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miércoles, 18 de enero de 2023

Frescos y artesonado de Sigena

 

                                        Monasterio de Sigena (campaners.com/php/campanar)

Villanueva de Sigena se encuentra al sur de la provincia de Huesca, en la comarca de Los Monegros, donde el clima es predominantemente seco y continental, y ello se nota en el paisaje, con los campos cultivados que se apiñan entre el caserío y el río Alcanadre.

Además de ser la patria chica de Miguel Servet, el patrimonio histórico de la villa está representado, sobre todo, por el monasterio de Santa María, obra del siglo XII como así mismo los frescos de su sala capitular, que hoy se encuentran, en parte, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña[i]. Allí se encerraron las monjas hospitalarias bajo la protección de Sancha, esposa de Alfonso II de Aragón. El monasterio se encuentra al sur de la villa, al otro lado del río.

El trabajo realizado por los maestros que pintaron los frescos es de una singularidad extraordinaria aun teniendo en cuenta las pautas repetidas de la plástica románica, quizá deudor de otras latitudes, pero también fuente de influencias para otros lugares. No menos interés tiene el laborioso artesonado de la sala capitular en estilo mudéjar. En cuanto a los frescos se consideran de una calidad e interés superiores a los de otros casos de la pintura románica, tanto por la variedad de los personajes representados como por las escenas y los conocimientos que tuvieron los inspiradores o los artistas que realizaron la obra.

Los detalles y la abundancia de color denotan la influencia de la Corte aragonesa, así como el desarrollo de la pintura románica cuando estamos en el cambio del siglo XII al XIII. Los elementos decorativos son vegetales, seres fantásticos y otros, pero la mayor originalidad quizá se encuentre en la escena donde el agua sumerge los cuerpos de algunos personajes; la delicadeza de la composición destaca de forma notable, pues se ha conseguido representar la transparencia del agua. La inconografía muestra personajes del Antiguo y del Nuevo Testamento: Moisés, la adoración del becerro de oro, Noé embriagado, el sacrificio de Isaac, la expulsión del Paraíso de Adán y Eva, etc.; frescos que se distribuyen en cinco arcadas, las enjutas y el muro. En cuanto al Nuevo Testamento se representan escenas de la vida de Jesús, la crucifixión, la resurrección, etc.

Están presentes los convencionalismos de la plástica románica, pero en este caso los artistas se esforzaron por dar cierta corporeidad a los personajes, huyendo de las representaciones planas. También la adaptación al marco, sobre todo en los intradós y en otros espacios pequeños, llenando con profusión el muro con ese “horror vacui” del que tanto se ha hablado. Salvo por el tamaño, los frescos de Sigena nos recuerdan a las iluminaciones de los manuscritos medievales, y los dorados parecen decirnos que hay una cierta influencia del arte bizantino, ya que este sería conocido por los artíficices de los frescos. La falta de naturalidad, pues el artista románico quiere más bien enseñar el mensaje que representar la naturaleza, se muestra en los ceños fruncidos, en las musculaturas y desnudos, en los rostros simples pero expresivos; en el caso de los frescos de Sigena hay una cierta solemnidad en el conjunto de los personajes que quizá radique en la influencia de la Corte inspirando los trabajos.

Una inmensa calma ha sido necesaria para la preparación de los muros, los pigmentos, la aplicación de los mismos al fresco, los detalles y las múltiples líneas que componen un conjunto ejemplar. El estudio y repaso de los libros y enseñanzas sagradas, la elección de los lugares para representar a unos y a otros, el esfuerzo alegórico para suplir la falta de realismo, los ojos que representaban la luz, la quietud de algunos personajes, la sobriedad de algunas escenas, no están reñidas con la riqueza general que representa la gran obra de Sigena.

En cuanto al artesonado de la sala capitular, según los arquitectos Pemán y Franco[ii], fue una compleja estructura de madera que se realizó con un entramado de bastidores con escuadrías varias… ensambladas en madera de pino de primera calidad, secada y estabilizada... No hay acuerdo sobre el siglo al que corresponde el artesonado de Sigena, pero el arte mudéjar se desarrolló en algunas regiones de España (Aragón entre ellas) entre las centurias XIII y XVII, presentando la geometría fractal de su composición, con reiteración de formas geométricas que parecen querer prolongarse ilimitadamente, pero también con piezas muy distintas entre sí en tamaño y composición.

Los artesonados se pintaban en unos casos y se dejaba la madera barnizada en otros, pero la impronta mudéjar es la que ha dado su verdadero carácter a estas obras. Bolas decorativas en madera de sabina, clavazón de madera, aplicaciones de arcilla y pintura, paños de oro, decoración cúfica, dibujos de estrellas y vegetación; una obra realmente extraordinaria más propia de palacios cortesanos[iii].



[i] Al comenzar la guerra de 1936 unas personas incendiaron el monasterio, produciendo destrozos irreparables, no obstante los esfuerzos que se han hecho para recuperar el rico patrimonio de su arquitectura, pinturas al fresco y artesonado.

[ii] “Proyecto de restauraciónn de la sala capitular del Real Monasterio de Sijena”.

[iii] Paco Luis Martos ha sido el “reconstructor” del artesonado de Sijena por encargo de Juan Naya, del que se puede ver un extraordinario documental: “El sueño de Sigena” (https://www.rtve.es/play/videos/somos-documentales/el-sueno-de-sigena/6773252/)

 

sábado, 30 de enero de 2021

El "tesoro real"

 

En 1321 tres cristianos entraron en la morería de Elche y atacaron a mano armada a una mujer mudéjar de nombre Fátima, que estaba en su casa, y le cortaron un dedo… En el siglo XIV Francesc Eiximenis escribió refiriéndose a los cristianos del reino de Valencia que estaban “mezclados con diversos infieles”, que era necesario perseguir a los bandidos que abundaban en el sur de dicho reino y “que si los moros se mueven, los de la tierra tomarán su parte en ellos”, refiriéndose a la amenaza del reino granadino y la connivencia de los mudéjares con él.

En 1419 ocurrió un caso en la villa de Cocentaina (norte de la actual provincia de Alicante) que se ha conservado en una fuente: un moro de dicha villa “ocultamente yació con un muchachito cristiano”, cuando estaba prohibido que hubiese relaciones sexuales entre individuos de diferente religión. Los jurados de Valencia, en 1451, se dirigieron al rey Alfonso V diciendo “que los moros de éste reino, viendo tan a menudo entradas de los moros de Granada… se atreven, presumen, y tienen las orejas altas y lanzan muchas bravuconerías insólitas…”, añadiendo que “tenemos los enemigos en nuestra casa muy favorecidos”.

El viajero alemán Jerónimo Münzer, en el siglo XV, cuando visitó Arcos de Jalón[i], dijo de los mudéjares que es gente que vivía con sobriedad y gozaba  de excelente salud; y cuando se refiere a los mudéjares de Zaragoza dice que son de fuerte complexión, sufridos en el trabajo, diestros en muchos trabajos y sobre todo labradores, aunque pagan un “crecidísimo tributo”; añadiendo que hay pueblos habitados solo por “sarracenos”, que tienen mucho ingenio para la agricultura de regadío. Un señor de Borriol[ii], que tenía vasallos mudéjares, se refería a ellos como “perros de moros, que no valen nada”… aunque eran la fuente de sus ingresos, añade Hinojosa Montalvo[iii].

Sirvan estos pocos ejemplos para mostrar la conflictividad entre la minoría mudéjar (que en el reino de Valencia fue mayoría por lo menos en el siglo XIII) y la mayoría cristiana. Los mudéjares vivían bajo la “protección” de un contrato o pacto de capitulación entre los reyes cristianos y las aljamas, por los que se les reconocía la práctica de su religión, sus autoridades, lengua, derecho y costumbres, pero dependían de la voluntad real, que podía reconocerles ciertos derechos al margen de las disposiciones de la Iglesia, una de las grandes enemigas de las minorías religiosas en la Edad Media. Lo importante para los reyes cristianos, la nobleza y los grupos que vivían del trabajo mudéjar, eran las riquezas que les proporcionaban, considerados los moros como el “tesoro real”.

Donde más casos de conflictividad se dieron, ya desde la segunda mitad del siglo XIII, fue en el reino de Valencia, no siendo comparable la convivencia de los mudéjares con los cristianos en Aragón y Castilla. Algunos historiadores han sugerido la idea de que los mudéjares valencianos, minoría fuerte, no habrían perdido la esperanza de que, con ayuda del reino granadino y la piratería en el Mediterráneo, pudiesen revertir la situación de sometimiento en la que estaban, esperanza que se habría ido disipando a medida que avanzaba el siglo XIV. Cuando durante el reinado de los Reyes Católicos se fuerce la conversión de los mudéjares al cristianismo, pasarán a ser moriscos y, así Cervantes en su “Quijote”, por ejemplo, habla del morisco Ricote, no de mudéjar.

Los mudéjares vivían, como los judíos, en barrios segregados en cada ciudad o villa, aunque seguramente habría algunas excepciones, siendo discriminados por los cristianos y considerados de inferior calidad, pero lo que prevaleció entre mudéjares y cristianos fue una paz en la que aquellos estuvieron sometidos, si bien algunos alcanzaron riquezas y fueron prósperos artesanos o comerciantes. La excepción –aunque hay muchas- son los conflictos en el sur del reino de Valencia. Algunos historiadores han estudiado casos concretos, como Ernesto García para los mudéjares de la Ribera del Ebro en Navarra; Serafín Tapia para los de la Extremadura castellano-leonesa; Torres Fontes para los murcianos en el siglo XIII; María Luisa Ledesma estudió el caso de los mudéjares aragoneses; el citado Hinojosa Montalvo ha publicado “La morería de Elche en la Edad Media” y no son los únicos.

La palabra mudéjar significa “sometido” (“mudayyan”), pero no se empleó en la época, sino sarraceno, y estos constituyeron focos de conflictividad pero solo en determinados momentos y regiones. Ello se debió a su propia condición de musulmanes, a los que se consideró infieles, como infieles eran considerados los cristianos por los musulmanes, y es un fenómeno que afectó a toda minoría a lo largo de la historia: mozárabes y judíos fueron discriminados en al-Andalus. Pero es evidente que, desde la segunda mitad del siglo XIII, el mudéjar sufrió una condición social, política y jurídica inferior a la del cristiano, de lo que era consciente, además de que tenía que pagar por poder ejercer su religión.

A finales de la Edad Media se han calculado, para Castilla, unos 20.000 mudéjares, lo que es una insignificancia en relación al total de la población, mientras que en Valencia y Aragón fueron muchos más. En el primer caso, a finales del siglo XV se contaron 5.674 fuegos (28.370 habitantes), con una población total muy inferior a la de Castilla. En Valencia, por la misma fecha, eran un tercio de la población, por lo que no es extraño que hubiese mudéjares que participasen en el comercio internacional, sobre todo con el reino de Granada hasta finales del siglo XV. La morería de Valencia, reducida tras el asalto que sufrió en 1455[iv], sufrió la pérdida de unos ochenta y seis mercaderes mudéjares, quedando solo treinta y dos en las últimas décadas del siglo. Fueron destruidas casas, atacadas personas y ocupados bienes[v], contando con mezquita, carnicerías, horno, molino, cárcel, baños, etc. A mediados de 1455 fue asaltada la morería pero, al parecer, no solo por valencianos, sino por extranjeros y delincuentes, provocando que muchos mudéjares se marchasen a otros sitios: Xátiva, Manises o el reino de Granada.

En el reino de Valencia había más alfaquíes que en Aragón y, por supuesto, que en Castilla, a los que correspondió velar por la ortodoxia que no era seguida en muchos casos en estos dos últimos territorios. En Aragón, por ejemplo, el esoterismo impregnó el Islam, y el grado de integración en la sociedad cristiana fue mayor en Castilla que en Aragón y Valencia. Hinojosa Montalvo habla de represión, temor, intransigencia, odio, en las relaciones con los mudéjares por parte de los cristianos, lo que se daría recíprocamente pero en condiciones de inferioridad por parte de los mudéjares. Abusos y graves delitos contra los mudéjares eran castigados benévolamente por las autoridades, al revés que si eran cometidos por los mudéjares. Los protectores de estos fueron los nobles que vivían de ellos y la Corona, a la que reportaron buenos ingresos; la oposición al mudéjar vino del bajo pueblo, dándose tanto en la ciudad como en el campo, mientras que los conflictos con los judíos fueron más bien urbanos.

La Iglesia, desde el IV concilio de Letrán (1215), dictó muchas medidas contra las minorías no cristianas, derivando ello en que se prohibiese a los mudéjares vestir como los cristianos, se les obligase a vivir en barrios específicos, se prohibió a los cristianos echar mano de médicos, criados o amas de cría mudéjares, cayendo durísimas penas a los transgresores. A pesar de la tolerancia religiosa teórica, se llegó a prohibir, en el siglo XIV, a los mudéjares la llamada a la oración por el muecín y se buscó la conversión forzosa a través de predicaciones. Ello provocó la huída al reino de Granada de algunos, aunque estuvo prohibida en la mayor parte de los casos. Se llegó incluso a profanar cementerios mudéjares y, en cuanto a la promiscuidad entre cristianos y musulmanes, se dio sobre todo en las tabernas y los burdeles, sin que las repetidas prohibiciones diesen resultados sino parciales.

Vicente Ferrer[vi] calentó el ambiente social antes de que, a finales del siglo XV, se estableciese la Inquisición española, mientras que los señores trataron de forma humillante a los mudéjares, sus vasallos, por lo que algunos cambiaban de señorío o se marchaban a tierras de realengo, huída que fue duramente combatida en las Cortes de Zaragoza de 1442. En cuanto al reino de Valencia, la conflictividad desde la segunda mitad del siglo XIII fue –dice Hinojosa Montalvo- “casi como una continuación de la lucha contra el Islam” y un siglo más tarde (1386) los cristianos asaltaron la morería de Xátiva. En el lejano Haro, en 1453, las autoridades prohibieron a los moros y judíos adquirir bienes raíces…

Pero cuando el rey Alfonso V de Aragón quiso, en 1456, convertir por la fuerza a los mudéjares, se le pidió por los poderosos que no lo hiciese, temerosos de que provocasen desórdenes o huyesen, afectando negativamente a sus intereses económicos, los cuales estaban por encima de todo. 


[i] Al sureste de la actual provincia de Soria.

[ii] Al sureste de la actual provincia de Castellón.

[iii] “Cristianos contra musulmanes…”.

[iv] Manuel Ardit Lucas, “El asalto a la morería de Valencia…”.

[v] Hay un plano de la morería hecho a principios del siglo XVIII por Tomás Vicente Toscá, arquitecto, matemático y teólogo valenciano (fue un “novator”)

[vi] Dominico valenciano del siglo XIV (murió en 1419).

Fotografía: calle y casas del Haro histórico (gomezurdanez.com/haro/arte.pdf)

domingo, 21 de julio de 2019

Temer a los moros

Castillo de Rebollet (Valencia)

La última empresa de Jaime I de Aragón (1276) habría sido, según Jerónimo Zurita[i], “echar del reino de Valencia a los moros”, a lo que le había exhortado el papa Clemente IV, pero tal cosa estuvo lejos de ser realidad.

Durante el siglo XIII la rivalidad castellano-aragonesa se manifestó a la hora de repartirse territorios[ii], y el área valenciana se limitó, en ocasiones, a la prestación del vasallaje de parte de los señores musulmanes locales. La ocupación del territorio valenciano se caracterizó por una serie de tratados, y así se explica la permanencia en el país de un buen número de musulmanes, dándose una política de mantenerlos en el territorio incluso después de las primeras revueltas. También se emprendió una tarea colonizadora con musulmanes llegados del exterior, iniciativa que partió de los señores de lugares con mudéjares.

La inmigración musulmana no sobrevive, en cambio, en el siglo siguiente, quizá como consecuencia del aumento de la población cristiana y los peligros que comportaba la población islámica. Se dieron entonces dos posturas que algunos autores discuten: la de quienes se mostraron favorables a la existencia de musulmanes en Valencia y la de quienes endurecieron su oposición a ellos, lo que se demuestra en las cartas-puebla a partir de mediados del siglo XIV. Puede que los cristianos viesen a los musulmanes como competidores y colaboradores con su trabajo del poder señorial[iii], y de ahí los asaltos a las morerías de Alcira, Liria, Castellnou, Onda y Oropesa en 1276, con ocasión de la revuelta de los caudillos mudéjares; también los asaltos a la morería valenciana en 1309 y 1399, coincidiendo con la cruzada contra Almería y una expedición aragonesa a Berbería, respectivamente. Otro ejemplo es el episodio de 1455, quedando la morería valenciana reducida a la postración.

El último cuarto del siglo XIII se caracteriza por la existencia de una amplia mayoría de población mudéjar sometida a explotación y a desestructuración, lo que provoca recelos y fugas subrepticias al reino de Granada. Los cristianos, por su parte, reaccionaron periódicamente contra ello, mientras que quizá existió una política nazarí en lo tocante a la suerte de los mudéjares de Valencia[iv]. Entretanto se dio el gran alzamiento mudéjar de 1276-1277, que dejaría una fuerte impronta en las comunidades cristianas, en el que tomó parte, como en 1247-1258, Al Azraq, un caudillo que vivió al sur del reino de Valencia, aunque en 1276 se encontraba exiliado en Granada. La tregua fue pactada, pero en 1278 se levantó la población de Montesa (al suroeste de Xátiva) confiando en recibir apoyos de fuera, lo que llevó al rey Pedro III a permanecer en Valencia durante 1279 para evitarlo.

En la década siguiente menguó la alarma al estar los mudéjares privados de sus líderes aristocráticos, mientras que en Granada se intensifica la presencia meriní. A principios del siglo XIV, cuando Murcia está en manos aragonesas, Bernardo de Sarriá[v] escribe a Jaime II alarmado por los éxitos granadinos en Jaén y Alcaudete[vi], y estas no serán las únicas victorias nazaríes que susciten recelos entre los cristianos: la derrota y muerte de los infantes Pedro y Juan en la batalla de la Vega[vii] (1319) causó conmoción en Andalucía y desató una ola de histeria en Valencia. De nuevo se firmaron treguas con Granada, pero en 1323 otra vez las autoridades de Valencia temen lo peor de granadinos y meriníes.

Poco a poco se fue gestando la idea de que norteafricanos y granadinos pretendían llevar a cabo una contracruzada debido a la presencia de zenetes[viii] en territorio granadino. La operación combinada iría acompañada de un alzamiento de los mudéjares de Cocentaina[ix], Oliva, Rebollet[x] y huerta de Alicante. Se extendió el rumor (que se ha atribuido al rey castellano Alfonso XI con el objeto de recibir ayuda del rey Pedro IV de Aragón contra los magrebíes) de que el sultán granadino estaba dispuesto a recuperar Valencia. El rey aragonés solicitó ayuda económica al papa Benedicto XIII (1339), la que no consiguió porque el papa creyó que el rey aragonés quería el dinero para otras empresas, como dominar Cerdeña. El texto de la petición presenta a los meriníes como herederos de la legitimidad almohade, deseosos de recobrar los territorios “de los cuales España es fundada”. Mientras tanto seguían las correrías periódicas de los granadinos por el sur del reino valenciano.

Después de firmarse la paz de Torrellas[xi] (1304), por la que Murcia vuelve al dominio castellano, el rey aragonés escribe a Fernando IV para informarle de una reciente algara nazarí en territorio valenciano, y poco más tarde los zenetes, a sueldo de Granada, atraviesan los campos de Murcia y saquean el término de Orihuela. En 1331 el visir Ridwan corre estos campos y los de Elche para acabar saqueando Guardamar (sur de la actual provincia de Alicante) donde se apodera de veinte mil cahices de trigo. Al año siguiente Elche sufre un cerco granadino gracias a la ayuda que los mudéjares del reino valenciano prestaban, a cambio de lo cual se les permitía incluirse en la tropa hacia Granada, pero otras muchas incursiones modestas incluso resultaban ignoradas por los musulmanes valencianos, todo ello gracias a la facilidad con la que se podía atravesar el territorio murciano (Orihuela-Sangonera-Rio de Sangonera-Totana-cercanías de Lorca-frontera granadina). A fines del siglo XIV concluyó una larga etapa de paz relativa en la frontera terrestre con la muerte de Muhammad V, que había reinado en dos períodos: 1354-1359 y 1362-1391).

La judería valenciana fue asaltada en 1391, lo que se inscribe en los asaltos que ese año se dieron en otras ciudades y villas de la Península. Las autoridades, por su parte, aprovecharon la próxima partida hacia Almería de una embarcación cargada de paños para pedir a los tripulantes que actuasen como espías. Debe tenerse en cuenta que del nuevo sultán, Yusuf II, la burguesía valenciana no se fíaba, además de que el asalto a la judería había provocado una gran intranquilidad entre los mudéjares, justificada porque pocos días más tarde hubo una intentona sobre la aljama de la capital.

El furor antisemita es la principal causa de la movilización en masa de los cristianos valencianos, sobre todo cuando llegan noticias de Elche y Orihuela, víctimas de unas y otras incursiones granadinas; por eso el rey Juan I de Castilla pide al concejo de Lorca que se le dé aviso de cualquier circunstancia en dicho sentido. Martín I de Aragón, por su parte, también toma medidas fortaleciendo las plazas meridionales, sobre todo cuando recibe noticia de la matanza llevada a cabo por los granadinos sobre las huestes del maestre de Alcántara, Martín Yáñez de la Barbuda, que había participado en una incursión sobre Granada en 1394.

Durante el siglo XV continuarán los enfrentamientos: Alonso Yáñez Fajardo inició la guerra con Granada y en 1452 los castellanos vencieron a los granadinos en Los Alporchones, cerca de Lorca…


[i] Vivió en el siglo XVI y fue Cronista Mayor del reino de Aragón.
[ii] “Los mudéjares valencianos y el reino nazarí de Granada…”. En este trabajo se basa el presente resumen.
[iii] Otro tanto ocurre en el reino de Granada cuando es conquistado en 1492. Para el cristiano común su consideración como tal era el único argumento que podía separarle del mudéjar y justificar una pretendida superioridad.
[iv] García Cárcel, para un período posterior, ha señalado la interacción de los cristianos nuevos de Granada y Valencia durante los años previos a la revuelta morisca granadina de 1569. Dicho autor habla de “un inteligente montaje del mito Granada, asociado a unas connotaciones de terror febril al maligno contacto, de horror a la cultura morisca”. En la configuración de este mito jugó un papel el rey Carlos para evitar que moriscos granadinos se trasladasen al reino de Valencia, al tiempo que hubo disposiciones que vedaban el abandono de residencia de los moriscos valencianos. Pero tales medidas no fueron nuevas.
[v] Noble y almirante de la Corona de Aragón.
[vi] Al suroeste de la actual provincia de Jaén.
[vii] En Pinos Puente, al oeste de la actual provincia de Granada. El infante Pedro era hijo de Alfonso X, y Juan, de Sancho IV.
[viii] Grupo de pueblos bereberes que llegaron a formar una importante confederación, siendo otras las de los masmuda y de los sanhaya.
[ix] Al norte de la actual provincia de Alicante.
[x] En el extremo sureste de la actual provincia de Valencia.
[xi] Oeste de la actual provincia de Zaragoza.