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domingo, 2 de abril de 2023

“Esta tormenta en la humanidad”

 

                                                    Imagen actual de Deventer (Holanda)

Cuando nació en 1459 Adriano Floriszoon en la ciudad de Utrecht, ya se había extendido entre minorías el clima religioso de la “devotio moderna”, de forma que cuando en el siglo siguiente llegue la reforma protestante, muchos en los Países Bajos del norte ya estaban imbuidos del sentido de austeridad y vuelta al primitivo cristianismo, pero ello fue compatible con los negocios, y de ahí que triunfase más tarde el calvinismo, que se adaptó a esa forma de vida.

El que se conocerá como Adriano de Utrecht parece que fue hijo de un carpintero de barcos, oficio que era importante en su época, educándose en Deventer, cuna precisamente de la “devotio moderna”. Posteriormente estudio en Lovaina, cuya universidad había sido fundada en 1425, formándose en la escolástica, es decir, el empleo de la razón al servicio de la revelación. Allí se doctoró en Teología y pasó a combatir la inmoralidad de los sacerdotes de la época, que en realidad no era otra cosa sino uno de los extremos de lo que ocurría en la Roma de los papas. Otro de los motivos de crítica por parte de Adriano fue el ejercicio eclesiástico como fuente de ingresos.

Su prestigio debió ser alto, pues siendo niño Carlos de Gante fue elegido para que se le educase, y esto llevó a Adriano a cumplir importantes servicios para el que sería rey y emperador. Más joven que Adriano, Erasmo de Róterdam también participaba de las preocupaciones religiosas del momento, llegándose a encontrar los dos en 1502. Por sus escritos, sabemos que a Erasmo le parecía muy tradicional la Universidad de Lovaina, pero ambos mantuvieron entre sí un mutuo respeto y colaboración intelectual.

Fue Adriano el que, cuando Carlos de Gante cumplió quince años, viajó a España para reclamar a su favor las coronas de Castilla, Aragón (con los territorios italianos) y la América recientemente descubierta. Esta misión contaba con el inconveniente de que el rey Fernando era partidario de su hijo del mismo nombre para las citadas coronas, y solo la muerte del rey Católico permitió que el entendimiento fuese con Cisneros, un reformador como Adriano. Cuando en 1517 inició su reinado en España Carlos de Gante, confió en Adriano muchos asuntos de gobierno, y particularmente le nombró regente cuando en 1520 viajó a Aquisgrán para ser coronado como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico[i].

Cuando se produjo el estallido reformador de Lutero, Adriano se manifestó en contra del mismo*, al que despreciaba, considerando que el pueblo cristiano por excelencia era el germánico, comprendiendo a los habitantes de los Países Bajos del norte de donde él era originario. Mientras tanto, como regente de Castilla, tuvo que enfrentarse a la guerra de las comunidades, siendo aprisionado por uno de sus jefes, Padilla, el cual lo puso en libertad quizá considerando que nada arreglaría por ese medio.

Cuando en 1521 murió el papa León X[ii], un Médici protagonista de los escándalos que los reformistas de todo tipo denunciaban, fue elegido Adriano para sustituirle por un cónclave de 39 cardenales, encontrándose él en Vitoria (España) y empleando varios meses para viajar a Roma. Adriano estaba en la citada ciudad española en misión militar, pues Francia amenazaba Navarra. Cuando Erasmo de Róterdam se enteró de la elección, escribió a Adriano diciéndole que “esta tormenta en la humanidad” solo la podría calmar él, anque su papado duraría solo año y medio. En cuanto fue coronado publicó un “Breve” con sus recomendaciones sobre cómo debía procederse para la evangelización en América, mostrando preferencia por el clero regular y, en particular, por los franciscanos (1522)[iii].

Lo cierto es que su sucesor, Clemente VII, otro Médici, no corrigió la mayor parte de los vicios de la Curia y de la Iglesia en general, y tuvo que ser Paulo III el que convocase el Concilio de Trento, que vendría a reformar la Iglesia en muchos aspectos, además de combatir a las Iglesias reformadas. Aún el papa Julio III, sucesor de Paulo III, se vio envuelto en escándalos.

En cuanto a la “devotio moderna” tuvo su origen en los Países Bajos, teniendo un protagonismo especial los agustinos regulares. En el siglo XV se renovaron los escritos sobre la ascesis y la mística, pero también hizo extensivas a la población en general enseñanzas sobre la vida en común y reformando la espiritualidad, teniendo como eje la humanidad de Cristo, el Mesías o el ungido.


[i] En 1530 volvería a ser coronado Carlos V en Bolonia por el papa Clemente VII, solo tres años después de que sus tropas hubiesen saqueado Roma. Para conseguir la primera coronación, Carlos tuvo que sobornar a los electores que le apoyaron con el dinero que le prestaron banqueros alemanes.

[ii] Había nombrado a Adiano Inquisidor en Aragón y luego en Castilla.

[iii] Ya se habían producido las primeras leyes sobre el trato que debían recibir los indios, en 1512 y 1513.

* Desde 1516 Adriano era obispo de Tortosa, y lo sería durante la guerra de las comunidades de Castilla y hasta que fue elegido papa.

martes, 16 de junio de 2020

Arte y reforma luterana

Detalle de "Los cuatro hombres santos" (*)
En 1520 Durero hizo un viaje a Aquisgrán para ser recibido por el emperador Carlos, pues pretendía que la pensión que le había reconocido el anterior emperador, Maximiliano, le fuera renovada. En este viaje el artista pasó por los Países Bajos, dejándonos un diario en el que, sobre Lutero, dice: Quienquiera que lea los libros de Martín Lutero podrá ver cuán clara y transparente es su doctrina… Por lo tanto, sus escritos deben ser tomados con el más grande honor y no quemarse; a menos que, claro, sus oponentes, quienes siempre luchan contra la verdad, fueran también quemados con sus opiniones, ellos que harían dioses de hombres…[i].

Durero fue un ávido lector de los escritos luteranos, por lo que cuando escribió lo anterior conocía bien el pensamiento del monje de Wittenberg, aunque la mayor parte de los encargos que recibía el pintor proviniesen de la Iglesia. Viene esto a cuento porque la doctrina de Lutero planteó una taxativa prohibición de las imágenes religiosas, lo que para Durero sería la más importante fuente de su trabajo.

Como Durero murió en 1528 no le dio tiempo a ver las más importantes consecuencias de la reforma religiosa luterana, sin embargo, a pesar de conocer las divergencias entre Lutero y el emperador Carlos, el pintor procuró el apoyo imperial para su oficio al tiempo que leía al teólogo. Y es que Durero y muchos otros jamás pensaron que de las ideas de Lutero nacería una nueva interpretación de la doctrina cristiana que terminase por dividir a sus fieles.

En el mencionado diario Durero da cuenta de haber estado en Amberes durante unas celebraciones religiosas en 1520. Describe la procesión de dos horas con gran detalle, mencionando desde el desfile de los gremios hasta la caminata de las distintas órdenes religiosas, cada una adornada con las imágenes correspondientes. También habla de las dramatizaciones que desfilaron (San Jorge, Santa María Magdalena, etc.), “todo conducente a una gran devoción”. Según la autora a la que sigo, en sus escritos, Durero llegó a decir: Destruyendo las imágenes religiosas pretendían honrar a Dios haciendo algo que creyeron le complacía; y, para usar el lenguaje de los hombres, Dios se molestó con todos los destructores de obras de gran maestría, las cuales fueron elaboradas con mucho trabajo duro, esfuerzo y tiempo que es brindado solo por Dios”.

Desde los tiempos del segundo Concilio de Nicea (789) y una vez que la crisis iconoclasta bizantina fue superada, la Cristiandad no había enfrentado un fenómeno contra las imágenes religiosas como la que fue desatada por las ideas protestantes y sus diversas interpretaciones, aún teniendo en cuenta que Lutero no se mostró incendiariamente contra el uso de las imágenes religiosas, pero sí otros.

El mismo Durero, antes de la aparición de Lutero, veía la destrucción de imágenes como una actividad fútil y esta visión no cambió sustancialmente después de 1517 hasta su muerte. Su obra, con algunas excepciones, no da muestras de notables cambios iconográficos en el ámbito religioso; no puede decirse que Durero fuese un artista afectado por el rechazo a las imágenes religiosas.

Otros artistas contemporáneos de Lutero, como Lucas Cranach, el viejo, también dejan la impronta luterana en sus obras, siendo amigos entre sí, lo que hace pensar a Ziegler que “cuesta mucho pensar que Cranach, tan cercano a Lutero, aceptara sin más una radical prohibición de las imágenes religiosas, también para él fuente de prosperidad en su oficio”. La autora citada dice que si se revisa la obra conocida de Cranach, se pueden notar algunas cosas interesantes, como en las imágenes de la Virgen con el Niño, tan comunes desde el siglo XIV, que continúan presentes en su obra por lo menos hasta 1540. Todas las imágenes son muy intimistas, en las cuales María y el Niño comparten solos.

Las imágenes de santos siguen estando en la obra de Cranach hasta finales de la década de 1530, sobre todo en retablos, pero la mayor parte de las imágenes bíblicas que se conservan proceden de la década anterior en adelante, predominando imágenes de David y Betsabé, Judith y Holofernes, Salomé, Adán y Eva. Buena parte de estas imágenes eran parte de los encargos que recibió como pintor oficial de la corte de Federico III el sabio, en Wittemberg, a donde llegó Cranach en 1504, permaneciendo hasta 1550. Poseyó un taller de impresión donde Lutero trabajó febrilmente, y de esas prensas salieron los grabados más polémicos en su crítica hacia la Iglesia católica, pero nunca dejó de trabajar para sus mecenas católicos, siendo muy hábil hombre de negocios en este sentido.

Hay una discusión muy viva sobre la interpretación de la obra de Durero, “Los cuatro hombres santos”, donde parecen estar, en primer plano, Juan y Pablo, y en segundo Pedro y Marcos. El autor hizo escribir en el lado izquierdo del panel un texto donde se advertía de los “falsos profetas”, y en el lado derecho otro texto que decía “guardaos de los escribas que andan con ropas largas, y aman los saludos en el mercado…”[ii], en lo que Ziegler interpreta que Durero, a pesar de la influencia de Lutero, reconocía a Pedro como vicario de Cristo. A Pablo le reconocía la mayor cercanía a Lutero, y al mismo tiempo el reformador considera al Evangelio de Juan como el más próximo a Lutero, por lo que el artista estaría contra los sectores más extremos de la reforma, pero claramente influido por Lutero.

Desde 1522 Andreas Karlstadt (3) propagó desde Wittenberg el rechazo a las imágenes religiosas incitando a su destrucción, y algo parecido se dio en Zurich y en algunas ciudades del Báltico, pero no así en Nuremberg, por citar los casos investigados. Aquí había ganado terreno la posición moderada de Lutero, de la mano de teólogos como Andreas Osiander (4), pero la amenaza iconoclasta fue una realidad en la zona germánica, y así el mercado de las imágenes religiosas se derrumbó, aunque hubo autores como Durero que dieron una nueva concepción de las mismas.

Hablando de la obra de Durero “Los cuatro hombres santos”, no fue por encargo, sino que el artista la quiso donar a Nuremberg, su ciudad natal: “He tenido la intención –dijo- durante mucho tiempo, de mostrar mi respeto por sus excelencias presentando una humilde imagen mía como recuerdo… Ahora, sin embargo… no consideré ninguno [panel] más digno de conservar”.

Dos años después de la donación murió Durero, pero Lucas Cranach, el viejo, por el contrario, sí tuvo oportunidad de desarrollar toda una iconografía protestante. En 1529 Cranach realizó la obra “Ley y Evangelio”, en estrecha colaboración y consulta con Lutero. El resultado es no solo una pintura sobre las claves luteranas de la salvación, sino que su simbolismo establecerá una diferencia sustancial del arte religioso como medio de enseñanza.


[i] María Magdalena Ziegler, “La reforma luterana y la transformación de la imagen religiosa en las artes”. En este trabajo se basa el presente resumen.
[ii] Las inscripciones son más extensas, poniendo aquí solo una parte.
(3) Teólogo luterano que llegó a tener diferencias con Lutero.
(4) Teólogo luterano y editor que comentó la obra de Copérnico.
(*) 1526, óleo sobre madera, 215 por 76 cm. cada uno de los dos paneles. Alte Pinakothek, Munich.

miércoles, 9 de agosto de 2017

Protestantes en Portugal

Plaza del Rossio (Lisboa)

Antes incluso de que estallase la gran reforma religiosa que supuso la doctrina de Lutero y otros, ya en 1508 el rey Don Manuel dio una Carta de ley a Jacob Crowberger contra los libros considerados heréticos. Este impresor alemán afincado en Sevilla, debía tener contactos comerciales con Portugal, porque de lo contrario no se explica la acción del rey Don Manuel, o bien la vecindad de Sevilla hacía que Crowberger estuviese con frecuencia en Portugal. Entre 1520 y 1540 António Pereira Marramaque escribió varias obras de propaganda evangélica. En 1545 Damiâo de Góis, seguidor de Erasmo de Rotterdam, fue denunciado a la Inquisición como luterano por el jesuita Simâo Rodrigues. Damiâo de Góis fue un gran conocedor del cristianismo etíope que se mantuvo al margen de la autoridad romana, pero relacionada con el cristianismo bizantino.

 

Estos son los primeros testimios que aporta Joâo Francisco Marques en su obra “Para a história do protestantismo em Portugal” (1). En 1547 Fernâo de Oliveira, a su regreso de Londres, intenta formar en Lisboa un grupo de reformados, lo que le costará cárcel hasta 1551. Oliveira fue un fraile dominico dedicado, sobre todo, a la gramática, a la navegación y a la condena de la esclavitud, pero sus posiciones heterodoxas en materia religiosa le trajeron las complicaciones señaladas. En este último año buena parte de las obras de Gil Vicente se incluyen entre los libros prohibidos en el “Índice”.

 

Ya en el siglo XVII (1641) se estabece en Lisboa una Iglesia holandesa reformada, mientras que un tratado luso-inglés reconoce la libertad de conciencia a los súbditos británicos en Portugal, siempre que ejerzan su religión en la intimidad. Poco después Joâo Ferreira de Almeida ingresa en la Iglesia reformada de lengua portuguesa existente en Batávia (actual Yakarta). Años más tarde (1658) será sometido a examen en materias teológicas y en 1681 publica en Amsterdam su versión del Nuevo Testamento. Al año siguiente se publica un Libro de Oración Común para las iglesias portuguesas en la India.

 

A pesar del tratado luso-inglés que permitía a los ingleses la libertad de conciencia en los dominios portugueses, el cónsul británico Maynard fue llamado por la Inquisición, acusado de promover reuniones de culto anglicano en una casa junto al Rossio (Lisboa).

 

Entre 1706 y 1737 una colonia de daneses formaron en la costa de Coromandel (2) una misión evangélica en lengua portuguesa y en 1733 se tiene noticia de la existencia de una logia masónica en Lisboa formada por protestantes, existiendo otra constituída por católicos. La Inquisición, entre tanto, siguió con su labor represiva y apresó en Lisboa al protestante suizo Jean Coustos, siendo liberado mediante pago, y Joâo Baptista Richard, mediante tortura, reniega de la fe evangélica.

 

Obviamente, renegar formalmente de una fe no significa abandonarla íntimamente, pero aunque así fuese, mientras unos salen otros entran, pues Francisco Xavier de Oliveira ingresó, en 1746, en la Iglesia anglicana, publicando años más tarde en Londres “Discursos patéticos", lo que le valdrá ser quemado en efigie en Lisboa por la Inquisición, en 1753 se termina la impresión portuguesa de la Biblia, obra de Ferreira de Almeida y en 1760 el futuro marqués de Pombal rompe las relaciones con el Vaticano. Dos años más tarde llegará a Lisboa el Conde de Lippe, cristiano luterano.

 

Manuel Pedro Cardoso considera que uno de los factores que perjudicaron al protestantismo portugués fue su radicalismo anticatólico y otro el escaso espíritu comunitario. Según este autor el protestantismo en Portugal se desarrolló más como oposición al catolicismo que en un sentido positivo, aportando la singularidad de la doctrina reformadora. En otro sentido, el mismo autor señala que los protestantes portugueses –sobre todo los notables- adaptaron el protestantismo a sus convicciones más que a las necesidades del grupo susceptible de seguirlo.

 

(1)     Es el coordinador de una obra colectiva.

(2)     Es una península al norte de Nueva Zelanda.

 

 

 


 

sábado, 9 de noviembre de 2013

Un rey enloquecido

Retrato de un judío, Rembrandt
Pocas veces un artículo escrito por un eminente historiador, en este caso Herny Kamen, viene a demostrar justo lo contrario de lo que se propone. Es el caso de "La política religiosa de Felipe II". Empieza diciendo que "la política religiosa de Felipe II fue virtualmente única en Europa" y de ello quizá no quepa duda; "ningún otro mandatario cristiano en Europa -sigue diciendo- tenía" el problema de los moriscos cristianizados. En los Países Bajos "tuvo que tratar con condiciones religiosas que ya estaban fuera de control mucho antes de que él accediera al trono". Y su política hacia el papado estuvo marcada por dos circunstancias excepcionales: la ocupación española de la mayor parte de Italia y la virtual independencia de la Iglesia española respecto del papa. En efecto, el control que ejerció Felipe II sobre la Iglesia española fue casi total y más todavía si tenemos en cuenta la existencia de la Inquisición y la instrumentación que hizo el rey de ella.

En relación a los protestantes Kamen señala algunos aspectos que más bien parecen anecdóticos: Mauricio de Sajonia, luterano, fue amigo y colaborador de Felipe II pero había colaborado con el ejército de Carlos de Gante antes, por lo que la relación con Felipe II es una continuidad. Por otra parte Mauricio se mostró condescendiente con las decisiones tomadas en Trento aún antes de que terminase el concilio, pues el elector falleció antes e incluso antes de que Felipe II fuese cabeza de la monarquía española. ¿Que relación habría tenido con él de seguir con vida durante su reinado?

El hecho de haber tenido comandantes protestantes al frente del ejército español nada dice, pues Felipe II se apoyó en ellos por su pericia y lealtad, más allá de las convicciones religiosas que tuviesen. Si durante varios viajes del rey por Europa mantuvo contactos pacíficos con los protestantes sería porque le interesaba: ¿acaso iba a enfrentarse a ellos cuando se encontraba fuera de su reino de origen? Cuando se casó con María Tudor en 1554 (aún no era rey) el protestantismo anglicano se había extendido suficientemente por Inglaterra y Felipe II no tomó parte en la persecución religiosa que se desató allí, pero es que no podía hacerlo sin perjudicar, a los ojos de los ingleses, las acciones que las autoridades autóctonas llevasen a cabo. 

Es cierto, sin embargo, que no existe tanta diferencia entre Carlos de Gante, su padre, y el rey Felipe en cuanto a los temas religiosos: ambos fueron partidarios de una política dura hacia los protestantes y -como dice Kamen- "solo España parecía inmune a ella [la herejía protestante]". Que "brisalle por su ausencia" la persecución religiosa en España no es cierto a poco que se consulten las fuentes y Kamen las conoce mejor que muchos. Es cierto que la persecución de los conversos fue más cruda con anterioridad, pero siguió con Felipe II y sus autos de fe, empezando por el de Valladolid de 1559. Dice Kamen que "la ceremonia [de los autos de fe] casi había caído en desuso en España", habiendo sido corriente en los años 1520 y el mismo historiador señala que el auto de fe de Valladolid debió de ser decisivo para cortar de raíz la herejía. Que las autoridades inglesas con la reina María al frente hubiesen ejecutado cinco veces más herejes que los que murieron en España no disculpa el enloquecimiento "religioso" del rey. También el rey francés Enrique II, por medio del tribunal de la Chambre Ardente, había dado muerte, al menos, cuatro veces más personas y en los Países Bajos había habido veinticinco veces más muertos, pero este no es un ejemplo válido para lo que aquí interesa, porque los habitantes del norte luchaban por su independencia de la monarquía española.

El uso que Felipe II hizo de la Inquisición fue terrible, recibiendo el tribunal el apoyo decidido del rey. "Estando en Monzón -dice Kamen-, tres años después recibió un informe sobre un auto de fe que acababan de realizar los inquisidores de Barcelona y en el que habían castigado a algunos 'luteranos', todos franceses". Continuad así, contestó Felipe II y en otro pasaje apunta Kamen una frase del rey: "No podemos ni debemos consentir [1571] cosa que sea por alguna vía en disfavor del Santo Oficio, viendo cada día por la experiencia la necesidad que del ay" y esta advertencia no dejó de hacerla durante muchos años. No cabe señalar que era cosa de la mentalidad de la época, pues en los Países Bajos se hicieron muchas críticas a la Inquisición y también en España. Cuando se juzgó al arzobispo Carranza (ver aquí mismo "Carranza, un reformador condenado") caso que concluyó en 1572, el rey, a pesar de haber puesto a un jurista al servicio del clérigo, se empeñó en que se actuara con dureza. Ya con anterioridad, en Valencia, Mallorca y Murcia se produjeron ataques contra la Inquisición (Luciano Serrano) prueba de que no era cosa de mentalidad, sino exageración fanática. 

En cuanto a la "contaminación" que podían sufrir los españoles que estuvisen estudiando fuera de España (más bien fuera de Castilla) dictó un decreto que, aunque no tuvo aplicación, ordenaba que volviesen, aunque no así los de la corona de Aragón, el reino de Navarra y los territorios vascos. Sin embargo extendió la prohibición de salir a estudiar al extranjero a sus súbditos de todas las coronas peninsulares (1568). Es cierto -como dice Kamen- que las imprentas europeas producían libros que se vendían en España, pero también lo es que existió el "Índice" de libros prohibidos a partir de 1564, consecuencia del concilio de Trento y sabido es que las normas de Trento fueron ley en la España de Felipe II. 

Que el rey tuviese prejuicios antisemíticos, eso sí que puede ser consecuencia de la época, dada la propaganda que los judíos tenían en su contra como deicidas, además de todas las monstruosidades que se les atribuían. Felipe II fue un firme partidario de la limpieza de sangre, sin saber que quizá por sus venas corría sangre judía con muchas posibilidades. Si los conversos continuaron ocupando puestos importantes en la administración no fue por simpatía hacia ellos, sino porque estaban preparados y demostraron su eficacia y competencia. Las reformas religiosas que Felipe II impuso en España no son sino las del concilio de Trento, que en cierto sentido fueron benéficas (las relacionadas con la disciplina del clero) pero en otros casos retrógradas, aunque esto poco podía importar a un rey que, en sus estados, mandaba más que el papa, también en materia religiosa. 

Cuando algunos se alarman de las medidas tomadas por los gobernantes desamortizadores en el siglo XIX o por las decisiones que se tomaron durante la II República española, conviene saber que Felipe II, casi cuatro siglos antes del último régimen citado, siguió el modelo implantado por Enrique VIII en Inglaterra: mandó que los soldados ocupasen y cerrasen monasterios en toda España, ordenó que fuesen expulsados frailes y monjas que rechazaron las decisiones del concilio y se confiscaron sus propiedades. Impulsó los secuestros selectivos de españoles luteranos que vivían fuera de España, todo un plan de un rey enloquecido en materia religiosa y sobre el que no comprendo por que, durante mucho tiempo, se le llamó "el rey prudente". Su intento de invasión de Inglaterra, aisladamente, ya sería suficiente como para no consideralo como tal.
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La obra de Rembrandt que figura arriba es de1652 (Museo del Hermitage, San Petersburgo, Rusia.)

sábado, 15 de septiembre de 2012

Carranza, un reformador condenado

Una imagen del tribunal de la Inquisición
El libro de Tellechea Idígoras sobre la figura de Carranza (1) es importantísimo, a mi parecer, para conocer no solo la personalidad de este clérigo del siglo XVI, sino el ambiente religoso en la España y la Europa de la contrarreforma y del concilio de Trento. 

El autor ha fallecido hace cuatro años y nos ha dejado un legado de investigaciones -sobre todo en el campo de la Iglesia- verdaderamente importante. Bartolomé de Carranza se adelantó al concilio de Trento en algunas de las reformas que este aplicó, pero con más timidez que aquel. Una de ellas la obligación de que los obispos y sacerdotes tuviesen la obligación de residir en sus diócesis y parroquias; hasta tal punto se habia relajado la disciplina y moralidad del clero en el siglo XVI, lo que venía ya de varias centurias atrás. El autor sostiene que Carranza conocía muy bien lo que el concilio de Constanza, a principios del siglo XV, había pretendido en orden a la reforma de la Iglesia pero no había conseguido: hasta tal punto eran las resistencias, sobre todo del clero superior, a modificar su comportamiento. Aquellas reformas eran pretendidas "in capite et in membris", inspirándose en los textos bíblicos que la jerarquía católica tenía tan olvidados, lo que llevó a Lutero y otros reformadores a inspirarse en ellos para la gran protesta.

Carranza fue invitado por el emperador Carlos para participar en el concilio de Trento, a lo que aquel contestó, en carta a Francisco de Eraso, secretario del emperador. El dominico pidió que en el concilio participasen el cardenal de Inglaterra y el Teatino, por considerarlos personas muy cristianas y apartadas de los vicios de la Iglesia, pero con el tiempo -dice Tellechea- "la amistad de Carranza con el Cardenal de Inglaterra será fuente de acusaciones en su proceso inquisitorial, y el Teatino, no otro que el Cardenal Giampietro Carafa, sería pocos años después, convertido en Paulo IV, quien autorizaría de modo genérico a la Inquisición española" procesar a ciertos obispos aunque "la pieza a cobrar fue Carranza".

Carranza estudió lógica en su juventud mientras profesaba en el monasterio dominico de Benelac (Guadalajara) y su apego a la vida monástica le llevó a ser seleccionado para que ejerciese, más tarde, como consultor de la Inquisición. Ya maduro, en 1546, editó su obra "Controversia de necessaria residentia episcoporum", donde denunciaba la relajación de los obispos a la hora de atender sus obligaciones. Según Goñi Gaztambide -sigue diciendo Tellechea- "Pamplona no conoció de cara sus obispos durante ochenta años. Parecida cosa pudiera decirse de Valencia. Treinta años estuvo ausente el arzobispo en Milán. Y como lo demostró Giuseppe Alberigo, la mayor parte de los obispos italianos presentes en aquella primera etapa del Concilio jamás pusieron el pie en su diócesis".

Carranza convierte la residencia en obligación de derecho divino, por lo que no podía ser dispensable por el papa. Esto llevó a algunos a decir: va contra la autoridad del papa, en un momento en que los luteranos la discutían. Obviamente Carranza no tenía pruebas -no podía tenerlas- de su aseveración, pero se entiende en un creyente y en alquien que quiere la reforma de la Iglesia. El concilio obligará a la residencia, pero de forma menos decidida de lo que Carranza reclamaba. En su obra es a veces un osado, cuando dice: ¿Que crees tú que hubiera respondido Pablo, si algún obispo de Éfeso hubiese respondido a Pablo en su presencia: 'Sí, seré pastor y obispo y cuidaré la vida de esas ovejas que se me encomiendan; pero entretanto tengo que vivir unos años en Roma y vivir en el palacio del César...' Dime. ¿Qué crees que hubiera respondido Pablo? Respecto de Inglaterra, ya cismática, dice que [no] hubo un solo pastor que perdiera la vida por sus obejas (sic).

En otro pasaje de su obra dice: Cómo puede un obispo ser tal y conocido como tal, si está ausente y no le conocen en su iglesia, como hay muchos hoy dia... Si anda continuamente en palacios de Príncipes... ¿se va a dirigir a Roma, donde mejor es callar que decir el servicio que presta a Dios? (el subrayado es mío). Carranza habla de los feligreses como "súbditos", lo que dice mucho de la mentalidad de la Iglesia en relación a los fieles. El "repertorio de abusos" del que habla Tellechea lleva a Carranza a una serie de reflexiones en las que quizá se inspire más tarde Juan de Ávila: ...el pueblo cristiano tiene obispos de más título, mas obispos que cumplan con su oficio, raros o ninguno. No es, pues, inútil la interpretación que hoy se hace de la Iglesia de entonces, como de un cuerpo corrompido, es algo que ya se sintió en su momento; de lo contrario no hubiese habido la gran convulsión protestante y tampoco el gran concilio de Trento.

El mismo Juan de Ávila enumera una serie de puntos sobre la Iglesia de su tiempo que resumo aquí siguiendo al autor comentado: la necesidad de que exista incompatibilidad de funciones eclesiásticas y civiles, abolición de los obispos simoníacos, necesidad de renunciar a los asuntos seculares, prohibición de dedicarse los eclesiásticos a negocios o diversiones, distribución de los bienes eclesiásticos conforme a los cánones del concilio de Nicea (¡había llovido!), abolición de los impuestos de la Curia Romana, respeto máximo a la Sagrada Escritura (esa que habían estudiado más los reformadores que los que se resistían a toda reforma), uso moderado de la excomunión, asignación a las iglesias de los bienes de los obispos y supresión de la encomienda de iglesias a los Cardenales y de prebendas, fuera de Roma, a los Cardenales de la Curia.

Son tan elocuentes las palabras de Carranza y de Juan de Ávila que huelga cualquier otro comentario, como no sea, tal y como apunta Tellechea en su obra, que el dominico pretendió una reforma más o menos radical de la moral y de la disciplina del clero desde dentro de la Iglesia, por lo que en la ruptura de la cristiandad "el talante contrarreformista está presente en su espíritu". Sabido es que Carranza fue perseguido, juzgado y condenado por la Inquisición: quizá fue demasiado lejos para los tiempos que le tocó vivir. Al final de su vida fue absuelto (¡a buenas horas mangas verdes!).
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(1) "Fray Bartolomé Carranza de Miranda", Gobierno de Navarra, 2002.

miércoles, 25 de julio de 2012

¿Es calvinista Holanda?

En una sociedad secularizada ya no se puede decir si es calvinista, católica o de otro credo, pero si volvemos la vista atrás comprobaremos que los Países Bajos del norte, lo que hoy llamamos Holanda (Nederland), ha pasado por una serie de vicisitudes en el ámbito de lo religioso que rompe con el tópico de una Holanda predominantemente calvinista.

En primer lugar la inclinación calvinista de muchos holandeses en el siglo XVI se debió a que fueron los de esta comunidad religiosa los que más se distinguieron en apoyar al príncie de Oranje, Guillermo, lo que se identificaba con independencia política y religiosa frente a la asfixiante monarquía de Felipe II. Aquel, contra su inicial voluntad, prohibió el culto católico influído por los más exaltados calvinistas, pero los católicos siguieron siendo mayoría hasta bien entrado el siglo XVII. La legislación de los Países Bajos independientes fue perjudicial para los católicos, a los que no les estaba permitido, entre otras cosas, ejercer ninguna función pública ni celebrar su culto públicamente. La idea que tenemos de una España hecha a partir del principado de Cataluña, Aragón, Valencia, Baleares, Castilla, Navarra, Canarias... es bastante parecida a la Holanda de la época, tal y como explica Duque de Baena en una obra suya (1). Una vez esto, muchos católicos fueron abrazando el calvinismo excepto en las provincias del sur, Limburgo y Brabante.

Con la ocupación francesa en 1795 comenzó un proceso de legalización de los católicos, aunque el papel de las confesiones o iglesias dejó de ser preponderante en lo político, algo que Napoleón extendió a otros territorios y países ocupados. Con la monarquía de Guillermo I desde 1813 el igualitarismo legal fue la norma, pero a mediados del XIX y hasta mediados del siglo XX la sociedad holandesa pasó, en lo religioso, por una serie de vicisitudes. Los católicos eran, en 1849, el 38% de la población holandesa y, a partir de entonces, la influencia de las situaciones anteriores dio ocasión a que se formasen lo que se han llamado "columnas": la sociedad holandesa se fue segregando por grupos religiosos y políticos; católicos, protestantes, liberales, socialistas... Estas "columnas" eran independientes unas de otras, de forma que podia ocurrir que los miembros de una no tuviesen apenas contacto con los miembros de la otra. 

Empezó a haber periódicos que solo leían los católicos y otros que solo leían los calvinistas, escuelas a las que solo acudían los católicos y otras para los calvinistas, y así sucesivamente. Las instituciones, por su parte, se fueron confesionalizando y ello permitió a los católicos alcanzar una influencia en la sociedad y política holandesas equiparable a la de los calvinistas. Hasta tal punto esto es así que Gerard Knuvelder, hablando del poder de los católicos en la sociedad, dijo: somos un factor de poder en nuestro país, y esto puede ser un peligro. Como todo poder, será un verdadero peligro en cuanto éste 'catolicismo del poder' dejara de apoyarse y ser sustentado por un 'catoliscismo del ser' en el corazón y en la mente de los que lo confiesan. El poder que tenemos es menos importante que la convicción de nuestro catolicismo. ¡Que radical diferencia con respecto a la actitud de la Iglesia en España y en otros países!

Las "columnas" formaron un espíritu de cuerpo y los católicos llegaron a superar a los protestantes en número e influencia. La Universidad católica de Nimega jugó su papel, pero hubo aspectos negativos que hacen de Holanda un caso no tan distinto a España: cuando un trabajador buscaba empleo lo hacía en una empresa católica si era católico; el empresario le exigía un certifiado de buena conducta firmado por el párroco y algunos párrocos lo denegaban si el interesado no era asiduo a la misa dominical... El "catolicismo del poder" hizo que los sacerdotes católicos llegasen a vigilar la vida privada del católico. 

Durante la II guerra mundial, cuando el país fue invadido por los nazis, la Iglesia holandesa, contrariamente a la española, se opuso, lo que hizo aumentar el prestigio de los obispos, mientras que en España la jerarquía católica contentaba solo a una parte de la población. Con la construcción de un estado democrático tras la segunda guerra mundial el "columnismo" fue perdiendo fuerza a cambio de una sociedad más integrada, pero para entonces, siendo los católicos holandeses el 1% en el mundo, aportaban el 10% de los misioneros católicos del mundo. Esa misma Iglesia holandesa combatió en el país el marxismo, el liberalismo, a los sindicatos socialistas, pero no colaboró con la dictadura nazi, mientras la Iglesia española sí colaboró con la franquista, ayudada a su vez por la nazi en los primeros años.
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(1) "El rompecabezas holandés", Madrid, 1972.
Fuente: Alonso de Velasco Esteban, E., "La crisis de la Iglesia Católica en los Países Bajos en la segunda mitad del siglo XX", 2011.


lunes, 20 de febrero de 2012

Católicos contra hugonotes

La noche de S. Bartolomé. Fresco de Giorgio Vasari. 

Me parece uno de los fenómenos más complejos de la historia europea y de más difícil interpretación. Las reformas religiosas iniciadas en el siglo XVI por monjes, reyes, autoridades religiosas y otros personajes constituyen un fenómeno de transcendencia extraordinaria que alargaría sus consecuencias hasta el siglo XX. 

Creo que no podemos dejar de tener en cuenta las ambiciones nobiliarias y cortesanas, las pretensiones territoriales, el afán por la hegemonía europea y también, claro está, el deseo de que la cultura europea fuese una u otra según la confesión religiosa que se impusiese. Porque si bien las disputas de las que hablamos son entre cristianos, se están dando al mismo tiempo en que algunas potencias europeas luchan contra el turco no solo porque éste sea portador de otra religión y otra forma de vida, sino también por la hegemonía en el Mediterráneo y sureste de Europa. Es decir, tenemos durante buena parte del siglo XVI y el siglo XVII a unas monarquías, grupos nobiliarios, militares y burgueses empeñados en guerras y crímenes sin límite. Pero la prueba de que el conjunto de la población no contribuyó a éste fenémeno es que durante dichos siglos Europa prosperó económicamente, ya sea por los metales preciosos que venían de América, ya por la puesta en cultivo de nuevas tierras, el desarrollo del comercio internacional y el crecimiento de la población. Si bien las dos centurias citadas no son iguales en todos los países, lo cierto es que en el XVII despegan Inglaterra y Holanda; Flandes y los estados italianos alcanzan una prosperidad extraordinarias.

En el norte de Francia y al sur de la ciudad de Lille está la villa de Cambrai, cerca de la cual, en un castillo (Cateau-Cambrasis) los reyes de Inglaterra, Francia y España firmaron unos acuerdos de paz que, curiosamente, a los únicos que librarían de guerras sería a los italianos, pues Francia renunció definitivamente a sus aspiraciones en Italia. Esta paz demuestra también el triunfo de la diplomacia española, pero no servirá para que los Países Bajos de Felipe II, ni la Francia de Catalina de Médici, ni la Inglaterra de Isabel I, se librasen de una conflictividad continuada. 

En el siglo XVI había una obsesión en buena parte de Europa (se entiende por parte de reyes y nobles): cortar la extensión de la reforma protestante en sus diversas vertientes; calvinista, luterana y otras. No deja de ser paradójico que la reina inglesa Isabel lo fuese, entre otras causas, por la influencia de Felipe II de España, que recomendó su elección. Por su parte la regente Catalina, con su política cambiante en materia "religiosa", apoyando ahora a los hogonotes y luego a los católicos en función de sus intereses dinásticos, contribuyó también a cebar el conflicto, que ya se ve no es meramente religioso; más bien me parece que la religión es un prietexto para dirimir otros intereses. En estos intereses están nobles como los Condé, Borbón y Chatillón, los Guisa y otros; la Holanda de la época, que con toda lógica aspiraba a la separación de la monarquía católica, lejana e intransigente. El edicto de tolerancia en Francia (1563) no calmará las cosas sino por poco tiempo, sencillamente porque no se trataba de un tema esencialmente religioso el que se dirimía, sino de otro tipo: ¿a que viene, si no, el apoyo de Catalina a los Orange, como así mismo de Inglaterra? ¿A que viene el asesinato de María Estuardo que llevó a la ruptura de relaciones entre Inglaterra y España (quiero decir las dos monarquías) y la intervención de Gregorio XIII más como político que como clérigo? ¿Se iban a arreglar las diferencias religiosas en Europa con la pretendida invasión de Inglaterra por parte de España, como aconsejó en mala hora Álvaro de Bazán al rey español?

El puzle flamenco en el s. XVI
La matanza de hugonotes, primero en París y luego en otras partes de Francia en 1572 ("noche de San Bartolomé") no puede tener solo una intencionalidad religiosa, por la sencilla razón de que unos y otros temían no solo por la libertad religiosa (los hugonotes) y por la seguridad de la dinastía Valois (Catalina de Médici), sino que estaban de por medio los privilegios de los Guisa, de los Condé y de otras familias nobles de Francia. Tanto escrúpulo religioso y resulta que Enrique IV no tuvo inconveniente en someterse a la disciplina de la Iglesia (vamos a suponer que lo hizo por convicción) sino que además proclama la tolerancia religiosa con su Edicto de Nantes (1598)... que sería revocado casi un siglo más tarde por Luis XIV (1685: Edicto de Fontainebleau). 

Cuando estalle la guerra que conocemos como "de los treinta años" en 1618, comprometido el Imperio germánico y otros países satélites, ¿será solo por razones religiosas? El siglo del racionalismo, heredero del humanismo; el siglo de las "razones de Estado", el siglo de la lucha por la hegemonía europea, no permiten reducir a aquel asunto el gran conflicto europeo que aún no tendría solución en el cacareado año de 1648.

sábado, 15 de octubre de 2011

Reformadores antes de la Reforma


El enriquecimiento de la Iglesia durante la Edad Media y los vicios en los que había incurrido, no pasaron desapercibidos para sociedades enteras que se rebelaron contra ello o, permaneciendo fieles a la autoridad eclesiástica, la satirizaban. La literatura está llena de ejemplos.
Entre los siglos XIV y XV hay dos reformadores religiosos que pueden considerarse como los verdaderos precedentes de la gran reforma del siglo XVI. Wyclif deseó una renovación moral de la Iglesia, la vuelta a la pureza evangélica y negó la jerarquía y ciertos ritos -sacramentos o devociones- acusando a la Iglesia de avidez por los bienes materiales.
Se dedicó a la definición del poder, tanto civil como eclesiástico, proponiendo algo cercano al libre albredrío. Para él, los príncipes tienen derecho a quitar al clero los bienes que la corrupción de la Iglesia había apartado de su primer destino. Wyklif llegó a la conclusión de una Iglesia meramente espiritual, sin papa, sin cardenales ni obispos, y en la que el poder de los sacerdotes, todos iguales y pobres, se limitaría a la predicación. Defendió la interpretación literal de la Biblia y señaló la inutilidad de invocar a la virgen María y a los santos, peregrinar, lucrar indulgencias e incluso confesarse. El fervor de la conciencia recta absolvería al pecador, según él, y Cristo, de modo parecido a la predestinación, sabría reconocer a los suyos. De la eucaristía negó la transustanciación y señaló que los sacramentos eran meros símbolos.
Esto ocurría en Inglaterra, pero en Bohemia, algo más tarde, Juan Hus defendió la comunión bajo las dos especies (el pan y el vino) lo que solo muy tarde la Iglesia ha reconocido (ultraquismo) y la figura de Jesús como único jefe de la Iglesia. Degradado y quemado, al igual que Jerónimo de Praga, esto provocó la sublevación husita, mezclándose los motivos sociales, económicos y nacionales. 


Los taboritas, en su forma extrema, eran una especie de república igualitaria de campesinos-soldados unidos en un puritanismo pietista, como los Pordioseros del siglo XVI y los Cabezas Redondas del XVII.

lunes, 3 de octubre de 2011

Un reformador escrupuloso (III)

"La autoridad y el juicio de la Iglesia no puden reemplazar la verdadera fe del creyente": son palabras de Calvino donde se muestra claramente luterano, en el sentido de que pone por delante la conciencia individual que la autoridad de la jerarquía eclesiástica. "Evidentemente yo no niego -dice- que, según es de grande nuestra ignorancia, muchas cosas nos resultan al presente implícitas y oscuras, y que lo seguirán siendo mientras que, despojados de este cuerpo mortal, no estemos mucho más cerca de Dios. En tales cosas confieso que lo mejor y más conveniente es suspender nuestro juicio, determinado a la vez que nuestra voluntad permanezca unida a la Iglesia". El joven Calvino, cuando escribe "La institución de la religión cristiana" (se cuidó mucho de no decir "católica") no ha roto con la Iglesia ni su autoridad; está reflexionando como un cristiano que no quiere traicionar su conciencia. Concede a la Iglesia un papel, cosa que también hizo Lutero en un primer momento, pretendiendo reformarla, y sobre todo al papado.
Pero a continuación hace una crítica al contentadizo, al que con tal de no complicarse pronuncia: "...si tal es la fe de la Iglesia, si la Iglesia lo cree así...". A los contentadizos les dedica las siguientes palabras: "de esta manera fingen que tienen la verdad en el error, la luz en las tinieblas, la ciencia en la ignorancia", invitando a los lectores a que cotejen las Escrituras con las enseñanzas de la Iglesia, y así podrán ver de donde salen tantas falsedades, tantas tradiciones, tantas novedades que no encuentran su correlato en el texto Sagrado.
Cuando habla de los significados diversos de la palabra fe se muestra como teólogo: la fe "formada" e "informe" de los católicos no es admitida por Calvino. Es una distinción que no acepta y que estaba en los pocos libros de teología que se podían haber publicado. La fe es una para Calvino, sin que se pueda distinguir en una fe "informe" del neófito y otra "formada" gracias al magisterio de la Iglesia.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Un reformador escrupuloso (II)

No es el único, pero sí quizá el que mejor lo expresó, cuando dijo que "el conocimiento de Dios está naturalmente arraigado en el entendimiento del hombre". Si nos remontamos a los tiempos prehistóricos encontramos muy pronto manifestaciones de la vida trascendente del hombre, tumbas sobre todo, grandes pidras que indican lugares sagrados, puestas a propósito o aprovechadas, con sus formas caprichosas y lugares estratégicos que el hombre ha tenido por sagradas, por relacionadas con la divinidad. Obviamente, esa divinidad no ha sido para los seres humanos lo mismo en todos los tiempos.
Asegura Calvino que la religión es un hecho universal. No creo se pueda dudar de esto: incluso antes de la existencia de castas sacerdotales, antes de Iglesias instituidas, los grupos humanos tuvieron una idea religiosa de su vida. No podemos asegurar que están equivocados los drusos, los coptos, los taoistas, los budistas, los evangelistas, los musulmanes, los cristianos de diversas ramas, los animistas, los que practicaron cultos mistéricos, los que tuvieron creencias politeístas, los que se retiraron a los desiertos o al interior de las rocas, en encajados valles o enfrentados a los poderes eclesiásticos (véanse los cátaros, Wyclyff, Huss y los que les han seguido) y el ateo es el que etá en lo cierto. No podemos asegurar nada sobre el más allá, nada podemos decir, científicamente sobre la existencia de seres sobrenaturales, pero que la religión es un hecho cultural arraigado desde muy pronto en el hombre es algo incuestionable.
"Nosotros -dice Calvino- sin discusión alguna, afirmamos que los hombres tienen un cierto sentimiento de la divinidad en sí mismos; y esto, por un instinto natural". Luego, logicamente, porque el que habla es un cristiano convencido, señala que "el mismo Dios imprimió en todos un cierto conocimiento de su divinidad, cuyo recuerdo renueva, cual si lo destilara gota a gota... y puesto que desde el principio del mundo no ha habido región, ni ciudad ni familia, que haya podido pasar sin religión, en esto se ve que todo el género humano confiesa tácitamente que hay un sentimiento de Dios esculpido en el corazón de los hombres".

sábado, 24 de septiembre de 2011

Un reformador escrupuloso (I)

Juan Calvino nació en el norte de Francia en 1509, perteneciendo a una generación posterior a la de Lutero. Ante todo fue un teólogo pero también estudió Derecho. Inspiró a muchos otros reformadores, entre los que destaca Jacobo Arminio (1560-1609) que terminaría por rebatirle, al menos, en su teoría de la predestinación: no se salva un hombre solo por la gracia de Dios; la gracia es condición necesaria pero no suficiente.
Calvino nació en el seno de una familia burguesa y fue desde joven muy religioso. Cuando sufre una crisis espiritual, algo muy común en grandes hombres que ha dado la historia (Pablo de Tarso, Lutero...) se da cuenta de los vicios en los que incurrido la Iglesia católica, de la distancia que la separa del primitivo cristianismo, de la prevalencia de los santos y las imágenes sobre los textos considerados sagrados y comienza un camino sin retorno. Contrariamente a Lutero, más impulsivo, Calvino, con mayores dotes de reflexión, hace hincapié en el Antiguo Testamento, en la Bilblia de los profestas judíos, mientras que Lutero se había fijado más en los Evangelios.
La obra más divulgada y donde creo que se condensa lo más importante del pensamiento de Calvino, es "Institución de la religión cristiana", publicada en latín en 1536 (su autor era muy joven) y luego en francés (1541). "Casi toda la suma -dice Calvino- de nuestra sabiduría, que de veras se daba tener por verdadera y sólida sabiduría, consiste en dos puntos: a saber, en el conocimiento que el nombre debe tener de Dios, y en conocimiento que debe tener de sí mismo". Considera sin embargo que estos dos conocimientos están muy relacionados entre sí, por eso la Teología en el siglo XVI, pero también antes y después, estuvo muy vinculada al Derecho. "No hay quien dude -continúa- de que los dones, en los que toda nuestra dignidad consiste, no sean en manera alguna nuestros... Porque como en el hombre se halla todo un mundo de miserias, después de haber sido despojados de los dones del cielo, nuestra desnudez, para grande vergüenza nuestra, descubre una infinidad de oprobios". Calvino es pesimista respecto del hombre, le considera pecaminoso y dispuesto al mal. Es solo por Dios por lo que el hombre puede escapar de esa condición.
"Yo, pues, entiendo por conocimiento de Dios, no solo saber que hay algún Dios, sino también comprender lo que de él nos conviene saber... Porque hablando con propiedad, no podemos decir que Dios es conocido cuando no hay ninguna religión ni piedad... Llamo piedad a una reverencia unida al amor de Dios, que el conocimiento de Dios produce. Porque mientras que los hombres no tengan impreso en el corazón que deben a Dios todo cuanto son...". Aqui se nos muestra Calvino con ese pesimismo del que hablábamos acerca de la condición huamana. Nada es el hombre sin Dios. No puede decirse, pues, que no tuviese una idea de la naturaleza humana, no puede decirse que fuese hombre irreligioso; muy al contrario, fue escrupulosamente religioso, con una gran formación teológica, aunque como vermos en otros capítulos, no es la teología en lo que más influencia tuvo.