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sábado, 8 de abril de 2023

Qara Qûzâq

 

                                                                   Mapa de mdpi.com

Al Este de Karkemish, en la frontera turca con Siria, discurre el río Éufrates en dirección sureste, y poco después recibe las aguas del río Sajur, cuyo curso está jalonado por los campos de cultivo que se agolpan en torno a sus riberas de forma más continuada que en las del Éufrates, que recorre en esta zona un terreno más quebrado. Siguiendo su curso se llega al Tell Qara Qûzâq, que ahora está en un ilsote del río y cuyo yacimiento arqueológico ha dado importantes resultados si tenemos en cuenta no solo el islote sino sus inmediaciones. Desde aquí, en dirección suroeste, está Alepo.

Los restos más antiguos datan de tercer milenio a. C.; una necrópolis en la que podría haberse enterrado colectivamente a individuos de diversas edades está datada a finales de dicho milenio, por lo tanto en los comienzos del período paleoasirio. La excavación de varios templos de épocas distintas permite considerar este lugar como centro religioso, y se han excavado restos de época romana, desde el siglo I a. C. hasta los últimos siglos del imperio de occidente y de época bizantina.

Los que han estudiado los restos romanos[i] han podido encontrar viviendas, mosaicos de los que se han recogido centenares de teselas, monedas, pozos y un castrum; el castro romano está al oeste del Éufrates y la población al Este. Posteriormente fue un asentamiento bizantino y más tarde árabe. Otros materiales encontrados son cerámica común y de cocina, la más significativa sigillata, que se datan en el siglo I, pero ya no en el castrum, sino al otro lado del río. En lo que podría haber sido una vivienda se han encontrado fragmentos de tégulas y un caballito de terracota.

Siria fue incoporada el Imperio Romano en el año 64 a. C. por Pompeyo, situándose el cuartel general durante el siglo I en Antioquía, hasta que durante el reinado de Trajano la frontera se extendió más al Este[ii]. Hasta el reinado de Septimio Severo, entre finales del s. II e inicios del III, la lucha contra los partos fue casi contínua, y luego continuaría con la dinastía sasánida de los persas[iii].

El elemento básico que define a Qara Qûzûq es el río Éufrates, una de las vías de comunicación más importantes de la historia[iv], habiendo sido este un lugar de paso desde época del Bronce, durante el cual se convierte en centro de almacenamiento de grano para las grandes ciudades ribereñas (Karkemish está a 30 km. hacia el norte). De época romano-bizantina es un complejo funerario en el Tell Magiâra; a unos 8 km. se encuentra el Tell Qara Qûzûq con abundante material altoimperial, y en el cercano pueblo de Hammam Sagir aun se conserva un edificio junto a una fuente termal, así como varios hipogeos y algunos tramos de una calzada que atestiguan la presencia romana. El resto que más estrechamente se relaciona con Qara Qûzûq es el de un campamento romano justo frente a la aldea, en la cima de un monte con una pendiente muy escarpada salvo por el sur.

Qara Qûzûq fue en un principio un puesto militar avanzado dentro del sistema defensivo del Imperio Romano durante los siglos I y II quedando restos del mismo: parte de la muralla y un torreón en la ladera sur del monte; al sureste también hay un muro defensivo pero no tan importante como el anterior porque esa parte tenía una más fácil defensa. Del interior del castrum solo se conserva un muro de casi tres metros de anchura en dirección Este-Oeste, unos depósitos excavados en roca, el mayor de los cuales tiene 1,40 m. de profundidad y 2,80 de lado. Muy próximo, un aljibe también excavado en roca de cerca de dos metros de profundidad, lo que garantizaba el abastecimiento de agua.

De época bizantina, durante los reinados de Honorio (395-423) y de Teodosio II (408-450), aparece nuevo numerario, habiéndose cerrado la ceca de Antioquía -la única de Siria- en el año 408, y a este período que va de los siglos IV al VI pertenecen los los restos arqueológicos mejor documentados. En el centro de la aldea un edificio romano de planta rectangular de 8 metros por 7 en cuya parte exterior hay un pozo de piedra adosado, teniendo los citados muros un grosor que oscila entre los 60 y los 80 cm. En dos niveles, y por lo tanto de épocas distintas, han aparecido viviendas con espacios claramente diferenciados, una de las cuales fue de grandes dimensiones.

Toda la orilla del Éufrates hasta Dura Europos (al este de la actual Siria) presenta unas características parecidas que las que se han estudiado en Qara Qûzûq, aunque queda mucho por excavar para llegar a conclusiones definitivas, pero los espacios identificados como romanos, tras el momento en que se ocuparon para la defensa del limes, se centran a orillas del Éufrates.


[i] Pedro Barbado Mariscal, José A. Eiroa Rodríguez y Felip Masso Ferrer, “La ciudad romana de Qara Qûzâq”.

[ii] Ver aquí mismo “Siria romana”.

[iii] A finales del s. II Roma conquistó las ciudades de Selucia y Ctesifonte, esta capital de los partos.

[iv] Ver nota i.

jueves, 6 de abril de 2023

Siria romana

 


                                            Columnata y calzada romanas en Apamea (Siria)*

Por su clima y su situación geográfica, el desierto de Siria, al sur y al norte del Éufrates, era una zona de trashumancia. Desde el Anti-Líbano hasta el Tigris, es una región de estepa, un Hamad. Por todas partes suelos de arcilla o de aluviones en los que crecen las hierbas del desierto, y tras las lluvias, una hierba vigorosa, pasto abundante para los rebaños de los nómadas. La arena no aparece más que en regiones muy limitadas, como el sur de Palmira. El desierto de arena o Nefoud no se encuentra más que muy al sur, más allá del oasis de Gowf. La Harra, estepa pedregosa de las regiones basálticas del desierto, ofrece igualmente buenos pastos. Herbosa y verdegueante durante y después de la estación de las lluvias, la estepa siria queda rápidamente sofocada por el ardor del sol[i].

González Blanco y Matilla Séiquer estudian las etapas del domino romano en Siria, particularmente en la línea del Éufrates y muy en concreto la zona de Qara Qûzâq, un yacimiento arqueológico cercano a la aldea del mismo nombre en el margen izquierdo del Éufrates. El estudio comprende las ciudades que existieron en dicha región siria, las vías romanas, la importancia política de Siria dentro del Imperio Romano, la producción de grano y el comercio en época romana. Los autores se extienden luego, de acuerdo con los restos aparecidos en el yacimiento citado, a la época bizantina.

La frontera oriental del Imperio Romano soportó tan frecuentes guerras que sería inútil pretender siquiera citarlas, y aun así, “de todos los ejércitos romanos, es el de Oriente el que tiene una historia más oscura durante los cuatro primeros siglos de nuestra era hasta la época en la que se redactó la Notitia Dignitatum”[ii]. Se conoce muy poco sobre los lugares de estacionamiento de las legiones romanas y cuáles fueron sus desplazamientos sucesivos, pero las excavaciones han permitido saber que Dura Europos[iii] estaba ocupada, en tiempo de los Severos[iv], por la vigésima cohorte de los palmirenos.

En cuanto a la organización del limes sirio, la Primera Guerra Mundial fue un factor que permitió los trabajos arqueológicos, pues la ocupación del territorio por las potencias occidentales cambió las cosas. Es la época en que tres religiosos, Poidebard, Mouterde[v]  y Jalabert, estudiaron toda la zona norte de Siria y el Éufrates medio. Los dos primeros llamaron a su obra “El Limes de Calcis”, gracias a la cual conocemos vías romanas, el urbanismo en el Éufrates, necrópolis, el sedentarismo y nomadismo de los habitantes del limes, etc. Por su parte, el autor antiguo Juan Malalas[vi] (Antioquía, finales del siglo V-578), nos ha dejado una Chronographia en varios volúmenes de donde es posible obtener informaciones que luego deben ser confirmadas por la arqueología, pero ya sobre el Imperio de Justiniano.

Uno de los extremos del limes era Antioquía, hoy en territorio turco pero muy cerca de la frontera siria, objeto de invasiones partas y persas, siguiendo luego por la región Cirrhéstica (al norte de Siria) en contacto con la alta Mesopotamia y Osroene (al sureste de Edessa y al norte de Dura Europos); pero este limes no era solo un intento de contener a otros imperios, sino también la forma de mantener los cultivos para la alimentación de la población y los ganados y el urbanismo. Durante los primeros siglos de nuestra era estas regiones verán extenderse el cristianismo, y las listas de obispos firmantes en los primeros concilios –dicen González Blanco y Matilla Séiquer- permiten saber de qué núcleos procedían. Al concilio de Calcedonia (Bitinia, 451) asisten más obispos que los conocidos en todos los concilios anteriores, si bien son pocos. Algo similar ocurre con el monacato, del que tenemos noticias así como de su difusión y de la vida de los monjes.

El limes de Trajano se había fijado “en el codo del Éufrates, delante de Antioquía”, pero dicho emperador quiso dominar una gran vía comercial y militar que uniese Aila (Aqaba)[vii], en contacto con el golfo del mismo nombre (mar Rojo) con la desembocadura del río Phase en el sureste del mar Negro, y luego avanzó hasta el Tigris contra los partos, constituyéndose “un gran triángulo de caminos” cuyos centros militares fueron Carrhas (Harran) y Nísibis; al sur Amida  (Diyarbekir) y Singara; al norte Bezabde-Saphe (Pazira ibn.’Umar) sobre el Tigris. Más tarde los romanos avanzaron a una región transtigritana.

Adriano ordenó un repliegue abandonando la antigua Asiria y Mesopotamia, lo que dio pie a un ataque parto contra Siria. Marco Aurelio volvió a la política de Trajano con pequeñas enmiendas territoriales, estableciendo un “protectorado” en el Tigris, y Septimio Severo consolidó este avance estableciendo el limes en el Tigris por el norte, y por el Este en el río Habur, afluente del Éufrates.

Diocleciano, a finales del siglo III, consolidó la frontera que había dejado Septimio Severeo sobre el Tigris, y salvo una breve retirada en época de Joviano (363-364), que cedió Nisibis y Singara a los Sasánidas, el limes de Diocleciano permanecerá sin cambios durante la época bizantina hasta la ocupación árabe en 656 (batalla de Yarmouq[viii]).

No se entiende el Imperio Romano sin el papel jugado por las ciudades fundadas o refundadas; las conquistas fueron determinadas por intereses estratégicos, y en la zona de la que hablamos aquí, el Éufrates en ocasiones fue frontera y en otras vía de navegación, siempre fuente de riqueza. De todas formas debemos tener en cuenta que los griegos comenzaron a poner pie en esta región con la expedición de los “diez mil” de Jenofonte[ix], pero fue con el Imperio Macedónico cuando por primera vez esta zona entra en contacto con occidente.

Nicephorium Callinicum (cerca de la actual Raqqa) es una ciudad griega situada en la ribera norte del Éufrates medio, habiendo sido fundada por Alejandro o por Seleuco Nikator[x]. Otra es Barbalissos (Meskene, en la orilla derecha del Éufrates, Siria) que fue una fortaleza y puesto militar importante, lo que aprovechó Justiniano para reforzarla. Hierápolis (Mkbiy, ciudad al norte de Siria) ya está atestiguada desde tiempos asirios y más tarde en época persa, recibiendo el nombre griego, probablemente, de Seleuco Nikator. Thapsaco fue una antigua ciudad de Siria junto al Éufrates, y antes había sido un importante puerto fluvial a partir del cual los ejércitos avanzaban hacia el Asia superior, teniendo que cruzar el río por medio de puentes de barcos o por algún vado[xi].

Bathnas (El-Bab, al norte de Siria) fue una fortaleza romana en la frontera del Éufrates. Sura, por su parte, está citada por Plinio, que la sitúa en el codo del Éufrates, no lejos de la primera ciudad pártica de Filisco (?). Según los itinerarios romanos Sura está en el final de la vía que llegaba desde Damasco al Éufrates pasando por Palmira. Calcis (conocida como Chalcis ad Bellum) es citada por Plinio, Ptolomeo, Amiano Marcelino, Apiano y otros. Según este último es una de las fundaciones de Seleuco Nikator, situada “a 53 millas de distancia de Antioquía”.

Otras ciudades son la citada Dura Europos, Apamea, Edessa, Palmira, Rusafa, Ichai, Tyba, Beroea y Zeugma, pero no son todas de las que se tiene noticia. Unas jugaron un papel comercial; otras, militar; lugares de obligado paso que les hizo prosperar; puertos fluviales como Antioquía, que está junto a la desembocadura del río Orontes, muy cerca del Mediterráneo, un mar que los romanos imperiales desearon proteger con su dominio sobre Mesopotamia y Siria.


[i] Así es como citan A. González Blanco y G. Matilla Séiquer a Poidebard, A., “La trace de Rome dans le Désert de Syrie…”, París, 1934, en un trabajo titulado “Aspectos generales de la romanización de Siria, con particular atención a la Mesopotamia”, en el que se basa el presente resumen.

[ii] En este documento se informa de la organización administrativa del Imperio Romano. Se le da una fecha de redacción entre finales del siglo IV y 427 d. C., aunque es posible que fuese actualizado.

[iii] Al Este de la actual Siria.

[iv] Desde fines del s. II hasta 235.

[v] A. Poidebard (jesuita, 1878-1955), Mouterde (1880-1961) y Jalabert, fueron arqueólogos franceses.

[vi] Este es el que por primera vez usa el término “limes de Chalcis”.

[vii] Al suroeste de la actual Jordania.

[viii] El río Yarmuk desemboca en el Jordán al sur del mar de Galilea.

[ix] Mercenarios griegos (entre los que estuvo Jenofonte) interviniendo en conflictos internos de los persas. Su retirada fue narrada por Jenofonte en la “Anábasis” (marcha tierra adentro).

[x] Del griego “vencedor”.

[xi] Aparece citada en la Biblica (Reyes, 4,24) con el nombre de Tiphsah, “el paso”.

* Fotografía de serturista.com/siria/apamea

miércoles, 19 de mayo de 2021

Tumbas arameas de Palmira

 

                               Imagen tomada de elretohistorico.com/palmira-perdida-y-recuerdo/

Casi en el centro de la actual Siria se encuentran los restos de la antigua Palmira. La reciente guerra que se libró en el citado país y en otros próximos ha destruido mucho de su rico patrimonio, sobre todo de época romana, a cuya cultura se unió Palmira al dar comienzo el siglo I de nuestra era.

Aunque la ciudad se encuentra en medio del desierto no por ello carecía de agua, que se captaba por medio de pozos controlados por grupos nómadas organizados. A medio camino entre el Mediterráneo y el rio Éufrates, a la ciudad llegaban caravanas de comerciantes desde China, India y otros países. Los habitantes antiguos eran arameos, que desarrollaron una lengua y una escritura descifrada, esta última, en el siglo XVIII por el provenzal Jean-Jacques Barthélemy, que destacó en varias disciplinas.

Palmira se aprovechó del enorme mercado romano una vez formó parte de su órbita, encumbrándose familias ricas de mercaderes que se hicieron “inmortalizar” mediantes tumbas excavadas y estudiadas alrededor de la ciudad. Las más importantes cuentan con torres de planta cuadrada, algo más anchas en la parte inferior y, en ocasiones, situadas sobre una colina o promontorio, como dándose a ver por la notoriedad que pretendieron sus moradores. Construcciones a las que se ingresaba bajo arcos de medio punto, albergaban pequeños templos e imágenes esculpidas en piedra, algunas recostadas, donde los artistas de la época representaron peinados, barbas, actitudes, plegados en los ropajes, tocados, adornos, inscripciones (en arameo), estando los interiores de algunas tumbas decoradas con pinturas.

Los que no alcanzaron riquezas se conformaron con modestos hipogeos, pero lo más llamativo es la adopción que se hizo del retrato romano, realista y sin concesiones a la idealización, aunque algunos muestran la jerarquía o riqueza de los representados. También estos arameos de Palmira heredaron los ritos funerarios romanos, conservándose actualmente edificios columnarios que delatan la influencia del imperio.

Pero hubo una Palmira anterior a la romana, siendo con esta influencia cuando se construyeron baños públicos, calles nuevas y edificios notables. También había recibido Palmira la influencia mesopotámica, sobre todo en los dioses, teniendo los habitantes credos distintos según las influencias culturales que habían ido llegando a la ciudad.

No podríamos saber tanto sobre Palmira sin la labor pionera e importantísima del arqueólogo danés Kai Harald Ingholt que, nacido en 1896, falleció en 1985. Era buen conocedor de las religiones y en los años veinte del siglo pasado excavó la antigua ciudad. Sus numerosas anotaciones se conservan en Dinamarca, siendo objeto de estudio por investigadores posteriores y actuales.

 

 

domingo, 19 de agosto de 2012

Destrucción de Siria

Teatro romano de Bosra, al sur de Siria

El rico patrimonio monumental de Siria está siendo amenazado, si no ya destruído, como consecuencia de la guerra civil que se libra en el país. Algunas casas construídas durante el imperio romano han sido afectadas ya por los bombardeos en Bosra, que además cuenta con edificios de época bizantina e islámica. También se están viendo afectados yacimientos arqueológicos y las zonas históricas de algunas ciudades, sobre todo en el oeste del país. Como ocurrió en Irak, algunos museos han sido objeto de saqueo, aunque limitado.

Según Rodrigo Martín Galán, arqueólogo experto en el Próximo Oriente, el Crac de los Caballeros, castillo que fue sede de la Orden de San Juan de Jerusalén, ciudades antiguas como Apamea, Palmira y algunos tels han sufrido las consecuencias de la guerra en mayor o menor grado. Los bombardeos causan estragos, pero también el cavado de trincheras, así como los expoliadores de restos arqueológicos, que aprovechan la riqueza de la zona para luego actuar en el mercado negro.

Otro tanto ocurre con la ciudadela de época helenística Qalat-al-Mudiq, en el oeste del país, aunque la mayor parte de las edificaciones actuales datan del siglo XII. También han sufrido algunos zocos y barrios de ciudades tipicamente sirias, particularmente Homs. Damasco, al ser la capital política, está siendo especialmente afectada, ya que tanto las fuerzas insurgentes como las de la dictadura siria, no reparan en destrucciones con tal de mantener su control.

Castillo de la Orden de San Juan

 

viernes, 17 de agosto de 2012

La ciudad de Qatna


Por Tel el-Mishrife pasa un riachuelo que solo tiene agua en determinadas épocas del año, desaguándolas en el río Orontes. Es la antigua ciudad de Qatna, al noroeste de Homs, en Siria, donde se han excavado unas tumbas reales de la época del bronce (II milenio antes de Cristo).

Como Siria fue entregada a Francia para que la administrase tras la primera guerra mundial, fueron arqueólogos franceses los que empezaron los trabajos, pero recientemente han sido arqueólogos alemanes los que han excavado las tumbas reales. El Tel es consecuencia de sucesivas ocupaciones a lo largo de la historia, pero lo que tiene de particular (según National Geographic) es su gran extensión. Se descubrieron ya en los años veinte del siglo pasado una serie de tablillas con escritura cuneiforme que se referían a la ciudad de Uru qat-na, perteneciente, como sabemos hoy, a un antiguo reino relacionado con los hititas, los hurritas y los egipcios; probablemente sometido a alguno de dichos imperios en un momento u otro, pues cuando se llega a la segunda mitad del II milenio antes de Cristo el reino al que perteneció Qatna ya no existía como tal, consecuencia quizá del expansionismo que caracterizó a los hititas y a los egipcios, que dirimieron sus ambiciones en la batalla de Qadesh a principios del siglo XIII a. de C. 

Desde hace unos años se ha excavado el palacio real, con unas dimensiones de 150 metros de lado. En el año 2002 se descubrió un pasillo descendente, cerca de la sala del trono y de otra sala de ceremonias, que conducía a un hipogeo. Al final del pasadizo se encontró una puerta flanqueada por dos estatuas de basalto y unos recipientes con ofrendas y huesos de animales. La estancia a la que daba acceso esa puerta se encontraba cubierta por los huesos de los enterrados, personajes reales y cortesanos, así como ajuares que llegan a sumar unos dos mil objetos: vasijas, bancos de piedra y obras preciosas como una cabeza de león en ámbar.

Sobre una mesa se encontraron los restos de una mujer cubiertos con varias telas, un sarcófago y un osario. Al parecer se celebraba una fiestra funeraria en honor de los antepasados, consumiendo carne de cordero y ternera, leche y cerveza. Otra cámara funeraria fue hallada en el año 2009, la cual se encontraba cerrada con una puerta de piedra. Tras ella una cripta de casi 5 por más de 6 metros, donde yacían los cuerpos de unas treinta personas, algunos de ellos depositados en cajas de madera. Al lado, restos de cerámica, granito y alabastro procedentes -al parecer- de Egipto, una de cuyas cajas con joyas de oro. Todo ello habla de la importancia de Qatna, pero a mediados del siglo XIV a. de C. invasiones que se han supuesto hititas pusieron fin al reino.

 




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