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lunes, 15 de mayo de 2023

Los relieves de Autun

 

                                                   Eva en un relieve de la catedral de Autun

En la primera mitad del siglo XII trabajó en la catedral de Autun[i] el escultor Gislebertus, decorando tímpanos, capiteles y dinteles, aunque en la actualidad algunas de sus obras se encuentran en el cercano Museo Rolin. La obra de arriba muestra a la Eva bíblica que se encontraba en el dintel de la puerta norte de la catedral citada, no habiéndose interpretado así a Eva en todo el románico (la figura de Adán se ha perdido). El personaje se desplaza por el jardín del Edén “como si fuera la serpiente misma”, mientras cogre con una mano el fruto prohibido. Hay cierta distorsión en la parte superior del cuerpo, que se gira hacia el espectador.

Otro excelente relieve del mismo autor y en la misma catedral es el “sueño de los reyes magos”, que se encuentra en un capitel, como así mismo fue autor Gislebertus de muchos otros capiteles del interior del templo. En la escena de abajo se puede ver cómo dos de los reyes están dormidos, pero uno ya se ha despertado “por el toque suave del ángel señalándole la estrella” que los ha de guiar.

En otros tímpanos, monstruos y demonios, aunque por la factura menos poética pudieran no ser de Gislebertus. También peregrinos que avanzan con sus zurrones, el suicidio por ahorcamiento de Judas (en el tímpano) que -como la traición a Jesús fue inspirada por el diablo según el relato evangélico- aparecen al lado dos figuras diabólicas.

La huída a Egipto está en un capitel y muestra a María que mira al espectador, mostrando a su hijo adherido a la madre. José ocupa un lugar secundario en la composición, mientras que el asno está representado con una naturalidad extraña en el románico. En uno de los tímpanos se muestra el juicio final con la separación de los justos y los réprobos. Los relieves de la catedral de Autun, en definitiva, son un muestrario extraordinario de la plástica románica ya desarrollada del siglo XII.


                               El sueño de los reyes magos en un relieve de la catedral de Autun


[i] En la Borgoña-Franco Condado.

miércoles, 18 de enero de 2023

Frescos y artesonado de Sigena

 

                                        Monasterio de Sigena (campaners.com/php/campanar)

Villanueva de Sigena se encuentra al sur de la provincia de Huesca, en la comarca de Los Monegros, donde el clima es predominantemente seco y continental, y ello se nota en el paisaje, con los campos cultivados que se apiñan entre el caserío y el río Alcanadre.

Además de ser la patria chica de Miguel Servet, el patrimonio histórico de la villa está representado, sobre todo, por el monasterio de Santa María, obra del siglo XII como así mismo los frescos de su sala capitular, que hoy se encuentran, en parte, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña[i]. Allí se encerraron las monjas hospitalarias bajo la protección de Sancha, esposa de Alfonso II de Aragón. El monasterio se encuentra al sur de la villa, al otro lado del río.

El trabajo realizado por los maestros que pintaron los frescos es de una singularidad extraordinaria aun teniendo en cuenta las pautas repetidas de la plástica románica, quizá deudor de otras latitudes, pero también fuente de influencias para otros lugares. No menos interés tiene el laborioso artesonado de la sala capitular en estilo mudéjar. En cuanto a los frescos se consideran de una calidad e interés superiores a los de otros casos de la pintura románica, tanto por la variedad de los personajes representados como por las escenas y los conocimientos que tuvieron los inspiradores o los artistas que realizaron la obra.

Los detalles y la abundancia de color denotan la influencia de la Corte aragonesa, así como el desarrollo de la pintura románica cuando estamos en el cambio del siglo XII al XIII. Los elementos decorativos son vegetales, seres fantásticos y otros, pero la mayor originalidad quizá se encuentre en la escena donde el agua sumerge los cuerpos de algunos personajes; la delicadeza de la composición destaca de forma notable, pues se ha conseguido representar la transparencia del agua. La inconografía muestra personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento: Moisés, la adoración del becerro de oro, Noé embriagado, el sacrificio de Isaac, la expulsión del Paraíso de Adán y Eva, etc.; frescos que se distribuyen en cinco arcadas, las enjutas y el muro. En cuanto al Nuevo Testamento se representan escenas de la vida de Jesús, la crucifixión, la resurrección, etc.

Están presentes los convencionalismos de la plástica románica, pero en este caso los artistas se esforzaron por dar cierta corporeidad a los personajes, huyendo de las representaciones planas. También la adaptación al marco, sobre todo en los intradós y en otros espacios pequeños, llenando con profusión el muro con ese “horror vacui” del que tanto se ha hablado. Salvo por el tamaño, los frescos de Sigena nos recuerdan a las iluminaciones de los manuscritos medievales, y los dorados parecen decirnos que hay una cierta influencia del arte bizantino, ya que este sería conocido por los artíficices de los frescos. La falta de naturalidad, pues el artista románico quiere más bien enseñar el mensaje que representar la naturaleza, se muestra en los ceños fruncidos, en las musculaturas y desnudos, en los rostros simples pero expresivos; en el caso de los frescos de Sigena hay una cierta solemnidad en el conjunto de los personajes que quizá radique en la influencia de la Corte inspirando los trabajos.

Una inmensa calma ha sido necesaria para la preparación de los muros, los pigmentos, la aplicación de los mismos al fresco, los detalles y las múltiples líneas que componen un conjunto ejemplar. El estudio y repaso de los libros y enseñanzas sagradas, la elección de los lugares para representar a unos y a otros, el esfuerzo alegórico para suplir la falta de realismo, los ojos que representaban la luz, la quietud de algunos personajes, la sobriedad de algunas escenas, no están reñidas con la riqueza general que representa la gran obra de Sigena.

En cuanto al artesonado de la sala capitular, según los arquitectos Pemán y Franco[ii], fue una compleja estructura de madera que se realizó con un entramado de bastidores con escuadrías varias… ensambladas en madera de pino de primera calidad, secada y estabilizada... No hay acuerdo sobre el siglo al que corresponde el artesonado de Sigena, pero el arte mudéjar se desarrolló en algunas regiones de España (Aragón entre ellas) entre las centurias XIII y XVII, presentando la geometría fractal de su composición, con reiteración de formas geométricas que parecen querer prolongarse ilimitadamente, pero también con piezas muy distintas entre sí en tamaño y composición.

Los artesonados se pintaban en unos casos y se dejaba la madera barnizada en otros, pero la impronta mudéjar es la que ha dado su verdadero carácter a estas obras. Bolas decorativas en madera de sabina, clavazón de madera, aplicaciones de arcilla y pintura, paños de oro, decoración cúfica, dibujos de estrellas y vegetación; una obra realmente extraordinaria más propia de palacios cortesanos[iii].



[i] Al comenzar la guerra de 1936 unas personas incendiaron el monasterio, produciendo destrozos irreparables, no obstante los esfuerzos que se han hecho para recuperar el rico patrimonio de su arquitectura, pinturas al fresco y artesonado.

[ii] “Proyecto de restauraciónn de la sala capitular del Real Monasterio de Sijena”.

[iii] Paco Luis Martos ha sido el “reconstructor” del artesonado de Sijena por encargo de Juan Naya, del que se puede ver un extraordinario documental: “El sueño de Sigena” (https://www.rtve.es/play/videos/somos-documentales/el-sueno-de-sigena/6773252/)

 

miércoles, 26 de agosto de 2020

Los frescos de Maderuelo



En el extremo nordeste de la provincia de Segovia se encuentra Maderuelo, salvando las aguas del embalse de Linares del Arroyo, pertenecientes al río Riaza que, descendiendo de sur a norte, desemboca en el río Duero. Al otro lado del puente se encuentra la ermita de la Vera Cruz, a un nivel inferior al del resto del pueblo. De planta alargada y de sencillez máxima, sus muros contuvieron unos frescos románicos, datados en la primera mitad del siglo XII, que ahora se guardan, pasados a lienzo, en el Museo del Prado, donde se ha reproducido una capilla como si de la primitiva ermita se tratase.

En la cabecera se encuentra representado el Pantocrátor y ángeles rodeándole, en el tímpano el cordero místico inscrito en un círculo y ángeles; en la parte inferior se encuentran las representaciones de María Magdalena y Cristo, y en los muros (parte alta) evangelistas y ángeles y (parte baja) apóstoles, quizá la zona más deteriorada.

Sobre la puerta están las representaciones de Dios y Adán a un lado y Eva y Adán al otro, enzarzados, en éste caso en las ramas de un manzano. La ermita parece haber pertenecido a los templarios, de ahí el nombre de Vera Cruz que hace alusión a la idea de que en ella se encontrase uno de los trozos de la cruz de Cristo.

El color rojo es dominante, pero está muy desgastado, prevaleciendo en las líneas que delimitan las diversas partes de las composiciones; también el color gris (para las vegetaciones) y las encarnaciones están bien conservadas según la intención de su autor o autores. La mayor decoración se encuentra en la representación de la Virgen María, con arcadas y columnas de fuste helicoidal. La corte celestial está representada en dos niveles, con ángeles y santos, separados claramente por una fuerte línea horizontal.

Desde Aranda de Duero (Burgos) se puede ir a Maderuelo en dirección sureste, mientras que desde Ayllón y Riaza (provincia de Segovia) en dirección noroeste y norte respectivamente. En todos los casos se atraviesa un terreno quebrado, limitado por la sierra de Ayllón, estando cerca de la ermita el parque natural de las Hoces del río Riaza.

sábado, 30 de marzo de 2013

Viaxe polo románico de Lugo (5)

Tímpano en Taboada dos Freires

A igrexa é dunha sinxeleza parella a doutras da Galicia rural e, igualmente, sufriu modificacións, incluso recentes, que desfiguran a fábrica orixinal. Na cabeceira, que non é a actual, hai unha fiestra (esta si orixinal) entre dúas columnas toscas que soportan unha moldura a modo de imposta, e esta un arco formado por dúas archivoltas desproporcionadas para o van. Son estes pequenos detalles o que máis destacan desta igrexa, sobre a que hai unha cruz parcialmente inscrita nun círculo, mostra dese simbolismo e abstración tan propios do románico en aras dun didactismo sempre buscado. 

No interior encontramos unha nave cunha cuberta cos seus aleiros e canzorros. No muro que está orientado o sur hai unha porta alintelada sobre a que, tamén inscrita nun círculo inciso, hai unha cruz sinxela, nun de cuxos brazos pende unha figura de óvalo que algúns interpretan como unha gota de sangue.

Exterior
Volvendo a porta principal encontramos unha inscripción: IN N E D N S I IH U CHR I IN SANTE MARIE EL A C FLERES U TE PLU, que debe lerse "in nomine Domini nostri Ihesu Christi in honor sante Marie...". Outra inscripción reza: JOHAN NE PELAGIUS MAGISTER Q I NOTUIT ("Juan Pelagio, mestre, que escribiu").

No tímpano está representado Sansón en loita cun león, aínda que representado este moi desproporcionado, con algunhas partes que recordan máis ben a un cabalo. A representación está feita en relevo rebaixando o fondo, pero todo cunha gran tosquedade e plasticidade e na parte inferior dereita deste tímpano se ve outra cruz inscrita nun círculo coa suposta gota que pende do brazo esquerdo.

Non é fácil encontrar unha igrexa con estas particularidades, o que proba que as esculturas son obra de artífices non influídos polo entorno compostelano, o que si se ve noutros casos do románico lugués. Estes artífices serían menos coñecidos ca outros dentro da constelación dos que traballaron neses séculos, verdadeiramente entregados ás construcións relixiosas.

Algo máis o norte, moi preto de Palas de Rei, encóntrase Vilar de Donas, un mosteiro feminino do que hoxe só se conservan algunhas partes da súa fábrica orixinal, pero tamén con particularidades dignas de mención, sobre todo uns frescos que xa chamaron a atención, entre outros, de Álvaro Cunqueiro.

Portada e cuberta actual (desacertada)





Ábsida e absidiolos


(Incompleto)


viernes, 29 de marzo de 2013

Viaxe polo románico de Lugo (4)



Paisaxe co río Miño
Diomondi é unha aldea do concello de Saviñao, practicamente deshabitada. Xunto coas aldeas de Belesar, A Casanova, As Cortes, A Costa, Galegos, Millarada, Montecelo, Outeiro, Piñeiro, A Portela, Salcedo e Ver forman a parroquia do mesmo nome, o cal fala ás claras da diseminación poboacional de Galicia, particularmente na zona central da mesma. 

Pode que o primeiro mosteiro de Diomondi (topónimo cuxa orixe sería interesante descifrar) sexa do século X, aínda que no interior do tímpano da porta hai unha inscripción cos números 1170, data de edificiación da igrexa (os templos comezaban a ser construidos pola cabeceira e remataban pola porta occidental). Consta dunha soa nave e unha ábsida, que no exterior está dividida por semicolumnas e aberta por tres fiestras. 

Archivoltas, capiteis e columnas da porta principal
Como noutras obras do medievo, o paso dos séculos permitiu engadir partes que non corresponden o románico, e unha delas é o palacio dos bispos que aínda se pode ver adosado o muro norte, pois os prelados de Lugo pasaban aquí os veráns. A porta principal consta de catro archivoltas decoradas con rosetas e xedrezado. Algunhas das columnas son de mármore, o que tamén se ve noutras igrexas non lonxanas no concello de Incio pola existencia de canteiras deste material. Os capiteis presentan parellas de animais: felinos, centauros...

Contrafortes reforzan os muros o exterior, e unha moldura percorre pola parte inferior das fiestras, todas elas con arcadas de medio punto. Todo o exterior é dunha gran sinxeleza, que non pode competir coa vistosidade doutros edificios relixiosos románicos en Galicia.

Exterior de San Paio de Diomondi



Interior de Diomondi
Un pouco máis o norte, moi preto de Diomondi, está o mosteiro de San Estevo de Ribas de Miño, cuxa ábsida vemos abaixo. Está sostida por contrafortes a modo de arcobotantes que reciben as presións da abóvada absidial, apoiados aqueles nun muro exterior, e os canzorros soportan arquiños de medio punto, algo que vemos tamén no románico catalán e lombardo. A maior altura, o corpo da nave.


O relevo é abrupto pero non en exceso. Tanto hacia o Miño como hacia o Sil, as pendentes caen de forma pronunciada, mentres que o edificio parece pendurar dunha delas. O redor hai viñedos en socalcos, solución inxeniosísima para aproveitar a terra e cultivala. O calor nestes vales é propicio para a viticultura, que na maior parte de Galicia se estendeu durante o século XIII, pero tamén antes.

A zona é a que en Galicia se chama "Ribeira Sacra", pola cantidade de mosteiros e igrexas nela concentradas, seguramente polas posibilidades agrarias dos vales dos ríos Sil e Miño. En canto á igrexa é sinxela en dimensións, compacta coas sús tres arcadas na fachada occidental, só unha delas de acceso o interior cun abocinamento apreciable. Sobre delas un rosetón de factura posterior, pois polas súas dimensións e características é gótico. Os perpiaños, como adouta ser en Galicia, están ben labrados. No interior encontramos o presbiterio, notable polo espazo que ocupa, e a ábsida (ver máis arriba) de altura sensiblemente inferior o corpo da nave. 

Igrexa de San Estevo, nunha pendente hacia o Miño
En canto o seu aspecto externo ten certo parecido coa igrexa sanxoanista de Portomarín, sen cruceiro, e nos muros laterais os contrafortes únense entre sí para formar arcadas de medio punto, en cuxo interior se abren as fiestras tamén arqueadas en medio punto. As archivoltas da porta principal están fermosamente decoradas con motivos diversos: a inferior con relevos que representan a sete músicos (parece haber dóus espazos que corresponderían a dous máis, perdidos). No resto das archivoltas, puntas de diamante, sogueados, froitos; a diversidade é extraordinaria, contrariamente o que se pode esperar nun lugar tan afastado. As mesmas xambas da porta están decoradas de forma parecida ás da abadía de Moissac, proba de que os mestres canteiros deambulaban dun lugar a outro o longo dun amplio espazo cristianizado. Mateo, o gran mestre de Compostela, traballou tamén noutras partes do norte da península e do sur de Francia; así mesmo algúns dos seus discípulos e outros canteiros e escultores. Por iso se ten o románico como a primeira arte "internacional": por medio dela fundíronse tradicións e solucións artísticas de lugares moi afastados entre sí.

O interior da igrexa é dunha soa nave, amplia e cunha cabeceria de tres absidiolos incrustados na ábsida única. A abóvada da ábsida está nervada e os arcos faixóns da nave son apuntados, como no casi de Diomondi. Se algunha vez tivereon abóvadas estas dúas igrexas xa se perderon, pois agora senllas naves teñen cubertas de madeira. No caso de San Estevo hai varios sartegos e unha "Epifanía" donde se misturan figuras de distinta factura e época: os reis "magos", unha virxe en bulto redondo e policromada.Os reis poden ser dun mesmo autor (en cuxo caso hai que supoñer que o abandono afectou máis a unhas figuras que a outras) ou de distinto, en cuxo caso o que esculpiu o mago enxeollado non gardou -como é costume no románico- proporción algunha, e os cabelos deste rei están traballados con máis detalle.

jueves, 28 de marzo de 2013

Viaxe polo románico de Lugo (3)

Frescos na ábsida
Preto do río Miño, xunto o encoro dos Peares, augas abaixo do encoro de Belesar, encóntrase o pequeno mosteiro de Eiré, conservándose hoxe só a igresa. As pinturas sobre o cascarón da ábsida, que se ven arriba, non son de época románica (posiblemente do século XIX) pero a maior parte da actual fábrica é do pleno medievo.

Dende o exterior vense perpiaños ben labrados, unha ábsida bastante pronunciada, de altura inferior o resto do templo, e unha torre entre de planta rectangular entre o corpo da nave e a citada ábsida. As arcadas son de medio punto, pequenas, como coresponde á arquitectura románica, donde o predominio do muro é casi absoluto. Na ábsida as columnas arrancan de contrafortes, mentres a media altura unha moldura percorre horizontalmente o muro. Baixo o aleiro, os canzorros sinxelos, probablemente sustituidos o longo do tempo. 

Na porta principal, con arco adovelado, rosetas o o año místico sobre a que debería ser a clave, lixeiramente desviada. Os papeis son moi variados, con epigrafías nalgúns cimacios: caras humanas moi sinxelas, animais, rosetas, vexetais; mentres que os canzorros están formados por monstruos, bóvidos, froitos e outras imaxes máis ou menos abstractas. 

No interior destacan os arcos faixóns e a arcada triunfal, con varias archivoltas. Segundo http://www.arquivoltas.com/11-Galicia/01-Eire%2003.htm o interior "está condicionado... polas estruturas destinadas a dar sustento á torre erixida sobre o primeiro tramo da nave".  

Vista aérea en medio do casarío
No interior hai unha soa nave e nun dos muros, o que está orientado o sur, hai un ajimez cuxos arcos son de ferradura, o que denota a influencia mozárabe nunha etapa posiblemente anterior. A porta norte ten dúas arquivoltas e decoración xedrezada. O tímpano está parcialmente perdido: hai representadas dúas bestas con cabezas antropomorfas e, na parte superior, a inscripción LUMA (Lucas Magister?). Na portada norte consta dun lintel en forma de triángulo e o arco de medio punto está decorado, na súa parte superior, con xedrezado. As dovelas teñen letras que, suvesivamente, forman o alfabeto latino ata o "m", pero para a "j". Poucas veces se encontrarán exemplos tan singulares nunha igrexa que debeu ter unha importancia moi superior á que hoxe suxire a simple vista.

Ábsida e torre da igrexa

miércoles, 27 de marzo de 2013

Viaxe polo románico de Lugo (2)

Claustro do mosteiro de Ferreira de Pantón
As arcadas deste claustro son clasicistas, proba de que o mosteiro tivo modificacións importanes o longo da súa historia: a orden do Renacemento contrasta co bulto que aínda ofrecen os capiteis e o groso dos fuestes, máis propios doutras épocas. Pero no demais domina casi por completo o románico

No sur da provincia de Lugo, o mosteiro de San María se encontra á saída de Ferreira, camiño de Monforme de Lemos. A primeira mención que se ten del é do século X, pero no XII é cando pasa a depender das autoridades de Cluny e posteriormente do císter (mosteiro feminino).

A igrexa constra dunha soa nave e o presbiterio está rodeado do muro interior da ábsida, consecuencia en parte da súa pequenez. Os arcos de medio punto da ábsida acobixan vans que están redondeados, tanto na súa parte inferior como superior, particularidade que se ve raramente. Os capiteis das fiestras están decorados con paxaros, pero son dunha gran variedade: motivos vexetais, Daniel entre os leóns, figuras humanas, un animal mordendo a perna doutro, aves colocadas simétricamente, un dragón, un músico, rodiños, monstruos, bois e grifos, leóns...

Tamén aquí chegou o taqueado jaqués, sobre todo na parte exterior dalagunhas arcadas, e os capitis, en moitos casos, están coroados por cimacios. No interior, nos muros da ábsida, dous arcosolios góticos denota unha vez máis as contínuas actuacións sobre a fábrica orixinal. A abóvada da ábsida está sostida por nervios e, en xeral, pode dicirse que a decoración descrita -como sinalan algúns autores- debeu ser anterior a 1175, antes de que a sobriedade do císter sustituise do dominio de Cluny.

Exterior del monasterio
Sen dúbida algunha, o máis destacado deste mosteiro é a súa plástica, dunha variedade extraordinaria, donde seguramente inteerviñeron varios canteiros e escultores. A mistura de motivos vexetais con outros mitolóxicos e fantásticos, bíblicos e, en xeral, a zoomorfia dominante, indican influencias varias, e probablemente a chegada doutras de artistas máis ou menos expoertos doutras partes, segundo se ve polas diversas calidades.

martes, 26 de marzo de 2013

Viaxe polo románico de Lugo (1)

Igrexa de San Pedro Félix (fotografía tomada de http://www.arquivoltas.com/11-Galicia/01-Incio01.htm)
A maior parte das manifestacións románicas na provincia de Lugo encóntranse no sur e no oeste, pero tamén no centro, na mesma catedral de Lugo; no norte está San Martín de Mondoñedo, unha das xoias, o meu parecer, do románico en calquera lugar.

Pódese empezar por Hospital de Incio, o sur da provincia, para seguir por Ferreiro da Pantón; logo dirixir os nosos pasos ata o mosteiro de Eiré, San Paio de Diomondi e o mosteiro de Ribas de Miño. Seguimos ata Taboada dos Freires e Vilar de Donas, preto do camiño de Santiago máis tradicional; Portomarín, Barbadelo (en Sárria), a igrexa de San Salvador, na vila de Sárria, a citada catedral de Lugo e San Martín de Mondoñedo, no extremo norte da provincia.

En torno a Incio necrópolis megalíticas, restos da cultura castreña, a obra dos cabaleiros de San Xoán de Xerusalén, igrexas rurais, o pazo de Dompiñor, a casa da Hedra, o pazo de Romariz, salpican a paixase, suave entre arborescencias, prados e ríos, antes de alcanzar o este de Galicia, coas montuosidades do Cebreiro.

A igrexa de San Pedro Félix, en Hospital de Incio, está feita de mármore, aproveitando as canteiras próximas. Obra de finais do século XII, non parece estar relacionada con función hospitalaria algunha. No interior do templo hai unha soa nave que, na cabeceira, remata nunha ábsida poligonal, con arco triunfal e nervaduras.

A igrexa estivo baixo o control dos cabaleiros de San Xoán de Xerusalén, e ten unhas medidas de 11 por 24 metros, o que dá idea da súa sinxeleza. No lado norte hai unha torre exenta, como é común no románico italiano e catalán. A súa altura é bastante proporcionada respecto do templo, pero as súas campás debían ser escoitadas nos vales próximos. O lado sur da igrexa, adosado a ela, hai un atrio que vemos con frecuencia no románico segoviano.

Interior da cabeceira
Grandes confrafortes na fachada, flanqueando a porta principal, e outros no muro lateral norte, denotan a pesadez do románico, antes das audacias do gótico. Varias archivoltas provocan, xunto co grosor do muro, un forte abocinamento. Xunto á archivolta máis exterior, unha decoración que nos recorda á igrexa de Vilar de Donas. As basas e os capiteis presentan diversos motivos, sobre todo animais (enfrontados) e vexetais.

Volvendo o interior, un arcosolio co sartego do monxe-xoldado Álvaro de Quiroga, comendador do priorato de Portomarín, da orden de San Xoán de Xerusalén. Mirando á cabeceira, no muro da dereita antes de pasar o arco triunfal, un relevo representa a imaxe de Cristo na cruz, en cuxa parte superior hai dúas facianas que representan o sol e a luna, e na parte inferior dous personaxes, un deles traballando a terra e outro orando. A técnica románica do conxunto, cunha acusada perspectiva xerárquica na representación do crucificado, mostra a intencionalidade didáctica da plástica nesta época.

miércoles, 9 de enero de 2013

O mosteiro de Moraime


Un dos frescos, donde se representa unha cruz inscrita nun círculo, ademais de fustes decorados con pinturas (o parecer de finais do século XV) e tumbas medievais na entrada da igrexa, pódense ver en estado de abandono, coma se pasase polo mosteiro de Moraime a desidia que caracterizou ás autoridades públicas tralas grandes desamortizacións decimonónicas. Non foron estas as responsables do abandono, senón, coma en tantas outras ocasións, os seres humanos. Outros frescos son alegorías da ira, da morte, da soberbia e da luxuria.

Pouco antes de chegar a Muxía, nun dos "finis terrae" galegos, está, á esquerda, o mosteiro de Moraime, unha xoia da que debéramos estar orgullosos. A súa igrexa remozada por ser parroquial, con grosos muros e contrafortes, unha cabeceira de tres ábsidas, a central de pranta rectangular e unha torre sinxela, aínda que barroca, nun dos laterais da fachada ocidental. En diagonal respecto da igrexa (algo inusual) está o edificio mosteiral, vello e sobrio, aguantando o paso do tempo, fermoso pola súa sixeleza, pero tamén pola cor das súas pedras.

Unha das portas da igrexa, entre contrafortes, ten unha arcada románica con tres arquivoltas. O tímpano está decorado coa "cea" donde só están representados sete personaxes perfectamente adaptados o marco. Os capiteis, moi desgastados, deixan ver a obra do románico rural galego. A fachada ocidental está presidida por un pórtico románico, cunha arcada de dúas arquivoltas decoradas e un tímpano cun relevo de sete arcadas nas que se inscriben figuras. No interior, a igrexa consta de tres naves lonxitudinais. 

Pero o mosteiro de Moraime está abandonado, aínda que foi declarado "ben de interés cultural" en 1972. Moraime, perto da costa, está no centro vindo dende o norte pola estada da costa, dende as Torres de Cereixo. Logo se chega á vila de Muxía e á Punta de Barca para, en direción sur, caer na praia de Lourido e no cabo Buitra. En direción suroeste vese a prominencia do cabo Touriñán.  

(Ver http://www.laxe.net/Laxe%20Iglesias%20San%20Julian%20de%20Moraime.htm e http://www.costameiga.com/turismo/muxia/moraime.htm)

lunes, 7 de enero de 2013

El románico en Pontevedra

Iglesia de San Pedro en Vilanova de Dozón

"Antigua y Medieval" informa de que está próxima la publiación de una obra sobre el románico en la provincia de Pontevedra.
 
El Centro de Estudios del Románico de la Fundación Santa María la Real ultima los preparativos para presentar este mes la Enciclopedia del Románico en Pontevedra. Los dos tomos suman 1.260 páginas, con documentación histórica de los 190 testimonios románicos que hay repartidos por 179 localidades de Pontevedra, más de 900 fotografías y 385 mapas.
 
En el prólogo hay textos del presidente de la Xunta y de los directores de la Enciclopedia del Románico: José María Pérez y Miguel Ángel García Guinea, recientemente fallecido. A continuación, la documentación histórica y gráfica de los vestigios románicos, distribuidos por tres apartados que incluirán los siguientes estudios introductorios: "La provincia de Pontevedra en la época del románico", de Ermelindo Portela; "Notas sobre la arquitectura románica en la provincia de Pontevedra", de José Carlos Valle Pérez; y "La escultura románica en la provincia de Pontevedra", de Rocío Sánchez Ameijeiras.
 
Asimismo, cabe destacar que los estudios han sido coordinados por el director del Museo de Pontevedra, José Carlos Valle, y los levantamientos planimétricos por José Ramón Soraluce Blond, de la Universidad de A Coruña.
 
Estos dos tomos dedicados a Pontevedra son la primera entrega del Románico en Galicia. "Seguimos estudiando los vestigios del resto de territorio, donde nos encontramos con verdaderas maravillas, muchas veces acogidas al amparo del Camino de Santiago, pero otras ubicadas en aldeas remotas", afirma Jaime Nuño, director del Centro de Estudios del Románico. Los dos tomos serán dados a conocer en una presentación pública.

martes, 21 de agosto de 2012

Los monstruos del románico

Un monstruo devora a dos pecadores
La aparente ingenuidad del románico es solo técnica: cuando observamos una pintura al fresco vemos que no hay volumen, que los colores no se utilizan con el mismo fin que en épocas posteriores; las esculturas son hieráticas y frontales, las partes están desproporcionadas entre sí. Pero el arte románico es muy ingenioso, tiene mucho que ver con lo esotérico, con el mundo de la imaginación y el simbolismo. 

Francisco Javier Ocaña Eiroa lo ha explicado de forma muy acertada: la "hermosura" de los monstruos y animales del románico no es la misma que la convencional de otros tiempos. Hay que ver dicha hermosura en el significado, en el logro de los efectos requeridos: demonios, monstruos, animales deformes, fauces y garras, escenas fantásticas y atroces.

Un monstruo arranca la lengua al blasfemo
Falo en una iglesita de la montaña leonesa
Los monstruos son figuras fabulosas donde somos capaces de ver ciertos elementos animales que ya venían de la antigüedad con la esfinges. La representación de monstruos implica un grado no menor de abstracción, es una "actividad intelectual" que permitía al espectador internarse en un mundo de símbolos y solo en parte parecido a la realidad. Ver monstruos esculpidos o pintados invita a la reflexión, a pensar en el pecado, con el que los monstruos estaban asociados, en la maldad, en el temor y en la incertidumbre. Como la sociedad medieval "aceptaba lo prodigioso" (en realidad todas las épocas, aún en nuestro mundo racionalista) al ser humano le venía muy bien recordar de vez en cuando aquello que había imaginado, que habría creído ver o aquello con lo que había soñado en una pesadilla nocturna. Deben tenerse en cuenta las condiciones que vivió la humanidad en la edad media (en realidad en otras muchas etapas de la historia): la oscuridad, la inseguridad, los temores, las fantasías que llenaban de miedos a unos y a otros, las mismas concepciones religiosas, llenas de visiones apocalípticas.

Ya Agustín de Hipona había escrito que las imágenes debían servir para hacer cambiar a los seres humanos sus vidas pecaminosas por la virtud, la obediencia y la santificación. Sin embargo Bernardo de Claraval, mucho después, vino a criticar la aundancia de relieves fantásticos en los claustros románicos, considerando que apartaban de lo que realmente interesaba: la oración.

Capiteles y tímpanos son los lugares elegidos para los monstruos, así como los canecillos y las bases de las estructuras arrquitectónicas. Al fin y al cabo -salvo en el caso de los tímpanos- los demás lugares elegidos eran soportes del peso que caía sobre ellos: los canecillos bajo los aleros de los tejados, los capiteles bajo las arcadas; en el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago grandes monstruos sostienen, aplastados y feroces, los pilares de la composición.

Monstruos (símbolos del pecado) soportan el peso del alero










jueves, 22 de diciembre de 2011

El monasterio de Carboeiro

           (Alzado de la fachada occidental donde se puede observar la diferente altura de las naves laterales y la diferente pendiente de sus cubiertas respectivas)

En la tierra que reorre el río Deza, alfuente del Ulla, al norte de la provincia de Pontevedra, se encuentra el monasterio de Carboeiro, fundación del siglo X cuya iglesia actual (aparte restauraciones) es obra del siglo XII, recibiendo ciertas influencias del románico que se estilaba en Santiago de Compostela. 

 (Portada occidental)

La geografía de esta tierra es fragosa, con alturas medias que a veces llegan a pelarse por la erosión y con valles encajados, prados y bosques de frondosas, entre las que destacan el carballo (roble) y el castaño. La hojarasca del otoño da un aspecto singular a la comarca, donde la lluvia mantiene un verdor y frondosidad especiales, además del caudal del río Deza y sus afluentes que corren rápidos hacia el Ulla, límite en buena parte de su curso con la provincia de A Coruña. Atrás queda el nacimiento del Deza en los montes del Testeiro, cuyo nombre alude a una cabeza de la cual mana el agua vivificadora del paisaje.

 (Ancianos músicos de una de las arquivoltas)

Este lugar apartado, como en tantas otras ocasiones, se eligió para un cenobio que luego sería monasterio cisterciense, la orden monástica que realmente colonizó el campo gallego. La pendiente del terreno, como también ocurrió en la catedral de Santiago, obligó a construir una cripta (en Santiago a los pies de la catedral) bajo la cabecera de la iglesia abacial. Así, desde el borde del río, se yerguen los ábsides de Carboeiro esbeltos y macizos, imponentes en medio de la naturaleza. La pefección de sus sillares graníticos contrasta con los retorcidos troncos de las arborescencias, pero el conjunto ofrece una imagen misteriosa y romántica.

 (Arquivoltas de la fachada occidental)

La cabecera está terminada en tres ábsides, los laterales oblicuos respecto del crucero, que está cubierto por una bóveda de arista, como las naves laterales longitudinales, mientras que la central está cubierta con bóveda de cañón. La iglesia no es grande, desde poniente a oriente la longitud es corta, resaltando así más su altura. Gruesos muros, como corresponde al estilo románico, y fuerte abocinamiento en la portada occidental. En esta, un tímpano que solo conserva las alegorías de los evangelistas Marcos y Mateo (león y ángel), lo que hace suponer que en los huecos que sobran estaban el pantocrátor y las efigies de los evangelistas Lucas y Juan. Las cuatro alquivoltas están decoradas, con motivos vegetales tres de ellas, y esculturas de 23 músicos del Apocalipsis (en vez de 24) con sus instrumentos, que el tiempo se ha ocupado en desgastar.

(Paisaje del río Deza)

(Meandros y comarca del Deza. Al sureste, Carboeiro)

(Cabecera de la iglesia con girola)

(El río Deza encajado entre la vegetación)

(Paraje en la comarca del Deza)


Arriba, planta de la iglesia de Carboeiro donde se pueden observar el abocinamiento de la fachada occidental, los ábsides sobre la cripta, la nave del crucero, el grosor de los muros y los sistemas de abovedamiento. 

 (Cabecera de la iglesia)


martes, 15 de noviembre de 2011

Una puerta con relieves románicos en Novgorod

Novgorod es una ciudad del oeste de Rusia que ha tenido una importancia económica grande a lo largo de los siglos, muy particularmente durante la Edad Media. Prueba de ello son algunas obras de las que queremos destacar aquí una: la puerta esculpida con relieves en bronce en la catedral de Santa Sofía. El bronce fue fundido y una vez realizadas las figuras en los moldes, clavadas plas planchas en la puerta de madera.

La puerta es monumental, pues mide 3,60 metros de altura por 2,40 de anchura las dos hojas. Se encuentra en la fachada occidental de la catedral y el trabajo corresponde a un taller existente en la ciudad alemana de Magdeburgo. En la puerta están representados unos obispos del siglo XII. Norbert Wolf considera que estas puertas debieron llegar a Rusia en el siglo XIV.

Las figuras han sido representadas estilizadamente, aunque con el estatismo propio del románico: un personaje medio caído, una virgen sentada sobre un asno con el niño en el regazo, tomando a este como trono, los obispos citados, con un canon muy rígido y una composición cerrada. En algunos de los cuadros que forman la puerta hay inscripciones y el relieve es en ocasiones alto. Guerreros, un personaje sobre un carro que recibe la llamada divina, son algunos de los motivos.