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sábado, 24 de septiembre de 2022

El barranco de Babi Yar

 

Sergi Leznitsa, director de cine ucraniano, ha hecho una recopilación fotográfica y fílmica de primera importancia para reconstruir las atrocidades cometidas por los nazis desde el verano de 1941, primero en la parte oeste del país y luego en Kiev y en Jarkov, entre otras zonas[i]. Los filmes y las fotografías fueron obtenidos por los servicios de propaganda nazis, y desde 1943 por los soviéticos. Los ucranianos, que habían sufrido la hambruna y la inmisericorde opresión del estalinismo, caían ahora en manos de los nazis para volver más tarde a la situación de origen.

El 22 de junio de 1941 los blindados nazis entraron por la frontera oeste de Ucrania rumbo a Leópolis, una importante ciudad (hoy lo es más) de la histórica Galitzia, incorporando el territorio de su jurisdicción a la administración polaca, en manos de los nazis desde casi dos años antes[ii].

Jinetes, tanques, motoristas militares, camiones y cañones avanzaron por la geografía poniente de Ucrania arrasándolo todo: las aldeas fueron incendiadas, los campesinos apresados, asesinados si ofrecían la mínima resistencia, las vías de comunicación ocupadas, la ciudad de Leópolis no ofreció resistencia alguna; muy al contrario, no fueron pocos los que, apostados en las aceras de las calles, vitorearon al invasor nazi, luciendo galas regionales las jóvenes, aplaudiendo el gentío que, obviamente, no constituía el total de la población. Quizá los nazis fueron vistos como libertadores de la dictadura estalinista; se derribaron los retratos de Stalin y de Molotov, se pusieron grandes retratos de Hitler en las ventanas de los tranvías, en los edificios públicos, proliferaron las esvásticas, las señales de la ciudad, en alfabeto cirílico, fueron sustituidas por el alemán.

En aquel verano ucraniano, mientras los campos cultivados ardían, algunas explosiones en edificios notables de Leópolis, posiblemente obra de los nazis, fueron excusa para fusilar a los sospechosos o a los más significados colaboradores de la república soviética. Los lanzallamas hicieron su trabajo, la aviación filmó el aspecto desolado de la ciudad, atenazada por el miedo de una guerra de la que ya se sabía el horror en los últimos meses.

Los habitantes de Kiev, la capital política de la república soviética, se aprestaron a cavar fosos, con la tierra llenaron cientos de sacos que amontonaron a modo de empalizadas, construyeron paredones de madera para proteger su artillería… La ciudad presentaba un aspecto cetrino mientras las columnas nazis avanzaban sin resistencia. Inútil: los nazis se hicieron con Kiev y los impecables oficiales fascistas salieron sonrientes a los balcones y a las tribunas para saludar a la población. Repartieron credenciales a los habitantes que aceptaron el nuevo sometimiento que se imponía; sonreían unos y otros ante su suerte, salvadas por el momento sus vidas.

Pronto empezaron los cánticos nazis y las celebraciones en los foros públicos, las primeras órdenes, las detenciones de judíos, los desfiles por las calles, los acordes militares, los empujones y los abusos. Mujeres y hombres desnudos, niños asustados, madres apretujadas intentando encontrar unas en las otras la esperanza que les faltaba. ¿Qué se estaba viviendo? ¿Eran los nazis libertadores?

Entre el 29 y 30 se septiembre de 1941, poco más de tres meses después del cruce de la frontera, un “Sonderkomando” nazi, con la ayuda de dos batallones del Regimiento de la Policía del Sur y de la Policía Auxiliar de Ucrania (hasta ese momento al servicio del régimen soviético) fusiló a 33.771 judíos en un barranco llamado Babi Yar, al noroeste de la ciudad de Kiev, hoy ocupado por la trama urbana.

Se entró en las casas, se hicieron llamamientos para el personamiento de los judíos, se amenazó convenientemente: debían ir con ropa de abrigo, con alimentos y con sus bienes más preciados, de lo contrario… La comunidad judía se plegó ante la fuerza del enemigo y en aquellos dos días y sus noches fueron tiroteados con cadencia criminal y certera (un soldado testificaría, en 1946, que a él le correspondió fusilar a 120).

El barranco, tal y como se muestra en el film, es casi una gran depresión en medio de una meseta cortada. Allí fueron cayendo miles de judíos (y quizá algunos que no lo eran; hablemos desde ahora de seres humanos). Una madre, junto a otras, fue tiroteada pero las balas alcanzaron solo a su hijito, que llevaba en brazos. Ella se desmayó y quedó varias horas quieta hasta que pudo escapar, aprovechando la noche, para contarlo. Otros testigos han aportado, en un juicio que se produjo bajo control soviético en 1946, narraciones espeluznantes, escenas dantescas, horrores sin cuento.

Mientras tanto el avance de los nazis seguía hacia el Este del país; los servicios de propaganda lo filmaban todo para mostrarlo a los altos mandos anexos al Führer: ¡qué eficacia en el cumplimento de las ódenes, qué poderío, que lustre el de los oficiales, que aguerrida la tropa! Es para estar orgullosos de que toda la atrocidad pensada fuese siendo superada en el campo de batalla. Da igual si la población es civil o militar; lo importante es que cae sometida ante el armamento alemán.

Los que no murieron en el barranco de Babi Yar fueron rodeados por las moscas, ávidas de las pústulas, medio cubiertos por el barro, apenas reconocidos por sus familiares, temerosos de encontrar a uno de los suyos. Otros huyeron sin suerte, otros colaboraron mezquinamente, pero tenían un miedo atroz, tenían todo menos lo que un ser humano libre tiene. Aquellos miles de aldeanos, de empleados, de carpinteros, médicos, hojalateros, tenderos, obreros de la construcción, empleados de los servicios públicos, ferroviarios, peleteros, zapateros, enfermeros, madres, hijos mozos, niños con la mirada triste y el semblante sucio y desconsolado. Miles de muertos además de los que fueron cayendo en el barranco de Babi Yar.

El barranco de Babi Yar: en 1952 las autoridades locales ordenaron llenarlo de escombros dejando más sepultados aún aquellos cuerpos descarnados. ¿No tuvieron el valor moral de exhumarlos? ¿No tuvieron esperanza de que les fuese permitido por las autoridades soviéticas? Crímenes y más crímenes, vileza y más vileza; una naturaleza humana caída en la máxima depravación imaginable. En el film de Leznitsa se ve la miseria de unos y la miseria de otros, se ve la ignominia, el horror, la humillación infinita, la soberbia infinita.


[i] “Babi Yar. Contex”

[ii] Leópolis había sido ocupada por los soviéticos en 1939, en “virtud” del pacto germano-soviético para repartirse Polonia, a finales de junio de 1941 cayó en manos de los nazis, en el verano de 1944 volvió al control soviético.

domingo, 11 de marzo de 2018

El horror desde cerca




El Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid, muestra el horror de nuestra historia relativamente reciente entre el pasado mes de diciembre y el 17 de junio del presente año. El tren y los zapatos, estos son los dos elementos que la exposición sobre los campos de Auschwitz, y por extensión de todos los campos de exterminio, internamiento, concentración, etc. que llevó a cabo el nazismo, sintetiza de aquella monumental matanza.

Oswiezim es una pequeña población polaca, al sur del país, donde los nazis instalaron los campos para el mayor sufrimiento de judíos y gitanos, sobre todo. La ciudad se remonta al siglo XII como baluarte defensivo en una época de continuas guerras, pero su población era mixta (alemanes y polacos entre otros). Destruida a mediados del siglo XVII, luego quedó bajo dominio del imperio austro-húngaro. Famosa por la fabricación de vodka y otros licores, buena parte de la población vivía, por lo menos desde principios del siglo XX, del trabajo en la fábrica de una familia judía. Ahora Oswiezim es una plácida población a orillas del río Sola, muy cerca de su confluencia con el Vístula.

El lugar fue elegido por los nazis para construir cinco campos de concentración –en realidad de exterminio- y una prisión, de los que fueron liberadas las personas que no habían perecido a finales de enero de 1945, por uno de los ejércitos soviéticos al mando del mariscal Iván Kónev. Allí sufrió cautiverio Primo Levi, escritor que nos ha dejado testimonios espeluznantes de lo que vio y experimentó; pero también hubo gitanos, que llamaron porrajmos al exterminio que sufrió esta etnia a manos de los nazis. Se conservan algunas filmaciones sobre la vida de niños gitanos en un orfanato de la época.

La exposición muestra un buen número de carteles propagandísticos de los nazis en relación al territorio que habría de reconquistarse: no solo donde había mayoría de población alemana, sino aquellas tierras que antes habían sido alemanas y las que se necesitaban para esclavizar al mundo eslavo, judío y gitano. Debemos a Ludwig Neumann, fotógrafo alemán de origen judío, muchas fotografías que ilustran la vida durante el mandato de los nazis. Él mismo estuvo internado en Dachau durante poco tiempo.

En Auschwitz estuvo también Jan Komski, pero con nombre falso. Aunque consiguió escapar en 1942, pocos días después fue capturado, pero ahora con su verdadero nombre, lo que le libró de la muerte. A él debemos dibujos de la vida en los campos: cuerpos descarnados, miradas hundidas, semblantes sin esperanza, tristeza infinita…

En la exposición se ven botes del gas Zyklon B, fabricado con fines criminales por el conjunto de industrias colorantes, luego químicas, conocido como IG Farbenindustrie, del que formó parte la muy “respetable” Bayer, todavía hoy existente. Allí se habla de la conferencia de Wannsee, que preparó la “solución final” a principios de 1942, al suroeste de Berlín. El edificio de tres plantas, sobrio salvo en el centro de la fachada, con la cornisa curvada y dos columnas jónicas, no invita e pensar en tan atroces intenciones.

Pero también se nos habla de quien ha empleado parte de su vida a denunciar los crímenes del nazismo: es el caso, entre otros, de Serge Klarsfeld (su padre sufrió en Auschwitz la monstruosidad nazi). De origen judío y nacido a comienzos del III Reich, su labor de denuncia ha permitido poner al descubierto casos como el de quien llegó a ser Secretario General de la ONU, Kurt Waldheim, pero no solo. También tiene un interés extraordinario el álbum de Karl Hocker, conteniendo más de cien fotografías hechas por su autor durante su estancia en Auschwitz: “cámaras de gas y crematorios en donde diariamente se eliminan miles de vidas ante la pasividad y divertimento de los protagonistas de estas fotografías”. La exposición también muestra las viviendas de los militares al mando de los campos de exterminio, la felicidad de sus hijos, con árboles y piscinas, la pasividad de sus esposas, quizá orgullosas del estatus de sus maridos.

Enaguas, vestidos, batas de médicos asesinos, fotografías de nazis entregados a una causa terrible, gafas de los presos, objetos menudos de adorno o para ungüentos, cucharas, herramientas, una casa de barracón original, alambradas y postes, mil explicaciones, libros, objetos de culto judío, escenas de las costumbres gitanas, músicos para amenizar los pocos momentos de solaz, pero también piezas originales de los hornos crematorios, hierros, látigos…

La exposición, extraordinaria, permite interiorizar, mejor que de ninguna otra manera –como no sea habiendo vivido en aquellos campos de la muerte- lo que fue el holocausto, el régimen nazi, la locura de una población Europea que no podemos estar seguros de que haya aprendido la lección.


lunes, 1 de agosto de 2016

Pierre de Coubertin: no es oro todo lo que reluce



Si Pierre de Coubertin hubiera sabido que le quedaban pocos años de vida, probablemente no se hubiese prestado a la farsa que los colaboradores de Adolfo Hitler prepararon para los Juegos Olímpicos de 1936. Los nazis, como es sabido, llevaban tres años en el poder y ya habían demostrado cuales eran sus modos, su régimen… y aún quedaba lo peor. 
 
Exiliado en Ginebra vivía al parecer pobremente, además de sufrir algunas desgracias familiares que, sin duda, amargaron sus existencia. Es sabida su afición al deporte, no tanto por haberlo practicado cuanto por los esfuerzos que dedicó para reeditar los Juegos Olímpicos de la era moderna. 
 
El régimen nazi dividió a buena parte de la sociedad europea y americana –sobre todo- sobre la oportunidad de participar en las olimpiadas de 1936 en Berlín. El Gobierno francés, presidido por el socialista Léon Blum, llevó el asunto al Parlamento y allí se dio la misma división. España, por su parte, estaba en su particular guerra civil y no se planteo enviar a delegación deportiva alguna. 
 
Los colaboradores de Hitler veían peligrar los juegos en Berlín si las autoridades olímpicas decidían –presionadas- designar a otra ciudad, no alemana, para los juegos. Entonces es cuando la burocracia alemana se pone en marcha para viajar a Ginebra, entrevistarse con Pierre de Coubertin, ofrecerle una serie de reconocimientos y prebendas, una buena cantidad de dinero, a cambio de que con su prestigio en el mundo del deporte, apoyase los juegos de Berlín. Allí se discriminó a los atletas judíos y se utilizó a los negros para no caer en la evidencia más palpable. 
 
El barón aceptó: no sabemos si por las estrecheces económicas que pasaba o porque no tuvo especiales escrúpulos en apoyar a un régimen –implícitamente al menos- tan terrible como el nazi. Los reconocimientos a su labor a favor del deporte están fuera de duda, su comportamiento político es bastante más negro.

sábado, 3 de enero de 2015

El nacionalsocialismo llega a España


Un trabajo de Benjamín Rivaya (1) muestra cómo empezaron a llegar a España una serie de textos nazis a partir de 1933, sobre todo en el plano jurídico. Entre 1932 y 1933 -dice el autor citado- se publicaron en Alemania multitud de trabajos que vinculaban la filosofía y la ciencia del Derecho con el nacioalsocialismo. Uno de los autores fue Helmut Nicoali, que explicó la relación entre el partido único y el Estado. En realidad ya en España existía una experiencia con la dictadura de Primo de Rivera, pero no se había formulado doctrinalmente. Uno de los que se avino a recibir con satisfacción las ideas del derecho nazi fue Wenceslao González Oliveros, que ya había sido durante la dictadura de Primo gobernador civil de Jaén y tuvo otros cargos. Luego se afilió a la Unión Monárquica Nacional y en Acción Española. Finalizada la guerra de 1936 presidió el Tribunal de Responsabilidades Políticas hasta 1945, con lo que ya se puede valorar en manos de quien (quienes) cayeron los acusados de aquellos "crímenes".

Vicente Gay y Juan Beneyto tomaron "opción por el beligerante fascismo alemán". El primero ya había sido estrecho colaborador de la dictadura de Primo como Director General de Industria y más tarde publicó muchos artículos en favor de la Alemania nazi, participando en el alzamiento militar de 1936 en la provincia de Valladolid. Juan Beneyto publicó una obra en la que mostraba sus simpaías por el nazismo: "España y el problema de Europa", 1942, y durante la guerra civil estuvo al lado de los militares sublevados en San Sebastián, colaborando luego con el régimen del general Franco. 

Otra obra que contribuyó a la justificación del nacionalsocilaismo en España fue "El Estado nacionalista, totalitario y autoritario", publicada en 1940 por Luis del Valle Pascual. Este autor incluso se quejó de que no hubiese sido traducida al castellano "Mein Kampf", aunque esto ya se había producido en 1935, según Benjamín Rivaya, el cual indica que en 1937 ó 1938 hubo una segunda edición de la obra de Hitler. Desde antes de la guerra civil "solían editarse en catellano" discursos de Hitler y así hasta 1945.

A principios de 1939 la España de Franco había firmado con la Alemania nazi un "Acuerdo Cultural", lo que posibilitó que "la cosmovisión nazi" se introdujera en España abundantemente y para ello "se construyó una poderosa maquinaria propagandística". El autor en el que nos basamos para este resumen señala que "la organización nazi encargada de introducir en España su cultura, no solo la concepción que Rosenberg tenía de esta, ya existió durante la República y abarcaba muy diversos ámbitos (bibliotecas, películas, radio, turismo, publicaciones diversas, etc.". El mismo autor apunta la obra de Klaus Ruhl, "Franco, Falange y III Reich. España durante la II guerra mundial" que -entre otras cosas- trata de la embajada alemana en Madrid y las diversas organizaciones culturales nazis en España. Esta embajada editaba un boletín informativo, ASPA ("Actualidades semanales de prensa alemana"), que recibía gratuitamente quien quisiera.

Mayor importancia tendrá el "Instituto alemán de Cultura", que antes de la guerra se llamó "Centro Germano-Español": su finalidad era extender la cultura alemana en España, "la misma que tuvo la "Asociación Hispano-Germana" desde 1941, o el "Centro alemán de Intercambio univesitario de Berlín". Rivaya señala que "la punta del iceberb de la recepción del iusnazismo en España lo constituyó la traducción de La filosofía contemporánea del Derecho y del Estado" en 1942, donde este autor señalaba que el conociimiento podía ponerse al servicio de valores aberrantes.

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(1) "La reacción contra el fascismo (la recepción en España del pensamiento jurídico nazi), Revista de Estudios Políticos, número 100, abril-junio 1998.

martes, 8 de octubre de 2013

Nacionalistas bretones con los nazis


Duhamel, Marchal, Dabauvais, Millardet y Mordrel con otros nacionalistras bretones en 1927

Los diversos grupos nacionalistas bretones tendieron a agruparse en el Emsav. La tradición literaria y el sentimiento de que Bretaña era una tierra y una comunidad singular en el conjunto de Francia se remonta muy atrás en el tiempo. A finales del siglo XIX se formó la primera organización nacionalista y separatista que iría desarrollándose con el tiempo. En el período de entreguerras y muy particularmente desde 1930, los nacionalistas bretones mantuvieron relaciones con los nazis alemanes a quienes vieron como el principal soporte para conseguir sus fines. 

Los independentistas bretones nunca dejaron de ser una minoría en el conjunto de la población, pero se extremaron a partir de 1920 a partir de posiciones moderadamente autonomistas. Entre los diversos grupos que formaron el Ensav hubo matices que permiten diferenciarlos, desde los que consideraron a los nazis como un simple instrumento para conseguir los fines soberanistas hasta los que se identificaron con ellos admirando a la Alemania que se empezó a construir a partir de 1933. Incluso durante la II guerra mundial y tras la firma del armisticio por parte de Francia en 1940 el colaboracionismo nacionalista bretón fue evidente y gozó del apoyo de los nazis para sobrellevar la ocupación con ventajas sobre el resto de la población. 

Uno de los más importantes teóricos del nacionalismo bretón fue Roparz Hemon, escritor en lengua francesa y bretona que, luchando al lado de su pais en los primeros meses de la guerra, luego colaboró con los nazis y se mostró antijudío. Al terminar la guerra fue condenado y se exilió en Irlanda. Jean-Marie Perrot fue un sacerdote católico que colaboró también con los nazis durante la guerra hasta que fue fisilado por un grupo de comunistas franceses. Yann Fouréré colaboró también con los nazis hasta el extremo de que se vio obligado a huir del país en 1945.

Estos personajes basaban su nacionalismo -además de en aspiraciones políticas- en el pasado celta bretón, elemento que formaba parte de la mitología ideológica y que entroncaba a los antiguos habitantes de Bretaña con el conjunto de pueblos celtas prehistóricos.

Según ha estudiado José Antonio Rubio Caballero los nazis fueron partidarios de estimular los irredentismos exitentes en los países por ellos invadidos. Mordrel, "uno de los líderes de la línea más ferrea del Partido Nacionalista Bretón, dejó memoria de lo siguiente: Usted entiende, me dice Kraft [un miembro de las SS] que Bretaña representa para nosotros un enorme interés estratégico ... Necesitamos un hinterland seguro para avituallamiento y comunicaciones. Por eso construiríamos un estado bretón autónomo. 

De todas formas, una vez que se firmó el armisticio en 1940, dichas promesas se quedaron en nada, pues los nazis se dieron cuenta de que Mordrel y Dabauvais, dos dirigentes nacionalistas bretones, habían exagerado su fuerza, cuando en realidad eran una minoría en la región. De igual manera que en Bretaña también los nazis estimularon el nacionalismo alsaciano (aquí con más razón, pues se trata de una región anteriormente alemana. Algunos sirvieron de enlace entre Berlín y Bretaña, como Leo Weisgerber, Otto Abetz y Werner Best. El primero fue un especialista en celtismo (otra vez la pretensión de enlazar el celtismo bretón con el nacionalismo del siglo XX); el segundo era el embajador de Alemania en París y el tercero un jurista y militar de las SS.

"Justo antes de la guerra -dice José Antonio Rubio- los dirigentes del movimiento bretón, Olier Mordrel y François Debauvais, fueron acogidos en Berlín [y] planificaron la instauración de una república bretona bajo tutela alemana". No deja de ser contradictorio que unos nacionalistas se dejen tutelar por una potencia extranjera antes que por el estado al que pertenecían, a no ser que pesasen más los presupuestos ideológicos (fascismo) que el nacionalismo en sí. O bien que los nacionalistas bretones estuviesen utilizando a los nazis (vana ilusión) para sus fines. Por su parte, estudiosos del celtismo en las SS (organización alemana para el estudio de la raza aria) mantuvieron relaciones con los nacionalistas bretones. Así consiguieron estos que Radio Rennes emitiese programas en lengua bretona.

Se fundó así mismo el Instituto Céltico de Bretaña en 1941 con la colaboración alemana y Best "inspiró una relevante memoria favorable a la constitución de un estado bretón, en la que apelaba al carácter nórdico de Bretaña y a los beneficios estratégicos que le aportaría al Reich la soberanía de este país: La unión de la Europa no mediterránea es un gran espacio dirigido por Alemania pone al Reich en la obligación de proteger el espacio que domina contra ... poderes extranjeros... Para la salvaguarda atlántica de Alemania solo se presentan dos posiciones... : Noruega y Bretaña... Desde Bretaña se podría completar el cerco a Inglaterra... Es evidente que la liberal y parlamentaria Gran Bretaña no interesaba al nacionalismo fascista bretón. 

lunes, 26 de agosto de 2013

El intento de La Abwehr

Parece ser que la solidaridad entre los altos mandos del ejército alemán, durante los doce años de mandato de Adolf Hitler, jugó un papel determinante para que este no descubriese los muchos intentos que, en el seno del propio ejército, se fraguaron para acabar con el dictador. Obviamente no todos los generales alemanes estuvieron de acuerdo en atentar contra Hitler, pero muchos sí y se protegieron unos a otros aunque el nivel de compromiso fuese distinto. Si casi nunca llevaron a cabo el atentado definitivo -y cuando lo ejecutaron, como se sabe, fracasó- fue por la popularidad creciente de Hitler entre la población alemana, no solamente entre sus votantes, ya que excitó con éxito el nacionalismo al reocupar Renania, incorporar Austria y los Sudetes al Reich, acabar con el paro...

Tras la crisis de 1929, que afectó gravemente a Alemania al ser un país fuertemente industrializado, el régimen democrático se desacreditó entre amplios sectores de la población -y esto no ocurrió solo en Alemania- con lo que unas políticas de fuerte intervención estatal en la economía (se obligó a las empresar a contratar trabajadores con salarios más bajos) muchas mujeres fueron destinadas al trabajo en el hogar, se desposeyó de los trabajos a los judíos para que los ocupasen alemanes no judíos (así mismo otras minorías como los gitanos) se hicieron fuertes inversiones en obras públicas (autopistas) y en armamento... Todo ello contribuyó a la disminución drástica del paro.

La Abwehr fue un servicio de inteligencia alemán que se creó en el año 1921, por lo tanto en época democrática, aunque luego Hitler le cambió el nombre y los objetivos. Desde 1935 estuvo al frente de la Abwehr el almirante Canaris, que no era nazi pero tenía una gran experiencia en espionaje por su larga trayectoria desde la primera guerra mundial. Tuvo que esforzarse para que el organismo no cayese bajo la influencia de otros servicios de espionaje alemanes. A sus órdenes estuvo Hans Oster, furibundo opositor a Hitler y al nazismo. Como militar -igual que otros- o renunciaba a su profesión y estatus o sería perseguido y ejecutado, pues realmente una oposición abierta contra el nazismo no la hubo salvo en contadas ocasiones. La Abwehr, como otros militares y organizaciones más o menos inconexas, actuó siempre en la sombra y consiguió mantener ocultas sus intenciones de atentar contra Hitler.

La invasión de Checoslovaquia en 1938 colmó el vaso de la paciencia para algunos miembros de la Abwehr: los conspiradores para acabar con Hitler fueron Canaris, Ludwig Beck, Oster, Gisevius y Weizsäcker; el método sería un golpe de estado que creían sería bien visto por las potencias occidentales, aunque estas nunca prestaron atención a los intentos de militares alemanes en este sentido, a pesar de que en varias ocasiones los gobiernos británico y francés fueron advertidos de las intenciones expansionistas de Hitler y de la necesidad de su derrocamiento. Puede que la Conferencia de Munich, propuesta por Mussolini y en la que participaron Gran Bretaña, Alemania, Italia y Francia, desactivase los planes de la Abwehr, pues al llegar a un acuerdo sobre las pretensiones alemanas en Checoslovaquia, no era el momento más adecuado para un golpe si Hitler se había reforzado interna y externamente.

El comienzo de la guerra en 1939, verdadera causa de la oposición del servicio de inteligencia a los planes de Hitler, ya que consideraban sus miembros que no sería posible la victoria y sí en cambio grandes sufrimientos para el pueblo alemán, reactivó los esfuerzos de los miembros de la Abwehr para dar un golpe de estado e incluso Oster llegó a advertir a los gobiernos belga y holandés de que corrían el peligro inminente de la invasión alemana, pero estos gobiernos no le creyeron. No se trata de que los gobiernos occidentales no creyesen posible la invasión alemana, sino que no creyeron a los miembros de Abwehr. Cada vez que este servicio de espionaje -o sus más importantes miembros- estaban a punto de ejecutar sus planes, un accidente interno o externo venía a hacerlos inoportunos o sin garantías de éxito. Se perdieron así dos años clave para que Europa se librase de una guerra, que con Hitler en el poder fue inevitable.

sábado, 11 de mayo de 2013

La división del movimiento obrero en Alemania


Las simplificaciones que siempre se han hecho sobre la división de la sociedad en clases han venido a distorsionar la percepción de la realidad, pero la realidad sigue ahí, terca y sin dejarse arrinconar. La "clase obrera" no es un concepto unívoco, entre otras cosas porque muchos de los que han colaborado con ella no pertenecen a sus filas (intelectuales, personas guiadas por un sentido ético de la vida, etc.) y con la complejidad de las condiciones materiales de vida el movimiento obrero ha tendido a escindirse en varias ramas con matizadas posiciones e incluso con enfrentamientos más propios de quien lucha contra el enemigo de clase. 

Una de las etapas históricas en las que es más visible la división del movimiento obrero es en la Alemania de entre guerras. Los espartaquistas consideraron pronto a los socialdemócratas traidores a la clase a la que teóricamente decían representar, pero lo cierto es que el SPD alemán siempre tuvo muchos más apoyos entre los trabajadores que cualquier otra organización de izquierdas. Cuando en 1921 el congreso de la Internacional Comunista apruebe para los países capitalistas el "Frente Único Obrero", nada podía ser más ficticio. Y lo era porque la misma revolución soviética contribuyó a escindir el movimiento socialista, que ya lo estaba con la rama libertaria campando por sus respetos. ¿Como no alentar a un sector del socialismo europeo -y alemán por tanto- el que una revolución popular, aunque con la decisiva participación de parte del ejército, hubiese derrotado al zarismo, a la aristocracia, al capitalismo en Rusia y los territorios a ella adheridos?

La división del movimiento obrero en Alemania, como en el resto de Europa, no fue un capricho sino el resultado de acontecimientos históricos de trascendencia extraordinaria. Y cuando décadas más tarde se compruebe que aquella revolución soviética no era la que se había soñado (con excepción de las burocracias respectivas y sus seguidores paniaguados) las cosas volvieron a su cauce: muchos comunistas predicaron el socialismo "de rostro humano", volvieron a la socialdemocracia y/o crearon partidos que intentaron imitar las políticas del viejo SPD, a la postre el tronco del socialismo europeo por lo menos en el continente. 

Si el nacimiento de la URSS constituyó un factor de división en el movimiento socialista, el fascismo en general y el nazismo en Alemania contribuyeron también a aquella división. Primero porque ni unos ni otros (socialistas, comunistas, libertarios... ni tampoco las organizaciones conservadoras) entendieron que era aquello del fascismo hasta que se vieron sus resultados. Algunos teóricos han desarrollado interesantes aportaciones acerca de lo grave que fue esto, pues de haberse sabido cabalmente en que consistían los diversos fascismos que se abrían camino en Europa quizá se les hubiese podido combatir mejor. Las catástrofes de la primera guerra mundial y la crisis económica de 1929 hicieron lo suyo para desacreditar a la democracia, al liberalismo, a los sistemas parlamentarios y a quienes participaban en ellos, los socialistas también. 

El gobierno francés, con su chauvinismo, contribuyó a excitar el nacionalismo de muchos alemanes. La ocupación del Ruhr, después de la gran guerra ¿no se ha de considerar como una acto de bravuconería, violando el derecho y pisoteando un principio fundamental de la Sociedad de Naciones? Poincaré pudo satifacer los bajos instintos de muchos franceses, pero ni contribuyó a la paz ni a aliviar el sufrimiento de la población alemana, que sufriría una inflación rayana en la miseria. Si en 1919 los votos obtenidos por socialistas y comunistas sumaba el 45%, cinco años más tarde cayó al 33%. No es la única causa, porque hay razones económicas que explican el apoyo del SPD al partido del Centro Católico a partir de 1925, pero aquel sigue siendo el más fuerte del país y sobre todo en Prusia. Mientras tanto la política de Moscú con respecto al movimiento socialista occidental contribuye más a su división, al considerar -y así se reciben las consiganas en los partidos comunistas- que el fascismo y la socialdemocracia son hermanos "gemelos", y a partir de aquí el enemigo principal es el SPD. ¡Que poco se sabía de lo que representaba en nazismo!

Cuando el comunista alemán Thaelmann diga que "la dominación fascista ha sido ya establecida en Alemania por medio del gabinete de coalición de Mueller", del SPD, no queda ya casi nada para que la desunión sea total. Aunque el sindicalismo está todavía en manos del SPD, algunos autores han podido comprobar que los nazis tenían organizados a cien mil hombres que formaban parte de las Secciones de Asaltao, la violencia nazi por excelencia. Se valoró poco entonces lo que repesentaba el nazismo, porque de haberse sabido ¿se habrían permitido socialistas y comunistas debilitarse mutuamente? La cercana presencia de Moscú, posiblemente, hizo que las cosas no pudiesen ser de otra manera.

viernes, 26 de abril de 2013

Las víctimas del agente E. 8.005

Julián Zugazagoitia, a la derecha, junto a F. de los Ríos
En medio de un apretado caserío se encuentra hoy la prisión de La Santé, en París. Tiene la misma forma que otras en distintos países, con varios cuerpos que convergen en uno central, de planta circular. Construida sobre el solar de un antiguo convento y una casa de salud aún anterior, cuando Francia fue ocupada por el ejército nazi fueron encarcelados aquí exiliados españoles que habían elegido Francia para huir de la represión franquista, entre ellos el que había sido presidente de la Generalitat de Cataluña, Lluis Companys. De allí le le sacó el agente E. 8.005 de acuerdo con las autoridades alemanas para entregarlo en Irún a las autoridades franquistas. Poco después y sin garantías jurídicas, Companys fue fusilado sin piedad alguna. No había cometido crimen alguno. 

Otros destacados españoles que se refugiaron en Francia tras la guerra en 1939, sin saber que dicho país iba a ser ocupado por el ejército alemán, fueron el socialista Julián Zugazagoitia, Mariano Ansó, Juan Morata, Josep Tarradellas y Manuel Portela Valladares. No fueron los únicos aunque la notoriedad de otros fuese menor. Zugazagoitia fue detenido en París por el agente franquista E. 8.005, que había sido policía en España durante la II República y luego sirvió con toda la saña al régimen de Franco. Tampoco Zugazagoitia había cometido crimen alguno, pero sería fusilado en España en cuanto fue entregado por el agente E...

Portela Valladares, hombre templado donde los haya, fue apresado también en Francia con la colaboración del agente español, pero la solicitud de los franquistas de que fuese extraditado a España no fue atendida. Vivía exiliado en Bandol, pequeña localidad provenzal cercana a Marsella.

Este afán por perseguir y  apresar exiliados, fusilarlos sin garantías y sin que consten crímenes en su contra, ha sido una constante durante el primer franquismo, pero también con posterioridad, aunque con menos éxito. Al fin y al cabo las potencias fascistas habían sido vencidas de forma definitiva en 1945 y Franco tuvo que contentarse con el aislamiento a que fue sometido su régimen por algunos años. Los españoles seguirían aislados mucho más tiempo.

¿Quien fue el agente E. 8.005? Su identidad corresponde, como se supo pronto, a Pedro Urraca Rendueles, muerto en 1989, ya anciano, pero oculto a la opinión pública, secretos sus papeles para los investigadores y protegido por el régimen de Franco y luego por la legislación que obliga a no abrir los archivos para su estudio hasta transcurridos venticinco años desde el fallecimiento del potencial investigado. Este plazo está a punto de cumplirse, pero mientras tanto solo mediante la documentación existente en Francia, ha sido posible saber sobre sus correrías y vilezas. 

Las autoridades franquistas no se contentaron con llenar de cadáveres las cunetas (los republicanos exaltados también lo hicieron pero no las autoridades de la II República). Los criminales que ganaron la guerra civil en 1939 establecieron un sistema de persecución de exiliados, ya durante la guerra pero más todavía una vez acabada esta y cuando la amistad con Hitler y Mussolini brindaba ahondar más en el crimen y la persecución. El agente E. 8.005 fue condenado a muerte en Francia en 1948 pero consiguió huir a España y aquí fue tratado, al parecer, a cuerpo de rey, hasta el punto de que trabajó en la embajada de España en París cuando las relaciones entre España y Francia fueron normalizadas. Además, en el país vecino había sido amnistiado en 1953. 

Hoy se sabe que las ciudades de Toulouse, Perpiñán y Marsella fueron centros desde donde se dirigió la persecución y apresamiento de exiliados españoles a partir de 1939. El agente E. 8.005, mientras vivió en París, se quedó con un piso de una familia judía apresada por los nazis: sin escrúpulos, acostumbrado como estaba a la delación, a la persecución, a la colaboración con el crimen. Uno de los objetivos de la red en la que participó Urraca Rendueles fue evitar que los exiliados españoles en Francia pudiesen pasar a México, donde las autoridades eran contrarias al régimen de Franco y no extraditaron nunca a ningún español por razones políticas. 

El historiador Josep Benet ha estudiado, hasta donde ha podido, las "peripecias" de este siniestro personaje y en algún lugar leí que una tesis doctoral está inédita pero preparada para salir a la luz sobre la represión de los exiliados españoles en Francia (su autor es Guixé Corominas). Las características de la transición española a la democracia durante los últimos años setenta y ochenta del pasado siglo, entre las que está la vigilancia de viejos militares que habían participado en la guerra civil, ha hecho que las autoridades españolas no hayan puesto el interés que merece el que se descubran los crímenes cometidos en aquella época, tan negra y feroz como Pedro Urraca Rendueles, el agente E. 8.005.

domingo, 23 de septiembre de 2012

"Wölkisch" y nazis

Adolf Bartels (1862-1945)
Dentro de la constelación de exaltados, nacionalistas, antisemitas, racistas y demás especies parecidas, se encuentra Afolf Bartels, que en su larga vida realizó una fructífera labora en defensa de sus ideas, las cuales contribuirán al racismo y al nazismo del siglo XX. Vivió lo suficiente para ver la destrucción de aquella Alemania que él había imaginado superior, sobre todo si tenemos en cuenta sus estudios sobre el campesinado alemán y la fundación (a él debida) de la Confedración Alemana de Schiller en 1907. Historiador de la literatura, periodista, novelista y poeta, fue mentor de los racistas wölkisch que luego se relacionarán con los nazis. 

(Incompleto)

viernes, 20 de julio de 2012

Los caballeros teutónicos y las SS

Castillo de Wewelsburg
Son sabidos los orígenes esotéricos del nacionalsocialismo alemán y que cuando surge el partido nazi existía en Alemania un caldo de cultivo propicio para la exaltación patriótica, máxime con la derrota en la primera guerra mundial. La búsqueda en el pasado de las glorias germánicas y, por derivación, en una serie de mitos que, con fundamento o sin él, dieron pábulo a toda una mística con objetivos múltiples, se sacralizó, en cierto modo, a los elegidos para la defensa y mantenimiento del III Reich y se revistió con ello de misterio, es decir, de religiosidad, a un estado que no podría apoyarse en ninguna Iglesia o confesión porque aquel se apartaba a pasos agigantados de cualquier credo. 

Himler (el jefe máximo de las Waffen-Schutzstaffel o SS, ejército del partido nazi al margen del ejército nacional alemán) aunque era de formación cristiana, creyó que equiparar a su ejército con la medieval orden teutónica, era una buena idea, una especir de caballeros soldados y monjes, los mejores y elegidos para misiones que otros no podrían llevar a cabo. Los caballeros teutónicos se formaron como orden en Palestina a finales del siglo XII y solo admitía a alemanes. Tras la ocupación de su sede-castillo en "Tierra Santa" por los musulmanes construyeron otro castillo en Transilvania y los teutónicos participaron en la cruzada prusiana junto con las monarquías sueca, danesa y la Orden de Livonia. Llegaron a formar en la edad media un estado al este del Báltico, comprendiendo un territorio inconexo formado por regiones que hoy pertenecen a Estonia, Livonia, Curlandia y Prusia oriental. Los territorios de Lituania se interponían casi hasta el mar, dando discontinuidad al estado teutón.

Ver un mapa de la época medieval permite comprender el por que -en parte- del posterior "corredor de Danzig", pues Polonia se interponía entre la Prusia Oriental y el Sacro Imperio Romano-Germánico. La cruz de Hierro que las autoridades nazis imponían a sus héroes está inspirada en la cruz teutónica medieval. Cuando los teutones no pudieron seguir manteniendo el castillo de Bran, en Transilvania, construyeron otro en la actual Renania del Norte-Westfalia, en el pueblo de Wewelsburg, curiosamente en la parte occidental de Alemania.

Cripta del castillo
El castillo de Wewelsburg fue elegido por Himler para reconstruirlo con una estética grandiosa, de planta triangular y flanqueado por tres gruesas torres en cada uno de sus vértices. Una gran sala fue el lugar de reunión de las más altas autoridades SS y, bajo ella, una cripta (otra referencia al ocultismo) con un fuego sagrado que se encuentra en multitud de civilizaciones antiguas. Este castillo fue el lugar de culto para los miembros de las SS, teniendo en cuenta que -tras la desaparición de las SA en 1934- dicho ejército de elegidos constituía la elite de lo que los dirigentes nazis querían para Alemania. Fue aceptada por el ejército en general, contrariamente a las SA, formadas por nazis embrutecidos y que cumplían funciones de choque con la población. 

Himler ya tenía su orden teutónica rediviva, de la que se valió para acabar violentamente (la "noche de los cuchillos largos") con las SA y para toda la serie de atrocidades que son bien conocidas. Por ese misticismo que el nazismo tuvo desde el principio vinieron las depuraciones de todo aquel que no tuviese sangre germánica pura, de todo aquel que sufriese enfermedad, estuviese disminuido, perteneciese a otras nacionalidades y de otras etnias. De la mística medieval, con unos caballeros-monjes dedicados a la guerra y a la caridad, se había llegado a las SS por obra y gracia de una total dislocación de la historia, de la realidad y de la razón.

sábado, 11 de febrero de 2012

Juicios en Dachau

Campo de concentración de Dachau (sur de Baviera)

La región natural de las Ardenas está formada por pequeñas alturas de no más de 690 metros (el Signal de Botrange algo más, es la cumbre de Bélgica, en el extremo oriental del país). El paisaje es boscoso, recorrido por el río Mosa, que forma meandros frecuentemente. Procedente del norte de Francia, entra en Bélgica por la región de las Ardenas hasta llegar a Namur, luego pasa por Lieja, forma frontera con Holanda y desemboca al sur de éste país en un amplio esturario. El paisaje está muy humanizado, con poblaciones pequeñas en los valles; las casas y los edificios públicos, religiosos y civiles, muy cuidados. Las Ardenas se extienden por Luxemburgo, el este de Bélgica y un pequeño territorio al norte de Francia.

Entre las poblaciones históricas de Las Ardenas están Eupen y Malmedy, pasadas a la soberanía de Prusia con la derrota de la Francia napoleónica y la celebración del congreso de Viena. Vueltas a la soberanía belga tras la primera guerra mundial por medio de sendos plebiscitos, sería suficiente para que la Alemania de Hitler las ocupase al comenzar la segunda guerra mundial al considerarlas prusianas. Finalizada ésta, tendrían lugar en el campo de concentración de Dachau, al sur de Baviera, unos juicios muy controvertidos que arrojaron luz sobre cierta matanza de soldados norteamericanos en diciembre de 1944 a manos de soldados alemanes. Hoy se sabe que aquellos soldados eran prisionero que, al intentar escapar, provocaron los disparos alemanes, pero otra matanza -que se ocultó durante cierto tiempo- la produjo la aviación norteamericana al bombardear Malmedy por error, muriendo más de cien civiles y siendo heridos gravemente otros tantos. 

Horno crematorio en Dachau
Todo esto salió a la luz durante los juicios de Dachau, donde los fiscales y jueces fueron exclusivamente norteamericanos: se acusó a unas 1.600 personas de crímenes de guerra, genocidio y otras monstruosidades, siendo condenados muchos a morir en la horca y otros a cadena perpetua. No obstante, las condenas a muerte fueron conmutadas por cadena perpetua, aunque uno de los máximos responsables por parte alemana se encontró ya en libertad en 1956. Los condenados fueron encerrados en la cárcel, al sur de Baviera, donde Hitler habia estado tras el intento golpista de 1923, y había escrito su libro "Mi lucha", en Landsberg am Lech. Es un edificio macizo, de tres plantas, con torres cilíndricas en las esquinas coronadas por cúpulas bulbosas. Hoy presenta el aspecto sórdido que siempre debió de tener, sin estética alguna, como si se hubiese querido adaptar al destino que tendría.

lunes, 31 de octubre de 2011

Magnum Crimen

 El libro publicado por el sacerdote católico Victor Novac, en 1948, sobre la complicidad del clero croata con el régimen fascista de Ustasa durante la segunda guerra mundial, ha sido siempre motivo de gran controversia. El libro es la tercera parte de una trilogía y en él se aborda el comportamiento de la Iglesia católica en el Imperio Austro-húngaro, ya que Croacia formó parte de él hasta 1918, y luego en el reino de Yugoslavia, del que también formó parte Croacia. 

Quienes han estudiado el libro de Novac y los hechos que en él se narran, no han llegado a un acuerdo definitivo, pero es cierto que no todos han seguido una metodología histórica rigurosa. El nacionalista Tudman, fallecido hace unos años, no aporta datos suficientes para que su versión contraria al libro tenga visos de credibilidad. Desde el campo del periodismo también se ha juzgado al libro de Novac de diferente manera; algunos consideran -por la fecha en que fue publicado- que influyó en los enjuiciamientos tras la guerra mundial y otros admiten una clara complicidad de la Iglesia católica con el nacionalismo croata y con los crímenes cometidos por los diferentes regímenes desde el siglo XIX hasta 1945 contra minorías, particularmente la judía y la gitana.

Lo cierto es que el libro fue escrito por un sacerdote católico en un momento de madurez intelectual y después de servir a la Iglesia durante muchos años. Por otra parte, las responsabiliades del arzobispo Stepinac y del dirigente de Ustasa, Pavelic, ya han sido demostradas incontrovertiblemente. 

No es el único país, Croacia, ni el único estado, Yugoslavia, donde una Iglesia ha pretendido encarnar la identidad nacional: en la España de Franco tenemos un ejempo que coincide en el tiempo con el de la Ustasa de Pavelic; es más, la ideología difusa de Franco, que primero se apoyó en la fascista Falange, en la gran patronal, sobre todo agraria, en la Iglesia y siempre en el ejército, derivó hacia un régimen autoritario y católico por definición, es decir, no se trata ya de que la mayoría de la población española fuese católica, sino que el régimen se definía como tal y actuaba identificando al Estado con la Iglesia romana. Otro tanto podemos decir, por lo menos desde el siglo XIX, del caso irlandés, y de Polonia en lucha contra el régimen comunista impuesto tras la segunda guerra mundial.

Lo que diferencia al caso croata es la extremosidad con la que se empleó parte del clero católico, sobre todo por la influencia de su jerarquía, en la persecución y exterminio de judíos, serbios y gitanos. Los crímenes cometidos por la Ustasa no tienen nada que "envidiar" a los de la Alemania nazi, a no ser que en Croacia nunca se llevó a cabo una "solución final", pero ello porque el régimen del país quizá nunca tuvo la capacidad organizativa que dio a Alemania el Partido Nacional Socialista. 

Stepinac fue considerado culpable de crímenes muy graves, a pesar de su condición de arzobispo, y condenado a 16 años de prisión que no cumplió sino en una pequeña parte. Pavelic encontraría refugio en la España de Franco, único país donde se sintió a salvo -además de en Argentina, provisionalmente- y en aquel país murió. En la fotografía de arriba, Pavelic y Stepinac, colaboradores durante la segunda guerra mundial.

Jasenovac

Si se viaja desde Zagreb en dirección a Belgrado, se llega, muy pronto, a cruzar el río Sava, que nace en Eslovenia, atraviesa el centro de Croacia, forma frontera con Bosnia y pasa por el norte de Serbia antes de desembocar en el Danubio. A unos cien kilómetros desde Zagreb en esta dirección econtramos el monumento que se ha erigido en memoria de las víctimas durante la segunda guerra mundial, que fueron exterminadas en número indeterminado en el campo de concentración de Jasenovac, a orillas del río, uno de tantos lugares de muerte que el siglo XX ha conocido. 

Se trata del campo de exterminio donde más personas murieron en la Croacia ocupada y colaboracionista con el régimen nazi, y su obra corresponde al partido ultranacionalista y pro-nazi Ustasa, siendo su dirigente más notable Ante Pavelic, militar croata. El campo fue fundado en 1941 y alli murieron sobre todo serbios (recordar el genocidio llevado a cabo por dirigentes serbios hace unos años es oportuno) a quienes se hizo responsables de la colaboración con las potencias occidentales: históricamente Serbia ha sido aliada de Francia, mientras que Croacia lo ha sido de Alemania (la rapidez con que Hemut Khol, canciller alemán, reconoció a Croacia como estado independiente a principios de los años noventa pasados es también oportuno). 

Gentes de toda condición, ya por su raza, cultura, nacionalidad, ideas, resistencia a la opesión, fueron víctimas, que se calculan, hasta 1945, entre 400.000 y 700.000 (la enorme diferencia entre estas dos cifras no hace menos trágica la masacre). Los judios, esparcidos por toda Europa, también fueron víctimas en gran número, gitanos y musulmanes (dada su presencia en los Balcanes por la dominación otomana hasta 1918) eslovenos, bosnios y milicianos resistentes a la ocupación nazi y al régimen criminal de Ustasa. 

Si nos desviamos algo de esta ruta llegaremos a Sisak, donde había campos para niños y mujeres. En realidad Jasenovac, como ocurre en otros campos de Polonia, Alemania, Austria, etc. es el nombre que reciben un grupo de campos, siendo el mayor el de dicho nombre. Se ha calculado que la crueldad practicada en él supera a la de otros, siendo de los primeros por el número de víctimas. 

Hoy reina un silencio apacible; la tensión la pone el ánimo del visitante, contrastando con el ruido de fusiles y pistolas, golpes y gritos que durante cuatro años asolaron el esapacio y las vidas. Abajo, una de las entradas al campo de exterminio de Jasenovac.



domingo, 30 de octubre de 2011

Pío XII y el Holocausto

Algunos autores como Blet señalan que si el papa no condenó el holocausto fue debido a que no se conoció en su escala terrible hasta el final de la guerra, lo que veremos no es cierto a juicio de otros autores. Es lógico que tras la guerra se descubrieran más atrocidades de las que se conocieron durante ella pero, como se verá, el papa tuvo conocimiento de masivas deportaciones, sufrimientos y muertes de judíos por lo menos desde el año 1942, sin perjuicio de conocer la naturaleza del régimen de Hitler antes de 1939. Contrariamente a Blet, Cornwell señala que el Vaticano estaba al corriente de lo que ocurría en Alemania durante la guerra y en los campos de exterminio. Esta autor señala un claro antisemitirmo en Pio XII que se percibe en la documentación que maneja. Debe tenerse en cuenta que es el Concilio Vaticano II, iniciado por el papa Juan XXIII, sucesor de Pío XII, quien elimina ese antisemitismo oficial de la Iglesia católica: si los judíos crucificaron a Jesús de Nazaret (el gobernador romano fue el que dio la orden) Jesús, María y los demás personajes del Nuevo Testamento eran judíos. Ser antijudío era, por tanto, una contradicción. El antisemitismo no fue exclusivo del papa Pío XII, sino que estuvo, desde muy antiguo, enraizado en la Iglesia católica. Por otra parte Eugenio Pacelli (Pío XII) sentía una especial simpatía por Alemania -lo que no quiere decir por el régimen nazi- desde 1917 en que estuvo destinado en Baviera como nuncio, siéndolo luego en toda Alemania. 

El estatuto especial del que gozó el Vaticano durante la segunda guerra mundial hizo posible que diplomáticos de países occidentales permanecieran en Roma durante la contienda, en la que Italia figuraba como enemiga. Estos diplomáticos se convirtieron en testigos de primer orden en relación al conocimiento que se tenía en Roma de lo que ocurría en Alemania.

Lapide maneja documentación judía y es de especial importancia la documentación diplomática británica del Public Record Office y la francesa del Quai d'Orsay, la cual maneja Chadwick. Al terminar la guerra el Vaticano se lanzó a la publicación de una extensa obra en once volúmenes. Según Fernández García los más interesantes para el asunto que nos ocupa son los tomos II (cartas de Pío XII a los obispos alemanes) IX y X (que acreditan gestiones del Vaticano a favor de las víctimas de la guerra).

Uno de los argumentos de los historiadores que disculpan o justifican la acción de Pío XII es que estuvo obsesionado por mantener una posición de neutralidad, la cual es uno de los objetos del debate, pues se puede cuestionar dicha neutralidad dada la distinta naturaleza de los contendientes. De todas formas, el hecho de que entre los países aliados occidentales estuviese también la Unión Soviética explica que el papa se moviese entre dos regímenes que podría considerar odiosos: el nazi y el comunista. La neutralidad se explicaría no solo por econtrarse enfrentados los soviéticos y los nazis, sino porque un pronunciamiento del papa contra las autoridades alemanas podría acarrear persecuciones y muerte a más judíos y a católicos en los países ocupados. En esta neutralidad influyeron mucho el Secretario de Estado Maglione y sus sustitutos Tardini y Montini (este último futuro Pablo VI). A iniciativa del barón Kallay, Presidente del Consejo húngaro, en febrero de 1942, pidiendo al papa que denunciara la amenaza bolchevique, este respondió un año después diciendo que la "Santa Sede no cerraba los ojos ante el peligro comunista, pero que no podía renovar la condena pública sin hablar al mismo tiempo de la persecución en curso de los nazis". Por lo tanto en 1943 ya sabía el papa lo que pasaba en Alemania y veremos que también bastante antes.

La obra de Friedländer se apoya en los informes de los embajadores alemanes, donde se transparenta la germanofilia del pontífice. Este autor comprobó que desde diversas instancias se pidió la intervención de Roma, mientras que Pinchas E. Lapide, cónsul israelí en Milán, afirma que Pío XII había hecho más gestiones en defensa de los judíos que cualquier organización humanitaria. Fijémonos que este autor dice "gestiones", es decir, siguiendo la vía diplomática o bien recurriendo a actividades humanitarias, pero no habla de una denuncia pública. Otro aspecto muy negativo para el papa fue la masacre cometida por tropas alelanas de ocupación en Roma el 24 de marzo de 1944 (crimen de las Fosas Ardeatinas): fueron asesinados 335 civiles italianos como respuesta al grupo partisano Azione Patriótica. Robert Katz señala que Pío XII buscaba el respeto a la extraterritorialidad del Vaticano y, sabiendo de antemano la operación que se iba a llevar a cabo, no intervino. No existen pruebas irrefutables de que el papa lo supiese de antemano, pero Walter Laqueur llega a señalar que el pontífice tenía conocimiento incluso de la "solución final".

Cualquiera que se acerque a este tema verá que hubo diferentes actitudes entre los obispos y los católicos en general: el cardenal Faulhaber fustigó la ideología nazi y su sucesor, Döpfner, que participó en el Concilio Vaticano II, en marzo de 1964, desde el púlpito de la iglesia de San Miguel de Munich, dijo: "el juicio retrospectivo de la historia autoriza perfectamente la opinión de que Pío XII debió protestar con mayor firmeza". Los obispos belgas protestaron contra la persecución a los judíos durante la guerra; luego si ellos sabían lo que etaba pasando, también el papa. Algunos nuncios, entre los que se encuentra Roncalli en Turquía (futuro Juan  XXIII) denunciaron publicamente el trato dado a los judíos y al régimen nazi saltándose las normas que recibían de Roma. Sin embargo el Presidente eslovaco, Josef Tiso, sacerdote católico, colaboró con los nazis, y el régimen croata y muchos católicos persiguieron a los cristianos ortodoxos quemando centenares de sus iglesias y asesinando a centenares de millares de fieles de este culto. El Ustase fue el partido nacionalista, de filiación católica y pro nazi que propició esta barbarie. Está documentado que entre los verdugos figuraron sacerdotes católicos, seguramente una minoría. Sobre la actitud de los católicos en Croacia también guardó silencio Pío XII, simpatizante con los regímenes fascistas y autoritarios que proliferaron en Europa durante el período de entre guerras.

Pacelli, siendo Secretario de Estado, gestionó el Concordato que la Iglesia firmó con Hitler, pero ello no evitó la detención de sacerdotes católicos en Alemania, que fue denunciada por el nuncio en Berlín, Orsenigo, no secundado por Roma. El primado de Polonia, cardenal Hlond, suplicó en vano una toma de posición del papa (agosto de 1941) con lo que vemos que ya entonces se conocía en el Vaticano lo que estaba sucediendo en dicho país. También había arreciado otra protesta en Holanda contra las actividades de los nazis, pero durante la guerra el pontífice entendió que el mayor peligro para Europa no se localizaba en el nazismo, sino en el bolchevismo, hasta el punto de que a principios de 1944, cuando ya eran conocidas las atrocidades nazis, el papa pidió una "paz de compromiso que excluya la exigencia de responsabilidades de guerra". El silencio del papa continuó a principios de 1945 en "respuesta" a las súplicas del Consejo Mundial Judío y la Cruz Roja para que intercediera.

La obra de Falconi dedica especial atención al caso de Polonia. Las cartas de Pacelli al primado, cardenal Hlond, demuestran que tenía perfecto conocimiento de la situación, que fue completado por el informe detallado que recibieron monseñor Montini y el papa en septiembre de 1943. Fernández García, citando a Chandwick, señala que sobre las deportaciones judías de 1942, en el momento en que se definió la "solución final", la obra de este último refuta irrebatiblemente la tesis del desconocimiento de la situación en el Vaticano, y Annie Lacroix-Riz ha consultado una documentación que incluye instrucciones del Vaticano al episcopado polaco exhortándole a la colaboración con el ocupante. En mayo de 1942 se tuvo noticia de la deportación de 80.000 judíos eslovacos a Polonia, un destino que equivalía a la muerte.

En septiembre de este mismo año el embajador en Roma de un país neutral, Brasil, transmitió al papa noticias sobre el holocausto. El papa le contestó que ya había hablado y que no podía ser más claro porque perjudicaría a las víctimas, mostrándose partidario de la ayuda en privado a los que sufrían. El embajador inglés, Osborne, llegó a hablar de "atrofia moral del papa". Cuando a finales de 1942 Pacelli sale de su mutismo para evitar el bombardeo de Roma, Osborne anota: "yo le urgí que el Vaticano, en vez de pensar exclusivamente en el bombardeo de Roma, debería considerar sus deberes con respecto a un crimen sin precedentes contra la humanidad, la campaña de Hitler de exterminio de los judíos". Citas como esta se pueden multiplicar. El 17 de diciembre, Londres, Washington y Moscú firmaron una declaración sobre la persecución de los judíos; Osborne sugirió que el papa la apoyara y Magliore, Secretario de Estado, respondió negativamente.
De lo que no cabe duda es de las gestiones humanitarias y de los esfuerzos del pontífice a favor de la paz, pero el mismo Blet apunta que estas se refieren a las vías diplomáticas, pocas veces a las públicas: en septiembre de 1941 las autoridades eslovacas, controladas por los nazis, emitieron el Código antisemita; tres días después el Vaticano emitió una nota de protesta por su contenido. Pero ya cuando Pacelli impulsó el Concordato con la Alemania nazi (1933) las protestas de varios obispos germanos (Bertram de Breslau, Faulhaber en Munich) fueron acalladas por aquel, silencio que se mantuvo en casos tan graves como la "noche de los cuchillos largos", un asesinato masivo dirigido desde el poder en la pugna por la hegemonía dentro de los grupos nazis.

En cuanto al atroz régimen católico de Croacia, Cornwell es categórico: las medidas racistas y antisemitas eran conocidas en Roma y por Pacelli cuando este felicitó a Pavelic (líder de la Ustasa) en el Vaticano. En marzo de 1942, poco después de la Conferencia de Wandsee, el Congreso Mundial judío y la comunidad israelita suíza pidieron la intervención del papa para frenar las persecuciones de los judíos en varios países, entre ellos Eslovaquia, Hungría y Croacia, los tres donde la diplomacia pontificia podía influir decisivamente. El documento que se redactó se guarda en los Archivos Sionistas de Jerusalén y fue publicado por Fiedländer. Por esas fechas el cardenal Tisserant (miembro de la curia romana) reconocía que los franciscanos había participado en la persecución de la población ortodoxa y en el incendio de sus iglesias en Banja Luka (al norte de la actual Bosnia) lo que lamentó, pero Pacelli nunca retiró su benevolencia hacia el régimen de Pavelic, porque por encima de estos trastornos colocaba la amenaza bolchevique.

Es cierto que en Alemania tenían más peso social las iglesias protestantes, pero no en la esfera internacional. Cuando se radió el mensaje de Navidad del papa en 1942, su lenguaje críptico no satisfizo a los perseguidos, siendo perceptible la asimetría con que contempló Pío XII al mundo de los años cuarenta: después de haber frenado a los obispos alemanes en su oposición a Hitler estimuló la colaboración de Stepinac, arzobispo de Zagreb desde 1937, que colaboró con la ocupación del Eje, en particular con la Ustase. Para Annie Lacroix-Riz esta asimetría respondió a una constante de la política exterior del Vaticano, que mostró sus simpatías por Alemania en la primera guerra mundial y que se agudizó al acceder el germanófio Pacelli a la Secretaría de Estado y luego al solio pontificio. Para la autora citada judíos y bolchevismo eran una misma cosa en la mentalidad de Pacelli. Como señalé antes, algunos nuncios no siguieron las consignas de Roma: es el caso de Bernardini en Suiza y de Rotta en Hungría. Aquella asimetría de la que se habla se muestra en la movilización de Pacelli al final de la guerra para evitar que los soldados alemanes prisioneros fueran deportados a Rusia.

Roberto Spataro, un panegirista de Pío XII, ha escrito: "El visitante que, en Jerusalén, camina por Yad Washem, el Museo del Holocausto, se encuentra de frente a una inscripción extremadamente polémica respecto a Eugenio Pacelli, el papa Pío XII...: Incluso cuando noticias de la mascre de los judíos llegaron al Vaticano, el Papa no prostestó ni verbalmente ni por escrito. Cuando los judíos fueron deportados de Roma a Auschwitz, no intervino en ningún modo". Puede que a este autor esta inscripción le parezca polémica, pero el tiempo ha pasado y no se ha retirado, incluso después de las muchas investigaciones que han arrojado luz sobre el caso.


viernes, 14 de octubre de 2011

Stankevich


En el oeste de Bielorrusia, si se viaja entre las pequeñas ciudades de Navahrudak y Lida, no muy distantes entre sí, llega un momento en que a mano izquierda se extiende un bosque característico de los climas continentales, que soporta nevadas invernales, pocas lluvias y un sol tibio durante la mitad del año. En el mes de agosto, sin embargo, pueden subir las temperaturas más de los treinta grados. Los cielos de nubes grises en ocasiones, en otras lo suficientemente altas como para que arborescencias y hojarasca se dejen bañar por la luz.
En este bosque, a partir del verano de 1941, tuvo lugar una lucha sorda y callada por la supervivencia, que se acentuó a partir de la masacre de unos 5.000 judíos a manos de los oficiales nazis, en el mes de diciembre. En el bosque se encuentra la aldea de Stankevich (mejor dicho, se encontraba, pues sus pocos habitantes o han muerto o se han ido a las ciudades). Allí tenía su propiedad la familia Bielski, formada entre otros por tres hermanos que empeñaron sus esfuerzos en salvar a más mil personas de morir a manos de los ocupantes nazis. En el bosque se formó un poblado con todo lo necesario para sobrevir en tiempos de guerra y de crímenes. Los hermanos Bielski se las ingeniaron para conseguir armas con las que se practió la guerrilla contra algunos cuarteles nazis en los pueblos cercanos. También consiguieron los alimentos necesarios para sobrevir más de dos años, una población que superó en ocasiones las 1.500 personas, antes de que Alemania tuviese que replegarse ante el avance el ejército soviético. La vida comunitaria fue posible, como si se tratase de un milagro, en medio de una Europa ocupada y en guerra.


Visitar el bosque de Stankevich puede ser un homenaje a quienes resistieron, sobrevivieron, lucharon contra un enemigo cruel y miserable. Es una de las muestras de heroismo de las que no se suele hablar, porque permaneció conocida solo para los más próximos, pero hoy reconocemos los valores de aquella lucha.

Varian Mackey Fry


Nacido en 1907 en Estados Unidos, estudió periodismo y estuvo en la Alemania nazi. Desde la Francia de Vichy organizó una red de salvamento de varios miles de personas, entre los que se encontraban importantes intelectuales, artistas, judíos y otros.
Algunos de los que Fry salvó de la persecución nazi fueron Marcel Duchamp y Marc Chagal; el primero polifacético pintor popular y luego inspirador del "arte encontrado" y el segundo uno de los artistas más vanguardiastas e innovadores del siglo XX. El español Óscar Domínguez, pintor surrealista tinerfeño, también se beneficio de la ayuda de Fry.
Hannah Arendt, Heinrich Mann, Max Ernst y André Bretón también se salvaron gracias a las argucias contra los nazis de Varian Fry. Alma Mahler Gropius, esposa del compositor Mahler y del arquitecto alemán Gropius, también encontró la salvación gracias a nuestro personaje. Fallecido en 1967, su labor ha sido reconocida en varios países y en el año 2001 se realizó la película "Varian's War" que recrea su actividad durante la segunda guerra mundial y la ocupación nazi de Francia.

martes, 27 de septiembre de 2011

Un libro de Tzvetan Todorov

El pensador e historiador búlgaro de nacionalidad francesa ha publicado un libro excelente: "La experiencia totalitaria" (Galaxia Gutemberg). En él analiza los regímenes totalitarios que han existido durante el siglo XX y expone interesantes ideas sobre las características afines entre el ultraliberalismo y los totalitarismos, una de ellas el nacionalismo, que es una característica del fascismo. También critica a la Unión Europea por sus políticas (porque no tiene una definida) contra la inmigración (el caso de la expulsión de gitanos en Francia es solo un ejemplo) y define al ultraliberal que cree ciegamente en el mercado "como si este, al igual que Dios, no pudiera equivocarse". En el libro hace un análisis de como las políticas neoliberales subordinan todo al imperativo económico (no a la economía, sino a los dictados de esta).
En el blog Metrópolis se habla de Todorov como un continuador de Albert Camus en su obra "L'homme révolté" (1951). Decía este autor que se estaba viviendo en su época el tiempo del crimen perfecto, profundamente impresionado por los fascismos hasta 1945 y por el estalinismo soviético.
Todorov huyó de Bulgaria en 1963, donde el comunismo oprimía al país, estableciéndose en París donde dirigió, durante diez años -junto a Gérard Genette- la revista "Poétique".
Todorov señala como la izquierda europea (la izquierda en general) no tiene hoy ideología y que muchos neoconservadores provienen de la extrema izquierda. Interesante es su observación de como en un mundo globalizado se siguen levantando muros, cuando creíamos que el derribo del de Berlín sería un hito: las políticas proteccionistas son un muro, el que Israel levante para segregar a los palestinos, otro... los eufemismos que se usan en la vida política oficial son otro muro que intenta que no se piense.