Sasánidas, el limes de Diocleciano permanecerá sin cambios durante la época bizantina hasta la ocupación árabe en 656 (batalla de Yarmouq[viii]).

No se entiende el Imperio Romano sin el papel jugado por las ciudades fundadas o refundadas; las conquistas fueron determinadas por intereses estratégicos, y en la zona de la que hablamos aquí, el Éufrates en ocasiones fue frontera y en otras vía de navegación, siempre fuente de riqueza. De todas formas debemos tener en cuenta que los griegos comenzaron a poner pie en esta región con la expedición de los “diez mil” de Jenofonte[ix], pero fue con el Imperio Macedónico cuando por primera vez esta zona entra en contacto con occidente.

Nicephorium Callinicum (cerca de la actual Raqqa) es una ciudad griega situada en la ribera norte del Éufrates medio, habiendo sido fundada por Alejandro o por Seleuco Nikator[x]. Otra es Barbalissos (Meskene, en la orilla derecha del Éufrates, Siria) que fue una fortaleza y puesto militar importante, lo que aprovechó Justiniano para reforzarla. Hierápolis (Mkbiy, ciudad al norte de Siria) ya está atestiguada desde tiempos asirios y más tarde en época persa, recibiendo el nombre griego, probablemente, de Seleuco Nikator. Thapsaco fue una antigua ciudad de Siria junto al Éufrates, y antes había sido un importante puerto fluvial a partir del cual los ejércitos avanzaban hacia el Asia superior, teniendo que cruzar el río por medio de puentes de barcos o por algún vado[xi].

Bathnas (El-Bab, al norte de Siria) fue una fortaleza romana en la frontera del Éufrates. Sura, por su parte, está citada por Plinio, que la sitúa en el codo del Éufrates, no lejos de la primera ciudad pártica de Filisco (?). Según los itinerarios romanos Sura está en el final de la vía que llegaba desde Damasco al Éufrates pasando por Palmira. Calcis (conocida como Chalcis ad Bellum) es citada por Plinio, Ptolomeo, Amiano Marcelino, Apiano y otros. Según este último es una de las fundaciones de Seleuco Nikator, situada “a 53 millas de distancia de Antioquía”.

Otras ciudades son la citada Dura Europos, Apamea, Edessa, Palmira, Rusafa, Ichai, Tyba, Beroea y Zeugma, pero no son todas de las que se tiene noticia. Unas jugaron un papel comercial; otras, militar; lugares de obligado paso que les hizo prosperar; puertos fluviales como Antioquía, que está junto a la desembocadura del río Orontes, muy cerca del Mediterráneo, un mar que los romanos imperiales desearon proteger con su dominio sobre Mesopotamia y Siria.


[i] Así es como citan A. González Blanco y G. Matilla Séiquer a Poidebard, A., “La trace de Rome dans le Désert de Syrie…”, París, 1934, en un trabajo titulado “Aspectos generales de la romanización de Siria, con particular atención a la Mesopotamia”, en el que se basa el presente resumen.

[ii] En este documento se informa de la organización administrativa del Imperio Romano. Se le da una fecha de redacción entre finales del siglo IV y 427 d. C., aunque es posible que fuese actualizado.

[iii] Al Este de la actual Siria.

[iv] Desde fines del s. II hasta 235.

[v] A. Poidebard (jesuita, 1878-1955), Mouterde (1880-1961) y Jalabert, fueron arqueólogos franceses.

[vi] Este es el que por primera vez usa el término “limes de Chalcis”.

[vii] Al suroeste de la actual Jordania.

[viii] El río Yarmuk desemboca en el Jordán al sur del mar de Galilea.

[ix] Mercenarios griegos (entre los que estuvo Jenofonte) interviniendo en conflictos internos de los persas. Su retirada fue narrada por Jenofonte en la “Anábasis” (marcha tierra adentro).

[x] Del griego “vencedor”.

[xi] Aparece citada en la Biblica (Reyes, 4,24) con el nombre de Tiphsah, “el paso”.

* Fotografía de serturista.com/siria/apamea

martes, 14 de marzo de 2023

Bísula

 

                                                    Busto de una joven hallado en Itálica

En el Burdeos de comienzos del siglo IV nació el que sería poeta Ausonio, que recibió además otra formación. Un militar romano de nombre Valentiniano, encontrándose en Bitinia, fue alzado a la cabeza del Imperio romano por sus soldados, como era común en la época. Una vez en la cumbre del poder, llamó a Ausonio para que formase a su hijo Graciano, que también sería emperador (de Occidente) andando el tiempo.

Como Tréveris había sido convertida en una de las capitales del Imperio, allá marchó Ausonio, que hizo a la ciudad afamados versos, así como al paisaje que la roedeaba en su época y al río Mosela. Las luchas contra los pueblos germánicos estaban encendidas en un momento de recuperación romana, y Ausonio fue agasajado con una joven de nombre Bísula, a quien nuestro poeta dedicó unos versos:

“Bísula, de estirpe y hogar allende el helado Rin, Bísula, conocedora de las fuentes del Danubio, capturada y manumitida, es la dueña de las delicias de quien la recibió como botín de guerra. Huérfana de madre y sin nodriza, ignora las órdenas de una ama. Ella no sintió vergüenza alguna por su destino y por su patria, liberada antes de haber sufrido la esclavitud; así, transformada con lo mejor del Lacio, conservó su rostro germano, sus ojos azules, su rubia cabellera. Su manera de hablar unas veces, otras su aspecto, la hacen una muchacha ambigua: este [su aspecto] afirma que nació en el Rin, aquella [su manera de hablar] en el Lacio”.

Ausonio era ya anciano cuando recibió a esta joven que quizá no contaba más de quince años y cuyo aspecto inspiró al poeta. Que no hubiese sido nunca esclava se deberá a que, en cuanto la recibió, Ausonio la manumitió, y de la bisoñez de la muchacha parece hablar el poeta cuando dice que no sintió vergüenza por su destino, del cual lo desconocería todo.

Ausonio murió a la edad de ochenta y cinco años, mucho para la época, en su ciudad natal. ¿Siguió Bísula con él hasta el final de sus días? Probablemente sí, pues le habia sido entregada en propiedad aunque él no la quisiera como esclava, pero la muchacha era todavía joven cuando el poeta murió: ¿cuál sería su suerte, cuál su vida, cuáles sus desdichas?

 

Orígenes de una ciudad

 

                                           El Palatino según twitter.com/antigua_roma/status/

En prácticamente todas las culturas antiguas la guerra ha reinado entre los grupos humanos en estado endémico. En la Italia primitiva extranjero y enemigo, según testimonios de Varrón y Cicerón, son términos sinónimos[i]. En otro orden de cosas, las aportaciones de los griegos a Italia pueden resumirse en el tipo de ciudad, las instituciones, la arquitectura y escultura en piedra, las murallas de las ciudades, la decoración y el alfabeto.

Pero antes, los pueblos primitivos de Italia eran numerosos: en el norte se encontraban los vénetos, que a su vez se distinguían entre galos (celtas) y ligures; etruscos, umbriosabélicos, una de cuyas ramas eran los ecuos; italiotas, hérnicos y volscos. En el centro se encontraban los sabinos, picentinos, vestinos, marrucinos, frentanos, marsos, pelignos, los latinos con su rama de los faliscos, y los samnitas (caracenos, pentros, caudinos e hispinos). En el sur, los lucanos, brutios, oscos u opicos, auruncos o ausones y yápigos (dannios, peucinos y mesapios).

La invasión doria (1200-1000) en Grecia impulsó a los estruscos hacia Italia, estableciéndose en el territorio de los umbrios, que entonces se encontraban en la cultura de Villanova[ii]. Siglos espués, Roma empezó, con la ocupación etrusca, a ser importante centro para la dominación del Lacio y la Campania, recibiendo de Etruria el gobierno centralizado, la fundación de la propia ciudad y el origen de lo que será el Estado romano.

En época de los reyes etruscos de Roma (antes de 509) la ciuda se dividía en cuatro regiones que comprendían las siete colinas en las que se encontraban nueve aldeas: Querquetual, Cispius, Fagutal, Oppius, Quirinal, Viminal, Germal, Palatual y Velia. La muralla[iii] que las encerraba incluía el Aventino, el Capitolio y una zona al noreste. Así las cosas, Roma se convierte en la ciudad comercial del Lacio, que primitivamente estaba dividido en pagi, pudiéndose distinguir dos modos de poblamiento: dispersión rural y concentración en las aldeas citadas (vici-oppida), pero el campo romano era malsano e insuficientemente desecado; la salida de las aguas se practicaba mal y las colinas constituían oasis de salubridad.

El Palatino fue el origen de la ciudad de Roma, siendo sus primeros colonos de Alba, y la primera colonización por las necesidades militares de Etruria, y solo así se explica que una zona pantanosa haya sido habilitada para el poblamiento en aldeas, cuya toponimia deriva de la vida pastoril o alude a la vegetación forestal (lo que da idea de la forma económica dominante). Pales era la diosa de los rebaños; Querquentual era la colina de las encinas; Fagutal la de las hayas; Viminal la de los sauces… Los habitantes de estas colinas eran latinos, pero en el Quirinal y en el Viminal eran sabinos. Ya en la segunda mitad del s. VII se constituyó una federación (el Septimontium), pero antes, las luchas entre las diversas aldeas fue corriente.

De aquí al intento de dominar el Lacio y luego Italia va un largo trecho: la unidad italiana no será realizada por Roma sino a lo largo del siglo IV, pero de forma completa solo después de la guerra social (91 a 88 a. de C.). Ya en el siglo V el conflicto se manifiesta no solo por diferencias económicas y jurídicas, sino entre las aldeas de las diversas colinas. También hubo conflictos en dicho siglo entre Roma y otras ciudades etruscas y griegas, dándose lo que mucho más tarde Tito Livio llamó ire praedatum, el saqueo periódico del territorio enemigo, y en el mismo Lacio la hegemonía de Roma no será reconocida hasta 338 a. de C., con la victoria romana en la segunda guerra latina[iv].


[i] L. Homo; La Italia primitiva y los comienzos del imperialismo romano, en "La evolución de la humanidad", tomo XVII, p. IX del prólogo y nota 17.

[ii] Pertenece a la Edad del Hierro, procediendo el nombre del yacimiento Villanova di Castenaso, cerca de Bolonia.

[iii] La mayor parte de la muralla se levantó en el s. IV a. C., pero ya en el VI el rey Servio Tulio había levantado una que la arqueología muestra también.

[iv] La política expansionista de Roma puso en guardia a otras poblaciones, que propusieron al Senado romano una solución de compromiso. Al no aceptarse esta por Roma, estalló la guerra.

domingo, 20 de junio de 2021

El mausoleo de Rávena

 

                                                               Fotografía de Wikipedia

Gala Placidia fue hija del emperador Teodosio y para ella se construyó un aparentemente sencillo mausoleo en la primera mitad del siglo V. De planta cruciforme, la parte central está formada por una torre y cubierta con una cúpula. Las cuatro naves están cubiertas con bóveda de cañón decoradas con mosaicos. Este mausoleo fue construido como ante-capilla de la iglesia de la Santa Cruz, hoy desaparecida. El exterior del mausoleo es sencillo y decorado con arcadas ciegas y pilastras, lo que contrasta con la brillantez del interior de clara influencia bizantina, pues no faltan los dorados.

Hoy se tiene por cierto que este mausoleo no recibió los restos de Gala Placidia (siglos IV-V) y quizá quien lo mandó construir para ella fue el emperador Constancio III[i], del cual fue esposa. De hecho Gala Placidia había nacido en Constantinopla y pudo haber influido en la decoración griega. Después de haber disfrutado del poder fue hecha prisionera de los visigodos pero volvió a tener mucha influencia en la corte debido a su casamiento con el rey Ataulfo (414), un general que se erigió en rey mediante tretas apoyando a uno y a otro hasta conseguir el reconocimiento del emperador Honorio sobre Aquitania y luego la Narbonense, pero con una relación de foederati, situación que duró poco.

Un tema iconográfico muy propio del primitivo cristianismo es el del Buen Pastor, representando a Cristo con sus ovejas, en este caso sentado y en contraposto. La cúpula central está decorada con estrellas que representan el firmamento, una cruz dorada en el centro y en las pechinas alegorías de los evangelistas. En las bóvedas de cañón hay decoración geométrica pero también personajes y se conservan sarcófagos decorados de época tardorromana.

En el nordeste de Italia, Rávena fue capital del Imperio de occidente desde principios del siglo V pero no se vio atacada por los visigodos, que se dirigieron a Roma. En el último cuarto del siglo citado residió en Rávena Odoacro pero la ciudad fue sitiada durante varios años por los ostrogodos que la convirtieron en capital de su reino italiano, muy lógico ya que dicho reino se extendía no solamente por la península y Sicilia sino por el sureste de Francia y al otro lado del Adriático, casi hasta el centro de Europa.


[i] Vivió entre 360 y 421. Su mandato como emperador duró poco más de medio año.