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sábado, 17 de julio de 2021

El primer y segundo Rembrandt

 

                                                         "Cristo resucitando a Lázaro" (*)

Al oeste de Holanda, muy cerca de la costa, se encuentra Leiden, donde nació Rembrandt en 1606. Su padre era molinero y tuvo una numerosa familia, por lo que el futuro artista, que pronto despuntó maneras, no vivió en la abundancia. A los catorce años ingresó en la Universidad de Leiden, pero su objetivo ya estaba puesto en el arte.

En el taller de un pintor local se formó Rembrandt, y luego fue a Ámsterdam para estudiar pintura histórica. La ciudad se encuentra algo más al norte, un mercado de arte muy importante en el siglo XVII, pero también antes. En Leiden, Rembrandt se había entregado a la lectura de la Biblia y del Nuevo Testamento, lo que daría sus frutos más tarde cuando pintó muchas escenas históricas y religiosas, al tiempo que perfeccionó su técnica del aguafuerte.

Cuando tuvo la oportunidad de viajar a Italia, lo que muchos otros artistas hacían, respondió que no lo creía necesario, pues en Holanda se encontraban muchas obras de italianos y Rembrandt las pudo conocer de primera mano. En su propio taller de Leiden pintó “El martirio de San Esteban”, tenido el personaje por el primer mártir cristiano. Es obra de 1625, cuando el autor tenía diecinueve años; un óleo sobre tabla de 90 por 124 cm.[i] La autoridad a caballo, en la parte izquierda de la composición, observa cómo Esteban es lapidado por no obedecer a los sacerdotes judíos. Rembrandt representa al santo vestido con ropas eclesiásticas, dedicando cierto detalle a las mismas; el resto es una composición típicamente barroca, con escorzos, movimiento pero también cierto hieratismo en uno de los personajes centrales. La atmósfera borrascosa y el misterioso edificio del fondo, añaden más dramatismo a la escena.

En 1626 pintó “Expulsión de los mercaderes del templo”, otra escena del Nuevo Testamento, y de la Biblia, el Sansón cegado por los filisteos (1636), un óleo sobre lienzo de 236 por 302 cm.[ii]. El personaje bíblico está concebido como poderoso, pendenciero y enemigo de no pocos, entre ellos los filisteos, que se vengaron de él.

La escena es desgarradora: el forzudo tiene una mano encadenada mientras un soldado le clava la espada en el ojo, del que brota copiosa sangre. El cuerpo de la víctima se retuerce, como quiere todo autor barroco cuando representa escenografías de gran impacto popular, pero también pintó a Sansón en otras escenas de la Biblia.

Rembrandt pintó también a su madre varias veces, una de ellas leyendo un gran libro como si de una sibila se tratase; y donde el artista pone énfasis en la monumentalidad es en su obra “Cristo resucitando a Lázaro”. Pintó escenas de la antigüedad clásica y encargos de burgueses en la ciudad de Ámsterdam, centro de un importante comercio internacional, donde tuvo un taller con su amigo Jan Lievens[iii].

En 1629 empezó a pintar autorretratos y conoció la obra de Hals, que imprimió menos fuerza a la luz que Rembraandt. Estos retratos se convirtieron en una especialidad holandesa, incluso los de grupo, entre los que destaca “Lección de anatomía del doctor Tulp”, encargo del médico del mismo nombre (1632). Ha sido muy valorada la colocación de las figuras en la composición, mostrándose por el profesor la forma en que debe disecarse un brazo (muy probablemente de un criminal, pues después de ajusticiados, sus cuerpos eran entregados para experimentaciones).

También pintó desnudos, cuadros pequeños de paisajes[iv] y otras obras que le dieron fama, casándose entonces con su primera mujer, a la que retrató varias veces. El dinero propio y el de la familia de su esposa le hicieron temerario, pues prestó, participó en subastas de arte y joyas, se entregó a gastos y llegó a tener problemas económicos.

Su descendencia primera no fue perdurable: en 1635 falleció un primer hijo al nacer y luego dos niñas murieron en la primera infancia. Por fin nació el hijo a quien dedicó algunos retratos y, al parecer, enterneció al artista.

Profesor a finales de los años treinta (s. XVII), uno de sus discípulos fue Nicolás Maes[v], y muchos cuadros de su taller han sido minuciosamente estudiados para adjudicársele a Rembrandt “solo” unos cuatrocientos o quinientos, correspondiendo el resto a sus alumnos (hasta un total de mil aproximadamente).



[i] Se encuentra en el Museo del Bellas Artes de Lyon.

[ii] Se encuentra en Städelsches Kunstinstitud de Fráncfort.

[iii] 1607-1674. Natural también de Leiden, pintó antes que Rembrandt cuadros de formato grande.

[iv] Destaca “El molino”, representado sobre un relieve en un ambiente brumoso y, en la parte inferior derecha, un río…

[v] Nacido en Ámsterdam en 1634, falleció en 1693.

(*) Obra de 1630, es un óleo sobre tabla de 96 por 81 cm. Se encuentra en el Museo de Arte del Condado de los Ángeles.

domingo, 3 de marzo de 2019

La obra de Gerrit Dou

"Leyendo la Biblia"

Dou nació posiblemente en Leiden, cuando esta ciudad holandesa estaba comenzando un momento de prosperidad por su industria textil, pero el pintor no se inspiró en los cambios urbanísticos de la ciudad en la que vivió, sino en las escenas cotidianas tan propias del barroco europeo, sobre todo en los países calvinistas. Mujeres y bodegones, barberos extrayendo muelas, ambientes domésticos y artesanos, objetos, personajes enmarcados bajo un arco, tiendas, soldados con sus tambores y armaduras, lectores, astrónomos, escuelas nocturnas, jugadores de cartas, mujeres hilando o regando flores, el físico en su estudio, el trompetero en un banquete, así como otros músicos de violín, jóvenes madres, etc. 

Alumno de Rembrandt aunque no mucho menor que él (Dou nació en 1613), de su maestro quizá tomó los ambientes tenebristas y los contornos poco definidos, que se ven en la mayor parte de sus obras; los objetos metálicos alcanzan una gran calidad, así como la minuciosidad y abundancia de las cosas que se representan en algunas de sus obras. De igual manera es un cultivador de la luz barroca, no natural, recurriendo a velas encendidas para alumbrar al maestro con sus alumnos o a los jugadores de cartas. Representa con gran realismo la vejez y se autorretrata, al menos, cinco veces, en una de ellas con una escultura clásica al fondo.

En una de sus obras representa a un matrimonio burgués (“Retrato de una pareja en un paisaje”)[i] pero el paisaje es sombrío y los personajes hieráticos, todo lo contrario de los personajes donde uno está extrayendo una muela a otro (1630-1635, óleo sobre tabla de 32 por 26 cm. que se encuentra en el Museo del Louvre). Aquí hay varios objetos en las estanterías del fondo, un violín, una calavera, varios yelmos, y contrastan las actitudes del paciente y el extractor, iluminados por una ventana que se abre a la izquierda. También se abren ventanas en otros cuadros suyos: “La oración del hilandero”[ii], o en el que dos ancianos están leyendo la Biblia[iii]; en el cuadro “Mujer vertiendo agua en un frasco”, “La mujer que hace un edema” y “La joven madre” de 1658, entre otros.

En ocasiones los personajes están asomados a una ventana: “Joven con un racimo de uvas” (óleo sobre madera que se encuentra en la Galería Sabauda de Turín). En varios autorretratos el autor se encuentra enmarcado, en dos ocasiones con la paleta de pintor, y en otra con pipa y libro. El tenebrismo se muestra en “La escuela nocturna” (pintado en 1660) o en “Los jugadores de cartas a la luz de las velas” (también de 1660, es un óleo sobre madera que se encuentra en la Residenzgalerie de Salzburgo).

Igualmente están a la luz de las velas sus astrónomos, pintados junto a un globo terráqueo, observando el firmamento de noche, y en uno de los casos con el cortinaje barroco que cubre la parte superior del cuadro. La calidad obtenida en la representación de objetos se muestra con todo su esplendor en su “Jarra de plata”, obra de 1663.



[i] Óleo sobre tabla de 76 por 63 cm. que se encuentra en el Rijksmuseum de Ámstedam.
[ii] Óleo sobre tabla de 27,7 por 28,3 que se encuentra en la Alte Pinakothek de Munich.
[iii] 1645, óleo sobre tabla de 60 por 46 cm. que se encuentra en el Museo del Lourve.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Holandeses en América

Vista parcial de la isla de Curaçao

Estando los flamencos bajo dominio de la monarquía española, el rey Felipe II envió al tercer duque de Alba (1567) con un cuerpo de tropas profesionales para ocupar Flandes y, hasta la llamada tregua de los doce años, firmada en 1609, la guerra se prolongó durante más de cuarenta años. Pero ya en 1586 el rey había decretado el cierre de los puertos de la península Ibérica (Portugal estaba también bajo dominio de Felipe II) al comercio y a los buques flamencos, con lo que se rompió la dilatada relación comercial entre Portugal y los Países Bajos, trastornó los negocios de los cargadores de Indias en Sevilla, donde las mercancías flamencas habían constituido hasta entonces el principal fundamento de las cargas que se hacían para las Indias y obligó a los holandeses a acudir directamente a los orígenes de su anterior comercio con Castilla y Portugal[i]

El primer viaje holandés al lejano Oriente se inició en 1595, en busca de las especias que ya no llegaban de Lisboa. En 1602 se organizó la Compañía holandesa de las Indias Orientales, que serviría de modelo a las que más tarde organizaron franceses e ingleses. La sal, que tradicionalmente arribaba a los Países Bajos desde Setúbal y otros lugares de la costa portuguesa, y que se consumía en la salazón de pescado y otros usos industriales, comenzó desde 1600 a recogerse en Araya, en una bahía de la costa venezolana. Cuando los holandeses fueron expulsados de aquí, iniciaron su asentamiento en Surinam o Guayana holandesa (1602-1603) y, tan pronto como terminó la tregua con el rey Felipe III, organizaron la Compañía holandesa de la India Occidental (1621). En 1624-1625 se asentaron en Nueva Amsterdam, origen de la actual Nueva York en la isla de Manhattan, “comprada” a un grupo de indios. Así se abrió el comercio de pieles que antes los holandeses recibían de los rusos.

En 1628, un almirante al servicio de la Compañía, Pieter Heyn, logró el éxito de derrotar y en parte capturar en la bahía cubana de Matanzas a una de las flotas de la Nueva España en viaje de regreso. Luego vino para los holandeses la conquista del negocio del azúcar: la “Nueva Holanda” se iniciaba en 1630 con un ataque a Pernambuco y la ocupación de todo el noreste del Brasil, donde el régimen holandés perduraría hasta 1654. También tomaron los holandeses a los portugueses en África, Elmina[ii] en Guinea (1638) y Luanda en Angola, obteniendo así los esclavos africanos que necesitaban para sus plantaciones de aña de azúcar. Desde 1634, la ocupación de la isla de Curaçao[iii], establecieron el primer depósito extranjero en territorio hasta entonces castellano.

En los años veinte del siglo XVII los holandeses iniciaron, pues, una nueva etapa en la colonización europea del Nuevo Mundo, introduciendo en América su moderno sentido comercial, que superaba con mucho a las prácticas de españoles y portugueses. No ocuparon territorio los holandeses, sino que establecieron puntos que les sirvieron para un intenso comercio, como las antiguas talasocracias. Con su embarcación modelo, el filibote, inventado en los astilleros holandeses a finales del siglo XVI, ahorraban tiempos muertos, mano de obra y gastos; para igual tonelaje, precisaba menos tripulación que cualquier otro buque hasta la fecha.

Los primeros asentamientos franceses e ingleses en el Caribe –islas de San Cristóbal (1622), Guadalupe y Martinica (1635)- dependieron en un principio de barcos holandeses, pero para estos fue instrumento fundamental, también, el Banco Comercial de Amsterdam y el Banco de Crédito, fundados respectivamente en 1609 y 1614, dadores de crédito fácil para los comerciantes ultramarinos. Los éxitos de Holanda tuvieron, sin embargo, sus límites, y su período de apogeo fue bastante corto. El tratado de La Haya (1596), que combinaba fuerzas militares y económicas para erosionar a la monarquía hispánica, fue boicoteado por Francia e Inglaterra cuando estas abandonaron a Holanda y firmaron paces separadas con España en 1598 y 1604, respectivamente. Las Actas de Navegación de 1651 en Inglaterra mostraron ya una actitud anti-holandesa, que condujo a las guerras de 1652-1654[iv] y 1665-1667[v] entre Inglaterra y Holanda.



[i] Céspedes del Castillo, “América Hispánica”.
[ii] Hoy en la costa de Ghana.
[iii] Isla frente a la costa noroeste de Venezuela.
[iv] El pensador Hugo Grocio defendía que el comercio marítimo debía ser libre, lo que las autoridades holandesas exigieron mientras no contaron con la competencia británica. La guerra finalizó en 1654 con la derrota de las Provincias Unidas.
[v] Carlos II de Inglaterra recibió de su esposa, Catalina de Braganza, Bombay y Tánger, así como ventajas en el imperio portugués (Portugal se encontraba entonces en guerra por su independencia con la monarquía española). El conflicto comenzó en el golfo de Guinea por la captura de esclavos, los ingleses se hicieron con nueva Ámsterdam, llamada desde entonces Nueva York. La victoria en 1667 fue holandesa, pero Inglaterra conservó algunas ventajas que los holandeses no discutieron.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Una obra temprana de El Bosco

"El mago" (1475-1480)
El Bosco nació a mediados del siglo XV en Bolduque, al sur de los Países Bajos y en la región de Brabante. Fue una ciudad fronteriza y defensiva ante las embestidas de los enemigos durante la Edad Media e incluso posteriormente. La gran plaza del Mercado denota que el comercio debió de ser su actividad económica dominante en una región que formaba parte, en la época de El Bosco, del eje entre Inglaterra al norte de Italia pasando por los Países Bajos y la Champaña.

Formado en un ambiente de pintores, pues varios miembros de su familia lo eran, en Bolduque pasó casi toda su vida, salvo quizá un viaje a Italia, pues en Venecia se conservan varias obras suyas que pudo realizar allí. En la obra "El Mago", que El Bosco pintó cuando tenía menos de treinta años, por lo tanto joven pero ya con cierta experiencia, nos introduce en un mundo que fue muy querido por él: la magia, la truculencia, la broma e incluso la ironía, con personajes y temas más propios del mundo medieval que del renacentista (a la postre no hay, en muchos aspectos, grandes diferencias entre estos dos períodos).

Con grandes contrastes cromáticos, el fondo es oscuro, aunque esto puede ser consecuencia del paso de los años. En todo caso así destaca mucho más la escena que representa. Mientras el mago, delicadamente y con un rictus de seguridad, se dedica a su oficio, uno de los personajes, que no quiere perderse nada, se inclina sobre la mesa; quizá sea porque es viejo y le falta vista, mientras que el que está detrás, con lentes y mirando disimuladamente hacia arriba, le intenta robar la bolsa. El niño no entiende de magias y observa al viejo, quizá en complicidad con el ladrón. No tanto los rostos de los personajes, sino la escena en sí misma, es una caricatura del mundo, el de los engaños y los delitos.

Otro personaje ignora la magia para observar de perfil a la dama que tiene al lado, a la que coge por el hombro. La atención de unos contrasta con el despiste de otros, mientras un perro o un mono se encuentra preparado, quizá para algún truco, tras la mesa del mago, una mesa que parece levantarse en su parte posterior, pues la perspectiva no está aquí conseguida. La escena se desarrolla en la calle, trasunto del mundo donde se dan todos los engaños.

En una Edad Media donde eran tan abundantes las creencias fantásticas, el trabajo de hechiceros y los libros sobre animales que se comportaban con intencionalidad moral, las vidas inventadas de santos, los almacenes donde se practicaban experimentos acientíficos, el tema de la magia es un retrato de aquella mentalidad. Los magos venían de vez en cuando por la ciudad o por la aldea, entretenían a los vecinos y estos quedaban maravillados: otra razón más para creer en lo sobrenatural y de ahí a lo divino. 

Es un óleo sobre tabla de 53 por 75 cm. que se encuentra en el  Museo Municipal, Saint-Germain-en-Laye (Fancia, al oeste de París).

miércoles, 1 de mayo de 2013

El taller de Van Gogh

"Raíces de árboles" de Van Gogh
Tras cuarenta años de existencia el Museo Van Goh de Ámsterdam abre sus puertas de nuevo con una muestra del taller del pintor, comprendiendo doscientas obras, objetos y cuadros de otros artistas. Como en otras ocasiones, una gran empresa ha ejercido el mecenazgo, en este caso la Shell, con el estudio de las pinturas.

El director del Museo, Rik van Koetsveld ha hecho unas declaraciones en las que informa de que el artista no pintaba de forma instantánea, sino laboriosamente para ir descubriendo los efectos de los colores más adecuados a sus objetivos. Otras obras y objetos son de Gauguin y de Toulousse Lautrec y en esta muestra los visitantes pueden utilizar un microscopio para apreciar los detalles de algunas pinturas, moldes transparentes superpuestos para ver los diferentes motivos pintados bajo la pintura defnitiva y retales de lienzo en sus diversos estados de preparación. Uno de los objetos es una caja de ovillos de lana de colores que el pintor usaba para guiarse cuando mezclaba diversos tonos.

Algunos ejemplos de sus pinturas son los cerezos en flor, en los que la calidad de la pintura (de la pasta) es mala, por lo que su conservación no ha resistido el paso del tiempo. El pintor que es reconocido generalmente por sus excentricidades, cuando no tenía lienzos utilizaba trapos y reutilizaba lienzos ya pintados donde pintaba un motivo nuevo. Esto se puede ver ahora con la exposición sobre el taller de Van Gogh. También se puede ver la primera versión de Los girasoles, que ha cedido la National Gallery de Londres. De los cinco girasoles de Van Gogh, todos son distintos. El dormitorio en Arles, también conocido como La habitación del artista, ha sido cedido por el Instituto de Arte de Chicago. 

También se exponen cuadernos con esbozos, dibujos y acuarelas de Van Gogh, que el público en general no conoce. En ellos se ve como el artista se adentró en el arte abstracto a partir de ciertas simplificaciones desde de un motivo concreto. La última obra de su vida, Raíces de árboles, obra de 1890, también puede ser vista ahora en el Museo.

Según el New York Times en su edición digital, se presentan sorpresas con algunos de los colores empleados por el pintor. El fondo del cuadro El dormitorio en Arles era violeta antes de pasar a ser azul y con otras obras se puede estudiar también la evolución a lo largo de su relativamente corta vida, y todo se podrá ver hasta el 12 de enero de 2014.

miércoles, 2 de enero de 2013

La guerra y la paz en Grocio

Una clase en la Universidad de Leiden
Leiden está al oeste de Holanda, muy cerca de la desembocadura del Rin. En su Universidad estudió, desde niño, Huig Groot (al latinizarse su apellido dio Grotius y, en castellano, Grocio). En la época de este economista y jurista holandés (1583-1645) Leiden experimentó un crecimiento extraordinario por el auge de la industria textil, practicada sobre todo por inmigrantes procedentes del sur (la actual Bélgica) donde la monarquía española ejerció siempre un mayor control que sobre las provincias del norte. No es extraño, pues, que siendo motivaciones religiosas (la libertad de pensamiento en definitiva) las que motivaron la entrada de muchos, también llegasen estudiosos, profesores y filósofos que hicieron famosa a su Universidad.

Muy cerca, un poco al sur, está la ciudad de Delft, donde había nacido Grocio, en la gran llanura holandesa. Hijo de un burgomaestre culto, la educación de Grocio fue esmerada y bajo la influencia del humanismo. Pero la época de nuestro hombre es también la de la gran guerra mantenida entre la monarquía española y las provincias del norte de lo que se ha llamado Flandes. Algunos han hablado de la guerra de los ochenta años (1568-1648), pero es evidente que no todos esos años fueron de enfrentamientos, sino que se sucedieron estos con los de treguas y paces. Este contexto no escapó a la observación de Grocio, de fe calvinista aunque de la rama arminiana, una de las religiones de la reforma que basan la salvación del hombre en su fe, no en la predestinación divina. 

La intransigencia religiosa de Felipe II para con los calvinistas holandeses, el sentimiento nacionalista de las clases dirigentes del país, la lejanía respecto de la metrópoli española y la legítima ambición de regir sus propios destinos los holandeses (ricos burgueses que verían en la libertad una mejor salida a sus negocios) explican sobradamente las aspiraciones de independencia de las provincias del norte, lo que de iure conseguirán en 1648, pero que en la práctica ya se venía dando desde décadas atrás.

Siendo muy joven ya publicó una pequeña obra sobre la libertad de los mares, combatiendo el mercantilismo que ponía en manos de los intereses comerciales de cada país el destino de la economía mundial. Aunque Grocio no fue del todo original, pues se inspiró en los teólogos de la Escuela de Salamanca, entre los que está Vitoria, "por ley natural los bienes son de dominio común para todos los hombres, siendo la posesión privada un acuerdo sostenido por el derecho de gentes", es decir, por el derecho internacional. Así intentaba combatir Grocio el monopolio portugués sobre las Indias Orientales, donde tan interesada estuvo la burguesía holandesa.

Si tenemos en cuenta que cuando Grocio publica esta obra (1609) Portugal forma parte de la monarquía española con un estatuto sui generis, "a la guerra terrestre contra los tercios hispanos -dice Gómez Rivas- habría que añadirle un conflicto marítimo por las rutas comerciales de América y el extremo Oriente". Este período además, es el del asentamiento de la Compañía de las Indias Orientales en Ceilán, China, Indonesia, India y Japón. El mantenimiento de los derechos comerciales de quien más aptitud demostrase para ello, se combina con una ardiente convicción pacifista en Grocio, aunque como es lógico no se pudo sustraer a la idea de combatir a la monarquía española hasta que esta se avino a las paces durante el reinado de Felipe III.

En juego estaban -dice Gómez Rivas- los intereses de las Indias, los portuarios de las ciudades de Amsterdam y Rotterdam, opuestas a llegar a un acuerdo comercial con España que abriría el puerto de Amberes, entonces cerrado por el control holandés sobre el canal del Escalda; los intereses textiles de las provincias del norte (Nederland hoy), temerosas de la competencia de las industrias del sur (ahora Bélgica); la competencia naviera de la Hansa por el norte y la desaparición de una mano de obra barata y cualificada (los emigrantes que huían de las provincias del sur y que, si se hubiese dado la necesaria tolerancia religiosa por parte de la monarquía española, volverían a sus hogares).

sábado, 13 de octubre de 2012

El antiguo paisaje de los Países Bajos

Vista de Naarden (Ruysdael, 1647)
En el siglo XVII las Provincias Unidas eran un emporio económico por su relación con las provincias del sur (la actual Bélgica), el norte de Francia e Inglaterra, además de por la prosperidad de su comercio ultramarino. En el pequeño país que se asoma al mar del Norte, en el centro de la línea costera, está Naarden, ciudad donde nación Jacob I. Ruysdael, uno de los paisajistas más notables del siglo y de todos los tiempos. Debió conocer bien su país de turberas y arenales en el norte, bosques de árboles caducifolios como los abedules, los robles, los fresnos y los sauces; las landas con sus matorrales, las marismas y los cielos turbulentos buena parte del año. País llano y bajo, las influencias atmosféricas del Atlántico norte no encuentran obstáculo para penetrar hasta el límite este y aún seguir por la gran llanura europea. 

Ruysdael, que vivió buena parte de su vida en la pobreza, pues su obra se reconoció más tarde, debió visitar las regiones de Overijssel y Brabante, llanas como la mayoría del país, la meseta de Limburgo al sureste y los terrenos aluviales del litoral, como en Zelanda y Holanda. Pudo ver ya los canales y los molinos característicos de las zonas rurales, pero también en las afueras de las ciudades. El clima lluvioso y frío, pero no en exceso, configuró ese paisaje que Ruysdael, junto con Hobbema, supo plasmar tan bien, pero el primero con el matiz poético que inspiran las soledades. No pinta figuras humanas, no pinta animales; las ciudades se intuyen en la lejanía, y lo que predomina es la vegetación y los cielos brumosos.

No vivió muchos años, apenas cincuenta y cuatro, teniendo que ser atentido al final de su vida en un hospicio para pobres por intercesión de los menonitas, grupo reformado desde la centuria anterior cuya característica principal es el pacifismo. Conoció el artista las riberas y la desembocadura del río Spaarne; aprendió el arte de la pintura de su padre y de un tío suyo; con toda seguridad conoció a Hobbema y a Rembrandt. También gustó Ruysdael de los paisajes costeros y marinos, y cuando pinta montañas -muy pocas veces- se habrá inspirado en las que pudo conocer en otros países, o bien de las obras de otros artistas más cosmopolitas que él. 

Sus verdes y sus grises convienen al paisaje y la atmósfera de su país, al clima dominante, a las soledades y frialdad de los espacios. Quizá no haya ejemplo mejor donde se dé la simbiosis entre un artista y el paisaje de su tierra.

miércoles, 25 de julio de 2012

¿Es calvinista Holanda?

En una sociedad secularizada ya no se puede decir si es calvinista, católica o de otro credo, pero si volvemos la vista atrás comprobaremos que los Países Bajos del norte, lo que hoy llamamos Holanda (Nederland), ha pasado por una serie de vicisitudes en el ámbito de lo religioso que rompe con el tópico de una Holanda predominantemente calvinista.

En primer lugar la inclinación calvinista de muchos holandeses en el siglo XVI se debió a que fueron los de esta comunidad religiosa los que más se distinguieron en apoyar al príncie de Oranje, Guillermo, lo que se identificaba con independencia política y religiosa frente a la asfixiante monarquía de Felipe II. Aquel, contra su inicial voluntad, prohibió el culto católico influído por los más exaltados calvinistas, pero los católicos siguieron siendo mayoría hasta bien entrado el siglo XVII. La legislación de los Países Bajos independientes fue perjudicial para los católicos, a los que no les estaba permitido, entre otras cosas, ejercer ninguna función pública ni celebrar su culto públicamente. La idea que tenemos de una España hecha a partir del principado de Cataluña, Aragón, Valencia, Baleares, Castilla, Navarra, Canarias... es bastante parecida a la Holanda de la época, tal y como explica Duque de Baena en una obra suya (1). Una vez esto, muchos católicos fueron abrazando el calvinismo excepto en las provincias del sur, Limburgo y Brabante.

Con la ocupación francesa en 1795 comenzó un proceso de legalización de los católicos, aunque el papel de las confesiones o iglesias dejó de ser preponderante en lo político, algo que Napoleón extendió a otros territorios y países ocupados. Con la monarquía de Guillermo I desde 1813 el igualitarismo legal fue la norma, pero a mediados del XIX y hasta mediados del siglo XX la sociedad holandesa pasó, en lo religioso, por una serie de vicisitudes. Los católicos eran, en 1849, el 38% de la población holandesa y, a partir de entonces, la influencia de las situaciones anteriores dio ocasión a que se formasen lo que se han llamado "columnas": la sociedad holandesa se fue segregando por grupos religiosos y políticos; católicos, protestantes, liberales, socialistas... Estas "columnas" eran independientes unas de otras, de forma que podia ocurrir que los miembros de una no tuviesen apenas contacto con los miembros de la otra. 

Empezó a haber periódicos que solo leían los católicos y otros que solo leían los calvinistas, escuelas a las que solo acudían los católicos y otras para los calvinistas, y así sucesivamente. Las instituciones, por su parte, se fueron confesionalizando y ello permitió a los católicos alcanzar una influencia en la sociedad y política holandesas equiparable a la de los calvinistas. Hasta tal punto esto es así que Gerard Knuvelder, hablando del poder de los católicos en la sociedad, dijo: somos un factor de poder en nuestro país, y esto puede ser un peligro. Como todo poder, será un verdadero peligro en cuanto éste 'catolicismo del poder' dejara de apoyarse y ser sustentado por un 'catoliscismo del ser' en el corazón y en la mente de los que lo confiesan. El poder que tenemos es menos importante que la convicción de nuestro catolicismo. ¡Que radical diferencia con respecto a la actitud de la Iglesia en España y en otros países!

Las "columnas" formaron un espíritu de cuerpo y los católicos llegaron a superar a los protestantes en número e influencia. La Universidad católica de Nimega jugó su papel, pero hubo aspectos negativos que hacen de Holanda un caso no tan distinto a España: cuando un trabajador buscaba empleo lo hacía en una empresa católica si era católico; el empresario le exigía un certifiado de buena conducta firmado por el párroco y algunos párrocos lo denegaban si el interesado no era asiduo a la misa dominical... El "catolicismo del poder" hizo que los sacerdotes católicos llegasen a vigilar la vida privada del católico. 

Durante la II guerra mundial, cuando el país fue invadido por los nazis, la Iglesia holandesa, contrariamente a la española, se opuso, lo que hizo aumentar el prestigio de los obispos, mientras que en España la jerarquía católica contentaba solo a una parte de la población. Con la construcción de un estado democrático tras la segunda guerra mundial el "columnismo" fue perdiendo fuerza a cambio de una sociedad más integrada, pero para entonces, siendo los católicos holandeses el 1% en el mundo, aportaban el 10% de los misioneros católicos del mundo. Esa misma Iglesia holandesa combatió en el país el marxismo, el liberalismo, a los sindicatos socialistas, pero no colaboró con la dictadura nazi, mientras la Iglesia española sí colaboró con la franquista, ayudada a su vez por la nazi en los primeros años.
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(1) "El rompecabezas holandés", Madrid, 1972.
Fuente: Alonso de Velasco Esteban, E., "La crisis de la Iglesia Católica en los Países Bajos en la segunda mitad del siglo XX", 2011.