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viernes, 1 de noviembre de 2019

Terrorismo en la Rusia zarista


(*)
La gran extensión del imperio ruso al llegar el siglo XIX hizo que surgieran multitud de organizaciones opositoras al régimen zarista, que a todas luces mantenía a los diversos países bajo su mando en el atraso respecto a otros europeos.

No es posible dar una fecha exacta de la fundación del Partido Socialista Revolucionario –dicen Daniel Gaido y Maximiliano Jozami[i]- y más bien se formó de la fusión de varios grupos revolucionarios en pasos sucesivos. El primer número del periódico del partido, editado por Chernov[ii] y Gots[iii], “Rusia Revolucionaria”, apareció en enero de 1901, pero este partido, debido a su heterogeneidad ideológica, no estuvo preparado para esbozar un programa siquiera provisional, y de hecho no tuvo uno hasta principios de 1906.

Gots contribuyó a la financiación del partido porque su familia se había hecho rica con el negocio del te; tras volver del exilio en Siberia se unió a Chernov, teórico del partido, y los dos fueron miembros de la primera dirección junto con Natanson[iv] y Rusanov[v]. Por su parte, Vera Zasulich, escritora marxista, había atentado contra el general Trépov a principios de 1878 (ella contaba 28 años) a quien se culpaba de torturar a los presos políticos. Trépov sobrevivió pero este hecho tuvo importantes consecuencias, pues el juicio contra Zasulich fue visto como una arbitrariedad del Estado; siendo absuelta, las autoridades la intentaron detener de nuevo pero ella había huido.

El artículo de Zasulich, “La tendencia terrorista en Rusia”, publicado a finales de 1902, pretendió contextualizar la obra de Lenin “¿Qué hacer”, publicada poco antes. En una parte del artículo la autora explica la oposición de los marxistas rusos al terrorismo individual y contra las viejas corrientes populistas (el Partido Socialista Revolucionario era populista) que propugnaban una “vía campesina” al socialismo. De hecho, el atentado de Zasulich fue el que dio origen a la primera organización terrorista, “Voluntad del pueblo”. Como introducción al artículo de Zasulich, Kautsky publicó lo siguiente:

“… es una de las pocas personas vivas familiarizadas… con el terrorismo sistemático y sus efectos psicológicos… y cuyo atentado contra el monstruo Trepov  (sic) el 5 de febrero de 1878 puede considerarse como el comienzo de la primera era del terrorismo sistemático en Rusia”.

A finales de 1890 destacados norodniki (populistas) sentenciados en el “juicio de los 193” en 1878, habían cumplido sus condenas y vuelto de las deportaciones en Siberia. Los jóvenes populistas se reunieron en torno a estas figuras que tenían muchos seguidores en el sur de Rusia, debido a la combinación entre la opresión nacional y de clase en Ucrania. Un círculo en Kiev, fundado en 1896, operó hasta que fue disuelto por la Ojrana dos años más tarde. En 1897 tuvo lugar en Vorónezh[vi] una conferencia para fusionar a los grupos del sur, donde se acordó un programa común como base para dicha fusión, aunque los esfuerzos fueron infructuosos, pero sí se consiguió un programa en 1900: “Manifiesto del Partido Socialista Revolucionario”. Planteaba la agitación entre los trabajadores y campesinos, pero no mencionaba el terrorismo, lo que llevó a que fueran acusados de “socialdemocratismo” por otros.

Volviendo atrás, en 1893 un “Grupo de viejos narodovol’tsy” se había reunido en París bajo la dirección de Pyotr Lavrov[vii], y en 1900 se tomó la decisión de fundar una organización para la producción de literatura de agitación dirigida al campesinado ruso llamada “Liga Socialista Agraria”, justo en el funeral de Lavrov en París. La “Liga” se convirtió en el grupo más importante del exilio, y los principales populistas se afiliaron a la misma, apareciendo una generación más joven que inició la cooperación para fundar el Partido Socialista Revolucionario.

Las posiciones de la “Liga” fueron redactadas por Chernov y publicadas en 1900, centrándose en la mayoría de la población, que era el campesinado. Aquí no se mencionaba el terrorismo, pero pronto se convirtió en uno de los ejes del PSR, fusionándose la “Liga” con el partido en 1902.

Las revueltas campesinas en las provincias de Járkov y Poltava[viii] en 1902 proporcionaron el ímpetu para el nacimiento del partido “neopopulista”, como su historiador Manfred Hildermeir[ix] lo denomina, siendo sus principales dirigentes Grigory Gershuni, reemplazado tras su encarcelamiento por Yevno Azef, Yekaterina Breshko (la “abuela de la revolución”), Mijail R. Gots y otros. El rasgo distintivo de los esfuerzos de Chernov fue demostrar la existencia de una identidad básica en la situación económica y los intereses políticos de los trabajadores asalariados y los campesinos. Su principal argumento era que tanto unos como otros, la única fuente de ingreso era su propio trabajo, aunque del campesinado se extrajese el plusvalor en forma oculta mediante la renta que tenía que pagar por la tierra que trabajaba, los precios bajos de los productos agrícolas y los impuestos. Chernov decía que el criterio para definir a una clase social era la compulsión a trabajar o la libertad para escapar a dicha compulsión, más que a la relación de los trabajadores con los medios de producción.

Chernov sostenía que el PSR buscaba representar los intereses de la totalidad de las clases laboriosas. La socialización de la tierra fue proclamada por primera vez en 1902 y ello se convirtió en la esencia del programa del PSR. Otro programa aprobado a principios de 1906, sin embargo, no incluía la socialización de las fábricas, solicitando simplemente legislación para la protección de los trabajadores.

Para los dirigentes del PSR el terrorismo político era funcionar como un sustituto de la actividad revolucionaria de las masas oprimidas, era un arma legítima y esencial, siempre que no se hubiera desarrollado un movimiento revolucionario de masas. El terrorismo era el resultado del “aislamiento” de las fuerzas revolucionarias, toda vez que las autoridades suprimían todos los medios de propaganda. Los ataques terroristas tenían tres funciones según Chernov y Gershuni: que el Estado se abstuviese de mayores injusticias de las que ya se daban; el terrorismo tendría un “efecto agitativo” y un “efecto desorganizador”, obligando al Estado a hacer concesiones. Por otra parte, el autosacrificio del terrorista se elevaba a la altura de un ideal, era una “cuestión de honor”, lo que iba dirigido contra los marxistas, a los que Chernov y Gershuni acusaban de “gusanos de biblioteca” que se dedicaban a hacer una “guerra de tinta”.

En 1901 el ministro de Educación, Nikolai Bogolepop, que había decretado la incorporación de 183 estudiantes de la Universidad de Kiev al ejército, fue asesinado por un terrorista, y en 1902 también el ministro del Interior, Dimitri Sipiaguin, un fiel seguidor de la autocracia zarista en los múltiples cargos que ocupó, fue asesinado por Stepan Balmashev, un estudiante de Kiev, siendo el primer caso en que se puso en funcionamiento la unidad especial de terrorismo político, brazo armado del PSR. Desde este momento, todo lo que atañía al terrorismo tenía prioridad, y esto tuvo repercusiones incluso internacionales, pues Rosa Luxemburgo, por ejemplo, escribió un artículo en 1902 condenando el terrorismo (tenía la socialista polaco-alemana 31 años).

Los autores a los que sigo consideran que existe una coincidencia casi absoluta entre el modelo de partido de Vera Zasulich y Lenin, y ambos utilizan los mismos argumentos para combatir al PSR. En su primer artículo sobre dicho partido, en 1902, Lenin le acusó de rechazar el marxismo y de resucitar las ilusiones populistas, intentando evitar la fusión de todas las organizaciones socialistas, como era su pretensión. En opinión de Lenin, el PSR no tenía una base social real en 1902; era solo un grupo de intelectuales inestables, y al identificar al socialismo con la socialización de la tierra (PSR), comprometía la propuesta del socialismo marxista de que fuesen socializados todos los medios de producción; “causan un daño gravísimo”, dejó escrito Lenin, y “no tienen la menor relación con el trabajo entre las masas…”.

Pero el artículo más importante de Lenin sobre el PSR se publicó en agosto-septiembre de 1902, acusándolo de “aventurerismo revolucionario” y de carecer por completo de principios. Luego incurre en una observación de la que será víctima el propio partido bolchevique, cuando dice que el continuo debate es el origen de las eternas disensiones entre los revolucionarios, lo que ha sido una constante histórica. Sin embargo, en su obra “¿Qué hacer?”, señala que “sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario”. Considera inútil el terrorismo, aunque los marxistas no negaban “por principio, la violencia y el terrorismo”, si bien ponían por delante la participación directa de las masas en la lucha contra el Estado.

No olvidemos lo que Lenin hizo, ya en el poder, con su Nueva Política Económica, reconociendo que la propiedad privada de la tierra era la única solución para garantizar el abastecimiento de la población y para financiar a la industria (era una economía de guerra).



[i] “Introducción a la primera edición en español de ‘La tendencia terrorista en Rusia’…”. En este trabajo se basa el presente resumen.
[ii] Llegaría a ser ministro del Gobierno provisional en febrero de 1917. Cuando se produjo la revolución de 1905 estaba en el exilio.
[iii] Nació en el seno de una familia judía, y en su momento fue partidario de Kerensky.
[iv] Sufrió tres exilios en Siberia.
[v] Estudiante de medicina, fue muy influenciado por el marxismo.
[vi] Al sur de Rusia pero fuera de Ucrania.
[vii] Matemático y sociólogo además de militar. Estuvo exiliado en los Urales.
[viii] Las dos ciudades en el nordeste de Ucrania.
[ix] Nacido en 1948 en Alemania.
(*) Imagen tomada de actualidad.rt.com/galerias/195268-vida-rusia-campesina-prerrevolucionaria-siberia

lunes, 9 de septiembre de 2013

El otro holocausto

Yezhov y Stalin
Según la Real Academia Española de la Lengua holocausto es una gran matanza de seres humanos. Siendo esto así también se dio en la Unión Soviética un holocausto durante los años treinta del siglo pasado. Autores como Oleg V. Naumon señalan que la poblacion encarcelada en la Unión Soviética, al dar comienzo el año 1939, era de más de dos millones de personas, la mayoría por causas políticas. Según ha investigado Hermida Revillas, que ha consultado los archivos del Comisariado Popular de Asuntos Interiores (NKVD), los fusilados entre 1937 y 1938 fueron 681.692 y si se tiene en cuenta el período 1930-1953 la cifra es de 786.098 personas, por lo tanto el bienio 37-38 fue terrible. Si al más de un cuarto de millón de fusilados que he citado, se suman los muertos en los campos de trabajo llegaríamos a 1,5 millones de asesinados. El mismo autor, citando a Viktor Zemskov, señala que la cifra podría haber alcanzado los 2,5 millones de asesinados. 

Las purgas de Stalin afectaron sobre todo a bolcheviques, incluso a muchos de los que habían participado en la revolución de 1917, a estrechos colaboradores suyos, a personas que, habiendo cumplido una misión criminal, luego fueron víctimas de sus sucesores al frente de los cargos que aquellos habían tenido, como es el caso de Yezhov, al frente de la NKVD que, al ser sustituido por Beria, fue mandado ejecuttar por este. Además de bolcheviques fueron asesinados refugiados comunistas procedentes de otros países, finlandeses, kulaks o campesinos ricos, militares, mediante juicios farsa que luego se ha podido demostrar constituyeron arbitrariedades de la más variada crueldad. Stalin llegó a entregar a la Gestapo alemana a refugiados de los que no se fiaba.

Algunas personas que consiguieron sobrevivir, como es el caso de Margarette Buber-Neuman, estuvieron en el gulag soviético y en campos de concentración nazis. La esposa de Bujarin, asesinado también, fue internada en un campo de trabajo y luego pudo escribir unas memorias reveladoras, igual que las de la citada Margarette. Y es que los familiares de los asesinados no se libraron de las vigilancias, persecuciones, ejecuciones... Así pudo mantenerse Stalin en el poder hasta su muerte en 1953, pero este holocausto no fue reconocido en Rusia sino en la década de 1990 pasada, e incluso muchos intelectuales de izquierda occidentales no lo reconocieron por diversas razones; otros sí y dirigentes comunistas europeos, por lo que comenzó un lento apartamiento de Moscú en la época de Kruschev.

Premonitorio fue Lenin, que tampoco se quedó corto en crímenes, cuando en su "Carta al Congreso" señaló: Stalin es demasiado brutal, y este defecto plenamente soportable en las relaciones entre nosotros, comunistas, se hace intolerable en la función de secretario general. Por lo que propongo a los camaradas que reflexionen sobre la manera de desplazar a Stalin de este puesto y de nombrar en su lugar a un hombre que, en todos los aspectos, se distinga del camarada Stalin por su superioridad, es decir, que sea más paciente, más leal, más educado y más atento con los camaradas, menos caprichoso... 

Si a las víctimas de las dos guerras mundiales, que se cuentan por millones, les sumamos las de la guerra civil rusa de 1918 y contra Polonia, además del holocausto stalinista, los pueblos de la Unión Soviética han sufrido más que cualesquiera otros.

miércoles, 24 de julio de 2013

La judía Feiga Jaimova Roitman

A finales de agosto de 1918 Feiga Roitman disparó a Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, hiriéndole gravemente, aunque el líder bolchevique se recuperaría de sus heridas, una de ellas en el pulmón. Solo se sabe de la autoría de los disparos por testimonios que no fueron definitivos y por la confesión de la autora, que se mostró contraria al cariz que tomaba la revolución bolchevique. No era la única: socialistas de las más variadas familias también estuvieron en desacuerdo con la dictadura leninista, pero los bolcheviques, quizá mejor organizados, fueron capaces de hacerse con las riendas del poder, contar con el apoyo de la mayor parte del ejército -sobre todo la tropa- y con muchos obreros de las ciudades del oeste. No así con los campesinos, que estaban adscritos al anarquismo en algunas regiones y a los social revolucionarios, implantados sobre todo en el campo ya durante el zarismo. 

Al noroeste de Ucrania se encuentra Volinia, la región donde había nacido Roitman en una familia judía; más tarde la anarquista Feiga adoptaría el nombre Yefimovna Kaplán. Su trabajo desde muy joven en Odesa le enseñó la dureza de las condiciones de vida de la clase obrera, que ella padeció también. Pronto cometió algunos atentados terroristas, por lo que fue enviada a un campo en Siberia. Como tenía alguna formación las autoridades no la sometieron a los trabajos más penosos y junto con otras mujeres afectas al socialismo tuvo la oportunidad de intercambiar ideas y experiencias. 

Cuando comprobó las intenciones de los bolcheviques se opuso a ellos y comenzó una militancia a medio camino entre el anarquismo y el socialismo revolucionario en Crimea, pero siempre en oposición al nuevo régimen, que se debatía entre la salida de la guerra mundial, la guerra civil, la miseria y la división del país. Su vida personal estuvo llena de penurias, llegando a quedarse ciega, lo que en medio de la desesperación le llevó a un intento de suicidio. Posteriormente consiguió ser curada parcialmente de la ceguera y volvió a ver. 

El terror se había apoderado de Rusia y los demás territorios a ella adheridos: el ejército blanco no era más benigno que el ejército rojo, las checas creadas por los bolcheviques asesinaban sin miramientos, las delaciones de multiplicaban y la falta de seguridad jurídica era total. Detenida Roitman tras el atentado contra Lenin, mostró su carácter indisciplinado y lejano a la colaboración con sus captores. Encarcelada en Lubyanka, nombre de una plaza de Moscú, sufrió malos tratos e interrogatorios humillantes. Parece indiscutible que fue ella quien atentó contra Lenin, pues llegó a confesarlo: ¿quizá porque se vio perdida y quiso pasar a la historia como una valiente liberadora?

En todo caso Feiga Roitman (Kaplán) es un ejemplo de la enorme desunión eixstente entre los revolucionarios que lucharon para acabar con el zarismo. No fue el pueblo quien derrocó dicho régimen, o al menos no se puede admitir de forma tan simple. Fue el ejército, un partido revolucionario fuertemente jerarquizado como el bolchevique y la participación de soviets y obreros de las ciudades, muchos de los cuales se apartaron luego del bolchevismo. La represión y el cierre de la prensa de los grupos socialistas no bolcheviques muestra que muy pronto la pretendida democracia soviética se quebró. Algunos como Roitman constituyen premoniciones de lo que luego vendría.

lunes, 22 de julio de 2013

Los bunts campesinos

Los campesinos en Rusia y los territorios a ella sometidos han protagonizado una historia social que se aparta de la actitud pasiva con la que se les trata en algunos relatos históricos. Ya en el siglo XVIII se produjo uno de estos levantamientos campesinos contra la intención centralizadora y opresora de las autoridades rusas. En 1735 el levantamiento estuvo protagonizado por los cosacos, guerreros al margen del estado que desde la Edad Media dirigieron enfrentamientos en Ucrania y Rusia. 

En 1773 se produjo otra revuelta campesina que puso de manifiesto el descontento de buena parte de la población ante la situación de servidumbre que padecía. Los siervos de la gleba estaban atados a la tierra y pasaban de un señor a otro cuando la heredad cambiaba de manos, pero la situación de otros muchos campesinos no difería mucho aunque jurídicamente sí lo pareciese. Muchos campesinos estaban organizados en "mir", es decir, en unidades fiscales que respondían colectivamente. Obviamente había campesinos que eran dueños de tierra en mayor o menos medida, con lo que la situación era muy diversa, pero esta diversidad se daba también en cuanto a rendimientos, además de que las técnicas eran muy atrasadas y el campesinado no disponía de capital para mejorar las explotaciones. 

Así pues en las zonas esteparias, en las de climas benignos, en las zonas siberianas y en las proximidades de los Urales, en el oeste, en Ucracia y en regiones diversas de Rusia el objetivo último del campesino era librarse de la opresión de los señores, de la Iglesia y del Estado (pues había siervos del Estado) y disponer de la propiedad de la tierra, sobre todo entre los millones que no eran propietarios. La liberación de los siervos a partir de 1861, por obra de zar Alejandro II, no mejoró casi en nada la situación de los campesinos, sometidos a las inclemencias del tiempo, a la pobreza y las exacciones del Estado.

Cuando se produjo la revolución rusa de 1917 el campesinado aprovechó el desconcierto de los gobiernos provisionales anteriores a octubre de dicho año y se apropió de tierras que hasta ese momento estaban ocupadas por los nobles y la Iglesia. El Estado dejó hacer de forma que cuando los bolcheviques se hicieron dueños de la situación política -con la guerra civil de por medio- una de las primeras medidas fue consagrar lo que los campesinos ya habían hecho, repartir la tierra. Las formas fueron esencialmente dos: o que las aldeas comunitariamente administrasen las propiedades o que cada campesino hiciese lo propio con la que se había apropiado. De todas formas, la necesidad de abastecer al ejército y a las ciudades obligó a los bolcheviques a requisas de grano, lo que había ocurrido ya con anterioridad. 

El gobierno comunista establecido desde octubre-noviembre de 1917 era partidario de la colectivización de la tierra, más bien de la estatalización, de forma que los campesinos pasasen a ser empleados del Estado en sus diversos grados. Sin embargo por un momento los comunistas y los soviets más apegados a ellos dejaron que los campesinos viviesen el espejismo de la propiedad. En realidad el campesinado ruso, ucraniano y de otras nacionalidades se sumó a la revolución -cuando se sumó- por lo que de ventaja representaba para él. Había casos en los que grupos de campesinos estaban imbuidos de las ideas socialistas y más concretamente anarquistas, como en Ucrania. Las ocupaciones de tierras en época revolucionaria fueron una reedicición de los antiguos "bunts" que habían protagonizado los campesinos siglos atrás. 

sábado, 13 de julio de 2013

Los anarquistas de Ucrania


Como otros muchos fenómenos históricos la revolución rusa y la guerra civil que le siguió fueron muy complejos, con varios ejércitos luchando cada uno con objetivos distintos y contradicciones en todos ellos. El campesinado ucraniano estaba bien trabajado por las ideas anarquistas, como los trabajadores de las industrias en el oeste de Rusia lo estaban por las ideas socialistas en general, aunque luego fuesen los bolcheviques los que mejor capitalizasen el trabajo realizado por unos y otros durante el zarismo. Cabe preguntarse qué habría sido de la revolución rusa sin la defección del ejército, muchos de cuyos efectivos se pasaron a las filas de la revolución al ver como se producían los acontecimientos. Cansados muchos de la Gran Guerra, no sabían que poco después tendrían que invadir Polonia, prolongando el sufrimiento de familias y soldados; algunos estarían guiados por el nacionalismo ruso (había rusos en Polonia) y tras la revolución la guerra civil en la que por lo menos se distinguen cuatro ejércitos: el creado por Trostky, el ejército Negro de los anarquistas ucranianos, el de los nacionalistas y el Blanco de los zaristas, potencias occidentales y bolcheviques. Los componentes de este último no perseguían objetivos políticos idénticos.

El verdadero dirigente de los anarquistas ucranianos fue Néstor Majnó, un capesino que sabía lo que era la miseria en Guliaipole, al sureste de Ucrania; más tarde fue encarcelado en Moscú y allí aprovechó para formarse, aunque sus ideas anarquistas le vendrán del contacto con personas más instruída que él. En 1917 dirigía el soviet de Guliaipole. Lo que a los anarquistas ucranianos interesaba era el control sobre sus tierras, que había estado en manos de grandes terratenientes y de la Iglesia con anterioridad. Esto había sido compatible con la pequeña propiedad que, cuando estalla la revolución de 1917, sobre todo a partir de octubre, estaba en peligro. Este objetivo, junto con el de no someterse a autoridad alguna, sabedores como eran de lo que había respresentado el estado zarista, eran la razón de su lucha.

Esto les llevó a aliarse circunstancialmente con los bolcheviques o con nacionalistas "verdes" según los casos. Con aquellos tenían en común las ideas igualitarias de la sociedad, pero con estos la independencia respecto de Rusia. Por ello veremos anarquistas luchando en el ejército rojo durante la guerra civil entre 1918 y 1920, en el ejército negro que les era propio y en actividades guerrilleras de otro tipo. A esta complejidad habría que añadirle las actividades de los cosacos del Don, guerrilleros que actuaban por su cuenta, se vendían al mejor postor pero terminaron colaborando con el ejército blanco bajo las órdenas del general Denikin. Muy cerca de Guliaipole se dio una importante batalla entre blancos y anarquistas, en la región de Mariupol.

Cuando los bolcheviques se hicieron con el poder tras la guerra civil la represión en Ucrania contra todo disidente no tuvo nada que "envidiar" a la que se dió con otras nacionalidades: algunos anarquistas -quizá no pocos- se integraron en las estructuras del estado soviético, pero otros muchos fueron arrestados, encarcelados y fusilados hasta extremos difíciles de cuantificar. Contra el ideal anarquista se encontraba ahora un régimen altamente jerarquizado, opuesto a las libertades individuales, represor de toda disidencia; los anarquistas ucranianos no pudieron imponer su modelo y Ucrania, como lo había sido ya, se convirtió en el granero del nuevo estado.

viernes, 12 de octubre de 2012

Un sueco en Poltava

La batalla de Bereziná
Cuando en Rusia se quiere decir que alguien está totalmente desnortado o derrotado se usa la frase "como un sueco en Poltava", pues en la gran planicie donde se encuentra esta ciudad ucraniana, al noreste del país, un ejército sueco fue derrotado en toda regla por los rusos en el verano de 1709. 

Un siglo más tarde un ejército francés a las órdenes de Napoleón sería derrotado en otra planicie, cerca del río Berenizá, en Bielorrusia (1812), comenzando así un fenómeno muy parecido y paralelo al que se dio en España, donde los ejércitos franceses también serían derrotados, de manera definitiva, en 1814. Las guerras napoleónicas en Rusia y España, libradas al mismo tiempo, contribuyeron a crear en los respectivos estados vencedores una conciencia de nacionalidad con objetivos comunes, no ya solo entre sus clases dirigentes, sino entre la población en su conjunto. 

Vázquez Liñán, en su ensayo "Rusia, 1812: Prensa y propaganda en la guerra contra Napoleón", señala que se trata de uno de los acontecimientos que más ha influido en la configuración del imaginario colectivo ruso. Ciertamente, la conquista del imperio zarista era una obra demasiado ambiciosa como para que saliese bien, pero el pendenciero Bonaparte, que a no dudar fue un militar de éxito, no midió bien sus fuerzas. Cinco años antes, con la paz de Tilsit, una parte importante de la población rusa se había sentido humillada. En 1812 se dieron las condiciones para que ejército, aristocracia y población se desquitaran del dominio bonapartista en Europa. 

El zar Alejandro I era de ideas liberales, pero hacia la mitad de su mandato, que coincide precisamente con la batalla del río Bereziná, se volverá cada vez más autócrata y despótico, hasta el punto de que fue uno de los inspiradores de la Santa Alianza. Debió observar que se había disparado en el pueblo ruso el sentiminto patriótico, lo que le dio seguridad para frenar las reformas y restablecer en el imperio lo que nunca había dejado de existir: el absolutismo. Pero aún así ya habían surgido sociedades secretas, había una aristocracia liberal, aunque minoritaria, y sectores que querían avanzar en orden a las ideas de la Revolución Francesa. No en vano Francia era el lugar en que se habían educado algunos miembros de la inteligentia rusa y era el ejemplo a seguir para otros. 

En 1806 Rusia había participado en una coalición con Inglaterra y Prusia contra Napoleón, resultando este vencedor, lo que llevó a la citada paz de Tilsit. El periodismo, que entonces había despertado con fuerza en la zona occidental del imperio ruso, jugó un papel importante. A ello se sumaba la cuestión campesina, que permitió a muchos unir la reivindicación social por la liberación de los siervos con la independencia patria. 

El ejército, según el autor citado, será una de las instituciones rusas que más cambiarán durante la campaña, y precisamente porque la tropa era reclutada entre los campesinos sometidos a servidumbre. El contacto de los periodistas con los soldados abandonados a su suerte, padeciendo las miserias de la guerra, el aislamiento, el frío y el hambre, hizo que la prensa jugase un importante papel al ensalzar el papel del pueblo y del ejército en la lucha y derrota de Francia. La unidad ante el invasor convirtió a la prensa en un instrumento de agitación social, aunque como es lógico dicha unidad no sería entendida de la misma manera por todos: para los liberales rusos se trataba de echar fuera a un ejército que quería someter al país, pero deseando que se impusieran las ideas que dicho ejército traía; para los absolutistas la unidad perseguía solo lo primero. 

"Las batallas de Smolensko, Borodino, Moscú, etc. y nombres como el del general Kutúzov son aún hoy... utilizados para resaltar la 'grandeza' del pasado y el valor del pueblo ante el invasor extranjero". Recientemente se han publicado en español las memorias de un soldado alemán al servicio de Napoleón en varias batallas, entre ellas la campaña de Rusia. No se trata de un intelectual ni de un ilustrado, sino de un albañil de nombre Jakob Walter: de su lectura se deduce que hubo heroísmo, pero también se ponen de manifiesto "las penurias del recluta que está continuamente al borde de la muerte; no por el ataque del enemigo, sino por el hambre y el frío. Walter nos muestra la otra cara de unos acontecimientos históricos demasiadas veces utilizados con fines propagandísticos. Marc Raeff, responsable de la edición de las memorias, incide en la importancia que, para Rusia, tuvo la victoria sobre el emperador francés": 

Y no sería una exageración afirmar que la trágica campaña de 1812 contribuyó más que cualquier otra cosa al nacimiento de la conciencia nacional moderna en Rusia y en los estados alemanes. El "mesianismo" del zar Alejandro I no triunfaría en el largo plazo, pero sí las ideas liberales incubadas en Francia, quizá antes que en ninguna otra parte; victorias o derrotas aparte.

sábado, 21 de julio de 2012

¿Que fue de la Unión Soviética?

Deportados del GULAG
En el año 1991 se disuelve la URSS y se funda la CEI (Comunidad de Estados Independientes). Pero es con la elección de M. Gorvachov en 1985 y con las elecciones de 1989 cuando da comienzo un proceso acelerado de reformas que, aunque afectan solo a una parte del complejo estado, terminan por descomponer el imperio de la Unión Soviética. El intento por la fuerza de volver, en 1991, a la situación anterior, no dará resultado y la independencia de repúblicas y conformación de una nueva situación tiene lugar.

Aunque con los planes quinquenas de la época estalinista la Union Soviética se convirtió en una potencia industrial (la segunda) una gran cantidad de la población no trabajó en la industria. La enorme extensión del territorio que formaba el imperio, por muy vacías que estuviesen vastas regiones, hizo que una gran cantidad de población viviese en el medio rural y se dedicase a actividades primarias o terciarias. Las regiones de la tundra, en el extremo norte, la gran taiga siberiana, las zonas esteparias del sur y otras muy alejadas de los centros industriales, que estuvieron muy concentrados en algunas regiones, sobre doto del oeste, del suroeste y de los Urales, muestran un estado que mantuvo a gran parte de su población en la agricultura, la ganadería y los servicios.

Rusia, Estonia y Letonia son los países que tenían tasas de población urbana más altas en 1984: 73,1, 71,6 y 70,7% respectivamente; pero Ucrania (66,1), Bielorrusia (63,1), Lituania (66,3), Moldavia (45,7), Armenia (67,9), Azerbaján (53,9), Georgia (54,1), Kazajistán (57,5), Kirguizistán (39,7), Uzbeskistán (41,9), Tadjikistán (33,4) y Turkmenistán (47,4%) muestran la enorme descompensación industrial entre unas regiones y otras, circunstancia que sigue dándose en la actualidad (1). El hecho de que Moldavia, Kirguizistán, Uzbekistán, Tadjikistán y Turkmenistán tengan más población rural que urbana es elocuente de que no toda la Unión Soviética se industrializó, aunque en el conjunto sí fuese una potencia industrial. 

También las tasas de crecimiento económico fueron muy distintas: Bielorrusia, Azerbaján y Georgia más que lo doblaron entre 1970 y 1985, mientras que Armenia casi lo triplica en el mismo período y no llegaron a duplicarlo Rusia, Ucrania, Estonia, Letonia, Lituania, Moldavia, Kirguizistán y Tajikistán, mientras que estuvieron lejos de doblarlo Kazajistán y Turkmenistán (2).

El conglomerado soviético
Además está el problema de las diversas nacionalidades, etnias y grupos culturales que formaron la Unión Soviética: los países bálticos (Estonia, Letonia, Lituania) habían sido independientes y mantuvieron relaciones con el mundo escandinavo. La pronta entrada de dichos países en la Unión Europea les alejó más de Rusia, verdadero centro del antiguo imperio. Los ucranianos siempre fueron conscientes del papel primordial que jugaban en la Unión Soviética (agricutura, industria y la flota del mar Negro) además de que no se olvidó fácilmente el sufrimiento de la población a manos de Stalin, aunque esto no fue exclusivo de los ucranianos. Los países del Turquestán estaban muy vinculados culturalmente a Irán o a Turquía, así como mantenían grandes comunidades de credo musulmán, mientras que los eslavos eran cristianos desde la alta edad media. 

Los conflictos que Rusia y el imperio Otomano habían mantenido en el siglo XIX en la región del Cáucaso y los Balcanes constituyeron un factor histórico que sirvió de elemento centrífugo cuando hubo la menor ocasión. Por otra parte existen minorías nacionales dentro de las fronteras de las nuevas repúblicas consecuencia de una vida en común de muchas décadas: rusos en Kirguizistán y Ucrania, así como turcos en la primera; iraníes en Tajikistán y Urbekistán, rusos en Moldavia... La ruptura tuvo que garantizar (y no siempre lo hizo) el estatuto de las minorías nacionales dentro de las nuevas republicas. Más grave es la situación en Chechenia y Nagorno-Karabaj.

Hoy nadie duda de que el hundimiento de la Unión Soviética se debió a la incapacidad para mantener el complejo militar e industrial en permanente competencia con el mundo capitalista, teniendo en cuenta la enorme cantidad de recursos que el ejército, las armas y la burocracia se llevaban de la producción nacional. Por lo que hemos dicho antes también los factores nacioales y étnicos han tenido influencia, pues el imperio soviético estaba formado, a la fuerza, por comunidades muy distintas culturalmente. El factor político también tuvo importancia, pues aunque la sociedad no dio muestras de gran vitalidad en oposición al régimen, sí en cambio existió siempre una disidencia, la prueba está en la temprana actividad de la checa, las terribles purgas en época de Stalin y -por mucho que se hable de desestalinización- la persecución política en época de Jruchov, Breznev y seguidores. Intelectuales, estudiantes, científicos, escritores, profesionales, incluso miembros del partido comunista, mostraron una mayor o menor oposición al régimen que negaba las libertades políticas, cooptaba a los dirigentes del estado y mantenía una gran corrupción.

La Comunidad de Estados Independientes no prosperó porque no se dotó de instituciones, y no lo hizo porque no hubo voluntad política por parte de las diversas repúblicas que la formaron. Fue una transición hasta la situación actual, en la que Rusia ejerce un liderazgo real sobre algunas de dichas repúblicas y lo ha perdido en otras. Existe la convicción entre los dirigentes rusos y ucranianos de que la colaboración entre los dos estados es una necesidad para ambos, pero no ocurre así con los países bálticos y con algunas repúblicas del Turquestán.

La voladura controlada del sistema que pretendió Gorvachov -si es que lo pretendió- no fue posible porque se precipitaron los acontecimientos, lo que ha ocurrido en otros momentos y situaciones históricas. A una revolución le suele seguir una "sobrerrevolución" que luego queda -si prospera- en una especie de síntesis. M. Gorvachov fue toda su vida un funcionario del partido comunista, y lo fue porque le tocó vivir en ese contexto y porque lo aceptó, pues pudo haber elegido la disidencia. Tuvo la visión de comprender que el sistema no tenía salida tal y como había evolucionado (y tal y como había evolucionado el capitalismo) y quiso cambiarlo controladamente. M. Gorvachov sabía lo que había pasado en Afganistán y la imposibilidad de mantener regímenes afines por la fuerza. Sabía lo que había pasado en las "democracias populares" de Europa: Hungría, Checoslovaquia, Polonia... Sabía que la influencia de la socialdemocracia occidental en los partidos comunistas de esos países era grande y que la historia iba a caminar -si se puede hablar así- en el sentido de democratizarse las sociedades. Pero el líder soviético -porque eso fue- se encontró con dos tipos de oposición: el núcleo duro del propio partido comunista y los populistas que estaban deseosos de olvidar su pasado en el régimen para abrirse paso con otros apoyos: Yeltsin no fue otra cosa mas que eso, un populista sin ideología que abocó al país a serios riesgos de desestabilización. Esta no se produjo en un sentido absoluto, pero a cambio se permitió la entrada del sistema capitalista más feroz en las repúblicas antes soviéticas con sus elementos inherentes: las mafias económicas, la corrupción y el enriquecimiento de un buen número de delincuentes. 

Hoy Rusia es una gran potencia por su territorio, por su población y por sus enormes recursos. Es también una potencia porque juega un papel de árbitro internacional en buena parte del mundo: por ejemplo en Asia, en los Balcanes y en el Cáucaso, además de las inversiones que ha hecho en países de América latina y en África.

En la medida en que Rusia es una federación también se le plantean problemas para mantenerla: Bashkortostán, rica en petróleo, al sur, reclama su independencia económica (3) y Chechenia (en el Cáucaso) cuenta con un sector de la población que se considera independiente desde 1991, pero jurídicamente forma parte de la federación Rusa. Hay una Asociación del Extremo oriente que abarca un territorio extensísimo, pero no es más que un proyecto sin que se sepa si va prosperar, dentro, eso sí, de la federación rusa. La "Carta Siberiana" es un documento por el que el territorio de Siberia central se podría convertir en una región autónoma dentro de Rusia. También hay una Asociación Gran Ural en el centro de Rusia, desde el Ártico hasta el Turquestán. Al oeste la Asocicación del Gran Volga, que comparte al norte del mar Caspio un territorio con la Asociación de Ciudades del Sur de Rusia. Un verdadero puzle que podría resultar provechoso si, administrativamente, se descentraliza de verdad el gran territorio ruso. Pero también puede ser un factor de desestabilización en Asia, donde el independentismo -legítimo- no ha conseguido todavía sus últimos objetivos.
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(1) M. J. Sagers, Soviet Geography, número 3.
(2) Aurelio Cebrián Abellán, "Las razones sociales, económicas y geoestratégicas del declive soviético", 1993.
 (3) Idem nota 2.

martes, 15 de noviembre de 2011

El recorrido de Miguel Strogoff

En 1876 publicó Julio Verne una novela sobre la gesta de Miguel Strogoff recorriendo buena parte de Siberia para dar aviso de una invasión tártara en Rusia. Los tártaros eran mongoles que se encontraban en el centro de Asia. El llamado correo del zar, Strogoff, viajó desde Irkutsk, al suroeste del lago Baikal, en dirección oeste hasta Moscú, pasando por Nizhni Udinsk, Kamsk, Krasnoiarsk, Achinsk, Mariinsk, Semilovskoie, Tomsk, Kolivan, Ubinsk, Kamsk (al norte del lago Chani), Kulikovo (aquí pasando el río Istish, afluente del Obi), Omsk, Kulatsinskoe, Tiunkalinsk, luego pasando el río Ishim en dirección a Ishim, Novo-Zaimskoe, Yalutorowsk (al norte de una zona pantanosa), Tiumen, Tuluguinsk, Yekaterimburgo, Perm (a orillas del río Kama, afluente del Volga), Kazan y Nizhni Novgorod (ambas ciudades a orillas del Volga), Wladimir y Moscú.


Primero las regiones fueron montañosas, teniendo que buscar los valles accesibles, luego las regiones cubiertas por la taiga, zonas lacustres, heladas, con vegetación arbustiva en algunas zonas, hasta atravesar por la parte más accesible los montes Urales, en Yekaterimburgo, hasta alcanzar el valle del Kama y luego el del alto Volga. El paisaje es fantástico, hostil en ocasiones, nevado casi siempre, salvo en el verano, cuando las flores de campanillas, los ranúnculos y los pétalos amarillos asoman en la gran planicie. 


Filípides, a principios del siglo V antes de Cristo, recorrió cuarenta kilómetros para avisar a los atenienses de la victoria sobre los persas en Maratón. Si tal gesta fuese cierta -lo que no está claro- fue útil a los atenienses, porque los preparativos para la guerra cambiaron su curso. Filípides murió quizá no tanto del esfuerzo en el recorrido como por las heridas que soportó durante toda su carrera después de haber paticipado en la batalla. Strogoff no hará su viaje solo, lleno de peligros, con secretos que guardar en favor del zar, pero conseguirá su proeza. 


Filípides y Strogoff son personajes de ficción, pero nos introducen en un mundo de héroes, de patriotas, de grandes recorridos en favor de una causa, siempre la defensa contra el invasor.




Una puerta con relieves románicos en Novgorod

Novgorod es una ciudad del oeste de Rusia que ha tenido una importancia económica grande a lo largo de los siglos, muy particularmente durante la Edad Media. Prueba de ello son algunas obras de las que queremos destacar aquí una: la puerta esculpida con relieves en bronce en la catedral de Santa Sofía. El bronce fue fundido y una vez realizadas las figuras en los moldes, clavadas plas planchas en la puerta de madera.

La puerta es monumental, pues mide 3,60 metros de altura por 2,40 de anchura las dos hojas. Se encuentra en la fachada occidental de la catedral y el trabajo corresponde a un taller existente en la ciudad alemana de Magdeburgo. En la puerta están representados unos obispos del siglo XII. Norbert Wolf considera que estas puertas debieron llegar a Rusia en el siglo XIV.

Las figuras han sido representadas estilizadamente, aunque con el estatismo propio del románico: un personaje medio caído, una virgen sentada sobre un asno con el niño en el regazo, tomando a este como trono, los obispos citados, con un canon muy rígido y una composición cerrada. En algunos de los cuadros que forman la puerta hay inscripciones y el relieve es en ocasiones alto. Guerreros, un personaje sobre un carro que recibe la llamada divina, son algunos de los motivos.


martes, 13 de septiembre de 2011

Siempre hubo tecnócratas


Lo que estamos viendo en la China actual y en otros países asiáticos, ha sido ensayado desde hace tiempo: modernizar económicamente el país, es decir, permitir el libre mercado, incorporar nuevas técnicas, destinar recursos a infraestructuras, pero no aceptar ni una tímida reforma política que pemita a la población expresar libremente sus ideas, organizarse para la participación política y, en definitiva, garantizar los derechos individuales.

Piotr Arkádievich Stolypin, que vivió entre 1862 y 1911, es un ejemplo de esos funcionarios que han prosperado por medio de la meritocracia, sin escrúpulos sobre si su reconocimiento y medro era a costa de otros. En la España de Franco también hubo personas que se adhirieron al régimen no porque estuviesen en principio de acuerdo con él, sino porque les permitió escalar puestos en la Administración, en la empresa o en otras actividades... de ahí vino una mejoría en el estatus y luego la adhesión más o menos activa. Es una muestra más de cierta mezquindad que ha frenado el progreso en el mundo.

Volviendo a Stolypin su zarismo era tan absoluto como el poder del zar; reprimió brutalmente a los campesinos que se levantaron en 1903 contra la situación de miseria que padecían, como ministro del Interior vivió en primer plano la revolución de 1905 y supo encauzarla para que nada sustancial cambiase en la injusta Rusia del momento. Más tarde fue primer ministro y dio a los militares poderes, constituidos en tribunales militares muchas veces, para cortar de raíz todo intento de reforma y para que castigos que corresponderían a tribunales civiles fuesen impuestos por tribunales militares (de acuerdo con normas más duras). Fue el que, de acuerdo con el zar, disolvió la Duma, un parlamento que nunca ejerció como tal, pero donde habían ido apareciendo algunos miembros que querían ir más lejos. No obstante, algunas leyes impulsadas por su gobierno favorecieron a los campesinos más pobres de Siberia, pero sin que esto permitiese cambiar a fondo las estructuras económicas de Rusia, como luego se demostrará en 1917. Su asesinato en 1911 es una muestra del clima que reinaba en Rusia entre finales del siglo XIX y la revolución de 1917.