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domingo, 25 de diciembre de 2022

Asombrosos olmecas

                                                         

                                                Mapa tomado de "Historia de los pueblos"

Quizá sea la cultura olmeca la más antigua de las conocidas en Mesoamérica, y es un precedente de la cultura maya posterior. En el istmo de Tehuantepec que une la península de Yucatán con el resto de México se desarrollaron los núcleos y/o centros ceremoniales independientes entre sí. Tabasco es una zona donde abundan los ríos tortuosos que desaguan en el golfo de México, y se distinguen tres períodos tomando como base el momento de prosperidad que corresponde a tres centros: San Lorenzo, en el centro del área descrita; La Venta en el noreste y muy cerca de la costa, y Tres Zapotes en el noroeste, pero hay otros muchos yacimientos arqueológicos. No obstante las migraciones han hecho que puedan verse rasgos de la civilización olmeca en Veracruz, Guatemala y el Salvador.

Características de esta civilización es el juego de pelota, las cabezas colosales (17 conocidas), pirámides a partir del 800 a. C., escultuas mutiladas que algunos han interpretado de una época de decadencia y como símbolo de la misma; la elaboración de calendarios en piedra, uno sagrado con menos días que el natural; artesanía con piedras semipreciosas y cerámica de vasijas mono y bicolor decorada. La naturaleza del juego de pelota está envuelta en conjeturas, pero se practicaba en un campo alargado más o menos, y también la anchura variaba, flanqueado por muros; se ha interpretado como un ritual además de la diversión que podría representar, y otros han visto en este juego una forma de dirimir las contiendas sin recurrir a la guerra: nada definitivo.

Las cabezas colosales muestran los rasgos faciales muy definidos y exagerados, sin obedecer a los cánones naturales; se ha supuesto que representan a gobernantes y guerreros que han sido esculpidos en basalto y otras rocas volcánicas. Su peso oscila entre seis y cuarenta toneladas. Las pirámides son del segundo período (La Venta) y están hechas con arcilla, presentando plantas cuadradas y redondas.

Como existe una escultura monumental representada en las cabezas de las que hemos hablado, también existió una arquitectura monumental, y fue la piedra el material para el resto de las manifestaciones artísticas con algunas excepciones: el motivo más empleado es el ser humano, representado con gran naturalismo o con distorsiones, pero también animales. Para esculturas de pequeño formato se han empleado piedras preciosas.

Como en todas las civilizaciones antiguas, religión y poder político estaban unidos; se trataba de una religión politeista adorándose a determinados animales (jaguar, caimán y sapos), astros y a la agricultura. Se consideraba que los gobernantes descendían de los dioses y realmente estaban en la cúspide de la pirámide social porque así lo querían estos. Era una teocracia más donde unas familias se fueron apoderando de las tierras más ricas y algunos de sus miembros se convirtieron en chamanes o sacerdotes, cuando en un período primitivo la propiedad de la tierra era comunitaria, aunque el producto de la misma puede que se entregase a los gobernantes para su distribución. Los chamanes y sacerdotes tenían, entre otras misiones, adivinar la llegada de las lluvias o la suerte de las cosechas; eran también los encargados de dirigir los sacrificios humanos y de ordenar la creencia en la vida tras la muerte, por lo que se dio un trato a los difuntos que reflejó las diferencias sociales.

La agricultura, el comercio, la caza y la pesca eran las actividades económicas dominantes, como cabe suponer, practicando dicho comercio por medio de rutas que, en la mayoría de los casos, eran los cursos fluviales. Están documentadas las migraciones hata el 400 a. C., momento en que esta civilización se colapsa, aunque muchas de sus caractereísticas son recogidas por otras como la maya. Emplearon métodos de riego por medio de canales, y una agricultura en las orillas de los ríos produciendo aguacates, fríjoles, batatas, chiles, calabazas y papas. Los animales cazados fueron aves, venados, conejos, mapaches, y parece que el pavo fue domesticado.

La época más antigua de la civilización olmeca abarca desde 1200-1150 hasta 900 a. C., viéndose ya el cultivo del maíz, verdadero producto representativo de otras muchas civilizaciónes americanas. En torno al 900 a. C. el lugar de San Lorenzo y alrededores sufrieron ataques y la destrucción, trasladándose algunos edificios al lugar de La Venta, cuya vigencia estuvo entre el 800 hasta el 400 a. C. A partir de esta última fecha destaca el lugar de Tres Zapotes, pero ya sin la brillantez de los anteriores, notándose una acelerada decadencia hasta los primeros años antes de Cristo. Parece ser que las causas fueron el descenso de las cosechas, los terrmotos y la actividad volcánica.

La palabra olmeca es de origen azteca y se ha empezado a utilizar en el siglo XX, por lo que los habitantes de dicha cultura no se conocieron con dicho nombre. Sí desarrollaron un tipo de “escritura” que luego heredarían los mayas con símbolos en piedra a base de glifos entre 950 y 600 a. C.

viernes, 23 de diciembre de 2022

Arqueología andina

 

                                                                       El lato Titicaca

Los pueblos y civilizaciones que se desarrollaron en territorio posteriormente incaico han dejado muestras notables de sus culturas, grado de desarrollo, actividades y mentalidad, entre otros aspectos[i]. Huancas, chinchas, lupacas, chancas, collas y charcas son algunos de ellos, pero es muy probable que estuviesen integrados en culturas superiores de las que ellos participarían en un grado u otro. Los huancas, situados en el centro del actual Perú, desarrollaron su cultura entre los siglos XI y XV, antes de ser sometidos por el Inca. Junto con otros pueblos de los que hablaremos aquí, utilizaron camélidos para sus actividades económicas y de transporte, conocieron la agricultura y se defendieron militarmente cuando fue necesario.

Los chincas se ubicaron en la costa suroccidental del actual Perú, y su cronología es muy parecida a la de los huancas, también sometidos por los incas, pero al vivir en la costa practicaron un comercio marítimo que la arqueología ha podido demostrar. Los lupancas fueron uno de los grupos aimaras que se localizaron al oeste del lago Titicaca; relacionados con los constructores de la ciudad de Tiwanaku, surgieron cuando esta entró en decadencia (siglos XI-XII d. C.). Los chancas estaban en el suroeste del actual Perú, adquiriendo importancia a partir del siglo XIII, siendo uno de los grupos (o conjunto de ellos) que más oposición hicieron a la dominación incaica. Los collas quizá sean los que han dado la lengua más antigua de todo el conjunto andino, la puquina, pero cayeron bajo dominación incaica que, en este caso, contó con la colaboración de los lupacas, enemigos de los collas. Los charcas habitaron en la actual Bolivia, al sur y en el centro del país, cayendo también bajo dominación incaica y dando su éponimo a la actual provincia de Charcas y a la Audiencia de época hispánica.

Son solo algunos ejemplos del expansionismo inca, sobre todo en el siglo XV, pues su imperio no se sostuvo más allá de ciento cincuenta años. Sucesivas migraciones de este pueblo guerrero les llevó al valle del Cuzco, desde donde desarrollaron un imperialismo agresivo sabiendo transmitir a los pueblos sometidos elementos culturales complementarios.

Pero mucho tiempo antes de que estos grupos humanos desarrollasen sus vidas, en los Andes se desarrolló la cultura Caral entre el tercer y el segundo milenio antes de Cristo, siendo su “ciudad sagrada” la que ha inspirado el pensamiento religioso y la tecnología por medio de su arquitectura monumental. Los pueblos anteriormente citados no habrán tenido noticia de esta civilización antiquísima, que tuvo lugar en un altiplano andino. Cerca de un valle se ha excavado una pirámide llamada “mayor” en cuyos muros se han esculpido relieves de seres humanos en diversas posiciones, todas ellas simbólicas. Otra pirámide escalonada, con una rampa como la de las zigurats mesopotámicas, sugieren un gran centro ceremonial. Los arqueólogos hablan, a tenor de los restos encontrados (treinta y dos conjuntos arquitectónicos), de un poder centralizado, pero además se han excavado dieciocho asentamientos más donde vivirian los funcionarios, los servidores y el resto de la población, toda ella muy jerarquizada.

¿Eran los jefes políticos de Caral intermediarios entre sus pueblos y los dioses? Lo que los expertos aseguran es que estado y religión estaban unidos, habiendo aparecido ídolos entre los que destacan estatuas de mujeres muy toscamente labradas en arcilla, con los brazos pegados al cuerpo, una acusada frontalidad y los peinados coloreados; en otras ocasiones son máscaras expresivas y objetos de adorno o de distinción social (prendedores, aves y colgantes…). Pudiera haber sido una sociedad injusta según nuestros parámetros, pero no guerrera, pues Caral parece haber sido ocupada ininterrumpidamente durante dos milenios, hasta que otros grupos provenientes del norte y del sur reemplazaron a sus habitantes. No lejos de la costa y dejando Lima al sur, los yacimientos de Caral siguen estudiándose en la actualidad.

Quizá la cultura chavín, no lejos de Caral en términos relativos, vino a sustituirla, perdurando hasta los últimos siglos anteriores a Cristo, pero aquella se extendió hasta el actual Ecuador. Una multitud de ríos recorren su territorio, lo que permitió la siembra, obras hidráulicas, el comercio y la pesca. Tiene interés el llamado “adoratorio Pachamacac[ii], junto al río Lurín; se trata de plataformas escalonadas con grandes piezas de piedra que permiten distinguir edificios para diversas funciones: religiosas, palatinas, etc. Como en el caso de Caral, todo el recinto era considerado sagrado según los especialistas.

Los aimaras se desarrollaron en la parte occidental del lago Titicaca, por lo tanto en territorio del actual Perú, pero es probable que extendiesen sus costumbres a la zona boliviana, y pobablemente constituyeron con el tiempo la cultura Tiwanaku, en territorios de Perú, Bolivia y el norte de Chile, habiéndose desarrollado entre mediados del segundo milenio a. de C. y el siglo XII de nuestra era. Se trata de la cultura más extensa en territorio de las vistas aquí, con una arquitectura adintelada, ídolos macizos y de orden gigante para ser expuestos en el exterior, cabezas empotradas entre los sillares de los gruesos muros[iii], etc. En realidad se trata de varios grupos humanos que hablaban varias lenguas, una de ellas el puquina[iv], unidos por la fuerza creadora de Tiwanaku, el origen del mundo en la cosmogonía de aquellas gentes, obra del dios Viracocha, que talló a los hombres en piedra y les dio vida.

Practicaron la agricultura en las pendientes de las montañas, para lo que tuvieron que desarrollar una tecnología de terrazas, crearon lagunas artificiales para disponer de agua con vistas a la agricultura y a las necesidades de los camélidos, cultivaron varios tipos de papas y desecaron carne, comerciaron sus excedentes y, por necesidades de espacio para estas actividades, llevaron a cabo una política expansionista. A partir de 500 d. C. desarrollaron las grandes construcciones que nos han dejado, con muestras de urbanismo y templos, para lo que necesitaron transportar la piedra desde las zonas serranas, pero también se experimentaron grandes convulsiones sociales cuando hubo dificultades por las sequías, una de ellas prolongada durante un siglo aproximadamente. Es entonces cuando Tiwanaku se desintegra en pequeños grupos y es abandonada.

La cultura chimú se desarrolló durante la primera mital del segundo milenio después de Cristo en las proximidades de la costa peruana. Sus muros de barro se compensan con el poderío militar que demostraron para controlar los cauces de agua, construyendo acueductos, acequias, canales y diques, lo que les permitió cultivar maíz, algogón, maní, ají, etc. Desarrollaron una artesanía utilitaria de una delicadeza y vistosidad extraordinarias: máscaras, vasos, recipientes cerámicos complejos con motivos animales, adornos, vasijas panzudas con materiales diversos: metales (oro), barro, y construyeron balsas y canoas.

Con estos chimús se encontró el Inca Pachacútec[v] a mediados del siglo XV, siendo vencido en varias ocasiones, pero a la postre también cayeron sometidos al imperio incaico gracias a la ayuda con que contó el Inca. Entonces se procedió al reparto de tierras entre los aliados.

En el valle de Lambayeque[vi] se desarrolló la cultura moche o mochica, que pronto se extendió a los otros valles comarcanos en los primeros siglos de nuestra era. Irrigaron el desierto y conquistaron a otros pueblos, sometiendo a los resistentes a la esclavitud[vii]. Su producciónn artística es de gran expresividad y delicadeza, utilizando metales preciosos y tejidos, arcilla para objetos decorativos o utilitarios, existiendo un común denominador con las obras de otras culturas citadas, pero en el caso de los moches desarrollaron también un realismo en los rostros como no se había visto antes, dándonos una tipología que aún se observa entre los pueblos indígenas andinos actuales.

Las obras de arte de los moches pretendían en ocasiones la simbología, el poder, los dioses; y la ornamentación de los personajes principales es extraordinariamente rica y “barroca”. Existía una fuerte diferenciación social, y el oro solo era empleado para dar vistosidad a los ornamentos de los jefes políticos y/o religiosos, no un metal para el comercio, sino solo para marcar la diferencia de los superiores. De igual manera se han hallado ajuares de oro en las tumbas de los personajes principales, y en cuanto a la cerámica representaron motivos abstractos, eróticos, la guerra, narrativos, etc. Eran agricultores del desierto, desviando el cauce de los ríos que bajan desde las montañas.

Obras de arquitectura monumental son las huacas[viii], principalmente la del sol y la de la luna, pirámides de gran envergadura con plataformas laterales, para lo que obligatorio el trabajo comunal y la participación en la guerra. Estas tumbas han sido saqueadas durante mucho tiempo, pero las autoridades y los arqueólogos están haciendo un gran esfuerzo por evitarlo.

Destaca la “cámara funeraria del señor de Sipán”, que en realidad conduce a otros muchos enterramientos encontrados, estos de menor categoría. Se trataría del séquido del señor de Sipán[ix] cuyos miembros habrían sido enterrados antes, al mismo tiempo o después de su señor, enterrado con toda la ornamentación que es posible imaginar (oro, plata, cobre y cobre dorado). En la parte supereior fue enterrado su “guardaespaldas” con los pies amputados para que no pudiese abandonar la función que le corresponde incluso en la otra vida. La arqueología ha dado a la luz varios cientos de objetos de un valor variable pero, en su conjunto, extraordinario, incluidas unas doscientas vasijas escultóricas. El complejo funerario es un recinto abierto con paredes e adobe; a los lados hay dos enterramientos de varones, quizá un jefe militar y otro del protocolo, y se ha encontrado también la tumba de un perro.

Una socied rica y desigual, donde se da la paradoja de que los edificios de adobe guardan tesoros de valor incalculable. Una sociedad de agricultores, servidores, soldados, cortesanos y sacerdotes que tenían en común creer en la condición eterna de sus líderes. En la cosmogonía mocha el tránsito entre la vida y la muerte se consideraba con naturalidad, conjetura que han hecho los arqueólogos y antropólogos a partir de los muchos trabajos en las últimas décadas.

[i] Ver aquí mismo “Tiwanaku” y “Caral de los Andes”.

[ii] Sería el creador del universo.

[iii] Se han hecho varias interpretaciones: cada una de las cabezas simbolizaría a un pueblo sometido; ensayos de Viracocha para elegir la pareja que originaría el mundo…

[iv] Otras el aimara y el quechua.

[v] Reinó entre 1438 y 1471. El origen de las dinastías incas está a mediados del siglo XIV en la región del Cuzco; en realidad se trató de la pugna de varias familias por hacerse con el mando hasta que una se erigió con éxito. Así comenzó su expansión, quizá para legitimarse.

[vi] Al norte del actual Perú, en la costa.

[vii] Probablemente ha existido en otras civilizaciones de las estudiadas aquí.

[viii] Tumbas.

[ix] La muerte del señor de Sipán no fue violenta.

lunes, 12 de diciembre de 2022

Cuzco virreinal

 

Una conferencia de Don Rafael Ramos aporta interesantes datos y reflexiones sobre la ciudad que fuera capital del imperio Inca hasta la primera mitad del siglo XVI. Junto con la ciudad de México –dice- no se trató de colonizar y fundar dichas ciudades por parte de los españoles, porque ya tenían su historia; además, en los dos casos se trató de ciudades extraordinarias, las dos en el interior del continente y en altiplanos, pero a bastante más altura el Cuzco.

El trazado urbano de Cuzco es bastante regular, tanto el de época incaica como hispánica. Asomadas a la plaza mayor se encuentran dos iglesias principales, la catedral y la de los jesuitas, circunstancia inédita, pues la segunda queda equiparada, así, a la sede metropolitana. Toda la ciudad es el imperio de la piedra, lo que contrasta con Lima, configurando un paisaje urbano donde se plasma la tradición del trabajo de la piedra con un resultado plástico, quizá único por sus texturas y la disposición de los sillares, muchas veces irregulares, con una geometría acusadísima. Las calles con muros empedrados corresponden a donde se encontraban antiguos palacios de la gente principal en época incaica, que se han conservado aunque no las residencias. Algunos de los sillares están decorados con animales en relieve, espirales, líneas curvas, lazos, formas sinuosas y cruces, todo ello de época incaica salvo el último caso, donde la influencia hispánica quizá llevó a labrar dichas cruces como muestra del primer mestizaje cultural.

La iglesia de los jesuitas no es la original, pues un terremoto en 1650 obligó a construir otra nueva en estilo barroco, aunque las bóvedas son de estilo gótico con nervaduras muy parecidas a las europeas, quizá porque soportan mejor en el caso de nuevos seísmos. En cuanto a la catedral, predominan las líneas horizontales, muestra de la influencia renacentista aunque la portada es barroca. En su claustro principal, de dos pisos los españoles incorporaron el arco de medio punto; como en el claustro también renacentista de la iglesia de Santo Domingo, construida sobre los restos del antiguo templo del Sol de época incaica: edificio macizo donde aun se conservan elementos prehispánicos, como un muro curvo frente a la cabecera de la iglesia (es obra de la segunda mitad del s. XVI).

En unas iglesias y otras, pero esto no solo en Cuzco sino en en los Andes peruanos, tienen importancia los púlpitos, trabajado su barroquismo con gran habilidad, y en el Museo de Arte Religioso del Arzobispado hay una serie de pinturas alusivas a la festividad del Corpus Christi. El arzobispo Manuel de Molinero Angulo[i], en el siglo XVII, aportó algunos cuadros de Herrera y el Greco entre otros famosos pintores, y fue mecenas de artistas locales indígenas, asombrando cómo estos asimilaron y adaptaron el barroco europeo.

Hoy, dentro de Cuzco, se encuentra uno de los antiguos pueblos de indios con su sencilla iglesia que nada tiene que ver con las que hemos citado arriba, de igual forma que otras de pueblos de indios fuera de Cuzco que tienen en común una sobrecargada decoración interior, sobre todo de pinturas donde dominan vistosos colores, algunas al fresco y otras en cuadros; también encontramos en estas pequeñas iglesias frescos en el exterior cuyo tema es el religioso, pero mostrando también muchos detalles costumbristas: procesiones, los diversos tipos según clases sociales o razas, el mestizaje, etc. En sus fachadas principales suelen tener una balaustrada con una función práctica: la de que se predicase o incluso oficiase la misa para una feligresía en el exterior (cuando el aforo interior no era suficiente).


[i] Nacido en Madrid, falleció en Cuzco en 1699, habiendo sido arzobispo desde 1671.

Fotografía: imachupicchu.com/es/ruta-religiosa-cusco/

El norte de Chile antes de los incas

 

Valle de Copiapó 

A 27º Sur y a una altura sobre el nivel del mar que no llega a 400 metros se encuentra la ciudad chilena de Copiapó, fundada por los españoles a mediados del siglo XVIII, pero siglos atrás el lugar fue centro de una población indígena que ofreció fuerte resistencia a las pretensiones incaicas de incorporar el territorio a su imperio. En el interior, y en plena cordillera andina, se encuentra el volcán[i] del mismo nombre, cuya cumbre supera los 6.000 metros de altitud sobre el nivel del mar.

Los habitantes de Copiapó desarrollaron una cultura caracterizada por la fabricación de cerámica de cuencos rojizos decorados con espirales, líneas paralelas y en ocasiones máscaras; también recipientes panzudos con dos asas, cuello y boca estrechos con el fin de que el líquido contenido se mantuviese fresco, sobre todo agua. También fabricaron ponchos y fajas en miniatura, quizá como adornos, así como figuras a partir de conchas de espóridos, collares de malaquita y otros materiales. También se han conocido cementerios indígenas donde se da la particularidad de que se enterraba a los seres humanos y a los animales, sobre todo camélidos, de tal utilidad y significado religioso que los ajuares aparecen en los de estos últimos.

Conocieron la metalurgia del cobre, oro y plata, que es lo que a los incas interesaba, más allá de extender sus dominios hacia el sur. En un ajuar mortuorio se ha encontrado la figura de una mujer de plata maciza, con la cabeza desproporcionada y los cabellos peinados, los brazos pegados al cuerpo formando un conjunto estilizado. Los minerales se fundían en el lugar conocido como Viña del Cerro, del que hoy se ha hecho una recreación a partir de los datos aportados por la arqueología, habiendo varias minas en el valle de Copiapó y alrededores. También se han conservado hornos de planta circular (guairas) que se situaban a cierta altura para que el flujo de aire favoreciese la fundición (la del cobre necesita alcanzar 1.100 grados). Se han encontrado cuchillos formados por una especie de pala, cuya arista exterior es cortante, y un mango; cinceles, pinzas de cobre a base de dos planchas redondeadas unidas por un mango, y placas de cobre que se han interpretado como protectoras de los guerreros. A los cuchillos se les ha atribuido una función ceremonial, además de práctica, y en relación con las fundiciones se ha estudiado una especie de mastaba (sin finalidad funeraria) pero con muros verticales, desde donde se dirigía la fundición. También se ha querido ver en ella un sitio ceremonial en relación al calendario estacional[ii].

De época muy anterior es la cultura de Pica, posible por la existencia de un oasis, con construcciones en ladera, casas de planta circular y depósitos para almacenar productos agrícolas cultivados en terrazas regadas por canales. Los espacios públicos en cada aldea y mausoleos de adobe han sido interpretados como culto a los antepasados. Tratándose de una cultura que se remonta a varios siglos antes de Cristo, preexistía en los inmediatos al expansionismo incaico.

Los cacicazgos se habían ido conformando siguiendo el curso de los valles, y cuando los ejércitos incaicos llegaron al de Copiapó no pudieron someter a esos pueblos[iii], por lo que lo intentaron con otros que sí quedaron sometidos. A partir de este momento (siglo XV) los incas extendieron sus caminos desde el actual Perú y el norte de Argentina hasta el norte de Chile, generalmente rectilíneos, siguiendo las zonas bajas pero también las serranas, limitados por el amontonamiento de piedras con el fin de asegurar su reconocimiento, pero en ocasiones formando zig-zags para facilitar el tránsito por grandes pendientes[iv]. Por allí discurrieron las caravanas de llamas y alpacas con mercancías, productos agrícolas y metales, así como los chasquis o correos para transmitir las noticias[v]. Está muy estudiado por los especialistas[vi] el recorrido del “camino del inca”: de norte a sur la Quebrada de Carrizo, Pampa del Carrizo, Quebrada de Ochenta, Cachiyuyo, Quebrada de doña Inés Chica (al oeste se deja El Salvador), Cerro Indio Muerto, Llano San Juan, Río de la Sal, Pampa del Inca (dejando al oeste la Sierra Caballo Muerto), Quebrada Chanaral Alto, Inca de Oro, Tres Puntas, Quebrada Salitrosa, Medanoso (dejando al Este Llano de Campos), Llano de Chulo, Llano de Brea y Copiapó (más de 170 km.). La abundancia de topónimos con el término “quebrada” indica las dificultades de seguir el camino por zonas angostas entre montañas, siendo la principal fuente escrita la obra de Gerónimo de Bibar (1558)[vii].

No es extraño encontrar figuras de felinos, pues se trata de animales totémicos en los Andes, y los estudios arqueológicos han descubierto el “Palacete incaico de la Puerta”, una estructura cuadrada con un patio en el centro y habitáculos regulares alrededor. Las piedras utilizadas no están trabajadas en muchos casos, sino acomodadas en sus formas para dar consistencia al conjunto. También se han documentado “albergues” o tambos (palabra derivada del quechua) para descanso de los viajeros, que seguramente utilizaron Almagro y su hueste en la expedición que hicieron a estas tierras. De hecho, cuentas de vidrio españolas aparecen en los yacimientos próximos al camino inca.

El camino inca se empedraba en ocasiones, sobre todo en las proximidades de las aldeas, y para hacer las tierras del norte de Chile más fértiles, los incas construyeron canales por donde discurría el agua para dar ocasión a una floreciente agricultura de papas, yuca, maíz, coca, zapayos, porotos y algarrobas, entre otros productos[viii]. Particularmente la coca era muy demandada, seguramente para combatir el mal de altura, donde se daba la crianza de llamas y alpacas. La fuerte insolación del clima semitropical permitió muy buenos vinos a partir de la conquista y colonización española. El quipucamayoc era el responsable del quipu, artilugio a base de cuerdas y nudos que permitía llevar la contabilidad de las ventas, producciones, etc. cuya interpretación es motivo de controversia.

Los incas influyeron en las creencias religiosas de los pueblos indígenas del norte de Chile, y una reminiscencia actual es la fiesta de la Cruz del Calvario[ix], que muestra un evidente sincretismo entre religión indígena y cristianismo. Se adorna con flores una suerte de altar, se hacen abluciones y se quema un producto como ocurre con el incienso en otros lugares. Esta fiesta se celebra en diferentes cumbres, no muy elevadas, pero sí lo suficiente para que la ceremonia adquiera el significado deseado, y ello es coincidente con el culto al cerro de los incas. El paisaje es pelado y ceniciento delatando la existencia del cercano desierto, pero a lo largo del camino del inca hay oasis, generalmente pequeños, siendo el de Copiapó el que explica fuese el centro de la primitiva cultura de la que hemos hablado.

El río Tarapacá y la quebrada del mismo nombre (hoy San Lorenzo de Tarapacá[x]) son el centro de una serie de geoglifos con representaciones diversas: figuras humanas muy geometrizadas, círculos con estrellas inscritas, curvilíneas que recuerdan las de Nazca, camélidos asiluetados, etc. Cerca del poblado de Pachica hay algunos de estos geoflifos, y también de esta zona es una cerámica muy antigua y reconocible: cuencos y tinajas, algunos recipientes con asa y decoraciones muy variadas, geométricas en algunos casos.

Por estas tierras altas, valles y quebradas, atravesó el español Diego de Almagro acompañado de más de diez mil soldados (entre españoles, indios, negros…) desde el noroeste de la actual Argentina (Shincal) hasta el norte de Chile (Copiapó); en algunos momentos por alturas superiores a 4.000 m. sobre el nivel del mar, con viento frío, nieve y carencia de casi todo; los indios no llevaban ropa de abrigo, sus pies descalzos (el contacto con pueblos indígenas aliviaba a estos expedicionarios). Era el año 1535 y tras dificultades inmensas, dudas y pérdidas en la hueste, Almagro optó por regresar sin haber conseguido su objetivo de un “nuero Perú”. A la vuelta, según algunas fuentes, encontraron a soldados de pie, apoyados en las rocas, helados y ya muertos, junto a sus caballos también inmóviles y rodeados por el hielo…


[i] Para los incas los volcanes eran lugares sagrados donde viven los dioses, y quizá tuviese un significado parecido para los indígenas del norte de Chile.

[ii][ii] Son de gran interés las aportaciones de Lautaro Núñez, Agustín Llagostera, Luis Biones, María Antonieta Costa y Eduardo Muñoz, entre otros.

[iii] En Punta Brava se produjo un enfrentamiento entre incas y copiapós que fue favorable a estos. Hoy es un yacimiento arqueológico en la región de Atacama, a 60 km. al Este de la ciudad de Copiapó.

[iv] Los autores citados advierten de que no es seguro que todos sean de época incaica.

[v] Ver aquí mismo “Chasquis o correos del Imperio”.

[vi] Octavio Meneses, Rodrigo Zalaquett, Paola González y Carlos González, entre otros.

[vii] “Crónica y relación copiosa y verdadera de los Reynos de Chile hecha por…”. El autor era natural de Burgos según él mismo dice en su obra.

[viii] Se han documentado cerca de Arica, en el extremo norte del actual Chile y en la costa. El zapayo es una fruta carnosa y el poroto es una legumbre. En su valle se cultiva el maíz y se fabricaban tejidos de lana muy vistosos e hilados.

[ix] En la localidad de Socoroma (extremo norte de Chile) se sigue practicando esta fiesta religiosa.

[x] Con este nombre fue fundada esta población por los españoles en el s. XVIII después de haber sufrido una epidemia.

Fotografía de PortalFrutícola.com